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Title: Movimientos en Alemania (1861)
Description: Editorial de Engels para el New-York Daily Tribune sobre la cuestión de Schleswig-Holstein, que los Gobiernos alemanes resucitan para ganar popularidad y preparar la alianza de Prusia con Austria, sobre la cobardía de la prensa liberal y sobre la revolución que traería, gane quien gane, una gran guerra europea.
Author: Friedrich Engels
Date: 1861-02-12
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1861%20Movimientos%20en%20Alemania
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*Escrito en inglés por Friedrich Engels a finales de enero de 1861 y publicado como editorial en el* New-York Daily Tribune*, núm. 6178, del 12 de febrero de 1861. Traducido del original inglés según la transcripción de Tony Brown en el Marx-Engels Internet Archive (marxists.org), cotejada con la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 15 (Berlín, 1961, pp. 238-241), que lo titula «Movimiento en Alemania», por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en inglés](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1861%20German%20Movements).*

El año 1861, por lo que parece, no tiene todavía bastantes problemas que soportar. Tenemos nuestra revolución secesionista en América[^1]; está la rebelión en China[^2]; el avance de Rusia en Asia oriental y central[^3]; la cuestión de Oriente, con sus corolarios de la ocupación francesa de Siria y del canal de Suez[^4]; la descomposición de Austria, con Hungría en insurrección casi abierta; el sitio de Gaeta[^5] y la promesa de Garibaldi de liberar Venecia el 1 de marzo; y, por último, aunque no menos importante, el intento de restituir al mariscal Mac-Mahon a su trono ancestral de Irlanda[^6]. Pero todo eso no basta. Ahora se nos promete, además, una cuarta campaña de Schleswig-Holstein[^7].

En 1851, el rey de Dinamarca contrajo voluntariamente con Prusia y Austria ciertas obligaciones respecto a Schleswig. Prometió que el ducado no se incorporaría a Dinamarca; que su asamblea representativa seguiría separada de la de Dinamarca, y que las nacionalidades alemana y danesa de Schleswig recibirían igual protección. Además, en lo que toca a Holstein, se garantizaron expresamente los derechos de su asamblea representativa. Con estas condiciones se retiraron las tropas federales que habían ocupado Holstein.

El Gobierno danés cumplió sus promesas de la manera más evasiva. En Schleswig, la mitad meridional es exclusivamente alemana; en la mitad septentrional, todas las ciudades son alemanas, mientras que la gente del campo habla un dialecto danés corrompido, y la lengua escrita ha sido casi en todas partes, desde tiempo inmemorial, el alemán. Con el consentimiento de la población se ha producido allí durante siglos un proceso de germanización, hasta el punto de que, salvo en los distritos más septentrionales de la frontera, incluso la parte del campesinado que habla un dialecto danés (que, por lo demás, está tan alejado del danés escrito que lo entienden fácilmente los habitantes alemanes del sur) entiende mejor el alto alemán escrito que la lengua danesa escrita. Después de 1851, el Gobierno dividió el país en un distrito danés, uno alemán y uno mixto. En el distrito alemán, el alemán, y en el danés, el danés, iban a ser la lengua oficial exclusiva del gobierno, de los tribunales, del púlpito y de las escuelas. En los distritos mixtos se admitirían por igual las dos lenguas. Esto parece bastante equitativo, pero la verdad es que, al establecer el distrito danés, se impuso la lengua danesa escrita a una población cuya gran mayoría ni siquiera la entendía y solo deseaba ser gobernada, juzgada, educada, bautizada y casada en lengua alemana. Sin embargo, el Gobierno abrió entonces una verdadera cruzada para extirpar del distrito todo rastro de germanismo, y llegó a prohibir en las familias incluso la enseñanza privada en una lengua que no fuera el danés; y al mismo tiempo procuró, por medios más indirectos, dar la preponderancia a la lengua danesa en el distrito mixto. La oposición que suscitaron estas medidas fue muy violenta, y se intentó aplastarla con una serie de pequeños actos de tiranía. En la pequeña ciudad de Eckernförde, por ejemplo, se impusieron de una vez unos 4.000 dólares de multas por el delito de haber elevado ilegalmente peticiones a la asamblea representativa, y todos los multados, como penados, fueron declarados privados de su derecho de voto. Aun así, la población y la asamblea persistieron, y persisten, en su oposición.

