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Title: El sistema del salariado (1881)
Description: Editorial de Engels en The Labour Standard sobre lo que las trade unions pueden y no pueden conseguir dentro del sistema del salariado: hacen cumplir la ley del salario, pero no hay redención para la clase obrera mientras no sea dueña de los medios de trabajo.
Author: Friedrich Engels
Date: 1881-05-21
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1881%20El%20sistema%20del%20salariado
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*Editorial escrito en inglés por Friedrich Engels y publicado sin firma en* The Labour Standard *(Londres), núm. 3, del 21 de mayo de 1881. Traducido del original inglés según la transcripción del texto del periódico en el Marx-Engels Internet Archive (marxists.org), cotejada con la versión alemana de la MEW (Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 19, Berlín, 1962, pp. 251-253), por la Escuela de marxismo, 2026. Se corrigen erratas evidentes de la transcripción. Las notas son nuestras. [Texto original en inglés](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1881%20The%20Wages%20System).*

En un artículo anterior[^1] examinamos la vieja y venerable divisa «Un salario justo por una jornada justa» y llegamos a la conclusión de que, en las condiciones sociales actuales, el salario más justo equivale necesariamente al reparto más injusto del producto del obrero: la mayor parte de ese producto va a parar al bolsillo del capitalista, y el obrero tiene que conformarse exactamente con lo que le permite mantenerse en condiciones de trabajar y propagar su especie.

Esta es una ley de la economía política o, dicho de otro modo, una ley de la actual organización económica de la sociedad, más poderosa que todo el derecho consuetudinario y todo el derecho legislado de Inglaterra juntos, incluido el Tribunal de la Cancillería.[^2] Mientras la sociedad esté dividida en dos clases opuestas —de un lado, los capitalistas, que monopolizan la totalidad de los medios de producción, la tierra, las materias primas, la maquinaria; del otro, los trabajadores, gentes privadas de toda propiedad sobre los medios de producción y que no poseen más que su propia fuerza de trabajo—, mientras exista esta organización social, la ley del salario seguirá siendo todopoderosa y remachará cada día de nuevo las cadenas que hacen del obrero esclavo de su propio producto, monopolizado por el capitalista.

Las *trade unions* de este país llevan ya casi sesenta años luchando contra esta ley. ¿Con qué resultado? ¿Han conseguido liberar a la clase obrera de la servidumbre en que la tiene el capital, producto de sus propias manos? ¿Han permitido a una sola fracción de la clase obrera elevarse por encima de la condición de esclavos asalariados, convertirse en propietaria de sus propios medios de producción, de las materias primas, herramientas y máquinas que requiere su oficio, y llegar a ser así dueña del producto de su propio trabajo? Es bien sabido que no solo no lo han hecho, sino que ni siquiera lo han intentado.

Lejos de nosotros decir que las *trade unions* no sirven de nada porque no lo hayan hecho. Al contrario: las *trade unions*, tanto en Inglaterra como en cualquier otro país industrial, son una necesidad para la clase obrera en su lucha contra el capital. El nivel medio de los salarios equivale a la suma de artículos de primera necesidad que basta para mantener la especie de los obreros en un país determinado, según el nivel de vida habitual en ese país. Ese nivel de vida puede ser muy diferente para las distintas categorías de obreros. El gran mérito de las *trade unions*, en su lucha por mantener el nivel de los salarios y reducir la jornada, es que tienden a mantener y elevar el nivel de vida. Hay en el East End de Londres muchos oficios cuyo trabajo no es más cualificado y es igual de duro que el de los albañiles y sus peones, y sin embargo apenas ganan la mitad que ellos. ¿Por qué? Sencillamente porque una organización poderosa permite a los unos mantener como norma por la que se miden sus salarios un nivel de vida relativamente alto, mientras que los otros, desorganizados e impotentes, tienen que someterse no solo a las mermas inevitables, sino también a las arbitrarias que les imponen sus patronos: su nivel de vida se va reduciendo poco a poco, aprenden a vivir con salarios cada vez más bajos, y sus salarios caen naturalmente al nivel que ellos mismos han aprendido a aceptar como suficiente.

La ley del salario, por tanto, no es de las que trazan una raya fija e inamovible. Dentro de ciertos límites no es inexorable. En todo momento (salvo en las grandes depresiones) hay en cada oficio un cierto margen dentro del cual el nivel de los salarios puede modificarse según los resultados de la lucha entre las dos partes contendientes. El salario se fija siempre mediante un trato, y en un trato quien resiste más tiempo y mejor tiene más probabilidades de obtener más de lo que le corresponde. Si el obrero aislado intenta cerrar trato con el capitalista, es fácilmente derrotado y tiene que rendirse sin condiciones; pero si todos los obreros de un oficio forman una organización poderosa, reúnen entre ellos un fondo que les permita desafiar a sus patronos si es preciso y se ponen así en condiciones de tratar con esos patronos como una potencia, entonces, y solo entonces, tienen alguna posibilidad de obtener siquiera esa miseria que, según la constitución económica de la sociedad actual, puede llamarse un salario justo por una jornada justa.

La lucha de las *trade unions* no derriba la ley del salario. Al contrario, la hace cumplir. Sin los medios de resistencia de las *trade unions*, el trabajador no recibe ni siquiera lo que le corresponde según las reglas del sistema del salariado. Solo con el miedo a la *trade union* ante los ojos puede obligarse al capitalista a desprenderse de todo el valor de mercado de la fuerza de trabajo de su obrero. ¿Quieren una prueba? Miren los salarios que se pagan a los miembros de las grandes *trade unions* y los que se pagan en los innumerables pequeños oficios de esa charca de miseria estancada que es el East End de Londres.

Así pues, las *trade unions* no atacan el sistema del salariado. Pero no es lo alto o lo bajo de los salarios lo que constituye la degradación económica de la clase obrera: esa degradación consiste en que, en lugar de recibir por su trabajo todo el producto de ese trabajo, la clase obrera tiene que contentarse con una parte de su propio producto, a la que se llama salario. El capitalista se embolsa el producto entero (y paga con él al trabajador) porque es el propietario de los medios de trabajo. Y por eso no habrá verdadera redención para la clase obrera mientras no se convierta en propietaria de todos los medios de trabajo —la tierra, las materias primas, la maquinaria, etc.— y, con ello, también en propietaria DEL PRODUCTO ÍNTEGRO DE SU PROPIO TRABAJO.

[^1]: [Un salario justo por una jornada justa de trabajo](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1881%20Un%20salario%20justo%20por%20una%20jornada%20justa%20de%20trabajo), editorial del primer número de *The Labour Standard* (7 de mayo de 1881).

[^2]: El *Court of Chancery*, tribunal superior inglés que juzgaba según la equidad y no según el derecho consuetudinario (*common law*); era proverbial por la lentitud y el coste de sus pleitos. Fue absorbido por el Tribunal Supremo en la reforma judicial de 1873-1875.
