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Title: El avance de Garibaldi (1860)
Description: Editorial de Engels para el New-York Daily Tribune sobre el plan de Garibaldi para liberar el sur de Italia: las insurrecciones de las provincias napolitanas, el engaño que permitió cruzar el estrecho de Mesina en agosto de 1860 y la desbandada de un ejército borbónico desmoralizado.
Author: Friedrich Engels
Date: 1860-09-01
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1860%20El%20avance%20de%20Garibaldi
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*Escrito en inglés por Friedrich Engels hacia el 1 de septiembre de 1860 y publicado como editorial en el* New-York Daily Tribune*, núm. 6056, del 21 de septiembre de 1860. El original inglés no está disponible en una edición libre; traducimos de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 15 (Berlín, 1961, pp. 150-154), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1860%20Das%20Vordringen%20Garibaldis).*

A medida que se desarrollan los acontecimientos, empezamos a hacernos una idea del plan que Garibaldi había preparado para la liberación del sur de Italia, y cuanto más sabemos de él, más admiramos la grandeza de sus proporciones. En ningún otro país que Italia, donde el partido nacional está tan bien organizado y tan por completo bajo el mando del único hombre que ha desenvainado con brillante éxito su espada por la causa de la unidad y la independencia italianas, se habría podido concebir un plan semejante ni intentar llevarlo a cabo.

Este plan no se limitaba a la liberación del reino de Nápoles. Al mismo tiempo había que atacar los Estados Pontificios, para dar ocupación tanto al ejército de Lamoricière[^1] y a los franceses de Roma como a las tropas de Bombalino[^2]. Hacia el 15 de agosto, 6.000 voluntarios, que iban pasando poco a poco de Génova al golfo de los Naranjos (Golfo degli Aranci), en la costa nordeste de la isla de Cerdeña, debían ser trasladados a la costa de los Estados Pontificios, mientras al mismo tiempo estallaría la insurrección en las distintas provincias de la parte continental del reino de Nápoles y Garibaldi pasaría a Calabria por el estrecho de Mesina. Algunas noticias sobre frases de Garibaldi acerca de la cobardía de los napolitanos, y la noticia que trajo el último vapor, según la cual había entrado en Nápoles y había sido recibido allí en triunfo, hacen probable que una insurrección en las calles de esta ciudad formara parte del plan, pero que la huida del rey la hiciera innecesaria.

El desembarco en los Estados Pontificios lo impidieron, como ya se sabe, en parte las representaciones de Víctor Manuel, pero sobre todo el convencimiento de Garibaldi de que aquellos hombres no estaban en condiciones de llevar a cabo una campaña independiente. Por eso los llevó a Sicilia, dejó una parte en Palermo y mandó a los demás en dos vapores, rodeando la isla, a Taormina, donde pronto volveremos a encontrarlos. Entretanto, según lo convenido, estallaron las insurrecciones en las ciudades de provincias, y de un modo que mostró lo bien organizado que estaba el partido revolucionario y lo maduro que estaba el país para un levantamiento. El 17 de agosto se sublevó Foggia, en Apulia. Los dragones de la guarnición de la ciudad se unieron al pueblo. El general Flores, que mandaba el distrito, envió dos compañías del 13.º regimiento, que al llegar hicieron lo mismo. Entonces se presentó el propio general Flores acompañado de su estado mayor, pero no pudo hacer nada y tuvo que volver a marcharse. Este proceder muestra claramente que el propio Flores no tenía intención de oponer una resistencia seria al partido revolucionario. Si hubiera ido en serio, habría enviado dos batallones en lugar de dos compañías y se habría presentado en persona a la cabeza de la fuerza más numerosa que hubiera podido reunir, en lugar de acudir con unos cuantos ayudantes y ordenanzas. En efecto, basta la circunstancia de que los insurrectos le permitieran salir de nuevo de la ciudad como prueba de que existía al menos un acuerdo tácito. Otro movimiento estalló en la provincia de Basilicata. Aquí los insurrectos concentraron sus fuerzas en Carletto Perticara, un pueblo a orillas del río Lagni (este debe de ser el lugar que los telegramas llaman Corleto).

