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Title: El Gobierno inglés y los fenianos presos (1870)
Description: Carta de Marx a L'Internationale de Bruselas que denuncia el trato a los fenianos presos bajo el gobierno liberal de Gladstone, con la investigación judicial sobre la muerte del preso Michael Terbert.
Author: Karl Marx
Date: 1870-02-21
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1870%20El%20Gobierno%20ingl%C3%A9s%20y%20los%20fenianos%20presos
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*Escrito en francés por Karl Marx el 21 de febrero de 1870 y publicado en* L'Internationale *(Bruselas), núms. 59 y 60, del 27 de febrero y del 6 de marzo de 1870. El original francés no está disponible en una edición libre; traducimos de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 16 (Berlín, 1962, pp. 401-406), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1870%20Die%20englische%20Regierung%20und%20die%20eingekerkerten%20Fenier).*

## I

Londres, 21 de febrero de 1870

El silencio que la prensa europea guarda sobre las infamias de este gobierno oligárquico-burgués se debe a diversas causas. Ante todo, el gobierno inglés es rico, y la prensa, como usted sabe, es *incorruptible*. Además, el gobierno inglés es un gobierno modelo, reconocido como tal por los terratenientes, por los capitalistas del continente y hasta por Garibaldi (véase su libro); no está permitido, pues, hablar mal de este gobierno ideal. Y, por último, los republicanos franceses son lo bastante estrechos y egoístas como para reservar toda su cólera contra el Imperio. Y sería, por lo demás, un crimen contra la libertad de palabra que informaran a sus compatriotas de que *en el país de la libertad burguesa* se castiga con veinte años de trabajos forzados lo que *en el país de los cuarteles* se castiga con seis meses de cárcel. He aquí algunos detalles, tomados de periódicos ingleses, sobre el trato que se da a los fenianos presos.[^1]

A *Mulcahy*, subdirector del *Irish People* (*El Pueblo Irlandés*), condenado por su participación en la conspiración feniana, lo uncieron en Dartmoor, con una cadena de hierro al cuello, a un carro cargado de piedras.

*O'Donovan Rossa*, editor del *Irish People*, fue arrojado durante treinta y cinco días a un calabozo oscuro, con las manos encadenadas a la espalda día y noche. Ni siquiera le quitaban los grilletes para que pudiera tomar su comida, una sopa aguada que le dejaban en el suelo de la celda.

A *Kickham*, uno de los redactores del *Irish People*, aunque no podía mover el brazo derecho a causa de un absceso, lo obligaron a sentarse con sus compañeros de prisión sobre un montón de escombros y a triturar piedras y ladrillos con la mano izquierda en medio de la niebla y del frío de noviembre. Por la noche volvía a su celda y no recibía por todo alimento más que seis onzas de pan y una pinta de agua caliente.

A *O'Leary*, un preso anciano de entre sesenta y setenta años, lo pusieron tres semanas a pan y agua porque no quería renunciar a su paganismo (así llama al parecer un carcelero al librepensamiento) ni hacerse papista ni protestante, ni presbiteriano ni siquiera cuáquero, ni adoptar alguna de las numerosas religiones que el director de la prisión ofrecía a elegir al pagano irlandés.

*Martin H. Carey* está encerrado en un manicomio de Millbank. El silencio y los demás tratos crueles a que estuvo sometido le han hecho perder la razón.

El *coronel Richard Burke* no está en mejor estado. Uno de sus amigos escribe que tiene el entendimiento turbado, que ha perdido la memoria y que su conducta, sus maneras y su lenguaje muestran claros signos de trastorno mental.

A los presos políticos se los lleva a rastras de una cárcel a otra como si fueran fieras. Se les impone la compañía de los peores canallas; se les obliga a fregar los cacharros que han usado estos miserables, a llevar las camisas y la ropa interior de franela de estos delincuentes, muchos de los cuales padecen las enfermedades más repugnantes, y a bañarse en el agua que estos han usado. Antes de la llegada de los fenianos a Portland, todos estos criminales podían hablar con sus visitas. Para los fenianos presos se ha instalado una jaula de visitas. Consta de tres compartimentos separados por gruesas rejas de hierro: el carcelero se sienta en el compartimento del medio, y el preso y sus amigos solo pueden verse a través de esta doble fila de barrotes.

