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Title: El capital. Libro segundo. III. La reproducción y circulación del capital social global (1885)
Description: Sección tercera del libro segundo de El capital: la reproducción simple y ampliada del capital social global, el intercambio entre las secciones de medios de producción y de medios de consumo y la crítica de Smith y sus sucesores.
Author: Karl Marx
Date: 1885-07
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1885%20El%20capital.%20Libro%20segundo.%20III.%20La%20reproducci%C3%B3n%20y%20circulaci%C3%B3n%20del%20capital%20social%20global
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*Karl Marx, El capital. Crítica de la economía política. Libro segundo: El proceso de circulación del capital. Editado por Friedrich Engels; primera edición: Hamburgo, Otto Meissner, 1885. Se traduce de la segunda edición (1893) según el texto de la MEW 24 (Berlín, 1963), cotejado con la MEGA II/13 (1885); las citas que Marx daba en inglés, francés u otras lenguas se traducen de su original. Traducción de la Escuela de marxismo, 2026. Las notas que indican de qué manuscrito de Marx procede el texto son de Engels; las firmadas «— F. E.» y los pasajes entre corchetes con esa firma, también. Las llaves {…} reproducen las de la edición (interpolaciones de Marx en las citas o de Engels en el texto). Las notas marcadas «(Nota de la traducción.)» son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1885%20Das%20Kapital.%20Zweiter%20Band.%20III.%20Die%20Reproduktion%20und%20Zirkulation%20des%20gesellschaftlichen%20Gesamtkapitals)*

[Prólogos](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1885%20El%20capital.%20Libro%20segundo.%20Pr%C3%B3logos) · [I](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1885%20El%20capital.%20Libro%20segundo.%20I.%20Las%20metamorfosis%20del%20capital%20y%20su%20ciclo) · [II](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1885%20El%20capital.%20Libro%20segundo.%20II.%20La%20rotaci%C3%B3n%20del%20capital) · III · [Libro primero](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1867%20El%20capital.%20Libro%20primero.%20Pr%C3%B3logos%20y%20ep%C3%ADlogos)

## Capítulo decimoctavo. Introducción[^k12-34]

### I. Objeto de la investigación

El proceso inmediato de producción del capital es su proceso de trabajo y de valorización, el proceso cuyo resultado es el producto-mercancía y cuyo motivo determinante es la producción de plusvalía.

El proceso de reproducción del capital abarca tanto este proceso inmediato de producción como las dos fases del proceso de circulación propiamente dicho, es decir, el ciclo completo que, como proceso periódico —proceso que se repite siempre de nuevo en determinados períodos—, constituye la rotación del capital.

Ya consideremos el ciclo en la forma D ... D' o en la forma P ... P,[^k12-t1] el proceso inmediato de producción P no constituye nunca más que un eslabón de este ciclo. En una de las formas aparece como mediación del proceso de circulación; en la otra, el proceso de circulación aparece como mediación suya. Su renovación constante, la constante representación del capital como capital productivo, está condicionada en ambos casos por sus transformaciones en el proceso de circulación. Por otra parte, el proceso de producción constantemente renovado es la condición de las transformaciones que el capital experimenta siempre de nuevo en la esfera de la circulación, de su representación alternativa como capital dinerario y como capital mercantil.

Cada capital individual, sin embargo, no constituye más que un fragmento autonomizado, dotado por así decir de vida individual, del capital social global, del mismo modo que cada capitalista individual no es más que un elemento individual de la clase capitalista. El movimiento del capital social se compone de la totalidad de los movimientos de sus fragmentos autonomizados, de las rotaciones de los capitales individuales. Así como la metamorfosis de la mercancía singular es un eslabón de la serie de metamorfosis del mundo de las mercancías —de la circulación de mercancías—, así también la metamorfosis del capital individual, su rotación, es un eslabón en el ciclo del capital social.

Este proceso global comprende tanto el consumo productivo (el proceso inmediato de producción), junto con los cambios de forma (considerados materialmente, intercambios) que le sirven de mediación, como el consumo individual, con los cambios de forma o intercambios que le sirven de mediación. Comprende, por una parte, la conversión de capital variable en fuerza de trabajo y, por tanto, la incorporación de la fuerza de trabajo al proceso capitalista de producción. Aquí el obrero se presenta como vendedor de su mercancía, la fuerza de trabajo, y el capitalista como comprador de ella. Pero, por otra parte, en la venta de las mercancías está incluida la compra de las mismas por la clase obrera, y por tanto su consumo individual. Aquí la clase obrera se presenta como compradora y los capitalistas como vendedores de mercancías a los obreros.

La circulación del capital mercantil incluye la circulación de la plusvalía, y por tanto también las compras y ventas mediante las cuales los capitalistas efectúan su consumo individual, el consumo de la plusvalía.

El ciclo de los capitales individuales en su conjunción en capital social, es decir, considerado en su totalidad, no abarca, pues, solo la circulación del capital, sino también la circulación general de mercancías. Esta última solo puede constar originariamente de dos componentes: 1) el ciclo propio del capital y 2) el ciclo de las mercancías que entran en el consumo individual, es decir, de las mercancías en que el obrero gasta su salario y el capitalista su plusvalía (o parte de su plusvalía). Es cierto que el ciclo del capital comprende también la circulación de la plusvalía, en la medida en que esta forma parte del capital mercantil, y asimismo la transformación de capital variable en fuerza de trabajo, el pago del salario. Pero el gasto de esta plusvalía y de este salario en mercancías no constituye ningún eslabón de la circulación del capital, aunque al menos el gasto del salario condiciona esa circulación.

En el libro I se analizó el proceso capitalista de producción tanto como proceso aislado como en cuanto proceso de reproducción: la producción de la plusvalía y la producción del propio capital. El cambio de forma y de materia que el capital experimenta dentro de la esfera de la circulación se dio por supuesto, sin detenerse más en él. Se supuso, pues, que el capitalista, por una parte, vende el producto por su valor y, por otra, encuentra dentro de la esfera de la circulación los medios de producción materiales para comenzar de nuevo el proceso o continuarlo ininterrumpidamente. El único acto dentro de la esfera de la circulación en el que tuvimos que detenernos fue la compra y venta de la fuerza de trabajo como condición fundamental de la producción capitalista.

En la primera sección de este libro II se consideraron las distintas formas que el capital adopta en su ciclo y las distintas formas de este mismo ciclo. Al tiempo de trabajo considerado en el libro I se añade ahora el tiempo de circulación.

En la segunda sección se consideró el ciclo como ciclo periódico, es decir, como rotación. Se mostró, por una parte, cómo los distintos componentes del capital (el fijo y el circulante) recorren el ciclo de las formas en períodos de tiempo distintos y de manera distinta; se investigaron, por otra parte, las circunstancias que condicionan la distinta duración del período de trabajo y del período de circulación. Se vio la influencia del período del ciclo y de la distinta proporción de sus componentes sobre el volumen del propio proceso de producción y sobre la tasa anual de plusvalía. En efecto, si en la primera sección se consideraron principalmente las formas sucesivas que el capital adopta y abandona constantemente en su ciclo, en la segunda se consideró cómo, dentro de este flujo y sucesión de formas, un capital de magnitud dada se divide simultáneamente, aunque en proporciones cambiantes, en las distintas formas de capital productivo, capital dinerario y capital mercantil, de modo que estas no solo alternan entre sí, sino que distintas partes del valor total del capital se encuentran constantemente unas junto a otras y funcionan en estos distintos estados. El capital dinerario, en particular, se presentó con una peculiaridad que no se mostraba en el libro I. Se encontraron determinadas leyes según las cuales componentes de distinta magnitud de un capital dado tienen que adelantarse y renovarse constantemente en la forma de capital dinerario, según las condiciones de la rotación, para mantener constantemente en funcionamiento un capital productivo de volumen dado.

Pero tanto en la primera como en la segunda sección se trataba siempre únicamente de un capital individual, del movimiento de una parte autonomizada del capital social.

Ahora bien, los ciclos de los capitales individuales se entrelazan unos con otros, se presuponen y se condicionan mutuamente, y precisamente en este entrelazamiento constituyen el movimiento del capital social global. Así como en la circulación simple de mercancías la metamorfosis global de una mercancía aparecía como eslabón de la serie de metamorfosis del mundo de las mercancías, así ahora la metamorfosis del capital individual aparece como eslabón de la serie de metamorfosis del capital social. Pero si la circulación simple de mercancías no incluía en modo alguno necesariamente la circulación del capital —puesto que puede tener lugar sobre la base de una producción no capitalista—, el ciclo del capital social global, como ya se ha observado, incluye también la circulación de mercancías que no entra en el ciclo del capital singular, es decir, la circulación de las mercancías que no constituyen capital.

Hay que considerar ahora el proceso de circulación (que en su totalidad es forma del proceso de reproducción) de los capitales individuales como componentes del capital social global, es decir, el proceso de circulación de este capital social global.

### II. El papel del capital dinerario

{Aunque lo que sigue corresponde a una parte posterior de esta sección, queremos examinarlo enseguida, a saber: el capital dinerario considerado como componente del capital social global.}

Al considerar la rotación del capital individual, el capital dinerario se ha mostrado bajo dos aspectos.

Primero: constituye la forma en que todo capital individual sale a escena, inaugura su proceso como capital. Aparece, por tanto, como primus motor,[^k12-t2] como el que da el impulso a todo el proceso.

Segundo: según la distinta duración del período de rotación y la distinta proporción entre sus dos componentes —período de trabajo y período de circulación—, el componente del valor de capital adelantado que tiene que adelantarse y renovarse constantemente en forma de dinero es distinto en relación con el capital productivo que pone en movimiento, es decir, en relación con la escala continua de la producción. Pero sea cual sea esta proporción, en todas las circunstancias la parte del valor de capital en proceso que puede funcionar constantemente como capital productivo está limitada por la parte del valor de capital adelantado que tiene que existir constantemente en forma de dinero junto al capital productivo. Aquí se trata solo de la rotación normal, de un promedio abstracto. Se prescinde, pues, del capital dinerario adicional destinado a compensar los estancamientos de la circulación.

*En cuanto al primer punto*. La producción de mercancías presupone la circulación de mercancías, y la circulación de mercancías presupone la representación de la mercancía como dinero, la circulación del dinero; el desdoblamiento de la mercancía en mercancía y dinero es una ley de la representación del producto como mercancía. Del mismo modo, la producción capitalista de mercancías —considerada tanto social como individualmente— presupone el capital en forma de dinero, o el capital dinerario, como primus motor de todo negocio que comienza y como motor continuo. El capital circulante, en especial, presupone la aparición del capital dinerario como motor, repetida constantemente en períodos de tiempo más cortos. Todo el valor de capital adelantado, es decir, todos los componentes del capital que consisten en mercancías —fuerza de trabajo, medios de trabajo y materiales de producción—, tienen que comprarse y volver a comprarse constantemente con dinero. Lo que aquí vale para el capital individual vale para el capital social, que solo funciona en la forma de muchos capitales individuales. Pero, como ya se mostró en el libro I, de ello no se sigue en modo alguno que el campo de acción del capital, la escala de la producción, dependa en cuanto a sus límites *absolutos*, ni siquiera sobre base capitalista, del volumen del capital dinerario en funciones.

Al capital se incorporan elementos de producción cuya expansión, dentro de ciertos límites, es independiente de la magnitud del capital dinerario adelantado. Con el mismo pago de la fuerza de trabajo, esta puede ser explotada más intensa o extensivamente. Si con esta explotación más fuerte se aumenta el capital dinerario (es decir, si se eleva el salario), no se aumenta en proporción, y por tanto, pro tanto, no se aumenta en absoluto.

La materia natural explotada productivamente —que no constituye ningún elemento de valor del capital—, la tierra, el mar, los minerales, los bosques, etc., es explotada más intensa o extensivamente mediante una mayor tensión del mismo número de fuerzas de trabajo, sin un adelanto mayor de capital dinerario. Los elementos reales del capital productivo se acrecientan así sin necesidad de una aportación adicional de capital dinerario. En la medida en que esta se hace necesaria para materias auxiliares adicionales, el capital dinerario en que se adelanta el valor de capital no aumenta en proporción a la ampliación de la eficacia del capital productivo, y por tanto, pro tanto, no aumenta en absoluto.

Los mismos medios de trabajo, es decir, el mismo capital fijo, pueden utilizarse con más eficacia, tanto prolongando su tiempo de uso diario como intensificando su empleo, sin desembolso adicional de dinero para capital fijo. Tiene lugar entonces solamente una rotación más rápida del capital fijo, pero también los elementos de su reproducción se suministran más rápidamente.

Aparte de la materia natural, pueden incorporarse al proceso de producción, como agentes, fuerzas naturales que no cuestan nada, con mayor o menor eficacia. El grado de su eficacia depende de métodos y progresos científicos que no le cuestan nada al capitalista.

