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Title: Comunicación confidencial (1870)
Description: Informe confidencial de Marx a los socialdemócratas alemanes sobre las intrigas de Bakunin en la Internacional, que incluye la circular del Consejo General del 1 de enero de 1870: Inglaterra como palanca de la revolución proletaria e Irlanda como el punto donde asestar el golpe decisivo.
Author: Karl Marx
Date: 1870-03-28
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1870%20Comunicaci%C3%B3n%20confidencial
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*Escrita por Karl Marx en Londres hacia el 28 de marzo de 1870 y enviada confidencialmente, con una carta a Ludwig Kugelmann de la misma fecha, al Comité del Partido Obrero Socialdemócrata en Brunswick. Traducida del manuscrito, según Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 16 (Berlín, 1962, pp. 409-420), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Marx copió en francés la circular del Consejo General del 1 de enero de 1870; la traducimos de la versión alemana de la MEW. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1870%20Konfidentielle%20Mitteilung). Incluye entera la circular del Consejo General al Consejo Federal de la Suiza romanda del 1 de enero de 1870, publicada aparte en este archivo: [El Consejo General al Consejo Federal de la Suiza romanda](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1870%20El%20Consejo%20General%20al%20Consejo%20Federal%20de%20la%20Suiza%20romanda).*

El ruso Bakunin[^1] (aunque lo conozco desde 1843, paso aquí por alto todo lo que no sea absolutamente necesario para entender lo que sigue) tuvo, poco después de la fundación de la *Internacional*, una entrevista con Marx en Londres. Este lo admitió allí en la asociación, por la que B[akunin] prometió trabajar con todas sus fuerzas. B. se fue a Italia, recibió allí de M[arx] los *Estatutos provisionales* y el *Manifiesto a las clases trabajadoras*,[^2] contestó «con gran entusiasmo» y no hizo nada. Al cabo de años en los que nada se sabe de él, reaparece en Suiza. Allí no se adhiere a la *Internacional*, sino a la *Ligue de la Paix et de la Liberté*.[^3] Tras el congreso de esa Liga de la Paz (Ginebra, 1867), B. se cuela en su *Comité Ejecutivo*, pero encuentra en él adversarios que no solo no le permiten una influencia «dictatorial», sino que lo vigilan como «sospechoso de *ruso*». Poco después del Congreso de Bruselas (septiembre de 1868) de la *Intern*[*acional*], la *Liga de la Paz* celebra su congreso en Berna. Esta vez B. se presenta como *firebrand*[^4] y —sea dicho *en passant*— pronuncia su denuncia de la burguesía occidental en el tono con que los optimistas moscovitas suelen atacar la civilización occidental para disimular su propia barbarie. Propone una serie de resoluciones que, *absurdas en sí mismas*, están calculadas para meter miedo a los cretinos burgueses y permitir al señor Bakunin *salir* con estrépito de la Liga de la Paz y *entrar* en la Internacional. Basta decir que el programa que presentó al Congreso de Berna contiene absurdos como la *«igualdad»* de las *«clases»*, la «*abolición del derecho de herencia como comienzo* de la rev[olución] social», etc.: charlatanería sin pies ni cabeza, un rosario de ocurrencias huecas que pretenden ser espeluznantes; en una palabra, una improvisación insípida calculada solo para causar cierto efecto del momento. Los amigos de B. en París (donde un ruso es coeditor de la *Revue Positiviste*)[^5] y en Londres anuncian al mundo la salida de B. de la Liga de la Paz como *un événement*[^6] y pregonan su grotesco programa —esa *olla podrida* de lugares comunes gastados— como algo maravillosamente espantoso y original.

Entretanto, B. había ingresado en la *Branche Romande*[^7] de la Internacional (en Ginebra). Le había costado años decidirse a dar ese paso. Pero no le costó ni unos días al señor Bakunin decidir que iba a poner patas arriba la *Intern.* y convertirla en su instrumento.

A espaldas del Consejo General de Londres —que no fue informado hasta que todo estaba aparentemente *listo*—, fundó la llamada *Alliance des Démocrates Socialistes*.[^8] El programa de esta sociedad no era otro que el que B. había presentado al Congreso de la Paz de Berna. La sociedad se anunciaba así, desde el principio, como sociedad de propaganda de la sabiduría esotérica específicamente bakuniniana, y el propio B., *uno de los hombres más ignorantes en el terreno de la teoría social*, figura aquí de pronto como *fundador de secta*. El programa teórico de esta Alianza no era, sin embargo, más que una farsa. Su lado serio estaba en su organización práctica. Esta sociedad debía ser, en efecto, *internacional*, con su comité central en *Ginebra*, es decir, bajo la dirección personal de B. Pero al mismo tiempo debía ser parte *«integrante»* de la *Asociación Intern. de los Trabajadores*. Sus *branches*[^9] debían, por una parte, estar representadas en el «próximo congreso» de la Intern. (en Basilea) y, a la vez, celebrar su propio congreso en sesiones separadas, *junto al otro*, etc., etc.

