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Title: Notas sobre la guerra, V (1870)
Description: Engels sobre las consecuencias del 6 de agosto de 1870: el ejército francés partido en dos, MacMahon empujado hacia Nancy y Napoleón III comparado con Benedek en 1866.
Author: Friedrich Engels
Date: 1870-08-09
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1870%20Notas%20sobre%20la%20guerra%2C%20V
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*Escrito en inglés por Friedrich Engels y publicado en* The Pall Mall Gazette*, núm. 1712, del 9 de agosto de 1870, con el título «Notes on the War.—V». Traducido del original inglés según la transcripción del texto de la* Pall Mall Gazette *hecha por Tony Brown en el Marx-Engels Internet Archive (marxists.org), cotejado con la versión alemana de la MEW (Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 17, Berlín, 1962, pp. 32-35), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en inglés](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1870%20Notes%20on%20the%20War%2C%20V).*

El sábado 6 de agosto fue el día crítico de la primera fase de la campaña. Los primeros despachos del lado alemán, con su extrema modestia, más bien ocultaron que expusieron la importancia de los resultados obtenidos aquel día. Solo por los relatos posteriores y más completos, y por algunas confesiones bastante embarazosas de los partes franceses, podemos juzgar del cambio total de la situación militar que se consumó el sábado.

Mientras MacMahon[^1] era derrotado en la vertiente oriental de los Vosgos, las tres divisiones de Frossard[^2] y al menos un regimiento del cuerpo de Bazaine,[^3] el 69.º, en total cuarenta y dos batallones, fueron desalojados de las alturas al sur de Saarbrücken y empujados hasta más allá de Forbach por la división de Kameke, del 7.º Cuerpo (westfaliano), y las dos divisiones de Barnekow y Stülpnagel, del 8.º Cuerpo (renano), en total treinta y siete batallones. Como los batallones alemanes son más fuertes, parece que las fuerzas en combate fueron bastante iguales, pero los franceses tenían la ventaja de la posición. A la izquierda de Frossard estaban las siete divisiones de infantería de Bazaine y Ladmirault, y a su retaguardia las dos divisiones de la Guardia. Con la excepción de un regimiento, como ya se ha dicho, ni un solo hombre de todas ellas acudió a apoyar al desdichado Frossard. Tuvo que replegarse tras una dura derrota y está ahora en plena retirada hacia Metz; y lo mismo Bazaine, Ladmirault y la Guardia. Los alemanes los persiguen y estaban el domingo en Saint-Avold, con toda Lorena abierta ante ellos hasta Metz.

MacMahon, De Failly y Canrobert,[^4] entretanto, se retiran, no hacia Bitche, como se dijo al principio, sino hacia Nancy; y el cuartel general de MacMahon estaba el domingo en Saverne. Estos tres cuerpos, por lo tanto, no solo han sido derrotados, sino además empujados en una dirección divergente de la línea de retirada del resto del ejército. La ventaja estratégica que se buscaba con el ataque del príncipe heredero, y que explicamos ayer, parece así haberse logrado, al menos en parte. Mientras el emperador se retira derecho hacia el oeste, MacMahon va mucho más hacia el sur, y apenas habrá llegado a Lunéville cuando los otros cuatro cuerpos estén reunidos al amparo de Metz. Pero de Sarreguemines a Lunéville solo hay unas pocas millas más que de Saverne a Lunéville. Y no es de esperar que, mientras Steinmetz persigue al emperador y el príncipe heredero trata de retener a MacMahon en los desfiladeros de los Vosgos, el príncipe Federico Carlos, que el domingo estaba en Blieskastel con su vanguardia en algún punto cerca de Sarreguemines, se quede mirando tranquilamente. Todo el norte de Lorena es un terreno espléndido para la caballería, y Lunéville fue siempre en tiempo de paz el cuartel general de gran parte de la caballería francesa acuartelada en aquella comarca. Con la gran superioridad de los alemanes en caballería, tanto en cantidad como en calidad, es difícil suponer que no lancen en el acto grandes masas de esa arma hacia Lunéville, con la intención de cortar las comunicaciones entre MacMahon y el emperador y de destruir los puentes de ferrocarril de la línea de Estrasburgo a Nancy y, si es posible, los puentes del Meurthe. Incluso es posible que consigan interponer un cuerpo de infantería entre las dos partes separadas del ejército francés, obligar a MacMahon a retirarse todavía más al sur y a dar un rodeo aún mayor para restablecer el enlace con el resto del ejército. Que algo así se ha hecho ya parece claro por la confesión del emperador de que el sábado se cortaron sus comunicaciones con MacMahon; y el temor a consecuencias más graves se expresa de forma inquietante en la noticia de que se piensa trasladar a Châlons el cuartel general francés.

