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Title: Zaragoza — París (1870)
Description: Engels compara el sitio de París que se avecina con el de Zaragoza de 1808-1809, defensa popular clásica, y prevé que el centro de gravedad de la defensa estará en el terreno fortificado entre los fuertes y el recinto.
Author: Friedrich Engels
Date: 1870-10-22
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1870%20Zaragoza%20-%20Par%C3%ADs
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*Escrito en inglés por Friedrich Engels y publicado sin firma en* The Pall Mall Gazette*, núm. 1776, del 22 de octubre de 1870. Traducido del original inglés según la transcripción del texto del periódico hecha por Tony Brown en el Marx-Engels Internet Archive (marxists.org), cotejada párrafo a párrafo con la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 17 (Berlín, 1962), págs. 146-149, por la Escuela de marxismo, 2026. Se corrigen erratas evidentes de la transcripción, cotejadas con la versión alemana. Las notas son nuestras. [Texto original en inglés](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1870%20Saragossa%20-%20Paris).*

Para formarnos una idea adecuada de una operación tan colosal como el sitio y la defensa de París, haremos bien en buscar en la historia militar algún sitio anterior en gran escala que sirva, al menos en cierta medida, de ejemplo de lo que podemos esperar presenciar. Sebastopol sería un caso pertinente si la defensa de París se produjera en condiciones normales, es decir, si hubiera un ejército en campaña que acudiera en socorro de París o reforzara su guarnición, como ocurrió en Sebastopol. Pero París se defiende en condiciones del todo anormales: no tiene una guarnición apta para una defensa activa, para combatir en campo abierto, ni ninguna esperanza razonable de socorro desde fuera. Así, el mayor sitio que registra la historia, el de Sebastopol, inferior solo al que estamos a punto de ver abrirse, no ofrece una imagen exacta de lo que se hará ante París; y solo en fases posteriores del sitio, y principalmente por contraste, podrán traerse a comparación los acontecimientos de la guerra de Crimea.

Tampoco los sitios de la guerra norteamericana ofrecen mejores ejemplos. Se produjeron en un período de la lucha en que no solo el ejército del Sur, sino también, siguiendo su estela, las tropas del Norte habían perdido el carácter de levas bisoñas y podían calificarse de tropas regulares. En todos esos sitios la defensa fue extremadamente activa. Tanto en Vicksburg como en Richmond hubo largas luchas preliminares por el dominio del terreno, único lugar en que podían levantarse las baterías de sitio; y, con excepción del último sitio de Richmond por Grant[^1], hubo siempre además intentos de socorro. Pero aquí, en París, tenemos una guarnición de nuevas levas débilmente apoyada por nuevas levas dispersas fuera de la ciudad, y atacada por un ejército regular con todos los recursos de la guerra moderna. Para encontrar un caso pertinente tendremos que remontarnos a la última guerra en que un pueblo armado tuvo que luchar contra un ejército regular, y luchó efectivamente en gran escala: la guerra de la Independencia española. Y aquí encontramos un ejemplo célebre que, como veremos, es pertinente en más de un aspecto: Zaragoza.

Zaragoza no tenía más que un tercio del diámetro y una novena parte de la superficie de París; pero sus fortificaciones, aunque levantadas deprisa y sin fuertes destacados, se parecerían a las de París en su fuerza defensiva general. Ocupaban la ciudad 25.000 soldados españoles, huidos de la derrota de Tudela, entre ellos no más de 10.000 verdaderos soldados de línea, y el resto, levas jóvenes; había además campesinos y vecinos armados, que elevaban la guarnición a 40.000 hombres. Había en la ciudad 160 cañones. Fuera, se había levantado en las provincias vecinas una fuerza de unos 30.000 hombres para acudir en su socorro. Por otra parte, el mariscal francés Suchet[^2] no tenía más que 26.000 hombres con que cercar la fortaleza a ambos lados del Ebro, y además 9.000 hombres que cubrían el sitio en Calatayud. Así, la proporción numérica de las fuerzas era más o menos la misma que la de los ejércitos que ahora están, respectivamente, dentro y delante de París: los sitiados eran casi el doble que los sitiadores. Y, sin embargo, los zaragozanos no podían permitirse salir a enfrentarse con los sitiadores en campo abierto más que los parisienses ahora. Tampoco los españoles de fuera pudieron en ningún momento estorbar seriamente el sitio.

