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Title: La cosecha en Europa (1860)
Description: Correspondencia de Marx para el New-York Daily Tribune sobre la mala cosecha de 1860 en Inglaterra, Irlanda y el norte de Europa: la subida del grano, el retroceso de las exportaciones británicas, la salida de oro y la amenaza de trastornos políticos en el continente, donde el prestigio de Luis Napoleón declina.
Author: Karl Marx
Date: 1860-08-21
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1860%20La%20cosecha%20en%20Europa
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*Escrito en inglés por Karl Marx (correspondencia fechada en Londres el 21 de agosto de 1860) y publicado en el* New-York Daily Tribune*, núm. 6043, del 6 de septiembre de 1860. El original inglés no está disponible en una edición libre; traducimos de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 15 (Berlín, 1961, pp. 133-136), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1860%20Die%20Ernte%20in%20Europa).*

Londres, 21 de agosto de 1860

Cuanto más avanza la estación, más sombrías se vuelven las perspectivas de la cosecha y más se reducen las esperanzas que aún se fundan en un posible regreso del buen tiempo. El carácter del verano pasado ha sido del todo insólito, no solo en todo el Reino Unido, sino en todo el norte de Europa, incluidos el norte de Francia, Bélgica y las provincias renanas. Por lo que toca a Inglaterra, la estación se ha descrito con acierto en estos términos:

> «Tras una primavera fría y tardía, junio resultó tan extraordinariamente húmedo que en muchos distritos no se pudieron sembrar los nabos ni escardar las remolachas forrajeras, ni hacer ninguna de las labores habituales en esa época. Luego, después de diez días de buen tiempo, este se volvió tan inestable que dos días seguidos sin lluvia eran casi una sorpresa. Pero, además de ese exceso de humedad, el verano actual, que ya podemos llamar pasado, ha llamado la atención por la falta de sol y por las temperaturas muy bajas, que reinaban incluso cuando no llovía.»

La precipitación media de este año ha sido de 20 pulgadas, y como la de los meses de mayo y junio alcanzó 11,17, resulta que en esos dos meses cayó más de la mitad del agua de un año. Durante la semana pasada, a cuyo comienzo pareció producirse un cambio favorable, el tiempo se mostró más inestable y tempestuoso que nunca, con tormentas y vendavales del sudoeste los días 16 y 18, acompañados de verdaderos diluvios. En consecuencia, el precio del trigo en Mark Lane[^1] subió ayer unos 2 chelines por quarter[^2] sobre el del mercado del lunes pasado.

La cosecha de heno está ya seriamente comprometida y retrasada por el frío y por el viento y la lluvia incesantes. Como la hierba está tumbada y cubierta de agua sin cesar, se teme que buena parte de su valor nutritivo se haya ido ya con el agua, de modo que gran parte no servirá como forraje y habrá que usarla como cama para el ganado, lo que supone una pérdida muy seria que aumentará en gran medida el consumo de cereales de primavera. Aún queda mucho por segar, pero mucho se ha perdido sin remedio.

> «Caben pocas dudas», dice *The Gardeners' Chronicle* del sábado pasado, «de que la cosecha de trigo ha sufrido daños considerables. De 140 informes de otros tantos corresponsales de Inglaterra y Escocia, no menos de 91 declaran que la cosecha está por debajo de la media, y si se consideran las principales zonas trigueras, se comprueba que la proporción de noticias desfavorables es igual de grande. Así, son desfavorables cinco de seis informes de Lincolnshire, tres de cinco de Norfolk y Suffolk y todos los de los condados de Oxford, Gloucestershire, Wilts, Hants y Kent.»

Gran parte del trigo se pudrió por la raíz antes de que madurase el grano, y en muchos distritos lo han echado a perder el mildiu y el tizón. Así, mientras el trigo enfermaba, y en muchos distritos en gran escala, la enfermedad de la patata, que empezó en 1845, continuó con toda su virulencia en los cuatro años siguientes y fue remitiendo poco a poco desde 1850[^3], ha reaparecido con más fuerza, no solo en Irlanda, sino en muchos distritos de Inglaterra y del norte del continente.

*The Freeman's Journal* resume así las perspectivas generales de la cosecha en Irlanda:

> «La cosecha de avena se da en general por casi perdida. Salvo en unos pocos distritos sin importancia, la avena aún no está madura: está completamente verde y la violencia del tiempo la ha tumbado. Es de esperar que el trigo comparta la calamidad que amenaza a la cosecha de cereales en general. Se ha segado todavía muy poco, y las perspectivas de esta cosecha, que hace pocas semanas inspiraban las expectativas más confiadas, causan ahora la más honda consternación entre los granjeros. En cuanto a la cosecha de patata, la opinión general es que, si el tiempo actual dura un mes más, se habrá perdido irremisiblemente.»

