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Title: Sinopsis de El capital de Karl Marx. Libro primero (1868)
Description: Resumen de Engels, capítulo por capítulo, del libro primero de El capital según la primera edición de 1867: de la mercancía y el dinero a la plusvalía absoluta y relativa, la cooperación, la manufactura y la gran industria; una guía de lectura del propio Engels.
Author: Friedrich Engels
Date: 1868
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1868%20Sinopsis%20de%20El%20capital%20de%20Karl%20Marx.%20Libro%20primero
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*Escrito por Friedrich Engels en 1868 y no publicado en vida de su autor. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 16 (Berlín, 1962, pp. 245-287), que sigue el manuscrito, sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las referencias de página remiten a la primera edición alemana del libro primero de* El capital* (Hamburgo, 1867). Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1868%20Konspekt%20%C3%BCber%20Das%20Kapital%20von%20Karl%20Marx.%20Erster%20Band).*

**Libro primero. El proceso de producción del capital**

## Capítulo primero. Mercancía y dinero

### I. La mercancía en sí

La riqueza de las sociedades en que domina la producción capitalista consiste en *mercancías*. La mercancía es una cosa que tiene *valor de uso*; este existe en todas las formas de sociedad, pero en la sociedad capitalista el valor de uso es a la vez el soporte material del *valor de cambio*.

El valor de cambio presupone un *tertium comparationis*[^1] con el que se mide: el trabajo, la sustancia social común de los valores de cambio, y precisamente el tiempo de trabajo socialmente necesario que se ha objetivado en él.

Así como la mercancía es algo doble —valor de uso y valor de cambio—, así también el trabajo contenido en ella está determinado de dos maneras: por un lado, como actividad *productiva determinada*, trabajo de tejedor, de sastre, etc., etc., *«trabajo útil»*; por otro, como *simple gasto de fuerza de trabajo humana*, *trabajo abstracto depositado*. El primero produce valor de uso; el segundo, valor de cambio; solo este es comparable cuantitativamente (las distinciones entre trabajo cualificado y no cualificado,[^2] compuesto y simple, lo confirman).

La sustancia del valor de cambio es, pues, el trabajo abstracto; su magnitud, la medida temporal de este. Queda por examinar la forma del valor de cambio.

1. x mercancía a = y mercancía b; el valor de una mercancía expresado en el valor de uso de otra es su *valor relativo*. La expresión de la equivalencia de dos mercancías es la forma simple del valor relativo. En la ecuación anterior, *y mercancía b es el equivalente*. En ella *x mercancía a* recibe su forma de valor por oposición a su forma natural, mientras que *y mercancía b* recibe a la vez la propiedad de la intercambiabilidad inmediata, incluso en su forma natural. El valor de cambio ha sido impreso en la mercancía, sobre su valor de uso, por determinadas relaciones históricas. Por eso no puede expresarlo en su propio valor de uso, sino solo en el valor de uso de otra mercancía. Solo al equiparar dos productos concretos del trabajo sale a la luz la propiedad del trabajo concreto contenido en ambos como trabajo humano abstracto; es decir, una mercancía no puede comportarse con el trabajo concreto contenido en ella misma, pero sí con el contenido en otras clases de mercancías, como simple forma de realización del trabajo abstracto.

La ecuación x mercancía a = y mercancía b implica necesariamente que x mercancía a puede expresarse también en otras mercancías, o sea:

2. x mercancía a = y mercancía b = z mercancía c = v mercancía d = u mercancía e = etc., etc., etc. Esta es la forma relativa de valor *desplegada*. Aquí x mercancía a ya no se refiere a una sola mercancía, sino a *todas* las mercancías, como simples formas de manifestación del trabajo representado en ella misma. Pero, por simple inversión, conduce a

3. la segunda forma del valor relativo, invertida:

y mercancía b = x mercancía a  
v mercancía c = x mercancía a  
u mercancía d = x mercancía a  
t mercancía e = x mercancía a  
etc., etc.

Aquí las mercancías reciben la *forma relativa general de valor*, en la que todas ellas hacen abstracción de su valor de uso y se equiparan, como materialización de trabajo abstracto, en *x mercancía a*. x mercancía a es la forma genérica del equivalente para todas las demás mercancías, es su *equivalente general*; el trabajo materializado en ella vale sin más como realización del trabajo abstracto, como trabajo general. Ahora bien,

4. *cualquier* mercancía de la serie puede asumir el papel de equivalente general, pero *al mismo tiempo* solo una de ellas, pues si todas las mercancías fueran equivalentes generales, cada una excluiría a las demás de ese papel. La forma 3 no la establece x mercancía a, sino las demás mercancías, objetivamente. Así pues, una mercancía determinada tiene que asumir ese papel —por un tiempo, puede cambiar—, y solo así llega la mercancía a ser plenamente mercancía. Esta mercancía particular, con cuya forma natural se funde la forma de equivalente general, es el *dinero*.

La *dificultad* de la *mercancía* reside en que, como todas las categorías del modo de producción capitalista, representa una relación personal bajo una envoltura material. Los productores relacionan entre sí sus diferentes trabajos como trabajo humano general al relacionar entre sí sus productos como *mercancías*; sin esta mediación de la cosa no lo consiguen. La relación entre las *personas* aparece, pues, como relación entre las *cosas*.

Para una sociedad en la que predomina la producción de mercancías, la religión adecuada es el cristianismo, y en especial el protestantismo.

### II. El proceso de intercambio de la mercancía

La mercancía demuestra que es mercancía en el intercambio. Los poseedores de dos mercancías tienen que tener la voluntad de intercambiar sus respectivas mercancías y, por tanto, reconocerse mutuamente como *propietarios privados*. Esta relación jurídica, cuya forma es el contrato, no es más que la relación de voluntades en la que se refleja la relación económica. Su *contenido* está dado por la propia relación económica. P. 45.[^3]

La mercancía es valor de uso para quien no la posee y no-valor de uso para su poseedor. De ahí la necesidad del intercambio. Pero cada poseedor de mercancías quiere obtener a cambio valores de uso específicos, que necesita; en esa medida el intercambio es un proceso individual. Por otra parte, quiere realizar su mercancía como valor, es decir, en cualquier otra mercancía, sea o no *su* mercancía valor de uso para el poseedor de la otra. En esa medida el intercambio es para él un proceso social general. Pero el mismo proceso no puede ser a la vez individual y social general para todos los poseedores de mercancías. Para cada poseedor de mercancías, *su* mercancía vale como equivalente general, y todas las demás como otros tantos equivalentes particulares de ella. Como *todos* los poseedores de mercancías hacen lo mismo, *ninguna* mercancía es equivalente general y, por tanto, ninguna mercancía tiene tampoco una forma relativa general de valor en la que se equiparen como valores y se comparen como magnitudes de valor. Por eso no se enfrentan en absoluto como mercancías, sino solo como productos. P. 47.

Las mercancías solo pueden relacionarse entre sí como valores, y por tanto como mercancías, relacionándose por oposición con alguna otra mercancía como equivalente general. Pero solo *la acción social puede hacer de una mercancía determinada el equivalente general: el dinero*.

La contradicción inmanente de la mercancía como unidad inmediata de valor de uso y valor de cambio, como producto de un trabajo privado útil… y como materialización social inmediata de trabajo humano abstracto, esta contradicción no descansa ni para hasta que se configura en el desdoblamiento de la mercancía en mercancía y dinero. P. 48.

Como todas las demás mercancías no son más que equivalentes particulares del dinero, y el dinero su equivalente general, se comportan como mercancías *particulares* respecto del dinero como mercancía general. P. 51. El proceso de intercambio da a la mercancía que convierte en dinero no su *valor*, sino su *forma* de valor. P. 51. Fetichismo: una mercancía no parece llegar a ser dinero porque las demás mercancías representen en ella sus valores por todas partes, sino que, a la inversa, estas parecen representar sus valores en ella porque es *dinero*.

### III. El dinero o la circulación de mercancías

#### A. Medida de los valores (se supone que el oro es el dinero)

El dinero como medida de valor es *forma de manifestación* necesaria de la medida de valor *inmanente* de las mercancías, el *tiempo de trabajo*. La expresión relativa simple del valor de las mercancías en dinero, x mercancía a = y dinero, es su precio. P. 55.

El precio de la mercancía, su forma dinero, se expresa en dinero *imaginado*; el dinero solo es, pues, *medida de los valores* como dinero ideal. P. 57.

Una vez realizada la transformación del valor en precio, se hace técnicamente necesario desarrollar la medida de los valores hasta el *patrón de los precios*; es decir, se fija una cantidad de oro *con la que se miden diferentes cantidades de oro*. Esto es completamente distinto de la medida de los valores, que depende a su vez del valor del oro, mientras que este es indiferente para el patrón de los precios. P. 59.

Representados los precios en los nombres de cuenta del oro, el dinero sirve de *dinero de cuenta*.

Si el precio, como exponente de la magnitud de valor de la mercancía, es exponente de su relación de intercambio con el dinero, no se sigue a la inversa que el exponente de su relación de intercambio con el dinero sea *necesariamente* el exponente de su magnitud de valor. Supongamos que las circunstancias permiten u obligan a vender una mercancía por encima o por debajo de su valor; esos precios de venta no corresponden entonces a su valor, pero son, sin embargo, *precios* de la mercancía, pues son 1) su forma de valor, dinero, y 2) exponentes de su relación de intercambio con el dinero.

La posibilidad de una incongruencia cuantitativa entre precio y magnitud de valor está, pues, *dada en la propia forma precio*. No es un defecto de esta forma, sino que, al contrario, la convierte en la forma adecuada de un modo de producción en el que la regla solo puede imponerse como ley media, que actúa ciegamente, de la falta de regla. Pero la forma precio puede albergar también… una contradicción cualitativa, de modo que el precio deje de ser en absoluto expresión de valor… La conciencia, el honor, etc., pueden… adquirir la forma de mercancía por su precio. P. 61.

La medición de los valores en dinero, la forma precio, implica la necesidad de la enajenación; la fijación ideal del precio, la real. De ahí la circulación.

#### B. El medio de circulación

##### a) La metamorfosis de las mercancías

Forma simple: W - G - W,[^4] cuyo contenido material es = W - W. Se entrega valor de cambio y se apropia valor de uso.

α) Primera fase: W - G = venta, para la que hacen falta dos, y por tanto la posibilidad del fracaso, o de la venta por debajo del valor o incluso por debajo de los costes de producción, si cambia el valor social de la mercancía. «La división del trabajo transforma el producto del trabajo en mercancía y hace así *necesaria* su transformación en dinero. Al mismo tiempo hace *fortuito* que esa transustanciación se logre.» P. 67. Pero aquí hay que considerar el fenómeno en estado puro. W - G presupone en el poseedor de G (si no es productor de oro) que antes ha cambiado su G por otra W: para el *comprador* no es, pues, solo lo inverso, = G - W, sino que presupone en él una venta anterior, y así sucesivamente, de modo que nos encontramos en una serie infinita de compras y ventas.

β) Lo mismo ocurre en la segunda fase, G - W, *compra*, que es al mismo tiempo venta para el otro participante.

γ) El proceso total es, pues, un ciclo de compras y ventas. *Circulación de mercancías*. Esta es completamente distinta del intercambio directo de productos; en primer lugar, se rompen las barreras individuales y locales del intercambio directo de productos y se media el metabolismo del trabajo humano; por otra parte, aquí se muestra ya que todo el proceso está condicionado por relaciones sociales naturales independientes de los agentes. P. 72. El intercambio simple se extinguía en el acto de intercambio único en el que cada uno cambia no-valor de uso por valor de uso; la circulación avanza sin fin.

P. 73. Aquí aparece el falso dogma económico: *la circulación de mercancías implicaría un equilibrio necesario de compras y ventas, porque toda compra es también venta, y viceversa; con lo que se quiere decir que todo vendedor trae también al mercado a su comprador*. 1. La compra y la venta son, por una parte, un acto idéntico de dos personas polarmente opuestas y, por otra, dos actos polarmente opuestos de una sola persona. La identidad de la compra y la venta implica, por tanto, que la mercancía es inútil si no se vende, e igualmente que este caso *puede* darse. 2. W - G, como proceso parcial, es al mismo tiempo un proceso independiente e implica que quien adquiere el G puede escoger el momento en que vuelve a transformar ese G en W. Puede *esperar*. La unidad interna de los procesos independientes W - G y G - W se mueve, precisamente a causa de la independencia de estos procesos, en contradicciones externas, y cuando la autonomización de estos procesos dependientes alcanza cierto límite, *la unidad se impone por medio de una crisis*. Su *posibilidad* está, pues, dada ya aquí.

Como mediador de la circulación de mercancías, el dinero es *medio de circulación*.

