---
Title: Cómo no hay que traducir a Marx (1885)
Description: Engels desmonta la traducción inglesa de las primeras páginas de El capital publicada por John Broadhouse en To-Day y expone lo que se exige a un traductor de Marx: dominio de las dos lenguas, valor para acuñar términos nuevos y un mismo equivalente fijo para cada término técnico.
Author: Friedrich Engels
Date: 1885-11
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1885%20C%C3%B3mo%20no%20hay%20que%20traducir%20a%20Marx
---


*Escrito en inglés por Friedrich Engels en octubre de 1885 y publicado en* The Commonweal *(Londres), vol. I, n.º 10, noviembre de 1885, pp. 97-98. Traducido del texto del periódico (transcripción de Zdravko Saveski en el Marx-Engels Internet Archive), cotejado con la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 21 (Berlín, 1962, pp. 229-237), por la Escuela de marxismo, 2026. Como el artículo discute palabras inglesas, damos entre corchetes las expresiones de Broadhouse y de Engels de las que depende la crítica. Las notas son nuestras, salvo la de Engels. [Texto original en inglés](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1885%20How%20Not%20to%20Translate%20Marx).*

El primer tomo de *Das Kapital* es de dominio público en lo que se refiere a su traducción a otras lenguas. Por eso, aunque en los círculos socialistas ingleses es bastante sabido que se está preparando una traducción que se publicará bajo la responsabilidad de los albaceas literarios de Marx,[^1] nadie tendría derecho a quejarse si otra traducción se adelantara a esta, con tal de que el texto se vertiera con fidelidad e igual de bien.

Las primeras páginas de una traducción así, obra de John Broadhouse, se han publicado en el número de octubre de *To-Day*.[^2] Digo expresamente que está muy lejos de ser una versión fiel del texto, y ello porque al señor Broadhouse le falta cada una de las cualidades que se requieren en un traductor de Marx.

Para traducir un libro así no basta un buen conocimiento del alemán literario. Marx emplea con soltura expresiones de la vida cotidiana y giros de los dialectos provinciales; acuña palabras nuevas, toma sus ejemplos de todas las ramas de la ciencia y sus alusiones de las literaturas de una docena de lenguas; para entenderlo hay que ser de verdad un maestro del alemán, hablado y escrito, y hay que saber también algo de la vida alemana.

Pongamos un ejemplo. Cuando unos estudiantes de Oxford cruzaron el estrecho de Dover remando en un bote de cuatro remos, las crónicas de la prensa contaron que uno de ellos «caught a crab» [‘cogió un cangrejo’, es decir, metió mal el remo en el agua]. El corresponsal en Londres de la *Kölnische Zeitung* lo tomó al pie de la letra y comunicó puntualmente a su periódico que «un cangrejo se había enredado en el remo de uno de los remeros». Si un hombre que lleva años viviendo en pleno Londres es capaz de un disparate tan ridículo en cuanto tropieza con los términos técnicos de un arte que no conoce, ¿qué podemos esperar de un hombre que, con un conocimiento pasable del mero alemán de los libros, se pone a traducir al más intraducible de los prosistas alemanes? Y en efecto veremos que el señor Broadhouse es un consumado experto en «coger cangrejos».

