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Title: Glosas marginales al «Tratado de economía política» de Adolph Wagner (1880)
Description: Notas de Marx al manual del socialista de cátedra Adolph Wagner, su último texto sobre el método de «El capital»: no parte del «concepto de valor», sino de la mercancía, forma social más simple del producto del trabajo, y desmonta la confusión profesoral entre valor de uso y valor.
Author: Karl Marx
Date: 1880-11
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1880%20Glosas%20marginales%20al%20Tratado%20de%20econom%C3%ADa%20pol%C3%ADtica%20de%20Adolph%20Wagner
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*Escrito por Karl Marx entre la segunda mitad de 1879 y noviembre de 1880 como notas de lectura al primer tomo de la obra de Adolph Wagner* Allgemeine oder theoretische Volkswirthschaftslehre *(1879), y no publicado en vida de su autor. Traducido del manuscrito según Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 19 (Berlín, 1962, pp. 355-383), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Los párrafos sangrados reproducen las citas de Wagner y otros autores (letra pequeña en la MEW); las llaves { } son de Marx; los corchetes completan sus abreviaturas; las indicaciones de página («p.») remiten al libro de Wagner. Las notas son nuestras, salvo la indicada como de Marx. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1880%20Randglossen%20zu%20Adolph%20Wagners%20Lehrbuch%20der%20politischen%20%C3%96konomie)*

1. La concepción del señor Wagner,[^1] la *«concepción jurídico-social»* (p. 2). Con ella se halla *«de acuerdo con Rodbertus, Lange y Schäffle»*[^2] (p. 2). Para los *«puntos principales de la fundamentación»* se remite a *Rodbertus y Schäffle*. El propio señor Wagner dice de la *piratería* como «adquisición ilegítima» por parte de *pueblos enteros* que solo es robo si «se supone que existe un *verdadero jus gentium* [derecho de gentes]» (p. 18, n. 3).

Investiga ante todo las *«condiciones de la vida económica en común»* y *«determina según ellas la esfera de la libertad económica del individuo»* (p. 2).

> «El “impulso de satisfacción”… no actúa ni debe actuar como *pura fuerza natural*, sino que está, como todo impulso humano, bajo la dirección de la razón y de la conciencia. Toda acción que resulte de él es, por tanto, una acción *responsable* y está sometida siempre a un *juicio moral*, que, sin embargo (!), está expuesto a su vez al *cambio histórico*» (p. 9).

Bajo *«trabajo»* (p. 9, § 2) el señor Wagner no distingue entre el *carácter concreto de cada trabajo* y el *gasto de fuerza de trabajo* común a todos esos tipos concretos de trabajo (p. 9, 10).

> «Incluso la *mera administración del patrimonio* con el *fin de percibir rentas* obliga siempre a actividades que *caen bajo el concepto de trabajo*, y lo mismo el *empleo* del ingreso obtenido para la satisfacción de las necesidades» (p. 10, n. 6).

Las *histórico-jurídicas* son, según W[agner], las *«categorías sociales»* (n. 6, p. 13).

> «En particular, los *monopolios naturales de situación*, sobre todo en las condiciones *urbanas*» (¡monopolio natural la situación en la City de Londres!) «y luego, por influencia del *clima*, en la *producción agraria* de países enteros; además, los *monopolios naturales* de la *fertilidad específica del suelo*, por ejemplo en viñedos especialmente buenos, y ello también entre pueblos distintos, por ejemplo en la *venta de productos tropicales* a los países de la zona templada» {«Contribuyen a ello los *derechos de exportación* sobre productos de una especie de monopolio natural, que en algunos países (sur de Europa, países tropicales) se imponen en la segura suposición de poder cargarlos sobre los consumidores extranjeros» (n. 11, p. 15). Si el señor Wagner deriva de aquí los derechos de exportación de los países del sur de Europa, demuestra que no sabe nada de la *«historia»* de esos derechos} «hacen que *bienes al menos parcialmente libres por naturaleza* se conviertan en bienes *puramente económicos*, retribuidos lo más alto posible en su adquisición» (p. 15).

El ámbito del intercambio *regular* *(de la venta)* de los bienes es su *mercado* (p. 21).

> *Entre los bienes económicos:* «*relaciones con personas y cosas (res incorporales)*, cuya delimitación objetiva descansa en una abstracción: a) *procedentes del tráfico enteramente libre:* los casos de la *clientela*, la *razón comercial* y similares, en que relaciones ventajosas con otras personas, formadas por la actividad humana, pueden cederse y adquirirse *a título oneroso*; b) sobre la base de *ciertas restricciones jurídicas del tráfico:* derechos exclusivos de industria, derechos reales, privilegios, monopolios, patentes, etc.» (p. 22, 23).

El señor Wagner subsume los «servicios» bajo los «bienes económicos» (p. 23, n. 2, y p. 28). Lo que en realidad hay detrás de ello es su manía de presentar al consejero privado Wagner como «trabajador productivo»; pues, dice,

> «la respuesta es prejudicial para enjuiciar a todas aquellas clases que prestan *profesionalmente servicios personales*, o sea, la *servidumbre doméstica*, los miembros de las *profesiones liberales* y, por consiguiente, también el *Estado*. Solo si los servicios se cuentan también entre los bienes económicos son *productivas* en sentido económico las clases mencionadas» (p. 24).

Lo siguiente es muy característico de la manera de pensar de W[agner] y consortes:

*Rau*[^3] había observado que de la «*definición del patrimonio* y, asimismo, de los bienes económicos» depende el que «*los servicios* formen parte de ellos o no». A lo que Wagner: hay que *«adoptar una definición tal»* del *«patrimonio»* «*que incluya los servicios entre los bienes económicos*» (p. 28).

> *«La razón decisiva»*, sin embargo, sería «que los *medios de satisfacción* no pueden consistir sencillamente solo en bienes materiales, porque las *necesidades no se refieren solo a estos*, *sino también a servicios personales* (en particular también a los del Estado, como la *protección jurídica*, etc.)» (p. 28).

*Patrimonio*:

> 1. «en sentido *puramente económico*… la *existencia de bienes económicos disponible en un momento dado como fondo real para la satisfacción de las necesidades*» es el *«patrimonio en sí»*, «partes del patrimonio total, o popular, o nacional».

> 2. «Como *concepto histórico-jurídico*… la *existencia de bienes económicos que se halla en posesión o, en su caso, en propiedad de una persona*», la *«posesión de patrimonio»* (p. 32). Esta última, «*concepto de propiedad histórico-jurídico y relativo*. La propiedad solo da *ciertas facultades de disposición* y *ciertas facultades de exclusión* frente a otros. La *medida* de esas facultades *cambia*» {es decir, históricamente} (p. 34). «Todo patrimonio en el segundo sentido es *patrimonio individual*, patrimonio de una persona física o jurídica» (loc. cit.).

*Patrimonio público*,

> «en particular, el patrimonio de las *economías colectivas obligatorias*, o sea, sobre todo, el patrimonio del *Estado*, del *distrito* y del *municipio*. Este patrimonio [está] destinado al *uso general* (como los caminos, los ríos, etc.), y la propiedad sobre él se atribuye al Estado, etc.… como *representante* jurídico *de la colectividad* (el pueblo, el vecindario, etc.), o bien es *patrimonio propiamente del Estado y del municipio*, a saber, *patrimonio administrativo*, que sirve para producir las prestaciones del Estado, y *patrimonio financiero*, que el Estado utiliza para obtener ingresos, como medios para producir sus prestaciones» (p. 35).

Capital, *capitale*, traducción de κεφάλαιον, con lo que se designaba el crédito de una suma de dinero por oposición a los intereses (τόκος). En la Edad Media apareció *capitale*, *caput pecuniae*, como lo principal, lo esencial, lo originario (p. 37). En alemán se empleaba la palabra *Hauptgeld* [dinero principal] (p. 37).

> *«Capital, cepa de adquisición, existencias de bienes que rinden: unas existencias de medios muebles de adquisición.»* En cambio: «*Existencias de uso:* una cantidad de medios muebles de disfrute reunida en algún respecto» (p. 38, n. 2).

> *Capital circulante y capital fijo* (p. 38, 2 (a) y 2 (b)).

*Valor*. Según el señor Wagner, la teoría del valor de Marx es *«la piedra angular de su sistema socialista»* (p. 45). Como yo nunca he establecido un *«sistema socialista»*, esto es una fantasía de los Wagner, Schäffle e tutti quanti.

Además: según él, Marx

> «encuentra la *sustancia social común* del *valor de cambio*, al que únicamente se refiere aquí, en el trabajo, y la *medida de la magnitud del valor de cambio* en el tiempo de trabajo socialmente necesario», etc.

Yo no hablo en ninguna parte de *«la sustancia social común del valor de cambio»*; digo, por el contrario, que los valores de cambio (el *valor de cambio* no existe si no hay al menos dos) representan algo *que les es común* y que es enteramente independiente «de sus valores de uso» {es decir, aquí, de su forma natural}, a saber, el *«valor»*. Así, se dice: «Lo común que se manifiesta en la relación de intercambio o valor de cambio de las mercancías es, pues, *su valor*. La marcha de la investigación nos llevará de nuevo al valor de cambio como modo necesario de expresión o forma de manifestación del valor, que, *sin embargo*, por lo pronto ha de considerarse *independientemente de esa forma*» (p. 13).[^4]

No digo, pues, que la «sustancia social común del valor de cambio» sea el «trabajo»; y como trato extensamente, en un apartado especial, de la *forma del valor*, es decir, del desarrollo del valor de cambio, sería extraño que redujera esa «forma» a la «sustancia social común», al trabajo. El señor Wagner olvida además que en mí ni «el valor» ni «el valor de cambio» son sujetos, sino que lo es *la mercancía*.

Además:

> «Esta» (la de Marx) «teoría no es, sin embargo, tanto una teoría general del valor como una *teoría de los costes*, enlazada con *Ricardo*» (loc. cit.).

El señor Wagner habría [podido] conocer la diferencia entre Ricardo y yo tanto por *El capital* como por el *escrito de Sieber*[^5] (si supiera ruso); Ricardo se ocupó en efecto del trabajo solo como *medida de la magnitud del valor* y por eso no encontró ninguna conexión entre su teoría del valor y la esencia del dinero.