##### b) El curso del dinero

El dinero media para cada mercancía individual la entrada en la circulación y la salida de ella; él mismo permanece siempre dentro. Por eso, aunque no es más que *expresión* de la circulación de mercancías, la circulación de mercancías *aparece* como resultado de la circulación del dinero. Como el dinero permanece siempre en la esfera de la circulación, se plantea la cuestión de *cuánto* dinero hay en ella.

La masa del dinero circulante está determinada por la *suma de los precios* de las mercancías (si el valor del dinero se mantiene igual), y esta por la *masa de mercancías* que se encuentra en la circulación. Dada esta masa de mercancías, la masa de dinero circulante fluctúa con las *oscilaciones* de precio de las mercancías. Como una misma pieza de dinero media siempre, en un tiempo dado, una serie de negocios sucesivos, para un período dado (suma de los precios de las mercancías)/(número de vueltas de una misma pieza de dinero) = masa del dinero que funciona como medio de circulación. P. 80.

Por eso el papel moneda puede desplazar al dinero de oro si se lanza a una circulación saturada.

Como en el curso del dinero solo *aparece* el proceso de circulación de las mercancías, en su velocidad aparece también la de su cambio de forma; en su estancamiento, la separación de la compra y la venta, el estancamiento del metabolismo social. De dónde nace este estancamiento no puede verse, naturalmente, en la *circulación*, que solo muestra el fenómeno mismo. El filisteo se lo explica por la falta de cantidad de medios de circulación. P. 81.

Ergo: 1. Con precios de las mercancías constantes, la masa de dinero circulante aumenta si aumenta la masa de mercancías circulantes o si el curso del dinero se hace más lento; y disminuye en el caso inverso.

2. Con una subida general de los precios de las mercancías, la masa de dinero circulante sigue siendo la misma si la masa de mercancías disminuye o si la velocidad de circulación aumenta en la misma proporción.

3. Con una baja general de los precios de las mercancías, lo inverso de 2.

En general resulta una media bastante constante, que solo sufre desviaciones importantes casi únicamente por las *crisis*.

##### c) La moneda. El signo de valor

El patrón de los precios lo fija el Estado; también la designación del nombre de la pieza de oro determinada —la moneda— y su fabricación. En el mercado mundial se vuelve a quitar el respectivo uniforme nacional (aquí se hace abstracción de los derechos de acuñación), de modo que la moneda y la barra solo se diferencian por la forma. Pero *la moneda* se desgasta en la circulación; el oro como medio de circulación se aparta del oro como patrón de los precios; la moneda se convierte cada vez más en *símbolo* de su contenido oficial.

Con ello se da en estado latente la posibilidad de sustituir el dinero metálico por fichas o símbolos. De ahí: 1. La moneda fraccionaria de fichas de cobre o de plata, cuyo asentamiento frente al dinero real de oro se impide limitando la cantidad en que son de curso legal (*legal tender*). Su contenido lo determina la ley de manera puramente arbitraria, y su función monetaria se vuelve así independiente de su valor. De ahí que sea posible avanzar hacia signos *completamente sin valor*. 2. El *papel moneda*, es decir, el *papel moneda del Estado de curso forzoso* (el dinero de crédito no hay que tratarlo todavía aquí). En la medida en que este papel moneda circula realmente en lugar del dinero de oro, está sometido a las leyes de la circulación del oro. Solo la proporción en que el papel sustituye al oro puede ser objeto de una ley especial, y es esta: que la emisión de papel moneda ha de limitarse a la cantidad en que tendría que circular realmente el oro representado por él. El grado de saturación de la circulación oscila, ciertamente, pero en todas partes se establece por la experiencia un mínimo por debajo del cual nunca cae. Ese mínimo puede emitirse. Por encima de él, al bajar el grado de saturación hasta el mínimo, una parte se vuelve inmediatamente sobrante. En tal caso, la cantidad total de papel, dentro del mundo de las mercancías, sigue representando únicamente la cantidad de oro determinada por sus leyes inmanentes, y por tanto la única que puede representar. Así, si la masa de papel es el doble de la masa de oro absorbida, cada trozo de papel se deprecia a la mitad de su valor nominal. Exactamente como si el oro hubiera cambiado de valor en su función de medida de los precios. P. 89.

#### C. Dinero

##### a) El atesoramiento

Con el primer desarrollo de la propia circulación de mercancías se desarrollan la necesidad y la pasión de retener el producto de W - G, el G; de simple mediación del metabolismo, su cambio de forma se convierte en fin en sí mismo. El dinero se petrifica en tesoro, el vendedor de mercancías se convierte en atesorador. P. 91. Esta forma predomina precisamente en los comienzos de la circulación de mercancías. Asia. Con el desarrollo ulterior de la circulación de mercancías, todo productor de mercancías tiene que asegurarse el *nervus rerum*,[^5] la prenda social: G. Así surgen por todas partes tesoros (*hoards*). El desarrollo de la circulación de mercancías aumenta el poder del dinero, la forma absolutamente social de la riqueza, siempre dispuesta para el combate. P. 92. El impulso al atesoramiento no tiene por naturaleza límites. Cualitativamente, o por su forma, el dinero no tiene límites, es decir, es representante general de la riqueza material, porque es inmediatamente convertible en cualquier mercancía. Pero cuantitativamente toda suma real de dinero es limitada y, por tanto, solo un medio de compra de eficacia limitada. Esta contradicción empuja una y otra vez al atesoramiento al trabajo de Sísifo de la acumulación.

Junto a ello, la acumulación de oro y plata en objetos de plata (*plate*), que es a la vez un nuevo mercado para estos metales y una fuente latente de dinero.

El atesoramiento sirve de *canal de salida y de entrada del dinero circulante* en las constantes oscilaciones del grado de saturación de la circulación.

##### b) Medio de pago

Con el desarrollo de la circulación de mercancías aparecen nuevas relaciones: la enajenación de la mercancía puede separarse en el tiempo de la realización de su precio. Las mercancías requieren diferentes tiempos para su producción, se producen en distintas estaciones del año, algunas tienen que enviarse a mercados lejanos, etc. A puede ser, por tanto, vendedor antes de que B, el comprador, pueda pagar. La práctica regula así las condiciones de pago: A se convierte en *acreedor*, B en *deudor*, el dinero en *medio de pago*. La relación entre *acreedor* y *deudor* se vuelve, pues, todavía más *antagónica*. (Puede aparecer también independientemente de la circulación de mercancías, por ejemplo en la Antigüedad y en la Edad Media.) P. 97.

En esta relación el dinero funciona: 1, como medida de valor en la determinación del precio de la mercancía vendida; 2, como medio de compra ideal. En el tesoro, el G era *sustraído* a la circulación; aquí, en el medio de pago, el G entra en la circulación, pero solo después de que W ha salido de ella. El comprador endeudado vende para poder *pagar*, o se le embargan los bienes y se subastan. G se convierte ahora en *fin en sí mismo de la venta*, por una necesidad social que nace de las relaciones del propio proceso de circulación. P. 97, 98.

La falta de simultaneidad de las compras y las ventas, que suscita la función del dinero como medio de pago, produce al mismo tiempo una economía de los medios de circulación: la concentración de los pagos en un lugar determinado; las compensaciones (*virements*) de *Lyon* en la Edad Media, una especie de *clearing house*, donde solo se pagaba el saldo de los créditos recíprocos. P. 98.

En la medida en que los pagos se compensan, el dinero solo funciona idealmente como *dinero de cuenta* o medida de los valores. En la medida en que hay que efectuar pagos reales, no aparece como medio de circulación, como forma solo evanescente y mediadora del metabolismo, sino como la encarnación individual del trabajo social, como existencia independiente del valor de cambio, como *mercancía absoluta*. Esta *contradicción no mediada* estalla en el momento de las crisis de producción y comerciales que se *llama crisis monetaria*. Solo se produce allí donde están plenamente desarrolladas la cadena progresiva de los pagos y un sistema artificial de compensación. Con perturbaciones más generales de este mecanismo, vengan de donde vengan, el dinero salta de golpe y sin mediación de la figura puramente ideal del *dinero de cuenta al dinero contante*; las mercancías profanas ya no pueden sustituirlo. P. 99.

El *dinero de crédito* nace de la función del dinero como medio de pago; los certificados de deuda circulan a su vez para transferir los créditos. Con el sistema de crédito se amplía de nuevo la función del dinero como medio de pago; como tal recibe formas de existencia propias, con las que habita la esfera de las grandes transacciones comerciales, mientras que la moneda queda relegada principalmente a la esfera del comercio al por menor. P. 101.

A cierto nivel y cierta amplitud de la producción de mercancías, la función del dinero como medio de pago desborda la esfera de la circulación de mercancías: se convierte en *mercancía general de los contratos*. *Las rentas, los impuestos, etc., dejan de ser entregas en especie y se convierten en pagos en dinero*. Compárese Francia bajo Luis XIV (Boisguillebert y Vauban),[^6] y, por el contrario, Asia, Turquía, Japón, etc. P. 102.

El desarrollo del dinero como medio de pago exige acumular dinero para los vencimientos: el atesoramiento, que desaparece como forma independiente de enriquecimiento con el desarrollo social ulterior, reaparece como fondo de reserva de los medios de pago. P. 103.

##### c) El dinero mundial

En el tráfico mundial se despojan las formas locales de moneda, moneda fraccionaria y signo de valor, y solo vale como *dinero mundial* la forma de barra del dinero. *Solo en el mercado mundial funciona el dinero en toda su extensión como la mercancía cuya forma natural es al mismo tiempo forma inmediatamente social de realización del trabajo humano in abstracto*. Su modo de existencia se vuelve adecuado a su concepto. P. 104 (detalles en la 105).

## Capítulo segundo. Transformación del dinero en capital

### 1. Fórmula general del capital

La circulación de mercancías es el punto de partida del capital; la producción de mercancías, la circulación de mercancías y su desarrollo, el comercio, son por eso en todas partes los supuestos históricos bajo los que surge el capital. De la creación del comercio mundial y del mercado mundial modernos en el siglo XVI data la historia moderna del capital. P. 106.

Si solo se consideran las formas económicas que engendra la circulación de mercancías, su último producto es el dinero, y este es la *primera forma de manifestación del capital*. Históricamente, el capital se enfrenta siempre a la propiedad de la tierra, en primer lugar, como *fortuna en dinero*, capital comercial o capital usurario, y todavía hoy todo capital nuevo entra en escena bajo la figura de *dinero*, que ha de transformarse en capital mediante determinados procesos.

El dinero como dinero y el dinero como capital solo se distinguen al principio por su diferente *forma de circulación*. Junto a W - G - W se da también la forma G - W - G: comprar para vender. El dinero que describe en su movimiento esta forma de circulación se convierte en capital, es ya en sí (es decir, por su determinación) capital.

El resultado de G - W - G es G - G, intercambio indirecto de dinero por dinero. Compro algodón por 100 libras esterlinas y lo vendo por 110, y al final he cambiado 100 libras esterlinas por 110, dinero por dinero.

Si este proceso diera como resultado el mismo valor en dinero que se lanzó originalmente a él, 100 libras esterlinas a partir de 100 libras esterlinas, sería absurdo. Pero, tanto si el comerciante realiza con sus 100 libras esterlinas 100, 110 o solo 50, su dinero ha descrito un movimiento peculiar, completamente distinto del de la circulación de mercancías W - G - W. Del examen de las diferencias formales de este movimiento respecto de W - G - W resultará también la diferencia de contenido.

Las dos fases del proceso son cada una la misma que en W - G - W. Pero en el curso total hay una gran diferencia. En W - G - W el dinero es el mediador y la mercancía el punto de partida y de llegada; aquí *W* es el mediador y G el punto de partida y de llegada. En W - G - W el dinero se gasta definitivamente; en G - W - G solo se *adelanta*: ha de recuperarse. *Refluye a su punto de partida*; aquí hay ya, pues, una diferencia perceptible por los sentidos entre la circulación del dinero como dinero y la del dinero como capital.

En W - G - W el dinero solo puede refluir a su punto de partida mediante la *repetición del proceso total*, mediante la venta de mercancías *nuevas*; el reflujo es, pues, independiente del proceso mismo. En cambio, en G - W - G está condicionado de antemano por la disposición del proceso, que queda incompleto si no lo logra. P. 110.

W - G - W tiene como fin último el valor de uso; G - W - G, el *valor de cambio mismo*.

