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Title: Kinglake sobre la batalla del Alma (1863)
Description: Crítica de Engels, conservada incompleta, del relato de la batalla del Alma (1854) en la historia de la guerra de Crimea de Kinglake: desmonta las exageraciones a mayor gloria de lord Raglan y del ejército inglés, y extrae la lección táctica de la victoria de la línea inglesa sobre las columnas rusas.
Author: Friedrich Engels
Date: 1863-06
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1863%20Kinglake%20sobre%20la%20batalla%20del%20Alma
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*Escrito en alemán por Friedrich Engels en junio de 1863; el manuscrito, al que le faltan varias hojas, no se publicó en vida de Engels. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 15 (Berlín, 1961, pp. 589-602), que sigue el manuscrito, sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las lagunas del manuscrito se indican con puntos suspensivos. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1863%20Kinglake%20%C3%BCber%20die%20Schlacht%20an%20der%20Alma).*

El libro de Kinglake sobre la guerra de Crimea[^1] ha causado merecidamente gran sensación dentro y fuera de Inglaterra. Contiene una gran cantidad de material valioso y nuevo, como no podía ser menos, ya que el autor tuvo a su disposición los papeles del cuartel general inglés, una multitud de notas de oficiales superiores ingleses y no pocas memorias de generales rusos redactadas expresamente para él. A pesar de ello, el libro, en lo que se refiere a la exposición militar, no es una obra de historia, sino una novela; una novela cuyo héroe es el general en jefe inglés, lord Raglan,[^2] y cuyo fin último es la glorificación del ejército inglés, exagerada hasta el absurdo.

La exposición de Kinglake es muy a propósito para producir gran efecto en Alemania; mientras reduce al mínimo la parte de los franceses en la victoria del Alma, trata a los rusos con una imparcialidad aparentemente respetuosa, invoca las fuentes ya conocidas de las tres naciones participantes y se mantiene libre de la fanfarronería específicamente francesa que en Thiers y consortes nos parece tan repugnante como ridícula. Pero nuestros amigos los ingleses también saben fanfarronear, y aunque colocan sus autoalabanzas con algo más de habilidad que los franceses, los colores están cargados por lo menos tan espesos como en estos. Ya por eso tiene interés despojar de su ropaje literario la exposición del único acontecimiento militar de los dos tomos publicados hasta ahora, la batalla del Alma,[^3] y separar el verdadero material histórico nuevo de los adornos, las fanfarronadas y las conjeturas con que el señor Kinglake rellena su cuadro. Pero a esto se añade que la batalla del Alma tiene un interés táctico muy particular, que hasta ahora se ha apreciado bastante poco. En esta batalla se enfrentan de nuevo, por primera vez desde Waterloo, dos formaciones tácticas distintas: una, cultivada de preferencia por todos los ejércitos europeos; la otra, rechazada por todos ellos menos uno, el inglés. En el Alma, la línea inglesa avanzó contra las columnas rusas y las arrolló sin especial esfuerzo. Señal, en todo caso, de que la vieja línea no está todavía tan liquidada como afirman los manuales de táctica continentales, y que en todo caso vale la pena *que* se examine el asunto un poco más de cerca.

## I

La indicación de las fuerzas de ambas partes es en Kinglake de lo más descuidada. Para los ingleses tenía a mano los datos oficiales, y según ellos fija el número de combatientes en 25.404 infantes y artilleros, algo más de 1.000 jinetes y 60 cañones. Esto podrá darse por auténtico. A los franceses los cifra en números redondos en 30.000, con 68 cañones; a ellos se sumaban 7.000 turcos. En números redondos, 63.000 aliados con 128 piezas, lo que en conjunto puede ser bastante exacto. Pero con los rusos empiezan para el señor Kinglake las dificultades. Ahora bien, en la *Campaña de Crimea* de Anichkov (traducción alemana, Berlín, Mittler, 1857, primer cuaderno)[^4] tenemos un estado de fuerzas basado evidentemente en fuentes oficiales y no impugnado hasta ahora en ningún punto de alguna importancia, con nombres y números de los regimientos, batallones, escuadrones y baterías, según el cual los rusos tenían en el Alma 42 batallones, 16 escuadrones, 11 sotnias de cosacos y 96 cañones en 10½ baterías, en total 35.000 hombres. Pero esto no le basta en absoluto al señor Kinglake; hace un estado propio, en el que invoca continuamente a Anichkov como su autoridad, pero obtiene resultados muy distintos, sin considerar que merezca la pena aportarnos pruebas de sus datos divergentes. Es en general característico de todo el libro que cita siempre a sus garantes cuando cuenta hechos notorios, y en cambio evita cuidadosamente hacerlo cuando hace afirmaciones nuevas y arriesgadas.

