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Title: Informe al Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores sobre la situación de la Asociación en España, Portugal e Italia (1872)
Description: Informe de Engels, que había sido secretario para España, al nuevo Consejo General de Nueva York: historia de la Internacional en España desde 1869, la guerra secreta de la Alianza de Bakunin contra el Consejo Federal y la Nueva Federación Madrileña, y las perspectivas tras el Congreso de La Haya.
Author: Friedrich Engels
Date: 1872-10-31
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1872%20Informe%20al%20Consejo%20General%20de%20la%20Asociaci%C3%B3n%20Internacional%20de%20los%20Trabajadores%20sobre%20la%20situaci%C3%B3n%20de%20la%20Asociaci%C3%B3n%20en%20Espa%C3%B1a%2C%20Portugal%20e%20Italia
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*Escrito en inglés por Friedrich Engels en Londres el 31 de octubre de 1872 para el Consejo General de la Internacional, trasladado a Nueva York por el Congreso de La Haya. Se conserva el manuscrito; la MEW solo da el primer apartado, sobre España. El original inglés no está disponible en una edición libre; traducimos de la versión alemana, hecha sobre el manuscrito, de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 18 (Berlín, 1962, pp. 182-186), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1872%20Bericht%20an%20den%20Generalrat%20der%20Internationalen%20Arbeiterassoziation%20%C3%BCber%20die%20Lage%20der%20Assoziation%20in%20Spanien%2C%20Portugal%20und%20Italien).*

## 1. España

En España, la Internacional se fundó en un principio como simple apéndice de la sociedad secreta de Bakunin, la *Alianza*,[^1] a la que debía servir como una especie de campo de reclutamiento y, al mismo tiempo, como palanca para dominar todo el movimiento proletario. Verán más adelante que esa Alianza se propone abiertamente, justo ahora, devolver a la Internacional española a la misma posición subordinada.

A consecuencia de esa dependencia, las doctrinas particulares de la Alianza —abolición inmediata del Estado, anarquía, antiautoritarismo, abstención de toda actividad política, etc.— se proclamaron en España como las *doctrinas* de la Internacional. Al mismo tiempo, todo miembro destacado de la Internacional era admitido en el acto en la sociedad secreta, y se le hacía creer que ese sistema de control de la asociación pública por la sociedad secreta existía en todas partes y era completamente natural.

Esto ocurrió en 1869, y el primero que introdujo en España la Internacional junto con la Alianza fue el italiano *Fanelli*,[^2] que ahora, pese a sus principios de abstención política, es diputado del Parlamento italiano. En junio de 1870 se celebró en Barcelona el primer congreso de la Internacional española y se adoptó el plan de organización que luego se desarrolló por completo en la Conferencia de Valencia (septiembre de 1871), que está hoy en vigor y ha dado excelentes resultados.

Como en todas partes, la participación de nuestra Asociación (y también la que se le atribuyó) en la revolución de la Comuna de París puso también en España a la Internacional en primer plano. Gracias a ello y a las primeras medidas de persecución del Gobierno inmediatamente después, nuestras filas se llenaron mucho. Sin embargo, en la época de la Conferencia de Valencia solo existían en España trece federaciones locales, aparte de algunas secciones aisladas en diversos lugares.

La Conferencia de Valencia había mantenido el Consejo Federal en Madrid, adonde lo había trasladado el Congreso de Barcelona, y en conjunto no había cambiado su composición; sin embargo, una persona de peso, Tomás González Morago[^3] (delegado en La Haya), no fue reelegida. Cuando el Consejo Federal, durante las primeras persecuciones del Gobierno en junio de 1871, tuvo que refugiarse durante un tiempo en Lisboa, Morago había abandonado su puesto en el momento del peligro, y esa fue la causa de su exclusión del nuevo Consejo Federal. Desde ese momento empezó la guerra secreta que terminó en escisión abierta.

Inmediatamente después de la Conferencia de Valencia se celebró la Conferencia de Londres (septiembre de 1871). Los españoles enviaron un delegado, Anselmo Lorenzo,[^4] que a su vuelta llevó por primera vez a España la noticia de que la Alianza secreta *no* era algo que se diera por supuesto en nuestra Asociación, y de que, por el contrario, el Consejo General y la mayoría de las federaciones eran adversarios directos de la Alianza, en la medida en que entonces se conocía su existencia.