Lo mismo vale para la combinación social de la fuerza de trabajo en el proceso de producción y para la destreza acumulada de los obreros individuales. Carey[^k12-t3] calcula que el propietario de la tierra nunca recibe lo suficiente, porque no se le paga todo el capital, o mejor dicho, todo el trabajo, que desde tiempos inmemoriales se ha invertido en el suelo para darle su capacidad productiva actual. (De la capacidad productiva que se le quita, naturalmente, no se habla.) Según eso, al obrero individual habría que pagarle según el trabajo que le ha costado a todo el género humano sacar de un salvaje un mecánico moderno. Más bien habría que pensar lo contrario: si se calcula todo el trabajo no pagado, pero convertido en plata por los propietarios de la tierra y los capitalistas, que está incorporado al suelo, todo el capital invertido en el suelo ha sido devuelto una y otra vez con intereses de usura, y la propiedad de la tierra ha sido, pues, recomprada por la sociedad una y otra vez hace ya mucho tiempo.

El aumento de las fuerzas productivas del trabajo, en la medida en que no presupone ningún desembolso adicional de valores de capital, solo aumenta, ciertamente, en primera instancia la masa del producto, no su valor; salvo en la medida en que capacita para reproducir más capital constante con el mismo trabajo, y por tanto para conservar su valor. Pero al mismo tiempo crea nueva materia para el capital, y por tanto la base de una acumulación acrecentada del capital.

En la medida en que la organización misma del trabajo social, y por tanto el aumento de la fuerza productiva social del trabajo, exige que se produzca en gran escala y, por consiguiente, que el capitalista individual adelante capital dinerario en grandes masas, ya se ha mostrado en el libro I que esto ocurre en parte mediante la centralización de los capitales en pocas manos, sin que el volumen de los valores de capital en funciones, y por tanto tampoco el volumen del capital dinerario en que se adelantan, tenga necesidad de crecer en términos absolutos. La magnitud de los capitales individuales puede crecer mediante la centralización en pocas manos sin que crezca su suma social. Se trata solo de un reparto modificado de los capitales individuales.

Por último, en la sección anterior se ha mostrado que el acortamiento del período de rotación permite poner en movimiento o el mismo capital productivo con menos capital dinerario, o más capital productivo con el mismo capital dinerario.

Pero todo esto no tiene evidentemente nada que ver con la cuestión propiamente dicha del capital dinerario. Muestra solamente que el capital adelantado —una suma de valor dada que, en su forma libre, en su forma de valor, consiste en una determinada suma de dinero— encierra, tras su transformación en capital productivo, potencias productivas cuyos límites no vienen dados por sus límites de valor, sino que pueden actuar de modo diverso, extensiva o intensivamente, dentro de cierto margen. Dados los precios de los elementos de producción —de los medios de producción y de la fuerza de trabajo—, está determinada la magnitud del capital dinerario que se necesita para comprar una cantidad determinada de estos elementos de producción existentes como mercancías. O, lo que es lo mismo, está determinada la magnitud de valor del capital que hay que adelantar. Pero el volumen en que este capital actúa como formador de valor y de producto es elástico y variable.

*En cuanto al segundo punto*. Es evidente que la parte del trabajo social y de los medios de producción que hay que gastar cada año en la producción o en la compra de dinero para reponer la moneda desgastada supone, pro tanto, una merma en el volumen de la producción social. Pero en cuanto al valor en dinero que funciona en parte como medio de circulación y en parte como tesoro, una vez que existe, adquirido, existe junto a la fuerza de trabajo, a los medios de producción producidos y a las fuentes naturales de la riqueza. No puede considerarse como un límite de estos. Mediante su transformación en elementos de producción, mediante el intercambio con otros pueblos, podría ampliarse la escala de la producción. Esto presupone, sin embargo, que el dinero siga desempeñando su papel de dinero mundial.

Según la magnitud del período de rotación, se necesita una masa mayor o menor de capital dinerario para poner en movimiento el capital productivo. Asimismo hemos visto que la división del período de rotación en tiempo de trabajo y tiempo de circulación condiciona un aumento del capital latente o en suspenso en forma de dinero.

En la medida en que el período de rotación está determinado por la duración del período de trabajo, lo está, permaneciendo iguales las demás condiciones, por la naturaleza material del proceso de producción, y no por el carácter social específico de este proceso de producción. Pero, sobre la base de la producción capitalista, las operaciones más extensas y de mayor duración exigen mayores adelantos de capital dinerario por más tiempo. La producción en tales esferas depende, por tanto, de los límites dentro de los cuales el capitalista individual dispone de capital dinerario. Esta barrera la rompen el sistema de crédito y la asociación vinculada con él, por ejemplo, las sociedades por acciones. Las perturbaciones del mercado de dinero paralizan, por eso, tales negocios, mientras que estos mismos negocios provocan a su vez perturbaciones en el mercado de dinero.

Sobre la base de la producción social, hay que determinar la medida en que pueden llevarse a cabo estas operaciones, que durante largo tiempo sustraen fuerza de trabajo y medios de producción sin suministrar durante ese tiempo ningún producto como efecto útil, sin perjudicar a las ramas de la producción que, de manera continua o varias veces al año, no solo sustraen fuerza de trabajo y medios de producción, sino que también suministran medios de subsistencia y medios de producción. Tanto en la producción social como en la capitalista, los obreros de las ramas de negocio con períodos de trabajo más cortos seguirán sustrayendo productos solo por poco tiempo sin devolver producto; mientras que las ramas de negocio con períodos de trabajo largos siguen sustrayendo continuamente durante más tiempo antes de devolver. Esta circunstancia surge, pues, de las condiciones materiales del proceso de trabajo de que se trate, no de su forma social. En la producción social desaparece el capital dinerario. La sociedad distribuye la fuerza de trabajo y los medios de producción entre las distintas ramas de negocio. Los productores pueden recibir, por mí, bonos de papel con los que retiran de las existencias sociales de consumo una cantidad correspondiente a su tiempo de trabajo. Estos bonos no son dinero. No circulan.

Se ve que, en la medida en que la necesidad de capital dinerario surge de la duración del período de trabajo, está condicionada por dos circunstancias: *primera*, que el dinero es en general la forma en que todo capital individual (prescindiendo del crédito) tiene que presentarse para transformarse en capital productivo; esto se desprende de la esencia de la producción capitalista y, en general, de la producción de mercancías. *Segunda*, la magnitud del adelanto de dinero necesario surge de la circunstancia de que durante largo tiempo se sustraen constantemente a la sociedad fuerza de trabajo y medios de producción sin que durante ese tiempo se le devuelva un producto reconvertible en dinero. La primera circunstancia, que el capital que hay que adelantar tenga que adelantarse en forma de dinero, no queda suprimida por la forma de este mismo dinero, sea dinero metálico, dinero crediticio, signos de valor, etc. La segunda circunstancia no se ve afectada en modo alguno por el medio dinerario o la forma de la producción mediante los cuales se sustraen trabajo, medios de subsistencia y medios de producción sin devolver un equivalente a la circulación.

## Capítulo decimonoveno. Exposiciones anteriores del tema[^k12-35]

### I. Los fisiócratas

El *Tableau économique* de Quesnay[^k12-t4] muestra en unos pocos grandes trazos cómo un resultado anual de la producción nacional, determinado en cuanto a su valor, se distribuye mediante la circulación de tal modo que, permaneciendo iguales las demás circunstancias, puede llevarse a cabo su reproducción simple, es decir, la reproducción en la misma escala. El punto de partida del período de producción lo constituye, como corresponde a la cosa, la cosecha del año anterior. Los innumerables actos individuales de circulación se resumen de entrada en su movimiento de masas característicamente social: la circulación entre grandes clases económicas de la sociedad, funcionalmente determinadas. Lo que aquí nos interesa: una parte del producto global —que, como cualquier otra parte de él, es en cuanto objeto de uso un nuevo resultado del trabajo del año transcurrido— es al mismo tiempo mero portador de un antiguo valor de capital que reaparece en la misma forma natural. No circula, sino que permanece en manos de sus productores, la clase de los arrendatarios, para reanudar allí su servicio como capital. En esta parte constante del capital contenida en el producto anual Quesnay incluye también elementos que no le corresponden, pero acierta en lo principal, gracias a los límites de su horizonte, en el que la agricultura es la única esfera de inversión del trabajo humano que produce plusvalía, y por tanto, conforme al punto de vista capitalista, la única realmente productiva. El proceso económico de reproducción, sea cual sea su carácter social específico, se entrelaza siempre en este terreno (la agricultura) con un proceso natural de reproducción. Las condiciones tangibles de este último aclaran las del primero y mantienen alejadas las confusiones de ideas que solo provoca el espejismo de la circulación.

La etiqueta de un sistema se distingue de la de otros artículos, entre otras cosas, en que no solo engaña al comprador, sino a menudo también al vendedor. El propio Quesnay y sus discípulos más inmediatos creían en su rótulo feudal. Y así hasta hoy nuestros eruditos de escuela. Pero en realidad el sistema fisiocrático es la primera concepción sistemática de la producción capitalista. El representante del capital industrial —la clase de los arrendatarios— dirige todo el movimiento económico. La agricultura se practica de manera capitalista, es decir, como empresa del arrendatario capitalista en gran escala; el cultivador inmediato del suelo es un obrero asalariado. La producción no solo genera los artículos de uso, sino también su valor; pero su motivo impulsor es la obtención de plusvalía, cuyo lugar de nacimiento es la esfera de la producción, no la de la circulación. Entre las tres clases que figuran como portadoras del proceso social de reproducción mediado por la circulación, el explotador inmediato del trabajo «productivo», el productor de la plusvalía, el arrendatario capitalista, se distingue de los que meramente se la apropian.

El carácter capitalista del sistema fisiocrático provocó ya durante su período de esplendor la oposición, por un lado, de Linguet y Mably,[^k12-t5] y por otro, de los defensores de la pequeña propiedad libre de la tierra.

* * *

El retroceso[^k12-36] de A. Smith en el análisis del proceso de reproducción es tanto más llamativo cuanto que, en otros aspectos, no solo sigue elaborando análisis acertados de Quesnay —por ejemplo, generaliza sus avances primitives y avances annuelles[^k12-t6] en capital «fijo» y «circulante»[^k12-37]—, sino que en algunos pasajes recae de lleno en errores fisiocráticos. Para demostrar, por ejemplo, que el arrendatario produce un valor mayor que cualquier otra clase de capitalista, dice:

> «Ningún capital igual pone en movimiento una cantidad mayor de trabajo productivo que el del arrendatario. No solo sus criados de labranza, sino también su ganado de labor son trabajadores productivos». {¡Agradable cumplido para los criados de labranza!} «En la agricultura también la naturaleza *trabaja* junto a los hombres; y aunque *su trabajo no cuesta ningún desembolso*, su producto tiene, no obstante, su *valor*, *lo mismo que el de los trabajadores más costosos.* Las operaciones más importantes de la agricultura parecen dirigidas no tanto a aumentar la fecundidad de la naturaleza —aunque también lo hacen— como a orientarla hacia la producción de las plantas más útiles para el hombre. Un campo cubierto de espinos y zarzas produce con bastante frecuencia una cantidad de vegetación tan grande como la viña o el trigal mejor cultivados. La plantación y el cultivo sirven a menudo más para regular que para avivar la fecundidad activa de la naturaleza; y después de que aquellos han agotado todo su trabajo, a esta le queda siempre una gran parte de la obra por hacer. Los trabajadores y el ganado de labor (!) empleados en la agricultura no solo producen, pues, como los trabajadores de las manufacturas, la reproducción de un valor igual a su propio consumo o al capital que los emplea, junto con la ganancia del capitalista, sino la de un valor mucho mayor. Además del capital del arrendatario y de toda su ganancia, producen también regularmente la reproducción de la renta del propietario de la tierra. La renta puede considerarse como el producto de las fuerzas naturales cuyo uso presta el propietario de la tierra al arrendatario. Es mayor o menor según el grado de intensidad que se supone a estas fuerzas, en otras palabras, según la fecundidad natural, o producida artificialmente, que se supone al suelo. Es la obra de la naturaleza que queda tras deducir o reponer todo lo que puede considerarse obra del hombre. Rara vez es menos de una cuarta parte, y a menudo más de una tercera parte del producto global. Ninguna cantidad igual de trabajo productivo empleada en la manufactura puede producir nunca una reproducción tan grande. En la manufactura la naturaleza no hace nada, el hombre lo hace todo; y la reproducción tiene que ser siempre proporcional a la fuerza de los agentes que la llevan a cabo. Por eso el capital invertido en la agricultura no solo pone en movimiento una cantidad mayor de trabajo productivo que cualquier capital de igual magnitud empleado en la manufactura, sino que, en proporción a la cantidad de trabajo productivo que emplea, añade también al producto anual del suelo y del trabajo de un país, a la riqueza y al ingreso reales de sus habitantes, un valor mucho mayor que aquel». (Libro II, cap. 5, pp. 242, 243.)

