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Title: Auge y caída de los ejércitos (1870)
Description: Engels explica cómo el ejército francés del Segundo Imperio llegó a ser el primero de Europa tras las guerras de Crimea y de Italia, cómo Prusia reorganizó el suyo después de los fracasos de 1850 y 1859, y cómo la corrupción del Imperio pudrió al ejército francés antes de 1870.
Author: Friedrich Engels
Date: 1870-09-10
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1870%20Auge%20y%20ca%C3%ADda%20de%20los%20ej%C3%A9rcitos
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*Escrito en inglés por Friedrich Engels y publicado en* The Pall Mall Gazette *(Londres), núm. 1740, del 10 de septiembre de 1870, sin firma. Traducido por la Escuela de marxismo, 2026, del original inglés según la transcripción del periódico hecha por Tony Brown para el Marxists Internet Archive, cotejada con la versión alemana de Marx/Engels,* Werke*, tomo 17 (Berlín, 1962), pp. 96-100. Las notas son nuestras. [Texto original en inglés](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1870%20The%20Rise%20and%20Fall%20of%20Armies).*

Cuando Luis Napoleón fundó el Imperio «que era la paz»[^1] sobre los votos de los campesinos y sobre las bayonetas de sus hijos, los soldados del ejército, ese ejército no ocupaba en Europa un rango especialmente destacado, salvo quizá por tradición. Había habido paz desde 1815, una paz interrumpida para algunos ejércitos por los acontecimientos de 1848 y 1849. Los austríacos habían hecho una campaña afortunada en Italia y una desastrosa en Hungría; ni Rusia en Hungría ni Prusia en el sur de Alemania habían cosechado laureles dignos de mención[^2]; Rusia tenía su guerra permanente en el Cáucaso, y Francia la suya en Argelia. Pero ninguno de los grandes ejércitos se había medido con otro en el campo de batalla desde 1815. Luis Felipe había dejado el ejército francés en un estado que era cualquier cosa menos eficiente; las tropas de Argelia, y sobre todo los cuerpos predilectos creados más o menos para la guerra de África —cazadores de a pie, zuavos, turcos, cazadores de África[^3]—, eran sin duda objeto de mucha atención; pero el grueso de la infantería, la caballería y el material en Francia estaban muy descuidados. La república no mejoró el estado del ejército. Pero llegó el Imperio que era la paz, y —«si vis pacem, para bellum»[^4]— el ejército se convirtió en seguida para él en el principal objeto de atención. Francia tenía entonces muchos oficiales relativamente jóvenes que habían servido en puestos elevados en África cuando todavía se combatía allí en serio. Tenía, en los cuerpos especiales de Argelia, tropas sin duda superiores a cualesquiera otras de Europa. Tenía, gracias a los numerosos sustitutos[^5], un número de soldados profesionales fogueados, verdaderos veteranos, mayor que el de cualquier otra potencia del continente. Lo único necesario era elevar todo lo posible el grueso de las tropas al nivel de los cuerpos especiales. Esto se hizo en gran medida. El «pas gymnastique» (el «paso ligero» de los ingleses), que hasta entonces solo practicaban los cuerpos especiales, se extendió a toda la infantería, y se obtuvo así una rapidez de maniobra antes desconocida en los ejércitos. La caballería se montó, en la medida de lo posible, con mejores caballos; se revisó y completó el material de todo el ejército; y, por último, se emprendió la guerra de Crimea. La organización del ejército francés lucía mucho al lado de la del inglés; las proporciones numéricas de los ejércitos aliados daban naturalmente a los franceses la parte principal de la gloria, si es que la hubo; el carácter de la guerra, que giró por completo en torno a un gran sitio, hizo resaltar del modo más favorable el genio peculiarmente matemático de los franceses, aplicado por sus ingenieros; y, en conjunto, la guerra de Crimea volvió a elevar al ejército francés al rango de primer ejército de Europa.

Llegó luego el periodo del fusil rayado y del cañón rayado. La incomparable superioridad del fuego del fusil rayado sobre el de ánima lisa llevó a la supresión de este o, en algunos casos, a rayarlo en masa. Prusia hizo transformar sus viejos fusiles en fusiles rayados en menos de un año; Inglaterra dio poco a poco a toda su infantería el Enfield, y Austria un excelente fusil rayado de pequeño calibre (el Lorenz). Solo Francia conservó el viejo fusil de ánima lisa, y el fusil rayado siguió reservado, como antes, a los cuerpos especiales. Pero mientras el grueso de su artillería conservaba el cañón corto de doce, un invento predilecto del emperador, pero de menor eficacia que la vieja artillería a causa de la carga reducida, se equiparon y tuvieron preparadas para una guerra unas cuantas baterías de cuatro rayadas. Su construcción era defectuosa, pues eran los primeros cañones rayados que se hacían desde el siglo XV; pero su eficacia era muy superior a la de cualquier cañón de campaña de ánima lisa existente.