Las dos exposiciones difieren poco en lo que respecta a la infantería: Anichkov da 40 batallones de línea, 1 batallón de tiradores y ½ batallón de tiradores de marina; Kinglake convierte este último medio batallón en dos batallones e invoca para ello a Chodasiewicz (mayor del regimiento de infantería Tarutino),[^5] que los habría visto. El punto carece de importancia, ya que el propio Kinglake reconoce que estas tropas estaban muy mal consideradas entre los propios rusos. Además, convierte las 2 compañías de zapadores que aparecen en Anichkov en un batallón entero y las cuenta en todas partes como infantería.

En la caballería, en cambio, la exageración de Kinglake ya resalta más. A lo largo de todo el relato de la batalla se subraya en cada ocasión que los rusos tenían en el campo «3.400 lanzas», y en todos los planos figura una enorme columna detrás del ala derecha rusa con la observación de que la caballería rusa, con 3.000 hombres, se encontraba en esa zona. La asombrosa inactividad de estos 3.000 hombres y los peligros de su proximidad para los ingleses, que solo tenían algo más de 1.000 jinetes, se nos recuerdan a cada momento. Kinglake se guarda muy bien de advertirnos que más de un tercio de esta caballería se componía de cosacos, de los que todo el mundo sabe que son incapaces de combatir en formación cerrada contra caballería regular. Dada la gran ignorancia de todas las cuestiones militares que recorre todo el libro, este grave descuido debe atribuirse más a la ignorancia que a la mala fe.

En la artillería, en Kinglake cesa toda crítica. Anichkov, como hemos dicho, da en total 96 piezas, en 10 baterías de campaña ligeras y pesadas especificadas, a las que se sumaban 4 cañones de marina con tiro de caballos. Sabe también con exactitud dónde se encontraba cada una de estas baterías durante la batalla. En Kinglake figuran todas estas baterías (con algunas pequeñas diferencias en los números), pero además otras tres. La 5.ª batería de la 17.ª brigada, que aparece también en Anichkov, figura en Kinglake *dos veces* en el despliegue inicial: una en el ala izquierda (p. 231) y enseguida otra vez en la reserva principal (p. 235). Del mismo modo, la 3.ª batería de esa misma 17.ª brigada, que según Anichkov *no estaba allí en absoluto*, figura en Kinglake *dos veces*: una en el ala izquierda (p. 231) y la segunda —pero como «batería de posición»— ¡en el centro! Que, según la conocida organización de la artillería rusa en tiempos de la guerra de Crimea (véase Haxthausen, *Estudios sobre Rusia*),[^6] cada brigada de artillería no tuviera más que *una* batería pesada de 12 piezas, y que por tanto, cuando después las baterías se redujeron a 8 piezas, pudiera haber en las brigadas una 1.ª y una 2.ª batería pesada, pero *nunca una 3.ª*, nada de eso le importa a nuestro historiador. Para él se trata de hacer las hazañas de los ingleses en el Alma tan descomunales como sea posible, y para ello necesitaba el mayor número posible de cañones rusos. Así que, cuando en relatos rusos (que, salvo Anichkov, son todos más o menos inservibles para tales detalles) encuentra mencionada una batería que Anichkov no cita, supone que Anichkov la ha olvidado y la suma tranquilamente a las baterías indicadas por Anichkov. Si encuentra la misma batería mencionada en diferentes fuentes en dos lugares distintos del campo de batalla, la cuenta tranquilamente dos veces y, a lo sumo, supone que una vez se trata de una batería ligera y la otra de una pesada.

Con todos estos artificios, sin embargo, Kinglake no consigue más que 13½ baterías de 8 cañones, 108 piezas en total, y como pasa por alto que, según Anichkov, las 3 baterías de la 16.ª brigada estaban todavía organizadas según el antiguo pie de 12 piezas (se ve con qué superficialidad trabaja este hombre), eso no da frente a Anichkov más que un exceso de 12 piezas. Kinglake tiene que hacer, pues, un esfuerzo completamente extraordinario para erizar de cañones rusos las alturas del Alma. Para ello le ayuda la obra de campaña que los ingleses, con su ampulosidad, llamaron «el gran reducto». Anichkov dice de ella simplemente:

> «A la derecha del camino, la batería núm. 1 de la misma brigada (la 16.ª) se había situado en una posición ventajosa y estaba cubierta por un espaldón.»

