---
Title: Discurso en el mitin polaco de Londres del 22 de enero (1867)
Description: Discurso de Marx en el aniversario de la insurrección polaca de 1863: la restauración de Polonia como única muralla de Europa frente a la Rusia zarista, aliada de Prusia y salvadora del orden ante la revolución social.
Author: Karl Marx
Date: 1867-01-22
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1867%20Discurso%20en%20el%20mitin%20polaco%20de%20Londres%20del%2022%20de%20enero
---


*Discurso pronunciado por Karl Marx en Londres el 22 de enero de 1867 en el mitin en recuerdo de la insurrección polaca de 1863, y publicado en polaco en* Głos Wolny*, núm. 130, del 10 de febrero de 1867; en 1908 apareció en* Le Socialisme *una versión francesa algo distinta. El texto original del discurso no está disponible en una edición libre; traducimos de la versión alemana, hecha sobre el texto polaco, de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 16 (Berlín, 1962, pp. 200-204), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1867%20Rede%20auf%20dem%20Polenmeeting%20in%20London%20am%2022.%20Januar).*

Señoras y señores:

Hace más de treinta años estalló en Francia una revolución. Fue un acontecimiento que la Providencia de San Petersburgo no había previsto, pues poco antes había concertado con Carlos X un tratado secreto para mejorar la administración y el orden geográfico de Europa.[^1] Al recibir esta noticia, que desbarataba todos los planes, el zar Nicolás reunió a los oficiales de su Guardia y les dirigió una breve arenga marcial que terminaba con estas palabras: ¡A caballo, señores! No era una amenaza vana. Paskévich fue enviado a Berlín para preparar allí el plan de invasión de Francia.[^2] En pocos meses todo estaba listo. Los prusianos debían concentrarse en el Rin, el ejército polaco debía entrar en Prusia y los moscovitas debían seguirlo. Pero entonces «la vanguardia se volvió contra el grueso del ejército», como dijo Lafayette en la Cámara de Diputados francesa. La insurrección de Varsovia salvó a Europa de una segunda guerra antijacobina.[^3]

Dieciocho años después se produjo una nueva erupción del volcán revolucionario, o más bien un terremoto que sacudió todo el continente. Hasta Alemania empezó a agitarse, aunque desde la llamada guerra de independencia Rusia la había llevado siempre sujeta con andadores maternos.[^4] Pero aún más asombroso es que, de todas las ciudades alemanas, fuera Viena la primera en intentar levantar barricadas, y con éxito. Esta vez, y quizá por primera vez en la historia, Rusia perdió la compostura. El zar Nicolás ya no se dirigió a la Guardia, sino que publicó un manifiesto a su pueblo en el que se lamentaba de que la peste francesa hubiera contagiado incluso a Alemania, de que se acercara a las fronteras del Imperio y de que la revolución, en su locura, clavara sus ojos febriles en la Santa Rus. ¡No es de extrañar!, exclamaba. Esa misma Alemania es desde hace años el refugio de la incredulidad. El cáncer de una filosofía infame ha atacado las partes vitales de este pueblo, en apariencia tan sano. Y terminaba su proclama con este llamamiento a los alemanes:

> «¡Dios está con nosotros! Tenedlo bien presente, paganos, y someteos, porque Dios está con nosotros».

Poco después, por medio de su fiel servidor Nesselrode,[^5] hizo llegar a los alemanes otro mensaje que rezumaba ternura por ese pueblo pagano. ¿A qué se debía este giro? Pues a que los berlineses no solo habían hecho una revolución, sino que habían proclamado además la restauración de Polonia, y los polacos de Prusia, cegados por el entusiasmo popular, empezaban a levantar campamentos militares en Posen.[^6] De ahí las lisonjas del zar. ¡Una vez más era el pueblo polaco, el caballero inmortal de Europa, el que había obligado al mongol a retirarse! Solo después de que los alemanes, y en particular la Asamblea Nacional de Fráncfort, traicionaran a los polacos, recobró Rusia el aliento y reunió fuerzas suficientes para asestar un golpe a la revolución de 1848 en su último refugio, en Hungría. E incluso allí el último caballero que se le enfrentó fue un polaco: el general Bem.[^7]