Pero hace falta algo más. Marx es uno de los escritores más vigorosos y concisos de la época. Para verterlo como es debido hay que ser maestro no solo del alemán, sino también del inglés. El señor Broadhouse, sin embargo, aunque es evidentemente un hombre de respetables dotes periodísticas, no domina más que el limitado registro de inglés que usa y para el que se escribe la respetabilidad literaria convencional. Ahí se mueve con soltura; pero esa clase de inglés no es una lengua a la que *Das Kapital* pueda traducirse jamás. Un alemán vigoroso exige para verterlo un inglés vigoroso; hay que echar mano de los mejores recursos de la lengua; los términos alemanes de nuevo cuño exigen acuñar los términos nuevos correspondientes en inglés. Pero en cuanto el señor Broadhouse se enfrenta a una dificultad así, no solo le fallan los recursos, sino también el valor. La más mínima ampliación de su limitado repertorio, la más mínima innovación sobre el inglés convencional de la literatura de todos los días lo asusta, y antes que arriesgarse a semejante herejía vierte la palabra alemana difícil por un término más o menos indefinido que no le ofende el oído pero oscurece el sentido del autor; o, peor aún, la traduce, cada vez que reaparece, por toda una serie de términos distintos, olvidando que un término técnico ha de verterse siempre por un mismo y único equivalente. Así, ya en el título mismo del primer apartado, traduce *Werthgroesse* [magnitud de valor] por «extent of value» [extensión del valor], sin tener en cuenta que *Groesse* es un término matemático preciso, equivalente a magnitud o cantidad determinada, mientras que *extent* puede significar muchas otras cosas. Así, incluso la sencilla innovación de «labour-time» [tiempo de trabajo] para *Arbeitszeit* es demasiado para él; la vierte por 1) «time-labour», que significa, si es que significa algo, trabajo pagado por tiempo o trabajo hecho por un hombre que «cumple» condena a trabajos forzados; 2) «time of labour»; 3) «labour-time», y 4) «period of labour» [período de trabajo], término con el que Marx (*Arbeitsperiode*), en el segundo tomo, designa algo completamente distinto. Ahora bien, como es sabido, la «categoría» de tiempo de trabajo es una de las más fundamentales de todo el libro, y traducirla con cuatro términos distintos en menos de diez páginas es más que imperdonable.

Marx empieza por el análisis de lo que es una mercancía. El primer aspecto bajo el que se presenta una mercancía es el de un objeto útil; como tal, puede considerarse desde el punto de vista de su cualidad o de su cantidad. «Cada una de esas cosas es un todo de muchas cualidades o propiedades y puede, por tanto, ser útil en diversos sentidos. Descubrir esos diversos sentidos y, por tanto, los múltiples usos que pueden darse a las cosas es *obra de la historia* [*act of history*]. Lo es también el hallazgo y fijación de *medidas socialmente reconocidas* para la cantidad de las cosas útiles. La diversidad de los modos de medir las mercancías nace en parte de la diversa naturaleza de los objetos que se miden, en parte de la convención».

El señor Broadhouse lo vierte así: «Descubrir estos diversos modos, y por consiguiente las múltiples maneras en que un objeto puede ser útil, es *obra del tiempo* [*work of time*]. Lo es, *por consiguiente*, el hallazgo de *la medida social* para la cantidad de las cosas útiles. La diversidad en el *volumen* [*bulk*] de las mercancías nace en parte de la diferente naturaleza», etc.

En Marx, el descubrimiento de las diversas utilidades de las cosas constituye una parte esencial del progreso histórico; en el señor Broadhouse es simplemente obra del tiempo. En Marx, la misma calificación se aplica al establecimiento de medidas comunes reconocidas. En el señor B., otra «obra del tiempo» consiste en el «hallazgo de *la* medida social para la cantidad de las cosas útiles», una clase de medida de la que Marx desde luego nunca se ocupó. Y para rematar confunde *Masse* (*medidas*) con *Masse* (*volumen*), y con ello le endosa a Marx uno de los cangrejos más hermosos que jamás se hayan cogido.[^3]

Más adelante dice Marx: «Los valores de uso forman el material del que se compone la riqueza, *sea cual fuere la forma social de esa riqueza*» (la forma específica de apropiación por la que se posee y se distribuye). El señor Broadhouse pone: «Los valores de uso constituyen la base efectiva de la riqueza, *que es siempre su forma social*», lo cual es o una perogrullada pretenciosa o un puro disparate.

El segundo aspecto bajo el que se presenta una mercancía es su valor de cambio. Que todas las mercancías sean intercambiables, en ciertas proporciones variables, unas por otras, que tengan valores de cambio, este hecho implica que contienen algo que es común a todas ellas. Paso por alto la manera descuidada con que el señor Broadhouse reproduce aquí uno de los análisis más delicados del libro de Marx, y voy directamente al pasaje en que Marx dice: «Ese algo común a todas las mercancías no puede ser una propiedad geométrica, física, química o natural de cualquier otra clase. De hecho, sus propiedades materiales solo entran en consideración en la medida en que las hacen útiles, es decir, en la medida en que las convierten en valores de uso». Y prosigue: «Pero es precisamente el *hacer abstracción de sus valores de uso* lo que *evidentemente* caracteriza la relación de cambio de las mercancías. *Dentro de esta relación*, un valor de uso equivale a cualquier otro, con tal de que se dé en la proporción *suficiente*».

