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Title: Notas sobre la guerra, VIII (1870)
Description: Engels sobre los refuerzos franceses anunciados en París, los cuerpos de ejército que solo existen sobre el papel y la ilusión de una leva en masa a imitación de la Convención.
Author: Friedrich Engels
Date: 1870-08-15
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1870%20Notas%20sobre%20la%20guerra%2C%20VIII
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*Escrito en inglés por Friedrich Engels y publicado en* The Pall Mall Gazette*, núm. 1717, del 15 de agosto de 1870, con el título «Notes on the War.—VIII». Traducido del original inglés según la transcripción del texto de la* Pall Mall Gazette *hecha por Tony Brown en el Marx-Engels Internet Archive (marxists.org), cotejado con la versión alemana de la MEW (Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 17, Berlín, 1962, pp. 44-47), por la Escuela de marxismo, 2026. Se corrigen erratas evidentes de la transcripción. Las notas son nuestras. [Texto original en inglés](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1870%20Notes%20on%20the%20War%2C%20VIII).*

¿Dónde está MacMahon? Los jinetes alemanes, en su correría hasta las puertas de Lunéville y de Nancy, no parecen haberse topado con él; de lo contrario, habríamos oído hablar de encuentros. Por otra parte, si hubiera llegado sano y salvo a Nancy y restablecido así sus comunicaciones con el ejército de Metz, el cuartel general francés habría anunciado sin duda en el acto un hecho tan consolador. La única conclusión que podemos sacar de este silencio absoluto sobre él es que ha juzgado demasiado peligroso seguir la carretera directa de Saverne a Lunéville y Nancy, y que, para no exponer al enemigo su flanco derecho, ha tomado un camino más largo, más al sur, cruzando el Mosela por Bayon o aún más arriba. Si esta suposición es correcta, tendría muy pocas probabilidades de llegar nunca a Metz; y en tal caso el emperador, o quienquiera que mande en Metz, tiene que haberse preguntado si el ejército no haría mejor en retirarse inmediatamente a Châlons-sur-Marne, el punto más cercano donde puede efectuarse el enlace con MacMahon. Por eso nos inclinamos a aceptar la noticia de una retirada general de la línea francesa en esa dirección.

Entretanto, oímos hablar de tremendos refuerzos para el ejército francés. El nuevo ministro de la Guerra[^1] asegura a la Cámara que en cuatro días se enviarán al frente dos cuerpos de ejército de 35.000 hombres cada uno. ¿Dónde están? Sabemos que los ocho cuerpos del Ejército del Rin y las tropas destinadas al Báltico, junto con la guarnición de Argelia, daban cuenta de todos y cada uno de los batallones del ejército francés, incluida la infantería de marina. Sabemos que 40.000 hombres, del cuerpo de Canrobert y de la expedición al Báltico, están en París. Sabemos por el discurso del general Dejean[^2] en la Cámara que los cuartos batallones, lejos de estar listos, necesitaban completarse, y que esto había de hacerse incorporando a ellos hombres de la Guardia Móvil. ¿De dónde van a salir entonces esos 70.000 hombres? Sobre todo si, como es más que probable, el general Montauban de Palikao no se desprende de los 40.000 hombres que hay en París mientras pueda evitarlo. Y, sin embargo, si lo que dijo tiene algún sentido, esos dos cuerpos tienen que ser las tropas de París y el cuerpo de Canrobert, que hasta ahora se ha contado siempre como parte del Ejército del Rin; y en tal caso, al ser el único refuerzo real la guarnición de París, el total en campaña pasará de veinticinco a veintiocho divisiones, siete de las cuales por lo menos han sufrido mucho.

Luego oímos que el general Trochu[^3] ha sido nombrado jefe del 12.º Cuerpo, que se forma en París, y el general Vendez (?) jefe del 13.º Cuerpo, que se forma en Lyon. El ejército se componía hasta ahora de la Guardia y de los cuerpos números 1 a 7. De los números 8, 9, 10 y 11 nunca hemos oído hablar; ahora se nos obsequia de pronto con los números 12 y 13. Hemos visto que no existen tropas con las que pudiera formarse ninguno de estos cuerpos, exceptuando siempre el número 12, si con él se quiere decir la guarnición de París. Parece un truco bien pobre el de levantar la confianza pública creando sobre el papel ejércitos imaginarios; pero no cabe dar otra interpretación a la supuesta creación de cinco cuerpos de ejército, cuatro de los cuales no habían existido hasta ahora.