Desde esta comarca montañosa y apartada marcharon sobre Potenza, la capital de la provincia, adonde llegaron el 17 con 6.000 hombres. La única resistencia que encontraron fue la de unos 400 gendarmes, que tras un breve combate se dispersaron y después fueron presentándose uno tras otro para rendirse. En nombre de Garibaldi se formó un gobierno provincial y se nombró un prodictador. Se dice que el intendente real (el gobernador de la provincia) acepta el cargo, otro indicio de lo desesperada que consideran la causa de los Borbones incluso sus propios representantes. Se enviaron desde Salerno cuatro compañías del 6.º regimiento de línea para aplastar esta insurrección; pero, al llegar a Auletta, a unas 23 millas de Potenza, se negaron a seguir y gritaron: *¡Viva Garibaldi!* Solo de estos movimientos conocemos los detalles. Pero tenemos noticias de que otras localidades se han sumado al levantamiento, por ejemplo Avellino, una ciudad que está a menos de 30 millas de Nápoles, Campobasso, en la provincia de Molise (sobre el Adriático), y Celenza, en Apulia, pues ese debe de ser el lugar que el telegrama llama Cilenta; está a mitad de camino entre Campobasso y Foggia; y ahora se suma a esta lista la propia Nápoles. Mientras las ciudades de provincias napolitanas cumplían así, por lo menos, la parte del trabajo que se esperaba de ellas, Garibaldi no estaba ocioso. Apenas de vuelta de su excursión a Cerdeña, hizo los últimos preparativos para pasar al continente. Su ejército constaba entonces de tres divisiones, mandadas por Türr, Cosenz y Medici[^3]. Las dos últimas, concentradas en torno a Mesina y al Faro, recibieron orden de marchar a la costa norte de Sicilia, entre Milazzo y el Faro, como si tuvieran el encargo de embarcarse allí y desembarcar en la costa de Calabria, al norte del estrecho, en algún punto cerca de Palmi o de Nicotera. De la división de Türr, la brigada Eber[^4] acampaba junto a Mesina, y la brigada Bixio[^5] había sido enviada al interior, a Bronte, para reprimir unos disturbios. Ambas recibieron a la vez orden de ir a Taormina, donde la brigada Bixio, junto con los hombres traídos de Cerdeña, se embarcó la tarde del 18 de agosto en dos vapores, el *Torino* y el *Franklin*, y algunos en barcos de transporte que se llevaron a remolque.

Unos diez días antes, el comandante Missori[^6] había cruzado el estrecho con 300 hombres y había llegado sin percance, a través de los napolitanos, a la comarca alta y quebrada del Aspromonte. Aquí se le unieron otras pequeñas unidades, que fueron pasando poco a poco el estrecho, e insurrectos calabreses, de modo que por entonces mandaba una fuerza de unos 2.000 hombres. Los napolitanos habían enviado tras su pequeña tropa, después del desembarco, unos 1.800 hombres, pero estos 1.800 héroes se las arreglaron para no toparse nunca con los garibaldinos.

El 19, al amanecer, la expedición de Garibaldi (él *mismo* iba a bordo) desembarcó entre Melito y el cabo Spartivento, en el extremo meridional de Calabria.

No encontró resistencia. Los napolitanos se dejaron engañar tan por completo por los movimientos de tropas que amenazaban con un desembarco al norte del estrecho que descuidaron del todo la costa al sur de este. Así, además de los 2.000 hombres reunidos por Missori, se lanzaron al otro lado del estrecho otros 9.000.

Tras unirse estos con Garibaldi, este marchó sobre Reggio, ocupada por cuatro compañías de línea y cuatro compañías de cazadores. Sin embargo, esta guarnición debió de recibir algunos refuerzos, pues se dice que el 21 hubo combates muy encarnizados en Reggio o delante de la ciudad. Después de que Garibaldi tomara al asalto algunas obras exteriores, la artillería del fuerte de Reggio se negó a seguir disparando y el general Viale capituló. En este combate murió el coronel De Flotte[^7] (el representante republicano de París en la Asamblea Legislativa francesa de 1851).

