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Title: Cosas de Inglaterra (1862)
Description: Artículo de Marx para Die Presse: la famosa individualidad inglesa, desterrada de la vida pública, se refugia en los tribunales, como muestra el pleito de los sastres Haldane contra el pintor sir Edwin Landseer por un gabán y un frac.
Author: Karl Marx
Date: 1862-02-03
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1862%20Cosas%20de%20Inglaterra
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*Escrito en alemán por Karl Marx hacia el 3 de febrero de 1862 y publicado en* Die Presse *(Viena), núm. 39, del 9 de febrero de 1862. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 15 (Berlín, 1961, pp. 464-467), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1862%20Englisch).*

En la imaginación del continental, lo que distingue al insular John Bull es la «originalidad» o la «individualidad». En general, esta idea confunde al inglés del pasado con el inglés del presente. El agudo desarrollo de las clases, la extraordinaria división del trabajo y la llamada «opinión pública», manejada por los brahmanes de la prensa, han producido, por el contrario, una monotonía de caracteres que haría irreconocibles sus compatriotas a un Shakespeare, por ejemplo. Las diferencias ya no pertenecen a los individuos, sino a su «profesión» y a su clase. Fuera de la profesión, en el trato cotidiano, un inglés «respetable» se parece tanto a otro que ni siquiera Leibniz[^1] podría descubrir entre ellos una diferencia, una *differentia specifica*. La tan celebrada individualidad, desterrada de todas las esferas políticas y sociales, encuentra un último refugio en las manías y los caprichos de la vida privada, para hacerse valer todavía allí de vez en cuando *sans gêne*[^2] y con un humor inconsciente. Por eso es sobre todo en los *tribunales* —esas grandes arenas públicas donde chocan entre sí las manías privadas— donde el inglés sigue apareciendo como un ser *sui generis*.

Tras este preámbulo, vamos a una divertida escena judicial que tuvo lugar hace unos días en el Court of Exchequer.[^3] Las *personae dramatis* son, de un lado, sir Edwin Landseer,[^4] el pintor inglés más grande de la actualidad, y del otro, los señores Haldane, artistas del vestido londinenses de primera fila; sir Edwin, el demandado, y los señores Haldane, los demandantes. El *corpus delicti* consistía en un gabán y un frac, por un precio de 12 libras esterlinas, que el pintor se negaba a pagar. El *serjeant* Ballantine[^5] informó por Landseer, y el señor Griffits por Haldane.

Haldane declara: sir Edwin Landseer encargó las dos prendas. Se le enviaron para que se las probara, y se quejó de la altura de los cuellos. Se modificaron. Entonces se quejó de que no podía llevarlas sin sentirse acalorado e incómodo dentro de ellas. Además, le rascaban el pelo. Conforme al deseo del demandado, se hicieron diversas modificaciones. Por último, los demandantes se negaron a hacer ninguna modificación más, a menos que se les pagara aparte. Landseer devolvió entonces las dos prendas por medio de su criado. El demandante le envió después la siguiente carta:

> «Nos permitimos respetuosamente enviarle por la presente las dos prendas, después de haberlas modificado de nuevo según sus últimas instrucciones. Las numerosas e infructuosas modificaciones de que habla son culpa suya. En la primera prueba las prendas sentaban extraordinariamente bien; pero si usted retuerce su cuerpo en las posturas más irrazonables, haría falta una ciencia más que humana para dejarle satisfecho. (Risas.) Hemos hecho con la mayor repugnancia las modificaciones que usted pedía, porque las considerábamos superfluas y contrarias al arte. Pero ahora nos resulta imposible seguir complaciéndole. No cabe ni hablar de su exigencia de que nos quedemos con las prendas. Le adjuntamos, pues, la factura y le rogamos que la abone cuanto antes.»

El *serjeant* *Ballantine*: ¿No pretenderá usted afirmar que las prendas sientan bien ahora? *Haldane*: Lo afirmo. *Ballantine*: ¿No sentaban mejor antes de que se modificaran? *Haldane*: Sí. — B.: Las prendas de cuerpo no son su especialidad. Ustedes son grandes en el ramo de los pantalones, ¿no es así? — H.: ¡Pues sí! Somos más famosos por los pantalones. — B.: ¿Pero no por las chaquetas? ¿No le previno contra sus chaquetas el señor Alfred Montgomery, que le presentó a sir Edwin Landseer? — H.: Sí, lo hizo. — B.: ¿No le dijeron ustedes, usted o su hermano, a sir Edwin que preferían hacerle las prendas gratis antes que no hacérselas? — H.: No dijimos nada semejante. — B.: ¿Qué entiende usted por «rebajar» los cuellos? — H.: Sir Edwin se quejaba de que el cuello de la chaqueta le rascaba el cuello. Por eso rebajamos el cuello, es decir, lo redujimos a una escala menor. — B.: ¿Y cuánto cobran ustedes por esa reducción? — H.: Dos o tres libras.

