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Title: La artillería de voluntarios (1860)
Description: Artículo de Engels para el Volunteer Journal de Manchester sobre el papel de la artillería de voluntarios: distingue la artillería de campaña de la de plaza, propone reclutar a sus oficiales entre ingenieros y mecánicos y destinarla a servir las piezas pesadas de las baterías de costa.
Author: Friedrich Engels
Date: 1860-10
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1860%20La%20artiller%C3%ADa%20de%20voluntarios
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*Escrito en inglés por Friedrich Engels en la primera quincena de octubre de 1860 y publicado en* The Volunteer Journal, for Lancashire and Cheshire *(Manchester), núm. 6, del 13 de octubre de 1860. El original inglés no está disponible en una edición libre; traducimos de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 15 (Berlín, 1961, pp. 187-190), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1860%20Die%20Freiwilligen-Artillerie).*

La cuestión de la artillería de voluntarios es de gran importancia y debería discutirse a fondo, tanto más cuanto que el papel que ha de desempeñar en la defensa del país no parece haberse definido claramente hasta ahora.

Es evidente que la primera cuestión que hay que resolver es el campo de acción propio de la artillería de voluntarios. Mientras esto no se haga, nunca habrá un sistema de instrucción uniforme en los distintos cuerpos; y como la ciencia artillera abarca los terrenos más variados, sería en verdad difícil enseñarlo todo, en teoría y en la práctica, a todos los oficiales y soldados voluntarios. Los distintos cuerpos, si se los necesitara en combate, se presentarían con preparaciones muy diferentes para las tareas que hubieran de cumplir, y más de una compañía, si se le diera una tarea especial, estaría poco preparada para llevarla a cabo.

En las consideraciones que siguen no pretendemos en modo alguno determinar lo que debería ser o no ser la artillería de voluntarios; solo queremos mostrar algunas de las condiciones con arreglo a las cuales hay que formar tanto la artillería de voluntarios como cualquier otra artillería, para preparar el terreno a la discusión a la que invitamos y de la que tiene que salir al fin una comprensión del campo de actividad propio de los cuerpos de artillería de voluntarios.

Toda la artillería se divide en artillería de campaña, que ha de operar en el campo con la infantería y la caballería y está dotada de piezas de tiro de caballos, y artillería de sitio o de plaza, que sirve piezas pesadas en baterías fijas o protegidas para el ataque a plazas fortificadas o para su defensa. Si en un ejército regular la duración del servicio de los soldados y la formación científica especializada de los oficiales permiten instruir a todo el cuerpo en ambas ramas de la artillería, al menos lo bastante para que en caso de necesidad cualquier compañía pueda emplearse en cualquier tarea, no ocurre así con unos voluntarios que —oficiales y soldados— solo pueden dedicar una parte de su tiempo a los deberes militares. En Francia, Austria y Prusia, la artillería de campaña está completamente separada de la artillería de plaza o de sitio. Si así ocurre en ejércitos regulares permanentes, sin duda habrá razones para ello que actúan con mucha más fuerza todavía en un ejército de voluntarios.

El hecho es que el mero servicio de una pieza de campaña se distingue poco del de una pieza pesada en batería, de modo que los soldados de una compañía de voluntarios podrían aprender fácilmente ambas cosas. Pero las tareas de los oficiales son por su naturaleza tan distintas en uno y otro caso que nada salvo una formación profesional y una larga práctica puede capacitar a alguien para desempeñar ambas igual de bien. Las cualidades principales de un oficial de artillería de campaña son: un golpe de vista militar rápido; una apreciación cabal del terreno y de las distancias; un conocimiento perfecto del efecto de sus piezas, que le permita aguantar un ataque hasta el último momento sin perder ninguna de ellas; una larga experiencia del rendimiento de los caballos y de su manejo en la batalla, y, por último, una buena dosis de audacia unida a la prudencia. A un oficial de artillería de plaza o de sitio se le exigen formación científica y conocimientos teóricos de todas las ramas de la artillería, de la fortificación, de las matemáticas y de la mecánica. Además, la capacidad de sacar provecho de todo, una atención paciente y aguda a la construcción y reparación de obras de tierra y al efecto del fuego concéntrico, y un valor más tenaz que arrojado. Dese al capitán de una batería de a nueve el mando de un bastión, y aun al mejor le costará bastante práctica estar a la altura de la tarea; póngase a un oficial que durante una serie de años solo ha servido piezas de sitio a la cabeza de una batería de artillería montada, y pasará un buen tiempo hasta que se desprenda de su lentitud metódica y recobre la decisión que exige su nueva arma. Con suboficiales, a los que falta la formación científica de sus superiores, las dificultades serán aún mayores.