Todavía hoy hay bastante gente ingenua que cree que todo ha cambiado, que Polonia ha dejado de ser «una nación necesaria», como dijo un escritor francés, más aún, que Polonia ya no es más que un recuerdo sentimental. Pero ustedes saben que ni los sentimientos ni los recuerdos cotizan en la Bolsa. Cuando se conocieron en Inglaterra los últimos ucases rusos sobre la supresión del Reino de Polonia,[^8] el órgano de los principales ricachones aconsejó a los polacos que se hicieran moscovitas. ¿Y por qué no, aunque solo fuera para asegurar el pago de los intereses de los seis millones de libras esterlinas que los capitalistas ingleses acababan de prestar al zar? En el peor de los casos, escribía el *Times*, que Rusia se quede con Constantinopla, con tal de que permita a Inglaterra apoderarse de Egipto y asegurarse el camino de su gran mercado indio. Dicho de otro modo: que Inglaterra deje Constantinopla a Rusia, con tal de obtener de Rusia el permiso para disputar Egipto a Francia. El moscovita, escribe el *Times*, toma con gusto préstamos en Inglaterra y paga bien. Le gusta el dinero inglés. Le gusta, en efecto. Pero cuánto quiere a los propios ingleses se lo describe mejor que nadie la *Gazette de Moscou* de diciembre de 1851:

> «No, a la pérfida Albión tiene que llegarle por fin su turno, y dentro de algún tiempo con ese pueblo ya solo firmaremos tratados en Calcuta».

Yo les pregunto: ¿qué ha cambiado? ¿Ha disminuido el peligro que viene de Rusia? No. Lo único que ha llegado a su colmo es la ceguera de las clases dominantes de Europa. Ante todo, en la política de Rusia, como reconoce su historiador oficial Karamzín,[^9] nada ha cambiado. Pueden cambiar sus métodos, su táctica, sus maniobras, pero la estrella polar de esa política, el dominio del mundo, es inmutable. Solo un gobierno astuto que reina sobre una masa de bárbaros puede urdir en nuestros días semejante plan. Pozzo di Borgo, el mayor diplomático ruso de los tiempos modernos, escribió a Alejandro I durante el Congreso de Viena que Polonia era el instrumento más importante para realizar los designios rusos de dominio del mundo; pero que es al mismo tiempo un obstáculo insuperable mientras el polaco, cansado de la interminable traición de Europa, no se convierta en un látigo terrible en manos del moscovita.[^10] Pues bien, sin hablar del estado de ánimo del pueblo polaco, pregunto: ¿ha ocurrido algo que haya desbaratado los planes de Rusia o paralizado su acción?

No necesito decirles que sus conquistas en Asia avanzan sin cesar. No necesito decirles que la llamada guerra anglo-francesa contra Rusia le entregó las fortalezas de montaña del Cáucaso y le dio el dominio del mar Negro y los derechos marítimos que Catalina II, Pablo y Alejandro I habían intentado en vano arrancar a Inglaterra.[^11] Los ferrocarriles unen y concentran sus fuerzas, dispersas por un vasto territorio. Sus recursos materiales en la Polonia del Congreso, que forma su campamento fortificado en Europa, se han multiplicado de manera colosal. Las fortalezas de Varsovia, Modlin e Ivángorod, puntos elegidos por Napoleón I, dominan todo el curso del Vístula y forman una temible base de ataque hacia el norte, el oeste y el sur. La propaganda paneslavista progresa en la misma medida en que se debilitan Austria y Turquía. Y lo que significa la propaganda paneslavista pudieron verlo ustedes en 1848-1849, cuando Hungría fue invadida, Viena devastada e Italia aplastada por los eslavos que combatían bajo las banderas de Jelačić, Windischgrätz y Radetzky.[^12] Y por si fuera poco, los crímenes de Inglaterra en Irlanda han procurado a Rusia un nuevo y poderoso aliado al otro lado del Atlántico.[^13]

