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Title: El conflicto anglo-norteamericano (1861)
Description: Correspondencia de Marx para Die Presse de Viena: el dictamen de los juristas de la Corona reduce el caso del Trent a un error de procedimiento, y el mitin de indignación de Liverpool retrata a los amigos algodoneros de la secesión.
Author: Karl Marx
Date: 1861-11-29
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1861%20El%20conflicto%20anglo-norteamericano
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*Escrito en alemán por Karl Marx en Londres el 29 de noviembre de 1861 y publicado en* Die Presse *(Viena), núm. 332, del 3 de diciembre de 1861. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 15 (Berlín, 1961, pp. 392-394), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1861%20Der%20englisch-amerikanische%20Streit).*

Londres, 29 de noviembre de 1861

Los juristas de la Corona tenían que dar ayer su opinión sobre la aventura naval del Bahama Channel. Los autos de su proceso consistían en los informes escritos de los oficiales ingleses que se habían quedado a bordo del *Trent* y en la declaración oral del comodoro Williams, que iba a bordo del *Trent* como agente del Almirantazgo, pero desembarcó en Southampton el 27 de noviembre con el vapor *La Plata*, desde donde el telégrafo lo llamó en el acto a Londres. Los juristas de la Corona reconocieron el derecho del *San Jacinto* a visitar y registrar el *Trent*. Como la proclamación de neutralidad de la reina Victoria, al estallar la guerra civil norteamericana, enumera expresamente los *despachos* entre los artículos de contrabando, tampoco podía haber dudas sobre este punto.[^1] Quedaba, pues, la cuestión de si los señores Mason, Slidell y compañía eran ellos mismos contrabando y, por tanto, confiscables. Los juristas de la Corona parecen ser de esta opinión, puesto que han dejado caer toda la cuestión jurídica *de fondo*. Su dictamen, según el *Times*, solo acusa al comandante del *San Jacinto* de un *error de procedimiento*. En lugar de a los señores Mason, Slidell y compañía, tenía que haber tomado a remolque como presa al propio *Trent*, llevarlo al puerto norteamericano más cercano y someterlo allí al fallo de un tribunal de presas norteamericano. Este es sin discusión el procedimiento que corresponde al derecho marítimo inglés y, por tanto, al norteamericano.

Es igualmente indiscutible que los ingleses violaron con frecuencia esa regla durante la guerra antijacobina y procedieron a la manera sumaria del *San Jacinto*.[^2] Sea como fuere, con este pronunciamiento de los juristas de la Corona todo el conflicto queda reducido a un *descuido técnico* y despojado, por tanto, de todo alcance inmediato. Dos circunstancias facilitan al Gobierno de la Unión aceptar esta manera de ver las cosas, es decir, dar una satisfacción formal. En primer lugar, el capitán Wilkes, comandante del *San Jacinto*, no pudo haber recibido instrucciones directas de Washington. De regreso de África a Nueva York, tocó La Habana el 2 de noviembre y salió de allí el 4, mientras que su encuentro con el *Trent* en alta mar tuvo lugar el 8 de noviembre. La estancia del capitán Wilkes en La Habana, de solo dos días, no permitía un intercambio de notas entre él y su Gobierno. El cónsul de la Unión era la única autoridad norteamericana con la que podía tratar. Pero, en segundo lugar, es evidente que había perdido la cabeza, como lo prueba el que renunciara a que se le entregaran los despachos.

La importancia del suceso está en su efecto moral sobre el pueblo inglés y en el capital político que los amigos algodoneros de la secesión en Inglaterra pueden sacar fácilmente de él. Para caracterizar a estos últimos sirve el mitin de indignación de Liverpool que organizaron y que ya mencioné [en mi carta anterior](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1861%20El%20caso%20del%20Trent). El mitin se celebró el 27 de noviembre a las 3 de la tarde, en las salas de subasta de algodón de la Bolsa de Liverpool, una hora después de llegar el alarmante telegrama de Southampton.

Tras vanos intentos de imponer la presidencia al señor Cunard, propietario de los vapores Cunard que hacen la línea entre Liverpool y Nueva York,[^3] y a otros grandes dignatarios del comercio, subió al sillón presidencial un joven comerciante llamado *Spence*, conocido por un escrito partidista en favor de la república esclavista.[^4] Contra la regla de los mítines ingleses, él mismo, el presidente, presentó la moción

> «de instar al Gobierno a hacer valer la dignidad de la bandera británica exigiendo pronta satisfacción por el agravio sufrido».

¡Aplausos inmensos, palmas y un vítor tras otro! El argumento principal del portavoz de la república esclavista consistió en que la bandera norteamericana había protegido hasta entonces a los barcos negreros contra el derecho de registro que reclamaba Inglaterra. ¡Y a continuación este filántropo se desató en furiosos ataques contra la trata de esclavos! Admitió que Inglaterra había provocado la guerra de 1812-1814 con los Estados Unidos porque se empeñó en buscar marineros ingleses desertores en los buques de guerra de la Unión.

> «Pero», prosiguió con una dialéctica admirable, «¡pero qué diferencia hay entre hacer valer el derecho de registro para recuperar desertores de la marina inglesa y el derecho de llevarse por la fuerza a hombres de la más alta respetabilidad, como los señores Mason y Slidell, pese a la protección de la bandera inglesa!»

Pero su gran triunfo lo jugó al final de su diatriba.

> «Hace poco», bramó, «estuve en el continente europeo. Los comentarios que allí se hacen sobre nuestra conducta con los Estados Unidos me hicieron subir los colores a la cara. ¿Qué afirma todo hombre inteligente del continente? Que estamos resueltos a soportar servilmente cualquier agravio, cualquier ultraje a nuestra dignidad por parte del Gobierno de los Estados Unidos. ¿Qué podía yo responder? Ponerme colorado. Pero tanto va el cántaro a la fuente que al fin se rompe. Nuestra paciencia ha dado sobradas pruebas de sí, tanto tiempo como fue posible controlarla» (la paciencia). «Ahora por fin hemos llegado a los hechos (!), y este es un hecho muy feo y muy llamativo (!), y es deber de todo inglés informar al Gobierno de lo fuerte y unánime que es el sentimiento de este gran país ante el agravio inferido a su bandera.»

Esta palabrería insensata fue recibida con un cañoneo de aplausos. Las voces contrarias fueron acalladas a gritos, a silbidos y a pataleos. Al señor Campbell, que observó que todo el mitin era «irregular», el inexorable Spence le contestó: «Así sea; pero el hecho que tenemos que examinar es también irregular». A la propuesta de un tal señor Turner de aplazar el mitin al día siguiente, para que «la ciudad de Liverpool pudiera tomar la palabra y no fuera una camarilla de corredores de algodón la que usurpara su nombre», se respondió desde todas partes: «¡Cogedlo del cuello, echadlo fuera!». El señor Turner, sin inmutarse, repitió su moción, que, de nuevo contra todas las reglas de los mítines ingleses, no se puso a votación. Spence triunfó. Pero en realidad nada ha enfriado tanto los ánimos en Londres como la noticia del triunfo del señor Spence.

[^1]: La proclamación de neutralidad de la reina Victoria del 13 de mayo de 1861, que reconocía a la Confederación la condición de beligerante.

[^2]: Las guerras de Inglaterra contra la Francia revolucionaria y napoleónica (1793-1815).

[^3]: Samuel Cunard (1787-1865), armador, fundador de la línea transatlántica de vapores correo que llevaba su nombre.

[^4]: James Spence, comerciante de Liverpool, autor de *The American Union* (1861), alegato en favor de la Confederación.