Según el *Independent* de Wexford,

> «la enfermedad de la patata se extiende, y en algunos lugares afecta a un tercio entero de las patatas, sin distinción de tamaño, variedad ni época de plantación.»

Así pues, parece seguro lo siguiente: la cosecha principal se retrasará mucho más allá de la fecha habitual y, por tanto, las existencias actuales escasearán. La cosecha de heno en parte perdida, junto con la enfermedad de la patata, pesará de un modo insólito sobre los cereales, y el rendimiento de todos los granos, sobre todo del trigo, quedará muy por debajo de la media. Hasta ahora, las importaciones del extranjero, comparadas con las de 1858 y 1859, en lugar de superarlas muestran por el contrario un retroceso notable. Por otro lado, los precios del grano, aunque hoy están por término medio un 26 por ciento más altos que en el mismo periodo del año pasado, se han mantenido bajos por las noticias de ricas cosechas en América y en el sur de Rusia, por la esperanza de un cambio favorable del tiempo y por la extraordinaria cautela que la última quiebra en el ramo del cuero ha impuesto a *todas* las transacciones de dinero. Comparando los precios actuales con los de cosechas parecidas desde 1815, he llegado a la conclusión de que el precio medio del trigo, que hoy puede cifrarse en 58 o 59 chelines el quarter, tiene que subir, al menos en Inglaterra, a 65 o 70 chelines. El efecto de tal subida sobre el precio de la harina se verá agravado considerablemente por coincidir con un retroceso progresivo del comercio de exportación del país. De las 63.003.159 libras esterlinas realizadas en los seis meses hasta el 30 de junio de 1859, las exportaciones británicas han bajado en el periodo correspondiente de 1860 a 62.019.989 libras esterlinas; y la disminución se debió principalmente, como expuse en un artículo anterior, a la caída de las ventas de tejidos e hilados de algodón a consecuencia de la saturación de los mercados de Asia y Australia. Mientras las exportaciones retroceden, las importaciones han aumentado considerablemente en comparación con el periodo correspondiente de 1859. En efecto, en los cinco meses hasta el 31 de mayo encontramos unas importaciones de 44.968.863 libras esterlinas en 1859 y de 57.097.638 en 1860.

Este predominio de las importaciones sobre las exportaciones tiene que aumentar necesariamente la salida de oro y agravar así el estado inestable del mercado monetario que caracteriza todos los periodos de malas cosechas y de compras extraordinarias de grano extranjero. Si en Inglaterra el efecto de la enorme presión monetaria probablemente no irá mucho más allá de la esfera económica, muy distinto es el caso del continente, donde son casi inevitables graves trastornos políticos en cuanto una crisis monetaria coincide con una mala cosecha y con una presión fiscal creciente. Ya se oyen las más serias inquietudes en París, donde el municipio está ocupado en comprar gran número de casas viejas para derribarlas y dar así trabajo a los *ouvriers*[^4]. Los precios del mejor trigo en París están en este momento tan altos como los de Londres, si no algo más, es decir, entre 60 chelines y 6 peniques y 61 chelines. Los últimos ardides con los que Luis Napoleón ha intentado distraer a la opinión pública, a saber, la expedición a Siria[^5], el ascenso de España a la categoría de «gran potencia»[^6], las transacciones con Prusia[^7] y las tentativas de estorbar el avance de Garibaldi, han resultado todos un fracaso total. Se ve obligado a hacer frente a los peligros de una mala estación, de la penuria de dinero y de un presupuesto del Estado recortado en el mismo momento en que su «prestigio» político declina a ojos vistas. Si hiciera falta alguna prueba de esto último, ¿no existe acaso su carta a «Mon cher Persigny»[^8]?

[^1]: Calle de la City de Londres donde estaba la bolsa de cereales (Corn Exchange); su nombre designaba el mercado londinense del grano.

[^2]: Medida inglesa de capacidad para el grano, de unos 291 litros.

[^3]: La plaga de la patata (*Phytophthora infestans*) de 1845-1849 causó la gran hambre de Irlanda, con cerca de un millón de muertos y una emigración masiva.

[^4]: «Obreros», en francés en el original.

[^5]: Tras las matanzas de cristianos en el Líbano y en Damasco en mayo-julio de 1860, Francia envió a Siria, con el acuerdo de las demás potencias, un cuerpo expedicionario que desembarcó en Beirut en agosto de 1860.

[^6]: En 1860 Napoleón III propuso que España fuera admitida entre las grandes potencias europeas, para atraerla a su lado.

[^7]: Alusión a la entrevista de Baden-Baden (16-17 de junio de 1860), en la que Napoleón III intentó en vano tranquilizar al príncipe regente de Prusia y a los demás príncipes alemanes sobre sus intenciones respecto del Rin.

[^8]: Carta de Napoleón III a su embajador en Londres, el conde de Persigny, del 29 de julio de 1860, publicada en la prensa, en la que protestaba de sus intenciones pacíficas para con Inglaterra.
