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Title: Notas sobre la guerra, XXIV (1870)
Description: Un mes de cerco de París: ningún socorro posible desde fuera, una guarnición incapaz de actuar a la ofensiva, el terreno entre los fuertes y el recinto como campo de batalla decisivo, y los cañones del parque de sitio alemán.
Author: Friedrich Engels
Date: 1870-10-21
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1870%20Notas%20sobre%20la%20guerra%2C%20XXIV
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*Escrito en inglés por Friedrich Engels y publicado sin firma en* The Pall Mall Gazette*, núm. 1775, del 21 de octubre de 1870, en la serie «Notes on the War» (Notas sobre la guerra). Traducido del original inglés según la transcripción del texto del periódico hecha por Tony Brown en el Marx-Engels Internet Archive (marxists.org), cotejada párrafo a párrafo con la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 17 (Berlín, 1962), págs. 141-145, por la Escuela de marxismo, 2026. Se corrigen erratas evidentes de la transcripción, cotejadas con la versión alemana. Las notas son nuestras. [Texto original en inglés](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1870%20Notes%20on%20the%20War%2C%20XXIV).*

El cerco de París dura ya exactamente un mes. Durante este tiempo han quedado prácticamente resueltas, conforme a nuestras predicciones, dos cuestiones relacionadas con él. La primera es que París no puede esperar que ningún ejército francés lo socorra desde fuera a tiempo. El Ejército del Loira carece por completo de caballería y artillería de campaña, y su infantería, con muy ligeras excepciones, se compone de tropas jóvenes o de tropas veteranas desmoralizadas, con malos oficiales y faltas por entero de la cohesión que es lo único que podría hacerlas aptas para enfrentarse en campo abierto a soldados veteranos embriagados por un éxito constante como los que Von der Tann[^1] lleva contra ellas. Aunque el Ejército del Loira llegara a 100.000 o 120.000 hombres, como puede ocurrir antes de que caiga París, no sería capaz de levantar el cerco. Gracias a su gran superioridad en caballería y en artillería de campaña, de las que se puede prescindir en buena medida ante París en cuanto haya llegado el tren de sitio con sus artilleros, y a la superioridad de su infantería, soldado por soldado, los alemanes están en condiciones de hacer frente a una fuerza así con otra inferior en número sin temer por el resultado. Además, las tropas que ahora baten el país al este y al norte de París hasta distancias de cincuenta y sesenta millas podrían, en tal caso, enviarse temporalmente a reforzar a Von der Tann, lo mismo que una o dos divisiones del ejército del cerco. En cuanto al Ejército de Lyon, lo que de él tenga alguna existencia tangible encontrará trabajo de sobra con el 14.º cuerpo de la Alemania del Norte del general Werder[^2], que está ahora en Épinal y Vesoul, y con el 15.º cuerpo, que le sigue a retaguardia o sobre su flanco derecho. El Ejército del Norte, con Bourbaki[^3] al mando, está aún por formar. Por todo lo que oímos, a los móviles de Normandía y Picardía les faltan muchísimo oficiales e instrucción; y la Guardia Nacional sedentaria, si no también la mayoría de los móviles, harán falta para guarnecer las veinticinco o más fortalezas que estorban el país entre Mézières y El Havre. Así que no es muy probable un socorro eficaz por este lado, y París tendrá que confiar en sí mismo.

La segunda cuestión resuelta es que la guarnición de París es incapaz de actuar a la ofensiva en gran escala. Se compone de los mismos elementos que las tropas de fuera de París, y tiene la misma escasez de caballería y artillería de campaña. Las tres salidas del 19 y el 30 de septiembre y del 13 de octubre han probado plenamente su incapacidad para hacer mella seria en las fuerzas del cerco. Como decían estas, «nunca fueron capaces de romper siquiera nuestra primera línea». Aunque el general Trochu declara en público que su renuencia a atacar al enemigo en campo abierto se debe a la escasez de artillería de campaña, y que no volverá a salir hasta que se haya remediado, no puede dejar de saber que ninguna artillería de campaña del mundo podría impedir que su primera salida *en masse* [en masa] terminara en una derrota completa. Y para cuando su artillería de campaña pueda estar lista, si eso es algo más que un mero pretexto, el fuego de las baterías alemanas contra los fuertes y el estrechamiento de sus líneas de cerco habrán hecho imposible su empleo en campo abierto.

Trochu y su estado mayor parecen saberlo perfectamente. Todas sus medidas apuntan a una defensa meramente pasiva, sin más grandes salidas que las que hagan falta para satisfacer el clamor de una guarnición indisciplinada. Los terraplenes de los fuertes no pueden resistir mucho tiempo los proyectiles de los cañones pesados alemanes, de los que hablaremos luego. Puede que, como espera el estado mayor de Berlín, basten dos o tres días para desmontar los cañones de los terraplenes de los fuertes del sur, abrir brecha desde lejos y por tiro indirecto en uno o dos puntos del revestimiento de mampostería de sus escarpas, y luego asaltarlos mientras el fuego de las baterías desde las alturas que los dominan impide todo socorro eficaz desde las obras de retaguardia. No hay nada en la construcción de los fuertes ni en la configuración del terreno que lo impida. En todos los fuertes que rodean París, la escarpa, es decir, el lado interior del foso o la cara exterior del terraplén, está revestida de mampostería solo hasta la altura del horizonte, lo que generalmente se considera insuficiente para poner la obra a salvo de la escalada. Esta desviación de la regla general se justificaba en el supuesto de que París siempre sería defendido activamente por un ejército. En el caso presente será incluso una ventaja, por cuanto esta mampostería baja será difícil de alcanzar con tiro indirecto desde baterías desde las que no se la ve. Abrir brecha desde lejos será así más trabajoso, a menos que las alturas en que se construyan esas baterías permitan un tiro realmente fijante, y eso no puede juzgarse sino sobre el terreno.