En W - G - W los dos extremos tienen la misma determinación formal económica. Ambos son *mercancías* y de *igual magnitud de valor*. Pero son al mismo tiempo valores de uso cualitativamente distintos, y el proceso tiene por contenido el metabolismo social. En G - W - G la operación parece a primera vista tautológica, vacía de contenido. Cambiar 100 libras esterlinas por 100 libras esterlinas, y encima dando un rodeo, parece absurdo. Una suma de dinero solo puede distinguirse de otra por su *magnitud*; G - W - G solo recibe, pues, su contenido de la *diferencia cuantitativa* de los extremos. Se saca de la circulación más dinero del que se había lanzado a ella. El algodón comprado por 100 libras esterlinas se vende, por ejemplo, por 100 + 10 libras esterlinas; el proceso recibe, pues, la fórmula G - W - G', donde G' = G + ΔG. Este ΔG, *este incremento, es* **plusvalía**. El valor adelantado originalmente no solo se *conserva* en la circulación, sino que se añade una plusvalía, *se valoriza*, y *este movimiento* **transforma el dinero en capital**.

En W - G - W puede haber también, desde luego, diferencia de valor entre los extremos, pero es puramente fortuita para esta forma de circulación, y W - G - W no se vuelve absurda si los extremos son de igual valor; al contrario, esa es más bien la condición de su curso normal.

La repetición de W - G - W encuentra su medida y su meta en un fin último situado fuera de ella: el consumo, la satisfacción de determinadas necesidades. En G - W - G, en cambio, el principio y el fin son lo mismo, dinero, y ya por eso el movimiento es interminable. Es cierto que G + ΔG es una cantidad distinta de G, pero no es tampoco más que una suma de dinero *limitada*; si se gastara, dejaría de ser capital; si se retirara de la circulación, se quedaría inmóvil como tesoro. Una vez dada la necesidad de la valorización del valor, existe tanto para G' como para G, y el movimiento del capital es desmesurado, porque su meta está tan lejos de alcanzarse al final del proceso como al principio. P. 111-113. Como soporte de este proceso, el poseedor de dinero se convierte en *capitalista*.

Si en la circulación de mercancías el valor de cambio, a lo sumo, madura hasta convertirse en forma independiente frente al valor de uso de la mercancía, aquí *se presenta de pronto como una sustancia en proceso, que se mueve por sí misma, para la cual la mercancía y el dinero son meras formas*. *Más aún: se distingue a sí mismo, como valor originario, de sí mismo como plusvalía.* Se convierte en dinero en proceso y, como tal, en capital. P. 116.

G - W - G' parece ser, ciertamente, una forma propia solo del capital comercial. Pero también el capital industrial es dinero que se transforma en mercancía y, mediante su venta, se vuelve a transformar en más dinero. Los actos que tengan lugar *quizá entre la compra y la venta*, *fuera de la esfera de la circulación*, no cambian nada en esto. Por último, en el capital que rinde interés el proceso se presenta sin mediación, G - G', valor que es, por así decir, mayor que él mismo. P. 117.

### II. Contradicciones de la fórmula general

La forma de circulación por la que el dinero se convierte en capital contradice todas las leyes expuestas hasta ahora sobre la naturaleza de la mercancía, del valor, del dinero y de la propia circulación. ¿Puede producir esto la diferencia puramente formal del orden inverso?

Más aún. Esta inversión solo existe para una de las tres personas que actúan. Yo, como capitalista, compro mercancía a A y se la vuelvo a vender a B; A y B solo aparecen como simples compradores y vendedores de mercancías. En cada uno de los dos casos solo me enfrento a ellos como simple poseedor de dinero o de mercancía, al uno como comprador o dinero, al otro como vendedor o mercancía, pero a ninguno como capitalista, o como representante de algo que sea más que dinero o mercancía. Para A el negocio empezó con una *venta*; para B terminó con una *compra*, exactamente igual que en la circulación de mercancías. Además, si yo basara el derecho a la plusvalía en el orden inverso, A podría vender *directamente* a B, y la ocasión de la plusvalía desaparecería.

Supongamos que A y B se compran mercancías directamente. En lo que se refiere al *valor de uso*, *ambos* pueden ganar; A puede incluso producir más de su mercancía que B en el mismo tiempo, y viceversa, con lo que de nuevo ganan los dos. Pero otra cosa ocurre con el *valor de cambio*. Aquí se intercambian *magnitudes de valor iguales*, incluso si el dinero se interpone como medio de circulación. P. 119.

Considerada en abstracto, en la circulación simple de mercancías no ocurre, además de la sustitución de un valor de uso por otro, más que un *cambio de forma* de la mercancía. En la medida en que solo implica un cambio de forma de su valor de cambio, implica, si el fenómeno transcurre en estado *puro*, *intercambio de equivalentes*. Las mercancías pueden venderse, desde luego, a precios que se aparten de sus valores, pero solo si se viola la ley del intercambio de mercancías. En su forma pura este es un intercambio de equivalentes y, por tanto, no un medio de enriquecerse. P. 120.

De ahí el error de todos los intentos de derivar la plusvalía de la circulación de mercancías. Condillac, p. 121; Newman, p. 122.

Pero supongamos que el intercambio no transcurre en estado puro, *que se intercambian no-equivalentes*. Supongamos que cada vendedor vende sus mercancías un 10 % por encima de su valor. Si todo lo demás sigue igual, lo que cada uno gana como vendedor lo vuelve a perder como comprador. Exactamente como si el valor del dinero hubiera variado en un 10 %. Lo mismo si los *compradores* lo compraran todo un 10 % *por debajo* del valor. P. 123 (Torrens).

El supuesto de que la plusvalía nace de un recargo sobre los precios presupone que existe una clase que *compra sin vender*, es decir, que **consume sin producir**, a la que le fluye constantemente dinero *gratis*. Venderle a esta clase las mercancías por encima de su valor solo significa recuperar con engaño una parte del dinero entregado gratis. (Asia Menor y Roma.)[^7] Con ello el vendedor sigue siendo siempre el engañado y no puede hacerse más rico con ello, formar plusvalía.

Supongamos el caso del **engaño**. A vende a B vino por valor de 40 libras esterlinas a cambio de trigo por valor de 50. A ha ganado 10. Pero A y B juntos no tienen más que 90: A tiene 50 y B ya solo 40. Se ha transferido valor, pero no se ha *creado*. La totalidad de la clase capitalista de un país no puede engañarse a sí misma. P. 126.

Así pues: si se intercambian equivalentes, no surge plusvalía, y si se intercambian no-equivalentes, tampoco surge plusvalía. La circulación de mercancías no crea ningún valor nuevo.

Por eso quedan aquí sin considerar las formas más antiguas y populares del capital, el capital comercial y el usurario. Si la valorización del capital comercial no ha de explicarse por el simple engaño, hacen falta para ello muchos eslabones intermedios que aquí faltan todavía. Más aún en el caso del capital usurario y del que rinde interés. Más adelante se mostrarán ambos como formas derivadas, y también por qué aparecen históricamente antes del capital moderno.

La plusvalía no puede, pues, nacer de la circulación. ¿Y fuera de ella? Fuera de ella, el poseedor de mercancías es simple productor de su mercancía, cuyo valor depende de la magnitud de su propio trabajo contenido en ella, medida según una ley social determinada; este valor se expresa en dinero de cuenta, por ejemplo en un precio de 10. Pero este valor no es al mismo tiempo un valor de 11 libras esterlinas; su trabajo crea valores, pero no valores que se valorizan. Puede añadir más valor a un valor existente, pero eso solo ocurre añadiendo más trabajo. Así pues, el productor de mercancías, *fuera de la esfera de la circulación*, sin entrar en contacto con otros poseedores de mercancías, *no puede producir plusvalía*.

El capital tiene, por tanto, que nacer **en** la circulación de mercancías y al mismo tiempo **no** en ella. P. 128.

Así pues: la transformación del dinero en capital ha de desarrollarse sobre la base de las leyes inmanentes al intercambio de mercancías, de modo que el intercambio de equivalentes valga como punto de partida. Nuestro poseedor de dinero, que todavía no existe más que como oruga de capitalista, tiene que comprar las mercancías por su valor, venderlas por su valor y, sin embargo, al final del proceso sacar más valor del que puso. Su transformación en mariposa tiene que producirse en la esfera de la circulación y no tiene que producirse en ella. Estas son las condiciones del problema. *Hic Rhodus, hic salta!*[^8] P. 129.

### III. Compra y venta de la fuerza de trabajo

El cambio de valor del dinero que ha de transformarse en capital no puede producirse en el dinero mismo, ya que en la compra este solo realiza el precio de la mercancía y, por otra parte, mientras *sigue siendo dinero*, no cambia su magnitud de valor; y en la venta, igualmente, no hace más que transformar la mercancía de su forma natural en su forma dinero. El cambio tiene que producirse, pues, en la *mercancía* de G - W - G; pero no en su valor de cambio, ya que se intercambian equivalentes, sino que solo puede nacer de su *valor de uso como tal*, es decir, de su consumo. Para ello hace falta una mercancía *cuyo valor de uso tenga la propiedad* *de ser fuente de valor de cambio*, y esa mercancía existe: **la fuerza de trabajo**. P. 130.

Pero para que el poseedor de dinero encuentre en el mercado la fuerza de trabajo como mercancía, esta tiene que ser vendida por su propio poseedor, y por tanto ser fuerza de trabajo **libre**. Como ambos, comprador y vendedor, son en cuanto contratantes personas *jurídicamente iguales*, la fuerza de trabajo solo puede *venderse* por un tiempo, ya que si se vendiera en bloque el vendedor dejaría de ser vendedor y se convertiría él mismo en mercancía. Pero entonces el poseedor, en lugar de poder vender *mercancías* en las que esté objetivado su trabajo, tiene que encontrarse más bien en la situación de tener que vender **su propia fuerza de trabajo como mercancía**. P. 131.

Para la transformación del dinero en capital, el poseedor de dinero tiene, pues, que encontrar en el mercado de mercancías al obrero *libre*, libre en el doble sentido de que, como persona libre, dispone de su fuerza de trabajo como de *su* mercancía, y de que, por otra parte, no tiene otras mercancías que vender, está suelto y libre, libre de todas las *cosas* necesarias para realizar su fuerza de trabajo. P. 132.

Dicho sea de paso, la relación entre el poseedor de dinero y el poseedor de fuerza de trabajo no es una relación natural ni una relación social común a todas las épocas, sino una relación histórica, producto de muchas revoluciones económicas. También las categorías económicas consideradas hasta aquí llevan así su sello histórico. Para convertirse en mercancía, el producto ya no puede producirse como medio de subsistencia inmediato. La masa de los productos solo puede adoptar la forma de mercancía *dentro de un modo de producción determinado*, *el capitalista*, aunque la producción y la circulación de mercancías pueden darse ya allí donde la masa de los productos nunca llega a ser mercancía. Del mismo modo, el dinero puede existir en todos los períodos que han alcanzado cierto nivel de circulación de mercancías; las formas particulares del dinero, desde el simple equivalente hasta el dinero mundial, suponen distintas fases de desarrollo, y sin embargo una circulación de mercancías muy poco desarrollada puede producirlas todas. El *capital*, en cambio, solo surge bajo la condición mencionada, y esta sola condición encierra una historia universal. P. 133.

La fuerza de trabajo tiene un valor de cambio que se determina como el de todas las demás mercancías: por el tiempo de trabajo necesario para su producción, y por tanto también para su reproducción. El valor de la fuerza de trabajo es el valor de los medios de subsistencia necesarios para mantener a su poseedor, y precisamente para mantenerlo en su capacidad normal de trabajo. Esta se rige por el *clima*, por las *condiciones naturales*, etc., así como por el nivel de vida (*standard of life*) históricamente dado en cada país. Estos varían, pero para un país determinado y para una época determinada están *dados*. Además, incluye los medios de subsistencia de los *sustitutos*, es decir, de los hijos, de modo que la raza de estos peculiares poseedores de mercancías se perpetúe. Además, en el caso del trabajo cualificado, los costes de *formación*. P. 135.

El límite mínimo del valor de la fuerza de trabajo es el valor de los *medios de subsistencia físicamente imprescindibles*. Si el precio de la fuerza de trabajo baja a ese mínimo, cae por debajo de su valor, ya que este presupone una calidad *normal* de la fuerza de trabajo, no atrofiada. P. 136.

La naturaleza del trabajo implica que la fuerza de trabajo solo se consume *después* de cerrado el contrato, y como en tales mercancías el dinero es casi siempre *medio de pago*, en todos los países de modo de producción capitalista solo se paga después de haberse *prestado*. En todas partes, pues, *el obrero da crédito al capitalista*. P. 137, 138.

El proceso de consumo de la fuerza de trabajo es al mismo tiempo *el proceso de producción de mercancía y de plusvalía*, y este consumo se realiza fuera de la esfera de la circulación. P. 140.