Cuando el señor Wagner dice que esta «no es una teoría general del valor», tiene toda la razón en su sentido, pues por teoría general del valor entiende las cavilaciones sobre la palabra «valor», lo que le permite además quedarse en la confusión profesoral, de tradición alemana, entre «valor de uso» y «valor», ya que ambos tienen en común la palabra «valor». Pero cuando dice además que es una *«teoría de los costes»*, esto se reduce o bien a una tautología: las mercancías, en cuanto valores, solo representan algo *social*, trabajo, y en efecto, según yo, la *magnitud del valor* de una mercancía está determinada por la *magnitud del tiempo de trabajo* contenido en ella, etc., es decir, por la masa normal de trabajo que cuesta la producción de un objeto, etc.; y el señor Wagner demuestra lo contrario asegurando que esa teoría del valor, etc., no es «la general», porque no es la opinión del señor Wagner sobre la «teoría general del valor». O bien dice algo *falso*: *Ricardo* (siguiendo a Smith) confunde el valor con los costes de producción; yo ya he señalado expresamente en la *Contribución a la crítica de la economía política*, y lo mismo en notas de *El capital*, que los valores y los *precios de producción* (que no hacen más que expresar en dinero los costes de producción) no coinciden. ¿Por qué no? Eso *no* se lo he dicho al señor Wagner.

Además, «procedo» «arbitrariamente» cuando

> «reduzco esos costes únicamente a la llamada prestación de trabajo en el sentido más estricto. Eso presupone siempre una demostración que hasta ahora falta, a saber, que el proceso de producción sea posible sin mediación alguna de la actividad de *capitalistas privados* que forma y emplea el capital» (p. 45).

En lugar de cargarme con semejantes pruebas sobre el futuro, el señor Wagner habría tenido que demostrar a la inversa que en las numerosísimas comunidades que existieron antes de *la aparición de capitalistas privados* (la comunidad de la antigua India, la comunidad familiar de los eslavos del sur, etc.) *no existía un proceso social de producción*, por no hablar del proceso de producción en general. Además, Wagner solo podía decir: la explotación de la clase obrera por la clase capitalista, en suma, el carácter de la producción capitalista tal como lo expone Marx, es correcto, pero se equivoca al considerar transitoria esta economía, mientras que Aristóteles, a la inversa, se equivocó al considerar *no* transitoria la *economía esclavista*.

> «Mientras *no* se haya aportado semejante prueba» {alias, mientras exista la economía capitalista}, «la *ganancia del capital* es *en efecto también*» {aquí asoma el pie contrahecho o la oreja de asno} «un elemento *“constitutivo”* del valor, y *no*, según la concepción socialista, solo una *sustracción* o un “robo” al obrero» (p. 45, 46).

Qué sea una *«sustracción al obrero»* —¿sustracción de su piel?, etc.— no hay manera de averiguarlo.[^6] Ahora bien, en mi exposición, en efecto, tampoco la ganancia del capital es «solo una *sustracción* o un “robo” al obrero». Al contrario, presento al capitalista como funcionario necesario de la producción capitalista y muestro muy extensamente que no se limita a «sustraer» o a *«robar»*, sino que *impone la producción de la plusvalía*, es decir, que ayuda a crear primero lo que se ha de sustraer; muestro además detalladamente que, aunque en el intercambio de mercancías *solo se intercambiaran equivalentes*, el capitalista —en cuanto paga al obrero el valor real de su fuerza de trabajo— obtendría la *plusvalía* con pleno derecho, es decir, con el derecho que corresponde a ese modo de producción. Pero todo esto no hace de la «ganancia del capital» un *elemento «constitutivo»* del valor, sino que demuestra únicamente que en el valor, que no está *«constituido»* por el trabajo del capitalista, hay un trozo del que este puede apropiarse «jurídicamente», es decir, sin violar el derecho que corresponde al intercambio de mercancías.

«Esa teoría tiene en cuenta de modo demasiado unilateral solo este único momento determinante del valor» {1. Tautología. La teoría es falsa porque Wagner tiene una «teoría general del valor» que no concuerda con ella, y su «valor» queda determinado por eso por el «valor de uso», como lo demuestra en particular la retribución de los profesores; 2. el señor Wagner pone en lugar del valor el «precio de mercado» de cada momento, o el precio de la mercancía que se aparta de él, que es algo muy distinto del valor}, «los *costes*, y no el otro, la utilidad, el *provecho*, el *momento de la necesidad*» {es decir, no confunde «valor» y *valor de uso*, cosa tan deseable, sin embargo, para Confusios natos como Wagner}.[^7]

> «No solo no corresponde a la *formación del valor de cambio* en el *tráfico actual*»

{se refiere a la *formación de los precios*, que no altera en absoluto la *determinación del valor*: por lo demás, *en el tráfico actual se da* certainly *formación del valor de cambio*, como sabe todo fundador de sociedades, todo falsificador de mercancías, etc., que no tiene nada en común con la *formación del valor*, pero que tiene puesto un ojo avizor en los valores «formados»; por otra parte, yo, por ejemplo, al determinar el *valor de la fuerza de trabajo*, parto de que se paga realmente su valor, lo cual *de hecho no es el caso*. El señor Schäffle, en *Kapitalismus*,[^8] etc., opina que eso es «generoso» o algo por el estilo. Se refiere solo a un procedimiento científicamente necesario},

> «sino que tampoco corresponde, como Schäffle demuestra de manera excelente y *concluyente* (!) en la “Quintessenz” y sobre todo en el “Socialer Körper”,[^9] a las relaciones» tal como *tendrían que configurarse necesariamente en el hipotético Estado social de Marx*».

{Así pues, el Estado social que el señor Schäffle tuvo la gentileza de «configurar» por mí se convierte en *«el de Marx»* (no en el «Estado social» atribuido a Marx en la hipótesis de Schäffle).}

> «Esto puede demostrarse de manera *contundente* sobre todo con el ejemplo del grano y similares, cuyo *valor de cambio*, por la influencia de las cosechas cambiantes con una demanda aproximadamente igual, tendría que regularse necesariamente, *también* en un sistema de *“tasas sociales”*, de un modo *distinto* que *según los meros costes*.»

{Tantas palabras, tantos disparates. En primer lugar, yo no he hablado en ninguna parte de *«tasas sociales»*, y en la *investigación sobre el valor* trato de relaciones burguesas, no de la aplicación de esta teoría del *valor* al «Estado social», construido no ya por mí, sino por el señor Schäffle por cuenta mía. En segundo lugar: si en una mala cosecha sube el precio del grano, sube, primero, su *valor*, porque una masa dada de trabajo *se realiza en menos producto*; segundo, sube todavía mucho más su *precio de venta*. ¿Qué tiene que ver esto con mi teoría del valor? Justamente en la medida en que el grano se *vende por encima de su valor*, en esa misma medida se venden otras mercancías, sea en forma natural o en forma de dinero, *por debajo de su valor*, y ello aunque su propio precio en dinero *no* baje. La *suma de valor* sigue siendo la misma, aunque la expresión en dinero de toda esa *suma de valor* hubiera aumentado, es decir, aunque hubiera subido, según el señor Wagner, la suma del «valor de cambio». Este es el caso si suponemos que la *baja de precios* en la suma de las demás mercancías no cubre el *precio por encima del valor* (el exceso de precio) del grano. Pero en ese caso el valor de cambio del dinero ha caído pro tanto por debajo de su valor; la suma de valor de todas las mercancías no solo sigue siendo *la misma*, sino que sigue siendo la misma incluso en su *expresión en dinero*, si el dinero se cuenta entre las mercancías. Además: la subida del precio del grano por encima de la subida de su valor dada con la mala cosecha será en todo caso menor en el «Estado social» que con la actual usura del grano. Pero, además, el «Estado social» organizará de antemano la producción de modo que el abastecimiento anual de cereales dependa solo mínimamente de los cambios del tiempo; el volumen de la producción —el abastecimiento y el lado del uso en ella— se regulará racionalmente. Por último, ¿qué ha de probar la «tasa social», suponiendo que se realizaran las fantasías de Schäffle sobre ella, a favor o en contra de mi teoría del valor? Tan poco como las medidas coactivas tomadas en la escasez de víveres en un barco, en una fortaleza o durante la Rev[olución] francesa, etc., que no se preocupan del *valor*; ¡y lo terrible para el «Estado social» de violar las *leyes del valor* del «Estado capitalista (burgués)», y, por tanto, también la teoría del valor! ¡Nada más que pamplinas pueriles!};

El mismo Wagner cita complacido a Rau:

> «Para evitar malentendidos, es necesario fijar qué se entiende por *valor sin más*, y *es conforme al uso del idioma alemán* elegir para ello el *valor de uso*» (p. 46).

*Derivación del concepto de valor* (p. 46 y ss.).

Del *concepto de valor* el señor Wagner quiere derivar d’abord el *valor de uso y el valor de cambio*, no, como yo, de un *concreto, la mercancía*, y es interesante seguir esta *escolástica* en su más reciente *«Fundamentación»*.

> «Es una aspiración *natural* del hombre llevar a *clara conciencia* y *comprensión* la *relación* en que los *bienes* internos y externos se hallan con sus *necesidades*. Esto sucede por medio de la *estimación* *(estimación del valor)*, por la cual se *atribuye valor* a los bienes o, respectivamente, a las cosas del mundo exterior, y este se *mide*» (p. 46); y en la *p. 12* se dice: «Todos los medios para satisfacer las necesidades se llaman *bienes*».

Si en la primera frase ponemos, pues, en lugar de la palabra «bien» su contenido conceptual wagneriano, la primera frase del pasaje citado dice así:

«Es una *aspiración natural “del” hombre* llevar a *clara conciencia* y *comprensión* la *relación* en que los» medios internos y externos para satisfacer sus necesidades «se hallan *con sus necesidades*». Podemos simplificar algo esta frase dejando a un lado «los medios *internos*», etc., como hace en seguida el señor Wagner, «respectivamente», en la frase inmediatamente siguiente.

¿*«El»* hombre? Si se trata aquí de la categoría «hombre», esta no tiene en absoluto «ninguna» necesidad; si se trata del hombre que se enfrenta aislado a la naturaleza, entonces hay que concebirlo como animal no gregario; si se trata de un hombre que se encuentra ya en alguna forma de sociedad —y esto es lo que supone el señor Wagner, puesto que «el» hombre posee en él, si no una educación universitaria, sí en todo caso el lenguaje—, entonces hay que presentar como punto de partida el carácter determinado de ese hombre social, es decir, el carácter determinado de la comunidad en que vive, puesto que aquí la producción, o sea, su *proceso de obtención de la vida*, tiene ya algún carácter social.