El material humano de que B. disponía de entrada era la mayoría de entonces del *Comité Fédéral Romand*[^10] de la Intern. en Ginebra; J. Ph. Becker,[^11] cuyo celo propagandístico a veces le hace perder la cabeza, fue puesto por delante. En Italia y en España B. tenía algunos aliados.

El Consejo General de Londres estaba perfectamente informado. Sin embargo, dejó que Bakunin avanzara tranquilamente hasta el momento en que este se vio obligado a hacer llegar al Consejo General, por medio de J. Ph. Becker, los estatutos (con el programa) de la *Alliance des Dém. Soc.* para su aprobación. Siguió entonces una respuesta largamente motivada —en un tono enteramente «judicial» y «objetivo», pero llena de ironía en sus «considerandos»—, que concluía así:[^12]

1. El Consejo General *no* admite la Alianza como *branche* de la *Intern.*

2. Todos los artículos del estatuto de la Alianza que se refieren a su relación con la *Intern.* quedan declarados *nulos y sin efecto*.

En los considerandos se demostraba de modo claro y contundente que la Alianza no era más que una máquina para desorganizar la Int.

El golpe fue inesperado. B. ya había convertido en órgano suyo *L'Égalité*, el órgano central de los miembros francófonos de la *Int.* en Suiza, y además había fundado para sí en Le Locle un pequeño *Moniteur* privado: *Le Progrès*.[^13] *Le Progrès* sigue desempeñando hoy ese papel bajo la dirección de un fanático partidario de B., un tal *Guillaume*.[^14]

Tras varias semanas de deliberación, el comité central de la Alianza envía por fin, con la firma de Perron,[^15] un ginebrino, una respuesta al Consejo General. La Alianza, por celo hacia la buena causa, está dispuesta a *sacrificar su organización independiente*, pero con una sola condición: que el Consejo General declare que reconoce *sus principios «radicales»*.

El Consejo General respondió que no era función suya juzgar teóricamente los programas de las diversas secciones. Solo tenía que velar por que no contuvieran *nada que contradijera directamente los estatutos y su espíritu*. Por eso debía insistir en que se suprimiera del programa de la *Alianza* la absurda frase sobre la *«égalité des classes»* y se pusiera en su lugar *«abolition des classes»*[^16] (cosa que se hizo). Por lo demás, podían ingresar *una vez disuelta su organización intern. independiente* y después de haber remitido al Consejo General (cosa que, nótese bien, no hicieron nunca) una lista de todas sus *branches*.

Con esto quedó zanjado este *incident*. La *Alianza* se disolvió *nominalmente* y siguió existiendo *de hecho* bajo la dirección de B., que dominaba al mismo tiempo el *Comité Romand Fédéral* de la Intern. en Ginebra. A sus órganos anteriores se sumó la *Federación* de Barcelona (y, después del Congreso de Basilea, la *Eguaglianza* de Nápoles).

B. intentó entonces alcanzar su objetivo —convertir la *Internacional* en su instrumento privado— por otro camino. Hizo que nuestro Comité Romando de Ginebra propusiera al Consejo General incluir la *«cuestión de la herencia»* en el orden del día del Congreso de Basilea. El Consejo General accedió para poder darle a B. directamente en la cabeza. El plan de B. era este: si el Congreso de Basilea adopta los «principios» (?) proclamados por B. en Berna, se demostrará al mundo que no es B. quien se ha pasado a la Intern., sino la Intern. la que se ha pasado a B. Consecuencia sencilla: el Consejo General de Londres (cuya oposición a que se recalentara la *vieillerie saint-simoniste*[^17] B. conocía) tiene que dimitir, y el Congreso de Basilea *trasladará el Consejo General a Ginebra*, es decir, la Internacional caerá bajo la dictadura de B.

