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Title: Los ingenieros voluntarios (1860)
Description: Artículo de Engels para los voluntarios británicos sobre la formación de compañías de ingenieros: cuántas hacen falta, por qué deben dedicarse a trincheras, baterías, caminos y puentes y no a desfilar, y cómo aprovechar a los ingenieros civiles del país como oficiales.
Author: Friedrich Engels
Date: 1860-11-24
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1860%20Los%20ingenieros%20voluntarios
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*Escrito en inglés por Friedrich Engels a finales de noviembre de 1860 y publicado en* The Volunteer Journal, for Lancashire and Cheshire*, núm. 12, del 24 de noviembre de 1860. El original inglés no está disponible en una edición libre; traducimos de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 15 (Berlín, 1961, pp. 229-233), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1860%20Die%20Freiwilligen-Genietruppen).*

El ejército de voluntarios[^1] cuenta ya desde hace bastante tiempo con una infantería y una artillería numerosas; tiene además el complemento de una pequeña fuerza de caballería, y ahora empieza poco a poco a ocuparse de la última rama del servicio militar, la de ingenieros. El tema de los ingenieros voluntarios se discute hoy muy por extenso, y merece la atención que se le presta. El Cuerpo de Ingenieros Reales es ya demasiado débil para las muchas tareas que tiene que cumplir en la metrópoli y en las colonias. ¿Qué será en caso de guerra y de una invasión, que cabe esperar? Las numerosas fortificaciones que ahora se están construyendo y que forman en torno a los arsenales navales un inmenso campo atrincherado exigirán como guarnición un número considerable de oficiales y soldados de ingenieros; también el ejército de campaña, cuya fuerza se ha duplicado o triplicado ahora gracias a los voluntarios, necesitará cierto complemento de tropas de ingenieros para tener plena capacidad de acción frente al enemigo. Si no se aumenta considerablemente el Cuerpo de Ingenieros Reales, las tareas de esta arma o se cumplirán de manera imperfecta o tendrán que hacerlas voluntarios a los que se haya instruido antes para ello.

El número de tropas de ingenieros que corresponde a un ejército de campaña no es, por otra parte, muy grande. Tres o cuatro compañías para un cuerpo de ejército de dos divisiones (de 16 a 24 batallones de infantería, con la proporción correspondiente de caballería y artillería) serían del todo suficientes. Un ejército de campaña de 40.000 hombres de tropas de línea, 20.000 de milicia y 100.000 voluntarios, en total 160.000 hombres o 200 batallones, daría ocho o diez cuerpos y exigiría unas 30 compañías de ingenieros. Suponiendo que diez compañías las pusieran los Ingenieros Reales, quedarían veinte que tendrían que formar los voluntarios. Aproximadamente el mismo número de otros ingenieros voluntarios bastaría para ayudar a las tropas reales en la defensa de los arsenales fortificados, de modo que unas cuarenta compañías de ingenieros voluntarios bastarían para completar la infantería y la artillería voluntarias en su fuerza actual. Si el número de voluntarios creciera tan deprisa que pudieran presentarse en campaña, descontadas las guarniciones, con más de 100.000 hombres, bastaría un soldado de ingenieros más por cada cien tiradores más; eso da 200 soldados de ingenieros (o tres compañías) por cada cuerpo de ejército de 20.000 hombres.

Por el momento, pues, 40 compañías, o unos 3.000 hombres, serían la fuerza máxima de ingenieros que convendría formar. Y hará falta mucha energía para hacer de ellos ingenieros no solo de nombre, sino de verdad. Ya vemos que en los voluntarios de artillería se sacrifica una gran cantidad de tiempo a la instrucción de compañía y de batallón —carabina en mano—, aunque esa ocupación solo sirve para los desfiles y nunca les valdrá ni una jota en el servicio activo con los cañones de campaña o en la artillería de plaza. Y tememos que con los ingenieros ocurra lo mismo. Ante todo hay que tener presente que toda hora que, más allá de la instrucción de compañía, se dedique a enseñar a los voluntarios el porte militar, la prontitud para ejecutar las órdenes sin demora y la capacidad de marchar en buen orden es una hora perdida; hay que pensar que tienen que aprender cosas muy distintas y que de esas cosas, y no del desfile continuo, depende su eficacia. Tendrán que familiarizarse —soldados y oficiales— con los rudimentos de la fortificación de campaña y de la permanente. Tendrán que construir trincheras, levantar baterías, abrir caminos y repararlos. Si se pueden conseguir los medios, tendrán que tender puentes militares e incluso colocar minas. Es de temer que algunas de estas ramas solo puedan enseñarse en teoría, porque en Inglaterra las fortalezas escasean, y los pontones también; no se puede esperar que cada voluntario vaya a Portsmouth o a Chatham a estudiar fortificación o a ayudar a tender un puente de pontones. Pero hay otras cosas que está en manos de cualquier compañía hacer. Si aquí en Manchester hubiera una compañía de ingenieros, podríamos enseñarles muchas callejas en tan mal estado como las que una columna tendría que atravesar en la guerra, y lo más probable es que aquellos a quienes atañe les permitieran con mucho gusto practicar la construcción de caminos a placer. No les sería muy difícil encontrar un terreno en el que construir algunos reductos de campaña, abrir trincheras y levantar baterías, sobre todo porque un terreno así daría ocasión tanto a los voluntarios de artillería como a los de infantería de practicar las partes de su instrucción que de otro modo no podrían hacerse. Hasta podrían descubrir lugares que les permitieran tender de vez en cuando un pequeño puente de caballetes (*chevalets*) sobre alguno de los ríos de nuestros alrededores, que, allí donde el fondo es firme, ofrecen grandes ventajas para construir esta clase de puentes. Esas cosas, y muchas más del mismo género, deberían constituir sus ejercicios principales. La instrucción de compañía debería despacharse deprisa al principio y no reanudarse hasta que el cuerpo haya avanzado algo en su verdadero terreno; en el segundo invierno, las veladas podrán aprovecharse para la instrucción. Pero si los ingenieros creen necesario competir desde el principio con los tiradores en el porte en el desfile y en las evoluciones de batallón, en perjuicio de su instrucción especial, si la atención de los oficiales se dirige más a los deberes de un oficial de infantería que a la formación técnica, entonces los ingenieros voluntarios pueden estar seguros de que en una campaña se les empleará mucho más a menudo como infantería que como tropas de ingenieros.

