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Title: La caída de Metz (1870)
Description: La capitulación de Metz priva a Francia de los oficiales y sargentos sin los cuales sus nuevas levas no pueden llegar a ser un ejército, y deja libres a los ejércitos alemanes para invadir el resto del país.
Author: Friedrich Engels
Date: 1870-10-29
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1870%20La%20ca%C3%ADda%20de%20Metz
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*Escrito en inglés por Friedrich Engels y publicado sin firma en* The Pall Mall Gazette*, núm. 1782, del 29 de octubre de 1870. Traducido del original inglés según la transcripción del texto del periódico hecha por Tony Brown en el Marx-Engels Internet Archive (marxists.org), cotejada párrafo a párrafo con la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 17 (Berlín, 1962), págs. 154-157, por la Escuela de marxismo, 2026. Se corrigen erratas evidentes de la transcripción, cotejadas con la versión alemana. Las notas son nuestras. [Texto original en inglés](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1870%20The%20Fall%20of%20Metz).*

La presente guerra es una guerra de capitulaciones, cada una de las cuales parece destinada a superar en magnitud a las anteriores. Primero vinieron los 84.000 hombres que depusieron las armas en Sedán, un acontecimiento como no se había presenciado, ni nada que se le acercara, en ninguna guerra anterior, ni siquiera en las de Austria. Ahora viene la rendición de 170.000 hombres, junto con la fortaleza de Metz, que supera a Sedán tanto como Sedán superó a todas las capitulaciones anteriores. ¿Será Metz, a su vez, superado por París? Si la guerra continúa, no cabe mucha duda de que lo será.

Los tres desatinos de raíz que llevaron a Napoleón del 2 de agosto al 2 de septiembre, de Saarbrücken a Sedán, y que privaron virtualmente a Francia de todos sus ejércitos, fueron: primero, recibir el ataque del enemigo en una posición que permitió a los alemanes victoriosos meterse entre los cuerpos dispersos del ejército francés y dividirlo así en dos masas distintas, ninguna de las cuales podía reunirse con la otra ni siquiera actuar de concierto con ella; segundo, la demora del ejército de Bazaine en Metz, que hizo que quedara allí encerrado sin remedio; y tercero, la marcha en socorro de Bazaine con fuerzas y por una ruta que invitaban positivamente al enemigo a hacer prisionero a todo el ejército de socorro. Los efectos del primer desatino se hicieron patentes durante toda la campaña. Los del tercero terminaron en Sedán; los del segundo acabamos de presenciarlos en Metz. Todo ese «Ejército del Rin» al que Napoleón prometió una campaña ardua en un país lleno de fortalezas está ahora en esas mismas fortalezas, o camino de ellas, como prisionero de guerra, y Francia no solo virtualmente, sino positivamente, se ve privada de casi todas sus tropas regulares.

La pérdida de los hombres mismos y del material entregado junto con Metz, que debe de ser enorme, es ya de por sí un golpe bastante duro. Pero no es el más duro. Lo peor para Francia es que, con esos hombres y ese material, se ve privada de la organización militar que necesita más que ninguna otra cosa. Hombres los hay de sobra; incluso de hombres instruidos entre los veinticinco y los treinta y cinco años debe de haber por lo menos 300.000. El material puede reponerse con los almacenes y fábricas del país y con el comercio exterior. En circunstancias como estas, todos los buenos fusiles de retrocarga son útiles, no importa por qué modelo estén construidos ni si la munición de uno sirve para los otros modelos. Siendo bienvenido todo lo que sirva, con un uso adecuado del telégrafo y de los vapores podría haber ahora a disposición del Gobierno más armas y cartuchos de los que pudieran emplearse. Hasta la artillería de campaña podría haberse suministrado a estas alturas. Pero lo que más falta es la organización sólida capaz de hacer un ejército con todos esos hombres armados. Esa organización está personificada en los oficiales y suboficiales del ejército regular, y con su rendición deja definitivamente de estar disponible. El número de oficiales retirados del servicio activo de Francia por las bajas en el campo de batalla y por las capitulaciones no puede ser ya inferior a diez o doce mil, y el de suboficiales es casi el triple. Retiradas de golpe de la defensa nacional semejantes fuerzas organizadoras, se vuelve extremadamente difícil convertir multitudes de hombres en compañías y batallones de soldados. Quien haya visto levas populares en el campo de instrucción o bajo el fuego (ya sean los *Freischaaren* [cuerpos francos] de Baden[^1], los yanquis de Bull Run[^2], los móviles franceses o los voluntarios británicos) habrá advertido en el acto que la principal causa de la impotencia y la inconstancia de esas tropas está en que los oficiales no conocen su oficio; ¿y quién va a enseñarles ahora, en el caso presente de Francia, su oficio? Los pocos oficiales viejos a media paga o inválidos no son bastante numerosos para hacerlo; no pueden estar en todas partes; la enseñanza no ha de ser solo teórica, sino también práctica; no solo de palabra, sino con el hecho y el ejemplo. Unos cuantos oficiales jóvenes o sargentos recién ascendidos en un batallón se harán muy pronto a su trabajo observando constantemente lo que hacen los oficiales viejos; pero ¿qué hacer cuando los oficiales son casi todos nuevos y ni siquiera hay muchos sargentos viejos a los que dar el despacho de oficial? Esos mismos hombres que ahora, en casi todos los encuentros, se muestran ineptos para actuar en masa en campo abierto habrían aprendido pronto a combatir si hubiera sido posible encuadrarlos en los viejos batallones de Bazaine; más aún, con solo haber tenido la suerte de estar mandados por los oficiales y sargentos de Bazaine. Y con esta pérdida definitiva, para esta campaña, de casi el último vestigio de su organización militar es como más sufre Francia por la capitulación de Metz.