De los dos, el artillero de plaza parece el más fácil de formar. Los ingenieros civiles poseen todos los conocimientos científicos previos que exige la cosa y aprenderán muy pronto a aplicar a la artillería los principios científicos que les son familiares. Aprenderán fácilmente el manejo de los distintos mecanismos que se usan para mover las piezas pesadas, la construcción de las baterías y las reglas de la fortificación. Forman, por tanto, la capa de la que deberían escogerse principalmente los oficiales de la artillería de voluntarios, y estos serán especialmente aptos para la artillería de plaza. Lo mismo vale para los suboficiales y los artilleros. Todos los hombres que han tenido mucho que ver con máquinas, como ingenieros, mecánicos y herreros, serán el mejor material, y por eso los grandes centros fabriles deberían formar, en rigor, los mejores cuerpos. Los ejercicios de tiro con piezas pesadas quizá sean imposibles en el interior del país; pero el mar no está tan lejos de nuestras ciudades del interior de Lancashire y Yorkshire como para que no puedan organizarse de vez en cuando con ese fin excursiones a la costa. Además, el ejercicio de tiro propiamente dicho con piezas pesadas en batería, donde puede verse el primer rebote de cada proyectil y los soldados pueden corregirse a sí mismos, no tiene una importancia tan extraordinaria.

Hay otro argumento en contra de intentar formar una artillería de campaña de voluntarios: el coste de las piezas y de su tiro de caballos. Algunas compañías, reuniéndose, podrían quizá costear el tiro de unas cuantas piezas durante los meses de verano y hacer instrucción con ellas por turnos; pero con eso no se formará ni a soldados ni a oficiales como artilleros de campaña aptos para la guerra. El coste de equipar una batería de campaña de seis piezas es, calculado en general, aproximadamente igual al que hace falta para levantar un batallón entero de infantería. Ninguna compañía de artillería de voluntarios podría permitirse tales gastos. Si se piensa en la afrenta que supone la pérdida de una pieza en el campo de batalla, bien puede dudarse de que un Gobierno estuviera nunca dispuesto, en caso de invasión, a dotar a la artillería de voluntarios de piezas de campaña, caballos y conductores en condiciones parecidas a aquellas en que se provee a los voluntarios de armas de fuego portátiles.

Por estas y otras razones llegamos a la conclusión de que el campo propio de la artillería de voluntarios es la dotación de las piezas pesadas en baterías fijas en la costa. Puede que en las ciudades del interior sea inevitable un ensayo con la artillería de campaña para mantener el interés por el movimiento, y desde luego no hará daño ni a oficiales ni a soldados familiarizarse todo lo posible con el manejo de piezas ligeras de tiro de caballos; pero confesamos que, por nuestra propia experiencia personal con el arma, dudamos mucho de su eficacia final en el servicio de campaña. Con todo, habrán aprendido muchas cosas que les serán igualmente útiles en el empleo de piezas pesadas, y pronto estarán a la altura de la tarea si se les destina a ellas.

Hay otro punto que queremos señalar. La artillería es, mucho más que la infantería y la caballería, un arma esencialmente científica, y como tal su eficacia dependerá principalmente de los conocimientos teóricos y prácticos de los oficiales. No dudamos de que el *Artillerist's Manual* del comandante Griffiths[^1] estará ya en manos de todo oficial de la artillería de voluntarios. El contenido del libro muestra con qué variedad de materias tiene que familiarizarse un oficial de artillería, e incluso un suboficial, antes de poder mostrar alguna destreza en su arma. Pero el libro no es más que un breve compendio de lo que debería saber un buen artillero. Además de la instrucción regular de compañía y de batallón, igual para la infantería y la artillería, está el conocimiento de los muchos calibres distintos de las piezas, de sus cureñas y explanadas, de sus cargas y alcances y de los distintos proyectiles; luego, la construcción de baterías y la ciencia de la fortificación, permanente y de campaña, la fabricación de municiones y de artificios de fuego y, por último, aquella ciencia del arte artillero que en este momento recibe tan excelentes complementos nuevos con la introducción de las piezas rayadas. Todo esto ha de aprenderse en teoría y en la práctica, y todo tiene la misma importancia; pues, cuando quiera que se llame a la artillería de voluntarios al servicio activo, se verá en un aprieto si no se han atendido todas estas ramas. De todos los cuerpos de voluntarios, la artillería es, por tanto, aquel en que la aptitud de los oficiales tiene la mayor importancia, y deseamos y creemos que se esforzarán al máximo por adquirir la experiencia práctica y los conocimientos teóricos sin los cuales, el día de la prueba, se los hallaría faltos.

[^1]: Frederick Augustus Griffiths, oficial de la artillería real británica, autor de *The Artillerist's Manual and British Soldier's Compendium* (1839), con numerosas ediciones.