Pero para un dómine profesoral las relaciones de los hombres con la naturaleza no son de antemano relaciones *prácticas*, es decir, fundadas en la acción, sino relaciones *teóricas*, y en la primera frase ya hay encajadas una dentro de otra 2 relaciones de esta clase.

*Primero*: como en la frase siguiente los *«medios externos para satisfacer sus necesidades»* o los *«bienes externos»* se convierten en *«cosas del mundo exterior»*, la primera relación encajada adopta la forma siguiente: el hombre se halla *en relación con cosas del mundo exterior* como medios de satisfacer sus necesidades. Pero los hombres no empiezan en modo alguno por «hallarse en esa relación teórica con *cosas del mundo exterior*». Empiezan, como todo animal, por *comer*, *beber*, etc., es decir, no por «hallarse» en una relación, sino por *comportarse activamente*, por apoderarse de ciertas cosas del mundo exterior mediante la acción y satisfacer así su necesidad. (Empiezan, pues, por la producción.) Por la repetición de este proceso, la propiedad de esas cosas de «satisfacer sus necesidades» se graba en su cerebro; los hombres, como los animales, aprenden también a distinguir «teóricamente» de todas las demás las cosas externas que sirven para satisfacer sus necesidades. En cierto grado de la evolución posterior, cuando entretanto se han multiplicado y desarrollado también sus necesidades y las actividades con que las satisfacen, bautizarán también lingüísticamente, para toda la clase, esas cosas que la experiencia les ha enseñado a distinguir del resto del mundo exterior. Esto sucede necesariamente, porque en el proceso de producción —es decir, en el proceso de apropiación de esas cosas— se hallan continuamente en un trato laborioso entre sí y con esas cosas, y pronto tienen que luchar también con otros por esas cosas. Pero esa designación lingüística no hace más que expresar como representación lo que la confirmación repetida ha convertido en experiencia, a saber, que a los hombres que viven ya en una determinada conexión social {esto es un presupuesto necesario por causa del lenguaje) ciertas cosas externas les sirven para satisfacer sus necesidades. Los hombres no hacen más que dar a esas cosas un nombre particular (generic) porque saben ya que sirven para satisfacer sus necesidades, porque procuran hacerse con ellas mediante una actividad repetida con mayor o menor frecuencia y, por eso, conservarlas también en su posesión; las llaman quizá «bien» o de cualquier otro modo que exprese que usan prácticamente esas cosas, que esas cosas les son útiles, y atribuyen a la cosa ese carácter de utilidad como si lo poseyera ella, aunque difícilmente le parecería a una oveja una de sus propiedades «útiles» el ser comestible para el hombre.

Así pues: los hombres empezaron de hecho por apropiarse de ciertas cosas del mundo exterior como medios para satisfacer sus propias necesidades, etc., etc.; más tarde llegan a designarlas *también lingüísticamente* como lo que son para ellos en la experiencia práctica, a saber, como *medios de satisfacer sus necesidades*, como cosas que los «satisfacen». Si ahora a esta circunstancia, la de que los hombres no solo tratan prácticamente esas cosas como medios de satisfacer sus necesidades, sino que las designan también en la representación y, luego, en el lenguaje como cosas que «satisfacen» sus necesidades y, por tanto, *a ellos mismos* {mientras la necesidad del hombre no está satisfecha, está en *discordia* con sus necesidades y, por tanto, consigo mismo},[^10] se la llama, «según el uso del idioma alemán», «*atribuirles valor*», se habrá demostrado que el concepto general de *«valor»* nace del comportamiento de los hombres con las cosas que encuentran en el mundo exterior y que satisfacen sus necesidades y, por consiguiente, que este es el concepto genérico de «valor» y que todas las demás clases de valor, como, por ejemplo, el valor químico de los elementos, no son más que una variedad suya.[^11]

Es «la aspiración natural» de un profesor alemán de economía derivar la categoría económica «valor» de un *«concepto»*, y lo consigue rebautizando «según el uso del idioma alemán» como *«valor»* sin más lo que en economía política se llama vulgo «valor de uso». Y una vez encontrado el «valor» sin más, este sirve a su vez para *derivar* el *«valor de uso»* del «valor sin más». Para ello basta con volver a anteponer al «valor» sin más el fragmento «de uso» que se había dejado caer.

Es, en efecto, Rau (véase p. 88) quien nos dice llanamente que «es necesario» (para los dómines profesorales alemanes) «fijar qué se entiende por valor *sin más*», y quien añade ingenuamente: «y *es conforme al uso del idioma alemán* elegir para ello el *valor de uso*». {En química se llama *valor químico* de un elemento el número de átomos de otros elementos con que puede combinarse uno de sus átomos. Pero también el peso de combinación de los átomos se llamaba equivalencia, igualdad de valor de los distintos elementos, etc., etc. Así pues, hay que determinar primero el concepto «valor sin más», etc., etc.}

Si el hombre se relaciona con *cosas como «medios de satisfacer sus necesidades»*, *se relaciona con ellas como con «bienes»*, *teste* *Wagner*. Les atribuye el atributo «bien»; el *contenido de esta operación* no se altera en modo alguno porque el señor Wagner la rebautice como *«atribuir valor»*. Su propia conciencia turbia llega en seguida «a la comprensión» en la frase inmediatamente siguiente:

> «Esto sucede por medio de la *estimación* *(estimación del valor)*, por la cual se *atribuye valor* a *los bienes* o, *respectivamente*, a las *cosas del mundo exterior* y este se *mide*.»

No vamos a perder una palabra en el hecho de que el señor Wagner derive el *valor* de la estimación del *valor* (él mismo añade entre paréntesis a la palabra *estimación*, para llevar la cosa «a clara conciencia y comprensión», «estimación del *valor*»). «*El* hombre» tiene la «aspiración natural» de hacer esto, de «estimar» los bienes como *«valores»*, y permite así al señor Wagner *derivar*, como había prometido, el «*concepto* de valor en general». No en vano Wagner desliza bajo la palabra «bienes», *«respectivamente»*, las *«cosas del mundo exterior»*. Había partido de esto: el hombre «se comporta» con «cosas del mundo exterior» que son medios de satisfacer sus necesidades como con *«bienes»*. *Estima*, pues, esas cosas precisamente por el hecho de que se comporta con ellas como con «bienes». Y para esta «estimación» hemos tenido ya antes una «perífrasis», que dice, por ejemplo:

> «El hombre, como ser *necesitado*, se halla en contacto permanente con el *mundo exterior que lo rodea* y *reconoce que en él radican muchas condiciones de su vida y de su bienestar*» (p. 8).

Esto no significa otra cosa sino que «*estima* las cosas del mundo exterior» en cuanto satisfacen su «ser necesitado», en cuanto son medios de satisfacer sus necesidades, y que por eso, como acabamos de oír, se comporta con ellas como con «bienes».

Ahora bien, sobre todo si se siente la «natural» «aspiración» profesoral de derivar el *concepto de valor en general*, se puede *denominar* también esto —atribuir a «las cosas del mundo exterior» el atributo «bienes»— *«atribuirles valor»*. Se habría podido decir también: al comportarse el hombre como con «bienes» con las cosas del mundo exterior que satisfacen sus necesidades, las «precia», es decir, les atribuye *«precio»*,[^12] y con ello se habría entregado al professor germanicus, ready cut, la derivación del concepto de «precio sin más» a partir del modo de proceder *«del»* hombre. Todo lo que el profesor no puede hacer por sí mismo se lo hace hacer a «el» hombre, que, sin embargo, no es de hecho otra cosa que el *hombre profesoral*, que cree haber comprendido el mundo cuando lo ha clasificado bajo rúbricas abstractas. Pero en la medida en que «atribuir *valor*» a las cosas del mundo exterior no es aquí más que otro giro para expresar que se les atribuye el atributo *«bienes»*, no se ha atribuido con ello en absoluto, como Wagner pretende colar subrepticiamente, *«valor» a los «bienes» mismos* como una determinación distinta de su «ser bien». Simplemente se ha puesto la palabra «valor» en lugar de la palabra «bien». {Como vemos, se podría poner igualmente la palabra *«precio»*. Se podría poner también la palabra *«tesoro»*; pues al estampar *«el»* hombre en ciertas «cosas del mundo exterior» el sello de *«bienes»*, las «estima» y se comporta, por tanto, con ellas como con un *«tesoro»*.[^13] Se ve, por tanto, cómo las 3 categorías económicas *valor*, *precio*, *tesoro* podían ser sacadas de un golpe por el señor Wagner, como por arte de magia, de «la aspiración natural del hombre» a suministrar al profesor su enclaustrado mundo de conceptos (representaciones).} Pero el señor Wagner tiene el oscuro impulso de escapar de su laberinto de tautologías y de colar subrepticiamente un «algo más» o un «más de algo». De ahí la frase: «por la cual se *atribuye valor* a los bienes o, *respectivamente*, a las cosas del mundo exterior», etc. Puesto que el señor Wagner ha denominado ítem el estampar en «cosas del mundo exterior» el sello de *bienes*, es decir, el *distinguir* y *fijar* esas cosas (en la representación) como *medios de satisfacción* de necesidades humanas, *«atribuir* valor a esas cosas», tampoco puede llamar a esto «atribuir *valor* a los *bienes*» mismos, como no podría decir «atribuir *valor* al “valor” de las cosas del mundo exterior». Pero el salto mortal se da en la expresión «atribuir *valor* a los *bienes* o, *respectivamente*, a las cosas del mundo exterior». Wagner habría tenido que decir: el estampar en ciertas cosas del mundo exterior el sello de *«bienes»* puede *llamarse* también *«atribuir valor»* a esas cosas, y esta es la *derivación* wagneriana del *«concepto de valor»* sin más o en general. El *contenido* no cambia por este *cambio* de la expresión lingüística. Se trata siempre únicamente del *distinguir* o *fijar en la representación* las cosas del mundo exterior que son medios de satisfacción de necesidades humanas; de hecho, pues, solo del *conocimiento y reconocimiento de ciertas cosas del mundo exterior como medios de satisfacción de necesidades «del»* hombre (que, sin embargo, como tal, padece de hecho de «necesidad de conceptos»).

