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Title: Notas sobre la guerra, XIV (1870)
Description: Engels contrasta la lentitud y la indecisión de la marcha de MacMahon con la rapidez del avance alemán hasta el Mosa y prevé que el último ejército francés en campaña marcha a su ruina, mientras que los ejércitos de reserva solo servirán para defender fortificaciones.
Author: Friedrich Engels
Date: 1870-08-31
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1870%20Notas%20sobre%20la%20guerra%2C%20XIV
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*Escrito en inglés por Friedrich Engels y publicado en* The Pall Mall Gazette *(Londres), núm. 1731, del 31 de agosto de 1870, como entrega XIV de su serie «Notes on the War» («Notas sobre la guerra»). Traducido por la Escuela de marxismo, 2026, del original inglés según la transcripción del periódico hecha por Tony Brown para el Marxists Internet Archive, cotejada con la versión alemana de Marx/Engels,* Werke*, tomo 17 (Berlín, 1962), pp. 75-78. Las notas son nuestras. [Texto original en inglés](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1870%20Notes%20on%20the%20War%2C%20XIV).*

Los alemanes han vuelto a ser demasiado rápidos para MacMahon. El IV Ejército, a las órdenes del príncipe heredero Alberto de Sajonia[^1], que comprende por lo menos dos cuerpos (la Guardia prusiana y el XII Cuerpo, o Real Sajón), si no más, se ha adelantado de golpe hasta el Mosa, se ha asegurado pasos en algún punto entre Stenay y Verdún y ha enviado al otro lado a su caballería. Los desfiladeros del Argonne están en su poder. En Sainte-Menehould hicieron prisioneros el jueves pasado a 800 guardias móviles, y en Buzancy derrotaron el sábado a una brigada de caballería francesa. De camino lanzaron el jueves pasado un fuerte reconocimiento contra Verdún, pero, al ver que la plaza estaba en condiciones de recibirlos, no se empeñaron en atacarla a viva fuerza.

MacMahon, que entretanto había salido de Reims el 22 y el 23 con un ejército que, según las noticias francesas, sumaba 150.000 hombres, bien equipados, bien provistos de artillería, municiones y víveres, la tarde del 25 todavía no había pasado de Rethel, a unas veintitrés millas de Reims. Cuánto tiempo siguió allí y cuándo salió, no lo sabemos con seguridad. Pero el combate de caballería de Buzancy, que está en la carretera de Stenay, unas veinte millas más allá, prueba que todavía el sábado su infantería no había llegado allí. Esta lentitud de movimientos contrasta vivamente con la actividad de los alemanes. Sin duda se debe en gran parte a la composición de su ejército, que contiene tropas más o menos desmoralizadas o formaciones nuevas en las que predominan los reclutas jóvenes; algunas son incluso simples cuerpos de voluntarios con muchos oficiales que no son de carrera. Es evidente que este ejército no puede tener la disciplina ni la cohesión del antiguo «Ejército del Rin», y que será casi imposible mover de 120.000 a 150.000 hombres de esta clase a la vez deprisa y con orden. Luego están los trenes de bagajes. El grueso de los trenes pesados del Ejército del Rin escapó sin duda de Metz el 14 y el 15, pero puede imaginarse que no estaban en las mejores condiciones; cabe suponer que su dotación de municiones y el estado de sus caballos dejan bastante que desear. Y, por último, podemos dar por seguro que la Intendencia francesa no ha mejorado desde el comienzo de la guerra y que, por consiguiente, abastecer a un gran ejército en una comarca extremadamente pobre no será cosa fácil. Pero, aun teniendo muy en cuenta todos estos obstáculos, todavía habremos de ver, además, en la tardanza de MacMahon un claro síntoma de indecisión. Una vez abandonada la carretera directa por Verdún, su camino más corto para liberar a Bazaine era el de Stenay, y en esa dirección se lanzó. Pero antes de pasar de Rethel debió de saber que los alemanes se habían apoderado de los pasos del Mosa y que el flanco derecho de sus columnas en el camino de Stenay no estaba seguro. Esta rapidez del avance alemán parece haber desbaratado sus planes. Se nos dice que el viernes seguía en Rethel, donde recibió nuevos refuerzos de París, y que se proponía ir al día siguiente a Mézières. Como no hemos tenido noticias auténticas de combates importantes, esto parece muy probable. Supondría abandonar casi por completo su plan de liberar a Bazaine; porque un movimiento a través de la estrecha franja de territorio francés de la orilla derecha del Mosa, entre Mézières y Stenay, tendría grandes dificultades y peligros, causaría un nuevo retraso y daría a sus adversarios tiempo de sobra para envolverlo por todas partes. Pues ya no cabe duda de que desde el ejército del príncipe heredero de Prusia se han enviado hacia el norte fuerzas más que suficientes con este fin. Todo lo que oímos sobre el paradero del III Ejército indica un movimiento hacia el norte por las tres grandes rutas más a mano para ello: Épernay, Reims, Rethel; Châlons, Vouziers; y Bar-le-Duc, Varennes, Grandpré. El hecho de que el combate de Sainte-Menehould se telegrafiara desde Bar-le-Duc hace incluso posible que fuera una parte del III Ejército la que derrotó allí a los móviles y ocupó la ciudad.