En cualquier caso, no hay que esperar que sea larga la resistencia de estos fuertes del sur, dominados como están por alturas situadas dentro del alcance más eficaz de la artillería rayada pesada. Pero justo detrás de ellos, entre los fuertes y el recinto, es donde la guarnición ha desplegado principalmente su actividad. Se han construido por todas partes numerosas obras de tierra; y aunque, como es natural, se nos tiene en la ignorancia de todos los detalles, podemos estar seguros de que se habrán proyectado y ejecutado con todo el cuidado, la previsión y la ciencia que desde hace más de dos siglos han puesto en primera fila al cuerpo de ingenieros francés. Aquí está, pues, evidentemente, el terreno de combate elegido por la defensa; un terreno donde barrancos y laderas, fábricas y aldeas, construidas en su mayoría de piedra, facilitan el trabajo del ingeniero y favorecen la resistencia de tropas jóvenes y solo a medias disciplinadas. Aquí, a nuestro juicio, encontrarán los alemanes la tarea más dura. Es cierto que el *Daily News* nos informa desde Berlín de que se contentarán con conquistar algunos de los fuertes y dejarán que el hambre haga el resto. Pero suponemos que no se les dejará esa elección, a menos, claro está, que vuelen los fuertes y se retiren de nuevo a sus actuales posiciones de mero cerco; y si hacen eso, los franceses pueden recuperar poco a poco el terreno perdido mediante contraaproches. Suponemos, por tanto, que los alemanes se proponen conservar los fuertes que tomen, como posiciones de bombardeo eficaces para asustar a los habitantes con proyectiles ocasionales, o para emplearlos en un bombardeo tan completo como puedan llevar a cabo con los medios de que disponen. Y en ese caso no pueden rehusar el combate que les ofrece la defensa en el terreno elegido y preparado a tal efecto, pues los fuertes estarán bajo el fuego cercano y eficaz de las nuevas obras. Aquí presenciaremos quizá la última lucha de esta guerra que ofrezca algún interés científico; tal vez la más interesante de todas para la ciencia militar. Aquí la defensa podrá actuar de nuevo a la ofensiva, aunque en menor escala, y, restableciendo así en cierta medida el equilibrio entre las fuerzas contendientes, podrá prolongar la resistencia hasta que el hambre obligue a la rendición. Pues hemos de tener presente que de los víveres almacenados para París ya se ha consumido la provisión de un mes, y nadie fuera de la ciudad sabe si está abastecida para más de otro mes.

Parece haber gran confusión de ideas entre los «corresponsales especiales» sobre los cañones de sitio alemanes; y bien puede haberla, teniendo en cuenta que la nomenclatura de los diversos calibres entre los artilleros alemanes se basa en principios al menos tan absurdos y contradictorios como los adoptados en Inglaterra. Quizá valga la pena aclarar un poco este asunto ahora que esos grandes cañones pueden empezar a hablar cualquier día. De cañones de sitio de modelo antiguo se usaron ante Estrasburgo, y ahora se han enviado a París, morteros de a veinticinco y de a cincuenta, llamados así por el peso de una bola de mármol que se ajuste a su ánima. Sus calibres son, respectivamente, de unas 8 ½ y 8 ¾ pulgadas, y el peso real de las bombas esféricas que lanzan es de 64 libras para el primero y de 125 para el segundo. Había además un mortero rayado, de 21 centímetros de calibre, u 8 ¼ pulgadas, que lanza un proyectil alargado de 20 pulgadas de largo y algo más de 200 libras de peso. Estos morteros tienen un efecto tremendo, no solo porque el rayado da a sus proyectiles mayor precisión, sino sobre todo porque el proyectil alargado de percusión, que cae siempre sobre su pesada punta, donde sobresale la espoleta de percusión, asegura la explosión de la carga en el momento mismo de la penetración, combinando así en un mismo instante los efectos del impacto y los de la explosión. De cañones rayados de granada había piezas de a 12 y de a 24, llamadas así por el peso de la bala esférica de hierro macizo que disparaban antes de ser rayadas. Sus calibres respectivos son de unas cuatro pulgadas y media y cinco y media, y el peso de sus proyectiles, de 33 y 64 libras. Además de estos, se han enviado a París algunos de los cañones rayados pesados destinados a los buques acorazados y a la defensa de costas contra esos buques. Los detalles exactos de su construcción no se han publicado nunca, pero sus calibres son de unas 7, 8 y 9 pulgadas, y los proyectiles correspondientes pesan, respectivamente, unas 120, 200 y 300 libras. Los cañones más pesados que se usaron en Sebastopol o ante Sebastopol fueron el cañón naval inglés de a 68, los cañones de granada de 8 y 10 pulgadas y los cañones de granada franceses de 8 ¾ y 12 pulgadas, cuyo proyectil más pesado, la granada esférica de 12 pulgadas, pesaba unas 180 libras. Así pues, el sitio de París superará a Sebastopol, por el peso y la masa de los proyectiles empleados, tanto como Sebastopol superó a todos los sitios anteriores. El parque de sitio alemán, podemos añadir, contará con el número de piezas que calculamos: unas cuatrocientas.

[^1]: Ludwig von der Tann (1815-1881), general bávaro, al mando del 1.er cuerpo bávaro, que el 11 de octubre de 1870 había tomado Orleans.

[^2]: August von Werder (1808-1887), general prusiano, que había dirigido el sitio de Estrasburgo.

[^3]: Charles-Denis Bourbaki (1816-1897), general francés; en octubre de 1870 se le confió el mando en el norte, que dejó poco después para pasar al Ejército del Loira.