A. Smith dice en el libro II, cap. 1:

> «Todo el valor de la simiente es igualmente, en sentido propio, un capital fijo».

Aquí, pues, capital = valor de capital; existe en forma «fija».

> «Aunque la simiente va y viene entre el suelo y el granero, nunca cambia de propietario y, por tanto, no circula realmente. El arrendatario no obtiene su ganancia de su venta, sino de su multiplicación». (P. 186.)

La estrechez de miras consiste aquí en que Smith no ve, como ya había visto Quesnay, la reaparición del valor del capital constante en forma renovada, y por tanto un momento importante del proceso de reproducción, sino solo una ilustración más, y encima falsa, de su distinción entre capital circulante y capital fijo. En la traducción smithiana de avances primitives y avances annuelles por fixed capital y circulating capital, el progreso consiste en la palabra «capital», cuyo concepto se generaliza con independencia de la atención particular de los fisiócratas a la esfera de aplicación «agrícola»; el retroceso consiste en que «fijo» y «circulante» se conciben y se mantienen como las diferencias decisivas.

### II. Adam Smith

#### 1. Puntos de vista generales de Smith

A. Smith dice en el libro I, cap. 6, p. 42:

> «En toda sociedad el precio de toda mercancía se resuelve en último término en una u otra de estas tres partes» (salario, ganancia, renta del suelo) «o en las tres; y en toda sociedad adelantada entran las tres, en mayor o menor medida, como componentes en el precio de la inmensa mayoría de las mercancías»[^k12-38]; o, como dice más adelante, en la p. 43: «El salario, la ganancia y la renta del suelo son las *tres fuentes originarias* de todo ingreso, así como de *todo valor de cambio*».

Más adelante examinaremos con más detalle esta doctrina de A. Smith sobre los «componentes del precio de las mercancías», o mejor dicho, «de todo valor de cambio». Y prosigue:

> «Puesto que esto vale con respecto a cada mercancía particular tomada por separado, tiene que valer también para todas las mercancías en su conjunto, tal como constituyen *todo el producto anual* del suelo y del trabajo de cada país. El *precio total o valor de cambio* de este producto anual tiene que *resolverse* en las mismas tres partes y *distribuirse* entre los distintos habitantes del país, ya como *salario* de su trabajo, ya como *ganancia* de su capital, ya como *renta* de su propiedad territorial». (Libro II, cap. 2, p. 190.)

Después de haber resuelto así A. Smith tanto el precio de todas las mercancías tomadas por separado como «el precio total o valor de cambio... del producto anual del suelo y del trabajo de cada país» en tres fuentes de réditos[^k12-t7] para el obrero asalariado, el capitalista y el propietario de la tierra, en salario, ganancia y renta del suelo, tiene sin embargo que introducir de contrabando, dando un rodeo, un cuarto elemento, a saber, el elemento del capital. Esto ocurre mediante la distinción entre ingreso bruto e ingreso neto:

> «El ingreso bruto de todos los habitantes de un gran país comprende *todo el producto anual* de su suelo y de su trabajo; el ingreso neto, la *parte* que les queda a su disposición *tras deducir los gastos de conservación*, primero, de su capital fijo y, segundo, de su *capital circulante*; o la parte que, sin tocar su capital, pueden destinar a su fondo de consumo o gastar en su sustento, comodidad y placer. Su riqueza real guarda igualmente proporción, no con su ingreso bruto, sino con su ingreso neto». (Ibíd., p. 190.)

Observamos a este respecto:

1) A. Smith trata aquí expresamente solo de la reproducción simple, no de la reproducción en escala ampliada o de la acumulación; habla solo de los gastos para la conservación (maintaining) del capital en funciones. El rédito «neto» es igual a la parte del producto anual, sea de la sociedad, sea del capitalista individual, que puede entrar en el «fondo de consumo», pero el volumen de este fondo no debe menoscabar el capital en funciones (encroach upon capital). Una parte de valor del producto individual, lo mismo que del social, no se resuelve, pues, ni en salario ni en ganancia o renta del suelo, sino en capital.

2) A. Smith huye de su propia teoría mediante un juego de palabras, la distinción entre gross y net revenue, ingreso bruto e ingreso neto. El capitalista individual, lo mismo que toda la clase capitalista, o la llamada nación, recibe, en lugar del capital consumido en la producción, un producto-mercancía cuyo valor —representable en partes proporcionales de ese mismo producto— por una parte repone el valor de capital empleado, y constituye por tanto un ingreso y, más literalmente aún, un rédito (revenu, participio de revenir, volver), pero, notabene, un rédito del capital o un ingreso del capital; por otra parte, componentes de valor que «se distribuyen entre los distintos habitantes del país, ya como salario de su trabajo, ya como ganancia de su capital, ya como renta de su propiedad territorial», lo que en la vida corriente se entiende por ingreso. El valor del producto entero, sea para el capitalista individual, sea para todo el país, constituye según eso un ingreso para alguien; pero, por una parte, ingreso del capital y, por otra, un «rédito» distinto de este. Lo que se elimina, pues, al analizar el valor de la mercancía en sus componentes vuelve a introducirse por una puerta trasera: la ambigüedad de la palabra «rédito». Pero solo pueden «ingresarse» aquellos componentes de valor del producto que ya existen en él. Si el *capital* ha de ingresar como rédito, el capital tiene que haberse gastado antes.

A. Smith dice además:

> «La tasa de ganancia ordinaria más baja tiene que ser siempre algo superior a lo que basta para compensar las pérdidas ocasionales a que está expuesta toda inversión de capital. Es solo este excedente el que representa la ganancia pura o neta».

{¿Qué capitalista entiende por ganancia desembolsos necesarios de capital?}

> «Lo que se llama ganancia bruta comprende con frecuencia no solo este excedente, sino también la parte retenida para tales pérdidas extraordinarias». (Libro I, cap. 9, p. 72.)

Pero esto no significa otra cosa sino que una parte de la plusvalía, considerada como parte de la ganancia bruta, tiene que constituir un fondo de seguro para la producción. Este fondo de seguro lo crea una parte del plustrabajo, que en esa medida produce directamente capital, es decir, el fondo destinado a la reproducción. En cuanto al desembolso para la «conservación» del capital fijo, etc. (véanse los pasajes citados más arriba), la reposición del capital fijo consumido por otro nuevo no constituye una nueva inversión de capital, sino que es solo la renovación del antiguo valor de capital en forma nueva. Y en cuanto a la reparación del capital fijo, que A. Smith cuenta también entre los gastos de conservación, su coste forma parte del precio del capital adelantado. Que el capitalista, en lugar de tener que invertirlo de una vez, lo invierta solo poco a poco y según las necesidades durante el funcionamiento del capital, y pueda invertirlo a partir de la ganancia ya embolsada, no cambia nada en la fuente de esta ganancia. El componente de valor del que surge prueba solamente que el obrero suministra plustrabajo tanto para el fondo de seguro como para el fondo de reparación.

A. Smith nos cuenta ahora que del rédito neto, es decir, del rédito en sentido específico, hay que excluir todo el capital fijo, pero también toda la parte del capital circulante que exigen la conservación y la reparación del capital fijo, así como su renovación; en realidad, todo el capital que no se encuentra en una forma natural destinada al fondo de consumo.

> «Todo el desembolso para la conservación del capital fijo tiene que excluirse evidentemente del rédito neto de la sociedad. Ni las materias primas con que hay que mantener en buen estado las máquinas útiles y las herramientas de la industria, ni el producto del trabajo necesario para transformar estas materias primas en la forma requerida, pueden constituir nunca una parte de este rédito. El *precio* de este trabajo puede, desde luego, constituir una parte de ese rédito, puesto que los trabajadores así empleados pueden invertir todo el valor de su salario en su fondo de consumo inmediato. Pero en otras clases de trabajo, tanto el *precio*» {es decir, el salario pagado por este trabajo} «como el *producto*» {en que se materializa este trabajo} «entran en este fondo de consumo; el precio, en el de los trabajadores; el producto, en el de otras personas cuyo sustento, comodidad y placer aumentan gracias al trabajo de estos trabajadores». (Libro II, cap. 2, pp. 190, 191.)

A. Smith tropieza aquí con una distinción muy importante entre los obreros que trabajan en la producción de *medios de producción* y los que trabajan en la producción inmediata de *medios de consumo*. El valor del producto-mercancía de los primeros contiene un componente igual a la suma de los salarios, es decir, al valor de la parte del capital invertida en la compra de fuerza de trabajo; esta parte del valor existe corporalmente como una determinada cuota de los medios de producción producidos por estos obreros. El dinero recibido como salario constituye para ellos un rédito, pero su trabajo no ha creado productos consumibles ni para ellos mismos ni para otros. Estos productos no constituyen, pues, por sí mismos ningún elemento de la parte del producto anual destinada a suministrar el fondo social de consumo, que es el único en que puede realizarse el «rédito neto». A. Smith olvida añadir aquí que lo que vale para los salarios vale igualmente para el componente de valor de los medios de producción que, como plusvalía, bajo las categorías de ganancia y renta, constituye el rédito (en primera mano) del capitalista industrial. También estos componentes de valor existen en medios de producción, en cosas no consumibles; solo después de convertidos en dinero pueden retirar una cantidad, correspondiente a su precio, de los medios de consumo producidos por la segunda clase de obreros y transferirla al fondo de consumo individual de sus poseedores. Pero tanto más habría debido ver A. Smith que la parte de valor de los medios de producción generados anualmente que es igual al valor de los medios de producción que funcionan dentro de esta esfera de producción —de los medios de producción con los que se hacen medios de producción—, es decir, una parte de valor igual al valor del capital constante aquí empleado, está absolutamente excluida de todo componente de valor que constituya rédito, no solo por la forma natural en que existe, sino por su función de capital.

Con respecto a la segunda clase de obreros —los que producen directamente medios de consumo—, las determinaciones de A. Smith no son del todo exactas. Dice, en efecto, que en estas clases de trabajo ambos, el precio del trabajo y el producto, entran en (go to) el fondo de consumo inmediato:

> «el *precio*» (es decir, el dinero recibido como salario) «en el fondo de consumo de los *trabajadores*, y el *producto* en el *de otras personas* (that of other people), cuyo sustento, comodidad y placer aumentan gracias al trabajo de estos trabajadores».

Pero el obrero no puede vivir del *«precio»* de su trabajo, del dinero en que se le paga su salario; realiza este dinero comprando con él medios de consumo; estos pueden consistir en parte en clases de mercancías que él mismo ha producido. Por otra parte, su propio producto puede ser de tal índole que solo entre en el consumo de los explotadores del trabajo.

Después de haber excluido así A. Smith por completo el capital fijo del «rédito neto» de un país, prosigue:

> «Pero aunque todo el desembolso para la conservación del capital fijo queda así necesariamente excluido del rédito neto de la sociedad, no ocurre lo mismo con el desembolso para la conservación del capital circulante. De las cuatro partes de que consta este último capital: dinero, medios de subsistencia, materias primas y productos terminados, las tres últimas, como ya se ha dicho, se retiran regularmente de él y se transfieren o bien al capital fijo de la sociedad, o bien al fondo destinado al consumo inmediato. La parte de los artículos consumibles que no se emplea en la conservación del primero» {del capital fijo} «va toda ella al segundo» {al fondo destinado al consumo inmediato} «y constituye una parte del ingreso neto de la sociedad. La conservación de estas tres partes del capital circulante no disminuye, por tanto, el rédito neto de la sociedad en ninguna otra parte del producto anual que la necesaria para la conservación del capital fijo». (Libro II, cap. 2, pp. 191, 192.)

Esto no es más que la tautología de que la parte del capital circulante que no sirve para la producción de medios de producción entra en la de medios de consumo, es decir, en la parte del producto anual destinada a constituir el fondo de consumo de la sociedad. Pero lo importante es lo que sigue inmediatamente:

> «El capital circulante de una sociedad es en este respecto distinto del de un individuo. El de un individuo está totalmente excluido de su rédito neto y no puede constituir nunca una parte de él: este solo puede consistir exclusivamente en su ganancia. Pero aunque el capital circulante de cada individuo forma una parte del capital circulante de la sociedad a la que pertenece, no por ello está en modo alguno incondicionalmente excluido del rédito neto de la sociedad, y puede constituir una parte de él. Aunque todas las mercancías de la tienda de un minorista no pueden en modo alguno destinarse al fondo reservado para su propio consumo inmediato, pueden sin embargo pertenecer al fondo de consumo de otras personas que, mediante un rédito obtenido de otros fondos, le reponen regularmente su valor junto con su ganancia, sin que de ello resulte una disminución ni de su capital ni del de ellas». (Ibídem.)