En los muelles hay presos que comen toda clase de caracoles, y en Chatham las ranas se consideran un manjar. El general Thomas Burke declara que no le sorprendió encontrar un ratón muerto en la sopa. Los condenados dicen que el día en que se metió a los fenianos en la cárcel fue para ellos un día aciago (el régimen se ha vuelto mucho más duro).

* * *

Quisiera añadir unas palabras a los extractos anteriores:

El año pasado se interpeló al señor *Bruce*, ministro del Interior, el gran liberal, el gran hombre de la policía, el gran propietario de minas en Gales, el cruel explotador del trabajo, sobre los malos tratos a los fenianos presos y, en particular, a O'Donovan Rossa. Primero lo negó todo; luego se vio obligado a confesar. A continuación, el señor Moore, miembro irlandés de la Cámara de los Comunes, pidió una investigación sobre estos hechos.[^2] Este *ministerio radical* —cuyo jefe es el medio santo (se le ha comparado públicamente con Jesucristo) señor Gladstone, y entre cuyos miembros más influyentes se cuenta el viejo demagogo burgués John Bright— la denegó de plano.

Como en los últimos tiempos han vuelto a circular rumores sobre los malos tratos, varios miembros del Parlamento pidieron al ministro Bruce permiso para visitar a los presos, *a fin de poder convencerse de la falsedad de esos rumores*. El señor Bruce denegó el permiso porque, según dijo, los directores de las prisiones temían que las visitas de esa clase excitaran demasiado a los presos.

La semana pasada se volvió a interpelar al ministro del Interior. Se le preguntó si era cierto que a O'Donovan Rossa, tras ser elegido diputado por Tipperary,[^3] se le había infligido un castigo corporal (es decir, con el látigo). El señor ministro declaró que desde 1868 no se había vuelto a hacer tal cosa con O'Donovan Rossa (con lo que reconocía que durante dos o tres años se había castigado a presos políticos con el látigo).

Le envío unos extractos (los publicaremos en nuestro próximo número) en los que se habla de Michael Terbert, condenado como feniano a trabajos forzados, que cumplía su pena en el presidio de Spike Island, en el condado de Cork, Irlanda. Verá usted que incluso el *coroner* (funcionario encargado de la investigación) atribuye su muerte a las torturas sufridas. La investigación tuvo lugar la semana pasada.

En el espacio de dos años, más de *veinte obreros*, todos ellos fenianos, han muerto o han enloquecido gracias a la filantropía de estos buenos burgueses, a los que secundan los buenos terratenientes.

Sabrá usted probablemente que la prensa inglesa finge indignarse por las abominables leyes de seguridad general que adornan a la bella Francia.[^4] Pero las leyes de seguridad general son —salvo algunas breves interrupciones— la carta constitucional de Irlanda. Desde 1793 el gobierno inglés suspende en Irlanda en cada ocasión, regular y periódicamente, la *ley de Habeas Corpus* (ley que garantiza la libertad personal), y en realidad toda ley excepto la de la fuerza bruta. De este modo, miles de hombres han sido encerrados en Irlanda, *simplemente porque se sospechaba que eran fenianos*, sin haber sido nunca condenados ni llevados ante un tribunal, y sin haber sido siquiera acusados. Pero el gobierno inglés no se contentó con privarlos de libertad, sino que los hizo torturar del modo más cruel. He aquí un ejemplo:

Una de las cárceles donde están enterrados en vida los fenianos sospechosos es la *prisión de Mountjoy*, en Dublín. El inspector de esta cárcel, Murray, es un canalla abominable. Maltrató a los presos de una manera tan bárbara que varios de ellos perdieron la razón. El médico de la prisión, M'Donnell, un hombre excelente, que también desempeñó un papel honroso en la investigación sobre la muerte de Michael Terbert, escribió durante varios meses cartas de protesta, que dirigió primero al propio Murray. Como Murray no contestaba, dirigió denuncias por escrito a las autoridades superiores; pero Murray, como carcelero experimentado, interceptó esas cartas.