Kinglake describe también con toda exactitud esta obra insignificante, pero no puede concebir en absoluto que se pusieran detrás simples piezas de doce, sino que afirma que eran cañones pesados de Sebastopol. Chodasiewicz afirma, ciertamente, que allí estaban las piezas de la 2.ª batería de la 16.ª brigada (confunde la 1.ª y la 2.ª batería), pero el calibre del cañón y del *obús* que todavía están en Woolwich demostraría que estas piezas no pertenecían a la artillería de campaña regular (p. 233). Kinglake sabe todavía más. Dice en la p. 229 con toda seguridad:

> «Eran piezas de 32 y obuses de veinticuatro libras.»

En 1849, durante la insurrección del Palatinado, había algunos jefes de cuerpos francos que justificaban siempre los persistentes movimientos de retroceso de sus tropas con que les habían disparado «balas de bomba ígneas de veinticuatro libras».[^7] El que esto escribe no había esperado, desde luego, que el obús con el que se disparaban esas terribles balas fuera a ser conquistado en el Alma por el señor Kinglake. Lo que aquellas balas de 24 libras ha...

## II

... piezas, separado de Canrobert por una distancia de 1.500 pasos, cuya división quedaba neutralizada por los cañones rusos, mientras su propia artillería intentaba alcanzarle dando un rodeo de al menos media milla alemana; por último, el príncipe Napoleón, atascado en el valle, a 1.200 pasos de Canrobert y vacilando en cruzar el río. Esta dispersión de sus tropas en un frente de 6.000 pasos y, sobre todo, la posición expuesta de Bosquet acabaron dando al mariscal Saint-Arnaud[^8] tanto miedo que recurrió al medio desesperado de enviar adelante toda su reserva. La brigada Lourmel fue enviada tras Bouat, mientras la brigada d'Aurelle reforzaba al príncipe Napoleón. Así, al dirigir sus dos reservas precisamente hacia los dos desfiladeros que ya estaban atestados de tropas, Saint-Arnaud consumó la dispersión de sus fuerzas. Si todo esto no estuviera en el relato oficial francés (el *Atlas historique de la guerre d'Orient*), apenas sería creíble.

¿Cómo estaban las cosas del lado ruso y qué salvó a los franceses de esta situación peligrosa?

El ala izquierda rusa la mandaba Kiriakov. Frente a Canrobert y al príncipe Napoleón tenía en primera línea 4 batallones de reserva (regimientos Brest y Białystok), tropas mediocres; en segunda, los 4 batallones del regimiento Tarutino; en reserva, los 4 batallones Moscú y, del regimiento Minsk, el 2.º batallón, que con 4 piezas (4.ª batería de la 17.ª brigada de artillería) estaba destacado más a la izquierda para vigilar la costa. Los 4 batallones Borodino, que también estaban a sus órdenes, se encontraban más al este, junto al camino de Sebastopol, y combatieron casi solo contra los ingleses, si es que intervinieron de otro modo que como tiradores. En total, frente a los franceses había, pues, 13 batallones con 8 piezas.

Cuando la columna envolvente de Bosquet se hizo visible en la meseta al sur del Alma, el propio príncipe Ménshikov[^9] acudió al ala izquierda y trajo de la reserva principal los 3 batallones restantes del regimiento Minsk, una batería a pie y dos a caballo, así como 6 escuadrones de húsares. Hasta entonces el combate se había limitado a escaramuzas y cañoneo; las masas rusas se habían retirado en su mayoría un poco; las francesas —Napoleón y Canrobert— aún no habían aparecido en la meseta o estaban tan lejos (Bosquet, Bouat, Lourmel) que por el momento no podían intervenir en el combate. Como las tropas del príncipe Napoleón se habían atascado de tal modo en el desfiladero que todavía no desembocaban, a los rusos no les quedaba otro punto de ataque que la división Canrobert, oculta tras el borde de la meseta. Contra ella formó entonces Ménshikov, con los 8 batallones Minsk y Moscú, una columna monstruo: dos batallones de frente y cuatro de fondo, todos en columnas de ataque por el centro. Llamado a su centro, entregó esta masa torpe a Kiriakov con la orden de atacar de inmediato. Cuando la columna llegó a tiro de fusil de los franceses, estos

> «no pudieron soportar por más tiempo el peso con que la aproximación de una gran columna de infantería oprime el corazón de un soldado continental» (p. 400).

Retrocedieron todavía un poco detrás de la pendiente. Pero en ese momento llegaron a toda prisa las dos baterías de Canrobert, junto con las de Bosquet, por un pliegue del terreno algo más a la derecha; se pusieron rápidamente en batería y abrieron fuego contra el flanco izquierdo de la masa rusa con tal efecto que esta se puso a salvo a toda prisa. La infantería francesa no la siguió.