B. montó una auténtica *conspiración* para asegurarse la mayoría en el Congreso de Basilea. No faltaron siquiera mandatos *falsos*, como el del señor Guillaume por Le Locle, etc. El propio B. mendigó mandatos de Nápoles y de Lyon. Se esparcieron calumnias de todo tipo contra el Consejo General. A unos se les decía que en él predominaba el *élément bourgeois*; a otros, que era la sede del *communisme autoritaire*,[^18] etc.

El resultado del Congreso de Basilea es conocido. Las propuestas de B. no prosperaron y el Consejo General siguió en Londres.[^19]

El despecho por este fracaso —a cuyo éxito B. quizá había ligado toda clase de especulaciones privadas «en el espíritu y el sentir de su corazón»— se desahogó en manifestaciones irritadas de *L'Égalité* y de *Le Progrès*. Estos periódicos fueron adoptando entretanto, cada vez más, la forma de oráculos oficiales. Ora esta, ora aquella sección suiza de la Intern. era excomulgada por haber participado en el movimiento político contra la prescripción expresa de B., etc. Por fin estalló abiertamente la rabia contra el Consejo General, largo tiempo contenida. *Le Progrès* y *L'Égalité* se burlaban, atacaban, declaraban que el Consejo General no cumplía sus deberes, por ejemplo en lo tocante al boletín trimestral; que el Consejo General debía desprenderse del control directo sobre Inglaterra y dejar que se fundara junto a él un comité central inglés que [se ocupara] solo de los asuntos ingleses; que las resoluciones del Consejo General sobre los fenianos presos eran una extralimitación de sus funciones, puesto que no tenía que ocuparse de cuestiones de política local. Además, *Le Progrès* y *L'Égalité* tomaron partido por *Schweitzer*[^20] y exigieron categóricamente al Consejo General que se pronunciara oficialmente y *publiquement* sobre la cuestión Liebknecht-Schweitzer. El periódico *Le Travail* (de París), en el que los amigos parisienses de Schweitzer habían colado artículos favorables a él, fue por ello elogiado por *Le Progrès* y *L'Égalité*, y esta última lo invitó a hacer causa común contra el Consejo General.

Había llegado, pues, el momento de intervenir. Lo que sigue es copia literal de la circular del Consejo General al Comité Central Romando de Ginebra. El documento es demasiado largo para traducirlo al alemán.[^21]

«*El Consejo General al Consejo Federal de la Suiza romanda, en Ginebra.*

En su sesión extraordinaria del 1 de enero de 1870, el Consejo General ha resuelto:

1. Leemos en *L'Égalité* del 11 de diciembre de 1869:

> “Es seguro que el Consejo General descuida cosas extremadamente importantes… Recordamos al Consejo General sus deberes según el artículo 1 del reglamento: ‘El Consejo General *está obligado* a ejecutar las resoluciones de los congresos’… *Tendríamos bastantes preguntas que hacer al Consejo General*, *tantas que sus respuestas* formarían un documento bastante largo. *Vendrán más adelante.* Entretanto, etc.”

El Consejo General no conoce, ni en los estatutos ni en el reglamento, ningún artículo que *le obligue* a entrar en correspondencia o en polémica con *L'Égalité* o a «responder» a las «preguntas» de cualquier periódico.

*Solo el Consejo Federal de la Suiza romanda* representa ante el Consejo General a las secciones de la Suiza romanda. Cuando el Consejo Federal nos dirija preguntas o reproches, y lo haga por la única vía legítima, es decir, por medio de su *secretario*, el Consejo General estará siempre dispuesto a responder. Pero el Consejo Federal Romando no tiene derecho ni a *ceder* sus funciones a *L'Égalité* y a *Le Progrès* ni a dejar que esos periódicos las usurpen.

En términos generales, la correspondencia del Consejo General con los comités nacionales y locales no podría publicarse sin causar grave daño a los intereses generales de la Asociación.

Así pues, si los demás órganos de la *Internacional* imitaran a *Le Progrès* y a *L'Égalité*, el Consejo General se vería ante la alternativa de desacreditarse ante la opinión pública con su silencio o de faltar a sus deberes con una respuesta pública.

*L'Égalité* se ha unido a *Le Progrès* para invitar a *Le Travail* a pedir explicaciones al Consejo General. ¡Es casi una Liga del bien público![^22]

2. Suponiendo que las preguntas formuladas por *L'Égalité* procedan *del Consejo Federal Romando*, vamos a responderlas, pero solo con la condición de que en adelante no se nos vuelvan a hacer preguntas de esta manera.