El cerco de la ciudad se completó el 19 de diciembre de 1808; la primera paralela pudo abrirse ya el 29, a solo 350 yardas de la muralla principal. El 2 de enero de 1809 se abre la segunda paralela a 100 yardas de las obras; el 11 las brechas son practicables y se toma al asalto todo el frente atacado. Pero aquí, donde habría cesado la resistencia de una fortaleza ordinaria guarnecida por tropas regulares, no hacía más que empezar la fuerza de una defensa popular. La parte de la muralla que los franceses habían tomado al asalto había sido separada del resto de la ciudad por nuevas defensas. Se habían levantado obras de tierra, defendidas por artillería, atravesando todas las calles que conducían a ella, y se repetían a distancias apropiadas hacia retaguardia. Las casas, construidas al estilo macizo del cálido sur de Europa, con muros inmensamente gruesos, se aspillaron y fueron ocupadas por numerosa infantería. El bombardeo de los franceses era incesante; pero, como estaban mal provistos de morteros pesados, sus efectos no fueron decisivos contra la ciudad. Aun así, prosiguió durante cuarenta y un días sin interrupción. Para reducir la ciudad, para tomar casa tras casa, los franceses tuvieron que emplear el procedimiento más lento de todos, el de la mina. Por fin, después de destruido un tercio de los edificios de la ciudad y vuelto inhabitable el resto, Zaragoza se rindió el 20 de febrero. De 100.000 personas que había en la ciudad al principio del sitio, habían perecido 54.000.

Esta defensa es clásica en su género, y bien merece la celebridad que ha alcanzado. Pero, al fin y al cabo, la ciudad resistió solo sesenta y tres días en total. El cerco llevó diez días; el sitio de la fortaleza, catorce; el sitio de las defensas interiores y la lucha por las casas, treinta y nueve. Los sacrificios no guardaban ninguna proporción con la duración de la defensa y el resultado positivo obtenido. Si Zaragoza hubiera estado defendida por 20.000 soldados buenos y emprendedores, Suchet, con sus fuerzas, no habría podido proseguir el sitio frente a sus salidas, y la plaza habría podido quedar en manos de los españoles hasta después de la guerra austriaca de 1809.

Ahora bien, no esperamos ciertamente que París resulte una segunda Zaragoza. Las casas de París, por sólidas que sean, no admiten comparación en cuanto a solidez con las de la ciudad española; ni tenemos fundamento para suponer que la población vaya a mostrar el fanatismo de los españoles de 1809, ni que la mitad de los habitantes vayan a dejarse matar pacientemente por los combates y las enfermedades. Con todo, la fase de la lucha que se dio en Zaragoza después del asalto de la muralla, en las calles, casas y conventos de la ciudad, podría repetirse en cierta medida en las aldeas fortificadas y las obras de tierra situadas entre los fuertes de París y el recinto. Ahí, como dijimos ayer en nuestra vigesimocuarta entrega de [notas sobre la guerra](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1870%20Notas%20sobre%20la%20guerra%2C%20XXIV), nos parece que está el centro de gravedad de la defensa. Ahí los jóvenes móviles pueden enfrentarse a sus adversarios, incluso en movimientos ofensivos, en condiciones más o menos iguales, y obligarlos a proceder de un modo más sistemático de lo que parecía imaginar el estado mayor de Berlín cuando, hace poco, esperaba reducir la ciudad en doce o catorce días desde la apertura de las baterías de sitio. Ahí también puede la defensa dar tanto trabajo a los morteros y cañones de granada del ataque que hasta un bombardeo parcial de la ciudad, al menos en gran escala, quede por el momento descartado. Las aldeas de fuera del recinto tendrán que sacrificarse en todo caso dondequiera que estén entre el frente de ataque alemán y el frente de defensa francés; y si, sacrificándolas, puede salvarse la ciudad, tanto mejor para la defensa.

Cuánto tiempo puede hacerse durar esta defensa del terreno de fuera del recinto no podemos ni siquiera conjeturarlo. Dependerá de la solidez de las propias obras, del espíritu con que se lleve la defensa, del modo de ataque. Si la resistencia se vuelve seria, los alemanes confiarán sobre todo en el fuego de su artillería, para ahorrar a sus tropas. En todo caso, con el enorme fuego de artillería que podrán concentrar sobre cualquier punto dado, no es probable que tarden más de quince días o tres semanas en llegar al recinto. Romperlo y tomarlo será obra de pocos días. Ni siquiera entonces será absolutamente necesario renunciar a la resistencia; pero será mejor aplazar el examen de esas eventualidades hasta que haya mayor probabilidad de que se produzcan de verdad. Hasta entonces se nos permitirá también no decir nada de los méritos y deméritos de las barricadas del señor Rochefort[^3]. En conjunto, opinamos que, si las nuevas obras entre los fuertes y el recinto ofrecen una resistencia realmente seria, el ataque se limitará en lo posible (hasta qué punto, dependerá en gran medida de la energía de la defensa) al fuego de artillería, vertical y horizontal, y a rendir París por hambre.

[^1]: El sitio de Petersburg y Richmond por el ejército de la Unión al mando de Ulysses S. Grant (junio de 1864 - abril de 1865), que decidió la guerra de Secesión.

[^2]: Louis-Gabriel Suchet (1770-1826), mariscal de Francia. El segundo sitio de Zaragoza (diciembre de 1808 - febrero de 1809) lo dirigieron los mariscales Moncey, Mortier y, desde enero de 1809, Lannes; Suchet mandaba entonces una división del cuerpo de Mortier.

[^3]: Henri Rochefort (1831-1913), periodista republicano, miembro del Gobierno de Defensa Nacional, presidía en París la comisión de barricadas.