Los cuatro batallones de reserva de Kiriakov se habían «disuelto», según la expresión de Chodasiewicz, bajo el fuego de los tiradores y de la artillería; los cuatro batallones Tarutino también habían sufrido grandes pérdidas; los ocho batallones de la columna monstruo no estaban, desde luego, en condiciones de renovar pronto el ataque. La infantería francesa de d'Aurelle y Canrobert se desplegaba ahora en la meseta bajo la protección de su artillería, y Bosquet se le había acercado; las tropas del príncipe Napoleón (cuyo 2.º regimiento de zuavos ya se había unido a Canrobert) empezaban por fin a subir las alturas. La superioridad se había vuelto desproporcionada; los batallones rusos, concentrados en la altura del Telégrafo, se derretían bajo el fuego cruzado de la artillería francesa; por último, el ala derecha rusa había iniciado «un movimiento de retroceso muy decidido», como dice el propio Kiriakov. En estas circunstancias emprendió la retirada, «sin que el enemigo le persiguiera» (memoria manuscrita de Kiriakov).

Los narradores franceses coronan el avance general de los franceses que sigue ahora con un supuesto asalto a la torre del Telégrafo, en el que se habría llegado al cuerpo a cuerpo, dando así al asunto un bonito desenlace melodramático. Los rusos no saben nada de este combate, y Kiriakov niega por ello por completo que tuviera lugar. Es probable, sin embargo, que la torre estuviera ocupada por tiradores y hubiera que tomarla al asalto, y también puede que hubiera en sus inmediaciones otros tiradores rusos a los que hubo que desalojar; solo que para ello no hacía falta, naturalmente, el asalto, o más bien la carrera, de toda una división, y el relato del propio *Atlas historique* es en todo caso muy exagerado.

Con esto terminó la batalla, y Saint-Arnaud, invitado por Raglan a perseguir al enemigo, se negó «porque las tropas habían dejado las mochilas al otro lado del río» (p. 492).

Las hazañas que nos contaron Saint-Arnaud después de la batalla y más tarde Bazancourt[^10] se encogen mucho, desde luego, según esta exposición. Todo el ejército francés, con los turcos 37.000 hombres y 68 piezas, había...

## III

Los ingleses avanzaron por el ala izquierda aliada. Su primera línea la formaban la división Evans y la división ligera Brown; su segunda línea, las divisiones England y del duque de Cambridge.[^11] La división Cathcart, de la que se había destacado un batallón, y la brigada de caballería seguían como reserva a la izquierda y detrás del ala izquierda, que quedaba en el aire. Cada división tenía 6 batallones en dos brigadas. El frente de ataque de los ingleses, que se apoyaban junto a la aldea de Burliuk en el ala izquierda del príncipe Napoleón, medía unos 3.600 pasos, de modo que a cada uno de los 12 batallones de una línea le correspondían 300 pasos.

Al llegar a la pendiente que desciende suavemente hacia el Alma, las columnas quedaron bajo el fuego de las baterías rusas emplazadas enfrente y, según la costumbre inglesa, la primera línea se desplegó de inmediato. Pero, como el frente se había calculado demasiado estrecho, ocurrió que el ala derecha de la división ligera quedó desbordada por la izquierda de la división Evans; todo un batallón (el 7.º regimiento) quedó así desplazado de la línea de batalla. La artillería se puso en batería delante del frente. En la segunda línea, la división Cambridge se desplegó también y, como sus batallones (Guardias y Highlanders) eran más fuertes, formó ella sola una segunda línea de extensión casi suficiente; la división England se quedó en columnas fuera del alcance de los cañones, igual que la reserva. El fuego ruso empezó a la una y media. Hasta que se desarrolló el ataque francés, los ingleses se tumbaron en el suelo para sufrir menos con el fuego. En los matorrales y viñedos del valle combatían los tiradores, empujando lentamente a los rusos por delante; estos, al retirarse, prendieron fuego a la aldea de Burliuk y estrecharon con ello aún más el frente de ataque inglés.

Los ingleses tenían enfrente todo el resto del ejército ruso, es decir, 25½ batallones (Anichkov) o 27 (Kinglake) y 64 piezas. Ellos mismos atacaron con 29 batallones y 60 piezas; sus batallones eran más fuertes que los rusos. Los rusos tenían en primera línea los dos regimientos Suzdal (extremo del ala derecha) y Kazán (o del Gran Duque Miguel Nikoláievich, centro derecha), a los que se unía el regimiento Borodino. En segunda línea estaba el regimiento Vladímir; en la reserva especial, el regimiento Úglich; en la reserva principal quedaba disponible el regimiento Volinia, cada uno de 4 batallones; además, un batallón de tiradores y los tiradores de marina.