Aquí oímos, pues:

1) Como el capital fijo y el capital circulante necesario para su reproducción (olvida la función) y conservación, también el capital circulante activo en la producción de medios de consumo de cada capitalista individual está totalmente excluido de *su* rédito neto, que solo puede consistir en sus ganancias. Por tanto, la parte de su producto-mercancía que repone su capital no puede resolverse en componentes de valor que constituyan rédito para él.

2) El capital circulante de cada capitalista individual forma una parte del capital circulante de la sociedad, exactamente igual que cada capital fijo individual.

3) El capital circulante de la sociedad, aunque no es más que la suma de los capitales circulantes individuales, posee un carácter distinto del capital circulante de cada capitalista individual. Este último no puede constituir nunca una parte de *su rédito*; un trozo del primero (a saber, el que consiste en medios de consumo) puede, en cambio, constituir al mismo tiempo una parte del *rédito de la sociedad* o, como decía antes, no tiene por qué disminuir necesariamente el rédito neto de la sociedad en una parte del producto anual. En realidad, lo que A. Smith llama aquí capital circulante consiste en el capital mercantil producido anualmente que los capitalistas que producen medios de consumo lanzan cada año a la circulación. Todo este producto-mercancía anual suyo consiste en artículos consumibles y constituye, por tanto, el fondo en que se realizan o se gastan los réditos netos (incluidos los salarios) de la sociedad. En lugar de elegir como ejemplo las mercancías de la tienda del minorista, A. Smith habría debido elegir las masas de bienes almacenadas en los depósitos de los capitalistas industriales.

Si A. Smith hubiera reunido los fragmentos de pensamiento que se le habían impuesto, primero al considerar la reproducción de lo que llama capital fijo y ahora al considerar la de lo que llama capital circulante, habría llegado al siguiente resultado:

I. El producto anual de la sociedad consta de dos secciones: la primera comprende los medios de producción; la segunda, los medios de consumo; ambas tienen que tratarse por separado.

II. El valor total de la parte del producto anual que consiste en *medios de producción* se distribuye del siguiente modo: una parte de valor es solo el valor de los medios de producción consumidos en la fabricación de estos medios de producción, es decir, solo valor de capital que reaparece en forma renovada; una segunda parte es igual al valor del capital desembolsado en fuerza de trabajo, o igual a la suma de los salarios pagados por los capitalistas de esta esfera de producción. Una tercera parte de valor, por último, constituye la fuente de las ganancias, incluidas las rentas del suelo, de los capitalistas industriales de esta categoría.

El primer componente, según A. Smith la parte fija reproducida de todos los capitales individuales empleados en esta primera sección, está «evidentemente excluido y no puede constituir nunca una parte del rédito neto», ya sea del capitalista individual, ya de la sociedad. Funciona siempre como capital, nunca como rédito. En esa medida, el «capital fijo» de cada capitalista individual no se distingue en nada del capital fijo de la sociedad. Pero las otras partes de valor del producto anual de la sociedad que consiste en medios de producción —partes de valor que, por tanto, existen también en partes alícuotas de esta masa total de medios de producción— constituyen, ciertamente, al mismo tiempo *réditos para todos los agentes que participan en esta producción*: salarios para los obreros, ganancias y rentas para los capitalistas. Pero no constituyen rédito, sino *capital* para *la sociedad*, aunque el producto anual de la sociedad no consista más que en la suma de los productos de los capitalistas individuales que forman parte de ella. Por su propia naturaleza, la mayoría de ellas solo pueden funcionar como medios de producción, e incluso las que en caso necesario podrían funcionar como medios de consumo están destinadas a servir de materia prima o auxiliar de una nueva producción. Funcionan como tales —es decir, como capital—, pero no en manos de quienes las producen, sino en las de quienes las emplean, a saber:

III. de los capitalistas de la segunda sección, de los productores inmediatos de *medios de consumo*. A estos les reponen el capital consumido en la producción de los medios de consumo (en la medida en que este último no se haya convertido en fuerza de trabajo, es decir, no consista en la suma de los salarios de los obreros de esta segunda sección), mientras que este capital consumido, que ahora se encuentra en forma de medios de consumo en manos de los capitalistas que los producen, *constituye* a su vez —es decir, desde el punto de vista social— *el fondo de consumo en que los capitalistas y los obreros de la primera sección realizan su rédito*.

Si A. Smith hubiera llevado el análisis hasta aquí, poco le habría faltado para la solución de todo el problema. Estaba a punto de dar con la cosa, puesto que ya había observado que determinadas partes de valor de *una* clase (medios de producción) de los capitales mercantiles que componen el producto global anual de la sociedad constituyen, ciertamente, rédito para los obreros y capitalistas individuales ocupados en su producción, pero no un componente del rédito de la sociedad; mientras que una parte de valor de la *otra* clase (medios de consumo) constituye, ciertamente, valor de capital para sus propietarios individuales, los capitalistas ocupados en esta esfera de inversión, pero, sin embargo, solo una parte del rédito social.

Pero de lo dicho hasta aquí se desprende ya lo siguiente:

*Primero*: aunque el capital social no sea más que la suma de los capitales individuales, y por tanto también el producto-mercancía anual (o capital mercantil) de la sociedad sea igual a la suma de los productos-mercancía de estos capitales individuales; aunque, por tanto, el análisis del valor de la mercancía en sus componentes, que vale para cada capital mercantil individual, tenga que valer también para el de toda la sociedad, y en el resultado final valga realmente, la forma de manifestación en que estos componentes se presentan en el proceso global de reproducción social es *distinta*.

*Segundo*: incluso sobre el terreno de la reproducción simple no solo tiene lugar la producción de salario (capital variable) y de plusvalía, sino la producción directa de nuevo valor de capital constante, aunque la jornada laboral conste solo de dos partes: una en la que el obrero repone el capital variable, produciendo en realidad un equivalente por la compra de su fuerza de trabajo, y otra en la que produce plusvalía (ganancia, renta, etc.). En efecto, el trabajo diario que se gasta en la reproducción de los medios de producción —y cuyo valor se descompone en salario y plusvalía— se realiza en nuevos medios de producción que reponen la parte constante del capital gastada en la producción de los medios de consumo.

Las dificultades principales, de las que la mayor parte ya está resuelta en lo que antecede, se presentan al considerar no la acumulación, sino la reproducción simple. Por eso, tanto en A. Smith (libro II) como antes en Quesnay (*Tableau économique*), se parte de la reproducción simple en cuanto se trata del movimiento del producto anual de la sociedad y de su reproducción mediada por la circulación.

#### 2. La resolución smithiana del valor de cambio en v + p[^k12-t8]

El dogma de A. Smith de que el precio o valor de cambio (exchangeable value) de cada mercancía individual —y por tanto también de todas las mercancías juntas que componen el producto anual de la sociedad (él presupone siempre, con razón, la producción capitalista)— se compone de los tres componentes (component parts) o se resuelve en (resolves itself into) salario, ganancia y renta puede reducirse a que el valor de la mercancía es = v + p, es decir, igual al valor del capital variable adelantado más la plusvalía. Y podemos llevar a cabo esta reducción de la ganancia y la renta a una unidad común, que llamamos p, con permiso expreso de A. Smith, como muestran las citas siguientes, en las que dejamos de lado por de pronto todos los puntos accesorios, es decir, sobre todo toda desviación, aparente o real, del dogma de que el valor de la mercancía consiste exclusivamente en los elementos que designamos como v + p.

En la manufactura:

> «El valor que los trabajadores añaden a los materiales se resuelve... en dos partes, de las cuales una paga su salario y la otra la ganancia de su patrono sobre todo el capital adelantado por él en material y salario». (Libro I, cap. 6, pp. 40, 41.) «Aunque el manufacturero» {el obrero de la manufactura} «recibe su salario adelantado por su maestro, en realidad no le cuesta nada a este, ya que por regla general el valor de este salario, junto con una ganancia, queda retenido (reserved) en el valor aumentado del objeto en que se ha empleado su trabajo». (Libro II, cap. 3, p. 221.)

La parte del capital (stock) que se desembolsa

> «en el sustento de trabajo productivo..., después de haberle servido» {al patrono} «en la función de un capital..., constituye un rédito para ellos» {los obreros}. (Libro II, cap. 3, p. 223.)

A. Smith dice expresamente en el capítulo que acabamos de citar:

> «Todo el producto anual del suelo y del trabajo de cada país... se divide por sí mismo (naturally) en dos partes. Una de ellas, y a menudo la mayor, está destinada en primer lugar a reponer un capital y a renovar los medios de subsistencia, las materias primas y los productos terminados que se han sacado de un capital; la otra está destinada a constituir un rédito, ya sea para el propietario de ese capital, como su *ganancia del capital*, ya sea para algún otro, como renta de su *propiedad territorial*». (P. 222.)

Solo una parte del capital, como acabamos de oír a A. Smith, constituye al mismo tiempo un rédito para alguien, a saber, la invertida en la compra de trabajo productivo. Esta —el capital variable— desempeña primero, en manos del patrono y para él, «la función de un capital», y a continuación «constituye un rédito» para el propio obrero productivo. El capitalista transforma una parte de su valor de capital en fuerza de trabajo y, precisamente por ello, en capital variable; solo mediante esta transformación funciona no solo esta parte del capital, sino todo su capital, como capital industrial. El obrero —el vendedor de la fuerza de trabajo— recibe en forma de salario el valor de esta. En sus manos, la fuerza de trabajo no es más que una mercancía vendible, una mercancía de cuya venta vive y que constituye, por tanto, la única fuente de su rédito; como capital variable, la fuerza de trabajo solo funciona en manos de su comprador, el capitalista, y el propio precio de compra el capitalista solo lo adelanta en apariencia, puesto que su valor ya se lo ha suministrado antes el obrero.

Después de habernos mostrado así A. Smith que el valor del producto en la manufactura es = v + p (donde p = ganancia del capitalista), nos dice que en la agricultura los obreros, además de

> «la reproducción de un valor igual a su propio consumo o al capital» {variable} «que los emplea, junto con la ganancia del capitalista», además, «por encima del capital del arrendatario y de toda su *ganancia*, producen también regularmente la reproducción de la *renta* del propietario de la tierra». (Libro II, cap. 5, p. 243.)

Que la renta vaya a parar a manos del propietario de la tierra es completamente indiferente para la cuestión que estamos considerando. Antes de ir a parar a sus manos, tiene que encontrarse en manos del arrendatario, es decir, en las del capitalista industrial. Tiene que constituir un componente de valor del producto antes de convertirse en rédito para nadie. Tanto la renta como la ganancia no son, pues, en el propio A. Smith, más que componentes de la plusvalía que el obrero productivo reproduce constantemente junto con su propio salario, es decir, con el valor del capital variable. La renta y la ganancia son, pues, partes de la plusvalía p, y así, en A. Smith, el precio de todas las mercancías se resuelve en v + p.

El dogma de que el precio de todas las mercancías (y por tanto también del producto-mercancía anual) se resuelve en salario más ganancia más renta de la tierra adopta, en la parte esotérica que recorre intercalada la obra de Smith, la forma de que el valor de toda mercancía, y por tanto también del producto-mercancía anual de la sociedad, es = v + p, = al valor de capital desembolsado en fuerza de trabajo y reproducido constantemente por el obrero, más la plusvalía añadida por los obreros con su trabajo.

Este resultado final de A. Smith nos revela al mismo tiempo —véase más adelante— la fuente de su análisis unilateral de los componentes en que puede descomponerse el valor de la mercancía. Pero con la determinación de la magnitud de cada uno de estos componentes y con el límite de su suma de valor no tiene nada que ver la circunstancia de que constituyan al mismo tiempo distintas fuentes de rédito para distintas clases que funcionan en la producción.

Cuando A. Smith dice:

> «El salario, la ganancia y la renta del suelo son las tres fuentes originarias de todo ingreso, así como de todo valor de cambio. Cualquier otro rédito se deriva en última instancia de una de ellas» (libro I, cap. 6, p. 43),

se amontonan aquí toda clase de quid pro quo.

1) Todos los miembros de la sociedad que no figuran directamente en la reproducción, con trabajo o sin él, solo pueden obtener en primera mano su parte del producto-mercancía anual —es decir, sus medios de consumo— de manos de las clases a las que el producto corresponde en primera mano: obreros productivos, capitalistas industriales y propietarios de la tierra. En este sentido, sus réditos se derivan materialiter[^k12-t9] del salario (de los obreros productivos), de la ganancia y de la renta del suelo, y aparecen por tanto como derivados frente a esos réditos originarios. Pero, por otra parte, los perceptores de estos réditos, derivados en este sentido, los obtienen en virtud de su función social de rey, cura, profesor, prostituta, soldado, etc., y pueden, por tanto, considerar estas funciones suyas como las fuentes originarias de su rédito.

