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Title: Notas sobre la guerra, XX (1870)
Description: Por qué Francia, con apenas una octava parte de su territorio ocupada, está virtualmente conquistada: la centralización de su administración, sobre todo la militar, y la posición expuesta de París; y por qué esto no da a Francia derecho al Rin ni a Alemania derecho a territorio francés.
Author: Friedrich Engels
Date: 1870-10-03
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1870%20Notas%20sobre%20la%20guerra%2C%20XX
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*Escrito en inglés por Friedrich Engels y publicado sin firma en* The Pall Mall Gazette* del 3 de octubre de 1870, en la serie «Notes on the War» (Notas sobre la guerra). Traducido del original inglés según la transcripción del texto del periódico hecha por Tony Brown en el Marx-Engels Internet Archive (marxists.org), cotejada párrafo a párrafo con la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 17 (Berlín, 1962), págs. 117-120, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en inglés](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1870%20Notes%20on%20the%20War%2C%20XX).*

Es un hecho sorprendente, aun después de los inconcebibles desatinos que han llevado al aniquilamiento práctico de los ejércitos franceses, que Francia esté virtualmente a merced de un conquistador que apenas posee una octava parte de su territorio. El territorio ocupado efectivamente por los alemanes está limitado por una línea trazada de Estrasburgo a Versalles y otra de Versalles a Sedán. Dentro de esta estrecha franja, los franceses conservan todavía las fortalezas de París, Metz, Montmédy, Verdún, Thionville, Bitche y Phalsbourg. La observación, el bloqueo o el sitio de estas fortalezas ocupan casi todas las fuerzas enviadas hasta ahora a Francia. Puede que quede caballería de sobra para batir los alrededores de París hasta Orleans, Ruan y Amiens, y aún más lejos; pero por ahora no cabe pensar en una ocupación seria de ningún distrito extenso. Hay ciertamente en Alsacia, al sur de Estrasburgo, una fuerza de unos 40.000 o 50.000 hombres de la *Landwehr*[^1], y este ejército puede duplicar sus efectivos con la mayor parte del cuerpo que sitiaba Estrasburgo. Al parecer, estas tropas están destinadas a una incursión hacia el sur de Francia: se dice que marcharán sobre Belfort, Besanzón y Lyon. Ahora bien, cada una de estas tres fortalezas es un gran campo atrincherado, con fuertes destacados a buena distancia de la muralla principal; y el sitio, o incluso un bloqueo serio, de las tres plazas a la vez exigiría más que las fuerzas de este ejército. Damos, pues, por sentado que esa afirmación no es más que un engaño, y que el nuevo ejército alemán no se ocupará de estas fortalezas más de lo inevitable; que entrará en el valle del Saona, la parte más rica de Borgoña, y lo dejará sin víveres, y que luego avanzará hacia el Loira para abrir comunicaciones con el ejército que rodea París y emplearse según las circunstancias. Pero aun este fuerte cuerpo de tropas, mientras no tenga con el ejército que está ante París comunicaciones directas que le permitan prescindir de comunicaciones directas e independientes con el Rin, aun este fuerte cuerpo de tropas está empleado en una mera correría, e incapaz de mantener sometido un territorio extenso. Así, sus operaciones de las próximas dos semanas no aumentarán el dominio efectivo que los alemanes tienen sobre el suelo francés, que sigue limitado a apenas una octava parte de toda la extensión de Francia; y, sin embargo, Francia, aunque no quiera reconocerlo, está virtualmente conquistada. ¿Cómo es posible?