Ahora el señor Broadhouse: «Pero, por otra parte, son precisamente *estos valores de uso en abstracto* los que aparentemente caracterizan la *razón* [*ratio*] de cambio de las mercancías. *En sí mismo*, un valor de uso vale exactamente lo mismo que otro si existe en la *misma* proporción».

Así, dejando a un lado errores menores, el señor Broadhouse hace decir a Marx exactamente lo contrario de lo que dice. Para Marx, lo característico de la relación de cambio de las mercancías es el hecho de que se hace total abstracción de sus valores de uso, de que se las considera como si no tuvieran valor de uso alguno. Su intérprete le hace decir que lo característico de la *razón* de cambio (de la que aquí no se trata) es precisamente su valor de uso, solo que tomado «en abstracto». Y luego, unas líneas más abajo, da la frase de Marx: «Como valores de uso, las mercancías solo pueden ser de distinta cualidad; como valores de cambio, solo pueden ser de distinta cantidad, y no contienen *ni un átomo de valor de uso*», ni abstracto ni concreto. Bien podemos preguntar: «¿Entiendes lo que lees?».[^4]

A esta pregunta resulta imposible responder afirmativamente cuando vemos al señor Broadhouse repetir el mismo error una y otra vez. Tras la frase que acabamos de citar, Marx prosigue: «Si *dejamos fuera de consideración*» (es decir, hacemos abstracción de) «los valores de uso de las mercancías, *les* queda una sola propiedad: la de ser productos del trabajo. Pero incluso este producto del trabajo se nos ha transformado ya entre las manos. Si hacemos abstracción *de su valor de uso*, hacemos abstracción también *de los componentes corpóreos* y de las formas que *hacen de él* un valor de uso».

El señor Broadhouse lo pone en inglés así: «Si *separamos* los valores de uso *del* material efectivo de las mercancías, queda» (¿dónde?, ¿con los valores de uso o con el material efectivo?) «una sola propiedad, la del producto del trabajo. Pero el producto del trabajo ya está transmutado en nuestras manos. Si le abstraemos *su valor de uso*, abstraemos también *la sustancia* [*stamina*] *y la forma* que *constituyen su* valor de uso».

Y otra vez Marx: «En la *relación* de cambio de las mercancías, su valor de cambio se nos presentó como algo completamente independiente de sus valores de uso. Ahora bien, si hacemos efectivamente abstracción *del valor de uso* de los productos del trabajo, llegamos a su valor, tal como lo hemos determinado *anteriormente*». El señor Broadhouse lo hace sonar así: «En la *razón* de cambio de las mercancías, su valor de cambio se nos aparece como algo totalmente independiente de su valor de uso. Si ahora, en efecto, abstraemos *el valor de uso de los productos del trabajo*, tenemos su valor tal como queda *entonces* determinado». No cabe duda. El señor Broadhouse nunca ha oído hablar de otros actos y modos de abstracción que los corporales, como la abstracción [*abstraction*, también ‘sustracción’, ‘hurto’] del dinero de una caja o de una caja fuerte. Pero identificar abstracción y sustracción no le servirá jamás a un traductor de Marx.

Otra muestra de cómo se convierte el sentido alemán en sinsentido inglés. Una de las investigaciones más finas de Marx es la que revela el doble carácter del trabajo. El trabajo, considerado como productor de valor de uso, tiene un carácter distinto, otras determinaciones, que el mismo trabajo considerado como productor de valor. Uno es trabajo de un tipo determinado, hilar, tejer, arar, etc.; el otro es el carácter general de la actividad productiva humana, común al hilar, al tejer, al arar, etc., que los abarca a todos bajo el término común de trabajo. Uno es el trabajo en concreto, el otro el trabajo en abstracto. Uno es el trabajo técnico, el otro el trabajo económico. En resumen —pues la lengua inglesa *tiene* términos para ambos—, uno es *work*, a diferencia de *labour*; el otro es *labour*, a diferencia de *work*.[^5] Tras este análisis, Marx prosigue: «Al principio, la mercancía se nos presentó como algo doble: valor de uso y valor de cambio. Más adelante vimos que también el trabajo, en la medida en que se expresa en el valor, *ya no posee los mismos rasgos* que le corresponden en su calidad de creador de valores de uso». El señor Broadhouse se empeña en demostrar que no ha entendido una palabra del análisis de Marx y traduce el pasaje anterior así: «Vimos al principio la mercancía como un *compuesto* de valor de uso y valor de cambio. Luego vimos que el trabajo, en la medida en que se expresa en el valor, *solo posee ese carácter en la medida en que* es generador de valor de uso». Cuando Marx dice blanco, el señor Broadhouse no ve razón alguna para no traducir negro.