La flota napolitana del estrecho se distinguió por no hacer nada. Después del desembarco de Garibaldi, un comandante de la flota telegrafió a Reggio que era imposible para los barcos oponer resistencia alguna, ¡pues Garibaldi tenía consigo ocho grandes buques de guerra y siete transportes! Tampoco opuso esta flota resistencia al paso de la división del general Cosenz, que debió de efectuarse el 20 o el 21 en el punto más angosto del estrecho, entre Scilla y Villa San Giovanni, justo donde más concentrados estaban los barcos y las tropas de los napolitanos. El desembarco de Cosenz fue un éxito espléndido. Las dos brigadas Melendez y Briganti (los napolitanos dicen batallones en lugar de brigadas) y el fuerte de Pezzo (no Pizzo, como dicen algunos telegramas; este lugar está mucho más al norte, incluso más arriba de Monteleone) se le rindieron, según parece, sin un disparo. Esto debió de ocurrir el 21, el mismo día en que fue ocupada también Villa San Giovanni tras un breve combate.

Así, en tres días, Garibaldi se había hecho dueño de toda la costa del estrecho, con algunos puntos fortificados incluidos; los pocos fuertes ocupados aún por los napolitanos ya no les servían de nada.

Los dos días siguientes parecen haberse dedicado al paso del resto de las tropas y del material; al menos no sabemos de nuevos combates hasta el 24, en que se informa de una dura lucha en un lugar que los telegramas llaman Piale, pero que no encontramos en el mapa. Podría ser el nombre de un torrente de montaña cuyo barranco quizá sirviera a los napolitanos de posición defensiva. Se dice que el resultado de este encuentro quedó indeciso. Al cabo de un tiempo, los garibaldinos propusieron una tregua, que el comandante napolitano transmitió a su general en jefe en Monteleone. Pero antes de que pudiera llegar una respuesta, los soldados napolitanos parecen haber llegado a la conclusión de que ya habían hecho bastante por su rey, se dispersaron y dejaron las baterías desguarnecidas.

El grueso de los napolitanos, a las órdenes de Bosco[^8], parece haber permanecido tranquilo todo el tiempo en Monteleone, a más de treinta millas del estrecho. Por lo visto no tenían muchas ganas de combatir contra los atacantes. Por eso el general Bosco fue a Nápoles a buscar seis batallones de cazadores, que, después de la Guardia y de las tropas extranjeras, son las partes más fiables del ejército. Ya se verá si estos seis batallones se contagian del espíritu de abatimiento y desmoralización que reina en el ejército napolitano. Lo seguro es que ni ellos ni ninguna otra tropa podrán impedir a Garibaldi marchar victorioso, y muy probablemente sin estorbo, sobre Nápoles, para encontrarse con la familia real huida y las puertas de la ciudad abiertas para su entrada triunfal.

[^1]: Christophe-Louis-Léon Juchault de Lamoricière (1806-1865), general francés, legitimista, que mandaba en 1860 el ejército pontificio; fue derrotado por los piamonteses en Castelfidardo el 18 de septiembre de 1860.

[^2]: «El pequeño Bomba»: apodo de Francisco II (1836-1894), rey de las Dos Sicilias desde 1859, hijo de Fernando II, a quien llamaban «el rey Bomba» por el bombardeo de Mesina y Palermo en 1848-1849.

[^3]: István Türr (1825-1908), revolucionario húngaro; Enrico Cosenz (1820-1898) y Giacomo Medici (1817-1882), oficiales italianos; los tres eran generales de Garibaldi en la expedición de los Mil.

[^4]: Nándor Eber (1825-1885), periodista y oficial húngaro, corresponsal del *Times* y jefe de brigada en el ejército de Garibaldi.

[^5]: Nino Bixio (1821-1873), uno de los principales lugartenientes de Garibaldi.

[^6]: Giuseppe Missori (1829-1911), oficial garibaldino.

[^7]: Paul de Flotte (1817-1860), oficial de marina francés, socialista, diputado de París en la Asamblea Legislativa desde 1850; desterrado tras el golpe de Estado de 1851, cayó en Calabria con Garibaldi.

[^8]: Ferdinando Beneventano del Bosco (1813-1881), general napolitano que había combatido contra Garibaldi en Sicilia.