2) Y aquí culmina el necio desatino de A. Smith: después de haber comenzado por determinar correctamente los componentes de valor de la mercancía y la suma del producto de valor que se materializa en ellos, y por demostrar luego cómo estos componentes constituyen otras tantas fuentes distintas de rédito;[^k12-39] después de haber derivado así los réditos del valor, procede luego a la inversa —y esta sigue siendo para él la idea predominante— y hace que los réditos, de «componentes» (component parts), se conviertan en «*fuentes originarias* de todo valor de cambio», con lo que se abrían de par en par las puertas a la economía vulgar. (Véase nuestro Roscher.)[^k12-t10]

#### 3. La parte constante del capital

Veamos ahora cómo intenta A. Smith hacer desaparecer por arte de magia del valor de la mercancía la parte constante del valor del capital.

> «En el precio del trigo, por ejemplo, una parte paga la renta del propietario de la tierra».

El origen de este componente de valor tiene tan poco que ver con la circunstancia de que se le pague al propietario de la tierra y constituya para él un rédito bajo la forma de renta como el origen de los demás componentes de valor tiene que ver con el hecho de que, como ganancia y salario, constituyan fuentes de rédito.

> «Otra parte paga el salario y el sustento de los trabajadores» {¡y del ganado de labor!, añade} «que estuvieron empleados en su producción, y la tercera parte paga la ganancia del arrendatario. Estas tres partes parecen» {seem: en efecto, *parecen*} «constituir, inmediatamente o en última instancia, todo el precio del trigo».[^k12-40]

Este precio total, es decir, la determinación de su magnitud, es absolutamente independiente de su distribución entre tres clases de personas.

> «Puede parecer necesaria una cuarta parte para reponer el capital del arrendatario o para reponer el desgaste de su ganado de labor y de sus demás aperos de labranza. Pero hay que tener en cuenta que el precio de cualquier apero de labranza, por ejemplo, de un caballo de tiro, se compone a su vez de las tres partes anteriores: la renta del suelo en que se ha criado, el trabajo de la cría y la ganancia del arrendatario, que adelanta ambas cosas, la renta de este suelo y el salario de este trabajo. Por eso, aunque el precio del trigo reponga tanto el precio como los costes de mantenimiento del caballo, todo el precio se sigue resolviendo, inmediatamente o en última instancia, en las mismas tres partes: renta del suelo, trabajo» {quiere decir salario} «y ganancia». (Libro I, cap. 6, p. 42.)

Esto es literalmente todo lo que A. Smith aduce para fundamentar su asombrosa doctrina. Su prueba consiste sencillamente en la repetición de la misma afirmación. Admite, por ejemplo, que el precio del trigo no consiste solo en v + p, sino igualmente en el precio de los medios de producción consumidos en la producción de trigo, es decir, en un valor de capital que el arrendatario no ha invertido en fuerza de trabajo. Pero, dice, los precios de todos estos medios de producción se descomponen a su vez, como el precio del trigo, en v + p; solo que A. Smith olvida añadir: y además en el precio de los medios de producción consumidos en su propia fabricación. Remite de una rama de la producción a otra, y de la otra de nuevo a una tercera. Que el precio total de las mercancías se resuelva «inmediatamente» o «en última instancia» (ultimately) en v + p solo dejaría de ser un subterfugio vacío si se demostrara que los productos-mercancía cuyo precio se resuelve inmediatamente en c (precio de los medios de producción consumidos) + v + p quedan compensados finalmente por productos-mercancía que reponen en todo su volumen esos «medios de producción consumidos» y que, por su parte, se producen mediante el mero desembolso de capital variable, es decir, de capital desembolsado en fuerza de trabajo. El precio de estos últimos sería entonces directamente = v + p. Por tanto, también el precio de los primeros, c + v + p, donde c figura como parte constante del capital, podría resolverse finalmente en v + p. El propio A. Smith no creía haber suministrado semejante prueba con su ejemplo de los recolectores de Scotch pebbles, quienes, sin embargo, según él, 1) no suministran plusvalía de ninguna clase, sino que solo producen su propio salario; *2)* no emplean medios de producción (aunque sí, sin duda, en forma de cestos, sacos y otros recipientes para llevarse las piedrecitas).

Ya hemos visto antes que el propio A. Smith echa por tierra más tarde su propia teoría, sin tomar conciencia, no obstante, de sus contradicciones. Pero su fuente hay que buscarla precisamente en sus puntos de partida científicos. El capital convertido en trabajo produce un valor mayor que el suyo propio. ¿Cómo? Porque, dice A. Smith, los obreros, durante el proceso de producción, imprimen a las cosas que elaboran un valor que, además del equivalente de su propio precio de compra, constituye una plusvalía (ganancia y renta) que no corresponde a ellos, sino a quienes los emplean. Pero esto es también todo lo que hacen y pueden hacer. Lo que vale para el trabajo industrial de un día vale para el trabajo puesto en movimiento por toda la clase capitalista durante un año. La masa total del producto de valor social anual solo puede descomponerse, por tanto, en v + p, en un equivalente con el que los obreros reponen el valor de capital gastado en su propio precio de compra y en el valor adicional que tienen que suministrar además a quien los emplea. Pero estos dos elementos de valor de las mercancías constituyen al mismo tiempo fuentes de rédito para las distintas clases que participan en la reproducción: el primero, el salario, el rédito de los obreros; el segundo, la plusvalía, de la que el capitalista industrial retiene para sí una parte en forma de ganancia y cede otra como renta, el rédito del propietario de la tierra. ¿De dónde habría de venir, pues, otro componente de valor, si el producto de valor anual no contiene otros elementos que v + p? Estamos aquí sobre el terreno de la reproducción simple. Puesto que toda la suma anual de trabajo se resuelve en el trabajo necesario para la reproducción del valor de capital desembolsado en fuerza de trabajo y en el trabajo necesario para la creación de una plusvalía, ¿de dónde habría de venir el trabajo para la producción de un valor de capital no desembolsado en fuerza de trabajo?

La cosa es como sigue:

1) A. Smith determina el valor de una mercancía por la masa de trabajo que el obrero asalariado añade (adds) al objeto de trabajo. Dice literalmente: «a los materiales», puesto que trata de la manufactura, que elabora ella misma productos del trabajo; pero esto no cambia nada en la cuestión. El valor que el obrero añade a una cosa (y este adds es la expresión de Adam) es totalmente independiente de que este objeto, al que se añade valor, tenga ya o no valor propio *antes* de esta adición. El obrero crea, pues, en forma de mercancía un producto de valor; este es, según A. Smith, por una parte, el equivalente de su salario, y esta parte está, por tanto, determinada por la magnitud de valor de su salario; según que este sea mayor o menor, tiene que añadir más o menos trabajo para producir o reproducir un valor igual al de su salario. Pero, por otra parte, el obrero añade, más allá del límite así trazado, un trabajo adicional que constituye plusvalía para el capitalista que lo emplea. Que esta plusvalía quede íntegramente en manos del capitalista o que este tenga que cederla en parte a terceras personas no cambia absolutamente nada ni en la determinación cualitativa (que sea en general plusvalía) ni en la cuantitativa (de magnitud) de la plusvalía añadida por el obrero asalariado. Es valor como cualquier otra parte de valor del producto, pero se distingue en que el obrero no ha recibido ni recibe después ningún equivalente por ella, sino que este valor es apropiado por el capitalista sin equivalente. El valor total de la mercancía está determinado por la cantidad de trabajo que el obrero ha gastado en su producción; una parte de este valor total está determinada por el hecho de ser igual al valor del salario, es decir, su equivalente. La segunda parte, la plusvalía, está, por tanto, necesariamente determinada también, a saber, es igual al valor total del producto menos la parte de valor de este que es equivalente del salario; es decir, igual al excedente del producto de valor creado en la fabricación de la mercancía sobre la parte de valor contenida en él que es igual al equivalente de su salario.

2) Lo que vale para la mercancía producida en una empresa industrial individual por cada obrero individual vale para el producto anual de todas las ramas de negocio juntas. Lo que vale para el trabajo diario de un obrero productivo individual vale para el trabajo anual puesto en acción por toda la clase obrera productiva. Esta «fija» (expresión de Smith) en el producto anual un valor total, determinado por la cantidad del trabajo anual gastado, y este valor total se descompone en una parte, determinada por el trozo del trabajo anual en que la clase obrera crea un equivalente de su salario anual, en realidad este mismo salario, y en otra parte, determinada por el trabajo anual adicional en que el obrero crea una plusvalía para la clase capitalista. El producto de valor anual contenido en el producto anual consta, pues, solo de dos elementos: el equivalente del salario anual recibido por la clase obrera y la plusvalía suministrada anualmente a la clase capitalista. Pero el salario anual constituye el rédito de la clase obrera, y la suma anual de la plusvalía el rédito de la clase capitalista; ambos representan, pues (y este punto de vista es correcto en la exposición de la reproducción simple), las participaciones relativas en el fondo de consumo anual y se realizan en él. Y así no queda sitio en ninguna parte para el valor de capital constante, para la reproducción del capital que funciona en forma de medios de producción. Ahora bien, que todas las partes del valor de la mercancía que funcionan como rédito coinciden con el producto anual del trabajo destinado al fondo de consumo social lo dice A. Smith expresamente en la introducción de su obra:

> «En qué ha consistido el rédito del pueblo en general, o cuál ha sido la naturaleza del fondo que... ha suministrado (supplied) su consumo anual, explicarlo es el objeto de estos cuatro primeros libros». (P. 12.)

Y en la primera frase misma de la introducción se dice:

> «El trabajo anual de toda nación es el fondo que originariamente la provee de todos los medios de subsistencia que consume en el curso del año y que consisten siempre o en el producto inmediato de este trabajo, o en los objetos comprados con este producto a otras naciones». (P. 11.)

Pues bien, el primer error de A. Smith consiste en que identifica el *valor del producto* anual con el *producto de valor* anual. Este último es *solo* producto del trabajo del año transcurrido; el primero incluye además todos los elementos de valor consumidos para fabricar el producto anual, pero *producidos en el año anterior y en parte en años transcurridos aún antes*: medios de producción cuyo valor solo *reaparece*, que, en lo que respecta a su valor, no han sido producidos ni reproducidos por el trabajo gastado durante el último año. Mediante esta confusión, A. Smith escamotea la parte constante del valor del producto anual. La propia confusión se basa en otro error de su concepción fundamental: no distingue el carácter doble del trabajo mismo: del trabajo en cuanto crea valor como gasto de fuerza de trabajo y en cuanto crea objetos de uso (valor de uso) como trabajo concreto, útil. La suma total de las mercancías fabricadas anualmente, es decir, *todo el producto anual*, es producto del trabajo *útil* que actuó durante el último año; solo porque el trabajo empleado socialmente se gastó en un sistema muy ramificado de clases de trabajo útil existen todas estas mercancías; solo por ello se ha conservado en su valor total el valor de los medios de producción consumidos en su producción, que reaparece en una nueva forma natural. Todo el *producto anual* es, pues, resultado del trabajo *útil* gastado durante el año; pero del *valor del producto* anual solo una parte se ha creado durante el año; esta parte es el *producto de valor* anual, en el que se representa la suma del trabajo puesto en acción durante el propio año.

Así pues, cuando A. Smith dice en el pasaje que acabamos de citar:

> «El trabajo anual de toda nación es el fondo que originariamente la provee de todos los medios de subsistencia que consume en el curso del año, etc.»,

se sitúa unilateralmente en el punto de vista del trabajo meramente útil, que, desde luego, ha dado a todos estos medios de subsistencia su forma consumible. Pero olvida con ello que esto era imposible sin la ayuda de los medios de trabajo y los objetos de trabajo legados por años anteriores, y que, por tanto, el «trabajo anual», en la medida en que formaba valor, no ha creado en modo alguno todo el valor del producto acabado por él; que el producto de valor es menor que el valor del producto.

Si no se le puede reprochar a A. Smith haber llegado en este análisis solo tan lejos como todos sus sucesores (aunque entre los fisiócratas se encontraba ya un esbozo de lo correcto), en cambio se extravía luego en un caos, y ello principalmente porque su concepción «esotérica» del valor de la mercancía en general se ve continuamente atravesada por concepciones exotéricas que en él predominan en extensión, mientras que su instinto científico hace reaparecer de vez en cuando el punto de vista esotérico.

#### 4. Capital y rédito en A. Smith

La parte de valor de cada mercancía (y por tanto también del producto anual) que constituye solo un equivalente del salario es igual al capital adelantado por el capitalista en salario, es decir, igual al componente variable de su capital total adelantado. Este componente del valor de capital adelantado lo recupera el capitalista mediante un componente de valor recién producido de la mercancía suministrada por los obreros asalariados. Ya se adelante el capital variable en el sentido de que el capitalista paga en dinero la parte que corresponde al obrero de un producto que todavía no está listo para la venta, o que está terminado pero el capitalista aún no lo ha vendido; ya le pague con dinero que ha recibido ya por la venta de la mercancía suministrada por el obrero; ya haya anticipado este dinero mediante el crédito, en todos estos casos el capitalista gasta capital variable, que afluye a los obreros como dinero, y posee, por otra parte, el equivalente de este valor de capital en la parte de valor de sus mercancías mediante la cual el obrero produce de nuevo la parte que le corresponde del valor total de estas, mediante la cual, en otras palabras, ha producido el valor de su propio salario. En lugar de darle esta parte de valor en la forma natural de su propio producto, el capitalista se la paga en dinero. Para el capitalista, pues, el componente variable de su valor de capital adelantado existe ahora en forma de mercancía, mientras que el obrero ha recibido en forma de dinero el equivalente de su fuerza de trabajo vendida.