Pero basta de esto. Pasemos a algo más divertido. Dice Marx: «En la sociedad burguesa [*civil society*] rige la *fictio juris* de que todo el mundo, en su calidad de comprador de mercancías, posee un conocimiento enciclopédico de todas ellas». Pues bien, aunque la expresión *civil society* es completamente inglesa y la *History of Civil Society* de Ferguson[^6] tiene más de cien años, este término le viene grande al señor Broadhouse. Lo vierte por «entre la gente corriente» [*amongst ordinary people*], y convierte así la frase en un disparate. Porque es precisamente «la gente corriente» la que se queja sin cesar de que la engañan los minoristas, etc., a causa de su ignorancia de la naturaleza y del valor de las mercancías que tienen que comprar.

La *producción* (*Herstellung*) de un valor de uso se vierte por «el *establecimiento* de un valor de uso». Cuando Marx dice: «Si se lograra transformar con poco trabajo el *carbón* en diamante, su valor podría caer por debajo del de los ladrillos», el señor Broadhouse, que al parecer no sabe que el diamante es una forma alotrópica del carbono, convierte el *carbón* en *coque*. Del mismo modo transmuta el «rendimiento total de las minas de diamantes del Brasil» en «los *beneficios totales* de todo el rendimiento». «Las comunidades primitivas de la India» se convierten en sus manos en «comunidades *venerables*». Marx dice: «En el valor de uso de una mercancía está contenida» (*steckt*, que mejor se traduciría: para la producción del valor de uso de una mercancía se ha gastado) «una *determinada actividad productiva*, adecuada a su fin particular, o un trabajo útil determinado». El señor Broadhouse tiene que decir: «En el valor de uso de una mercancía está contenida una determinada *cantidad de fuerza productiva* o trabajo útil», y convierte así no solo la cualidad en cantidad, sino la actividad productiva que se ha gastado en fuerza productiva que está por gastar.

Pero basta. Podría dar diez veces más ejemplos para mostrar que el señor Broadhouse no es en ningún sentido el hombre adecuado y apto para traducir a Marx, y sobre todo porque parece ignorar por completo lo que es un trabajo científico de verdad concienzudo.[^7]

*Frederick Engels*

[^1]: Engels y Eleanor Marx. La traducción la hacían Samuel Moore y Edward Aveling, bajo la dirección de Engels; apareció en Londres en enero de 1887.

[^2]: *To-Day*, revista socialista mensual de Londres (1883-1889). «John Broadhouse» era el seudónimo de Henry Mayers Hyndman, jefe de la Social Democratic Federation, de la que en diciembre de 1884 se habían separado, con el apoyo de Engels, William Morris, Eleanor Marx y Edward Aveling para fundar la Socialist League, cuyo órgano era *The Commonweal*.

[^3]: En el texto de Marx se lee *Warenmaße*, ‘medidas de las mercancías’; impresa en letra latina, la *ß* se convertía en *ss*, y *Maße* (medidas) se confundía en la escritura con *Masse* (masa, volumen).

[^4]: Hechos de los Apóstoles 8, 30: pregunta de Felipe al eunuco etíope que leía a Isaías.

[^5]: Esta distinción la recogió Engels en una nota a la cuarta edición alemana de *El capital* (1890), libro I, capítulo 1.

[^6]: Adam Ferguson, *An Essay on the History of Civil Society* (Edimburgo, 1767).

[^7]: (Nota de Engels.) Por lo dicho resultará evidente que *Das Kapital* no es un libro cuya traducción pueda hacerse por contrata. La tarea de traducirlo está en excelentes manos, pero los traductores no pueden dedicarle todo su tiempo. Esta es la razón del retraso. Pero, aunque todavía no puede indicarse la fecha exacta de su publicación, podemos asegurar que la edición inglesa estará en manos del público en el curso del año próximo.
