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Title: El presupuesto inglés (1860)
Description: Correspondencia de Marx desde Londres para el New-York Daily Tribune sobre el presupuesto de Gladstone de 1860: supresión de muchos aranceles por el tratado con Francia, alza del impuesto sobre la renta, mantenimiento del impuesto de guerra sobre el té y el azúcar y respeto a las rentas de los terratenientes, con el balance de ingresos y gastos.
Author: Karl Marx
Date: 1860-02-11
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1860%20El%20presupuesto%20ingl%C3%A9s
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*Escrito en inglés por Karl Marx (correspondencia fechada en Londres el 11 de febrero de 1860) y publicado en el* New-York Daily Tribune*, núm. 5878, del 25 de febrero de 1860. El original inglés no está disponible en una edición libre; traducimos de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 15 (Berlín, 1961, pp. 23-26), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Se corrigen erratas evidentes de la edición digital de la MEW. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1860%20Das%20englische%20Budget).*

Londres, 11 de febrero de 1860

La velada de ayer fue memorable en el sentido parlamentario de la palabra. El señor Gladstone,[^1] en un brillante discurso, desveló a la vez los secretos de su presupuesto y del tratado comercial, ligando cuidadosamente el uno al otro y apuntalando la debilidad del uno con la audacia del otro. En cuanto al tratado, que el mundo tiene ya ante sí con todo detalle, verán ustedes que la breve caracterización que les di hace unas semanas era del todo exacta, y en realidad no tengo nada que añadir a la crítica general que me permití hacer entonces. Por eso me propongo examinar el presupuesto del señor Gladstone como simple operación financiera inglesa; tratar así la cuestión es tanto más oportuno cuanto que los próximos debates parlamentarios nos aclararán sin duda poco a poco el trasfondo diplomático de los hechos y las cifras del señor Gladstone.

Pueden descubrirse contradicciones en los detalles del presupuesto, pueden ponerse también objeciones políticas a la ingeniosa ocurrencia de responder a un déficit de más del 14 por ciento de los ingresos totales y a un gran aumento de los gastos barriendo por completo muchos derechos de aduana existentes, de los que, por cierto, una parte apenas pesaba sobre la masa del pueblo. Pero el simple sentido de la justicia obliga a decir que el presupuesto del señor Gladstone es una gran y audaz obra maestra financiera y que —una vez aceptadas las doctrinas del librecambio británico—, salvo algunas desproporciones evidentes debidas al tratado con Francia y a la indulgencia que todo ministro de Hacienda británico tendrá siempre con las rentas de los 50.000 grandes terratenientes, es un presupuesto en regla. La situación del señor Gladstone estaba llena de dificultades que él mismo se había creado. Él era el hombre que en 1853, en su llamado presupuesto modelo, que debía abarcar un período de siete años, se había comprometido solemnemente a abolir definitivamente el impuesto sobre la renta en 1860-1861. Además, en un presupuesto suplementario al que dio vida la guerra rusa, había prometido suprimir en un futuro no muy lejano el impuesto de guerra sobre el té y el azúcar.[^2] Ahora que vence su propia letra de cambio, el mismo hombre se presenta con un plan en el que se mantiene ese impuesto de guerra, mientras el impuesto sobre la renta se eleva de 9 a 10 peniques por libra, es decir, en un 11 1/9 %. Recordarán ustedes que en mis observaciones críticas sobre su presupuesto de 1853 traté de demostrar que la legislación financiera del librecambio, si significa algo, solo puede significar la sustitución de la tributación indirecta por la directa.[^3] Ya entonces señalé que la promesa del señor Gladstone de seguir suprimiendo derechos de aduana e impuestos sobre el consumo era incompatible con la promesa simultánea de borrar del todo el impuesto sobre la renta de la lista del recaudador. El impuesto sobre la renta, aunque establecido de manera unilateral, injusta e incluso absurda, es lo mejor de la ley de finanzas inglesa. Que el señor Gladstone mantenga un impuesto de guerra sobre cosas tan vitales como el té y el azúcar, en lugar de gravar seriamente la propiedad de la tierra, es una cobardía que hay que achacar mucho más a la composición aristocrática del Parlamento que a la estrechez de miras del señor Gladstone. Si se hubiera atrevido a poner la mano en las rentas, el gabinete, cuyas perspectivas de vida son ya bastante inciertas, habría tenido que irse en el acto. Un viejo refrán dice que el vientre no tiene oídos; pero igual de cierto es que las rentas no tienen conciencia.