Pero el señor Wagner quiere hacernos creer, a nosotros o a sí mismo, que, en lugar de dar a 2 nombres el mismo contenido, ha avanzado de la determinación «bien» a una *determinación* «valor», distinta de ella y más desarrollada; y esto sucede sencillamente deslizando *«respectivamente»* la palabra «bienes» bajo las «cosas del mundo exterior», proceso que a su vez se «oscurece» deslizando *«respectivamente»* las «cosas del mundo exterior» bajo «los bienes». Su propia confusión logra así el efecto seguro de confundir a sus lectores. Habría podido invertir también esta bella «derivación» del modo siguiente: al *distinguir* el hombre de las demás cosas del mundo exterior, como tales medios de satisfacción, las cosas del mundo exterior que son medios de satisfacer sus necesidades, y al *destacarlas*, por tanto, las *valora*, les *atribuye valor* o les da *el atributo «valor»*; esto puede expresarse también diciendo que les atribuye el atributo *«bien»* como signo característico, o que las considera o estima como «bien». Con ello se atribuye el concepto «bien» a los *«valores»* o, *respectivamente*, a las cosas del mundo exterior. Y así se ha «derivado» del concepto «valor» el concepto *«bien»* en general. En todas las *derivaciones* de este tipo de lo que se trata es solo de *desviar* la atención de la tarea a cuya solución no se está a la altura.[^14]

Pero el señor Wagner pasa en el mismo aliento, a toda prisa, del «valor» *de los bienes* a la *«medición»* de ese valor.

El contenido seguiría siendo absolutamente el mismo si no se hubiera introducido de contrabando la palabra valor. Podría decirse: al estampar el hombre en ciertas cosas del mundo exterior que, etc., el sello de *«bienes»*, irá comparando poco a poco esos «bienes» entre sí y, conforme a la jerarquía de sus necesidades, los pondrá en un cierto orden de rango, es decir, si se quiere llamarlo así, los «medirá». Del desarrollo de las *medidas reales de esos bienes*, es decir, del desarrollo de sus *medidas de magnitud*, Wagner no puede hablar aquí de ningún modo, porque eso recordaría con demasiada viveza al lector lo poco que se trata aquí de lo que por lo demás se entiende por *«medir el valor»*.

{Que el *distinguir* (señalar) cosas del mundo exterior que son medios de satisfacción de necesidades humanas como *«bienes»* pueda *denominarse* también «atribuir valor» a esas cosas, Wagner habría podido demostrarlo no solo, como Rau, por el «uso del idioma alemán», sino así: ahí está la palabra latina *dignitas* = *dignidad*, *merecimiento*, *rango*, etc., que, atribuida a cosas, significa también *«valor»*; dignitas se deriva de *dignus*, y este de *dic*, *point out*, *show* [señalar, mostrar], *distinguir*, *mostrar*; *dignus* significa, pues, *pointed out* [señalado]; de ahí también *digitus*, el dedo, con que se muestra una cosa, se la señala; en griego: δείκ-νυμι, δάκ-τυλος (dedo); en *gót[ico]*: ga-tecta (dico); en *alemán*: *zeigen* [mostrar]; y podríamos llegar a muchas más «derivaciones», considerando que δείκνυμι o δεικνύω (hacer visible, sacar a la luz, señalar) tiene en común con δέχομαι la raíz δεκ (tender, *tomar*).}

Tanta banalidad, tanto embrollo tautológico, tanta sutileza verbal, tantas maniobras de subrepción consigue el señor Wagner en no del todo 7 líneas.

No es de extrañar que este oscurantista (vir obscurus)[^15] prosiga, tras esta proeza, con gran suficiencia:

«El concepto de valor, tan discutido y *oscurecido* todavía más por algunas investigaciones a menudo *solo aparentemente profundas*, se desarrolla sencillamente» (indeed) {más bien «se enrolla»},[^16] «si, como se ha hecho hasta aquí» (a saber, por Wagner} «se parte de la necesidad y de la *naturaleza económica* del hombre, se llega al *concepto de bien* y *a este se ata el concepto de valor*» (p. 46).

Tenemos aquí la economía de los *conceptos*, cuyo pretendido *desarrollo* en el vir obscurus viene a parar en el *«atar»* y, en cierto modo, en el *«ahorcar»*.[^17]

*Nueva derivación del concepto de valor:*

*Valor subjetivo y objetivo.* *Subjetivamente* y en el *sentido más general*, el *valor del bien* = la *significación* que «*se atribuye al bien a causa*… *de su utilidad*… *no* es una propiedad de las cosas en sí, aunque objetivamente presupone la utilidad de una cosa» {es decir, presupone el valor *«objetivo»*} «… En sentido *objetivo* se entiende luego por *“valor”*, *“valores”* también los *bienes que tienen valor*, con lo que (!) bien y valor, bienes y valores *se vuelven* conceptos esencialmente idénticos» (p. 46, 47).

Después de que Wagner ha nombrado *«valor en general»*, *«concepto de valor»* sin más, a lo que habitualmente se denomina *«valor de uso»*, no puede dejar de recordar que el «valor» «así» (¡así, así!) «derivado» (!) es el *«valor de uso»*. Después de haber nombrado primero el «valor de uso» «concepto de valor» en general, «valor sin más», descubre luego que solo ha divagado sobre el «valor de uso», que lo ha «derivado», pues, ya que para él divagar y derivar son operaciones mentales «esencialmente» idénticas. Pero con esta ocasión nos enteramos de qué circunstancia subjetiva hay detrás de la confusión conceptual «objetiva» habida hasta ahora en el susodicho Wagner. Nos revela, en efecto, un secreto. Rodbertus le había escrito una carta, que puede leerse en la revista de Tubinga de 1878,[^18] donde él, Rodbertus, expone por qué «solo hay una clase de valor», el valor de uso.

> «Yo» (Wagner) «me he adherido a esta concepción, cuya importancia ya destaqué una vez en la primera edición.»

De [lo] que dice Rodbertus dice Wagner:

> «Esto es completamente exacto y obliga a modificar la ilógica *“división”* habitual del *“valor”* en *valor de uso y valor de cambio*, tal como yo mismo la había *hecho* todavía en el § 35 de la primera edición» (p. 48, n. 4),

y el mismo Wagner me clasifica (p. 49, nota) entre la gente según la cual el «valor de uso» debe «eliminarse» por completo «de la ciencia». Todo esto son «divagaciones». De prime abord, yo no parto de «conceptos», ni por tanto del «concepto de valor», y por eso no tengo tampoco que «dividirlo» en modo alguno. De lo que parto es de la forma social más simple en que se presenta el producto del trabajo en la sociedad actual, y esa es la «mercancía». La analizo a ella, y ante todo en la *forma en que se manifiesta*. Aquí encuentro que, por un lado, es en su forma natural una *cosa de uso*, alias *valor de uso*; por otro, *portadora de valor de cambio*, y desde este punto de vista ella misma «valor de cambio». El análisis ulterior de este último me muestra que el valor de cambio no es más que una «*forma* de manifestación», un modo independiente de representación del *valor* contenido en la mercancía, y entonces paso al análisis de este último. Por eso se dice expresamente, p. 36, 2.ª ed.: «Cuando al comienzo de este capítulo se decía, a la manera corriente, que la mercancía es valor de uso y valor de cambio, eso era, hablando con precisión, falso. La mercancía es valor de uso u objeto de uso y “valor”. Se presenta como lo doble que es en cuanto *su valor* posee una forma de manifestación propia, *distinta* de su forma natural, la del *valor de cambio*», etc. Así pues, no divido el valor en valor de uso y valor de cambio como opuestos en que se escinde lo abstracto, «el valor», sino la *forma social concreta* del producto del trabajo; la *«mercancía»* es por un lado valor de uso y por otro «valor», no valor de cambio, puesto que la mera forma de manifestación no es su propio *contenido*.

En segundo lugar: solo un vir obscurus que no ha entendido una palabra de *El capital* puede concluir: como Marx, en una nota de la primera edición de *El capital*, rechaza todas las pamplinas profesorales alemanas sobre el «valor de uso» en general y remite a los lectores que quieran saber algo de valores de uso reales a los «manuales de merceología», el *valor de uso* no desempeña en él ningún papel. Naturalmente, no desempeña el papel de su contrario, el «valor», que no tiene nada en común con él, salvo que la palabra «valor» aparece en el nombre «valor de uso». Con el mismo derecho habría podido decir que yo dejo de lado el «valor de cambio» porque es solo forma de manifestación del valor, pero no el «valor», puesto que para mí el «valor» de una mercancía no es ni su valor de uso ni su valor de cambio.

Cuando hay que analizar la «mercancía» —el concreto económico más simple—, hay que mantener apartadas todas las relaciones que no tienen nada que ver con el objeto que se analiza. Por eso lo que hay que decir de la mercancía en cuanto valor de uso lo he dicho en pocas líneas, pero he destacado, en cambio, la *forma característica* en que aparece aquí el valor de uso —el producto del trabajo—, a saber: «Una cosa puede ser útil y producto del trabajo humano sin ser mercancía. Quien satisface con su producto su propia necesidad crea, sí, valor de uso, pero no mercancía. Para producir mercancía, *no solo tiene que producir valor de uso*, sino *valor de uso para otros*, *valor de uso social*» (p. 15). {Esta es la raíz del *«valor de uso social»* de Rodbertus.} Con ello el valor de uso —como valor de uso de la «mercancía»— posee él mismo un carácter históricamente específico. En la comunidad primitiva, en la que, por ejemplo, los medios de vida se producen en común y se distribuyen entre los miembros de la comunidad, el producto común satisface directamente las necesidades vitales de cada miembro de la comunidad, de cada productor; el carácter social del producto, del valor de uso, reside aquí en *su carácter común (colectivo)*. {El señor Rodbertus, en cambio, convierte el «valor de uso social» de la *mercancía* en el «valor de uso social» sin más, y por eso divaga.}

Sería, pues, como se desprende de lo anterior, pura divagación, al analizar la mercancía —porque se presenta por un lado como valor de uso o bien y por otro como «valor»—, «atar» a ello, con esa ocasión, toda clase de reflexiones banales sobre valores de uso o bienes que no pertenecen al ámbito del mundo de las mercancías, como «bienes del Estado», «bienes comunales», etc., como hacen Wagner y el profesor alemán in general, o sobre el bien «salud», etc. Allí donde el Estado mismo es productor capitalista, como en la explotación de minas, bosques, etc., su producto es «mercancía» y posee, por tanto, el carácter específico de cualquier otra mercancía.