La causa principal es la excesiva centralización de toda la administración en Francia, y en especial de la administración militar. Hasta hace muy poco, Francia estaba dividida, a efectos militares, en veintitrés distritos, cada uno de los cuales comprendía, en lo posible, las guarniciones que componían una división de infantería, junto con caballería y artillería. Entre los comandantes de esas divisiones y el Ministerio de la Guerra no había ningún eslabón intermedio. Además, esas divisiones eran organizaciones meramente administrativas, no militares. No se contaba con que los regimientos que las componían formasen brigada en la guerra; en tiempo de paz estaban simplemente bajo la autoridad disciplinaria del mismo general. En cuanto una guerra era inminente, podían ser enviados a cuerpos de ejército, divisiones o brigadas completamente distintos. En cuanto a un estado mayor divisionario que no fuera administrativo o adscrito personalmente al general al mando, no existía tal cosa. Con Luis Napoleón, estas veintitrés divisiones se unieron en seis cuerpos de ejército, cada uno a las órdenes de un mariscal de Francia. Pero estos cuerpos de ejército no eran más organizaciones permanentes para la guerra que las divisiones. Estaban organizados con fines políticos, no militares. No tenían estado mayor regular. Eran justo lo contrario de los cuerpos de ejército prusianos, cada uno de los cuales está organizado de forma permanente para la guerra, con su cupo de infantería, caballería, artillería e ingenieros, y con su personal militar, sanitario, judicial y administrativo listo para una campaña. En Francia, la parte administrativa del ejército (la Intendencia, etcétera) recibía sus órdenes no del mariscal o el general al mando, sino directamente de París. Si en estas circunstancias París queda paralizado, si se cortan las comunicaciones con él, no queda en las provincias ningún núcleo de organización; quedan igual de paralizadas, y aún más, por cuanto la secular dependencia de las provincias respecto de París y de su iniciativa ha llegado, por la larga costumbre, a formar parte integrante del credo nacional, y rebelarse contra ella no es solo un crimen, sino un sacrilegio.

Junto a esta causa principal hay, sin embargo, otra, secundaria pero apenas menos importante en este caso: que, como consecuencia del desarrollo histórico interno de Francia, su centro está situado peligrosamente cerca de su frontera nordeste. Hace trescientos años esto ocurría en una medida mucho mayor. París estaba entonces en un extremo del país. Cubrir París con una extensión mayor de territorio conquistado hacia el este y el nordeste fue el objetivo de la serie casi ininterrumpida de guerras contra Alemania y contra España mientras esta poseyó Bélgica. Desde que Enrique II se apoderó de los tres obispados de Metz, Toul y Verdún (1552) hasta la Revolución, el Artois, partes de Flandes y del Henao, Lorena, Alsacia y Montbéliard fueron así conquistados y anexionados a Francia para servir de amortiguadores que recibiesen el primer choque de una invasión contra París. Hemos de admitir que casi todas estas provincias estaban predestinadas por la raza, la lengua y las costumbres a formar parte integrante de Francia, y que Francia ha sabido, principalmente mediante la revolución de 1789-1798, asimilar a fondo las demás. Pero aun hoy París está peligrosamente expuesto. De Bayona a Perpiñán, de Antibes a Ginebra, las fronteras terrestres del país están a gran distancia de París. De Ginebra, por Basilea, hasta Lauterbourg, en Alsacia, la distancia sigue siendo la misma; la frontera forma un arco trazado desde el centro, París, con un mismo radio de 250 millas. Pero en Lauterbourg la frontera abandona el arco y forma dentro de él una cuerda que en un punto dista solo 120 millas de París. «Là où le Rhin nous quitte, le danger commence» [Donde el Rin nos deja, empieza el peligro], dijo Lavallée en su obra chovinista sobre las fronteras de Francia[^2]. Pero si prolongamos el arco desde Lauterbourg en dirección norte, veremos que sigue casi exactamente el curso del Rin hasta el mar. Aquí tenemos, pues, la verdadera causa del clamor francés por toda la orilla izquierda del Rin. Solo tras la adquisición de esa frontera queda París cubierto, por su lado más expuesto, por fronteras equidistantes, y además con un río como línea fronteriza. Y si la seguridad militar de París fuera el principio rector de la política europea, Francia tendría ciertamente derecho a ella. Afortunadamente, no es así; y si Francia elige tener París por capital, tiene que aguantar los inconvenientes que lleva consigo París tanto como las ventajas, y uno de esos inconvenientes es que la ocupación de una pequeña parte de Francia, que incluya París, paralizará su acción nacional. Pero si esto es así, si Francia no adquiere ningún derecho al Rin por el accidente de tener su capital en una posición expuesta, Alemania debería recordar que consideraciones militares de índole parecida no le dan mejor título sobre territorio francés.

[^1]: La *Landwehr* era en Prusia la segunda línea del ejército, formada por los hombres que habían cumplido su servicio en filas y en la reserva.

[^2]: Théophile Lavallée, *Les frontières de la France* (París, 1864).