3. *La cuestión del boletín.*

Las resoluciones del Congreso de Ginebra incorporadas al reglamento disponen que los comités nacionales enviarán al Consejo General *documentos* sobre el movimiento proletario y que el Consejo General publicará entonces un boletín en las diversas lenguas *«siempre que sus medios se lo permitan»*. («*As often as its means permit*, the General Council shall publish a report etc.»)[^23]

La obligación del Consejo General estaba, pues, sujeta a condiciones que nunca se cumplieron. Ni siquiera la *encuesta estadística* prescrita por los estatutos, acordada por varios congresos generales sucesivos y reclamada año tras año por el Consejo General, se ha llevado a cabo nunca. En cuanto a los *medios*, sin las contribuciones regionales de Inglaterra y sin los sacrificios personales de sus miembros, el Consejo General habría dejado de existir hace mucho.

Así, el reglamento aprobado por el Congreso de Ginebra ha quedado en letra muerta.

En cuanto al Congreso de Basilea, no discutió sobre la *ejecución* de un reglamento existente, sino solo sobre la oportunidad de crear un boletín, y *no tomó ninguna resolución* al respecto.

Por lo demás, el Consejo General cree que el objetivo original de un boletín publicado por él lo cumplen hoy perfectamente los diversos órganos de la *Internacional*, que aparecen en distintas lenguas y circulan por intercambio mutuo. Sería absurdo querer conseguir con costosos boletines lo que ya se consigue sin coste alguno. Por otra parte, un boletín que publicara cosas que no se imprimen en los órganos de la *Internacional* solo serviría para que nuestros enemigos vieran lo que pasa entre bastidores.

4. *La cuestión de separar el Consejo General del Consejo Federal para Inglaterra.*

Mucho antes de que se fundara *L'Égalité*, esta propuesta la presentaron repetidas veces en el propio Consejo General uno o dos de sus miembros ingleses. Pero siempre fue rechazada casi por unanimidad.

Aunque la iniciativa revolucionaria partirá probablemente de Francia, solo Inglaterra puede servir de *palanca* para una revolución económica seria. Es el único país donde ya no hay *campesinos* y donde la propiedad de la tierra está concentrada en pocas manos. Es el único país donde la *forma capitalista* —es decir, el trabajo combinado en gran escala bajo empresarios capitalistas— se ha adueñado de casi toda la producción. Es el único país donde *la gran mayoría de la población está formada por asalariados* (*wages labourers*). Es el único país donde la lucha de clases y la organización de la clase obrera por las *trade-unions*[^24] han alcanzado cierto grado de madurez y de universalidad. Gracias a su dominio del mercado mundial, Inglaterra es el único país donde toda revolución en las relaciones económicas tiene que repercutir inmediatamente en el mundo entero. Si el *landlordismo*[^25] y el capitalismo tienen su sede clásica en este país, también son allí, en cambio, más maduras *las condiciones materiales de su destrucción*. El Consejo General se encuentra ahora en la feliz situación de *tener la mano directamente puesta en esta gran palanca de la revolución proletaria*: ¡qué locura, y casi podría decirse qué crimen, sería dejarla solo en manos inglesas!

Los ingleses disponen de todas las *premisas materiales* necesarias para una revolución social. Lo que les falta es *el espíritu de generalización y la pasión revolucionaria*. Solo el Consejo General puede remediarlo y acelerar así un movimiento verdaderamente revolucionario en este país y, por consiguiente, *en todas partes*. Los grandes éxitos que ya hemos obtenido en este sentido los atestiguan los periódicos más inteligentes y prestigiosos de las clases dominantes, como la *Pall Mall Gazette*, la *Saturday Review*, el *Spectator* y la *Fortnightly Review*, por no hablar de los llamados miembros radicales de la *Cámara de los Comunes* y de la *Cámara de los Lores*, que hasta hace poco ejercían una gran influencia sobre los dirigentes de los obreros ingleses. Nos acusan públicamente de haber envenenado y casi sofocado el espíritu *inglés* de la clase obrera y de haberla empujado al socialismo revolucionario.

El único método para lograr este cambio es que actuemos *como Consejo General de la Asociación Internacional*. Como Consejo General podemos poner en marcha medidas (como, por ejemplo, la fundación de la *Land and Labour League*)[^26] que después, al llevarse a cabo, aparecen ante el público como movimientos espontáneos de la clase obrera inglesa.