## Capítulo tercero. Producción de la plusvalía absoluta

### I. Proceso de trabajo y proceso de valorización

El comprador de la fuerza de trabajo la consume haciendo trabajar al vendedor. Este trabajo, para representarse en mercancía, se representa ante todo en valores de uso, y en esta cualidad es independiente de la relación específica entre capitalista y obrero… Descripción del proceso de trabajo como tal. P. 141-149.

El proceso de trabajo, sobre base capitalista, tiene dos peculiaridades: 1) el obrero trabaja bajo el control del capitalista; 2) el producto es propiedad del capitalista, ya que el proceso de trabajo es ahora solo un proceso entre dos *cosas* compradas por el capitalista: la fuerza de trabajo y los medios de producción. P. 150.

Pero el capitalista no quiere el valor de uso producido *por sí mismo*, sino solo como soporte del valor de cambio y, en especial, de la *plusvalía*. El trabajo en esta condición —así como la mercancía era unidad de valor de uso y valor de cambio— se convierte en *unidad de proceso de producción y proceso de formación de valor*. P. 151.

Hay que investigar, pues, la cantidad de trabajo objetivada en el producto.

Por ejemplo, el hilo. Para su fabricación harían falta 10 libras de algodón, digamos 10 chelines, y medios de trabajo cuyo desgaste necesario por el hilado, designado aquí brevemente como parte del huso, representa 2 chelines de huso. En el producto hay, pues, 12 chelines de medios de producción, es decir, en cuanto el producto se ha convertido 1) en *valor de uso real*, aquí hilo, y 2) en cuanto en esos medios de trabajo solo estaba representado el tiempo de trabajo socialmente necesario. ¿Cuánto le añade el trabajo de hilar?

Aquí el proceso de trabajo se considera, pues, desde un ángulo completamente distinto. En el valor del producto, los trabajos de plantar el algodón, de hacer el huso y de hilar, etc., son partes conmensurables —equiparadas cualitativamente como trabajo humano general necesario, *formador de valor*—, que solo se distinguen, por tanto, cuantitativamente y que, precisamente por eso, son *comparables cuantitativamente* por su duración. Siempre que sea tiempo de trabajo *socialmente necesario*, pues solo este forma valor.

Supongamos que el valor diario de la fuerza de trabajo = 3 chelines y que este represente 6 horas de trabajo; que se hagan 1⅔ libras de hilo por hora, y por tanto en 6 horas 10 libras de hilo a partir de 10 libras de algodón (como antes); entonces se han añadido 3 chelines de valor en 6 horas, y el producto vale 15 chelines (10 chelines + 2 chelines + 3 chelines), o sea, 1 chelín y 6 peniques por libra de hilo.

Pero aquí no hay plusvalía. Esto no puede servir a los capitalistas. (Pamplinas de la economía vulgar. P. 157.)

Supusimos que el valor diario de la fuerza de trabajo era de 3 chelines, porque en ella está objetivada ½ jornada de trabajo, o 6 horas. *Pero* que haga *falta ½ jornada de trabajo* para *mantener al obrero durante 24 horas* *no le impide en absoluto* *trabajar 1/1 jornada*. El *valor* de la fuerza de trabajo y su *valorización* son dos magnitudes distintas. Su propiedad *útil* no era más que una *conditio sine qua non*;[^9] lo que decidía era el valor de uso *específico* de la fuerza de trabajo, *ser fuente de más valor de cambio del que ella misma tiene*. P. 159.

El obrero trabaja, pues, 12 horas, hila 20 libras de algodón = 20 chelines, más 4 chelines de husos, y su trabajo cuesta 3 chelines = 27 chelines. Pero en el producto están objetivadas 4 jornadas de trabajo de husos y algodón y 1 jornada de trabajo del hilandero = 5 jornadas a 6 chelines = *30 chelines de valor del producto*. *Hay una plusvalía de 3 chelines: el dinero se ha transformado en capital.* P. 160. Todas las condiciones del problema se cumplen. (Detalles en la p. 160.)

El *proceso de valorización* es el proceso de trabajo como proceso de formación de valor en cuanto se *prolonga* más allá del punto en que suministra un simple *equivalente* del valor pagado por la fuerza de trabajo.

El proceso de formación de valor se distingue del simple proceso de trabajo en que este se considera *cualitativamente* y aquel *cuantitativamente*, y solo en la medida en que contiene tiempo de trabajo socialmente necesario. P. 161. Detalles, p. 162.

Como unidad del proceso de trabajo y del *proceso de formación de valor*, el proceso de producción es *producción de mercancías*; como unidad del proceso de trabajo y del *proceso de valorización*, es *proceso capitalista de producción de mercancías*. P. 163.

Reducción del trabajo compuesto a trabajo simple. P. 163-165.

### II. Capital constante y capital variable

El proceso de trabajo añade nuevo valor al objeto de trabajo, pero al mismo tiempo transfiere el valor del objeto de trabajo al producto, y por tanto lo conserva mediante la simple adición de nuevo valor. Este doble resultado se consigue así: el carácter *específicamente útil*, *cualitativo* del trabajo transforma un valor de uso en otro valor de uso y *conserva así el valor*; en cambio, el carácter *formador de valor*, *abstractamente general*, *cuantitativo del trabajo*, *añade valor*. P. 166.

Por ejemplo, supongamos que la productividad del trabajo de hilar se sextuplica. Como trabajo útil (cualitativo), conserva en el mismo tiempo seis veces más medios de trabajo. Pero solo añade el mismo valor nuevo que antes; es decir, en cada libra de hilo solo hay ⅙ del valor nuevo añadido anteriormente. Como trabajo formador de valor no rinde más que antes. P. 167. Lo inverso, si la productividad del trabajo de hilar sigue igual pero sube el valor del medio de trabajo. P. 168.

El medio de trabajo solo cede al producto el valor que *él mismo pierde*. P. 169. Esto ocurre en distinto grado. El carbón, los lubricantes, etc., se consumen por completo. Las materias primas adoptan una forma nueva. Los instrumentos, las máquinas, etc., solo ceden valor lenta y parcialmente, y el desgaste se calcula por la experiencia. P. 169, 170. Con ello el instrumento permanece siempre entero en el proceso de trabajo. Aquí el mismo instrumento cuenta, pues, *entero en el proceso de trabajo* y solo parcialmente en el *proceso de valorización*, de modo que la diferencia entre ambos procesos se refleja aquí en factores objetivos. P. 171. A la inversa, la materia prima que forma desperdicio entra entera en el proceso de valorización y en el proceso de trabajo, ya que aparece en el producto menos el desperdicio. P. 171.

Pero en ningún caso puede el medio de trabajo ceder más valor de cambio del que él mismo poseía: en el proceso de trabajo solo sirve como valor de uso y, por tanto, solo puede ceder el valor de cambio que ya poseía antes. P. 172.

Esta conservación del valor vale mucho para el capitalista y no le cuesta nada. P. 173, 174.

Sin embargo, el valor conservado *no hace más que reaparecer*; existía antes, y solo el proceso de trabajo *añade nuevo valor*. Y en la producción capitalista, precisamente *plusvalía*, *excedente del valor del producto sobre el valor de los factores del producto consumidos* (medios de producción y fuerza de trabajo). P. 175, 176.

Con esto se han descrito las formas de existencia que adopta el valor del capital original al despojarse de su forma dinero, transformándose en los factores del proceso de trabajo: 1) en la compra de *medios de trabajo* y 2) en la compra de *fuerza de trabajo*.

El capital invertido en medios de trabajo *no* cambia, pues, su magnitud de valor en el proceso de producción; lo llamamos *capital constante*.

La parte invertida en fuerza de trabajo *cambia* su valor, produce 1) su *propio* valor y 2) *plusvalía*: *capital variable*. P. 176.

(El capital es constante solo en relación con el proceso de producción particular de que se trata, en el que no cambia; puede consistir unas veces en más y otras en menos medios de trabajo, y los medios de trabajo comprados pueden subir o bajar de valor, pero eso no afecta a su relación con el proceso de producción. P. 177. Del mismo modo puede variar el porcentaje en que un capital dado se divide en constante y variable, pero en cada caso dado c sigue siendo constante y v variable. P. 178.)

### III. La tasa de plusvalía

C = 500 libras esterlinas = 410 (c) + 90 (v). Al final del proceso de trabajo, en el que v se convierte una vez en fuerza de trabajo, resultan 410 (c) + 90 (v) + 90 (m) = 590.[^10] Supongamos que c consiste en 312 de materias primas, 44 de materias auxiliares y 54 de desgaste de las máquinas = 410. Pero el valor de toda la maquinaria asciende a 1.054. Si se calculara entero, resultaría para c 1.410 en ambos lados, y la plusvalía seguiría siendo de 90. P. 179.

Como el valor de c solo *reaparece* en el producto, el valor del producto obtenido es distinto del *producto de valor* obtenido en el proceso, que no es, pues, = c + v + m, sino = v + m. Para el proceso de valorización la magnitud de c es, por tanto, indiferente, es decir, c = 0. P. 180. Esto ocurre también en la práctica en cuanto se prescinde de la manera mercantil de llevar las cuentas, por ejemplo en el cálculo de la ganancia que un país obtiene de su industria, en el que se descuenta la materia prima importada. P. 181. Sobre la relación de la plusvalía con el capital total, lo necesario en el libro III.

Así pues: tasa de plusvalía = m : v; en el ejemplo, 90 : 90 = 100 %.

El tiempo de trabajo en que el obrero reproduce el valor de su fuerza de trabajo —en relaciones capitalistas o en otras— es trabajo *necesario*; el que va más allá y forma plusvalía para el capitalista es *plustrabajo*. P. 183, 184. La plusvalía es plustrabajo coagulado, y solo la *forma en que se arranca* distingue las diferentes formaciones sociales.

Ejemplo de lo falso que es incluir c en el cálculo. P. 185-196 (*Senior*).[^11]

La suma del trabajo necesario y del plustrabajo = la *jornada de trabajo*.

### IV. La jornada de trabajo

El tiempo de trabajo *necesario* está *dado*. El *plustrabajo es variable*, aunque dentro de ciertos límites. Nunca puede ser = 0, porque entonces cesaría la producción capitalista. Nunca puede llegar a 24 horas, por causas físicas, y además el límite máximo está siempre afectado por causas morales. Pero estos límites son muy elásticos. La exigencia económica es que la jornada de trabajo no sea más larga de lo que desgasta al obrero de manera normal. Pero ¿qué es *normal*? Se produce una antinomia, y solo la fuerza puede decidir. De ahí la lucha entre la clase obrera y la clase capitalista por la *jornada normal de trabajo*. P. 198-202.

El plustrabajo en épocas sociales anteriores. Mientras el valor de cambio no importaba más que el valor de uso, el plustrabajo era más suave, por ejemplo entre los antiguos: solo allí donde se producía directamente valor de cambio —oro y plata— había un plustrabajo atroz. P. 203. Lo mismo en los Estados esclavistas de América hasta la producción de masas de algodón para la exportación. Lo mismo el trabajo servil, por ejemplo en Rumanía.

El trabajo servil, el mejor término de comparación con la explotación capitalista, porque fija y muestra el plustrabajo como un tiempo de trabajo que hay que prestar aparte. *Règlement organique*[^12] de Valaquia. P. 204-206.

Si esto es una expresión positiva del hambre voraz de plustrabajo, las leyes fabriles inglesas (*Factory Acts*) son expresiones negativas.

*Las leyes fabriles*. La de 1850, p. 207. 10½ horas y 7½ el sábado = 60 horas por semana; ganancia de los fabricantes con su burla. P. 208-211.

*Explotación* en ramas *no limitadas* o limitadas más tarde: *industria del encaje*, p. 212; *alfarerías* (*potteries*), p. 213; *cerillas*, p. 215; *papeles pintados*, p. 215-217; *panadería*, p. 217-222; *empleados de ferrocarril*, p. 223; *costureras*, p. 223-225; *herreros*, p. 226; *obreros de día y de noche por turnos* (*shifts*): a) *metalurgia e industria metálica*, p. 227-236.

Estos hechos demuestran que el capital no ve en el obrero más que *fuerza de trabajo*, cuyo tiempo entero es tiempo de trabajo en la medida en que eso sea mínimamente posible aunque sea por un momento, y que la duración de la vida de la fuerza de trabajo le es indiferente al capitalista. P. 236-238. Pero ¿no va esto contra el interés mismo del capitalista? ¿Qué pasa con la reposición de los rápidamente desgastados? El comercio organizado de esclavos en el interior de los Estados Unidos ha elevado a principio económico el rápido desgaste de los esclavos, exactamente igual que en Europa el suministro de obreros de los distritos rurales, etc. P. 239. El suministro de los asilos de pobres (*poorhouse supply*), p. 240. El capitalista solo ve la sobrepoblación siempre disponible y la desgasta. Que la raza se hunda: *après lui le déluge*.[^13] *El capital no tiene miramientos con la salud y la duración de la vida del obrero allí donde la sociedad no le obliga a tenerlos… y la libre competencia impone las leyes inmanentes de la producción capitalista frente a cada capitalista individual como ley coactiva externa.* P. 243.