Así pues, mientras que la parte del capital adelantado por el capitalista que se ha convertido en capital variable mediante la compra de la fuerza de trabajo funciona dentro del propio proceso de producción como fuerza de trabajo en actividad y, mediante el gasto de esta fuerza, se produce de nuevo como valor nuevo en forma de mercancía, es decir, se reproduce —¡es decir, reproducción, o sea, nueva producción de valor de capital adelantado!—, el obrero gasta el valor, o mejor dicho, el precio de su fuerza de trabajo vendida en medios de subsistencia, en medios para la reproducción de su fuerza de trabajo. Una suma de dinero igual al capital variable constituye su ingreso, y por tanto su rédito, que solo dura mientras pueda vender su fuerza de trabajo al capitalista.

La mercancía del obrero asalariado —su propia fuerza de trabajo— solo funciona como mercancía en la medida en que se incorpora al capital del capitalista, en que funciona como capital; por otra parte, el capital del capitalista gastado como capital dinerario en la compra de fuerza de trabajo funciona como rédito en manos del vendedor de la fuerza de trabajo, del obrero asalariado.

Se entrelazan aquí distintos procesos de circulación y de producción que A. Smith no mantiene separados.

Primero. Actos pertenecientes al *proceso de circulación*: el obrero vende su mercancía —la fuerza de trabajo— al capitalista; el dinero con que el capitalista la compra es para él dinero invertido con vistas a la valorización, es decir, capital dinerario; no se gasta, sino que se adelanta. (Este es el sentido real del «adelanto» —el avance de los fisiócratas—, con total independencia de dónde saque el capitalista el propio dinero. Adelantado es para el capitalista todo valor que paga con vistas al proceso de producción, ya ocurra esto antes o post festum;[^k12-t11] se le adelanta al propio proceso de producción.) Aquí ocurre solo lo que en toda venta de mercancías: el vendedor entrega un valor de uso (aquí la fuerza de trabajo) y recibe su valor (realiza su precio) en dinero; el comprador entrega su dinero y recibe a cambio la mercancía misma, aquí la fuerza de trabajo.

Segundo: en el *proceso de producción*, la fuerza de trabajo comprada constituye ahora una parte del capital en funciones, y el propio obrero funciona aquí solo como una forma natural particular de este capital, distinta de los elementos de este que consisten en la forma natural de medios de producción. Durante el proceso, el obrero añade a los medios de producción que él transforma en producto, mediante el gasto de su fuerza de trabajo, un valor igual al valor de su fuerza de trabajo (prescindiendo de la plusvalía); reproduce, pues, para el capitalista en forma de mercancía la parte de su capital que este le ha adelantado o le ha de adelantar como salario; le produce un equivalente de esta; produce, pues, para el capitalista el capital que este puede «adelantar» de nuevo en la compra de fuerza de trabajo.

Tercero: al venderse la mercancía, una parte de su precio de venta repone, pues, al capitalista el capital variable que adelantó, y le capacita por tanto a él para comprar de nuevo fuerza de trabajo y al obrero para venderla de nuevo.

En todas las compras y ventas de mercancías —en la medida en que solo se consideran estas transacciones mismas— es completamente indiferente qué se haga, en manos del vendedor, del dinero obtenido por su mercancía y, en manos del comprador, del artículo de uso comprado por él. Por tanto, en lo que atañe al mero proceso de circulación, es también del todo indiferente que la fuerza de trabajo comprada por el capitalista le reproduzca valor de capital y que, por otra parte, el dinero obtenido como precio de compra de la fuerza de trabajo constituya rédito para el obrero. La magnitud de valor del artículo de comercio del obrero, de su fuerza de trabajo, no se ve afectada ni por el hecho de que constituya «rédito» para él ni por el de que el uso de su artículo de comercio por el comprador le reproduzca a este comprador valor de capital.

Como el valor de la fuerza de trabajo —es decir, el precio de venta adecuado de esta mercancía— está determinado por la cantidad de trabajo necesaria para su reproducción, y esta cantidad de trabajo está determinada a su vez aquí por la cantidad de trabajo que exige la producción de los medios de subsistencia necesarios del obrero, es decir, la conservación de su vida, el salario se convierte en el rédito del que el obrero tiene que vivir.

Es totalmente falso lo que dice A. Smith (p. 223):

> «*La parte* del *capital* que se invierte en el sustento de trabajo productivo..., después de haberle» {al capitalista} «servido en la función de un capital, constituye un rédito para ellos» {los obreros}.

El *dinero* con que el capitalista paga la fuerza de trabajo comprada por él «le sirve en la función de un capital» en la medida en que con él incorpora la fuerza de trabajo a los componentes materiales de su capital y, con ello, pone por primera vez a su capital en condiciones de funcionar como capital productivo. Distingamos: la fuerza de trabajo es *mercancía*, no capital, en manos del obrero, y constituye para él un rédito en la medida en que puede repetir constantemente su venta; funciona como capital *después* de la venta, en manos del capitalista, durante el propio proceso de producción. Lo que aquí sirve dos veces es la fuerza de trabajo: como mercancía que se vende por su valor, en manos del obrero; como fuerza productora de valor y de valor de uso, en manos del capitalista que la ha comprado. Pero el dinero que el obrero recibe del capitalista solo lo recibe después de haberle dado el uso de su fuerza de trabajo, después de que esta se ha realizado ya en el valor del producto del trabajo. El capitalista tiene este valor en su mano antes de pagarlo. No es, pues, el dinero lo que funciona dos veces: primero como forma dineraria del capital variable y luego como salario. Es la fuerza de trabajo la que ha funcionado dos veces: primero como *mercancía* en la venta de la fuerza de trabajo (el dinero actúa, al estipular el salario que hay que pagar, como mera medida ideal del valor, sin que tenga siquiera que estar todavía en manos del capitalista); segundo, en el proceso de producción, donde funciona como *capital*, es decir, como elemento creador de valor de uso y de valor en manos del capitalista. Ya ha suministrado en forma de mercancía el equivalente que hay que pagar al obrero antes de que el capitalista se lo pague al obrero en forma de dinero. El propio obrero crea, pues, el fondo de pago del que el capitalista le paga. Pero esto no es todo.

El dinero que recibe el obrero lo gasta él para conservar su fuerza de trabajo, es decir —considerando en su totalidad la clase capitalista y la clase obrera—, para conservarle al capitalista el instrumento gracias al cual únicamente puede seguir siendo capitalista.

La compra y venta constante de la fuerza de trabajo perpetúa así, por una parte, la fuerza de trabajo como elemento del capital, gracias al cual este aparece como creador de mercancías, de artículos de uso que tienen un valor, gracias al cual, además, la parte del capital que compra la fuerza de trabajo es producida constantemente por el propio producto de esta, de modo que el propio obrero crea constantemente el fondo de capital del que se le paga. Por otra parte, la venta constante de la fuerza de trabajo se convierte en la fuente, siempre renovada, de la conservación de la vida del obrero, y su fuerza de trabajo aparece así como el patrimonio gracias al cual obtiene el rédito del que vive. Rédito no significa aquí otra cosa que la apropiación de valores efectuada mediante la venta constantemente repetida de una mercancía (la fuerza de trabajo), valores que a su vez solo sirven para la reproducción constante de la mercancía que hay que vender. Y en esa medida A. Smith tiene razón al decir que la parte de valor del producto creado por el propio obrero por la que el capitalista le paga un equivalente en forma de salario se convierte en fuente de rédito para el obrero. Pero esto cambia tan poco la naturaleza o la magnitud de esta parte de valor de la mercancía como cambia el valor de los medios de producción el hecho de que funcionen como valores de capital, o la naturaleza y la magnitud de una línea recta el hecho de que funcione como base de un triángulo o como diámetro de una elipse. El valor de la fuerza de trabajo sigue estando determinado de modo tan independiente como el de esos medios de producción. Ni esta parte de valor de la mercancía *consiste* en rédito como un factor autónomo que la constituya, ni esta parte de valor *se resuelve* en rédito. Porque este valor nuevo constantemente reproducido por el obrero constituye para él una fuente de rédito, no por ello constituye a la inversa su rédito un componente del valor nuevo producido por él. La magnitud de la parte que se le paga del valor nuevo creado por él determina la magnitud de valor de su rédito, y no a la inversa. Que esta parte del valor nuevo constituya rédito para él muestra solamente qué se hace de ella, el carácter de su empleo, y tiene tan poco que ver con su formación como con cualquier otra formación de valor. Si cada semana ingreso diez táleros, la circunstancia de este ingreso semanal no cambia nada ni la *naturaleza de valor* de los diez táleros ni su magnitud de valor. Como en cualquier otra mercancía, en la fuerza de trabajo su valor está determinado por la cantidad de trabajo necesaria para su reproducción; que esta cantidad de trabajo esté determinada por el valor de los medios de subsistencia necesarios del obrero, es decir, que sea igual al trabajo necesario para la reproducción de sus propias condiciones de vida, es peculiar de esta mercancía (la fuerza de trabajo), pero no más peculiar que el hecho de que el valor de las bestias de carga esté determinado por el valor de los medios de subsistencia necesarios para su conservación, es decir, por la masa de trabajo humano necesaria para producirlos.

Pero es la categoría «rédito» la que causa aquí todo el estropicio en A. Smith. Las distintas clases de réditos constituyen en él los component parts, los componentes del valor de las mercancías producido anualmente, de nueva fabricación, mientras que, a la inversa, las dos partes en que este valor de las mercancías se descompone *para el capitalista* —el equivalente de su capital variable adelantado en forma de dinero al comprar el trabajo y la otra parte de valor, que también le pertenece pero no le ha costado nada, la plusvalía— constituyen fuentes de rédito. El equivalente del capital variable se adelanta de nuevo en fuerza de trabajo y constituye en esa medida un rédito para el obrero en forma de su salario; la otra parte —la plusvalía—, puesto que no tiene que reponerle al capitalista ningún adelanto de capital, puede gastarla este en medios de consumo (necesarios y de lujo), consumirla como rédito, en lugar de formar valor de capital de ninguna clase. El presupuesto de este rédito es el propio valor de la mercancía, y sus componentes solo se distinguen para el capitalista en la medida en que constituyen o un equivalente *por* el valor de capital variable adelantado por él o un excedente *sobre* él. Ambos no consisten en otra cosa que en fuerza de trabajo gastada durante la producción de mercancías, puesta en acción como trabajo. Consisten en gasto, no en ingreso o rédito: en gasto de trabajo.

Tras este quid pro quo, en el que el rédito se convierte en la fuente del valor de las mercancías en lugar de ser el valor de las mercancías la fuente del rédito, el valor de las mercancías aparece ahora como «compuesto» de las distintas clases de réditos; estos se determinan independientemente unos de otros, y mediante la suma de la magnitud de valor de estos réditos se determina el valor total de la mercancía. Pero ahora se plantea la pregunta: ¿cómo se determina el valor de cada uno de estos réditos de los que ha de surgir el valor de la mercancía? En el caso del salario, esto es posible, pues el salario es el valor de su mercancía, la fuerza de trabajo, y este puede determinarse (como el de cualquier otra mercancía) por el trabajo necesario para la reproducción de esta mercancía. Pero la plusvalía, o mejor dicho, en A. Smith, sus dos formas, la ganancia y la renta de la tierra, ¿cómo pueden determinarse? Aquí todo se queda en palabrería vacía. Unas veces A. Smith presenta el salario y la plusvalía (o, mejor dicho, el salario y la ganancia) como componentes de los que se compone el valor, o mejor dicho el precio, de la mercancía; otras, y a menudo casi de un tirón, como partes en que el precio de la mercancía «se resuelve» (resolves itself); lo cual significa, a la inversa, que el valor de la mercancía es lo primero dado y que distintas partes de este valor dado corresponden, en forma de distintos réditos, a distintas personas que participan en el proceso de producción. Esto no es en modo alguno idéntico a la composición del valor a partir de esos tres «componentes». Si determino independientemente la magnitud de tres líneas rectas distintas y luego, con estas tres líneas como «componentes», formo una cuarta línea recta igual a la magnitud de su suma, no es en modo alguno el mismo procedimiento que si, por el contrario, tengo ante mí una línea recta dada y, con cualquier fin, la divido en tres partes distintas, la «resuelvo», por así decir. La magnitud de la línea en el primer caso varía en todo momento con la magnitud de las tres líneas cuya suma constituye; la magnitud de las tres partes de la línea en el segundo caso está limitada de antemano por el hecho de que constituyen partes de una línea de magnitud dada.