Si se formara un *Consejo Federal* fuera del *Consejo General*, ¿qué efectos inmediatos tendría? El Consejo Federal quedaría entre el *Consejo General de la Internacional* y el *Consejo General de las Trade-Unions*[^27] y no tendría autoridad alguna. Por otra parte, el *Consejo General de la Internacional soltaría de sus manos esta gran palanca*. Si prefiriéramos la charlatanería ruidosa al trabajo serio e invisible, quizá habríamos cometido el error de responder públicamente a la pregunta de *L'Égalité* de por qué «el Consejo General se resigna a esta acumulación tan pesada de funciones».

Inglaterra no puede equipararse sin más a los demás países. Hay que *considerarla la metrópoli del capital*.

5. *La cuestión de la resolución del Consejo General sobre la amnistía irlandesa*.[^28]

Si Inglaterra es el baluarte del *landlordismo* y del capitalismo europeos, *Irlanda* es el único punto donde se puede asestar el gran golpe a la Inglaterra oficial.

En primer lugar, Irlanda es el baluarte del *landlordismo* inglés. Si cayera en Irlanda, caería también en Inglaterra. En Irlanda eso puede conseguirse cien veces más fácilmente, porque *la lucha económica se concentra allí exclusivamente en la propiedad de la tierra*, porque esa lucha es allí al mismo tiempo una lucha *nacional* y porque el pueblo es allí más revolucionario y está más exasperado que en Inglaterra. El *landlordismo* en Irlanda se sostiene exclusivamente gracias al *ejército inglés*. En el momento en que acabe la unión forzosa entre los dos países, estallará en Irlanda una revolución social, aunque sea en formas anticuadas. El *landlordismo* inglés no solo perderá una fuente considerable de sus riquezas, sino también *su mayor fuerza moral*: la de *representar la dominación de Inglaterra sobre Irlanda*. Por otra parte, mientras el proletariado inglés mantenga el poder de sus *landlords* en Irlanda, los hace invulnerables en la propia Inglaterra.

En segundo lugar, la *burguesía inglesa* no solo se ha aprovechado de la miseria irlandesa para empeorar la situación de la clase obrera en Inglaterra mediante la *inmigración forzosa* de los irlandeses pobres, sino que además ha dividido al proletariado en dos campos enemigos. El fuego revolucionario del obrero celta no se une a la naturaleza sólida, pero lenta, del obrero anglosajón. Al contrario, en *todos los grandes centros industriales de Inglaterra* reina un profundo antagonismo entre el proletario irlandés y el inglés. El obrero inglés corriente odia al irlandés como a un competidor que hace bajar los salarios y el *standard of life*.[^29] Siente hacia él antipatías nacionales y religiosas. Lo mira casi con los mismos ojos con que los *poor whites*[^30] de los estados del Sur de Norteamérica miraban a los esclavos negros. Este antagonismo entre los proletarios dentro de la propia Inglaterra lo atiza y lo mantiene vivo artificialmente la burguesía. Sabe que esta escisión es el *verdadero secreto de la conservación de su poder*.

Este antagonismo se repite también al otro lado del Atlántico. Los irlandeses expulsados de su tierra natal por los bueyes y los carneros se encuentran de nuevo en los Estados Unidos, donde forman una parte considerable y en constante aumento de la población. Su único pensamiento, su única pasión es el odio a Inglaterra. Los gobiernos inglés y norteamericano, es decir, las clases que representan, alimentan esas pasiones para perpetuar la *lucha entre las naciones*, que impide toda alianza seria y sincera entre las clases obreras de ambas orillas del Atlántico y, por consiguiente, su emancipación común.

Irlanda es el único pretexto del Gobierno inglés para mantener *un gran ejército permanente*, que, en caso necesario, como se ha visto, se lanza contra los obreros ingleses después de haberse adiestrado como soldadesca en Irlanda. En fin, en la Inglaterra de nuestros días se repite lo que la antigua Roma nos mostró en escala gigantesca. El pueblo que sojuzga a otro pueblo forja sus propias cadenas.

La posición de la Asociación Internacional en la cuestión irlandesa es, pues, completamente clara. Su primera tarea es acelerar la revolución social en Inglaterra. Para ello hay que asestar el golpe decisivo en Irlanda.

La resolución del Consejo General sobre la amnistía irlandesa solo debe servir para introducir otras resoluciones en las que se dirá que, al margen de toda justicia internacional, es *una condición previa de la emancipación de la clase obrera inglesa* transformar la actual *unión forzosa* —es decir, el sometimiento de Irlanda— en una *confederación igual y libre*, si es posible, o imponer la *separación completa*, si es preciso.