Antes de dar una breve exposición de los cambios que se propone el señor Gladstone, quisiera llamar la atención del lector sobre algunas observaciones que dejó caer de pasada en el curso de su discurso. En primer lugar, el ministro de Hacienda reconoció que la opinión general según la cual el librecambio está encarnado en el sistema financiero inglés es una mera frase. En segundo lugar, reconoció que Inglaterra no tiene un comercio digno de mención con Francia, mientras que Francia mantiene un comercio muy extenso y creciente con Inglaterra. En tercer lugar, no pudo menos de reconocer que la política de Palmerston, que se había lanzado a «expediciones amistosas» a espaldas del Parlamento, había inclinado la balanza y reducido a cero la ganancia que el Tesoro obtenía de la expansión del comercio y la industria británicos. Por último, aunque endulzó la amarga píldora y la ofreció en una forma tan bonita como suelen ofrecer los boticarios franceses los mejunjes farmacéuticos más horribles, tuvo que reconocer que el mismo querido aliado al que Gran Bretaña está a punto de sacrificar casi dos millones de sus ingresos es la causa principal del aumento de los gastos británicos para el ejército y la marina en 1860-1861 a la enorme suma de 30 millones. No hay que olvidar que 18 millones fue el máximo de gastos militares que el Duque de Hierro[^4] pretendió hacer tragar al sentido común de los ingleses hace veinticuatro años.

Tras estas observaciones preliminares, paso a los cambios propuestos por el señor Gladstone. Comprenden dos categorías: una se deriva del tratado con Francia; la otra comprende cambios adicionales que el señor Gladstone tuvo que introducir para librar a su presupuesto del reproche de ser una concesión arrancada por una potencia despótica extranjera y para darle el barniz, más agradable, de una reforma general del arancel vigente.

Los cambios introducidos a consecuencia del tratado comercial con Francia son:

Los productos manufacturados se borran del arancel británico de inmediato, absoluta y completamente, con la única excepción, por un plazo limitado, de tres artículos, a saber, el corcho, los guantes y otro artículo sin importancia. El derecho sobre el aguardiente se rebajará de 15 chelines por galón al nivel del derecho para los productos coloniales, es decir, a 8 chelines. El derecho sobre todos los vinos extranjeros se rebajará de inmediato de unos 5 chelines y 10 peniques a 3 chelines por galón. Inglaterra se compromete además a rebajar el derecho a partir del 1 de abril de 1861 en proporción a la graduación alcohólica del vino. Todos los derechos sobre artículos extranjeros que también se producen en Inglaterra y están sujetos aquí a un impuesto sobre el consumo se rebajarán al nivel del impuesto interior. Esto es lo esencial de la primera categoría de los cambios que se introducirán. Los cambios que, con independencia del tratado comercial con Francia, han de dar al presupuesto actual el carácter de una reforma general de la legislación financiera británica son los siguientes:

Los derechos sobre la mantequilla, el sebo, el queso, las naranjas y los limones, los huevos, la nuez moscada, la pimienta, el regaliz y otros diversos artículos, cuyo importe total asciende a unas 382.000 libras esterlinas al año, se suprimirán de inmediato y por completo. El derecho actual sobre la madera de construcción se reducirá de 7 chelines y de 7 chelines y 6 peniques al tipo colonial de 1 chelín y de 1 chelín y 6 peniques; el de las pasas de Corinto, de 15 chelines y 9 peniques a 7 chelines; el de las pasas y los higos, de 10 a 7 chelines; el del lúpulo, de 45 a 15 chelines. Por último, se suprimirá el impuesto sobre el papel.

El balance del ejercicio de 1860 se presenta así:

| *Gastos* | Libras esterlinas |
|---|---|
| Deuda consolidada y no consolidada | 26.200.000 |
| Cargas sobre el fondo consolidado | 2.000.000 |
| Ejército y milicia | 15.800.000 |
| Marina y servicio de paquebotes | 13.900.000 |
| Varios y servicio civil | 7.500.000 |
| Departamento de ingresos públicos | 4.700.000 |
| Total | 70.100.000 |

| *Ingresos* | Libras esterlinas |
|---|---|
| Aduanas | 22.700.000 |
| Impuestos sobre el consumo | 19.170.000 |
| Timbre | 8.000.000 |
| Impuestos directos | 3.250.000 |
| Impuesto sobre la renta | 2.400.000 |
| Correos | 3.400.000 |
| Tierras de la Corona | 280.000 |
| Ingresos varios | 1.500.000 |
| Total | 60.700.000 |

Si se comparan ahora los gastos con los ingresos, se ve que se reconoce un déficit de casi 10.000.000 de libras esterlinas, que el señor Gladstone, como ya se ha dicho, piensa cubrir elevando el impuesto sobre la renta de 9 a 10 peniques y manteniendo el impuesto de guerra sobre el té y el azúcar. Los pequeños cambios con los que se propone obtener un penique aquí y otro allá no necesitamos tenerlos en cuenta en esta visión general del presupuesto británico de 1860-1861.

[^1]: William Ewart Gladstone (1809-1898), ministro de Hacienda (*Chancellor of the Exchequer*) en los gabinetes de Aberdeen (1852-1855) y de Palmerston (desde 1859).

[^2]: Para financiar la guerra de Crimea (1854-1856), Gladstone elevó en 1854 el impuesto sobre la renta y los derechos sobre el té, el azúcar y otros artículos.

[^3]: Marx analizó el presupuesto de Gladstone de 1853 en varios artículos del *New-York Daily Tribune* de abril y mayo de ese año.

[^4]: Arthur Wellesley, duque de Wellington (1769-1852), vencedor de Waterloo, apodado «el Duque de Hierro».
