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Title: La opinión de los periódicos y la opinión del pueblo (1861)
Description: Correspondencia de Marx para Die Presse de Viena: el pueblo inglés no quiere la guerra con los Estados Unidos, mientras la prensa de Londres, de la que Marx traza un retrato periódico por periódico, no representa más que a Palmerston y vuelve a Palmerston.
Author: Karl Marx
Date: 1861-12-25
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1861%20La%20opini%C3%B3n%20de%20los%20peri%C3%B3dicos%20y%20la%20opini%C3%B3n%20del%20pueblo
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*Escrito en alemán por Karl Marx en Londres el 25 de diciembre de 1861 y publicado en* Die Presse *(Viena), núm. 359, del 31 de diciembre de 1861. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 15 (Berlín, 1961, pp. 430-433), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1861%20Die%20Meinung%20der%20Journale%20und%20die%20Meinung%20des%20Volkes).*

Londres, 25 de diciembre de 1861

Los políticos del continente que creen tener en la prensa de Londres un termómetro del estado de ánimo del pueblo inglés sacan en este momento, por fuerza, conclusiones erróneas. A la primera noticia del caso del *Trent*, el orgullo nacional inglés echó espuma y el grito de guerra con los Estados Unidos resonó en casi todas las capas de la sociedad. La prensa de Londres, en cambio, afectaba moderación, y hasta el *Times* dudaba de que existiera siquiera un *casus belli*. ¿De dónde este fenómeno? Palmerston no estaba seguro de que los juristas de la Corona estuvieran en condiciones de urdir algún pretexto legal para la guerra. Semana y media antes de la llegada del *La Plata* a Southampton, en efecto, agentes de la Confederación del Sur se habían dirigido desde Liverpool al gabinete inglés para denunciar la intención de cruceros norteamericanos de salir de puertos *ingleses* e interceptar en alta mar a los señores Mason, Slidell, etc., y habían reclamado la intervención del Gobierno inglés. Conforme al dictamen de sus juristas de la Corona, este rechazó la petición. De ahí, al principio, el tono pacífico y moderado de la prensa de Londres, en contraste con la impaciencia belicosa del pueblo. Pero en cuanto los juristas de la Corona —el *Attorney General* y el *Attorney Sollicitor*, ambos a su vez miembros del gabinete—[^1] hubieron rebuscado un pretexto *técnico* para buscar camorra con los Estados Unidos, la relación entre el pueblo y la prensa se invirtió. La fiebre de guerra subió en la prensa en la misma medida en que bajó en el pueblo. En este momento una guerra con América es tan impopular en todas las capas del pueblo inglés, con excepción de los amigos del algodón y de los hidalgüelos rurales, como abrumadora es la gritería guerrera de la prensa.

¡Pero obsérvese ahora la prensa de Londres! A la cabeza está el *Times*, cuyo principal redactor, *Bob Lowe*, fue en otro tiempo demagogo en Australia, a la que incitó a separarse de Inglaterra. Es un miembro subalterno del gabinete, una especie de ministro de Instrucción, y una mera criatura de Palmerston.[^2] El *Punch* es el bufón de corte del *Times*, que convierte sus *sesquipedalia verba*[^3] en chistes cortitos y caricaturas sin gracia. Uno de los principales redactores del *Punch* fue colocado por Palmerston en el Board of Health (Junta de Sanidad) con 1.000 libras esterlinas al año.

El *Morning Post* es en parte propiedad privada de Palmerston. Otra parte de esta curiosa institución está vendida a la embajada francesa. El resto pertenece a la *haute volée*[^4] y proporciona las noticias más exactas a cortesanos y modistas. Por eso el *Morning Post* tiene mala fama en el pueblo inglés como el *Jenkins* (figura proverbial del lacayo) de la prensa.

El *Morning Advertiser* es propiedad común de los *licensed victuallers*, es decir, de las tabernas autorizadas a vender, además de cerveza, aguardiente. Es además órgano de los *pietistas* ingleses e ítem de los *sporting characters*, es decir, de la gente que hace negocio con las carreras de caballos, las apuestas, el boxeo y cosas por el estilo. El redactor de este periódico, el señor *Grant*, antes empleado de taquígrafo por los periódicos, un hombre literariamente del todo inculto, ha tenido el honor de ser invitado a las veladas privadas de Palmerston.[^5] Desde entonces se entusiasma por el *truly English minister* (el ministro verdaderamente inglés), al que, al estallar la guerra rusa, había denunciado como «agente ruso». A esto se añade que los piadosos patronos de este periódico del aguardiente están bajo el bastón de mando del conde de Shaftesbury, y que Shaftesbury es yerno de Palmerston.[^6] Shaftesbury es el papa de los *low church men*,[^7] que injertan el *Sanctus Spiritus* en el profano *spiritus* del buen *Advertiser*.