Pero, en realidad, si nos atenemos a lo que hay de correcto en la exposición de A. Smith, a saber, que el *valor creado de nuevo por el trabajo anual* contenido en el producto-mercancía anual de la sociedad (como en cada mercancía individual, o como en el producto diario, semanal, etc.) es igual al valor del capital variable adelantado (es decir, a la parte de valor destinada de nuevo a la compra de fuerza de trabajo) más la plusvalía que el capitalista puede realizar —en la reproducción simple y permaneciendo iguales las demás circunstancias— en medios para su consumo individual; si, además, tenemos presente que A. Smith confunde el trabajo en cuanto crea valor, en cuanto es gasto de fuerza de trabajo, y el trabajo en cuanto crea valor de uso, es decir, en cuanto se gasta en una forma útil, adecuada a un fin, toda la concepción se reduce a esto: el valor de toda mercancía es el producto del trabajo; por tanto, también el valor del producto del trabajo anual o el valor del producto-mercancía social anual. Pero, como todo trabajo se resuelve en 1) tiempo de trabajo necesario, en el que el obrero reproduce simplemente un equivalente del capital adelantado en la compra de su fuerza de trabajo, y 2) plustrabajo, mediante el cual suministra al capitalista un valor por el que este no paga ningún equivalente, es decir, plusvalía, todo valor de las mercancías solo puede resolverse en estos dos componentes distintos y, por tanto, constituye finalmente, como salario, el rédito de la clase obrera y, como plusvalía, el de la clase capitalista. En cuanto al valor de capital constante, es decir, el valor de los medios de producción consumidos en la producción del producto anual, no puede decirse, ciertamente (salvo la frase de que el capitalista se lo carga al comprador al vender su mercancía), cómo entra este valor en el valor del nuevo producto; pero en último término —ultimately—, puesto que los medios de producción son ellos mismos producto del trabajo, esta parte de valor solo puede consistir a su vez en el equivalente del capital variable y en plusvalía; en producto de trabajo necesario y de plustrabajo. Que los valores de estos medios de producción funcionen en manos de quienes los emplean como valores de capital no impide que «originariamente», y si se va al fondo de la cosa, en otras manos —aunque anteriormente— pudieran descomponerse en las mismas dos partes de valor, es decir, en dos fuentes distintas de rédito.

Un punto correcto en todo esto es que en el movimiento del capital social —es decir, de la totalidad de los capitales individuales— la cosa se presenta de otro modo que para cada capital individual considerado por separado, es decir, desde el punto de vista de cada capitalista individual. Para este último, el valor de la mercancía se resuelve 1) en un elemento constante (un cuarto elemento, como dice Smith) y 2) en la suma de salario y plusvalía, o mejor dicho, de salario, ganancia y renta de la tierra. Desde el punto de vista social, en cambio, desaparece el cuarto elemento de Smith, el valor de capital constante.

#### 5. Resumen

La insulsa fórmula de que los tres réditos, salario, ganancia y renta, constituyen tres «componentes» del valor de la mercancía surge en A. Smith de la más plausible de que el valor de la mercancía resolves itself, se resuelve, en estos tres componentes. También esto es falso, aun suponiendo que el valor de la mercancía solo pueda dividirse en el equivalente de la fuerza de trabajo consumida y la plusvalía creada por esta. Pero el error descansa aquí, una vez más, sobre una base más profunda y verdadera. La producción capitalista se basa en que el obrero productivo vende su propia fuerza de trabajo, como mercancía suya, al capitalista, en cuyas manos funciona luego simplemente como un elemento de su capital productivo. Esta transacción, perteneciente a la circulación —venta y compra de la fuerza de trabajo—, no solo inicia el proceso de producción, sino que determina implícitamente su carácter específico. La producción de un valor de uso, e incluso la de una mercancía (pues esta puede llevarse a cabo también por obreros productivos independientes), no es aquí más que un medio para la producción de plusvalía absoluta y relativa para el capitalista. Por eso hemos visto, al analizar el proceso de producción, cómo la producción de plusvalía absoluta y relativa determina 1) la duración del proceso de trabajo diario y 2) toda la configuración social y técnica del proceso capitalista de producción. Dentro de este mismo se realiza la distinción entre mera conservación de valor (del valor de capital constante), reproducción real de valor adelantado (equivalente de la fuerza de trabajo) y producción de plusvalía, es decir, de valor por el que el capitalista no ha adelantado antes ningún equivalente ni lo adelanta post festum.

La apropiación de plusvalía —de un valor que excede del equivalente del valor adelantado por el capitalista—, aunque iniciada por la compra y venta de la fuerza de trabajo, es un acto que se consuma dentro del propio proceso de producción y constituye un momento esencial de este.

El acto introductorio, que constituye un acto de circulación —la compra y venta de la fuerza de trabajo—, descansa a su vez en una distribución de los elementos de producción que precede a la distribución de los *productos* sociales y que esta presupone, a saber, en la separación entre la fuerza de trabajo, como mercancía del obrero, y los medios de producción, como propiedad de quienes no trabajan.

Pero al mismo tiempo esta apropiación de plusvalía, o esta separación de la producción de valor en reproducción de valor adelantado y producción de valor nuevo que no repone ningún equivalente (plusvalía), no cambia absolutamente nada en la sustancia del valor mismo ni en la naturaleza de la producción de valor. La sustancia del valor no es ni sigue siendo otra cosa que fuerza de trabajo gastada —trabajo, con independencia del carácter útil particular de este trabajo—, y la producción de valor no es otra cosa que el proceso de este gasto. Así, el siervo gasta fuerza de trabajo durante seis días, trabaja durante seis días, y para el hecho de este gasto como tal no supone ninguna diferencia que, por ejemplo, realice tres de estas jornadas para sí en su propio campo y otras tres para su señor en el campo de este. Su trabajo voluntario para sí y su trabajo forzado para su señor son igualmente trabajo; en la medida en que se considera como trabajo con respecto a los valores, o también a los productos útiles, que crea, no hay ninguna diferencia en su trabajo de seis días. La diferencia se refiere solo a las distintas relaciones que motivan el gasto de su fuerza de trabajo durante las dos mitades del tiempo de trabajo de seis días. Lo mismo ocurre con el trabajo necesario y el plustrabajo del obrero asalariado.

El proceso de producción se extingue en la mercancía. Que en su fabricación se haya gastado fuerza de trabajo aparece ahora como propiedad material de la mercancía: la de poseer valor; la magnitud de este valor se mide por la magnitud del trabajo gastado; el valor de la mercancía no se resuelve en nada más ni consiste en ninguna otra cosa. Si he trazado una línea recta de una magnitud determinada, primero he «producido» una línea recta (aunque solo simbólicamente, cosa que sé de antemano) mediante el tipo de dibujo, que se realiza según ciertas reglas (leyes) independientes de mí. Si divido esta línea en tres segmentos (que pueden corresponder a su vez a un problema determinado), cada uno de estos tres trozos sigue siendo una línea recta, y la línea entera de la que son partes no se resuelve por esta división en algo distinto de la línea recta, por ejemplo, en una curva de cualquier clase. Tampoco puedo dividir la línea de magnitud dada de modo que la suma de estas partes sea mayor que la propia línea sin dividir; la magnitud de la línea sin dividir no está, pues, determinada tampoco por magnitudes de las líneas parciales determinadas a capricho. A la inversa, las magnitudes relativas de estas últimas están limitadas de antemano por los límites de la línea de la que son partes.

La mercancía fabricada por el capitalista no se distingue en esto en nada de la mercancía fabricada por un trabajador independiente, por comunidades de trabajadores o por esclavos. Pero en nuestro caso todo el producto del trabajo, como todo su valor, pertenece al capitalista. Como cualquier otro productor, tiene que transformar primero la mercancía en dinero mediante la venta para poder seguir manipulando con ella; tiene que convertirla en la forma de equivalente general.

Consideremos el producto-mercancía antes de que se transforme en dinero. Pertenece por entero al capitalista. Por otra parte, como producto útil del trabajo —como valor de uso— es por completo el producto del proceso de trabajo transcurrido; no así su valor. Una parte de este valor es solo el valor, que reaparece en forma nueva, de los medios de producción gastados en la producción de la mercancía; este valor no se ha producido durante el proceso de producción de esta mercancía, pues los medios de producción poseían este valor antes del proceso de producción, independientemente de él; entraron en este proceso como portadores de dicho valor; lo que se ha renovado y modificado es solo su forma de manifestación. Esta parte del valor de la mercancía constituye para el capitalista un equivalente de la parte de su valor de capital constante adelantado consumida durante la producción de la mercancía. Existía antes en la forma de medios de producción; existe ahora como componente del valor de la mercancía recién producida. En cuanto esta se ha convertido en dinero, este valor, que ahora existe en dinero, tiene que transformarse de nuevo en medios de producción, en su forma originaria, determinada por el proceso de producción y por su función en él. La función de capital de este valor no cambia nada en el carácter de valor de una mercancía.

Una segunda parte de valor de la mercancía es el valor de la fuerza de trabajo que el obrero asalariado vende al capitalista. Está determinado, como el valor de los medios de producción, independientemente del proceso de producción en el que ha de entrar la fuerza de trabajo, y se fija en un acto de circulación, la compra y venta de la fuerza de trabajo, antes de que esta entre en el proceso de producción. Mediante su función —el gasto de su fuerza de trabajo—, el obrero asalariado produce un valor de mercancía igual al valor que el capitalista tiene que pagarle por el uso de su fuerza de trabajo. Le da al capitalista este valor en mercancía, y este se lo paga en dinero. Que esta parte del valor de la mercancía no sea para el capitalista más que un equivalente de su capital variable, que hay que adelantar en salario, no cambia absolutamente nada en el hecho de que es un valor de mercancía creado de nuevo durante el proceso de producción, que no consiste en ninguna otra cosa que aquello en que consiste la plusvalía, a saber, en gasto pasado de fuerza de trabajo. Tampoco se ve afectado este hecho porque el valor de la fuerza de trabajo pagado por el capitalista al obrero en forma de salario adopte para el obrero la forma de rédito, y porque de este modo no solo se reproduzca continuamente la fuerza de trabajo, sino también la clase de los obreros asalariados como tal, y con ello la base de toda la producción capitalista.

Pero la suma de estas dos partes de valor no constituye todo el valor de la mercancía. Queda un excedente sobre ambas: la plusvalía. Esta es, igual que la parte de valor que repone el capital variable adelantado en salario, un valor creado de nuevo por el obrero durante el proceso de producción: trabajo coagulado. Solo que al propietario de todo el producto, al capitalista, no le cuesta nada. Esta última circunstancia permite de hecho al capitalista consumirla íntegramente como rédito, siempre que no tenga que ceder partes de ella a otros partícipes —como la renta del suelo al propietario de la tierra, en cuyo caso estas partes constituyen entonces los réditos de esas terceras personas—. Esta misma circunstancia fue también el motivo impulsor por el que nuestro capitalista se ocupó en absoluto de la producción de mercancías. Pero ni su bienintencionado propósito originario de pescar plusvalía ni el gasto posterior de esta como rédito por él y por otros afectan a la plusvalía como tal. No cambian nada en el hecho de que sea trabajo no pagado coagulado, ni tampoco en su magnitud, que está determinada por condiciones totalmente distintas.

Pero si A. Smith quería ocuparse ya, como hace, al considerar el valor de la mercancía, del papel que corresponde a distintas partes de este en el proceso global de reproducción, estaba claro que, si determinadas partes funcionan como rédito, otras funcionan con la misma constancia como capital, y por eso, según su lógica, habrían tenido que designarse también como partes constitutivas del valor de la mercancía o partes en que este se resuelve.

A. Smith identifica la producción de mercancías en general con la producción capitalista de mercancías; los medios de producción son de antemano «capital»; el trabajo, de antemano trabajo asalariado, y por eso

> «el número de trabajadores útiles y productivos está en todas partes... en proporción a la magnitud del capital empleado en ocuparlos» (to the quantity of capital stock which is employed in setting them to work, Introducción, p. 12).

