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Title: Nota preliminar al folleto «Sobre la cuestión social en Rusia» (1875)
Description: Nota con que Engels presentó en 1875 la tirada aparte del último artículo de «Literatura de emigrados»: la Rusia zarista es el último gran baluarte de la reacción europea, su caída es condición de la victoria del proletariado alemán, y polacos y campesinos rusos trabajan ya en su ruina.
Author: Friedrich Engels
Date: 1875-05
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1875%20Nota%20preliminar%20al%20folleto%20Sobre%20la%20cuesti%C3%B3n%20social%20en%20Rusia
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*Escrita por Friedrich Engels en mayo de 1875 para el folleto* Soziales aus Rußland *(Leipzig, 1875), tirada aparte del último artículo de la serie* [Literatura de emigrados](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1874%20Literatura%20de%20emigrados)*, donde puede leerse el texto. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 18 (Berlín, 1962, pp. 584-586), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1875%20Vorbemerkung%20zu%20der%20Brosch%C3%BCre%20Soziales%20aus%20Ru%C3%9Fland)*

Las líneas que siguen se escribieron con ocasión de una polémica en la que me vi enredado con un tal señor Piotr Nikítich Tkachov. En un artículo sobre la revista rusa *Vperiod!* (*Adelante*), que aparece en Londres (*Volksstaat*, 1874, números 117 y 118), tuve ocasión de mencionar el nombre de este señor muy de pasada, pero de un modo que me atrajo su apreciable enemistad. El señor Tkachov publicó sin demora una *Carta abierta al señor Friedrich Engels* (Zúrich, 1874), en la que me atribuye toda clase de cosas extrañas y luego, frente a mi crasa ignorancia, nos obsequia con su propia opinión sobre el estado de cosas y sobre las perspectivas de una revolución social en Rusia. La forma y el contenido del mamotreto llevaban el sello bakuninista habitual. Como había aparecido en lengua alemana, consideré que valía la pena responder en el *Volksstaat* (véase [«Literatura de emigrados»](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1874%20Literatura%20de%20emigrados), IV y V, *Volksstaat*, 1875, números 36 y siguientes). La primera parte de mi respuesta describía sobre todo la manera bakuninista de librar la lucha literaria, que consiste sencillamente en colgarle al adversario una buena ración de mentiras directas. Con su publicación en el *Volksstaat* ya se había hecho suficiente justicia a esta parte, predominantemente personal. Por eso la suprimo aquí y, en la tirada aparte que desea la editorial, dejo solo la segunda parte, que se ocupa principalmente de las condiciones sociales de Rusia tal como se han configurado desde 1861, desde la llamada emancipación de los campesinos.

El desarrollo de las cosas en Rusia es de la mayor importancia para la clase obrera alemana. El Imperio ruso existente constituye el último gran respaldo de toda la reacción de Europa occidental. Eso se mostró de manera palmaria en 1848 y 1849. Como Alemania omitió en 1848 sublevar Polonia y declarar la guerra al zar ruso (como la *Neue Rheinische Zeitung* había exigido desde el principio), ese mismo zar[^1] pudo aplastar en 1849 la revolución húngara, que había avanzado hasta las puertas de Viena, y en 1850 sentarse en Varsovia a juzgar a Austria, Prusia y los pequeños Estados alemanes y restablecer la vieja Dieta federal. Y hace todavía pocos días —a comienzos de mayo de 1875— el zar ruso,[^2] exactamente igual que hace veinticinco años, ha recibido en Berlín el homenaje de sus vasallos y ha demostrado que todavía hoy es el árbitro de Europa.[^3] Ninguna revolución en Europa occidental puede triunfar definitivamente mientras exista a su lado el actual Estado ruso. Y Alemania es su vecino más próximo; sobre Alemania recae, pues, el primer embate de los ejércitos de la reacción rusa. La caída del Estado zarista ruso, la disolución del Imperio ruso,[^4] es, por tanto, una de las primeras condiciones de la victoria definitiva del proletariado alemán.

