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Title: Cómo combatir a los prusianos (1870)
Description: Engels pone al descubierto la contradicción del sistema militar prusiano, una escuela de armas del pueblo convertida en instrumento del absolutismo y de las guerras de gabinete, y prevé que una nación que armara de verdad a todos sus ciudadanos con un servicio corto lo derrotaría, como Prusia había derrotado a Francia.
Author: Friedrich Engels
Date: 1870-09-17
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1870%20C%C3%B3mo%20combatir%20a%20los%20prusianos
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*Escrito en inglés por Friedrich Engels y publicado en* The Pall Mall Gazette *(Londres), núm. 1746, del 17 de septiembre de 1870, sin firma. Traducido por la Escuela de marxismo, 2026, del original inglés según la transcripción del periódico hecha por Tony Brown para el Marxists Internet Archive, cotejada con la versión alemana de Marx/Engels,* Werke*, tomo 17 (Berlín, 1962), pp. 105-108. Las notas son nuestras. [Texto original en inglés](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1870%20How%20to%20Fight%20the%20Prussians).*

Después de la guerra de Italia de 1859, cuando el poderío militar francés estaba en su apogeo, el príncipe Federico Carlos de Prusia, el mismo que ahora cerca al ejército de Bazaine en Metz, escribió un folleto: «Cómo combatir a los franceses»[^1]. Hoy, cuando la inmensa fuerza militar de Alemania, organizada según el sistema prusiano, lo arrolla todo a su paso, la gente empieza a preguntarse quién combatirá en el futuro a los prusianos y cómo. Y cuando una guerra en la que Alemania, al principio, se limitaba a defender lo suyo contra el *chauvinisme* francés parece transformarse poco a poco, pero de modo seguro, en una guerra en interés de un nuevo *chauvinisme* alemán, vale la pena considerar esa cuestión.

«La Providencia está siempre del lado de los batallones más fuertes» era una de las maneras favoritas que tenía *el* Napoleón de explicar cómo se ganaban y se perdían las batallas. Según este principio ha actuado Prusia. Se cuidó de tener los «batallones más fuertes». Cuando en 1807 Napoleón le prohibió tener un ejército de más de 40.000 hombres, ella licenciaba a sus reclutas tras seis meses de instrucción y ponía hombres nuevos en su lugar; y en 1813 pudo poner en campaña 250.000 soldados de una población de cuatro millones y medio[^2]. Más tarde este mismo principio de servicio corto en el regimiento y larga obligación de servir en la reserva se desarrolló más plenamente y, además, se puso en armonía con las necesidades de una monarquía absoluta. Se tenía a los hombres de dos a tres años en los regimientos, no solo para instruirlos bien, sino también para domarlos por completo en los hábitos de la obediencia incondicional.

Pues bien, aquí está el punto débil del sistema prusiano. Tiene que conciliar dos fines distintos y, a la postre, incompatibles. Por un lado, pretende hacer soldado a todo hombre útil; tener un ejército permanente sin otro objeto que el de ser una escuela en la que los ciudadanos aprendan el uso de las armas y un núcleo en torno al cual se agrupen en caso de ataque exterior. Hasta aquí el sistema es puramente defensivo. Pero, por otro lado, este mismo ejército ha de ser el apoyo armado, el pilar principal, de un gobierno casi absoluto; y para este fin la escuela de armas de los ciudadanos tiene que convertirse en una escuela de obediencia absoluta a los superiores y de sentimientos monárquicos. Esto solo puede conseguirse con un servicio largo. Aquí sale a relucir la incompatibilidad. La política exterior defensiva requiere instruir a muchos hombres durante un periodo corto, para tener en la reserva grandes contingentes en caso de ataque exterior; y la política interior requiere domar a un número limitado de hombres durante un periodo más largo, para tener un ejército de confianza en caso de revuelta interna. La monarquía casi absoluta escogió un camino intermedio. Mantuvo a los hombres tres años completos en armas y limitó el número de reclutas según sus medios financieros. La tan cacareada obligación general del servicio militar no existe en realidad. Se ha convertido en una conscripción que solo se distingue de la de otros países por ser más opresiva. Cuesta más dinero, se lleva más hombres y extiende su obligación de ser llamados a filas a un periodo mucho más largo que en ninguna otra parte. Y, al mismo tiempo, lo que en su origen era un pueblo armado para su propia defensa se transforma en un ejército de ataque dispuesto y manejable, en un instrumento de la política de gabinete.

En 1861 Prusia tenía una población de algo más de dieciocho millones, y cada año 227.000 jóvenes quedaban sujetos al servicio militar al cumplir veinte años. De ellos, sus buenos la mitad eran físicamente aptos para el servicio, si no en el acto, por lo menos un par de años después. Pues bien, en lugar de 114.000 reclutas, no se ponían en filas cada año más de 63.000; de modo que casi la mitad de la población masculina útil quedaba excluida de la instrucción en el uso de las armas. Todo el que haya estado en Prusia durante una guerra habrá tenido que notar el enorme número de mozos fuertes y sanos de entre veinte y treinta y dos años que se quedaban tranquilamente en casa. El estado de «vida en suspenso» que los corresponsales especiales han observado en Prusia durante la guerra solo existe en su imaginación.