Por lo demás, las doctrinas de *L'Égalité* y de *Le Progrès* sobre la relación, o más bien sobre la falta de relación, entre el movimiento social y el político no han sido reconocidas, que sepamos, por ninguno de nuestros congresos. *Están en contradicción con nuestros estatutos.* En ellos se dice:

«Que la *emancipación económica* de las clases trabajadoras es… el gran fin *al que todo movimiento político debe estar subordinado como medio*».[^31]

Estas palabras, *as a means* («como medio»), se omitieron en la traducción francesa que hizo en 1864 el comité de París. Ante la pregunta del Consejo General, el comité de París se excusó alegando las dificultades de su situación política.

Hay otras mutilaciones del texto auténtico de los estatutos. El primer considerando de los estatutos dice así:

«La lucha por la emancipación de las clases trabajadoras significa… una lucha… por *derechos y deberes iguales* y por la *abolición de toda dominación de clase*».[^32]

La traducción parisiense habla de «los derechos y deberes iguales», es decir, usa la frase general que se encuentra en casi todos los manifiestos democráticos desde hace un siglo y que las distintas clases interpretan de modo distinto, pero omite la reivindicación concreta de la «abolición de las clases».

Luego se lee en el segundo párrafo de los considerandos de los estatutos:

«Que el sometimiento económico del *hombre que trabaja* al *que monopoliza los medios de trabajo*, es decir, *las fuentes de la vida*, etc.».[^33]

La traducción parisiense pone *«capital»* en lugar de *means of labour, that is the sources of life* («los medios de trabajo, es decir, las fuentes de la vida»), aunque esta última expresión incluye la tierra tanto como los demás medios de trabajo.

El texto original y auténtico se restableció en la traducción francesa publicada en Bruselas en 1866.

6. *La cuestión Liebknecht-Schweitzer.*

*L'Égalité* dice: *«Estos dos grupos pertenecen a la Internacional»*.

Es falso. El grupo de los de Eisenach[^34] (que *Le Progrès* y *L'Égalité* tienen a bien convertir en un grupo del ciudadano Liebknecht) pertenece a la *Internacional*. *El grupo de Schweitzer no pertenece a ella*.

El propio Schweitzer ha explicado con detalle en su periódico, el *Social-Demokrat*, por qué la *organización lassalleana* no podía adherirse a la *Internacional* sin destruirse a sí misma. Dijo la verdad sin saberlo. Su organización artificial de *secta* está en contradicción con la *organización real* de la clase obrera.

*Le Progrès* y *L'Égalité* han pedido al Consejo General que exprese públicamente su *«opinión»* sobre las diferencias personales entre Liebknecht y Schweitzer. Como el ciudadano *J. Ph. Becker* (que en el periódico de Schweitzer es tan *calumniado* como Liebknecht) forma parte del *comité de redacción* de *L'Égalité*, resulta realmente muy extraño que sus redactores no estén mejor informados de los hechos. Debían saber que Liebknecht, en el *Demokratisches Wochenblatt*, invitó públicamente a Schweitzer a reconocer al *Consejo General* como *árbitro de sus diferencias*, y que Schweitzer se negó no menos públicamente a reconocer la autoridad del Consejo General.

El Consejo General no ha dejado nada por intentar para poner fin a este escándalo. Encargó a su secretario para Alemania que entrara en correspondencia con Schweitzer, cosa que se hizo, pero todos los intentos del Consejo fracasaron ante la firme decisión de Schweitzer de mantener a toda costa, con la organización de secta, su poder autocrático.

Corresponde al Consejo General determinar el momento favorable en que su *intervención pública* en esta disputa sea más útil que perjudicial.

*Por encargo del Consejo General, etc.*»

Los comités franceses (aunque Bakunin había intrigado mucho en Lyon y en Marsella y se había ganado a algunos jóvenes exaltados), así como el *Conseil* [*Général*] *Belge* (Bruselas), se han declarado plenamente de acuerdo con este rescripto del Consejo General.

La copia para Ginebra se retrasó algo (porque el secretario para Suiza, Jung,[^35] estaba muy ocupado). Por eso se cruzó en el camino con un escrito oficial de *Perret*,[^36] secretario del Comité Central Romando de Ginebra, al Consejo General.