Hacia las tres el ataque francés se había desarrollado hasta el punto de que las columnas de Bosquet y Canrobert se habían detenido en la meseta y la del príncipe Napoleón en el valle; las reservas, como hemos visto, también habían recibido ya la orden de avanzar. Entonces Raglan hizo avanzar a los ingleses. La primera línea se levantó y bajó al valle en línea, tal como estaba. Los viñedos y matorrales desordenaron pronto a las tropas, incluso donde, como se prescribe en Inglaterra en tales circunstancias, rompieron por secciones en columna de a cuatro. La división Evans envió 2 batallones y una batería por la derecha de la aldea en llamas y avanzó con el resto por la izquierda, por el camino de Sebastopol y a su lado. Aquí cayó pronto bajo el fuego cercano de las dos baterías rusas situadas para proteger el camino, que, a pesar del fuego de 18 piezas inglesas dirigido contra ellas, detuvieron a sus tropas. La infantería rusa que tenía enfrente eran los 4 batallones Borodino y el 6.º batallón de tiradores; de su comportamiento no sabemos nada.

La división ligera avanzó más a la izquierda. Frente a ella estaban los 4 batallones Kazán, a derecha e izquierda de la 1.ª batería de la 16.ª brigada de artillería, emplazada tras un espaldón; en segunda línea, los 4 batallones Vladímir, todo en columnas y, según Kinglake, incluso en columnas de dos batallones cada una. Los ingleses cruzaron el río como pudieron por los numerosos vados y encontraron en la orilla sur una berma natural de quince pasos de ancho, protegida por un talud escarpado de 8 a 10 pies de altura, tras la cual podían rehacer su formación a cubierto. Pasado el talud, el terreno subía suave y despejado hacia la batería, situada a unos 300 pasos. Allí solo los molestaban en algunos puntos los tiradores; sus propios escaramuzadores, escasos, se habían desviado mucho hacia la izquierda y habían dejado al descubierto todo el frente. Pero ni enviaron por su parte tiradores por delante ni volvieron a formar; el propio Brown abandonó el intento y ordenó avanzar «confiando en el valor de las tropas» (p. 315). Mientras el brigadier del ala izquierda retenía en su mano dos batallones para hacer frente a eventuales ataques de flanco de la caballería rusa, los otros cuatro, con un batallón de la división Evans que se les unió (el 95.º regimiento), se lanzaron sobre la batería, la mitad en línea y la mitad en grupos desordenados.

Apenas habían escalado el talud, las dos columnas del regimiento Kazán avanzaron contra ellos. Y aquí empieza nuestro autor uno de sus más bellos ditirambos sobre la incomparabilidad de las tropas británicas.

> «Aquí se vio que ahora, tras casi cuarenta años de paz, nuestros soldados seguían poseyendo aquella cualidad inestimable que les impide sentir como los extranjeros el peso de una columna de infantería... empezaron, a su manera inglesa, medio alegres, medio malhumorados, a disparar contra la masa espesa y sólida que marchaba solemnemente hacia ellos. La columna no estaba inquieta, pero quizá era un cuerpo instruido en exceso, torpe o débilmente mandado. En todo caso, sus jefes no lograron imponer la impresión de su fuerza a aquellos grupos de muchachos (*lads*) ingleses que iban alegremente a su encuentro y la acosaban a balazos. Pronto la columna se detuvo, retrocedió y desapareció tras un pliegue del terreno» (p. 325).

No vamos a entrar más en esta fanfarronería, salvo para mencionar que estos «muchachos» y «tropas jóvenes», como los llama Kinglake de preferencia, y a los que vimos bastantes veces (al 33.º regimiento, que combatió aquí, poco antes de su partida para Crimea), tenían entonces por término medio al menos 27 años, dados los 12 años de servicio vigentes en Inglaterra y los frecuentes reenganches por otros 9 años, y que desde la guerra de Crimea y la insurrección de la India,[^12] en las que fueron aniquilados estos hermosos regimientos, todo oficial inglés desea en vano tener de nuevo a sus órdenes «muchachos» tan veteranos. Basta: esta columna (la oriental, a la derecha para los rusos) parece haber cedido, tras un débil intento de ataque a la bayoneta, ante el fuego incluso de la línea desordenada. La otra avanzó contra el 7.º regimiento, entró pronto en combate de fuego a pie firme y lo sostuvo muy largo tiempo sin desplegarse, con lo que, naturalmente, sufrió pérdidas enormes.