Pedro I dijo una vez que, para conquistar el mundo, a los moscovitas no les faltaba más que almas.[^14] El espíritu vivificador que necesita Moscú solo lo recibirá después de haberse tragado a los polacos. ¿Qué podrán poner ustedes entonces en la balanza? A esta pregunta se responde desde distintos puntos de vista. Unos dicen que, con la emancipación de los campesinos, Rusia pertenece ya a la familia de los pueblos civilizados. El poderío alemán, concentrado hace poco en manos de los prusianos, podría, según afirman otros, resistir todos los ataques asiáticos. Algunos otros, más radicales, ponen su esperanza en las transformaciones sociales internas de Europa occidental.[^15]

En cuanto a lo primero, es decir, la emancipación de los campesinos siervos en Rusia, ha liberado al poder supremo del Gobierno de los obstáculos que la nobleza podía poner a su actividad centralizadora. Ha creado un amplio campo para el reclutamiento de su ejército, ha disuelto la propiedad comunal de los campesinos rusos, los ha separado y ha afianzado su fe en el padrecito zar. No los ha liberado de la barbarie asiática, porque la civilización se forma a lo largo de siglos. Todo intento de elevar el nivel moral de los campesinos se considera un crimen y se castiga. Les recuerdo tan solo la persecución oficial de las sociedades de templanza, que trataban de salvar al moscovita de lo que Feuerbach llama la sustancia material de su religión, es decir, del aguardiente. Espérese lo que se quiera de la emancipación de los campesinos para el futuro, por ahora en todo caso está claro que ha aumentado las fuerzas disponibles del zar.

Pasemos a Prusia. Antaño vasalla de Polonia, se ha convertido en una potencia de primer rango bajo la protección de Rusia y gracias a los repartos de Polonia. Si perdiera mañana su botín polaco, se disolvería en Alemania en lugar de tragársela. Para poder afirmarse como potencia aparte en Alemania, tiene que apoyarse en el moscovita. La reciente ampliación de su dominio[^16] no ha aflojado esos lazos, sino que los ha hecho indisolubles y ha agudizado su antagonismo con Francia y con Austria. Al mismo tiempo, Rusia es el pilar en que descansa el dominio absoluto de la dinastía de los Hohenzollern y de sus vasallos feudales. Es su escudo contra el descontento del pueblo. Prusia no es, pues, un baluarte contra Rusia, sino su instrumento, destinado a invadir Francia y a conquistar Alemania.

¿Y la revolución social? ¿Qué significa sino lucha de clases? Es posible que la lucha entre los obreros y los capitalistas sea menos cruel y sangrienta que la que libraron en otro tiempo los señores feudales y los capitalistas en Inglaterra y en Francia. Esperémoslo. Pero en todo caso una crisis social semejante, aunque pueda acrecentar las energías de los pueblos de Occidente, provocará, como todo conflicto interno, una agresión desde fuera. Hará que Rusia vuelva a desempeñar el papel que desempeñó durante la guerra antijacobina y desde la Santa Alianza: el papel de salvadora del orden elegida por la Providencia. Reclutará para sus filas a todas las clases privilegiadas de Europa. Ya durante la revolución de febrero no fue solo el conde de Montalembert[^17] quien pegó el oído a la tierra para oír si se acercaba el galope de los caballos cosacos. No fueron solo los hidalgüelos prusianos[^18] de los cuerpos representativos de Alemania quienes proclamaron al zar «padre y protector». En todas las Bolsas de Europa las cotizaciones subían con cada victoria rusa y bajaban con cada derrota rusa.

Así pues, ante Europa no hay más que una alternativa: o la barbarie asiática, bajo la dirección de los moscovitas, se abatirá como un alud sobre Europa, o Europa tiene que restaurar Polonia y protegerse así de Asia con una muralla de veinte millones de héroes, para ganar tiempo y llevar a término su transformación social.