En estas circunstancias estalló la guerra de Italia[^6]. El ejército austríaco tenía unas maneras bastante descuidadas; los esfuerzos extraordinarios rara vez habían sido su fuerte; en realidad, era respetable, y nada más. Entre sus jefes contaba con algunos de los mejores y con muchísimos de los peores generales de la época. La influencia de la corte llevó al mando superior a la mayoría de los segundos. Los errores de los generales austríacos y la mayor ambición de los soldados franceses dieron al ejército francés una victoria bastante reñida. Magenta no dio ningún trofeo; Solferino, solo unos pocos; y la política bajó el telón antes de que pudiera llegarse a la verdadera dificultad de la guerra, la lucha por el Cuadrilátero.

Después de esta campaña el ejército francés fue el ejército modelo de Europa. Si después de la guerra de Crimea el cazador de a pie francés se había convertido ya en el *beau idéal* del soldado de infantería, esta admiración se extendió ahora a todo el ejército francés. Se estudiaron sus instituciones; sus campamentos se convirtieron en escuelas para oficiales de todas las naciones. La invencibilidad de los franceses se hizo casi un artículo de fe europeo. Entretanto, Francia rayó todos sus viejos fusiles y armó toda su artillería con cañones rayados.

Pero la misma campaña que elevó al ejército francés al primer rango de Europa dio origen a unos esfuerzos que acabaron por procurarle primero un rival y después un vencedor. El ejército prusiano había pasado de 1815 a 1850 por el mismo proceso de oxidación que todas las demás huestes europeas. Pero para Prusia esta herrumbre de la paz era un estorbo mayor que en ninguna otra parte para su maquinaria de guerra. El sistema prusiano reunía entonces en cada brigada un regimiento de línea y otro de Landwehr, de modo que la mitad de las tropas de campaña tenía que formarse de nuevo en la movilización. El material de la línea y de la Landwehr se había vuelto de todo punto insuficiente; había muchas raterías entre los responsables. En suma, cuando el conflicto de 1850 con Austria obligó a una movilización, todo se vino abajo miserablemente, y Prusia tuvo que pasar bajo las horcas caudinas[^7]. El material se repuso en seguida con grandes gastos y se revisó toda la organización, pero solo en sus detalles. Cuando la guerra de Italia de 1859 obligó a otra movilización, el material estaba en mejor orden, pero ni siquiera entonces completo; y el espíritu de la Landwehr, excelente para una guerra nacional, se mostró completamente inmanejable en una demostración militar que podía llevar a una guerra con uno u otro de los beligerantes. Se decidió reorganizar el ejército.

Esta reorganización, llevada a cabo a espaldas del Parlamento[^8], mantuvo en armas los treinta y dos regimientos de infantería de la Landwehr, completando poco a poco sus filas con un reclutamiento mayor de reclutas, y acabó por convertirlos en regimientos de línea, con lo que el número de estos pasó de cuarenta a setenta y dos. La artillería se aumentó en la misma proporción; la caballería, en una mucho menor. Este aumento del ejército era más o menos proporcional al de la población de Prusia de 1815 a 1860, de 10 millones y medio a 18 millones y medio. A pesar de la oposición de la Segunda Cámara, siguió en vigor en la práctica. Además, se hizo el ejército más eficiente en todos los aspectos. Había sido el primero en dotar de fusiles rayados a toda su infantería. Ahora el fusil de aguja de retrocarga, que hasta entonces solo se había dado a una fracción de la infantería, se dio a toda ella, y se preparó una reserva de ellos. Se dieron por terminados los experimentos con artillería rayada que venían haciéndose desde hacía algunos años, y los modelos adoptados sustituyeron poco a poco a los cañones de ánima lisa. La excesiva instrucción de parada, heredada del rígido y viejo Federico Guillermo III, dejó sitio cada vez más a un sistema de instrucción mejor, en el que se practicaban sobre todo el servicio de avanzadas y el combate en orden disperso, y los modelos en ambas ramas eran en gran medida los franceses de Argelia. Para los batallones destacados se adoptó como principal formación de combate la columna de compañía. Se prestó gran atención al tiro al blanco y se obtuvieron resultados excelentes. La caballería mejoró también mucho. La cría caballar, sobre todo en Prusia Oriental, la gran comarca criadora de caballos, se había cuidado durante años, introduciendo mucha sangre árabe, y empezaban a recogerse los frutos. El caballo de Prusia Oriental, inferior en alzada y velocidad al caballo de tropa inglés, es un caballo de guerra muy superior y aguanta cinco veces más campaña. La formación profesional de los oficiales, muy descuidada durante largo tiempo, se volvió a elevar al muy alto nivel prescrito, y en conjunto el ejército prusiano estaba pasando por una transformación completa. La guerra de Dinamarca[^9] bastó para mostrar que así era a todo el que quisiera verlo; pero la gente no quería verlo. Luego vino el trueno de 1866, y la gente no pudo menos de verlo. Después vino la extensión del sistema prusiano al ejército de la Alemania del Norte, y en sus rasgos fundamentales también a los ejércitos de la Alemania del Sur; y el resultado ha mostrado con cuánta facilidad puede implantarse. Y luego llegó 1870.