La fijación *de una jornada normal de trabajo es resultado de una lucha secular entre el capitalista y el obrero*.

Al principio las leyes se hicieron para aumentar el tiempo de trabajo; ahora, para reducirlo. P. 244. El primer *Statute of Labourers*,[^14] 23 Eduardo III, 1349, con el pretexto de que la peste había diezmado tanto la población que todo el mundo tenía que trabajar más. De ahí que se fijaran por ley un máximo del salario y un límite de la jornada de trabajo. En 1496, bajo Enrique VII, la jornada de trabajo de los trabajadores agrícolas y de todos los artesanos (*artificers*) en verano —de marzo a septiembre— iba de las 5 de la mañana a entre las 7 y las 8 de la tarde, con 1 hora, 1½ hora y ½ hora = 3 horas de pausa. En invierno, de las 5 de la mañana hasta que oscurecía. Este estatuto no se aplicó nunca con rigor. Todavía en el siglo XVIII no estaba a disposición del capital todo el trabajo de la semana (exceptuados los trabajadores agrícolas). Véase la polémica de la época. P. 248-251. Solo con la gran industria se consiguió esto y más: echó abajo *todas* las barreras y explotó al obrero con la mayor desvergüenza. El proletariado resistió en cuanto volvió en sí. Las cinco leyes de 1802-1833, nominales, porque no había inspectores. Solo la ley de 1833 creó en las cuatro industrias textiles una jornada normal: de las 5.30 de la mañana a las 8.30 de la tarde, tiempo durante el cual los jóvenes (*young persons*) de 13 a 18 años solo podían trabajar 12 horas, con 1½ horas de pausa; los niños de 9 a 13 años, solo 8 horas; y se prohibía el trabajo nocturno de los niños y de los jóvenes. P. 253-255.

*El sistema de relevos* y su abuso para burlar la ley. P. 256. Por fin, la ley de 1844, que equipara a las *mujeres de todas las edades* con los jóvenes, fija para los niños 6½ horas y pone freno al sistema de relevos. Pero, en cambio, se admite ahora a niños de 8 años. En 1847, por fin, se aprueba la ley de las diez horas para mujeres y jóvenes. P. 259. Intentos de los capitalistas en contra. P. 260-268. Un fallo (*flaw*) de la ley de 1847 dio lugar luego a la ley de compromiso de 1850, p. 269, que fijó la jornada de los jóvenes y de las mujeres en 5 días de 10½ horas y 1 día de 7½ = 60 horas por semana, y precisamente *entre las 6 y las 6*. Por lo demás, para los niños seguía en vigor la ley de 1847. La excepción de la industria de la seda, véase p. 270. En 1853 se limitó también el tiempo de trabajo *de los niños* entre las 6 y las 6. P. 272.

La ley de las estampadoras de tejidos (*Printworks Act*), 1845, apenas limita nada. ¡Niños y mujeres pueden trabajar 16 horas!

Blanqueos y tintorerías, 1860; fábricas de encajes, 1861; alfarerías y otras muchas ramas, 1863 (bajo la ley fabril; para el blanqueo al aire libre y la panadería se dictaron leyes especiales el mismo año). P. 274.

La gran industria crea, pues, primero la necesidad de limitar el tiempo de trabajo, pero luego resulta que el mismo exceso de trabajo se ha apoderado poco a poco también de todas las demás ramas. P. 277.

Además, la historia muestra que, en especial con la introducción del trabajo de mujeres y niños, el obrero «libre» aislado está indefenso frente al capitalista y sucumbe, de modo que en torno a esto se entabla la lucha de clases entre obreros y capitalistas. P. 277.

En Francia, solo en 1848 la ley de las 12 horas para todas las edades y ramas de trabajo. (Véase, sin embargo, en la p. 253 la nota sobre la ley francesa de 1841 sobre el trabajo infantil, que solo se aplicó de verdad en 1853, y aun eso solo en el departamento del Norte.) ¡En Bélgica, completa «libertad del trabajo»! En América, el movimiento por las ocho horas. P. 279.

El obrero sale, pues, del proceso de producción muy distinto de como entró. El contrato de trabajo no fue un acto de un *agente libre*; el tiempo durante el cual *es libre* de vender su trabajo es el tiempo durante el cual está *obligado* a venderlo, y solo la oposición en masa de los obreros les conquista una *ley del Estado* que les impide a ellos mismos venderse, por libre contrato con el capital, a sí mismos y a su prole a la muerte y a la esclavitud. En lugar del pomposo catálogo de los inalienables derechos del hombre aparece la modesta Carta Magna de la ley fabril. P. 280-281.

### V. Tasa y masa de la plusvalía

Con la *tasa* está dada al mismo tiempo su masa. Si el valor diario de una fuerza de trabajo es de 3 chelines y la tasa de plusvalía = 100 %, su masa diaria = 3 chelines por obrero.

1. Como el *capital variable* es la expresión en dinero del valor de *todas* las fuerzas de trabajo empleadas simultáneamente por un capitalista, la *masa* de la plusvalía producida por ellas = capital variable multiplicado por la tasa de plusvalía. Ambos factores pueden variar y dar lugar así a diferentes combinaciones. La *masa* de la plusvalía puede crecer incluso con un capital variable decreciente, si la tasa sube, es decir, si se prolonga la jornada de trabajo. P. 282.

2. Este aumento de la tasa de plusvalía tiene su *límite absoluto* en que la jornada de trabajo nunca puede prolongarse hasta 24 horas completas y, por tanto, el valor total de la producción diaria de un obrero *nunca* puede ser = el valor de 24 horas de trabajo. Para obtener la *misma* masa de plusvalía, el capital variable solo puede sustituirse, pues, por una mayor explotación del trabajo *dentro de esos límites*. Esto es importante para explicar diversos fenómenos que nacen de la tendencia contradictoria del capital: 1) a *reducir* el capital variable y el número de obreros empleados, y 2) a producir, sin embargo, la mayor masa posible de plusvalía. P. 283, 284.

3. Las masas de valor y de plusvalía producidas por diferentes capitales, dados el valor y un mismo grado de explotación de la fuerza de trabajo, *son directamente proporcionales a las magnitudes de las partes variables de esos capitales*. P. 285. Esto, en apariencia, contra todos los hechos.

Para una sociedad dada y una jornada de trabajo dada, la plusvalía solo puede aumentarse aumentando el número de obreros, es decir, la población; con un número dado de obreros, solo prolongando la jornada de trabajo. Esto, sin embargo, solo es importante para la plusvalía *absoluta*.

Se muestra ahora que no *cualquier* suma de dinero puede transformarse en capital, que existe un mínimo: el precio de coste de una sola fuerza de trabajo y de los medios de trabajo necesarios. Para poder vivir *él mismo* como un obrero, con una tasa de plusvalía del 50 % tendría que tener ya 2 obreros, y no ahorraría todavía nada. Incluso con 8 sigue siendo un pequeño maestro. Por eso en la Edad Media se impedía a la gente por la fuerza transformarse de artesanos en capitalistas, limitando el número de oficiales que podía tener un maestro. El mínimo de riqueza necesario para formar un verdadero capitalista varía en los distintos períodos y ramas de negocio. P. 288.

El capital se ha desarrollado hasta convertirse en *mando sobre el trabajo* y cuida de que se trabaje ordenada e intensamente. Además, *obliga* a los obreros a realizar más trabajo del necesario para su sustento, y en el bombeo de plusvalía es superior a todos los sistemas de producción anteriores basados en el trabajo forzado *directo*.

El capital se hizo cargo del trabajo con las condiciones técnicas dadas y, en un primer momento, no las cambia. Por eso, si se considera el proceso de producción como *proceso de trabajo*, el obrero no se comporta respecto de los medios de producción como respecto del capital, sino como respecto de los medios de su propia actividad racional. Pero si se considera como *proceso de valorización*, la cosa cambia. Los medios de producción se convierten en medios para *absorber trabajo ajeno*. *Ya no es el obrero* *quien emplea los medios de producción*, *sino que los medios de producción emplean al obrero*. P. 289. En lugar de ser consumidos por él…, lo consumen a él como fermento de su propio proceso vital, y el proceso vital del capital consiste únicamente en su movimiento *como valor que se valoriza a sí mismo*… La simple transformación del dinero en medios de producción convierte a estos en *títulos jurídicos* y títulos coercitivos *sobre trabajo y plustrabajo ajenos*.

## Capítulo cuarto. Producción de la plusvalía relativa

### I. Concepto de la plusvalía relativa

Con una jornada de trabajo dada, el plustrabajo solo puede aumentarse disminuyendo el trabajo *necesario*, y esto solo puede conseguirse —prescindiendo de la reducción del salario por debajo del valor— reduciendo el valor del trabajo [de la fuerza de trabajo], es decir, reduciendo el precio de los medios de subsistencia necesarios. P. 291-293. Y esto, a su vez, solo puede conseguirse *elevando la fuerza productiva del trabajo*, *mediante una revolución del propio modo de producción*.

La plusvalía producida prolongando la jornada de trabajo es plusvalía *absoluta*; la producida acortando el tiempo de trabajo necesario es plusvalía *relativa*. P. 295.

Para reducir el valor del trabajo [de la fuerza de trabajo], el aumento de la fuerza productiva tiene que alcanzar a las ramas industriales cuyos productos determinan el valor de la fuerza de trabajo: los medios de subsistencia habituales y sus sustitutos, sus materias primas, etc. Demostración de cómo la competencia hace aparecer la mayor fuerza productiva en un precio más bajo de la mercancía. P. 296-299.

El *valor* de la mercancía está en *razón inversa* de la fuerza productiva del trabajo, y lo mismo, por estar determinado por valores de mercancías, el *valor de la fuerza de trabajo*. En cambio, la *plusvalía relativa está en razón directa* de la fuerza productiva del trabajo. P. 299.

Al capitalista no le interesa el valor *absoluto* de la mercancía, sino solo la *plusvalía* que encierra. La realización de la plusvalía incluye la reposición del valor adelantado. Como, según la p. 299, el mismo proceso de aumento de la fuerza productiva hace bajar el valor de las mercancías y aumenta la plusvalía contenida en ellas, se explica que el capitalista, al que solo le importa producir valor de cambio, se esfuerce constantemente por rebajar el valor de cambio de la mercancía. Compárese Quesnay. P. 300.

Por eso, la economía de trabajo mediante el desarrollo de la fuerza productiva no tiene en absoluto por objeto, en la producción capitalista, acortar la jornada de trabajo, que puede incluso *prolongarse*. Por eso se puede leer en economistas de la calaña de MacCulloch, Ure, Senior y *tutti quanti*,[^15] en una página, *que el obrero debe gratitud al capital por el desarrollo de las fuerzas productivas*, y en la siguiente, que *tiene que demostrar esa gratitud* *trabajando en adelante 15 horas en lugar de 10*. Este desarrollo de las fuerzas productivas solo tiene por objeto acortar el *trabajo necesario* y alargar el trabajo para el capitalista. P. 301.

### II. Cooperación

Según la p. 288, la producción capitalista requiere un capital individual lo bastante grande para ocupar al mismo tiempo a un número mayor de obreros; solo cuando él mismo queda completamente liberado del trabajo, el que emplea trabajo se convierte en capitalista de pleno derecho. La acción de un número mayor de obreros al mismo tiempo, en el mismo campo de trabajo, para producir la misma clase de mercancía, bajo el mando del mismo capitalista, constituye *histórica y conceptualmente el punto de partida de la producción capitalista*. P. 302.

Al principio, pues, solo una diferencia *cuantitativa* respecto de antes, cuando un mismo patrono ocupaba a menos obreros. Pero ya hay una modificación. La sola multitud de obreros garantiza que quien los emplea obtenga realmente trabajo medio, lo que no ocurre con el pequeño maestro, que, sin embargo, tiene que pagar el valor medio del trabajo [de la fuerza de trabajo]; en las pequeñas empresas las desigualdades se compensan para la sociedad, no para el maestro individual. *La ley de la valorización* en general solo se realiza, pues, plenamente para el productor individual en cuanto produce como *capitalista*, en cuanto pone en movimiento a muchos obreros al mismo tiempo, y por tanto *desde el principio trabajo social medio*. P. 303, 304.

Pero, además, economía de los medios de producción por la sola gran explotación: menor cesión de valor de las partes constantes del capital al producto, que nace únicamente de su consumo en común en el proceso de trabajo de muchos. Así, los *medios* de trabajo adquieren un carácter social antes de que lo adquiera el propio *proceso* de trabajo (hasta ahora, simple yuxtaposición de procesos de la misma clase). P. 305.