Habrá pocas dificultades para encontrar oficiales muy capaces si se eligen en la única capa apta para la tarea: los ingenieros civiles. Un estudio teórico de pocos meses y algún viaje a Chatham, Portsmouth o Aldershot[^2] los familiarizarán pronto con la mayoría de las ramas de la ingeniería militar, y la instrucción militar de sus compañías les ayudará a avanzar. Aprenderán enseñando. Su propia profesión les obliga a conocer todos los fundamentos de la ingeniería, y, como tendrían que ser gente muy inteligente y bien instruida, aplicar esos fundamentos a los asuntos militares les costará poco.

Hemos leído en la *Army and Navy Gazette* el informe sobre una vasta organización técnico-militar que abarcaría todas las líneas de ferrocarril del país y de la que se esperan grandes resultados en caso de invasión. Los rasgos principales del plan se reproducen en el *Volunteer Journal* de la semana pasada. La forma en que este plan se presenta al público es de lo más confusa. Hasta ahora no vemos las inmensas ventajas que se le atribuyen; más bien creemos que se han mezclado dos cosas distintas. Sin duda tiene gran importancia estudiar tanto la situación estratégica de cada línea de ferrocarril del reino como la red ferroviaria entera en su conjunto. Es algo tan importante que lo consideraríamos una falta grave si no se hubiera hecho hace mucho tiempo y si no existieran ya, en los archivos de la Horse Guards[^3] y de los distintos comandantes de distrito, voluminosos expedientes con los resultados de esos estudios. Pero eso es tarea del estado mayor, no de los ingenieros. No vemos gran ventaja en formar un cuerpo de ingenieros con los maquinistas, fogoneros, colocadores de vía y obreros ferroviarios de cada línea. Esa gente tiene ya, por así decirlo, una organización militar y está sometida a una disciplina más estricta que cualquier cuerpo de voluntarios del país. Lo que se espera de ellos en su calidad de ingenieros voluntarios están perfectamente en condiciones de hacerlo ya en su oficio actual. Y, como en la guerra su presencia en su puesto actual sería mucho más necesaria que ahora, no tiene el menor valor instruirlos en ramas especiales de la ingeniería militar.

Estas observaciones se refieren solo a la parte del plan que se ha publicado. Si resultara después que contiene otros puntos principales, nos reservamos, naturalmente, nuestra opinión.

Permítasenos, sin embargo, señalar otro posible empleo para el gran número de ingenieros que hay en este país. La mayoría de los ejércitos tienen, además de los oficiales que mandan a los zapadores y minadores, cierto número de oficiales de ingenieros que no pertenecen a ninguna compañía y a los que se confían tareas especiales. ¿Por qué no dar a los ingenieros civiles de Inglaterra la posibilidad de prepararse para este servicio? La Escuela de Ingenieros Civiles podría aprovecharse bien con este fin. Bastarían algunos ciclos de lecciones sobre ingeniería militar y un breve curso práctico en una compañía de ingenieros. Un examen, en este caso absolutamente necesario, limitado a materias estrictamente militares podría ser el criterio de admisión en el cuerpo de oficiales de ingenieros voluntarios no adscritos a ninguna compañía. El Gobierno, naturalmente, tendría que poder rechazar a los candidatos ineptos. Esos oficiales serían de gran utilidad, porque en este caso todo depende de la capacidad de los oficiales; y, en caso de necesidad, unos cuantos tiradores o artilleros voluntarios a las órdenes de estos oficiales llevarían a cabo una tarea de ingenieros con más éxito que oficiales de ingenieros regulares con uno o dos destacamentos de infantería de línea asignados para ello.

[^1]: El movimiento de voluntarios (Volunteer Force) nació en Inglaterra en 1859, en pleno temor a una invasión francesa tras la guerra de Italia: cuerpos de fusileros y artilleros voluntarios, financiados en buena parte por sus propios miembros, que a finales de 1860 sumaban más de 100.000 hombres. Engels colaboró con ellos desde Manchester en *The Volunteer Journal, for Lancashire and Cheshire*.

[^2]: En Chatham estaba la escuela y el cuartel general de los Ingenieros Reales; en Portsmouth, el principal arsenal naval; en Aldershot, el gran campo de instrucción del ejército británico, creado en 1854.

[^3]: Edificio de Londres donde tenía su sede el mando supremo del ejército británico, y por extensión ese mando.