Desde 1866 el número de reclutas anuales de la Confederación de la Alemania del Norte no ha pasado de 93.000, sobre una población de 30.000.000. Si se tomara el contingente completo de jóvenes útiles, aun tras el examen médico más estricto, ascendería por lo menos a 170.000. Las necesidades dinásticas por un lado y las necesidades financieras por otro determinaron esta limitación del número de reclutas. El ejército siguió siendo un instrumento manejable para fines absolutistas dentro del país y para guerras de gabinete fuera; pero, en cuanto a la fuerza plena de la nación para la defensa, distaba mucho de aprovecharse.

Aun así, este sistema conservaba una inmensa superioridad sobre el anticuado sistema de cuadros de los otros grandes ejércitos del continente. En comparación con ellos, Prusia sacaba el doble de soldados de la misma población. Y ha conseguido además hacer de ellos buenos soldados, gracias a un sistema que agotaba sus recursos y que el pueblo nunca habría soportado de no ser por los continuos tanteos de Luis Napoleón en busca de la frontera del Rin y por las aspiraciones a la unidad alemana, de las que se sentía instintivamente que este ejército era el instrumento necesario. Una vez asegurados el Rin y la unidad de Alemania, ese sistema militar se volverá forzosamente intolerable.

Aquí tenemos la respuesta a la pregunta de cómo combatir a los prusianos. Si una nación igual de populosa, igual de inteligente, igual de valiente, igual de civilizada llevara a cabo en la realidad lo que en Prusia solo se hace sobre el papel, hacer soldado a todo ciudadano útil; si esa nación limitara el tiempo efectivo de servicio en paz y de instrucción a lo que realmente hace falta para ese fin, y nada más; si mantuviera la organización del pie de guerra con la misma eficacia con que lo ha hecho últimamente Prusia, entonces, decimos, esa nación tendría sobre la Alemania prusianizada la misma inmensa ventaja que la Alemania prusianizada ha demostrado tener sobre Francia en esta guerra. Según autoridades prusianas de primer orden (entre ellas el general von Roon[^3], ministro de la Guerra), dos años de servicio bastan sobradamente para hacer de un patán un buen soldado. Con permiso de los ordenancistas de Su Majestad[^4], hasta nos inclinaríamos a decir que para la masa de los reclutas bastarían dieciocho meses: dos veranos y un invierno. Pero la duración exacta del servicio es una cuestión secundaria. Los prusianos, como hemos visto, obtuvieron resultados excelentes tras seis meses de servicio, y con hombres que acababan de dejar de ser siervos. Lo principal es que el principio de la obligación general del servicio se lleve a cabo de verdad.

Y si la guerra sigue hasta ese amargo final que piden ahora a gritos los filisteos alemanes, el desmembramiento de Francia, podemos estar seguros de que los franceses adoptarán ese principio. Hasta ahora han sido una nación belicosa, pero no militar. Han odiado servir en su ejército, establecido según el sistema de cuadros, con servicio largo y pocas reservas instruidas. Estarán muy dispuestos a servir en un ejército con servicio corto y larga obligación en la reserva, y harán incluso más si eso les permite lavar la afrenta y restablecer la integridad de Francia. Y entonces los «batallones más fuertes» estarán del lado de Francia, y el efecto que produzcan será el mismo que en esta guerra, a no ser que Alemania adopte el mismo sistema. Pero habrá una diferencia. Igual que el sistema prusiano de la Landwehr fue un progreso respecto del sistema francés de cuadros, porque redujo el tiempo de servicio y aumentó el número de hombres capaces de defender su país, este nuevo sistema de obligación de servir realmente general será un avance respecto del sistema prusiano. Los armamentos para la guerra se harán más colosales, pero los ejércitos de paz se harán más pequeños; los ciudadanos de un país tendrán todos y cada uno que dirimir en persona, y ya no por medio de sustitutos, las querellas de sus gobernantes; la defensa se hará más fuerte, y el ataque más difícil; y la propia extensión de los ejércitos acabará por resultar una reducción de los gastos y una garantía de paz.

[^1]: *Eine militärische Denkschrift von P. F. K.* (Fráncfort del Óder, 1860), memoria del príncipe Federico Carlos sobre el modo de combatir al ejército francés.

[^2]: Por el tratado de París de septiembre de 1808, que completaba la paz de Tilsit (1807), Prusia no podía tener un ejército de más de 42.000 hombres. Para burlar esa limitación, Scharnhorst ideó el sistema de los *Krümper*: licenciar a los reclutas tras una instrucción breve y llamar a otros en su lugar.

[^3]: Albrecht von Roon (1803-1879), ministro de la Guerra de Prusia desde 1859, autor de la reorganización del ejército de 1860-1862.

[^4]: El original inglés dice «her Majesty's martinets», los ordenancistas de la reina Victoria, es decir, los militares ingleses.