Cuatro de los ocho cuerpos del ejército francés han sido así derrotados más o menos por completo, y siempre por separado, mientras que de uno de ellos, el 7.º (Félix Douay), no se sabe en absoluto dónde para. La estrategia que hizo posibles semejantes torpezas es digna de los austríacos en sus tiempos de mayor impotencia. No es a Napoleón, sino a Beaulieu, Mack, Gyulay y gente de esa clase,[^5] a quienes nos recuerda. ¡Imagínese a Frossard teniendo que combatir todo el día en Forbach mientras a su izquierda, y a no más de unas diez millas de la línea del Sarre, siete divisiones estaban mirando! Esto sería inexplicable, a menos que supongamos que tenían enfrente fuerzas alemanas suficientes para impedirles tanto apoyar a Frossard como ayudarle con un ataque independiente. Y esta, la única disculpa posible, solo es admisible si, como siempre hemos dicho, el ataque decisivo de los alemanes había de hacerse con su extrema derecha. La precipitada retirada hacia Metz vuelve a confirmar este punto de vista; se parece muchísimo a un intento oportuno de salir de una posición en la que las comunicaciones con Metz estaban ya amenazadas. Qué tropas alemanas pueden haber estado frente a Ladmirault y Bazaine, y quizá desbordándolos, no lo sabemos; pero no hay que olvidar que de las siete o más divisiones de Steinmetz solo tres han entrado en combate.

Entretanto ha aparecido otro cuerpo de la Alemania del Norte, el 6.º o de la Alta Silesia. Pasó por Colonia el jueves pasado y estará ahora con Steinmetz o con Federico Carlos, a quien *The Times* se empeña en situar en la extrema derecha, en Tréveris, en el mismo número que trae el telegrama de que se ha trasladado de Homburg a Blieskastel. La superioridad de los alemanes, tanto en número como en moral y en posición estratégica, tiene que ser ahora tal que durante un tiempo pueden hacer casi todo lo que quieran impunemente. Si el emperador se propone mantener sus cuatro cuerpos de ejército en el campo atrincherado de Metz (y no tiene más elección que eso o una retirada ininterrumpida hasta París), ello no tiene por qué detener el avance de los alemanes, como tampoco el intento de Benedek, en 1866, de volver a reunir su ejército al amparo de Olmütz detuvo el avance prusiano sobre Viena.[^6] ¡Benedek! ¡Qué comparación para el vencedor de Magenta y Solferino! Y, sin embargo, es más pertinente que ninguna otra. Como Benedek, el emperador tenía sus tropas concentradas en una posición desde la que podía moverse en cualquier dirección, y eso quince días enteros antes de que el enemigo estuviera concentrado. Como Benedek, Luis Napoleón se las arregló para que le batieran un cuerpo tras otro por separado, ante fuerzas o mando superiores. Pero aquí, nos tememos, acaba el parecido. Benedek, después de una semana de derrotas diarias, conservaba todavía fuerzas suficientes para el esfuerzo supremo de Sadowa. Según todas las apariencias, Napoleón tiene sus tropas separadas, casi sin remedio, después de dos días de combates, y ni siquiera puede permitirse intentar una batalla general.

Ahora, suponemos, se acabará la proyectada expedición de tropas al Báltico, si es que alguna vez fue algo más que una finta. Se necesitarán todos los batallones en la frontera oriental. De los 376 batallones del ejército francés, 300 estaban en los seis cuerpos de línea y en el de la Guardia que, como sabemos, se encontraban entre Metz y Estrasburgo. El séptimo cuerpo de línea (Douay) podía haberse enviado al Báltico o a reunirse con el ejército principal, lo que da cuenta de otros cuarenta. Los restantes, treinta y seis batallones, difícilmente habrán bastado para Argelia y diversos servicios en el interior. ¿De qué recursos dispone el emperador para sacar refuerzos? De los 100 cuartos batallones que se están formando y de la Guardia Móvil. Pero unos y otra se componen, los primeros en su mayor parte y la segunda por completo, de reclutas bisoños. Para cuándo podrán estar listos para marchar los cuartos batallones, no lo sabemos; tendrán que marchar, estén listos o no. Lo que es en la actualidad la Guardia Móvil lo vimos la semana pasada en el campamento de Châlons. Ambos son, sin duda, buen material para hacer soldados, pero todavía no son soldados; todavía no son tropas capaces de resistir el choque de hombres que se están acostumbrando a tomar ametralladoras. En cambio, dentro de unos diez días los alemanes tendrán a su disposición de 190.000 a 200.000 hombres de los cuartos batallones, etc., la flor de su ejército, además de al menos otros tantos de la *Landwehr*, todos aptos para el servicio de campaña.

[^1]: Patrice de MacMahon (1808-1893), mariscal de Francia, derrotado el 6 de agosto de 1870 en Wörth.
[^2]: Charles Auguste Frossard (1807-1875), general francés, mandaba el 2.º Cuerpo, derrotado el mismo día en Spicheren (Forbach).
[^3]: François Achille Bazaine (1811-1888), mariscal de Francia, mandaba el 3.er Cuerpo; el 12 de agosto de 1870 recibió el mando del Ejército del Rin.
[^4]: Pierre Louis Charles de Failly (1810-1892) y François Certain Canrobert (1809-1895) mandaban los cuerpos 5.º y 6.º del ejército francés.
[^5]: Generales austríacos derrotados: Johann Peter Beaulieu, por Bonaparte en Italia en 1796; Karl Mack, que capituló en Ulm en 1805; Ferenc Gyulay, vencido en Magenta en 1859.
[^6]: Ludwig von Benedek (1804-1881), comandante en jefe del ejército austríaco en la guerra de 1866, derrotado por los prusianos en Sadowa (Königgrätz) el 3 de julio de 1866; después se retiró hacia la fortaleza de Olmütz (Olomouc, en Moravia).
