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Title: El impuesto sobre el papel - La carta del emperador (1860)
Description: Correspondencia de Marx para el New-York Daily Tribune: el combate amañado sobre el impuesto del papel, el proyecto que pone el ejército de la India en manos de la Corona, la carta de Luis Napoleón a Persigny y una comparación de los presupuestos francés e inglés.
Author: Karl Marx
Date: 1860-08-07
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1860%20El%20impuesto%20sobre%20el%20papel%20-%20La%20carta%20del%20emperador
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*Escrito en inglés por Karl Marx en Londres el 7 de agosto de 1860 y publicado en el* New-York Daily Tribune*, núm. 6030, del 22 de agosto de 1860. El original inglés no está disponible en una edición libre; traducimos de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 15 (Berlín, 1961, pp. 115-119), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Se corrigen algunas erratas evidentes de la edición digital de la MEW. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1860%20Die%20Papiersteuer%20-%20Der%20Brief%20des%20Kaisers).*

Londres, 7 de agosto de 1860

La gran batalla entre fracciones de la sesión celebrada anoche ante la Cámara de los Comunes en pleno resultó un fracaso desde el punto de vista dramático, aunque desde el punto de vista ministerial fue un triunfo. Las resoluciones del señor Gladstone para rebajar el impuesto sobre el papel al nivel del impuesto interior (*excise*)[^1] —añadiendo al impuesto un pequeño recargo que compensara los inconvenientes ocasionales del impuesto interior— se aprobaron por una mayoría de 33 votos. En la Cámara de los Comunes todo salió como se deseaba. Había una arena, y había gladiadores con sus partidarios detrás, pero no había un público digno de mención. Antes de empezar la batalla se conocía su desenlace y se había publicado su parte. De ahí la indiferencia del público. Los partidos de la coalición que formaban el llamado gran Partido Liberal tienen notoriamente la mayoría en el Parlamento, de modo que una derrota del gabinete solo habría podido producirse por una escisión en las filas de la mayoría. Pero este punto se había resuelto en la residencia oficial de lord Palmerston, adonde había invitado a los diputados liberales de todos los matices. La propuesta misma partía de la fracción de Manchester del ministerio, y lord Palmerston solo había conseguido el apoyo de los señores Gladstone y Milner Gibson prometiendo hacer de la resolución del señor Gladstone una cuestión de gabinete. Los había engañado con su manera de tratar la propuesta de suprimir el impuesto sobre el papel[^2]. Esta vez lo habían atado a una línea de conducta determinada. Los whigs propiamente dichos eran la única fracción de la mayoría de la que se sospechaba que abrigaba intenciones traicioneras. Pero la voz cortante de su amo y la amenaza, suspendida sobre sus cabezas, de una nueva disolución del Parlamento bastaron para devolverlos a los límites de la disciplina. Así, muchas horas antes de que se alzara el telón, todo Londres conocía el resultado exacto de la lucha de partidos, y fuera de los *habitués* de la tribuna de invitados nadie tenía interés en asistir al simulacro de combate de St. Stephen's[^3]. Fue en realidad un asunto bastante necio, al que solo animaron la elocuencia fluida del señor Gladstone y la argumentación consumadísima de sir Hugh Cairns[^4]. El señor Gladstone intentó presentar la oposición a su proyecto como un último paso desesperado del sistema proteccionista contra el librecambio. Cuando se sentó, el aplauso que ahogó sus últimas palabras parecía celebrarlo como el verdadero jefe del Partido Liberal, cuyo déspota, en modo alguno querido, es lord Palmerston. Del lado conservador, sir Hugh Cairns demostró con argumentación lógica y gran capacidad de análisis que la rebaja del impuesto sobre el papel al nivel del impuesto interior no venía exigida en absoluto por el tratado de comercio con Francia. Su contrincante, sir Richard Bethell[^5], el fiscal de la Corona de los whigs, tuvo el mal gusto de tomar a mal el éxito de su rival, burlarse de la «elocuencia forense» de sir Hugh y atraer así sobre su propia y fiel cabeza una verdadera andanada de interrupciones de los tories.

Ahora que ha pasado la gran batalla entre fracciones de la legislatura, seguramente bandadas enteras de honorables diputados abandonarán la Cámara, de modo que lord Palmerston podrá conseguir ahora, por mero agotamiento, sacar adelante cualquier pequeño proyecto que le importe, es decir, el monstruoso proyecto de ley de la India para fundir el ejército europeo local con el ejército británico. Si hiciera falta una nueva prueba contundente de lo bajo que ha caído el parlamentarismo en Inglaterra, este proyecto de ley de la India y su tramitación en la Cámara de los Comunes la proporcionarían. Todos los miembros de la Cámara con autoridad y experiencia en los asuntos de la India se opusieron al proyecto. La mayoría no solo confesó su completa ignorancia, sino que dejó ver también sus oscuras sospechas sobre las intenciones ulteriores de los autores de esta ley. Tuvieron que admitir que el proyecto se había introducido de contrabando en el Parlamento con falsos pretextos; que se habían ocultado fraudulentamente los documentos más importantes, indispensables para una apreciación exacta del caso; que el ministro para la India había presentado la ley pese a la protesta unánime del Consejo de la India, protesta que, violando abiertamente la nueva constitución dada a la India en 1858, se había abstenido de presentar al Parlamento; y, por último, que el gabinete ni siquiera había intentado dar alguna razón de que, a finales de la legislatura y después de retiradas todas las cuestiones importantes, se hiciera pasar con prisa tan indecorosa por la Cámara de los Comunes una ley que cambiaba de hecho radicalmente la Constitución británica, aumentando enormemente el patronazgo de la Corona y creando un ejército que en todos los aspectos prácticos llegaría a ser independiente de la votación de los créditos. Con todo, este proyecto puede aprobarse ahora, ya que los jefes de ambas fracciones han llegado, según parece, a un entendimiento secreto con la corte.