¡El *Morning Chronicle*! *Quantum mutatus ab illo!*[^8] Durante casi medio siglo gran órgano del partido whig y rival no desafortunado del *Times*, su estrella palideció desde la guerra whig. Pasó por metamorfosis de todo tipo, se convirtió en un *penny paper*,[^9] intentó vivir de «sensaciones», por ejemplo tomando partido por el envenenador *Palmer*. Más tarde se vendió a la embajada francesa, que pronto se cansó, sin embargo, de tirar su dinero. Se lanzó entonces al antibonapartismo, pero no con mejor fortuna. Por fin encontró el comprador tanto tiempo echado de menos en los señores Yancey y Mann, los agentes de la Confederación del Sur en Londres.

El *Daily Telegraph* es propiedad privada de un tal *Levy*.[^10] La propia prensa inglesa ha estigmatizado su periódico como el *mob paper* de *Palmerston* (el órgano de la plebe de Palmerston). Además de esta función, cultiva la crónica escandalosa. Caracteriza a este *Telegraph* el que, al llegar la noticia del *Trent*, declarara por orden de arriba *imposible la guerra*. La dignidad y la moderación que se le dictaron le resultaron a él mismo tan extrañas que desde entonces ha publicado media docena de artículos sobre la moderación y la dignidad de que dio muestras en aquella ocasión. En cuanto llegó la orden de dar media vuelta, el *Telegraph* trató de resarcirse de la violencia que se le había hecho y de ahogar los gritos de todos sus camaradas con un estruendoso clamor de guerra.

El *Globe* es el periódico ministerial de la tarde, que recibe subvenciones oficiales de todos los ministerios whigs.

Los periódicos tories, el *Morning Herald* y el *Evening Standard*, ambos de la misma casa, obedecen a un doble motivo: por un lado, el odio heredado a «las colonias inglesas *sublevadas*»; por otro, una sequía crónica en su bolsa. Saben que una guerra con América haría saltar por fuerza el actual gabinete de coalición y abriría el camino a un gabinete tory. Con el gabinete tory volverán las subvenciones oficiales para el *Herald* y el *Standard*. ¡Por eso los lobos hambrientos no pueden aullar más fuerte por una presa que estos periódicos tories por una guerra americana y por la lluvia de oro que trae en su séquito!

De la prensa diaria de Londres solo quedan dignos de mención el *Daily News* y el *Morning Star*, que se oponen ambos a los trompeteros de la guerra. El *Daily News* está trabado en sus movimientos por su relación con lord John Russell; el *Morning Star* (órgano de Bright y Cobden), menoscabado en su influencia por su carácter de «periódico de la paz a cualquier precio».

La mayoría de los semanarios de Londres son meros ecos de la prensa diaria y, por tanto, predominantemente belicosos. El *Observer* está a sueldo del ministerio. La *Saturday Review* va a la caza del *esprit* y cree haberlo encontrado afectando una cínica superioridad sobre los prejuicios «humanitarios». Para demostrar *esprit*, los abogados, curas y maestros de escuela corrompidos que escriben ese periódico aplaudieron con una mueca a los esclavistas desde el estallido de la guerra civil norteamericana. Más tarde, naturalmente, tocaron con el *Times* la trompeta de la guerra. Ya trazan planes de campaña contra los Estados Unidos cuya crasa ignorancia pone los pelos de punta.

Como excepciones más o menos respetables hay que mencionar el *Spectator*, el *Examiner* y sobre todo el *Macmillan's Magazine*.

Ya se ve: en conjunto, la prensa de Londres —con excepción de los órganos del algodón, los periódicos de provincias forman un contraste honroso— no representa más que a Palmerston y otra vez a Palmerston. Palmerston quiere la guerra; el pueblo inglés no la quiere. Los próximos acontecimientos mostrarán quién vence en este duelo, Palmerston o el pueblo. En todo caso, juega un juego más peligroso que Luis Bonaparte a comienzos de 1859.[^11]

[^1]: Los juristas de la Corona eran el *Attorney General*, sir William Atherton, y el *Solicitor General*, sir Roundell Palmer; ninguno de los dos formaba parte del gabinete.

[^2]: Robert Lowe (1811-1892), abogado y político liberal, vivió en Australia de 1842 a 1850 y fue miembro del Consejo Legislativo de Nueva Gales del Sur; colaborador del *Times* y, de 1859 a 1864, vicepresidente del Comité de Educación del Consejo Privado.

[^3]: «Palabras de pie y medio», palabras rimbombantes (Horacio, *Arte poética*, 97).

[^4]: «La alta sociedad».

[^5]: James Grant (1802-1879), periodista escocés, director del *Morning Advertiser* de 1850 a 1871.

[^6]: Anthony Ashley Cooper, séptimo conde de Shaftesbury (1801-1885), dirigente evangélico y promotor de leyes fabriles, estaba casado con una hija de lady Palmerston, nacida de su primer matrimonio con lord Cowper.

[^7]: La «Iglesia baja», el ala evangélica de la Iglesia anglicana.

[^8]: «¡Cuán distinto de aquel!» (Virgilio, *Eneida*, II, 274).

[^9]: Periódico de a penique.

[^10]: Joseph Moses Levy (1812-1888), propietario del *Daily Telegraph* desde 1855.

[^11]: Antes de la guerra de Francia y el Piamonte contra Austria (abril-julio de 1859).