Será el momento de formarse una opinión firme sobre la conducción de la defensa cuando hayamos oído lo que los defensores tienen que decir en su descargo. Pero si es un hecho que se han rendido 170.000 hombres capaces de llevar armas, la presunción es que la defensa no ha estado a la altura. En ningún momento desde fines de agosto ha tenido el ejército del cerco el doble de fuerza que el cercado. Debe de haber oscilado entre 200.000 y 230.000 hombres, repartidos en un círculo de por lo menos veintisiete millas de perímetro solo en la primera línea; lo que quiere decir que el círculo ocupado por las masas debía de tener por lo menos de treinta y seis a cuarenta millas de perímetro. Este círculo estaba además cortado en dos por el Mosela, que no se podía cruzar sino por puentes situados a cierta distancia a retaguardia de la primera línea. Si un ejército de 170.000 hombres no consiguió estar en fuerza superior en algún punto de este círculo y romperlo antes de que pudieran traerse refuerzos suficientes, hemos de concluir o bien que las disposiciones de las tropas del cerco estaban por encima de todo elogio, o bien que nunca se intentó atravesarlas como debía haberse hecho. Probablemente sabremos que aquí, como en toda esta guerra, las consideraciones políticas han paralizado la acción militar.

A menos que ahora se concluya la paz, Francia sentirá pronto en carne propia las consecuencias de este nuevo desastre. Suponemos que las dos divisiones de *Landwehr* se quedarán de guarnición en Metz. El 2.º cuerpo está ya en camino hacia París, lo que no implica necesariamente que vaya a tomar parte en el cerco de la capital. Pero, suponiendo que así sea, quedarían seis cuerpos, o por lo menos de 130.000 a 140.000 hombres, que Moltke puede enviar adonde quiera. Las comunicaciones del ejército con Alemania se han mantenido sin mucha participación de las tropas del príncipe Federico Carlos; para ello tendrá que destacar pocos hombres, si es que destaca alguno. El resto está disponible para la invasión del oeste y el sur de Francia. No habrá necesidad de mantenerlos a todos juntos. Probablemente se dividirán en dos o tres cuerpos, que con el de Von der Tann sumarán por lo menos 150.000 hombres, y recibirán orden de avanzar por las partes de Francia hasta ahora no ocupadas por los alemanes. Un cuerpo ocupará casi con seguridad las ricas provincias de Normandía y el Maine hasta el Loira, con Le Mans, donde confluyen cinco ferrocarriles, como centro. Otro avanzará en dirección a Burdeos, después de haber despejado la línea del Loira de Tours a Nevers y ocupado o destruido los arsenales y fábricas militares de Bourges. Este cuerpo podría marchar desde Metz por Chaumont y Auxerre, donde el país no ha sido todavía esquilmado por las requisas. Un tercer cuerpo podría ir derecho hacia el sur para abrir comunicaciones con el general Werder. Como el interior de Francia está casi enteramente desprovisto de fortalezas dignas de ese nombre, no habrá más resistencia que la evanescente de las nuevas levas y la más pasiva, pero también más tenaz, de las poblaciones. Está por ver si, con semejantes ejércitos liberados de golpe, Moltke intentará el sitio de alguna fortaleza más, o incluso la reducción de un puerto militar fortificado como Cherburgo; ya no necesita reducir más fortalezas, salvo Phalsbourg y Belfort, que cierran líneas férreas principales, y, por supuesto, París.

[^1]: Los cuerpos francos de la insurrección de Baden y el Palatinado de 1849, en la que participó el propio Engels.

[^2]: En la primera batalla de Bull Run (21 de julio de 1861), en la guerra de Secesión, las tropas bisoñas de la Unión se desbandaron.