En efecto, la crisis había estallado en Ginebra antes de que llegara nuestra carta. Algunos redactores de *L'Égalité* se habían opuesto a la orientación dictada por Bak. Bakunin y sus partidarios (entre ellos seis redactores de *L'Égalité*) querían obligar al *Comité Central* de Ginebra a destituir a los rebeldes. Pero el Comité de Ginebra estaba harto desde hacía tiempo del despotismo de B. y veía con disgusto que él lo arrastraba a enfrentarse con los demás comités suizos alemanes, con el Consejo General, etc. Así que, al contrario, confirmó a los redactores de *L'Égalité* que desagradaban a B. Sus seis hombres dimitieron entonces de la redacción, creyendo que con ello paralizarían el periódico.

En respuesta a nuestra misiva, el Comité Central de Ginebra declara que los ataques de *L'Égalité* se hicieron contra su voluntad, que nunca aprobó la política que se predicaba en ella, que el periódico se redacta ahora bajo la estricta vigilancia del comité, etc.

Bakunin se retiró entonces de Ginebra al Tesino. Ya solo mete la mano —en lo que respecta a Suiza— en *Le Progrès* (Le Locle).

Poco después murió *Herzen*.[^37] Bakunin, que había renegado de su viejo amigo y protector Herzen desde que quiso erigirse en *conductor del movimiento obrero europeo*, tocó la trompeta de los elogios inmediatamente después de su muerte. ¿Por qué? Herzen, pese a su fortuna personal, se hacía pagar 25.000 francos anuales para propaganda por el partido paneslavista seudosocialista de Rusia, amigo suyo. Con su griterío de alabanzas, Bakunin ha desviado ese dinero *hacia sí mismo* y ha entrado así en posesión, pecuniaria y *moralmente*, de la «*herencia* de Herzen» —*malgré sa haine de l'héritage*—[^38] *sine beneficio inventarii*.[^39]

Al mismo tiempo, se ha establecido en Ginebra una joven *refugee colony*[^40] rusa, estudiantes emigrados, que tienen intenciones realmente honradas y lo demuestran incluyendo como punto principal de su programa la *lucha contra el paneslavismo*.

Publican en Ginebra un periódico: *La voix du peuple*.[^41]

Hace *about*[^42] dos semanas se dirigieron a Londres, enviaron sus estatutos y su programa y pidieron autorización para formar una *branche* rusa. Se les ha dado.

En una carta aparte a Marx le han pedido que los represente provisionalmente en el Consejo Central. También aceptado. Al mismo tiempo han anunciado —y parecían querer *disculparse* por ello ante Marx— que pronto tendrían que arrancarle públicamente la máscara a Bakunin, porque ese hombre *habla dos lenguajes completamente distintos*, uno en Rusia y otro en Europa.

Así, el juego de este intrigante peligrosísimo quedará pronto terminado, al menos en el terreno de la Internacional.

[^1]: Mijaíl Aleksándrovich Bakunin (1814-1876), revolucionario ruso, combatiente de 1848-1849 en Praga y Dresde, preso en Sajonia, Austria y Rusia, deportado a Siberia, de donde huyó en 1861; fundador del anarquismo y principal adversario de Marx en la Internacional, de la que fue expulsado en el Congreso de La Haya de 1872. Marx y Bakunin se habían conocido en París en 1843-1844; volvieron a verse en Londres el 3 de noviembre de 1864.

[^2]: El Manifiesto inaugural y los Estatutos provisionales de la Asociación Internacional de los Trabajadores, escritos por Marx en octubre de 1864: véase *[Manifiesto inaugural de la Asociación Internacional de los Trabajadores](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1864%20Manifiesto%20inaugural%20de%20la%20Asociaci%C3%B3n%20Internacional%20de%20los%20Trabajadores)*.

[^3]: «Liga de la Paz y de la Libertad», organización pacifista de demócratas y republicanos burgueses fundada en Ginebra en 1867, con Victor Hugo y Garibaldi entre sus patrocinadores.

[^4]: «Incendiario, agitador». En inglés en el original, como otras palabras sueltas que Marx intercala en el texto alemán.

[^5]: *La Philosophie positive. Revue*, publicada en París desde 1867 por el positivista Émile Littré y el ruso Grigori Vyrúbov.

[^6]: «Un acontecimiento».

[^7]: «Sección romanda», es decir, de la Suiza de lengua francesa.

[^8]: «Alianza de los Demócratas Socialistas»: la Alianza Internacional de la Democracia Socialista, fundada por Bakunin en Ginebra en octubre de 1868.

[^9]: «Secciones» (en francés en el original, como más abajo).