Por otro lado, el vir obscurus ha pasado por alto que ya en el análisis de la mercancía no me detengo en el doble modo en que se presenta, sino que paso en seguida a que en este doble ser de la mercancía se presenta el doble *carácter* del *trabajo* de que es producto: del trabajo *útil*, es decir, de los modos concretos de los trabajos que crean valores de uso, y del *trabajo* abstracto, del *trabajo como gasto de fuerza de trabajo*, sea cual sea el modo «útil» en que se gaste (en lo cual descansa luego la exposición del proceso de producción); que en el desarrollo de la *forma de valor de la mercancía*, en última instancia de su forma de dinero, es decir, del *dinero*, el *valor* de una mercancía se presenta en el *valor de uso* de la otra, es decir, en la forma natural de la otra mercancía; que la *plusvalía* misma se deriva de un *valor de uso de la fuerza de trabajo* «específico» y que le corresponde exclusivamente a ella, etc., etc.; que, por tanto, en mí el valor de uso desempeña un papel de importancia muy distinta que en la economía anterior, pero que, notabene, solo se toma en consideración allí donde esa consideración nace del análisis de configuraciones económicas dadas, no de razonar a tontas y a locas sobre los conceptos o las palabras «valor de uso» y «valor».

Por eso, en el análisis de la mercancía no se atan tampoco, con ocasión de su «valor de uso», definiciones del «capital», que no pueden ser sino puro disparate mientras estamos todavía en el análisis de los elementos de la mercancía.

Pero lo que al señor Wagner le ennuie (le escandaliza) de mi exposición es que no le hago el favor de seguir la «aspiración» profesoral germano-patriótica y confundir valor de uso y valor. Aunque muy post festum, la sociedad alemana ha llegado sin embargo poco a poco de la economía natural feudal, o al menos de su predominio, a la economía capitalista; pero los profesores siguen teniendo un pie en el viejo fango, lo cual es natural. De siervos de los terratenientes se han convertido en siervos del Estado, vulgo gobierno. Por eso dice también nuestro vir obscurus —que ni siquiera ha advertido que mi método *analítico*, que no parte *del* hombre, sino del período social económicamente dado, no tiene nada en común con el método profesoral alemán de atar conceptos («con palabras se puede disputar a maravilla, con palabras se construye un sistema»)—,[^19] por eso dice:

> «Yo, de acuerdo con la concepción de *Rodbertus* y también con la de *Schäffle*, [antepongo] el carácter de *valor de uso de todo valor* y destaco tanto más la estimación del valor de uso cuanto que la estimación del valor de cambio no es aplicable en absoluto a muchos de los bienes económicos más importantes» {¿qué le obliga a estos subterfugios? ¡pues, como servidor del Estado, se siente obligado a confundir valor de uso y valor!},[^20] «*así, ni al Estado y a sus prestaciones*, ni a otras relaciones de economía colectiva» (p. 49, nota).

{Esto recuerda a los viejos químicos anteriores a la ciencia de la química: como la mantequilla de cocina, que en la vida corriente se llama simplemente mantequilla (según la costumbre nórdica), tiene una consistencia blanda, llamaban a los *cloruros* *mantequilla de cinc*, *mantequilla de antimonio*, etc., jugos mantecosos; se aferraban, pues, para hablar como el vir obscurus, al *carácter mantecoso* de todos los cloruros, de los compuestos de cinc y de antimonio.} La palabrería viene a parar en esto: como ciertos bienes, en particular *el Estado* (¡un bien!) y sus *«prestaciones»* (en particular las prestaciones de sus profesores de economía política), *no* son «mercancías», ¡por eso hay que confundir entre sí los caracteres opuestos contenidos en las «mercancías» mismas {que aparecen también *expresamente* en la *forma de mercancía* del producto del trabajo}! Por lo demás, en el caso de Wagner y consortes es difícil afirmar que ganarían más si sus «prestaciones» se determinaran, se «estimaran», según su «valor de uso», según su «contenido» material, que si se determinaran según su *«sueldo»* (por «tasa social», como lo expresa Wagner), es decir, según lo que se les *paga*.[^21]

{Lo único que está claramente en el fondo del disparate alemán es que lingüísticamente las palabras *valor* o *dignidad* se aplicaron primero a las cosas útiles mismas, que existieron mucho tiempo, incluso como «productos del trabajo», antes de convertirse en *mercancías*. Pero eso tiene que ver con la determinación científica del «valor» de las mercancías exactamente tanto como la circunstancia de que la palabra *sal* se aplicara entre los antiguos primero a la sal común y que por eso también el *azúcar*, etc., figure desde Plinio entre las *clases de sal* {indeed, todos los cuerpos sólidos incoloros, solubles en agua y de sabor peculiar}: ¡como si por eso la categoría química «sal» comprendiera el azúcar, etc.!}

{Como la mercancía la compra el comprador no porque tenga valor, sino porque es «valor de uso» y se usa para determinados fines, se comprende por sí mismo, 1.º, que los valores de uso se «estimen», es decir, que se examine su *calidad* (del mismo modo que se mide, se pesa, etc., su *cantidad*); 2.º, que, cuando distintas clases de mercancías pueden sustituirse unas a otras para el mismo uso, se dé la preferencia a esta o a aquella, etc., etc.}

En gótico, una sola palabra para *valor* y *dignidad*: vairths, τιμή, {τιμάω — *estimar*, es decir, tasar; determinar el *precio* o el *valor*; *tasar*; *metaf[óricamente]*, *apreciar*, *estimar*, *honrar*, *distinguir*. Τιμή — *estimación*; *de ahí*: determinación del valor o del precio, tasación, evaluación. Luego: *estima[ción]*, también *valor*, *precio mismo* (Heródoto, Platón); αί τιμαί, *gastos*, en *Demóst[enes]*. Luego: *estimación*, *honor*, respeto, puesto de honor, cargo honorífico, etc., *Griech[isch]-Deutsch[es] Lexikon* de Rost.[^22]}

*Valor*, *precio* (*Schulze*, *Glosario*);[^23] *gótico*: *vairths*, adj., άξιος, ίκανός;

*nórdico antiguo*: *verdhr*, digno; *verdh*, *valor*, *precio*; *anglos[ajón]*: veordh, *vurdh*; ingl[és]: *worth*, adj. y sust., valor y dignidad.

> «*alto alemán medio*: *wert*, gen. *werdes*, adj., *dignus*, y asimismo *pfennincwert*.  
> *-wert*, gen. *werdes*, valor, dignidad, magnificencia, *aestimatio*,  
> *mercancía de un valor determinado*, p. ej., *pfenwert*, *pennyworth*.  
> *-werde*: meritum, *aestimatio*, dignitas, cualidad valiosa».  
> (*Ziemann*, *Mittelh[och]d[eutsches] Wörterbuch*.)[^24]

*Valor y dignidad* (*Wert* y *Würde*) están, pues, enteramente ligados, por etimología y por significado. Lo que oculta la cosa es la *flexión inorgánica* (falsa) de *Wert* que se ha hecho usual en el alto alemán moderno: Werth, Wer*thes* en lugar de Wer*des*, pues a la *th* gótica corresponde en alto alemán *d*, no *th* = *t*, y así ocurre también en el alto alemán medio (*wert*, gen. *werdes*, loc. cit.). Según la regla del alto alemán medio, la d a final de palabra tenía que convertirse en t, es decir, *wert* en lugar de *werd*, pero genit. *werdes*.

Pero todo esto tiene que ver con la categoría económica «valor» exactamente tanto y tan poco como con el *valor químico de los elementos quím[icos]* (atomicidad) o con los equivalentes químicos o valores iguales (pesos de combinación de los elementos quím[icos]).

Hay que observar además que incluso en este aspecto lingüístico —si de la identidad originaria de *dignidad* y *valor* se sigue por sí mismo, como de la naturaleza de la cosa, que esta palabra se refería también a cosas, a productos del trabajo en su forma natural— la palabra se trasladó más tarde sin cambio alguno directamente a los *precios*, es decir, al valor en su forma de valor desarrollada, es decir, al valor de cambio, lo cual tiene tan poco que ver con la cosa como el que la misma palabra siguiera aplicándose a la dignidad en general, a un cargo honorífico, etc. Así pues, aquí no hay lingüísticamente ninguna distinción entre valor de uso y valor.

Vengamos ahora al garante del vir obscurus, a *Rodbertus* (cuyo artículo en la *Tübinger Zeitschrift* hay que consultar). Lo que el vir obscurus cita de Rodbertus es lo siguiente:

En el *texto de la p. 48*:

> «Solo hay *una clase de valor*, y es el valor de uso. Este es o bien valor de uso *individual* o bien valor de uso *social*. El primero se halla frente al individuo y sus necesidades, sin consideración alguna de una organización social.»

{Esto ya es un disparate (cf. *El capital*, p. 171), donde se dice, sin embargo, que el *proceso de trabajo*, como actividad orientada a un fin para la producción de valores de uso, etc., es *«igualmente común a todas sus formas sociales»* (las de la vida humana) y *«es independiente de cada una de ellas»*. En primer lugar, al individuo no se le enfrenta la palabra «valor de uso», sino *valores de uso concretos*, y *cuáles* de ellos se le «enfrentan» (en esta gente todo «se halla», todo es «estamental»)[^25] depende enteramente del grado del proceso social de producción y corresponde, por tanto, también a «una organización social». Pero si Rodbertus solo quiere decir la trivialidad de que el valor de uso que se enfrenta realmente a un individuo como objeto de uso se le enfrenta como valor de uso individual para él, eso es o una tautología trivial o bien es falso, pues, por no hablar de cosas como el arroz, el maíz o el trigo, o la carne {que no se le presenta a un hindú como alimento}, la necesidad de un título de profesor o de consejero privado o de una condecoración solo es posible para un individuo en una «organización social» muy determinada.}

> «El segundo es el *valor de uso* que tiene un organismo *social* compuesto de muchos organismos individuales (o, en su caso, individuos)» (p. 48, texto).

¡Bonito alemán! ¿Se trata aquí del «valor de uso» del «organismo social», o de un valor de uso que se halla en posesión de un «organismo social» {como, por ejemplo, la tierra en las comunidades primitivas}, o de la forma «social» determinada del valor de uso en un *organismo social*, como, por ejemplo, allí donde lo dominante es la producción de mercancías y el valor de uso que suministra un productor tiene que ser «valor de uso para otros» y, en ese sentido, «valor de uso social»? Con semejante charlatanería superficial no hay nada que hacer.

Así pues, a la otra frase del Fausto de Wagner:[^26]

> «El valor de cambio es solo el revestimiento y apéndice histórico del valor de uso social de un determinado período de la historia. Al contraponer al valor de uso *un* valor de cambio *como opuesto lógico*, se pone a un concepto lógico en oposición lógica con un concepto histórico, lo cual lógicamente no es admisible» (p. 48, nota 4). «Esto», exulta ibídem Wagnerus, «¡esto es completamente exacto!»