Los tres batallones ingleses del centro avanzaron contra la batería, cuyo fuego parece haber sido lento y no detuvo a los atacantes. Cuando estuvieron lo bastante cerca para lanzarse a la carrera sobre las piezas, estas dispararon una descarga, engancharon el avantrén y se marcharon. En el reducto se encontró un obús de 7 libras, y el capitán Bell, del 23.º regimiento, detuvo y se llevó una pieza de 32 tirada solo por tres caballos. Los ingleses ocuparon el parapeto exterior del espaldón y se mantuvieron agrupados a derecha e izquierda. El regimiento Vladímir se acercó entonces, pero, en lugar de lanzarse a la bayoneta contra la masa confusa, se dejó arrastrar también a hacer fuego y se detuvo. La densa columna, bajo el fuego de los ingleses, extendidos todavía en un frente mucho mayor, habría corrido probablemente la misma suerte que el regimiento Kazán, cuando entre los ingleses sonó dos veces seguidas el toque de retirada, que se repitió dos veces en toda la línea; las tropas emprendieron la retirada en algunos puntos y por fin en todas partes, en parte con calma, pero en parte también en completo desorden. Los cuatro batallones aquí empeñados perdieron en conjunto 46 oficiales y 819 hombres.

La segunda línea (Cambridge) había seguido solo lentamente y durante todo este combate había cruzado primero el río y se había mantenido después a cubierto tras la berma mencionada. Solo ahora avanzó. El batallón central de la brigada de la derecha, los Fusileros Escoceses de la Guardia, avanzó el primero; pero su ala izquierda fue arrollada por los fugitivos de la división ligera que retrocedían, su ala derecha no resistió el fuego del regimiento Vladímir, y también este batallón, sin apoyo a tiempo, retrocedió en desorden. Era el mismo momento en que el ataque francés se había estancado y se formaba la columna de los ocho batallones contra Canrobert.

Este momento, en que a los aliados les iba mal en todas partes, es precisamente para el señor Kinglake el adecuado para presentarnos un milagro que no tiene igual en *Las mil y una noches* y que hace aparecer a lord Raglan con una gloria hasta ahora insospechada. Pasaríamos por alto esta circunstancia si no hubiera ejercido de hecho cierta influencia en el curso de la batalla y si no adquiriera cierta importancia porque Kinglake habla aquí como *testigo ocular*, aunque, eso sí, como uno muy poco entendido en la materia. Cuando la línea inglesa se puso en movimiento para avanzar a través del río, Raglan cruzó el Alma a caballo con su Estado Mayor por el punto de contacto de las líneas inglesa y francesa y subió por una cañada de la otra orilla, sin que le molestaran más que unos pocos disparos de escaramuzadores. Pronto encontró delante de sí una loma redonda, a la que subió y desde la que podía abarcar a lo largo todo el despliegue ruso frente a los ingleses e incluso descubrir sus reservas. Por extraño que parezca que el general de un ejército atacante, sin escolta alguna, se sitúe en una colina en el flanco del enemigo, el hecho, con los numerosos testigos que hay, no admite duda. Pero Kinglake, no contento con situar a su héroe justo delante del flanco enemigo o en su prolongación, traslada la colina de que se trata *detrás* del frente enemigo, entre este y las reservas rusas, y hace que desde allí, con su sola aparición, lord Raglan paralice a todo el ejército ruso. El texto del libro no es en este punto ni un pelo menos melodramático que el plano, donde una estrella roja que representa a lord Raglan, 1.200 pasos por delante del ala derecha inglesa, en medio de las columnas rusas verdes, que la respetan sin más, dirige la batalla como «Zeus, señor de las nubes de tormenta».

Esta colina, cuya ubicación exacta no se nos puede exigir aquí, pero que en todo caso no está donde Kinglake la pone, esta colina ofrecía en todo caso una buena posición para la artillería, y Raglan mandó buscar enseguida cañones y también infantería. Al cabo de algún tiempo llegaron dos piezas, más o menos al mismo tiempo que los ingleses tomaban la batería. Una de estas piezas habría ahuyentado a la reserva principal rusa (¡que según Kinglake solo estaba a 1.100 pasos!); la otra tomó de flanco a la batería que defendía el puente del camino de Sebastopol. Tras pocos disparos, esta batería, cañoneada de frente desde hacía mucho por una artillería superior (18 piezas), enganchó el avantrén, y así quedó abierto el paso a la división Evans. Esta empujó lentamente por delante a la infantería rusa, que aquí combatía casi siempre dispersa, y, seguida por la división England, cuya artillería se unió a la suya, emplazó sus piezas en la primera cresta de las colinas.

