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Title: Reseña del primer tomo de El capital para el Beobachter (1867)
Description: Reseña de Engels para el Beobachter de Stuttgart, escrita desde el punto de vista de un demócrata suabo: el método materialista de Marx, su parentesco con Darwin y su ruptura con Lassalle y Bismarck.
Author: Friedrich Engels
Date: 1867-12-12
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1867%20Rese%C3%B1a%20del%20primer%20tomo%20de%20El%20capital%20para%20el%20Beobachter
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*Escrita por Friedrich Engels el 12 o el 13 de diciembre de 1867 y publicada en* Der Beobachter *(Stuttgart), núm. 303, del 27 de diciembre de 1867. Traducida del manuscrito, según Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 16 (Berlín, 1962, pp. 226-228), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1867%20Rezension%20des%20Ersten%20Bandes%20Das%20Kapital%20f%C3%BCr%20den%20Beobachter).*

*Karl Marx,* El capital. Crítica de la economía política*, tomo primero, Hamburgo, Meissner, 1867*

Piénsese lo que se quiera de la tendencia del presente libro, creemos poder decir que pertenece a las obras que honran al espíritu alemán. Es significativo que el autor sea prusiano, sí, pero prusiano renano, de aquellos que hasta hace poco se llamaban con gusto a sí mismos «prusianos a la fuerza», y además un prusiano que ha pasado los últimos decenios lejos de Prusia, en el exilio. La propia Prusia ha dejado de ser hace mucho tiempo el país de iniciativa científica alguna; en particular, en el campo histórico, político o social, semejante iniciativa sería allí imposible. Más bien puede decirse de ella que representa el espíritu ruso, no el alemán.

Por lo que se refiere al libro mismo, hay que distinguir muy bien en él dos partes muy dispares: por una parte, los sólidos desarrollos positivos que contiene y, por otra, las conclusiones tendenciosas que el autor saca de ellos. Los primeros son en gran parte un enriquecimiento directo de la ciencia. El autor trata en ellos las relaciones económicas con un método completamente nuevo, materialista, propio de la historia natural. Así la exposición del sistema monetario y la demostración detallada, y muy competente, de cómo las diversas formas sucesivas de la producción industrial —aquí la cooperación, la división del trabajo y con ella la manufactura en sentido estricto, y por último la maquinaria, la gran industria y las combinaciones y relaciones sociales que le corresponden— se desarrollan de manera natural unas a partir de otras. En cuanto a la tendencia del autor, también en ella podemos distinguir una doble dirección. En la medida en que se esfuerza por demostrar que la sociedad actual, considerada económicamente, está preñada de otra forma social superior, en esa medida solo aspira a establecer como ley en el terreno social el mismo proceso de transformación gradual que Darwin ha demostrado en la historia natural. Un cambio gradual de este tipo se ha producido ya, en efecto, en las relaciones sociales desde la Antigüedad, pasando por la Edad Media, hasta hoy, y que nosotros sepamos nunca se ha afirmado en serio desde ningún lado científico que Adam Smith y Ricardo hayan dicho la última palabra sobre el desarrollo futuro de la sociedad actual. Al contrario, la doctrina liberal del progreso incluye también el progreso en el terreno social, y una de las paradojas presuntuosas de los llamados socialistas es hacer como si ellos tuvieran en exclusiva el arriendo del progreso social. Frente a los socialistas corrientes, hay que reconocer como mérito de Marx que muestra un progreso incluso allí donde el desarrollo extremadamente unilateral de las condiciones presentes va acompañado de consecuencias de inmediato aterradoras. Así, por todas partes, en la exposición de los extremos de riqueza y miseria que resultan del sistema fabril en gran escala, etc. Precisamente con esta concepción crítica del objeto el autor ha proporcionado —sin duda contra su voluntad— los argumentos más fuertes contra todo socialismo de oficio.

Muy distinto es el caso de la tendencia, de las conclusiones subjetivas del autor, de la manera en que se representa a sí mismo y representa a los demás el resultado final del actual proceso de desarrollo social. Estas no tienen nada que ver con lo que llamamos la parte positiva del libro; más aún, si el espacio permitiera entrar en ello, quizá podría mostrarse que esas manías *subjetivas* suyas quedan refutadas por su propio desarrollo *objetivo*.

Si todo el socialismo de Lassalle consistía en despotricar contra los capitalistas y en adular a los hidalgüelos prusianos, aquí tenemos exactamente lo contrario. El señor Marx demuestra expresamente la necesidad histórica del modo de producción capitalista, como él llama a la fase social actual, y en la misma medida la superfluidad de los hidalgos terratenientes, que no hacen más que consumir. Si Lassalle se hacía grandes ilusiones sobre la vocación de Bismarck para implantar el reino milenario socialista, el señor Marx desautoriza con bastante claridad a su discípulo malogrado. No solo ha declarado expresamente que no tiene nada que ver con ningún «socialismo gubernamental real prusiano»,[^1] sino que dice además sin rodeos, en las páginas 762 y siguientes, que el sistema que hoy domina en Francia y en Prusia acarreará en breve plazo el dominio del knut ruso sobre Europa si no se le pone freno a tiempo.[^2]

Observamos por último que en lo que antecede solo hemos podido atender a los rasgos principales de este grueso volumen; en los detalles habría aún muchas cosas que señalar, pero hemos de pasarlas aquí por alto. Para eso hay, por lo demás, revistas especializadas de sobra, que sin duda se ocuparán de esta publicación, en todo caso muy notable.

[^1]: En la declaración de Marx y Engels de febrero de 1865 sobre su ruptura con el *Social-Demokrat* lassalleano, que remitía a su opinión sobre el «socialismo gubernamental real prusiano».

[^2]: Alusión a una nota de la primera edición de *El capital*, suprimida en las siguientes, en la que Marx advertía, a propósito de Herzen, que si la producción capitalista seguía desarrollándose en el continente europeo como hasta entonces podría cumplirse la profecía de un «rejuvenecimiento» de Europa por el knut ruso.