¿Quién es el «se» que perpetra esto? Que Rodbertus se refiere con ello a mí es seguro, puesto que, según R. Meyer, su famulus, escribió un «manuscrito grande y grueso» contra *El capital*.[^27] ¿Quién pone en oposición lógica? El señor Rodbertus, para quien «valor de uso» y «valor de cambio» son ambos por naturaleza meros «conceptos». De hecho, en cualquier lista de precios cada clase de mercancía realiza este proceso ilógico de distinguirse de la otra como *bien*, como *valor de uso*, como algodón, hilo, hierro, grano, etc., de presentarse como «bien» cualitativamente distinto toto coelo de los demás, pero a la vez presentar su precio como algo cualitativamente igual, pero cuantitativamente distinto, *de la misma esencia*. Se presenta en su forma natural para quien la necesita, y en la *forma de valor*, enteramente distinta de aquella, que tiene «en común» con todas las demás mercancías, así como en cuanto *valor de cambio*. Solo en Rodbertus y en los dómines profesorales alemanes afines a él se trata aquí de una oposición *«lógica»*; ellos parten del «concepto» valor, no de la «cosa social», la «mercancía», y dejan que ese concepto se escinda (se duplique) en sí mismo, ¡y luego discuten sobre cuál de las dos quimeras es la auténtica!

Pero lo que se esconde en el fondo oscuro de las frases ampulosas es simplemente el inmortal descubrimiento de que el hombre tiene que comer, beber, etc., en todas las circunstancias {ni siquiera puede continuarse: vestirse, o tener cuchillo y tenedor, o camas y viviendas, puesto que esto no ocurre *en todas las circunstancias*}; en suma, que en todas las circunstancias tiene que encontrar ya listas en la naturaleza cosas externas para satisfacer sus necesidades y apoderarse de ellas, o prepararlas a partir de lo que encuentra en la naturaleza; en ese su proceder efectivo, se comporta, pues, de hecho, siempre con ciertas cosas externas como con «valores de uso», es decir, las trata siempre como objetos para su uso; por eso, según Rodbertus, el valor de uso es un concepto «lógico»; así pues, como el hombre también tiene que respirar, la «respiración» es un concepto «lógico», pero de ningún modo un concepto «fisiológico». ¡Pero toda la superficialidad de Rodbertus sale a relucir en su oposición entre concepto «lógico» e «histórico»! Concibe el «valor» (el económico, por oposición al valor de uso de la mercancía) solo en su forma de manifestación, el *valor de cambio*, y como este solo aparece allí donde al menos alguna parte de los productos del trabajo, de los objetos de uso, funciona como *«mercancías»*, y esto no sucede desde el principio, sino solo en un cierto período de desarrollo social, es decir, en un grado determinado del desarrollo histórico, el *valor de cambio* es un concepto «histórico». Si R[odbertus] hubiera analizado —ya diré más adelante por qué no lo ha visto— el valor de cambio de las mercancías —pues este existe solo donde la *mercancía* aparece en plural, donde hay distintas clases de mercancías—, habría encontrado el «valor» detrás de esa forma de manifestación. Si hubiera investigado además el valor, habría encontrado además que en él la cosa, el «valor de uso», cuenta como mera *objetivación* de trabajo humano, como *gasto de igual fuerza de trabajo humana*, y que por eso ese contenido se representa como carácter *objetivo* de la *cosa*, como [carácter] que le corresponde *a ella misma* materialmente, aunque esa objetividad no aparezca en su forma natural {lo cual hace necesaria, sin embargo, una *forma de valor* especial}. Habría encontrado, pues, que el «valor» de la mercancía no hace más que expresar en una forma históricamente desarrollada lo que existe igualmente en todas las demás formas históricas de sociedad, aunque *en otra forma*, *a saber, el carácter social del trabajo*, en la medida en que existe como *gasto de fuerza de trabajo «social»*. Si «el valor» de la mercancía es así solo una forma histórica determinada de algo que existe en todas las formas de sociedad, también lo es el «valor de uso social» tal como caracteriza el «valor de uso» de la mercancía. El señor Rodbertus tiene de Ricardo la medida de la magnitud del valor; pero, igual que Ricardo, no ha investigado ni comprendido la sustancia misma del valor; por ejemplo, el carácter «común» del [proceso de trabajo] en la comunidad primitiva como organismo común de las fuerzas de trabajo que forman un todo y, por tanto, el carácter común *de su trabajo*, es decir, del gasto de esas fuerzas.

Sobran, con esta ocasión, más comentarios sobre las pamplinas de Wagner.

*Medida de la magnitud del valor.* El señor Wagner me incorpora aquí, pero encuentra con pesar que he *«eliminado»* el *«trabajo de formación del capital»* (p. 58, n. 7).

> «En un tráfico regulado por órganos de la sociedad, la determinación de los *valores de tasa* o, en su caso, de los *precios de tasa* tiene que hacerse teniendo debidamente en cuenta este *momento de los costes*» {así llama él a la cantidad de trabajo gastada en la producción, etc.}, «como también se hacía en principio en las anteriores tasas de la autoridad y de los gremios, y como tendría que volver a hacerse en un eventual *nuevo sistema de tasas*» {¡se refiere al socialista!}. «Pero en el tráfico libre los *costes no* son el fundamento *exclusivo* de determinación de los valores de cambio y de los precios, y no pueden serlo en ningún *estado social concebible*. Pues, independientemente de los costes, tienen que producirse siempre *oscilaciones del valor* de uso *y de la necesidad*, cuya *influencia sobre el valor de cambio y los precios* (tanto los precios contractuales como los de tasa) modifica entonces y tiene que modificar la *influencia de los costes*», etc. (p. 58, 59). «Esta» {¡a saber, esta!} «aguda rectificación de la teoría socialista del valor… se debe a *Schäffle*» (!), que dice en el *Soc[ialer] Körper*, III, p. 278: «Con ninguna clase de influencia social sobre las demandas y las producciones puede evitarse que *todas las demandas* se mantengan cualitativa y cuantitativamente en equilibrio con las producciones. Y si esto es así, los *cocientes sociales de valor de coste no pueden valer al mismo tiempo, proporcionalmente, como cocientes sociales de valor de uso*» (p. 59, n. 9).

Que esto se reduce solo a la trivialidad de la subida y bajada de los *precios de mercado* por encima o por debajo del valor, y a la suposición de que en el «Estado social de Marx» es determinante su teoría del valor desarrollada para la sociedad *burguesa*, lo atestigua la frase de W[agner]:

> «Ellos» (los precios) «se apartarán temporalmente más o menos de ellos» {de los costes}, «subirán en los bienes cuyo valor de uso se haya hecho mayor y bajarán en aquellos cuyo valor de uso se haya hecho menor. *Solo a la larga* podrán los costes hacerse valer una y otra vez como regulador decisivo», etc. (p. 59).

*Derecho.* Para la fantasía del vir obscurus sobre la influencia económicamente creadora del *derecho* basta una frase, aunque chapotea una y otra vez en el absurdo punto de vista que contiene:

> «La economía individual tiene a su cabeza, como órgano de la actividad técnica y económica que en ella se desarrolla…, una *persona* como sujeto de derecho y de economía. Esta, a su vez, no es un fenómeno puramente económico, sino que depende al mismo tiempo de la configuración del *derecho*. Pues este determina quién vale como persona y, con ello, quién puede estar a la cabeza de una economía», etc. (p. 65).

*Comunicaciones y transportes* (p. 75-76), *p. 80* (nota).

De la *p. 82*, donde el *«cambio en los componentes (naturales) de la masa de bienes»* {de una economía; alias, bautizado por Wagner *«cambio de bienes»*, se explica como el *«metabolismo social»* de Schäffle —al menos un caso de él—; pero yo he empleado la palabra también para el proceso de producción «natural», como metabolismo entre el hombre y la naturaleza} está *tomado* de mí, en quien el metabolismo aparece primero en el análisis de M-D-M, y las interrupciones del cambio de forma se designan más tarde también como interrupciones del metabolismo.[^28]

Lo que dice además el señor Wagner sobre el *«cambio interno»* de los bienes que se encuentran en una rama de producción (en él, en una «economía individual»), en parte con respecto a su «valor de uso», en parte con respecto a su «valor», está igualmente tratado en mí al analizar la primera fase de *M-D-M*, a saber, *M-D*, con el ejemplo del tejedor de lienzo (*El capital*, p. 85, 86/87), donde se dice para concluir: «Nuestros poseedores de mercancías descubren, pues, que la misma división del trabajo que los convierte en productores privados independientes hace independientes de ellos mismos el proceso social de producción y sus relaciones en ese proceso, que la independencia de las personas entre sí se complementa con un sistema de dependencia material omnilateral» (*El capital*, p. 87).

*Los contratos para la adquisición de los bienes en el tráfico.* Aquí el oscurantista (vir obscurus) pone cabeza abajo lo mío y lo suyo. En él primero está el derecho y luego el tráfico; en la realidad ocurre al revés: primero está el tráfico, y luego se desarrolla a partir de él un *orden jurídico*. Al analizar la circulación de mercancías he expuesto que en el trueque desarrollado los que intercambian se reconocen tácitamente como personas iguales y propietarios de los bienes que respectivamente han de intercambiar; lo hacen ya mientras se ofrecen sus bienes unos a otros y se ponen de acuerdo en el trato. Esta relación *de hecho*, que nace primero por el intercambio y en el intercambio mismo, recibe más tarde *forma jurídica* en el contrato, etc.; pero esa forma no crea ni su contenido, el intercambio, ni la *relación de las personas entre sí existente* en ella, sino vice versa. En cambio, en Wagner:

> *«Esta adquisición»* {de los bienes mediante el tráfico} «presupone necesariamente un determinado *orden jurídico*, *sobre cuya base*» (!) «se realiza el tráfico», etc. (p. 84).

*Crédito.* En lugar de dar el desarrollo del dinero como *medio de pago*, Wagner convierte en seguida el proceso de circulación, en la medida en que se realiza de forma que los dos equivalentes no se enfrentan simultáneamente en M-D, en *«negocio de crédito»* (p. 85 y s.), a lo que se «ata» que este va unido a menudo al pago de «intereses»; sirve también para presentar el «dar confianza» y, con ello, la «confianza» como una base del «crédito».

Sobre la concepción jurídica del «patrimonio» de *Puchta*,[^29] etc., según la cual también las *deudas* forman parte de él como *componentes negativos* (p. 86, n. 8).