Pero en 1870 el ejército francés ya no era el de 1859. El peculado, los chanchullos y el abuso general de la función pública en provecho privado, que formaban la base esencial del sistema del Segundo Imperio, se habían apoderado del ejército. Si Haussmann[^10] y su cuadrilla sacaron millones del inmenso negocio de París, si todo el departamento de Obras Públicas, si cada contrata del gobierno, cada cargo civil se convertían descarada y abiertamente en un medio de robar al público, ¿iba a seguir siendo virtuoso solo el ejército, el ejército al que Luis Napoleón lo debía todo, el ejército mandado por hombres tan aficionados a la riqueza como los paniaguados civiles de la corte, más afortunados que ellos? Y cuando se supo que el gobierno tenía la costumbre de recibir el dinero de los sustitutos sin proporcionar esos sustitutos —cosa que por fuerza conocía todo oficial de regimiento—; cuando empezaron esos otros peculados en los pertrechos, etc., que debían proporcionar los fondos que el Ministerio de la Guerra entregaba en secreto al emperador; cuando los puestos más altos tuvieron que ocuparlos hombres que estaban en el secreto y a los que no se podía destituir hicieran o dejaran de hacer lo que fuera, entonces la desmoralización se extendió a los oficiales de regimiento. Lejos de nosotros decir que el peculado a costa del erario se hiciera común entre ellos; pero el desprecio por sus superiores, el abandono del deber y la decadencia de la disciplina fueron las consecuencias necesarias. Si los jefes se hubieran hecho respetar, ¿se habrían atrevido los oficiales, como era la regla, a ir en coche durante la marcha? Todo se había podrido; la atmósfera de corrupción en que vivía el Segundo Imperio había acabado por hacer efecto en el principal sostén de ese Imperio, el ejército; en la hora de la prueba no había más que las gloriosas tradiciones del servicio y la valentía innata de los soldados para oponer al enemigo, y eso solo no basta para mantener a un ejército en primera fila.

[^1]: «L'Empire, c'est la paix» («El Imperio es la paz»), frase de Luis Napoleón en su discurso de Burdeos del 9 de octubre de 1852, poco antes de proclamarse emperador.

[^2]: En 1848-1849 Austria venció a los piamonteses en Custoza y Novara, pero solo pudo aplastar la revolución húngara con la ayuda de un ejército ruso; las tropas prusianas sofocaron en 1849 la insurrección de Baden y del Palatinado.

[^3]: Los cazadores de a pie (chasseurs à pied), infantería ligera; los zuavos, infantería de origen argelino que pasó a reclutarse entre franceses; los turcos, tiradores argelinos indígenas; los cazadores de África (chasseurs d'Afrique), caballería ligera.

[^4]: «Si quieres la paz, prepara la guerra», máxima latina inspirada en Vegecio.

[^5]: La ley francesa permitía a los mozos sorteados para el servicio pagar a un sustituto; desde 1855 el Estado cobraba una cantidad por la exención y se encargaba él de reenganchar a soldados veteranos.

[^6]: La guerra de 1859 de Francia y el Piamonte contra Austria, que terminó con la paz de Villafranca tras las batallas de Magenta (4 de junio) y Solferino (24 de junio).

[^7]: En noviembre de 1850 Prusia, tras movilizar su ejército frente a Austria en la crisis de Hesse, tuvo que ceder en el convenio de Olmütz. Las horcas caudinas: el yugo bajo el que los samnitas hicieron pasar a un ejército romano vencido en el año 321 a. C.

[^8]: La reforma militar de Guillermo I y de su ministro de la Guerra Albrecht von Roon (1860-1862) provocó el conflicto constitucional con la mayoría liberal de la Cámara de Diputados prusiana, que se negó a votar los créditos; Bismarck gobernó desde 1862 sin presupuesto aprobado.

[^9]: La guerra de Prusia y Austria contra Dinamarca de 1864 por los ducados de Schleswig y Holstein.

[^10]: Georges-Eugène Haussmann (1809-1891), prefecto del Sena de 1853 a 1870, dirigió las grandes obras de transformación de París, acompañadas de enormes especulaciones.
