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Title: A Abraham Lincoln, presidente de los Estados Unidos de América (1864)
Description: Mensaje de la Asociación Internacional de los Trabajadores, redactado por Marx, que felicita a Lincoln por su reelección: la rebelión esclavista era una cruzada de la propiedad contra el trabajo, y la guerra norteamericana contra la esclavitud abrirá para la clase obrera la era que la guerra de independencia abrió para la clase media.
Author: Karl Marx
Date: 1864-11-29
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1864%20A%20Abraham%20Lincoln%2C%20presidente%20de%20los%20Estados%20Unidos%20de%20Am%C3%A9rica
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*Redactado en inglés por Karl Marx entre el 22 y el 29 de noviembre de 1864 y aprobado por el Consejo Central de la Asociación Internacional de los Trabajadores el 29 de noviembre; entregado el 23 de diciembre de 1864 al representante de los Estados Unidos en Londres, Charles Francis Adams, para que lo transmitiera al presidente. Se publicó en alemán en el* Social-Demokrat *(Berlín) del 30 de diciembre de 1864 y en inglés en* The Bee-Hive Newspaper *(Londres), núm. 169, del 7 de enero de 1865. Traducido del texto inglés impreso por el Gobierno de los Estados Unidos en* Papers Relating to Foreign Affairs *(Washington, 1866, parte I, pp. 64-65), cotejado con la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 16 (Berlín, 1962, pp. 18-20), por la Escuela de marxismo, 2026. Los nombres de los firmantes, muy desfigurados en aquella edición, se dan en el orden y la grafía de la MEW. Las notas son nuestras. Véase la carta de Marx a Engels del [2 de diciembre de 1864](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/cartas/1864-12-02%20Marx%20a%20Engels). [Texto original en inglés](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1864%20To%20Abraham%20Lincoln%2C%20President%20of%20the%20United%20States%20of%20America).*

Señor:

Felicitamos al pueblo norteamericano por la reelección de usted por una gran mayoría.[^1]

Si la resistencia al poder de los esclavistas fue la consigna comedida de su primera elección, el grito de guerra triunfante de su reelección es: ¡muerte a la esclavitud!

Desde el comienzo de la titánica contienda norteamericana, los obreros de Europa sintieron instintivamente que la bandera estrellada llevaba consigo el destino de su clase. La lucha por los territorios[^2] que abrió la terrible epopeya, ¿no había de decidir acaso si el suelo virgen de inmensas extensiones iba a desposarse con el trabajo del inmigrante o a ser prostituido por las pisadas del negrero?

Cuando una oligarquía de 300.000 esclavistas se atrevió a inscribir por primera vez en los anales del mundo la palabra «esclavitud» en la bandera de la rebelión armada; cuando en los mismos lugares donde apenas un siglo antes había nacido por primera vez la idea de una gran república democrática, de donde salió la primera declaración de los derechos del hombre[^3] y se dio el primer impulso a la revolución europea del siglo XVIII; cuando en esos mismos lugares la contrarrevolución se jactaba, con sistemática minuciosidad, de abolir «las ideas imperantes en la época en que se formó la antigua Constitución», sostenía que «la esclavitud es una institución benéfica, y en verdad la única solución del gran problema de la relación del trabajo con el capital», y proclamaba cínicamente la propiedad sobre el hombre como «la piedra angular del nuevo edificio»,[^4] entonces las clases obreras de Europa comprendieron en el acto, aun antes de que la parcialidad fanática de las clases altas por la aristocracia confederada les diera su lúgubre advertencia, que la rebelión de los esclavistas iba a tocar a rebato para una santa cruzada general de la propiedad contra el trabajo, y que para los hombres del trabajo, junto con sus esperanzas de futuro, estaban en juego incluso sus conquistas pasadas en aquel tremendo conflicto al otro lado del Atlántico. Por eso, en todas partes soportaron con paciencia las privaciones que les impuso la crisis del algodón,[^5] se opusieron con entusiasmo a la intervención en favor de la esclavitud con que los importunaban sus «superiores», y desde la mayoría de los países de Europa aportaron su cuota de sangre a la buena causa.