El *crédito* es *«crédito de consumo»* o «crédito productivo» (p. 86). El primero predomina en un grado de cultura inferior; el segundo, en uno «superior».

Sobre las *causas del endeudamiento* {causas del pauperismo: oscilaciones de las cosechas, servicio militar, competencia de los esclavos} en la antigua Roma. (Jhering, *3.ª ed.*, p. 234, II, 2, *Geist des römischen Rechts*.)[^30]

Según el señor Wagner, en el «grado inferior» predomina el «crédito de consumo» entre las clases «inferiores apuradas» y las «superiores pródigas». In fact: ¡en Inglaterra y en América el *«crédito de consumo» predomina de manera general con el desarrollo del sistema de bancos de depósito*!

> «En particular… el *crédito productivo* resulta ser un factor económico de la economía nacional basada en la *propiedad privada de fincas y de capitales muebles* y que admite la *libre competencia*. Se ata a la *posesión* del patrimonio, no al patrimonio como categoría puramente económica», y es, por tanto, solo «categoría histórico-*jurídica*» (!) (p. 87).

*Dependencia de la economía individual y del patrimonio respecto de las influencias del mundo exterior, en esp[ecial] de la influencia de la coyuntura en la economía nacional.*

1. *Cambios en el valor de uso:* en algunos casos mejoran con el *transcurso del tiempo*, como condición de ciertos procesos naturales (*vino*, *puros*, *violines*, etc.).

«*Empeoran* en la gran *mayoría*…, se descomponen en sus componentes materiales, *accidentes* de todo tipo». A ello corresponde un *«cambio»* del valor de cambio en la misma dirección, *«aumento de valor»* o *«disminución de valor»* (p. 96, 97). *Véase sobre el contrato de alquiler de vivienda* en Berlín (p. 97, n. 2).

2. *Cambio del conocimiento humano de las propiedades de los bienes;* con ello *«se acrecienta el patrimonio»* en el *caso positivo*. {*Empleo de la hulla para la* *fundición del* hierro en Inglaterra hacia 1620, cuando la disminución de los bosques amenazaba ya la continuidad de las ferrerías; descubrimientos químicos, como el del yodo (aprovechamiento de los manantiales salinos yodados). La fosforita como abono. La antracita como combustible. Sustancias para el alumbrado de gas, para la fotografía. Descubrimiento de colorantes y de sustancias medicinales. Gutapercha, caucho. Marfil vegetal (de Phytelephas macrocarpa). Creosota. Velas de parafina. Aprovechamiento del *asfalto*, de las agujas de pino (lana de bosque), de los gases del alto horno, del alquitrán de hulla para preparar anilina, de los trapos de lana, del serrín, etc., etc.} En el *caso negativo, disminución de la utilidad y, por tanto, del valor* (como tras el descubrimiento de triquinas en la carne de cerdo, de sustancias tóxicas en colores, en plantas, etc.) (p. 97, 98). Los descubrimientos de *productos mineros* en el suelo, de nuevas propiedades útiles en sus productos, el descubrimiento de nuevas aplicaciones de estos acrecientan el *patrimonio* del *propietario de la tierra* (p. 98).

3. *Coyuntura.*

Influencia de todas las «condiciones» externas que «codeterminan esencialmente la producción de los bienes para el tráfico, su *demanda y venta*»… y por tanto su *«valor de cambio»*, también el «*de cada bien ya terminado*… de manera total o predominantemente *independiente*» del «sujeto económico» «o, en su caso, del propietario» (p. 98). *La coyuntura se convierte en «factor determinante» en el «sistema de la libre competencia»* (p. 99). Uno —«por medio del *principio de la propiedad privada*»— gana con ello «lo que no ha *merecido*», y así el otro sufre *«quebranto»*, *«pérdidas económicamente inmerecidas»*.

Sobre la *especulación* (n. 10, p. 101). *Precios de la vivienda* (p. 102, n. 11). *Industria del carbón y del hierro* (p. 102, n. 12). *Numerosos cambios de la técnica* rebajan los valores de los productos industriales, así como los de los instrumentos de producción (p. 102, 103).

> En una «economía nacional que progresa en población y bienestar *predominan*… las *probabilidades favorables*, aunque con retrocesos y oscilaciones ocasionales, temporales y locales, en la *propiedad de la tierra*, esp[ecialmente] *en la urbana* (la de las grandes ciudades)» (p. 102).

> «Así pues, la coyuntura proporciona ganancias sobre todo al *propietario de la tierra*» (p. 103). «Estas, como la mayoría de las demás *ganancias de valor procedentes de la coyuntura*…, solo *puras ganancias de juego*», a las que corresponden *«pérdidas de juego»* (p. 103).

Ídem sobre el «comercio de granos» (p. 103, n. 15).

Así, hay que «reconocer abiertamente:… la situación económica del individuo o de la familia» es «*esencialmente* también un *producto de la coyuntura*», y esto «debilita necesariamente la importancia de la *responsabilidad económica personal*» (p. [104,] 105).

Por eso, si «se considera la *organización actual* de la economía nacional y la *base jurídica*» (!) «de ella, y por tanto la propiedad privada de… el suelo y el capital», etc., «como *institución* en lo principal *inmutable*», entonces, tras larga palabrería, no hay medios «para combatir… *las causas*» {de los males que de ello se derivan, como el estancamiento de las ventas, las crisis, los despidos de obreros, la reducción de salarios, etc.}, «ni, por tanto, este mal mismo», mientras que el señor Wagner cree combatir los «síntomas», las «consecuencias del mal», gravando con «impuestos» las *«ganancias de coyuntura»* y cubriendo con un «racional… *sistema de seguros*» las *«pérdidas»*, «económicamente inmerecidas», que son producto de la coyuntura (p. 105).

Este, dice el oscurantista, es el resultado si se considera «inmutable» el modo de producción actual con su «base jurídica»; pero su investigación, que va más hondo que el socialismo, atacará «la cosa misma». Nous verrons, ¿cómo?

*Momentos principales particulares que forman la coyuntura.*

1. *Oscilaciones en el rendimiento de las cosechas de los principales alimentos* por *influencia del tiempo* y de las circunstancias polít[icas], como las perturbaciones del cultivo por la guerra. Productores y consumidores resultan afectados por ello (p. 106). {Sobre los *comerciantes de granos*: *Tooke*, *History of Prices*; para *Grecia*: *Böckh*, *Staatshaushalt der Athener*, *I. 1, § 15*; para *Roma*: *Jhering*, *Geist*, p. 238.[^31] *Aumento de la mortalidad de las capas inferiores de la población* hoy en día con cada *pequeña* subida del precio, «*ciertamente una prueba* de *lo poco que el salario medio* de la masa de la clase trabajadora *rebasa la cantidad absolutamente necesaria* para vivir» (p. 106, n. 19).} *Mejoras de los medios de comunicación* {«al mismo tiempo», se dice a este respecto en la n. 20, «el presupuesto más importante de un comercio especulativo de granos que iguale los precios»}, *cambios en los métodos de cultivo* {*«economía de alternancia de cultivos»*, mediante «el cultivo de productos *distintos*, a los que los distintos tiempos favorecen o perjudican de manera distinta»}; de ahí *oscilaciones menores de los precios de los cereales en períodos cortos* en comparación «con la Edad Media y la Antigüedad». Pero también ahora las oscilaciones son todavía muy grandes. (Véase la nota 22, p. 107; facts allí mismo.)

2. *Cambios en la técnica.* *Nuevos métodos de producción.* Acero Bessemer en lugar de hierro, etc., p. 107 (y, sobre ello, nota 23). *Introducción de máquinas en lugar del trabajo manual.*

3. Cambios en los medios de comunicación y de transporte que influyen en el movimiento *espacial* de las personas y de los bienes: con ello resultan afectados sobre todo… el *valor de la tierra* y los artículos de *bajo valor específico*; ramas enteras de la producción se ven obligadas a una difícil transición a otros métodos de explotación (p. 107). {A ello, n. 24, ib.: *aumento del valor del suelo en la proximidad de las buenas comunicaciones*, por la mejor venta de los productos obtenidos allí; *facilitación de la aglomeración de población* en las ciudades, y de ahí un *enorme aumento del valor del suelo urbano* y del valor en las cercanías de esos lugares. *Salida facilitada* de grano y de otras materias primas agrícolas y forestales y productos mineros desde *regiones con precios hasta entonces bajos* hacia regiones con precios más altos; con ello, situación económica más difícil para todos los elementos de la población con ingresos más estables en las primeras regiones, y en cambio ventaja para los productores y en particular para los propietarios de tierras de allí. A la inversa actúa el *acarreo (¡importación!)* facilitado de grano y de otras materias de bajo valor específico. Favorece a los consumidores, perjudica a los productores en el país receptor; necesidad de pasar a otras producciones, como en Inglaterra, del cultivo de grano a la ganadería en los años 40, a consecuencia de la competencia del grano barato de Europa oriental en Alemania. Situación difícil para los *agricultores alemanes* (ahora) a causa *del clima*, y luego a causa de los *fuertes aumentos salariales de los últimos tiempos*, que no pueden cargar sobre los productos tan fácilmente como los industriales, etc.}

4. *¡Cambios de gusto!* Modas, etc., que a menudo se producen rápidamente, en poco tiempo.

5. *Cambios políticos* en el ámbito del tráfico nacional e internacional (guerra, revolución, etc.); en la medida en que la *confianza* y la *desconfianza* se vuelven por ello *cada vez más importantes* con la creciente división del trabajo, el desarrollo del tráfico internacional, etc., la intervención del factor crédito, las enormes dimensiones de la guerra moderna, etc. (p. 108).

6. *Cambios en la política agraria, industrial y comercial.* (Ejemplo: la reforma de la legislación británica sobre los cereales.)

7. Cambios en la *distribución espacial* y en la *situación económica de conjunto de toda la población*, como la emigración del campo a las ciudades (p. 108, 109).

8. *Cambio en la situación soc[ial] y econ[ómica] de las distintas capas de la población,* como por la concesión de la libertad de coalición, etc. (p. 109). {Los 5 000 millones franceses, n. 29, ib.}[^32]

*Costes en la economía individual.* Bajo el «trabajo» que produce «valor», en el que se resuelven todos los costes, hay que tomar en particular también el «trabajo» en el sentido *amplio* correcto, en el que «abarca *todo* lo que de actividades humanas conscientes de su fin es necesario para obtener los rendimientos», o sea, también en particular «el *trabajo intelectual* del director y la actividad por la que se forma y emplea el capital»; «por eso» forma parte también de los «elementos constitutivos de los costes» la *«ganancia del capital»* que paga esta actividad. «Esta concepción está en contradicción con la teoría socialista del valor y de los costes y con la crítica socialista del capital» (p. 111).