Por último, M'Donnell se dirigió directamente a lord Mayo, entonces virrey de Irlanda. Fue en la época en que los tories (Derby-Disraeli) estaban en el poder. ¿Cuál fue el resultado de sus gestiones? Los documentos relativos a este asunto se publicaron por orden del Parlamento, y… ¡¡¡el doctor M'Donnell fue destituido!!! Murray, en cambio, conservó su puesto.

Llega entonces el llamado ministerio radical de Gladstone, del delicado, untuoso y magnánimo Gladstone, que derramó ante toda Europa lágrimas tan ardientes y sinceras por la suerte de Poerio y de otros ciudadanos maltratados por el rey Bomba.[^5] ¿Y qué hizo este ídolo de la burguesía progresista? Al mismo tiempo que ofendía a los irlandeses con sus insolentes respuestas a sus peticiones de amnistía, no solo confirmó en su puesto al monstruo Murray, sino que, para testimoniarle su especial satisfacción, añadió a su puesto de carcelero jefe una pingüe sinecura. ¡He ahí al apóstol de la filantropía burguesa!

Pero hay que echar tierra a los ojos del público; hay que aparentar que se hace algo por Irlanda, y así se proclama a bombo y platillo una ley para regular la cuestión agraria (*Land Bill*).[^6] Pero todo ello no es más que un engaño que tiene por fin último embaucar a Europa, ganarse a los jueces y abogados irlandeses con la perspectiva de pleitos interminables entre terratenientes y arrendatarios, asegurarse el favor de los terratenientes con la promesa de una ayuda financiera del Estado y engatusar a los arrendatarios más acomodados con algunas medias concesiones.

En la larga introducción de su discurso pomposo y confuso, Gladstone reconoce que incluso las leyes «benévolas» que la Inglaterra liberal ha impuesto a Irlanda a lo largo de cien años han conducido siempre a la ruina del país. Y, tras esta confesión ingenua, el mismo hombre se empeña en torturar a quienes quieren poner fin a esa legislación perjudicial y absurda.

## II

Damos a continuación, según un periódico inglés, los resultados de la investigación sobre la muerte de Michael Terbert, un feniano preso que murió en la cárcel de Spike Island a consecuencia de los malos tratos.

El jueves 17 de febrero, el señor John Moore, *coroner* del distrito de Middleton, abrió en la prisión de Spike Island una investigación sobre el caso del condenado Michael Terbert, muerto en el hospital.

Peter Hay, director de la prisión, fue el primero en declarar. Esta es su declaración:

El difunto Michael Terbert ingresó en esta prisión en junio; no sé cuál era entonces su estado de salud; había sido condenado el 12 de enero a siete años de prisión; hace algún tiempo no se encontraba bien, pues consta en uno de los libros de la prisión que, por recomendación de los médicos oficiales, hubo que trasladarlo a otro local porque no podía soportar el aislamiento en celda. El testigo describe luego los frecuentes castigos que tuvo que sufrir el difunto por faltas a la disciplina, a menudo por haber empleado un lenguaje irrespetuoso con los médicos oficiales.

Jeremiah Hubert Kelly. Por lo que recuerdo, ya cuando Michael Terbert fue trasladado aquí desde la prisión de Mountjoy se hizo constar que no podía soportar el aislamiento en celda; había un certificado en este sentido firmado por el doctor M'Donnell. No obstante, lo encontré en buen estado de salud y lo mandé a trabajar. Recuerdo que estuvo en el hospital del 31 de enero al 6 de febrero de 1869; padecía entonces del corazón, y desde entonces no se le empleó ya en las obras públicas, sino que se le hizo trabajar en un local cerrado. Del 19 al 26 de marzo estuvo en el hospital por su enfermedad del corazón; del 24 de abril al 5 de mayo, por esputos de sangre; del 19 de mayo al 1 de junio, del 21 al 22 de junio y del 22 de julio al 15 de agosto, por su enfermedad del corazón; del 9 de noviembre al 13 de diciembre, por debilidad; por último, estuvo en el hospital por última vez del 20 de diciembre al 8 de febrero de 1870, día en que murió de hidropesía. Los primeros síntomas de esta enfermedad se habían manifestado el 13 de noviembre, pero luego habían desaparecido.