Poco después, *Sagasta*[^5] empezó sus persecuciones contra la Internacional, a la que declaró fuera de la ley. Morago, entonces todavía miembro del Consejo Local de Madrid, volvió a desertar de su puesto y dimitió. Sin embargo, a las amenazas del Gobierno no siguieron actos serios; a la Internacional no se le permitía, ciertamente, celebrar reuniones *públicas*, pero las secciones y los consejos siguieron celebrando sus sesiones sin estorbo. La única consecuencia de esa intromisión del Gobierno fue un gran aumento del número de adherentes de la Internacional. En el Congreso de Zaragoza, en abril de 1872, la Asociación contaba con 70 federaciones locales regularmente organizadas, mientras que en otras 100 localidades se llevaban adelante con vigor la organización y la propaganda. Además había 8 oficios organizados en uniones de oficio en todo el país y bajo el control de la Internacional; y la gran unión de los obreros fabriles de España (mecánicos, hiladores y tejedores) estaba a punto de constituirse.

Entretanto, la guerra secreta dentro de la Internacional había proseguido y empezaba ahora a tomar otro giro, más importante. El rencor personal de Morago (que en Madrid, pese a sus repetidas deserciones, ejercía una gran influencia local) contra los miembros del nuevo Consejo Federal nombrados en Valencia ya no era la única fuerza motriz de esa guerra. Las resoluciones de la Conferencia de Londres sobre la rama pública de la Alianza y sobre la acción política de la clase obrera habían despertado la furia de los jefes de la Alianza secreta, y en especial de los iniciados en los grados superiores, que recibían sus instrucciones directamente de Bakunin y entre los que se contaba Morago. Esa furia se expresó en la circular de Sonvillier de la Federación del Jura, que exigía la convocatoria inmediata de un congreso extraordinario.[^6] El Consejo Federal español, de acuerdo con muchas secciones, vaciló en tomar partido en esa cuestión contra el Consejo General y la Conferencia de Londres, y eso constituyó un nuevo crimen. Además, en enero de 1872 llegó a Madrid Paul Lafargue y, tras entablar relaciones amistosas con los miembros del Consejo Federal, pronto los convenció, con numerosos hechos, de que todo el asunto del Jura era una intriga basada en la calumnia para desorganizar la Internacional. Desde ese momento, la suerte de los miembros del Consejo Federal quedó sellada. Como eran a la vez redactores de *La Emancipación*,[^7] el Consejo Local buscó pleito con el periódico e hizo que los expulsaran de la Federación Local de Madrid. El Congreso de Zaragoza anuló esa expulsión, pero el fin inmediato se había conseguido: los roces personales habían hecho imposible que el Consejo Federal siguiera en Madrid. El Consejo Federal se trasladó, en efecto, a Valencia, y su composición cambió por completo. De dos miembros reelegidos del consejo anterior, Mora rechazó en el acto la elección y Lorenzo dimitió muy pronto a causa de las disputas que siguieron. Los demás eran en su mayoría miembros de la Alianza secreta.

Después del Congreso de Zaragoza, la escisión entre la gente de la Alianza y los que preferían la Internacional a la Alianza se hizo cada vez más patente. Por fin, el 2 de junio de 1872, los miembros del antiguo Consejo Federal (Mesa, Mora, Pauly, Pagés y otros),[^8] que formaban al mismo tiempo la mayoría de la sección madrileña de la Alianza, dirigieron una circular a todas las demás secciones de esa misma sociedad secreta, en la que anunciaban su disolución como sección de la sociedad secreta e invitaban a las demás a seguir su ejemplo. Al día siguiente, con un pretexto mentiroso y en abierta violación de los estatutos, fueron expulsados de la Federación Local de la Internacional de Madrid. De 130 miembros, solo 15 estuvieron presentes en esa votación. Los expulsados formaron entonces una nueva federación, pero el Consejo Federal se negó a reconocerla; se dirigieron al Consejo General, que la reconoció sin consultar al Consejo Federal español, y esa decisión fue aprobada por el Congreso de La Haya.

La razón por la que el antiguo Consejo General no consultó en este asunto al Consejo Federal español fue la siguiente: después de recibir por fin pruebas suficientes de la existencia y actividad de la Alianza en España y del hecho de que la mayoría de los miembros del Consejo español, si no todos, pertenecían a ella, el Consejo General había escrito a ese Consejo pidiéndole explicaciones e informes sobre la sociedad secreta. En su respuesta del 3 de agosto de 1872, el Consejo Federal español tomó abiertamente partido por la Alianza, declarando además que la Alianza estaba disuelta. Dirigirse a un consejo que, en un choque entre la Internacional y la sociedad secreta existente en sus propias filas, ya se había puesto del lado de la sociedad secreta habría sido a todas luces más que superfluo, y el Congreso de La Haya aprobó plenamente la actuación del Consejo General.