Aquí solo hay que considerar la economía de los medios de producción en la medida en que abarata las mercancías y con ello *rebaja el valor del trabajo [de la fuerza de trabajo]*. Hasta qué punto modifica la relación de la plusvalía con el *capital total* adelantado (c + v) es algo que solo se examinará en el libro III. Esta separación responde por entero al espíritu de la producción capitalista; como esta hace que las condiciones de trabajo se enfrenten al obrero de manera independiente, también su economía aparece como una operación particular que no le concierne y que, por tanto, está separada de los métodos con los que se eleva la productividad de la fuerza de trabajo consumida por el capital.

La forma del trabajo de muchos que trabajan con arreglo a un plan unos junto a otros y unos con otros, en el mismo proceso de producción o en procesos de producción conexos, se llama cooperación. P. 306. (*Concours de forces*, Destutt de Tracy.)[^16]

La suma mecánica de las fuerzas de los obreros aislados es esencialmente distinta de la *potencia de fuerza* mecánica que se desarrolla cuando muchas manos *actúan juntas* al mismo tiempo en la misma operación indivisa (levantar un peso, etc.). La cooperación crea desde el principio una fuerza productiva que es en sí y por sí una *fuerza de masa*.

Además, en la mayoría de los trabajadores productivos el *simple contacto social* engendra una *emulación* que eleva la capacidad de rendimiento individual de cada uno, de modo que 12 obreros en una jornada de trabajo común de 144 horas dan un producto mayor que 12 obreros en 12 jornadas separadas o un obrero en 12 jornadas sucesivas. P. 307.

Aunque muchos hagan lo mismo o algo de la misma clase, el trabajo individual de cada uno puede representar una fase distinta del proceso de trabajo (una cadena de personas que se pasan algo de mano en mano), con lo que la cooperación ahorra de nuevo trabajo. Lo mismo si se empieza una construcción por varios lados a la vez. El obrero combinado u obrero colectivo tiene manos y ojos por delante y por detrás y posee en cierto grado ubicuidad. P. 308.

En los procesos de trabajo complicados, la cooperación permite distribuir los procesos particulares, ejecutarlos al mismo tiempo y acortar así el tiempo de trabajo necesario para fabricar el producto total. P. 308.

En muchas esferas de la producción hay *momentos críticos* en los que hacen falta muchos obreros (las cosechas, la pesca del arenque, etc.). Aquí solo sirve la cooperación. P. 309.

La cooperación, por una parte, *amplía* el campo de la producción y se convierte así en una necesidad para los trabajos en los que el campo de trabajo tiene una gran continuidad espacial (desecación, construcción de carreteras, etc., construcción de diques); por otra, lo *contrae* al concentrar a los obreros en un solo local, y ahorra así costes. P. 310.

En todas estas formas, la cooperación, la fuerza productiva específica de la jornada de trabajo combinada, es fuerza productiva social del trabajo. Nace de la cooperación misma. En la colaboración metódica con otros, el obrero se despoja de sus barreras individuales y desarrolla su capacidad como especie.

Ahora bien, los obreros asalariados no pueden colaborar sin que *el mismo capitalista* los emplee al mismo tiempo, les pague y les proporcione medios de trabajo. La escala de la cooperación depende, pues, de *cuánto capital tiene un capitalista*. La condición de que exista cierta cuantía de capital para hacer de su dueño un capitalista se convierte ahora en condición *material* para la transformación de los muchos trabajos individuales, dispersos e independientes, en un proceso de trabajo social combinado.

Del mismo modo, el *mando* del capital sobre el trabajo, que hasta ahora era solo consecuencia formal de la relación entre capitalista y obrero, se convierte ahora en *condición necesaria* del propio proceso de trabajo; el capitalista representa precisamente la combinación en el proceso de trabajo. La *dirección* del proceso de trabajo se convierte en la cooperación en *función del capital* y, como tal, recibe rasgos característicos específicos. P. 312.

Conforme al fin de la producción capitalista (la mayor autovalorización posible del capital), esta dirección es a la vez función de la máxima explotación posible de un proceso de trabajo social y está condicionada, por tanto, por el inevitable antagonismo entre explotador y explotados. Además, el control del uso correcto de los medios de trabajo. Por último, la conexión entre las funciones de los obreros individuales está *fuera de ellos*, en el capital, de modo que su propia unidad se les enfrenta como *autoridad del capitalista*, como voluntad ajena. Así, la dirección capitalista tiene un *doble carácter* (1. proceso de trabajo social para la fabricación de un producto; 2. proceso de valorización de un capital) y es despótica en su forma. Este despotismo desarrolla ahora sus formas peculiares: el capitalista, recién liberado del trabajo mismo, cede ahora la vigilancia inmediata a una banda organizada de oficiales y suboficiales que son a su vez asalariados del capital. Los economistas cuentan en la *esclavitud* estos costes de vigilancia entre los *faux frais*,[^17] mientras que en la producción capitalista identifican sin más la dirección, en la medida en que está condicionada por la explotación, con esa misma función en la medida en que nace de la naturaleza del proceso de trabajo social. P. 313, 314.

El mando supremo en la industria se convierte en atributo del capital, como en la época feudal el mando supremo en la guerra y en la justicia era atributo de la propiedad de la tierra. P. 314.

El capitalista compra 100 fuerzas de trabajo individuales y obtiene a cambio una fuerza de trabajo combinada de 100. La fuerza de trabajo combinada de los 100 *no* la paga. Al entrar en el proceso de trabajo combinado, los obreros han dejado ya de pertenecerse a sí mismos: están incorporados al capital. Así, *la fuerza productiva social del trabajo aparece como fuerza productiva inmanente del capital*. P. 315.

Ejemplos de cooperación entre los antiguos egipcios, etc. P. 316.

La cooperación natural en los comienzos de la cultura, entre los pueblos cazadores, los nómadas o las comunidades indias, se basa: 1) en la propiedad común de las condiciones de producción; 2) en el apego natural de los individuos a la tribu y a la comunidad primitiva. La cooperación esporádica en la Antigüedad, en la Edad Media y en las colonias modernas se basa en la dominación directa y la violencia, casi siempre en la esclavitud. La cooperación capitalista, en cambio, presupone el obrero asalariado libre. Históricamente aparece en oposición directa a la economía campesina y a la explotación artesanal independiente (gremial o no), y como forma histórica peculiar del proceso de producción capitalista y que lo distingue. Es el primer cambio que experimenta el proceso de trabajo por su subsunción bajo el capital. Así aparece aquí enseguida: 1) el modo de producción capitalista como necesidad histórica para la transformación del proceso de trabajo en un proceso social; pero también 2) esta forma social del proceso de trabajo como un método del capital para explotarlo con más provecho mediante el aumento de sus fuerzas productivas. P. 317.

La cooperación, tal como se ha considerado hasta ahora, en su forma *simple*, coincide con la producción en mayor escala, pero no constituye una forma fija y característica de una época particular de la producción capitalista, y todavía hoy subsiste allí donde el capital opera en gran escala sin que la división del trabajo o la maquinaria desempeñen un papel importante. Así, aunque la cooperación es la forma fundamental de toda la producción capitalista, su forma *simple* aparece por sí misma o como forma particular junto a sus formas más desarrolladas. P. 318.

### III. División del trabajo y manufactura

La manufactura, la forma clásica de la cooperación basada en la división del trabajo, predomina de 1550 a 1770 aproximadamente. Nace

1. o bien reuniendo diferentes oficios, cada uno de los cuales realiza una operación parcial (por ejemplo, la manufactura de coches), con lo que muy pronto el artesano individual de que se trata pierde la capacidad de ejercer su oficio *entero* y, en cambio, ejerce con tanta mayor destreza su oficio parcial; es decir, con lo que el proceso se transforma en una división de la operación total en sus distintas partes. P. 318, 319.

2. o bien se reúnen en el mismo taller muchos artesanos que hacen lo mismo o algo de la misma clase, y poco a poco las distintas operaciones, en lugar de hacerlas un obrero sucesivamente, se separan y las hacen distintos obreros al mismo tiempo (agujas, etc.). En lugar de ser obra de un artesano, el producto es ahora obra de una asociación de artesanos, cada uno de los cuales solo realiza una operación parcial. P. 319, 320.

En ambos casos su resultado es un *mecanismo de producción* *cuyos órganos son hombres*. La ejecución sigue siendo *artesanal*; cada proceso parcial por el que pasa el producto tiene que poder realizarse a mano, y queda excluido, por tanto, todo *análisis realmente científico del proceso de producción*. Precisamente por su naturaleza artesanal, cada obrero queda encadenado tan completamente a una función parcial. P. 321.

Con ello se ahorra trabajo en comparación con el artesano, y esto aumenta todavía más al transmitirse a la generación siguiente. Así, la división manufacturera del trabajo responde a la tendencia de las sociedades anteriores a hacer hereditarios los oficios: castas, gremios. P. 322.

Subdivisión de las herramientas por su adaptación a los distintos trabajos parciales: 500 clases de martillos en Birmingham. P. 323, 324.

Considerada desde el punto de vista del mecanismo *total* de la manufactura, esta tiene dos aspectos: o bien composición puramente mecánica de productos parciales independientes (el reloj), o bien serie de procesos conexos en *un solo* taller (la aguja).

En la manufactura cada grupo de obreros suministra a otro su materia prima. De ahí la condición fundamental de que cada grupo produzca *en el tiempo dado una cantidad dada*, con lo que se engendra una continuidad, una regularidad, una uniformidad y una intensidad del trabajo completamente distintas que incluso en la cooperación. *Aquí, pues, ya se convierte en* **ley tecnológica** *del* **proceso de producción** *que el trabajo sea trabajo socialmente necesario*. P. 329.

La desigualdad del tiempo necesario para las distintas operaciones hace que los distintos grupos de obreros sean de distinta fuerza y número (en la fundición de tipos, 4 fundidores y 2 rompedores por 1 pulidor). La manufactura crea, pues, una proporción matemáticamente fija para el volumen cuantitativo de los distintos órganos del obrero colectivo, y la producción solo puede ampliarse incorporando un múltiplo del grupo total. A esto se añade que la independización de ciertas funciones —vigilancia, transporte de los productos de un local a otro, etc.— solo resulta rentable cuando se alcanza cierto nivel de producción. P. 329, 330.

También se da la unión de distintas manufacturas en una manufactura total, pero siempre carece todavía de la unidad realmente tecnológica, que solo surge con la maquinaria. P. 331.

Muy pronto aparecen en la manufactura máquinas —esporádicamente—, molinos de grano, de mazos, etc., pero solo como cosa accesoria. La maquinaria principal de la manufactura es el obrero colectivo combinado, que posee una perfección muy superior a la del viejo obrero artesanal individual y en el que todas las imperfecciones que a menudo se desarrollan necesariamente en el obrero parcial aparecen como perfección. P. 333. La manufactura desarrolla diferencias entre estos obreros parciales, cualificados y no cualificados (*skilled* y *unskilled*), e incluso una completa jerarquía de los obreros. P. 334.

La división del trabajo: 1. general (en agricultura, industria, navegación, etc.); 2. particular (en especies y subespecies); 3. singular (en el taller). La división social del trabajo se desarrolla también a partir de distintos puntos de partida. 1. Dentro de la familia y de la tribu, la división natural por sexo y edad, a la que se añade la esclavitud por la violencia contra los vecinos, que la amplía. P. 335. 2. Distintas comunidades producen, según su situación, su clima y su nivel de cultura, productos distintos, y estos se *intercambian* *allí donde estas comunidades entran en contacto*. P. 49. El intercambio con comunidades extrañas es luego uno de los principales medios para romper la cohesión natural de la propia comunidad mediante el desarrollo ulterior de la división natural del trabajo. P. 336.

La división manufacturera del trabajo presupone, pues, por una parte, cierto grado de desarrollo de la división social del trabajo y, por otra, la desarrolla más: es la división territorial del trabajo. P. 337, 338.

Sin embargo, entre la división social y la división manufacturera del trabajo hay siempre la diferencia de que la primera produce necesariamente *mercancías*, mientras que en la segunda el obrero parcial *no* produce mercancías. De ahí, en esta, concentración y organización; en aquella, dispersión y desorden de la competencia. P. 339-341.

Sobre la antigua organización de las comunidades indias, p. 341-342. El gremio, p. 343-344. Mientras que en todas ellas la división del trabajo existe en la *sociedad*, la división manufacturera del trabajo es una *creación específica del modo de producción capitalista*.