Pero ¿cuál puede ser la intención de MacMahon si de verdad se dirige a Mézières? Dudamos de que él mismo tenga una idea muy clara de lo que se propone hacer. Ahora sabemos que su marcha hacia el norte se la impuso, al menos en cierta medida, la insubordinación de sus hombres, que refunfuñaban por la «retirada» del campamento de Châlons a Reims y exigían con bastante energía que se les llevara contra el enemigo. Se emprendió entonces la marcha para liberar a Bazaine. Para el final de la semana MacMahon pudo haberse convencido de que su ejército no tenía la movilidad necesaria para marchar directamente sobre Stenay y de que más le valía tomar el camino de Mézières, por el momento más seguro. Esto aplazaría sin duda la proyectada liberación de Bazaine, y hasta podría hacerla impracticable; pero ¿tuvo alguna vez MacMahon una fe muy firme en su capacidad de llevarla a cabo? Lo dudamos. Y además el movimiento sobre Mézières retrasaría en todo caso la marcha del enemigo sobre París, daría a los parisinos más tiempo para completar su defensa, ganaría tiempo para organizar los ejércitos de reserva detrás del Loira y en Lyon; y, en caso de necesidad, ¿no podría retirarse a lo largo de la frontera del norte hacia el triple cinturón de fortalezas y probar si no habría entre ellas algún «cuadrilátero»[^2]? Ideas de este tipo, más o menos vagas, pueden haber llevado a MacMahon, que desde luego no parece tener nada de estratega, a dar un segundo paso en falso tras haberse enredado en el primero; y así vemos al último ejército que Francia tiene, y probablemente tendrá, en campaña en esta guerra marchar deliberadamente a su ruina, de la que solo pueden salvarlo los errores más groseros del enemigo; y ese enemigo no ha cometido todavía ni un solo error.

Decimos el último ejército que Francia tendrá probablemente en campaña en esta guerra. Hay que dar por perdido a Bazaine, a no ser que MacMahon pueda liberarlo, y eso es más que dudoso. El ejército de MacMahon, en el mejor de los casos, acabará disperso entre las fortalezas de la frontera del norte, donde no hará ningún daño. Los ejércitos de reserva de que ahora se habla serán levas bisoñas mezcladas con cierto número de soldados veteranos y mandadas inevitablemente, sobre todo, por oficiales que no son de carrera; estarán armadas con toda clase de armas; no estarán acostumbradas en absoluto a los fusiles de retrocarga, lo que equivale a decir que gastarán las municiones antes de que de verdad hagan falta; en una palabra, no servirán para la campaña, no servirán más que para la defensa de fortificaciones. Mientras los alemanes no solo han vuelto a completar sus batallones y escuadrones, sino que siguen enviando a Francia una división de Landwehr[^3] tras otra, los cuartos batallones franceses todavía no están completos. Solo sesenta y seis de ellos se han constituido en «régiments de marche» (regimientos de marcha) y se han enviado a París o a MacMahon; los treinta y cuatro restantes no estaban listos para salir hace unos días. La organización del ejército falla por todas partes; y una nación noble y valerosa ve que todos sus esfuerzos por defenderse son inútiles porque durante veinte años ha consentido que guíe sus destinos una pandilla de aventureros que convirtieron la administración, el gobierno, el ejército, la marina —en realidad, toda Francia— en una fuente de lucro para ellos mismos.

[^1]: Alberto de Sajonia (1828-1902), príncipe heredero y desde 1873 rey de Sajonia, mandaba el IV Ejército alemán, el llamado Ejército del Mosa, formado el 19 de agosto de 1870 con la Guardia prusiana, el XII Cuerpo (sajón) y el IV Cuerpo.

[^2]: Alusión al Cuadrilátero de fortalezas austríacas del norte de Italia (Mantua, Peschiera, Verona y Legnago), que se apoyaban mutuamente y se tenían por casi inexpugnables.

[^3]: La segunda reserva del ejército prusiano, formada por los hombres que ya habían pasado por el servicio activo y la reserva.