En Holstein, al Gobierno danés le resultó imposible conseguir que la asamblea representativa votara impuesto alguno si no hacía concesiones en sentido político y nacional. Eso no quería hacerlo; pero tampoco quería prescindir de los ingresos del ducado. Así pues, para fabricar algún fundamento legal con que recaudarlos, convocó un Consejo del Reino[^8], asamblea sin carácter representativo alguno, pero que se suponía que representaba a Dinamarca propiamente dicha, a Schleswig-Holstein y a Lauenburgo. Aunque los holsteineses se negaron a asistir, este cuerpo votó los impuestos para toda la monarquía, y, basándose en esta votación, el Gobierno fijó los impuestos que habían de pagarse en Holstein. Así Holstein, que debía ser un ducado independiente y separado, quedó privado de toda independencia política y sometido a una asamblea preeminentemente danesa.

Estos son los motivos por los que la prensa alemana viene pidiendo desde hace cinco o seis años a los Gobiernos alemanes que empleen medidas coercitivas contra Dinamarca. En sí mismos, los motivos son ciertamente buenos. Pero la prensa alemana —la prensa a la que se permitió existir durante el periodo reaccionario posterior a 1849— no ha hecho más que utilizar Schleswig-Holstein como medio para ganar popularidad. Era sin duda muy barato perorar con alta indignación contra los daneses cuando lo permitían los Gobiernos de Alemania, esos Gobiernos que en casa trataban de emular a Dinamarca en pequeña tiranía. ¡Guerra a Dinamarca!, era el grito cuando estalló la guerra de Crimea. ¡Guerra a Dinamarca!, otra vez, cuando Luis Napoleón invadió la Italia austriaca. Pues bien, ahora se salen con la suya. La nueva era de Prusia[^9], hasta ahora tan esquiva cuando la llamaba la prensa liberal, en este caso le hace coro. El nuevo rey de Prusia[^10] proclama al mundo que tiene que zanjar esta vieja queja; la decrépita Dieta de Fráncfort[^11] pone en movimiento toda su torpe maquinaria por la salvación de la nacionalidad alemana; y la prensa liberal ¿triunfa? Nada de eso. La prensa liberal, puesta de inmediato a prueba, se traga sus palabras, grita «¡Prudencia!», descubre que Alemania no tiene flota con que combatir los barcos de una potencia naval y, sobre todo en Prusia, muestra todos los síntomas de la cobardía. Lo que hace unos meses era un deber patriótico urgente es ahora, de repente, una intriga austriaca a la que se advierte a Prusia que no ceda.

Que los Gobiernos alemanes sean lo más mínimo sinceros en su repentino entusiasmo por la causa de Schleswig-Holstein está, por supuesto, fuera de cuestión. Como dice el *Dagbladet* danés:

> «Todos sabemos que es una de las viejas tretas de los Gobiernos alemanes sacar a relucir la cuestión de Schleswig-Holstein en cuanto sienten que les falta un poco de popularidad, y tapar sus muchos pecados girando letras contra el fanatismo antidanés.»