Entretanto, más a la izquierda, la división Cambridge libraba el combate decisivo. De los tres batallones de la Guardia de su ala derecha, el central, los Fusileros Escoceses, había avanzado demasiado pronto y había sido rechazado en desorden. Ahora avanzaron en línea, a la derecha los Granaderos de la Guardia y a la izquierda los Coldstream Guards, contra el espaldón ocupado de nuevo por el regimiento Vladímir; entre ellos quedaba el espacio del frente de batallón que habrían debido ocupar los Fusileros Escoceses, pero que solo cubrían en cierto modo los restos de este batallón y de la división ligera, que se rehacían más atrás. A la izquierda de los Coldstream, en cambio, avanzaban en perfecto orden los tres batallones de Highlanders de Colin Campbell,[^13] también en línea, escalonados desde el ala derecha.

Frente a los Granaderos de la Guardia estaban los dos batallones de la izquierda del Kazán, ya rechazados por el fuego del 7.º regimiento, y los dos batallones de la izquierda del Vladímir, que avanzaban ahora contra el hueco entre los Granaderos y los Coldstream. Los Granaderos se detuvieron, replegaron un poco la sección del ala izquierda y detuvieron de inmediato a esta columna con su fuego. Naturalmente, en poco tiempo la columna quedó tan quebrantada por el fuego de la línea que ni siquiera el príncipe Gorchakov, que mandaba el ala derecha rusa, pudo llevarla ya al ataque a la bayoneta. Un pequeño cambio de frente de los granaderos ingleses puso a la columna bajo el fuego de toda su línea; vaciló y, cuando los ingleses avanzaron, retrocedió. Los otros dos batallones Vladímir se tiroteaban entretanto con los Coldstream, cuando por fin la brigada escocesa llegó a la altura de estos. Los cuatro batallones Suzdal, situados en el extremo del ala derecha rusa, se acercaron entonces hacia el punto decisivo, el parapeto de la batería, pero durante esta marcha de flanco se encontraron de pronto bajo el fuego de las líneas escocesas y retrocedieron sin oponer resistencia seria.

El general Kvitsinski, jefe de la 16.ª división, mandaba ahora el ala derecha rusa, después de que el príncipe Gorchakov se hubiera retirado a consecuencia de una caída con su caballo muerto. La formación en línea inglesa era tan nueva para él que le privó de todo juicio sobre la fuerza del enemigo. En su memoria, que Kinglake tuvo delante, dice él mismo que vio avanzar a los ingleses en tres líneas que se desbordaban unas a otras (eran evidentemente los tres escalones escoceses) y que ante tal superioridad numérica tuvo que ceder, después de que fueran rechazados los ataques de los cuatro batallones Vladímir. Basta: los cuatro batallones Úglich avanzaron solo lo necesario para recoger a los fugitivos, la artillería y la caballería no se utilizaron más, y los rusos emprendieron la retirada sin que los persiguieran los ingleses, que querían reservar su caballería. La división Cambridge perdió algo menos de 500 hombres.

Aquí combatieron, pues, en el momento decisivo los 6 batallones de la división Cambridge, apoyados por los restos de la división ligera, en total 11 batallones (los dos batallones del ala izquierda de la división ligera tampoco avanzaron después), contra los doce batallones rusos Kazán, Vladímir y Suzdal; y si añadimos los 4 batallones Úglich, cuya intervención activa en el combate es sin embargo muy problemática, contra 16 batallones rusos, y los arrollaron por completo tras un combate muy breve.

El autor afirma incluso que todo el combate de infantería formada no duró más de 35 minutos; en todo caso, hacia las cuatro la batalla estaba completamente decidida. ¿Cómo se explican estos rápidos éxitos contra masas de infantería al menos iguales, quizá más fuertes, en una fuerte posición defensiva?

Los ingleses no estuvieron, desde luego, muy bien dirigidos. Aparte de que Evans no hizo el menor intento de llegar al flanco izquierdo del enemigo, sino que se limitó a un flojo combate frontal, a cualquiera le tiene que estar claro que el duque de Cambridge, como jefe de la segunda línea, no hizo lo que le correspondía. Cuando la primera línea había tomado al asalto el parapeto de la batería, la segunda no estaba allí para apoyarla; llegó solo después de que la primera fuera rechazada y tuvo que hacer de nuevo el trabajo. Pero en cuanto cualquier jefe inglés llegaba al enemigo y no tenía órdenes concretas en contrario, se lanzaba sobre él, en lo posible en enlace con las tropas vecinas, y eso dio a cada uno de los dos ataques principales la resolución que aseguró el éxito.