[^10]: «Comité Federal Romando», órgano dirigente de las secciones de la Internacional en la Suiza de lengua francesa, con sede en Ginebra.

[^11]: Johann Philipp Becker (1809-1886), revolucionario alemán, jefe militar en la campaña de Baden de 1849, emigrado en Suiza y organizador de las secciones de lengua alemana de la Internacional; amigo de Marx y Engels.

[^12]: La resolución del Consejo General del 22 de diciembre de 1868, redactada por Marx, «La Asociación Internacional de los Trabajadores y la Alianza de la Democracia Socialista».

[^13]: *L'Égalité*, semanario de la Federación Romanda de la Internacional, publicado en Ginebra de 1868 a 1872; *Le Progrès*, periódico bakuninista publicado en Le Locle de 1868 a 1870. *Le Moniteur universel* era el diario oficial del Gobierno francés.

[^14]: James Guillaume (1844-1916), maestro suizo, partidario de Bakunin, expulsado de la Internacional con él en 1872.

[^15]: Charles Perron (1837-1919), pintor de esmaltes ginebrino, partidario de Bakunin y redactor de *L'Égalité*.

[^16]: «Igualdad de las clases»; «abolición de las clases».

[^17]: «Antigualla sansimoniana»: la abolición del derecho de herencia había sido una reivindicación de la escuela de Saint-Simon.

[^18]: «Elemento burgués»; «comunismo autoritario».

[^19]: En el Congreso de Basilea (6-11 de septiembre de 1869), ni la propuesta de abolir el derecho de herencia, que apoyaba Bakunin, ni la resolución del Consejo General sobre esa cuestión obtuvieron la mayoría absoluta.

[^20]: Johann Baptist von Schweitzer (1833-1875), abogado, presidente de la lassalleana Asociación General de Obreros Alemanes y director de su órgano, el *Social-Demokrat*; Wilhelm Liebknecht (1826-1900), amigo de Marx y Engels, fundador con August Bebel del Partido Obrero Socialdemócrata (Eisenach, 1869).

[^21]: En el manuscrito, Marx copia la circular en su original francés. La traducimos de la versión alemana de la MEW.

[^22]: Alusión a la Liga del Bien Público, coalición de grandes señores feudales que se alzó contra Luis XI de Francia en 1465.

[^23]: «Siempre que sus medios se lo permitan, el Consejo General publicará un informe, etc.».

[^24]: Sindicatos.

[^25]: El régimen de la gran propiedad territorial de los *landlords*, los terratenientes.

[^26]: «Liga de la Tierra y el Trabajo», fundada en Londres en octubre de 1869 con la participación de miembros del Consejo General; reclamaba la nacionalización de la tierra.

[^27]: El Consejo de los Sindicatos de Londres (London Trades Council).

[^28]: El 16 de noviembre de 1869 Marx abrió en el Consejo General el debate sobre la política del Gobierno británico ante el movimiento por la amnistía de los fenianos presos; la resolución que propuso se aprobó el 30 de noviembre.

[^29]: «Nivel de vida».

[^30]: «Blancos pobres».

[^31]: En inglés en el original: «That the *economical emancipation* of the working classes is … the great end *to which every political movement ought to be subordinate as a means*».

[^32]: En inglés en el original: «The struggle for the emancipation of the working classes means … a struggle … for *equal rights and duties*, and the *abolition of all class rule*».

[^33]: En inglés en el original: «That the economical subjection of the *man of labour* to *the monopoliser of the means of labour*, that is *the sources of life* etc.».

[^34]: El Partido Obrero Socialdemócrata, fundado en el congreso de Eisenach de agosto de 1869.

[^35]: Hermann Jung (1830-1901), relojero suizo establecido en Londres, secretario del Consejo General para Suiza.

[^36]: Henri Perret, secretario general del Comité Federal Romando de Ginebra.

[^37]: Aleksandr Ivánovich Herzen (1812-1870), escritor y demócrata revolucionario ruso, emigrado desde 1847, editor en Londres de la revista *Kólokol* (*La Campana*); murió en París el 21 de enero de 1870.

[^38]: «A pesar de su odio a la herencia».

[^39]: «Sin beneficio de inventario», es decir, aceptando la herencia con todas sus cargas.

[^40]: «Colonia de refugiados».

[^41]: «La voz del pueblo». Se trata del periódico ruso *Naródnoie Delo* (*La Causa del Pueblo*), que la sección rusa de la Internacional publicaba en Ginebra.

[^42]: «Unas».