Como en la cooperación, también en la manufactura el cuerpo de trabajo en funcionamiento es una *forma de existencia del capital*. La fuerza productiva que nace de la combinación de los trabajos aparece, por tanto, como *fuerza productiva del capital*. Pero mientras que la cooperación deja en general sin cambios el modo de trabajar de los individuos, la manufactura lo revoluciona, mutila al obrero; incapaz de hacer un producto independiente, ya no es más que un *accesorio* del taller del capitalista. Las potencias intelectuales del trabajo desaparecen por el lado de los muchos para ampliar su escala por el lado de uno solo. Es un producto de la división manufacturera del trabajo enfrentar a los obreros las potencias intelectuales del proceso de trabajo *como propiedad ajena y como poder que los domina*. Este proceso de escisión, que empieza ya en la cooperación y se desarrolla en la manufactura, se consuma en la gran industria, que separa la ciencia del trabajo como potencia productiva independiente y la pone a la fuerza al servicio del capital. P. 346.

Citas probatorias, p. 347.

La manufactura, que por un lado es una determinada organización del trabajo social, por el otro no es más que un *método particular de producir plusvalía relativa*. P. 350. Su significado histórico, ibídem.

Obstáculos al desarrollo de la manufactura incluso durante su período clásico: limitación del número de obreros no cualificados por el predominio de los cualificados, y del trabajo de niños y mujeres por la resistencia de los hombres; empeño en las leyes de aprendizaje (*laws of apprenticeship*) hasta el final, incluso donde sobraban; constante insubordinación de los obreros, ya que el obrero colectivo no tiene todavía un esqueleto independiente de los obreros; emigración de los obreros. P. 353-354.

Además, ella misma no era capaz de revolucionar toda la producción social, ni siquiera de dominarla. Su estrecha base técnica entró en contradicción con las necesidades de producción creadas por ella misma. La máquina se hace necesaria, y la manufactura había aprendido ya a fabricarla. P. 355.

### IV. Maquinaria y gran industria

##### a) La maquinaria en sí

La revolución del modo de producción, que en la manufactura parte de la *fuerza* de trabajo, parte aquí del *medio* de trabajo.

Toda maquinaria desarrollada consta de: 1) la máquina motriz; 2) el mecanismo de transmisión; 3) la máquina-herramienta. P. 357.

La revolución industrial del siglo XVIII parte de la *máquina-herramienta*. Lo característico de ella es que la herramienta —con una forma más o menos modificada— pasa del hombre a la máquina y es accionada por ella en su función. Que la *fuerza* motriz sea la humana o una fuerza natural es, por el momento, indiferente. La diferencia específica es que el hombre solo puede *emplear sus propios órganos*, *mientras que la máquina, dentro de ciertos límites, puede emplear tantas herramientas* *como se requiera*. (Torno de hilar, 1; *jenny*, 12-18 husos.)[^18]

Como en el torno de hilar la revolución no alcanzó al pedal, la fuerza, sino al huso, al principio el hombre seguía siendo en todas partes a la vez fuerza motriz y vigilante. La revolución de las máquinas-herramienta, en cambio, hizo necesario el perfeccionamiento de las máquinas de vapor y lo llevó luego a cabo. P. 359-360; además, p. 361-362.

Dos clases de maquinaria en la gran industria: o bien 1) cooperación de máquinas de la misma clase (el telar mecánico, *power loom*; la máquina de hacer sobres, *envelope machine*, que resume el trabajo de toda una serie de obreros parciales combinando distintas herramientas); aquí ya hay unidad tecnológica gracias al mecanismo de transmisión y a la fuerza motriz; o bien 2) sistema de máquinas, combinación de distintas máquinas parciales (la hilatura). Este encuentra su base natural en la división del trabajo de la manufactura. Pero en seguida hay una diferencia esencial. En la manufactura cada proceso parcial tenía que adaptarse al *obrero*; aquí ya no hace falta, el proceso de trabajo puede descomponerse *objetivamente* en sus partes integrantes, que quedan entonces a cargo de la ciencia, o de la experiencia basada en ella, para dominarlas mediante máquinas. Aquí la proporción cuantitativa entre los distintos grupos de obreros se repite como proporción entre los distintos grupos de máquinas. P. 363-366.

En ambos casos la fábrica forma un gran autómata (que, por lo demás, solo recientemente se ha perfeccionado hasta ese punto), y esta es su figura adecuada, p. 367; y su figura más acabada es el autómata que construye máquinas, que suprimió la base artesanal y manufacturera de la gran industria y solo entonces dio a la maquinaria su figura acabada. P. 369-372.

Conexión de la revolución de las distintas ramas, hasta los medios de comunicación. P. 370.

En la manufactura la combinación de los obreros es subjetiva; aquí hay un organismo de producción objetivo, *mecánico*, que el obrero encuentra ya hecho y que solo puede funcionar en manos de obreros que trabajan en común; el carácter cooperativo del proceso de trabajo es ahora una *necesidad tecnológica*. P. 372.

Las fuerzas productivas que nacen de la cooperación y de la división del trabajo no le cuestan nada al capital; las fuerzas naturales, el vapor, el agua, tampoco. Tampoco las fuerzas descubiertas por la ciencia. Pero estas solo pueden realizarse mediante un aparato adecuado, que solo se fabrica con grandes costes, y del mismo modo las máquinas-herramienta cuestan mucho más que las antiguas herramientas. Pero estas máquinas tienen una vida mucho más larga y un campo de producción mucho mayor que la herramienta y, por tanto, ceden proporcionalmente al producto una parte de valor mucho menor que una herramienta, y por eso el *servicio gratuito* que presta la máquina (y que no reaparece en el valor del producto) es mucho mayor que en el caso de la herramienta. P. 374, 375-376.

El abaratamiento por la concentración de la producción es mucho mayor en la gran industria que en la manufactura. P. 375.

Los precios de las mercancías acabadas demuestran hasta qué punto ha abaratado la máquina la producción, y que la parte de valor debida al medio de trabajo aumenta relativamente, pero disminuye en términos absolutos. La productividad de la máquina se mide por el grado en que *sustituye fuerza de trabajo humana*. Ejemplo, p. 377-379.

Supongamos que un arado de vapor sustituye a 150 obreros con un salario anual de 3.000 libras esterlinas; este salario anual *no representa todo el trabajo realizado por ellos*, sino solo el *trabajo necesario*; pero ellos realizan además el *plustrabajo*. En cambio, si el arado de vapor cuesta 3.000 libras esterlinas, esa es la expresión en dinero de *todo* el trabajo contenido en él; y si la máquina cuesta, pues, tanto como la fuerza de trabajo que sustituye, el trabajo humano representado en ella es siempre *mucho menor* que el que sustituye. P. 380.

Como *medio de abaratar* la producción, la máquina tiene que *costar menos trabajo del que sustituye*. Pero *para el capital* *su valor tiene que ser menor que el de la fuerza de trabajo que sustituye*. Por eso pueden rendir en América máquinas que en Inglaterra no rinden (por ejemplo, para picar piedra). Por eso, a consecuencia de ciertas limitaciones legales, pueden aparecer de pronto máquinas que antes no le rendían al capital. P. 380-381.

##### b) Apropiación de la fuerza de trabajo por la maquinaria

Como la maquinaria contiene en sí misma la fuerza que la mueve, la fuerza muscular pierde valor. Trabajo de mujeres y niños, *aumento* inmediato *del número de obreros asalariados* por el reclutamiento de los miembros de la familia que hasta entonces no trabajaban por un salario. Con ello, *el valor del trabajo [de la fuerza de trabajo] del hombre* se reparte entre *la fuerza de trabajo de toda la familia*, y por tanto se *desvaloriza*. Ahora cuatro tienen que suministrar al capital no solo trabajo, sino también plustrabajo, para que viva una familia en la que antes bastaba con uno. Así, junto con el *material* de explotación se amplía enseguida también el *grado* de explotación. P. 383.

Antes, la venta y la compra de la fuerza de trabajo eran una relación entre personas *libres*; ahora se compran *menores o semimenores*; el obrero vende ahora a su mujer y a sus hijos, se convierte en *tratante de esclavos*. Ejemplos, p. 384-385.

Ruina física: mortalidad de los hijos de los obreros, p. 386; también en la explotación industrial de la agricultura (sistema de cuadrillas). P. 387.

Ruina moral, p. 389. Cláusulas educativas y resistencia de los fabricantes contra ellas, p. 390.

La entrada de mujeres y niños en la fábrica rompe por fin *la resistencia del obrero varón contra el despotismo capitalista*. P. 391.

Si la máquina *acorta* el tiempo de trabajo necesario para producir un objeto, en manos del capital se convierte en el medio más poderoso para *prolongar la jornada de trabajo mucho más allá de su límite normal*. Crea, por una parte, *nuevas condiciones* que capacitan al capital para ello y, por otra, *nuevos motivos* para hacerlo.

La máquina es capaz de un movimiento perpetuo y solo está limitada por la debilidad y la limitación de la fuerza de trabajo humana que la asiste. La máquina que se desgasta en 7½ años trabajando 20 horas engulle para el capitalista *exactamente tanto plustrabajo*, **pero en la mitad de tiempo**, como la que se desgasta en 15 años con 10 horas de trabajo. P. 393.

El desgaste moral de la máquina —por quedar superada (*by superseding*)— se arriesga además todavía menos. P. 394.

Además, se absorbe una cantidad mayor de trabajo *sin aumentar la inversión* en edificios y máquinas; por tanto, con la prolongación de la jornada no solo crece la plusvalía, sino que disminuyen relativamente los desembolsos necesarios para obtenerla. Esto es tanto más importante cuanto más predomina la parte *fija* del capital, como ocurre en la gran industria. P. 395.

En el primer período de la máquina, en que tiene un carácter de *monopolio*, las ganancias son enormes, y de ahí la sed de más, de una prolongación desmesurada de la jornada de trabajo. Con la introducción general de la máquina desaparece esa ganancia de monopolio, y se impone la ley de que la plusvalía no nace del trabajo *sustituido* por la máquina, sino del trabajo *empleado* por ella, es decir, del capital variable, y este se *reduce* necesariamente en la explotación con máquinas por los grandes desembolsos. En el empleo capitalista de la maquinaria hay, pues, una contradicción inmanente: con una masa de capital dada, *aumenta* uno de los factores de la plusvalía, su tasa, *disminuyendo* el otro, el número de obreros. En cuanto el valor de la mercancía producida a máquina se convierte en el valor social regulador de esa mercancía, sale a la luz esta contradicción, que *empuja también de nuevo a prolongar la jornada de trabajo*. P. 397.

Pero, al mismo tiempo, la máquina produce, liberando a los obreros desplazados y reclutando a mujeres y niños, una *población obrera sobrante*, que tiene que dejarse dictar la ley por el capital. Por eso echa abajo todas las barreras morales y naturales de la jornada de trabajo. De ahí la paradoja de que el más poderoso medio de acortar el tiempo de trabajo se convierta en el medio más infalible de transformar todo el tiempo de vida del obrero y de su familia en tiempo de trabajo disponible para la valorización del capital. P. 398.

Ya vimos cómo aquí interviene la reacción de la sociedad fijando la jornada normal de trabajo; y sobre esta base se desarrolla ahora la *intensificación del trabajo*. P. 399.

Al principio, con la aceleración de las máquinas, la intensidad del trabajo aumentaba al mismo tiempo que la prolongación del tiempo. Pero pronto se llega al punto en que ambas se excluyen. Con la limitación, en cambio, la cosa cambia. La intensidad puede crecer ahora, en 10 horas puede rendirse tanto trabajo como antes en 12, o más, y entonces la jornada más intensa cuenta como jornada *potenciada*, y el trabajo no se mide ya solo por su duración, sino por su intensidad. P. 400. Así, con 5 horas de trabajo necesario y 5 de plustrabajo puede obtenerse la misma plusvalía que, con menor intensidad, con 6 horas de trabajo necesario y 6 de plustrabajo. P. 400.

¿Cómo se intensifica el trabajo? En la **manufactura** está demostrado (nota 159), por ejemplo en la alfarería, etc., que el *simple acortamiento de la jornada de trabajo* bastó para elevar enormemente la productividad. En el *trabajo con maquinaria* esto era mucho más dudoso. Pero lo prueba R. Gardner.[^19] P. 401-402.

En cuanto el acortamiento de la jornada se hace ley, la máquina se convierte en el medio de exprimir al obrero un trabajo más intenso, sea por la mayor velocidad (*greater speed*), sea por el menor número de brazos en relación con la máquina (*less hands in relation to machine*). Ejemplos, p. 403-407. Que al mismo tiempo crecen el enriquecimiento y la expansión de la fábrica lo prueban las p. 407-409.