La carta de Luis Napoleón a su querido Persigny sigue siendo el principal tema de conversación en Inglaterra y al otro lado del Canal. Parece que la protesta de la Puerta contra la expedición a Siria, tal como la habían planeado en un principio Francia y Rusia, fue apoyada al principio con fuerza por Austria y Prusia, mientras que lord Palmerston, que precisamente con ocasión de los debates sobre las fortificaciones había elegido a Luis Napoleón como gran objeto de la sospecha británica, no pudo hacer otra cosa que echar su peso en la balanza a favor de Turquía y de las potencias alemanas. Parece además que el hombre de diciembre se ha asustado algo no solo del tono dictatorial que se ha arrogado Rusia, sino más aún de las burlas que circulan en los salones de los *anciens partis* y del quedo cuchicheo de los *faubourgs* sobre la *alliance cosaque*[^6].

Para hacer esta última aceptable a París tiene que producirse una confusión mucho mayor. En estas circunstancias angustiosas y con un humor visiblemente incómodo escribió Luis Napoleón su carta, varios de cuyos pasajes están fuertemente perfumados con el aroma del ridículo.

Un inglés puede permitirse una sincera carcajada ante la frase dirigida por Luis Napoleón a lord Palmerston: «Entendámonos lealmente, con franca confianza, como *gente honrada que somos*, y no *como ladrones* que quieren engañarse mutuamente»; pero el gusto exquisitamente malo, junto con el efecto ridículo, del original francés —«*Entendons nous loyalement comme d'honnêtes gens, que nous sommes, et non comme des larrons, qui veulent se duper mutuellement*»— solo puede apreciarlo un oído francés. Ningún francés puede leer este pasaje sin acordarse de una frase parecida que se encuentra en la famosa obra *Robert Macaire*[^7].

Añadiré algunos datos para una comparación entre los presupuestos del Estado francés y del inglés. Según el presupuesto provisional o previsto, los ingresos totales de Francia para el año 1860 se calculan en 1.825 millones de francos, o 73.000.000 de libras esterlinas, procedentes de las siguientes fuentes:

|  | Libras |
|---|---|
| I. Contribuciones directas: fincas, casas, prestaciones personales | 18.800.000 |
| II. Registro (timbre y dominios) | 14.300.000 |
| III. Bosques, montes y pesca | 1.500.000 |
| IV. Aduanas e impuestos sobre la sal | 9.100.000 |
| V. Contribuciones indirectas (impuestos interiores, etc.) | 19.500.000 |
| VI. Correos | 2.300.000 |
| VII. Varios | 7.500.000 |

Los ingresos ingleses de 1859 (las cuentas de 1860 no se han publicado todavía) fueron los siguientes (en ambos casos se dan solo cifras redondas):

|  | Libras |
|---|---|
| I. Contribuciones (incluido el impuesto sobre la renta) | 10.000.000 |
| II. Timbre | 8.250.000 |
| III. Tierras de la Corona | 420.000 |
| IV. Aduanas | 24.380.000 |
| V. Impuestos interiores | 18.500.000 |
| VI. Correos | 3.200.000 |
| VII. Varios | 2.100.000 |

Los gastos públicos comparados de los dos países fueron los siguientes:

|  | Francia | Inglaterra |
|---|---|---|
|  | Libras | Libras |
| Intereses de la deuda pública | 22.400.000 | 28.500.000 |
| Ejército y marina | 18.600.000 | 22.500.000 |
| Lista civil de la Corona | 1.000.000 | 400.000 |
| Gastos de recaudación | 8.000.000 | 4.500.000 |
| Otros gastos | 23.000.000 | 9.000.000 |
| Total | 73.000.000 | 65.000.000 |

Del último cuadro se desprende que los intereses de la deuda pública en la Francia bonapartista se acercan rápidamente al nivel de los británicos; que el ejército y la marina cuestan menos con la centralización continental que con la oligarquía insular; que un Luis Napoleón necesita para sus gastos privados dos veces y media lo que un soberano británico y, por último, que en un país burocrático como Francia los gastos de recaudación crecen hasta una suma desproporcionada respecto de los ingresos mismos.

[^1]: En el original, *Akzise*: el impuesto interior sobre la fabricación y el consumo, frente a los derechos de aduana. Se trataba de rebajar el arancel sobre el papel importado al nivel del impuesto interior que pagaba el papel inglés, como exigía el tratado de comercio con Francia.

[^2]: El proyecto de Gladstone para suprimir el impuesto interior sobre el papel, aprobado por los Comunes, fue rechazado por la Cámara de los Lores en mayo de 1860 sin que Palmerston lo defendiera con energía.

[^3]: El Parlamento, por la antigua capilla de San Esteban, sede de la Cámara de los Comunes.

[^4]: Hugh McCalmont Cairns (1819-1885), jurista y diputado conservador.

[^5]: Richard Bethell (1800-1873), fiscal general (*Attorney General*) en el gobierno de Palmerston; luego lord canciller con el título de lord Westbury.

[^6]: *Anciens partis*: «viejos partidos»; *faubourgs*: los barrios populares de París; *alliance cosaque*: «alianza cosaca».

[^7]: Robert Macaire, personaje de estafador cínico del melodrama *L'Auberge des Adrets* (1823) y de su continuación *Robert Macaire* (1834), popularizado por el actor Frédérick Lemaître y por las caricaturas de Daumier.