[^1]: La revolución de julio de 1830, que derribó a Carlos X, rey de Francia desde 1824.

[^2]: Iván Fiódorovich Paskévich (1782-1856), mariscal ruso; en 1831 aplastó la insurrección polaca y en 1849 mandó el ejército ruso que intervino en Hungría.

[^3]: La insurrección polaca de noviembre de 1830 inmovilizó al ejército ruso destinado a intervenir contra la Francia de Julio. La «guerra antijacobina» es la de las coaliciones europeas contra la Francia revolucionaria (1792-1815).

[^4]: Las guerras de liberación contra Napoleón (1813-1815), en las que Prusia combatió junto a Rusia.

[^5]: Karl Robert Nesselrode (1780-1862), ministro de Asuntos Exteriores de Rusia de 1816 a 1856.

[^6]: Posen (Poznań), capital del gran ducado de Posen, la parte de Polonia anexionada por Prusia. En la primavera de 1848 los polacos formaron allí destacamentos armados, que el ejército prusiano desarmó en mayo.

[^7]: Józef Bem (1794-1850), general polaco que combatió en la insurrección de 1830-1831, en la defensa de Viena en octubre de 1848 y al frente del ejército revolucionario húngaro en Transilvania.

[^8]: Tras la insurrección de 1863-1864, el Gobierno ruso suprimió los restos de autonomía del Reino de Polonia (la Polonia del Congreso) y lo sometió a la administración del Imperio.

[^9]: Nikolái Mijáilovich Karamzín (1766-1826), historiador oficial del Imperio ruso, autor de una *Historia del Estado ruso*.

[^10]: Carlo Andrea Pozzo di Borgo (1764-1842), diplomático corso al servicio de Rusia; representante del zar en el Congreso de Viena (1814-1815) y luego embajador en París y en Londres.

[^11]: La guerra de Crimea (1853-1856). Con la declaración de París de 1856 sobre el derecho marítimo, Inglaterra aceptó los principios de la neutralidad armada que Rusia le había opuesto desde Catalina II.

[^12]: Josip Jelačić (1801-1859), ban de Croacia; Alfred zu Windischgrätz (1787-1862), mariscal austriaco que tomó Praga en junio y Viena en octubre de 1848; Joseph Radetzky (1766-1858), mariscal austriaco que derrotó a los piamonteses y a los revolucionarios italianos en 1848-1849. Sus ejércitos estaban formados en gran parte por soldados eslavos.

[^13]: Los irlandeses emigrados a los Estados Unidos, hostiles a Inglaterra.

[^14]: En la versión publicada en *Le Socialisme* en 1908 esta frase dice así: «El plan de la política rusa sigue siendo inmutable; sus medios de acción han crecido considerablemente desde 1848; solo uno ha quedado hasta ahora fuera de su alcance, y Pedro el Grande tocó ese punto débil cuando dijo que, para conquistar el mundo, a los moscovitas no les faltaban más que almas».

[^15]: En la versión de *Le Socialisme* el final de este párrafo dice: «Un europeo del continente me responderá quizá que, con la emancipación de los siervos, Rusia pertenece ya a la familia de los pueblos civilizados, que el poderío alemán, concentrado hace poco en manos de los prusianos, puede resistir todos los ataques asiáticos y que, por último, la revolución social en Europa occidental pondrá fin al peligro de los "conflictos internacionales". Pero un inglés que solo lee el *Times* podría replicarme que en el peor de los casos, si Rusia conquista Constantinopla, Inglaterra se anexionará Egipto y se asegurará así el camino de su gran mercado indio».

[^16]: Tras la guerra de 1866 contra Austria, Prusia se anexionó Hannover, Hesse-Kassel, Nassau, Fráncfort y Schleswig-Holstein, y formó la Confederación de Alemania del Norte.

[^17]: Charles Forbes de Montalembert (1810-1870), político y publicista francés, cabeza del partido católico.

[^18]: *Krautjunker*: hidalgos rurales prusianos, nobleza terrateniente de cortos alcances.