##### c) La fábrica en su conjunto, en su figura clásica

En la fábrica es la *máquina* la que se encarga de conducir con arreglo a su fin la herramienta; por tanto, las diferencias cualitativas del trabajo que se desarrollaron en la manufactura quedan aquí suprimidas, el trabajo se nivela cada vez más, con una diferencia, a lo sumo, de edad y de sexo. La división del trabajo es aquí *distribución de los obreros entre las máquinas especializadas*. Aquí solo hay división entre *obreros principales*, que están realmente ocupados en la máquina-herramienta, y *alimentadores* (*feeders*) (esto solo se ha corregido en el caso de la *selfactor*, apenas en el de la *throstle* y menos aún en el del *power loom*);[^20] además, vigilantes, ingenieros (*engineers*) y fogoneros (*stokers*), mecánicos, carpinteros, etc., una clase agregada a la fábrica solo exteriormente. P. 411-412.

La necesidad de adaptar al obrero al movimiento continuo de un autómata exige un aprendizaje desde la juventud, pero en absoluto ya, como en la manufactura, que un obrero quede adscrito de por vida a una función parcial. Puede haber cambio de personas en la misma máquina (sistema de relevos, *relay system*), y, por lo poco que cuesta aprenderlo, los obreros pueden pasarse de una clase de máquinas a otra; el trabajo de peón es o muy simple o recae cada vez más en la máquina. A pesar de ello, la división manufacturera del trabajo se arrastra al principio por tradición y se convierte incluso en un medio mayor de explotación del capital. El obrero se convierte de por vida en parte de una máquina parcial. P. 413.

Toda producción capitalista, en la medida en que no es solo proceso de trabajo sino también proceso de valorización del capital, tiene en común que no es el obrero quien emplea la condición de trabajo, sino, a la inversa, *la condición de trabajo la que emplea al obrero*; pero solo con la maquinaria adquiere esta inversión una *realidad tangible* tecnológica. Por su transformación en *autómata*, el medio de trabajo se enfrenta al obrero, durante el propio proceso de trabajo, *como capital*, como trabajo muerto que domina y succiona la fuerza de trabajo viva. Lo mismo las potencias intelectuales del proceso de producción, como poderes del capital sobre el trabajo… La destreza de detalle del obrero mecánico individual, vaciado, desaparece como una minúscula cosa accesoria ante la ciencia, ante las enormes fuerzas naturales y ante el trabajo social de masas, que están encarnados en el sistema de máquinas. P. 414, 415.

Disciplina cuartelaria de la fábrica, código fabril. P. 416.

Condiciones físicas de la fábrica. P. 417-418.

##### c' o d) Lucha de los obreros contra el sistema fabril y la máquina

Esta lucha, que existe desde que existe la relación de capital, aparece aquí por primera vez como revuelta contra la máquina como base material del modo de producción capitalista. El telar de cintas, p. 419. Los luditas, p. 420. Solo más tarde distinguen los obreros entre el medio material de producción y su forma social de explotación.

Durante la manufactura, la división del trabajo perfeccionada era más bien un medio de sustituir virtualmente a los obreros. P. 421. (Digresión sobre la agricultura, desplazamiento, p. 422.) Con la maquinaria, en cambio, el obrero es *desplazado en acto*; la máquina compite directamente con él. Los tejedores a mano (*handloom weavers*), p. 423. Lo mismo en la India, p. 424. Este efecto es permanente, porque la máquina se apodera constantemente de nuevos campos de producción. La figura independizada y enajenada que la producción capitalista da al medio de trabajo frente al obrero se desarrolla con la *máquina* hasta la oposición completa; de ahí que solo ahora surja la revuelta del obrero contra el instrumento de trabajo. P. 424.

Detalles del desplazamiento de los obreros por la máquina, p. 425, 426. La máquina, medio de quebrar con el desplazamiento la resistencia obrera contra el capital, p. 427, 428.

La economía liberal afirma que la máquina que desplaza a obreros libera al mismo tiempo un capital que puede ocupar a esos obreros. Pero, al contrario: toda introducción de máquinas *inmoviliza* capital, reduce su parte *variable* y aumenta su parte constante, y por tanto solo puede *limitar* la capacidad de ocupación del capital. En realidad —y eso es lo que quieren decir también esos apologistas— no se libera de esta manera capital, sino que se liberan *los medios de subsistencia* de los obreros desplazados, *se libera al obrero de los medios de subsistencia*, cosa que el apologista expresa diciendo *que la máquina libera medios de subsistencia para el obrero*. P. 429, 430.

Esto, desarrollado (muy bueno para la *Fortnightly*),[^21] p. 431-432: los antagonismos inseparables del empleo capitalista de la máquina *no existen para el apologista*, *porque no nacen de la máquina misma*, *sino de su empleo capitalista*. P. 432.

Ampliación de la producción por las máquinas, directa e indirectamente, y con ello aumento *posible* del número de obreros existente: mineros, esclavos en los Estados algodoneros (*cotton states*), etc. En cambio, por la fábrica de lana, desplazamiento de escoceses e irlandeses por las ovejas. P. 433-434.

La explotación con máquinas aumenta la división *social* del trabajo mucho más de lo que [lo] hizo la manufactura. P. 435.

##### c'' o e) Máquina y plusvalía

El primer resultado de la máquina: *aumento de la plusvalía* y, al mismo tiempo, de la masa de productos en que se representa y de la que vive la clase capitalista con sus allegados; por tanto, aumento del número de capitalistas; nueva necesidad de lujo y, al mismo tiempo, medios de satisfacerla. Crece la *producción de lujo*, lo mismo que los *medios de comunicación* (que, sin embargo, absorben poca fuerza de trabajo en los países desarrollados) (prueba, p. 436); crece por último la *clase servil*, los *esclavos domésticos modernos*, cuyo material lo suministra la *liberación* de obreros. P. 437. **Estadística**.

Contradicciones económicas. P. 437.

Posibilidad de un aumento absoluto del trabajo en una rama de negocio a consecuencia de la máquina, y modalidades de este proceso. P. 439-440.

Enorme elasticidad, capacidad de expansión súbita y a saltos de la gran industria a un alto grado de desarrollo. P. 441. Repercusión en los países productores de materias primas. Emigración a consecuencia de la liberación de obreros. División internacional del trabajo entre países industriales y agrícolas; periodicidad de crisis y prosperidad. P. 442. Los obreros, lanzados de un lado a otro en este proceso de expansión. P. 444.

Lo histórico sobre esto, p. 445-449.

Sobre el desplazamiento de la cooperación y de la manufactura por la máquina (y las fases intermedias, p. 450-451): transformación también de las ramas industriales no explotadas fabrilmente en el espíritu de la gran industria; el trabajo a domicilio, departamento exterior de la fábrica. P. 452. En el trabajo a domicilio y en la manufactura moderna, la explotación es todavía más desvergonzada que en la fábrica propiamente dicha. P. 453. Ejemplos: imprentas de Londres, p. 453. Encuadernación, clasificación de trapos, p. 454. Fabricación de ladrillos, p. 455. La manufactura moderna en general, p. 456. *Trabajo a domicilio*: *encaje de bolillos*, p. 457-459. *Trenzado de paja*, p. 460. Paso a la explotación fabril al alcanzarse el límite extremo de la explotabilidad: *la confección* (*wearing apparel*) con la *máquina de coser*. P. 462-466. Aceleración de este paso por la extensión de las leyes fabriles obligatorias, que suprimen la rutina anterior basada en una explotación sin límites. P. 466. *Ejemplos*: *alfarería*, p. 467. Cerillas, p. 468. Además, efecto de las leyes fabriles sobre el trabajo irregular, debido tanto a la holgazanería de los obreros como a las temporadas y a las modas. P. 470. Exceso de trabajo junto a holganza, a consecuencia de las temporadas, en el trabajo a domicilio y en la manufactura. P. 471.

Cláusulas sanitarias de las leyes fabriles, p. 473. Cláusulas educativas, p. 476.

Liberación de los obreros por la simple *edad*, en cuanto se hacen adultos y ya no sirven para el trabajo ni pueden vivir de un salario infantil, y al mismo tiempo no han aprendido ningún trabajo nuevo. P. 477.

Disolución de los misterios (*mysteries*)[^22] y del anquilosamiento tradicional de la manufactura y del oficio por la gran industria, que transforma el proceso de producción en una aplicación consciente de las fuerzas naturales. Por eso solo ella, frente a todas las formas anteriores, es *revolucionaria*. P. 479. Pero, como forma capitalista, deja *subsistir para el obrero* la anquilosada división del trabajo, y como revoluciona a diario su base, el obrero se arruina con ello. Por otra parte, precisamente aquí, en este cambio necesario de las actividades de un mismo obrero, está la exigencia de la mayor versatilidad posible de este y las posibilidades de la revolución social. P. 480-481.

Necesidad de extender la legislación fabril a todas las ramas, incluso a las no explotadas fabrilmente. P. 482 y ss. Ley de 1867, p. 485. Minas, nota 486 y ss.

Efecto concentrador de las leyes fabriles, generalización de la explotación fabril y, con ella, de la forma clásica de la producción capitalista, agudización de sus contradicciones inherentes, maduración de los elementos que revolucionan la vieja sociedad y de los elementos que forman la nueva. P. 488-493.

*Agricultura*. Aquí la liberación por las máquinas es todavía más aguda; sustitución del campesino por el asalariado. Destrucción de la manufactura doméstica rural. Agudización de los antagonismos entre ciudad y campo. Dispersión y debilitamiento de los obreros del campo, mientras que los de la ciudad se concentran; de ahí que el salario de los obreros agrícolas esté en el mínimo. Al mismo tiempo, expoliación del suelo: la coronación del modo de producción capitalista es socavar la *fuente de toda riqueza*: la tierra y el obrero. P. 493-496.

### V. Otras investigaciones sobre la producción de la plusvalía

[Aquí se interrumpe el manuscrito.]


[^1]: «Tercer término de comparación».

[^2]: En el original, en inglés: *skilled* y *unskilled*.

[^3]: Engels remite a las páginas de la primera edición alemana del libro primero de *El capital* (Hamburgo, Otto Meissner, 1867), cuya división en capítulos y apartados sigue también, distinta de la de las ediciones posteriores.

[^4]: W (*Ware*), mercancía; G (*Geld*), dinero. Conservamos las letras del original: W - G - W corresponde a la fórmula M - D - M de las ediciones españolas de *El capital*, y G - W - G a D - M - D.

[^5]: «El nervio de las cosas»: el dinero.

[^6]: Pierre Le Pesant de Boisguillebert (1646-1714), economista francés, y Sébastien Le Prestre de Vauban (1633-1707), mariscal de Francia; ambos describieron la ruina que causaba en la Francia de Luis XIV la exigencia de los impuestos en dinero.

[^7]: Las ciudades de Asia Menor pagaban a Roma tributos en dinero, y con ese dinero Roma les compraba mercancías demasiado caras: así recuperaban por el comercio una parte del tributo.

[^8]: «¡Aquí está Rodas, salta aquí!»: de la fábula de Esopo del fanfarrón que presumía de un gran salto dado en Rodas; es decir, aquí hay que demostrarlo.

[^9]: «Condición indispensable».

[^10]: c, capital constante; v, capital variable; m (*Mehrwert*), plusvalía.

[^11]: Nassau William Senior (1790-1864), economista inglés, que en 1837 sostuvo que la ganancia neta del fabricante se producía en la «última hora» de la jornada de trabajo, para combatir su reducción legal.

[^12]: «Reglamento orgánico»: la constitución impuesta por Rusia a los Principados del Danubio en 1831-1832, que fijaba las prestaciones de trabajo de los campesinos a los boyardos.

[^13]: «Después de él, el diluvio»: variante de la frase atribuida a Luis XV o a Madame de Pompadour.

[^14]: «Estatuto de los trabajadores»; «23 Eduardo III» designa el año 23 del reinado de Eduardo III.

[^15]: «Y todos los demás». John Ramsay McCulloch (1789-1864), economista escocés, vulgarizador de Ricardo; Andrew Ure (1778-1857), químico y apologista del sistema fabril.

[^16]: «Concurso de fuerzas». Antoine Destutt de Tracy (1754-1836), filósofo y economista francés.

[^17]: «Gastos accesorios» improductivos.

[^18]: La *spinning jenny*, máquina de hilar inventada por James Hargreaves hacia 1764.

[^19]: Robert Gardner, fabricante de Preston, redujo en 1844 la jornada de sus fábricas de 12 a 11 horas sin pérdida de producción.

[^20]: La *selfactor* es la mula automática de hilar; la *throstle*, la continua de hilar; el *power loom*, el telar mecánico.

[^21]: Engels preparaba una reseña del libro primero de *El capital* para la *Fortnightly Review* de Londres, que no llegó a publicarse.

[^22]: En el inglés antiguo, *mystery* designa el oficio gremial y sus secretos de oficio.