El *serjeant* *Ballantine*: Sir Edwin Landseer consideró necesario querellarse a causa de la carta insultante de Haldane. El señor Montgomery aconsejó a sir Edwin que confiara a la casa Haldane la parte inferior de su cuerpo, pero de ningún modo la superior. Aunque gran artista, sir Edwin es un niño en estas cosas, y por eso corrió el riesgo, y el jurado ve cuáles han sido las consecuencias. El demandante, a quien los señores del jurado acaban de ver en el estrado de los testigos, es también un gran artista. Pero ¿rehará jamás un gran artista su obra? Seguro de su excelencia, tiene que sostenerse o caer con ella; pero Haldane no respondió de la excelencia de su obra. Se avino a modificaciones en la medida en que respondían a sus propios principios. ¡Y luego pedir dos o tres libras por su chapuza! Tengo el honor de dirigirme aquí a un tribunal que lleva chaqueta; le pregunto si hay en este mundo tormento mayor que un cuello rígido bajo la garganta. Me dicen que, cuando sir Edwin se probó una de esas prendas, su cuello quedó como en un tornillo de banco e Inglaterra estuvo en peligro de perder a uno de sus más grandes artistas. Sir Edwin está dispuesto a ponerse aquí, ante el tribunal, las prendas en cuestión, y los señores del jurado podrán entonces decidir por sus propios ojos. Llamo ahora como testigo a sir Edwin, y él les contará la historia de las dos prendas.

*Sir Edwin Landseer*: … Cuando me puse las prendas, el cuello quedaba así. (Aquí sir Edwin se dio la vuelta y presentó la espalda al jurado entre sonoras carcajadas, dejando en su ánimo la impresión de que le había dado de repente un ataque de apoplejía.) … Me ofrecí a dejar la decisión al arbitraje del primer sastre que se encontrara; pero, con todo eso, cada cual sabe mejor que nadie cómo le sienta la chaqueta o dónde le aprieta el zapato.

El señor *Griffits*: ¿Qué dijo el señor Montgomery cuando le presentó a la casa Haldane? — Me dijo: «Sir Edwin, por lo común no tiene usted tanta suerte con sus pantalones como con sus chaquetas.»

*Griffits*: ¿Quiere usted probarse aquí las prendas? — ¿Por qué no? (Se pone una de ellas.) ¡Miren ustedes! (Risas.)

El barón *Martin*[^6] (el juez): Hay un sastre entre los jurados. ¿Tendría el caballero la bondad de examinar detenidamente el *corpus delicti*?

El susodicho sastre se aparta del banco del jurado y se dirige a sir Edwin, le hace ponerse el frac y el gabán, los examina con ojo entendido y menea la cabeza.

*Griffits*: Sir Edwin, ¿le parece el frac demasiado estrecho? — ¡Sí! (Risas.) — ¿Demasiado angosto, le pregunto? — Bueno, tendría que quitármelo si hubiera de comer *dentro de él*.

*Ballantine*: Entonces, sir Edwin, no debe usted seguir metido en él. Emancípese de él. — Le quedo muy agradecido. (Se quita las prendas.)

Tras el patético alegato de ambos abogados y un gracioso resumen del juez, que señaló sobre todo que el confort inglés no debía sacrificarse a los ideales artísticos de la casa Haldane, el veredicto del jurado fue favorable a sir Edwin Landseer.

[^1]: Alusión al principio de Leibniz de la identidad de los indiscernibles: no hay en la naturaleza dos seres perfectamente iguales.

[^2]: «Sin cumplidos», en francés en el original.

[^3]: Uno de los tribunales superiores de *common law* de Westminster, el Tribunal de la Hacienda (*Exchequer*).

[^4]: Edwin Landseer (1802-1873), pintor de animales, el favorito de la reina Victoria; más tarde hizo los leones de Trafalgar Square.

[^5]: William Ballantine (1812-1887), célebre abogado londinense. *Serjeant-at-law* era el rango superior de los abogados ingleses de *common law*.

[^6]: Samuel Martin (1801-1883), barón del Exchequer, es decir, juez de ese tribunal.