El oscurantista me atribuye la idea de que «la plusvalía producida *únicamente* por los obreros se queda *indebidamente* en manos de los empresarios capitalistas» (n. 3, p. 114). Pues bien, yo digo exactamente lo contrario: que la producción de mercancías se convierte necesariamente, en cierto punto, en producción «capitalista» de mercancías, y que, según la ley del valor que la domina, la «plusvalía» corresponde al capitalista y no al obrero. En lugar de entrar en semejante sofística, el carácter de socialista de cátedra del vir obscurus se acredita, en cambio, con la siguiente banalidad: que los

> «adversarios incondicionales de los socialistas» «pasan por alto los casos, ciertamente numerosos, de *relaciones de explotación* en que los rendimientos netos *no* se reparten correctamente (!), en que los *costes de producción individuales* de las empresas se reducen demasiado en perjuicio de los obreros (a veces también de los capitalistas prestamistas) y en provecho de los patronos» (loc. cit.).

*Renta nacional en Inglaterra y Francia* (p. 120, χ-φ).

*El producto bruto anual de un pueblo:*

1. El conjunto de los bienes producidos de nuevo en el año. Las *materias primas nacionales*, por todo su valor; los *objetos fabricados con ellas y con materias extranjeras* {para evitar la doble contabilización de los productos brutos}, por el *importe del aumento de valor obtenido por el trabajo industrial*; las *materias primas y productos semielaborados vendidos y transportados en el comercio*, por el importe del aumento de valor así producido.

2. *Importación de dinero y de mercancías del extranjero* en concepto de rentas de *derechos de crédito* del país procedentes de *operaciones de crédito* o de *inversiones de capital* de nacionales en el extranjero.

3. *Ganancias de flete de la marina mercante nacional* en el *comercio exterior y en el tráfico intermedio*, pagadas realmente mediante la importación de bienes extranjeros.

4. *Dinero en efectivo o mercancías* *importados* del extranjero *como remesas para los extranjeros que residen en el país*.

5. *Importación procedente de donaciones gratuitas,* como en los *tributos permanentes* del extranjero al país, en la *inmigración continua y el patrimonio de inmigración regular que de ella resulta*.

6. *Excedente de valor de la importación de mercancías y de dinero que se produce en el comercio internacional,* {pero entonces hay que deducir, 1, la *exportación* al extranjero}.

7. *Importe del valor de los aprovechamientos del patrimonio de uso* (como de las casas de vivienda, etc.) (p. 121, 122).

Para el producto neto hay que deducir, entre otras cosas, la «exportación de bienes como pago de las *ganancias de flete de la marina mercante extranjera*» (p. 123). {La cosa no es tan sencilla: *precio de producción (nacional) + flete = precio de venta*. Si el país exporta sus propias mercancías en sus propios barcos, el extranjero paga los costes de flete si el precio de mercado que rige allí, etc.}

> «Junto a los tributos permanentes hay que contar los pagos regulares a *súbditos extranjeros* en el *extranjero* (sueldos de soborno, como los de Persia a griegos, *retribuciones de sabios extranjeros* bajo Luis XIV, el óbolo de San Pedro» (p. 123, n. 9).

¿Por qué no los *subsidios* que los príncipes alemanes recibían regularmente de Francia y de Inglaterra?

Véanse las ingenuas clases de *partes del ingreso de los particulares* que consisten en «prestaciones del Estado y de la Iglesia» (p. 125, nota 14).

Estimación del valor individual y nacional.

A la *destrucción de una parte de unas existencias de mercancías* para vender el resto más caro la llama Cournot, *Rech[erches] sur les principes mathém[atiques] de la théorie des richesses, 1838*,[^33] «une véritable création de richesse dans le sens commercial du mot» [una verdadera creación de riqueza en el sentido comercial de la palabra] (p. 127, n. 3).

Comparación sobre la disminución de las *existencias* de consumo de los particulares o, *como dice Wagner, de su «capital de uso»,* en nuestro período de cultura, en particular en Berlín, p. 128, n. 5, p. 129, n. 8 y 10; además, demasiado poco dinero o *capital de explotación* propio *en el negocio de producción* mismo, p. 130 y allí mismo, n. 11.

*Importancia relativamente mayor del comercio exterior* hoy en día, p. 131, n. 13, p. 132, n. 3.

[^1]: Adolph Wagner (1835-1917), economista alemán, profesor en Berlín y uno de los principales «socialistas de cátedra». Marx anota el primer tomo de su *Allgemeine oder theoretische Volkswirthschaftslehre. Erster Theil: Grundlegung* (Leipzig y Heidelberg, 1879), que Wagner publicó como reelaboración del *Lehrbuch der politischen Ökonomie* de Karl Heinrich Rau; de ahí el título del manuscrito. Las páginas que se citan («p.») son de ese libro.

[^2]: Johann Karl Rodbertus-Jagetzow (1805-1875), economista prusiano, teórico de un «socialismo de Estado» conservador; Friedrich Albert Lange (1828-1875), filósofo y economista, autor de *Die Arbeiterfrage*; Albert Schäffle (1831-1903), economista y sociólogo austroalemán, ministro de Comercio de Austria en 1871.

[^3]: Karl Heinrich Rau (1792-1870), economista alemán, autor del *Lehrbuch der politischen Ökonomie* (1826-1837), el manual universitario más difundido en Alemania.

[^4]: *El capital*, tomo I, 2.ª ed. alemana (1872-1873), cap. 1, apartado 1.

[^5]: Nikolái Ivánovich Sieber (Ziber, 1844-1888), economista ruso, autor de *La teoría del valor y del capital de D. Ricardo* (Kiev, 1871), donde expone y defiende la teoría de Marx.

[^6]: Juego de palabras: *Abzug* es «deducción, sustracción», y *die Haut abziehen* es «despellejar».

[^7]: En el original, *Konfusius*: juego de palabras con Confucio y «confuso».

[^8]: Albert Schäffle, *Kapitalismus und Socialismus* (Tubinga, 1870).

[^9]: Albert Schäffle, *Die Quintessenz des Socialismus* (1874) y *Bau und Leben des socialen Körpers* (4 tomos, Tubinga, 1875-1878).

[^10]: En alemán, *befriedigen* («satisfacer») contiene *Frieden* («paz»); el que no está satisfecho está en *Unfrieden*, «en discordia».

[^11]: (Nota de Marx.) [Tachado en el manuscrito:] Pero en el señor Wagner esta «deducción» se vuelve todavía más bonita, porque tiene que habérselas con *«el»* hombre, no con «los» hombres. Esta «deducción» tan sencilla la expresa el señor Wagner así: «Es una *aspiración natural* del hombre» (léase: del profesor alemán de economía) «la relación» según la cual cosas del mundo exterior no solo son medios de satisfacción de necesidades humanas, sino que son reconocidas lingüísticamente como tales y por eso también sirven

[^12]: Juego de palabras: *preisen* es «alabar, ensalzar» y *Preis* es a la vez «precio» y «alabanza»; en castellano, «preciar» (estimar, apreciar) y «precio».

[^13]: Juego de palabras con *schätzen* («estimar, tasar») y *Schatz* («tesoro»), que es también la categoría económica del atesoramiento.

[^14]: Juego de palabras: *ableiten* significa «derivar» (un concepto de otro) y también «desviar» (una corriente, la atención).

[^15]: *Dunkelmann*, «oscurantista», es el nombre alemán de los *viri obscuri* de las *Epistolae obscurorum virorum* (1515-1517), sátira humanista contra los escolásticos de Colonia.

[^16]: En el original, *entwickelt sich* («se desarrolla») y *verwickelt sich* («se enreda»).

[^17]: Juego de palabras: *anknüpfen* («atar a, enlazar con») y *aufknüpfen* («colgar, ahorcar»).

[^18]: La *Zeitschrift für die gesammte Staatswissenschaft*, que se publicaba en Tubinga; en ella apareció en 1878 una carta de Rodbertus a Wagner sobre el concepto de valor.

[^19]: Goethe, *Fausto*, primera parte, escena del estudio (palabras de Mefistófeles al estudiante).

[^20]: Marx escribió esta frase entre llaves en inglés.

[^21]: Juego de palabras con *Gehalt*, que es a la vez «contenido» y «sueldo».

[^22]: Valentin Christian Friedrich Rost, *Griechisch-Deutsches Wörterbuch*, diccionario escolar muy difundido en el siglo XIX.

[^23]: Ernst Schulze, *Gothisches Glossar* (Magdeburgo, 1848).

[^24]: Adolf Ziemann, *Mittelhochdeutsches Wörterbuch zum Handgebrauch* (Quedlinburgo y Leipzig, 1838).

[^25]: Juego de palabras: *stehen* («hallarse, estar de pie») y *ständisch* («estamental», de *Stand*, «estamento»).

[^26]: En el *Fausto* de Goethe, Wagner es el famulus (ayudante) pedante de Fausto; aquí el «Fausto» del economista Wagner es Rodbertus.

[^27]: Rudolf Hermann Meyer (1839-1899), publicista conservador alemán, discípulo y editor de las cartas de Rodbertus.

[^28]: *Stoffwechsel*, literalmente «cambio de materias», es el término que Marx emplea en *El capital* para el intercambio material entre el hombre y la naturaleza y para el cambio social de los productos del trabajo en la circulación de mercancías (M-D-M: mercancía-dinero-mercancía).

[^29]: Georg Friedrich Puchta (1798-1846), jurista alemán de la escuela histórica del derecho, romanista.

[^30]: Rudolf von Jhering (1818-1892), jurista alemán, autor de *Geist des römischen Rechts auf den verschiedenen Stufen seiner Entwicklung* (*El espíritu del derecho romano en las diversas fases de su desarrollo*, 1852-1865).

[^31]: Thomas Tooke (1774-1858), economista inglés, autor de *A History of Prices, and of the State of the Circulation* (1838-1857, los dos últimos tomos con William Newmarch); August Böckh (1785-1867), filólogo clásico alemán, autor de *Die Staatshaushaltung der Athener* (1817).

[^32]: La indemnización de guerra de 5 000 millones de francos que Francia tuvo que pagar a Alemania por la paz de Fráncfort (1871).

[^33]: Antoine-Augustin Cournot (1801-1877), matemático y economista francés; sus *Recherches sur les principes mathématiques de la théorie des richesses* (1838) son una obra pionera de la economía matemática.