Pero esa caída no tiene por qué provocarse en modo alguno desde fuera, aunque una guerra exterior podría acelerarla mucho. En el interior del propio Imperio ruso hay elementos que trabajan vigorosamente en su ruina.

El primero son los *polacos*. Un siglo de opresión los ha puesto en una situación en la que tienen que ser revolucionarios, apoyar todo levantamiento verdaderamente revolucionario de Occidente como primer paso hacia la liberación de Polonia, o bien sucumbir. Y precisamente ahora están en una situación en la que solo pueden buscar a sus aliados de Europa occidental en el campo del proletariado. Desde hace cien años los traicionan continuamente todos los partidos burgueses de Occidente. En Alemania la burguesía, en general, solo cuenta desde 1848, y desde entonces ha sido siempre enemiga de los polacos. En Francia, Napoleón traicionó a Polonia en 1812 y a consecuencia de esa traición perdió la campaña, la corona y el imperio; siguieron su ejemplo, en 1830 y 1846, la monarquía burguesa; en 1848, la república burguesa; en la guerra de Crimea y en 1863, el Segundo Imperio. Uno traicionó a Polonia tan vilmente como el otro. Y todavía hoy los republicanos burgueses radicales de Francia se arrastran ante el zar para conseguir con regateos, a cambio de una nueva traición a Polonia, una alianza de desquite contra Prusia, igual que los burgueses del Imperio alemán idolatran a ese mismo zar como protector de la paz europea, es decir, de las anexiones germano-prusianas. En ninguna parte encuentran los polacos un apoyo sincero y sin reservas sino entre los obreros revolucionarios, porque ambos tienen el mismo interés en la caída del enemigo común y porque la liberación de Polonia equivale a esa caída.

Pero la actividad de los polacos está limitada localmente. Se circunscribe a Polonia, Lituania y la Pequeña Rusia; el núcleo propiamente dicho del Imperio ruso, la Gran Rusia, permanece prácticamente cerrado a su acción. Los cuarenta millones de granrusos son un pueblo demasiado grande y han tenido un desarrollo demasiado peculiar para que se les pueda imponer un movimiento desde fuera. Pero eso no es en absoluto necesario. Es cierto que la masa del pueblo ruso, los campesinos, ha vivido durante siglos sordamente, de generación en generación, en una especie de estancamiento sin historia; y la única variación que interrumpía de vez en cuando este estado desolador consistía en levantamientos aislados e infructuosos y en nuevas opresiones por parte de la nobleza y del Gobierno. A esta falta de historia le puso fin el propio Gobierno ruso (1861) con la abolición, ya imposible de aplazar, de la servidumbre y con el rescate de las prestaciones personales, medida dispuesta de una manera tan archiastuta que conduce a la ruina segura a la mayoría tanto de los campesinos como de los nobles. Son, pues, las propias condiciones en que se encuentra ahora el campesino ruso las que lo empujan al movimiento, un movimiento que, ciertamente, está todavía en sus primerísimos comienzos, pero al que la situación económica de la masa campesina, que empeora de día en día, empuja de modo irresistible. El sordo descontento de los campesinos es ya un hecho con el que tienen que contar tanto el Gobierno como todos los partidos descontentos y de oposición.

De ello se sigue que, cuando en lo que sigue se hable de Rusia, no hay que entender por ello todo el Imperio ruso, sino exclusivamente la Gran Rusia, es decir, el territorio cuyas gobernaciones más occidentales son Pskov y Smolensk y las más meridionales, Kursk y Vorónezh.

[^1]: Nicolás I (1796-1855), zar desde 1825.
[^2]: Alejandro II.
[^3]: Alejandro II visitó Berlín en mayo de 1875, en plena crisis franco-alemana de la «guerra a la vista» (*Krieg in Sicht*), y su intervención contribuyó a frenar los preparativos bélicos alemanes.
[^4]: Seguimos la lectura *Auflösung* (disolución), que confirma la traducción inglesa de Blackstock y Hoselitz (*The Russian Menace to Europe*, 1953); la copia de la MEW de que partimos trae *Ablösung*.