Así ha ocurrido sin duda en Sajonia, y hasta cierto punto ocurre ahora en Prusia. Pero en Prusia el repentino planteamiento de esta cuestión significa también, evidentemente, una alianza con Austria. El Gobierno prusiano ve que Austria se hace pedazos por dentro mientras la amenaza desde fuera una guerra con Italia. Al Gobierno prusiano no le interesa, desde luego, ver aniquilada a Austria. Al mismo tiempo, la guerra de Italia, de la que Luis Napoleón no seguiría siendo mucho tiempo un espectador imparcial, difícilmente volvería a librarse sin tocar el territorio de la Confederación Germánica, en cuyo caso Prusia está obligada a intervenir. Entonces la guerra con Francia en el Rin se combinaría con toda seguridad con una guerra danesa en el Eider[^12]; y, si el Gobierno prusiano no puede permitirse que Austria se hunda, ¿por qué esperar a que Austria sea derrotada otra vez? ¿Por qué no meterse en la querella de Schleswig-Holstein e interesar así en la guerra a toda la Alemania del Norte, que no lucharía por la defensa del Véneto? Si ese es el razonamiento del Gobierno prusiano, es bastante lógico, pero era igual de lógico en 1859, antes de que Austria quedara debilitada por Magenta y Solferino y por sus convulsiones internas. ¿Por qué no se obró entonces en consecuencia?

No es nada seguro que esta gran guerra estalle la próxima primavera. Pero, si estalla, aunque ninguna de las partes merezca simpatía alguna, tendrá necesariamente este resultado: quienquiera que sea derrotado al principio, habrá una revolución. Si Luis Napoleón es derrotado, su trono caerá con toda seguridad; y, si son vencidos el rey de Prusia y el emperador de Austria, tendrán que ceder ante una revolución alemana.

[^1]: Entre diciembre de 1860 y febrero de 1861 se separaron de la Unión los siete estados esclavistas del Sur profundo, que en febrero de 1861 formaron los Estados Confederados de América.

[^2]: La rebelión de los Taiping (1851-1864).

[^3]: Por el tratado de Pekín (noviembre de 1860), China cedió a Rusia el territorio entre el Usuri y el mar; Rusia avanzaba al mismo tiempo en Asia central, hacia los kanatos de Kokand y Bujará.

[^4]: En agosto de 1860, tras las matanzas de cristianos maronitas por los drusos en el Líbano y Damasco, Francia desembarcó un cuerpo expedicionario en Siria, que permaneció allí hasta junio de 1861. Las obras del canal de Suez, a cargo de una compañía francesa dirigida por Ferdinand de Lesseps, habían empezado en 1859.

[^5]: Francisco II, rey de las Dos Sicilias, resistió en la fortaleza de Gaeta, sitiada por las tropas piamontesas desde noviembre de 1860, hasta su capitulación el 13 de febrero de 1861.

[^6]: Patrice de Mac-Mahon, mariscal de Francia y vencedor de Magenta, descendía de una familia irlandesa jacobita emigrada a Francia; los nacionalistas irlandeses lo celebraban como uno de los suyos (en 1860 le ofrecieron una espada de honor).

[^7]: Las tres anteriores fueron las campañas de la guerra entre la Confederación Germánica y Dinamarca por los ducados de Schleswig y Holstein en 1848, 1849 y 1850. En virtud de los acuerdos de 1851-1852 los ducados volvieron a la corona danesa.

[^8]: El Rigsråd o Consejo del Reino creado por la Constitución común de la monarquía danesa de 1855; en 1858, la Confederación Germánica obligó a Dinamarca a derogarla para Holstein y Lauenburgo.

[^9]: Se llamó «nueva era» al periodo liberal moderado que abrió en Prusia el príncipe Guillermo al asumir la regencia en octubre de 1858.

[^10]: Guillermo I, rey de Prusia desde la muerte de su hermano Federico Guillermo IV el 2 de enero de 1861.

[^11]: La Dieta Federal (Bundestag) de la Confederación Germánica, que tenía su sede en Fráncfort del Meno.

[^12]: El río Eider separaba Schleswig de Holstein; los nacionalistas daneses (el partido del Eider) querían fijar en él la frontera de Dinamarca e incorporar Schleswig.