Visito todos los días las celdas de los presos aislados, y de vez en cuando lo vi en arresto de castigo; es mi deber aplazar el arresto cuando considero que el enfermo no está en condiciones de soportar el castigo; lo hice dos veces con él.

—¿Cree usted, como médico, que cinco días a pan y agua eran un castigo excesivo para él, aun prescindiendo de su estado de salud en Mountjoy y aquí?

—Creo que no; el difunto tenía buen apetito, y no creo que este trato le causara la hidropesía de la que murió.

Martin O'Connell, boticario, residente en Spike Island. El testigo dijo el pasado julio al doctor Kelly que no se debía castigar a Terbert porque padecía una enfermedad del corazón; cree que estos castigos influyeron perjudicialmente en la salud del preso, tanto más cuanto que este figuraba desde hacía doce meses en la clase de los inválidos; nunca habría creído que se castigara así también a los inválidos si un día, en ausencia del doctor Kelly, no hubiera tenido que visitar las celdas de aislamiento: estaba completamente claro que, dado su estado de salud, cinco días de aislamiento en celda perjudicarían al enfermo.

A continuación, el *coroner* protesta enérgicamente contra semejante trato del preso. Este, dijo, pasaba alternativamente del hospital a la celda de aislamiento.

El jurado emite el siguiente veredicto:

«Declaramos que Michael Terbert murió de hidropesía en el hospital de la prisión de Spike Island el 8 de febrero de 1870; tenía treinta y seis años y era soltero. Puesto que, en opinión del doctor M'Donnell, Terbert no podía soportar el aislamiento en celda, tenemos que reprobar del modo más enérgico los frecuentes castigos de varios días de celda a pan y agua que se le aplicaron durante su estancia en Spike Island, adonde fue trasladado en junio de 1866 desde la prisión de Mountjoy; condenamos semejante trato de los presos».

[^1]: Esta carta, escrita en francés para César De Paepe, director de *L'Internationale* (Bruselas), el semanario de las secciones belgas de la Internacional, se publicó casi sin cambios en dos números, el 27 de febrero y el 6 de marzo de 1870. Los fenianos —miembros de la Hermandad Republicana Irlandesa, sociedad secreta que preparaba la insurrección por la independencia de Irlanda— habían sido detenidos y condenados en masa desde 1865; los redactores del *Irish People*, su periódico de Dublín, fueron condenados a largas penas de trabajos forzados.

[^2]: George Henry Moore (1810-1870), diputado por Mayo, pidió en 1869 una investigación sobre el trato de los presos políticos.

[^3]: O'Donovan Rossa, preso, fue elegido diputado por el condado de Tipperary en noviembre de 1869; la elección fue anulada por tratarse de un condenado.

[^4]: La ley de seguridad general de febrero de 1858, dictada tras el atentado de Orsini contra Napoleón III, permitía detener, internar o deportar sin juicio a los sospechosos de oposición al régimen.

[^5]: En sus *Cartas a lord Aberdeen* (1851) Gladstone denunció las condiciones en que el gobierno de Fernando II de las Dos Sicilias, llamado el «rey Bomba» por el bombardeo de Mesina en 1848, tenía a los presos políticos, entre ellos el liberal Carlo Poerio.

[^6]: El proyecto de ley agraria irlandesa que Gladstone presentó en la Cámara de los Comunes el 15 de febrero de 1870 y que se aprobó en agosto: reconocía al arrendatario desalojado una indemnización por las mejoras que hubiera hecho y, en ciertos casos, por el desalojo, pero no lo protegía contra el desahucio ni contra la subida de las rentas.