Los rusos, en cambio, mostraron gran inseguridad en el mando. Es cierto que Ménshikov tuvo la desgracia de encontrarse lejos del punto principal durante el breve periodo decisivo; pero ni Gorchakov ni Kvitsinski tomaron —según su propia declaración— medida alguna para hacer frente con energía al ataque. El primer ataque se hizo con los 4 batallones Kazán contra cinco ingleses y fracasó; el segundo, de nuevo con 4 batallones (Vladímir), fracasó igualmente; de un ataque serio de los 4 batallones Úglich no tenemos noticia, y los 4 batallones Suzdal se dejaron sorprender por el fuego enemigo en plena marcha de flanco. El regimiento Volinia, que estaba en la reserva principal, no parece haber sido traído adelante en absoluto. La artillería quedó pronto callada, y la caballería no hizo absolutamente nada. Fuera por miedo a la responsabilidad, fuera por la orden de no arriesgar el ejército, basta: también en el ala inglesa los rusos no se comportaron con la energía y la actividad que son lo único que asegura la victoria al combatiente más débil.

Pero sin duda actuó también otra causa que facilitó a los ingleses su victoria. Los rusos combatían en columnas profundas y densas; los ingleses, en línea. Los rusos perdieron enormemente por la artillería; los ingleses, hasta llegar al alcance de la metralla, muy poco. Cuando las masas de infantería se acercaron, solo el ataque a la bayoneta más violento e incontenible podía salvar a las columnas del fuego mortífero de las líneas, pero en todas partes vemos el ataque estancarse y degenerar en un tiroteo. ¿Y entonces? Si uno se despliega bajo el fuego enemigo, nadie puede decir cómo acabará, y si se queda en columna —*un* fusil que dispara contra *cuatro* enemigos—, la columna está perdida sin remedio. Esto último ocurrió en cada uno de los casos en el Alma. Más aún. La columna que se había puesto a disparar *nunca más* pudo ser llevada a un avance decidido; la línea que disparaba, *siempre*. Los dos adversarios —rusos e ingleses— eran notoriamente malos en el combate disperso; la batalla se decidió así puramente por las masas; y si no queremos suponer con Kinglake que los ingleses son una especie de semidioses, tendremos que admitir que, tanto para el ataque como para la defensa en terreno más o menos despejado, la línea tiene ventajas considerables sobre la columna.

Toda la historia militar moderna de los ingleses...

[^1]: Alexander William Kinglake (1809-1891), *The Invasion of the Crimea: Its Origin, and an Account of Its Progress down to the Death of Lord Raglan*, cuyos dos primeros tomos aparecieron en Edimburgo y Londres en 1863; la obra completa llegó a ocho tomos (1863-1887). Las páginas que cita Engels son las del segundo tomo.

[^2]: FitzRoy James Henry Somerset, lord Raglan (1788-1855), general en jefe del ejército británico en Crimea hasta su muerte ante Sebastopol.

[^3]: La batalla del río Alma, del 20 de septiembre de 1854, primera de la guerra de Crimea, en la que el ejército anglo-francés y turco desembarcado en Crimea derrotó al ejército ruso de Ménshikov, que se retiró hacia Sebastopol.

[^4]: Viktor Mijáilovich Anichkov (1830-1877), oficial del Estado Mayor ruso, autor de una historia militar de la campaña de Crimea (1856), traducida al alemán en Berlín en 1857.

[^5]: Robert Chodasiewicz, oficial polaco del ejército ruso que en 1855 se pasó a los aliados y publicó en Londres sus recuerdos de la guerra de Crimea (*A Voice from within the Walls of Sebastopol*, 1856).

[^6]: August von Haxthausen (1792-1866), *Studien über die innern Zustände, das Volksleben und insbesondere die ländlichen Einrichtungen Rußlands* (1847-1852).

[^7]: Engels había combatido en 1849 en la campaña de Baden y el Palatinado como ayudante de Willich; véase [«La campaña alemana por la Constitución del Imperio»](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1850%20La%20campa%C3%B1a%20alemana%20por%20la%20Constituci%C3%B3n%20del%20Imperio).

[^8]: Armand-Jacques Leroy de Saint-Arnaud (1801-1854), mariscal de Francia, general en jefe del ejército francés en Crimea; murió pocos días después de la batalla.

[^9]: Alexandr Serguéievich Ménshikov (1787-1869), general en jefe de las fuerzas rusas en Crimea.

[^10]: César de Bazancourt (1810-1865), historiador francés, autor de una historia oficiosa de la expedición de Crimea (1856).

[^11]: Los jefes de división británicos eran George de Lacy Evans, George Brown, Richard England, el duque Jorge de Cambridge, primo de la reina, y George Cathcart.

[^12]: La gran insurrección de los cipayos de 1857-1859.

[^13]: Colin Campbell (1792-1863), jefe de la brigada de Highlanders en el Alma, más tarde general en jefe en la India durante la insurrección.