Para asegurar la elección de miembros de la Alianza como delegados a La Haya, el Consejo Federal, por medio de una circular secreta que nunca puso en conocimiento del Consejo General, recurrió a maniobras que fueron descubiertas en el Congreso y que habrían bastado para anular los mandatos de los cuatro delegados de la Federación española si la mayoría en La Haya no hubiera tenido una disposición tan extraordinariamente indulgente.

El estado de cosas en España es, pues, el siguiente:

Solo existen en España dos federaciones locales que reconocen abierta y plenamente las resoluciones del Congreso de La Haya y al nuevo Consejo General: la Nueva Federación Madrileña y la Federación de Alcalá de Henares. Si no consiguen atraer a su lado a la masa de los internacionalistas españoles, formarán el núcleo de una nueva Federación española.

La gran masa de los internacionalistas españoles sigue todavía bajo la dirección de la Alianza, que predomina tanto en el Consejo Federal como en los consejos locales más importantes. Pero hay muchos indicios de que las resoluciones del Congreso no han dejado de tener un gran efecto sobre las masas en España. El nombre de la Internacional tiene allí mucho peso, y su expresión oficial, el congreso, una gran influencia moral. Por eso la gente de la Alianza lo tiene difícil para convencer a las masas de que tiene razón. La oposición empieza a ser seria. Los obreros fabriles de Cataluña, con una unión de oficio de 40.000 miembros, toman en ella la dirección y exigen la convocatoria de un congreso español extraordinario para oír los informes de los delegados a La Haya y examinar la conducta del Consejo Federal. El órgano de la Nueva Federación Madrileña, *La Emancipación*, quizá el mejor periódico que posee la Internacional, desenmascara cada semana a la Alianza, y por los números que he enviado al ciudadano Sorge[^9] el Consejo General podrá convencerse por sí mismo de la energía, el sentido común y la comprensión teórica de los principios de nuestra Asociación con que libra esa lucha. Su redactor actual, José Mesa, es sin duda el hombre más importante que tenemos en España, tanto por el carácter como por el talento, y es de hecho uno de los mejores que tenemos en absoluto.

Me he permitido aconsejar a nuestros amigos españoles que no se precipiten tanto en exigir un congreso extraordinario, pero que se preparen para él con todas sus fuerzas. Entretanto, he enviado a *La Emancipación* los informes del Congreso y otros artículos, y seguiré haciéndolo, puesto que Mesa, el único que por ahora puede manejar con eficacia la pluma en Madrid, no puede hacerlo todo, pese a la energía asombrosa que despliega. Y no me cabe ninguna duda: si nuestros amigos de España reciben un buen apoyo de la acción del Consejo General, allí superaremos todos los obstáculos y liberaremos del embuste de la Alianza a una de las organizaciones más capaces de la Internacional.

Londres, 31 de octubre de 1872

*Fred. Engels*  
antiguo secretario para España

[^1]: La Alianza de la Democracia Socialista, fundada por Bakunin en Ginebra en 1868; al ingresar en la Internacional declaró disolverse como organización internacional, pero, según el Consejo General, siguió funcionando como sociedad secreta.
[^2]: Giuseppe Fanelli (1827-1877), revolucionario italiano, compañero de Bakunin y diputado del Parlamento italiano, que en 1868-1869 fundó en Madrid y Barcelona los primeros núcleos de la Internacional.
[^3]: Tomás González Morago, grabador madrileño, uno de los fundadores de la Internacional en España y dirigente bakuninista.
[^4]: Anselmo Lorenzo (1841-1914), tipógrafo, uno de los fundadores de la Internacional en España.
[^5]: Práxedes Mateo Sagasta (1825-1903), entonces ministro de la Gobernación, que entre finales de 1871 y comienzos de 1872 persiguió a la Internacional y la declaró fuera de la ley.
[^6]: La circular aprobada por el congreso de la Federación del Jura en Sonvillier el 12 de noviembre de 1871, que atacaba al Consejo General y a la Conferencia de Londres y pedía un congreso extraordinario.
[^7]: *La Emancipación*, semanario de Madrid (1871-1873), primero órgano del Consejo Federal español y después de la Nueva Federación Madrileña.
[^8]: José Mesa (1840-1904), tipógrafo, redactor de *La Emancipación*; Francisco Mora (1842-1924), zapatero; Hipólito Pauly, tipógrafo, y Víctor Pagés, todos ellos fundadores de la Nueva Federación Madrileña.
[^9]: Friedrich Adolph Sorge (1828-1906), emigrado alemán en Estados Unidos, secretario general del Consejo General elegido en La Haya con sede en Nueva York.