Mientras los obreros, el verdadero poder político del Norte, permitieron que la esclavitud mancillara su propia república; mientras, ante el negro, al que se le daba amo y se le vendía sin su consentimiento, se jactaban de que el más alto privilegio del trabajador de piel blanca era venderse a sí mismo y elegir a su propio amo, fueron incapaces de alcanzar la verdadera libertad del trabajo o de apoyar a sus hermanos europeos en su lucha por la emancipación; pero este obstáculo al progreso ha sido barrido por el mar rojo de la guerra civil.

Los obreros de Europa están seguros de que, así como la guerra de independencia norteamericana inauguró una nueva era de ascenso para la clase media, la guerra norteamericana contra la esclavitud hará otro tanto para las clases obreras. Consideran una prenda de la época venidera que le haya tocado en suerte a Abraham Lincoln, el hijo sencillo de la clase obrera,[^6] conducir a su país a través de la lucha sin par por el rescate de una raza encadenada y la reconstrucción de un mundo social.

Firmado en nombre de la Asociación Internacional de los Trabajadores,  
EL CONSEJO CENTRAL:

Le Lubez, secretario corresponsal para Francia; F. Rybczinsky (Polonia); Emile Holtorp (Polonia); J. B. Bocquet; H. Jung, secretario corresponsal para Suiza; Morisot; George W. Wheeler; J. Denoual; P. Bordage; Le Roux; Tallandier; Jourdain; Dupont; R. Gray; D. Lama; C. Setacci; F. Solustri; P. Aldovrandi; D. G. Bagnagatti; G. P. Fontana, secretario corresponsal para Italia; G. Lake; J. Buckley; G. Howell; J. Osborne; J. D. Stainsby; J. Grossmith; G. Eccarius; Friedrich Leßner; Wolff; K. Kaub; Heinrich Bolleter; Ludwig Otto; N. P. Hansen (Dinamarca); Karl Pfänder; Georg Lochner; Peter Petersen; Karl Marx, secretario corresponsal para Alemania; A. Dick; L. Wolf; J. Whitlock; J. Carter; W. Morgan; William Dell; John Weston; Peter Fox; Robert Shaw; John M. Longmaid; Robert Henry Side; William C. Worley; Blockmoor; R. Hartwell; W. Pidgeon; B. Lucraft; J. Nieass.

G. Odger, presidente del Consejo.[^7]  
William R. Cremer, secretario general honorario.

A Abraham Lincoln, presidente de los Estados Unidos de América.

[^1]: Lincoln había sido reelegido el 8 de noviembre de 1864 frente al candidato demócrata, el general McClellan.
[^2]: La lucha de los años cincuenta por decidir si en los nuevos territorios del Oeste, sobre todo en Kansas, se admitiría o no la esclavitud.
[^3]: La Declaración de Derechos de Virginia, de junio de 1776, y la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, de julio de 1776.
[^4]: Palabras de Alexander H. Stephens, vicepresidente de la Confederación, en su discurso de Savannah del 21 de marzo de 1861.
[^5]: La escasez de algodón causada por la guerra y el bloqueo de los puertos del Sur paralizó en 1861-1865 buena parte de la industria textil inglesa y dejó sin trabajo a cientos de miles de obreros, sobre todo en el Lancashire.
[^6]: En la versión alemana del *Social-Demokrat*: «el hijo de ánimo firme y de hierro de la clase obrera».
[^7]: George Odger (1813-1877), zapatero, secretario del Consejo de Oficios de Londres y presidente del Consejo Central de la Internacional; William Randal Cremer (1828-1908), dirigente sindical de los carpinteros, su secretario general.