Sin duda se está intentando organizar un ejército nuevo; pero ¿con qué materiales? Está, en primer lugar, la gendarmería, con la que pueden formarse un regimiento de a caballo y otro de a pie; tropas excelentes, pero no pasarán de 3.000 hombres y habrá que reunirlas de todos los rincones de Francia. Lo mismo ocurre con los aduaneros, de los que se espera que proporcionen la materia para veinticuatro batallones; dudamos que completen la mitad de esa cifra. Vienen luego los antiguos soldados de los reemplazos de 1858 a 1863, cuyos solteros han sido llamados de nuevo por una ley especial. Pueden proporcionar un contingente de 200.000 hombres y serán la aportación más valiosa al ejército. Con menos de la mitad de ellos pueden completarse los cuartos batallones, y con el resto formarse batallones nuevos. Pero aquí empieza la dificultad: ¿de dónde van a salir los oficiales? Habrá que sacarlos del ejército combatiente, y, aunque esto pueda hacerse con un ascenso considerable de sargentos a subtenientes, tiene que debilitar a los cuerpos de donde se sacan. El conjunto de estas tres clases dará a lo sumo un aumento de 220.000 a 230.000 hombres, y en circunstancias favorables se necesitarán por lo menos de catorce a veinte días antes de que siquiera una parte de ellos pueda estar lista para incorporarse al ejército activo. Pero, desgraciadamente para ellos, las circunstancias no son favorables. Ahora se admite que no solo la intendencia, sino toda la administración militar francesa fue totalmente ineficaz, incluso para abastecer al ejército de la frontera. ¿Cómo estarán entonces de adelantados el correaje y el equipo de estas reservas, que nadie esperó nunca que se necesitaran en campaña? Es muy dudoso, en verdad, que, aparte de los cuartos batallones, haya ninguna formación nueva lista antes de un par de meses. No hay que olvidar, además, que ni uno solo de estos hombres ha manejado nunca un fusil de retrocarga y que todos ellos ignoran por completo la nueva táctica que esa arma ha inaugurado. Y si la actual infantería de línea francesa, como ahora admiten ellos mismos, dispara precipitadamente y al azar y despilfarra sus municiones, ¿qué harán estos batallones de nueva formación ante un enemigo cuya firmeza y precisión de tiro parecen verse muy poco afectadas por el estruendo de la batalla?

Quedan la Guardia Móvil, la leva de todos los solteros hasta los treinta años y la Guardia Nacional sedentaria. En cuanto a la Guardia Móvil, lo poco de ella que llegó a tener alguna organización formal parece haberse venido abajo en cuanto se la envió a Châlons. Disciplina no la había, y los oficiales, desconocedores en su mayoría de sus obligaciones, parecen haber perdido autoridad cada día; ni siquiera había armas para los hombres, y ahora todo ello parece en plena disolución. El general Dejean lo reconoció indirectamente con la propuesta de completar las filas de los cuartos batallones con la Guardia Móvil. Y si esta, la parte aparentemente organizada de la leva *en masse*, es del todo inservible, ¿qué va a ser del resto? Aunque hubiera oficiales, correaje y armas para ellos, ¿cuánto tiempo se tardaría en hacer de ellos soldados? Pero no hay nada previsto para la emergencia. Todos los oficiales aptos para su puesto están ya empleados; los franceses no tienen esa reserva casi inagotable de oficiales que proporcionan los «voluntarios de un año»,[^4] de los que unos 7.000 entran cada año en los ejércitos alemanes, y casi todos los cuales dejan el servicio perfectamente capacitados para desempeñar las funciones de oficial. El correaje y las armas parecen faltar igualmente; se dice incluso que habrá que sacar de los almacenes los viejos fusiles de chispa. Y en estas circunstancias, ¿qué valen para Francia esos 200.000 hombres? Está muy bien que los franceses invoquen la Convención, a Carnot[^5] con sus ejércitos de la frontera creados de la nada, y así sucesivamente. Pero, aunque estamos lejos de decir que Francia esté vencida sin remedio, no olvidemos que en los éxitos de la Convención tuvieron una parte importante los ejércitos aliados. Los ejércitos que atacaban entonces a Francia contaban por término medio 40.000 hombres cada uno; eran tres o cuatro, y cada uno actuaba fuera del alcance de los demás, uno en el Escalda, otro en el Mosela, el tercero en Alsacia, etc. A cada uno de estos pequeños ejércitos la Convención le opuso inmensas masas de levas más o menos bisoñas que, actuando sobre los flancos y la retaguardia del enemigo, entonces enteramente dependiente de sus almacenes, lo obligaron en conjunto a mantenerse bastante pegado a la frontera; y que, convertidas en verdaderos soldados por cinco años de campañas, lograron por fin echarlo al otro lado del Rin. Pero ¿puede suponerse ni por un momento que una táctica semejante servirá contra el inmenso ejército de invasión de hoy, que, aunque formado en tres cuerpos distintos, ha sabido mantenerse siempre unido a distancia de apoyo, o que este ejército dejará a los franceses tiempo para desarrollar sus recursos ahora dormidos? Y desarrollarlos en alguna medida solo es posible si los franceses están dispuestos a hacer lo que nunca han hecho: abandonar París y su guarnición a su suerte y continuar la lucha con la línea del Loira como base de operaciones. Puede que nunca se llegue a eso, pero, a menos que Francia esté dispuesta a afrontarlo, más le vale no hablar de una leva *en masse*.[^6]

[^1]: Charles Cousin-Montauban, conde de Palikao (1796-1878), general francés, ministro de la Guerra y jefe del Gobierno desde el 10 de agosto de 1870.
[^2]: El general Dejean, ministro de la Guerra interino en julio y agosto de 1870, mientras el titular, Edmond Le Bœuf, era mayor general del Ejército del Rin.
[^3]: Louis Jules Trochu (1815-1896), general francés; el 17 de agosto de 1870 fue nombrado gobernador de París y el 4 de septiembre pasó a presidir el Gobierno de la Defensa Nacional.
[^4]: Los *Einjährig-Freiwillige*: jóvenes con cierto nivel de estudios que, pagándose el equipo y la manutención, cumplían solo un año de servicio en el ejército prusiano y pasaban después a la reserva como aspirantes a oficial.
[^5]: Lazare Carnot (1753-1823), miembro del Comité de Salvación Pública, organizador de los ejércitos de la República en 1793-1794, conocido como el «organizador de la victoria».
[^6]: *Levée en masse*: leva general de todos los hombres útiles, como la decretada por la Convención en agosto de 1793.