En una palabra, los distintos factores del proceso de trabajo —objetivos y personales— aparecen de antemano con las máscaras de carácter del período de la producción capitalista. Por eso, el análisis del valor de la mercancía coincide también inmediatamente con la consideración de hasta qué punto este valor constituye, por una parte, un mero equivalente del capital desembolsado y, por otra, un valor «libre», que no repone ningún valor de capital adelantado, o plusvalía. Los trozos del valor de la mercancía comparados entre sí desde este punto de vista se transforman así subrepticiamente en sus «componentes» autónomos y, finalmente, en «fuentes de todo valor». Una consecuencia ulterior es la composición del valor de la mercancía a partir de réditos de distintas clases, o, alternativamente, su «resolución en» ellos, de modo que no son los réditos los que consisten en valor de la mercancía, sino el valor de la mercancía el que consiste en «réditos». Pero así como no cambia nada en la naturaleza de un valor de mercancía qua valor de mercancía, o del dinero qua dinero, que funcionen como valor de capital, tampoco cambia nada en un valor de mercancía que más tarde funcione como rédito para este o para aquel. La mercancía con que A. Smith tiene que habérselas es de antemano capital mercantil (que, además del valor de capital consumido en la producción de la mercancía, incluye la plusvalía), es decir, la mercancía producida de modo capitalista, el resultado del proceso capitalista de producción. Este habría tenido, pues, que analizarse antes, y con él también el proceso de valorización y de formación de valor que encierra. Como su presupuesto es a su vez la circulación de mercancías, su exposición exige también, por tanto, un análisis de la mercancía independiente de ella y previo. Incluso en la medida en que A. Smith acierta pasajeramente, de modo «esotérico», con lo correcto, solo tiene en cuenta la producción de valor con ocasión del análisis de la mercancía, es decir, del análisis del capital mercantil.

### III. Los posteriores[^k12-41]

Ricardo reproduce casi literalmente la teoría de A. Smith:

> «Hay que estar de acuerdo en que todos los productos de un país se consumen, pero supone la mayor diferencia imaginable que los consuman quienes reproducen otro valor o quienes no lo hacen. Cuando decimos que el rédito se ahorra y se añade al capital, queremos decir con ello que la parte del rédito añadida al capital la consumen obreros productivos en lugar de improductivos». (*Principles*, p. 163.)

En realidad, Ricardo aceptó por completo la teoría de A. Smith sobre la resolución del precio de las mercancías en salario y plusvalía (o capital variable y plusvalía). Aquello en que discrepa de él es: 1) sobre los componentes de la plusvalía: elimina la renta de la tierra como elemento necesario de esta; 2) Ricardo *descompone* el precio de la mercancía en estos componentes. La magnitud de valor es, pues, lo primero (prius). La suma de los componentes se presupone como magnitud dada, y se parte de ella; no se genera post festum la magnitud de valor de la mercancía mediante la adición de los componentes, como hace A. Smith a menudo a la inversa y en contradicción con su propia comprensión más profunda.

Ramsay observa contra Ricardo:

> «Ricardo olvida que el producto entero no solo se distribuye entre salario y ganancia, sino que también se necesita una parte para reponer el capital fijo». (*An Essay on the Distribution of Wealth*, Edimburgo, 1836, p. 174.)

Ramsay entiende por capital fijo lo mismo que yo entiendo por capital constante:

> «El capital fijo existe en una forma en la que contribuye, ciertamente, a la fabricación de la mercancía en elaboración, pero no al sustento de los obreros». (P. 59.)

A. Smith se resistía a la consecuencia necesaria de su resolución del valor de las mercancías, y por tanto también del valor del producto anual de la sociedad, en salario y plusvalía, es decir, en mero rédito: la consecuencia de que entonces podría consumirse todo el producto anual. Nunca son los pensadores originales quienes sacan las consecuencias absurdas. Eso se lo dejan a los Say y los MacCulloch.

Say, en efecto, se pone las cosas bastante fáciles. Lo que para uno es adelanto de capital es para otro rédito y producto neto, o lo fue; la diferencia entre producto bruto y producto neto es puramente subjetiva, y

> «así, el valor total de todos los productos se ha distribuido en la sociedad como rédito». (Say, *Traité d'Écon. Pol.*, 1817, II, p. 64.) «El valor total de cada producto se compone de las ganancias de los propietarios de la tierra, de los capitalistas y de los industriosos» {¡el salario figura aquí como profits des industrieux!} «que han contribuido a su fabricación. Esto hace que el rédito de la sociedad sea igual al *valor bruto producido*, y no, como creía la secta de los economistas» {los fisiócratas}, «solo igual al producto neto del suelo». (P. 63.)

Este descubrimiento de Say se lo apropió, entre otros, también Proudhon.

Storch, que acepta igualmente en principio la doctrina de A. Smith, considera sin embargo que la aplicación práctica de Say no se sostiene.

> «Si se admite que el rédito de una nación es igual a su producto bruto, es decir, que no hay que deducir ningún capital» {quiere decir ningún capital constante}, «hay que admitir también que esta nación puede consumir improductivamente todo el valor de su producto anual sin causar el menor perjuicio a su rédito futuro... Los productos que constituyen el capital» {constante} «de una nación no son consumibles». (Storch, *Considérations sur la nature du revenu national*, París, 1824, pp. 147, 150.)

Pero Storch ha olvidado decir cómo concuerda la existencia de esta parte constante del capital con el análisis smithiano del precio que él ha adoptado, según el cual el valor de la mercancía solo contiene salario y plusvalía, pero ninguna parte constante del capital. Solo gracias a Say ve claro que este análisis del precio conduce a resultados absurdos, y su propia última palabra al respecto dice así:

> «que es imposible resolver el precio necesario en sus elementos más simples». (*Cours d'Écon. Pol.*, Petersburgo, 1815, II, p. 141.)

Sismondi, que se ocupa especialmente de la relación entre capital y rédito y que de hecho hace de la concepción particular de esta relación la differentia specifica[^k12-t12] de sus *Nouveaux Principes*, no ha dicho *ni una* palabra científica, no ha contribuido ni con un átomo al esclarecimiento del problema.

Barton, Ramsay y Cherbuliez hacen intentos de ir más allá de la concepción de Smith. Fracasan porque de entrada plantean el problema unilateralmente, al no deslindar con claridad la diferencia entre valor de capital constante y variable de la diferencia entre capital fijo y circulante.

También John Stuart Mill reproduce, con su habitual fatuidad, la doctrina que A. Smith legó a sus sucesores.

Resultado: la confusión de ideas de Smith sigue existiendo hasta hoy, y su dogma constituye un artículo de fe ortodoxo de la economía política.

## Capítulo vigésimo. La reproducción simple

### I. Planteamiento de la cuestión

Si consideramos[^k13-42] la función anual del capital social —es decir, del capital global, del que los capitales individuales solo forman fracciones cuyo movimiento es tanto su movimiento individual como, al mismo tiempo, eslabón integrante del movimiento del capital global— en su resultado, es decir, si consideramos el producto en mercancías que la sociedad suministra durante el año, tiene que verse cómo transcurre el proceso de reproducción del capital social, qué caracteres distinguen este proceso de reproducción del proceso de reproducción de un capital individual y qué caracteres son comunes a ambos. El producto anual abarca tanto las partes del producto social que reponen capital, la reproducción social, como las partes que corresponden al fondo de consumo, que son consumidas por obreros y capitalistas; abarca, pues, tanto el consumo productivo como el individual. Abarca igualmente la reproducción (es decir, la conservación) de la clase capitalista y de la clase obrera, y por tanto también la reproducción del carácter capitalista del proceso de producción en su conjunto.

Es evidentemente la figura de circulación

```
     ⎧ D – M … P … M'
M' – ⎨
     ⎩ d – m
```

la que tenemos que analizar, y en ella el consumo desempeña necesariamente un papel, pues el punto de partida M' = M + m, el capital mercantil, incluye tanto el valor del capital constante y del variable como la plusvalía. Su movimiento abarca, por tanto, lo mismo el consumo individual que el productivo. En los ciclos D – M … P … M' – D' y P … M' – D' – M … P, el movimiento del *capital* es punto de partida y punto final, lo cual incluye ciertamente también el consumo, ya que la mercancía, el producto, tiene que venderse. Pero, supuesto que esto haya ocurrido, para el movimiento del capital singular es indiferente lo que sea después de esta mercancía. En cambio, en el movimiento de M' … M' las condiciones de la reproducción social se reconocen precisamente por el hecho de que hay que demostrar qué es de cada parte de valor de este producto global M'. El proceso global de reproducción incluye aquí el proceso de consumo mediado por la circulación tanto como el proceso de reproducción del capital mismo.

Para nuestro presente propósito, el proceso de reproducción ha de considerarse desde el punto de vista tanto de la reposición del valor como de la reposición material de cada uno de los componentes de M'. Ya no podemos contentarnos, como en el análisis del valor del producto del capital singular, con el *supuesto* de que el capitalista individual puede convertir primero en dinero los componentes de su capital mediante la venta de su producto en mercancías y reconvertirlos después en capital productivo volviendo a comprar en el mercado de mercancías los elementos de producción. Esos elementos de producción, en la medida en que son de naturaleza material, forman parte del capital social tanto como el producto acabado individual que se intercambia por ellos y es repuesto por ellos. Por otro lado, el movimiento de la parte del producto social en mercancías que consume el obrero al gastar su salario y el capitalista al gastar la plusvalía no solo forma un eslabón integrante del movimiento del producto global, sino que se entrelaza con el movimiento de los capitales individuales, y por eso su curso no puede explicarse dándolo simplemente por supuesto.

La cuestión, tal como se presenta de inmediato, es esta: ¿cómo se repone, en cuanto a su valor, a partir del producto anual el *capital* consumido en la producción, y cómo se entrelaza el movimiento de esta reposición con el consumo de la plusvalía por los capitalistas y del salario por los obreros? Se trata, pues, en primer lugar de la reproducción en escala simple. Se supone además no solo que los productos se intercambian por su valor, sino también que no se produce ninguna revolución del valor en los componentes del capital productivo. Por lo demás, en la medida en que los precios se desvíen de los valores, esta circunstancia no puede ejercer ninguna influencia en el movimiento del capital social. En conjunto se siguen intercambiando las mismas masas de productos, aunque los capitalistas individuales participen en ello en proporciones de valor que ya no serían proporcionales a sus respectivos adelantos ni a las masas de plusvalía producidas por cada uno de ellos por separado. En cuanto a las revoluciones del valor, no alteran en nada las proporciones entre los componentes de valor del producto global anual en la medida en que estén repartidas de manera general y uniforme. En cambio, en la medida en que sean parciales y no estén uniformemente repartidas, constituyen perturbaciones que, *en primer lugar*, solo pueden comprenderse como tales en la medida en que se consideren como *desviaciones* respecto de proporciones de valor que permanecen invariables; pero, *en segundo lugar*, una vez demostrada la ley según la cual una parte de valor del producto anual repone capital constante y otra capital variable, una revolución, ya sea en el valor del capital constante, ya en el del variable, no alteraría en nada esta ley. Solo alteraría la magnitud relativa de las partes de valor que funcionan en una u otra calidad, porque otros valores habrían ocupado el lugar de los valores originarios.

Mientras considerábamos individualmente la producción de valor y el valor del producto del capital, la forma natural del producto en mercancías era completamente indiferente para el análisis, ya consistiera, por ejemplo, en máquinas, en grano o en espejos. Era siempre un ejemplo, y cualquier rama de producción podía servir igualmente de ilustración. Aquello de lo que nos ocupábamos era el proceso inmediato de producción mismo, que en cada punto se presenta como proceso de un capital individual. En lo que atañía a la reproducción del capital, bastaba suponer que, dentro de la esfera de la circulación, la parte del producto en mercancías que representa valor de capital encuentra la ocasión de reconvertirse en sus elementos de producción y, por tanto, en su figura de capital productivo; del mismo modo que bastaba suponer que el obrero y el capitalista encuentran en el mercado las mercancías en que gastan el salario y la plusvalía. Este modo de exposición meramente formal ya no basta cuando se considera el capital social global y el valor de su producto. La reconversión de una parte del valor del producto en capital y la entrada de otra parte en el consumo individual tanto de la clase capitalista como de la clase obrera constituyen un movimiento dentro del propio valor del producto en que ha desembocado el capital global; y este movimiento no es solo reposición de valor, sino reposición material, y por eso está condicionado tanto por la proporción recíproca de los componentes de valor del producto social como por su valor de uso, por su figura material.

La[^k13-43] reproducción simple en una escala que permanece invariable aparece como una abstracción en la medida en que, por un lado, sobre una base capitalista la ausencia de toda acumulación o reproducción en escala ampliada es un supuesto extraño, y, por otro, las condiciones en que se produce no permanecen absolutamente iguales (y esto es lo que se supone) en años distintos. El supuesto es que un capital social de valor dado suministra de nuevo este año, como el año anterior, la misma masa de valores en mercancías y satisface la misma cantidad de necesidades, aunque las formas de las mercancías puedan cambiar en el proceso de reproducción. Sin embargo, en la medida en que tiene lugar acumulación, la reproducción simple constituye siempre una parte de ella, puede, por tanto, considerarse por sí misma y es un factor real de la acumulación. El valor del producto anual puede disminuir aunque la masa de los valores de uso siga siendo la misma; el valor puede seguir siendo el mismo aunque disminuya la masa de los valores de uso; la masa de valor y la masa de los valores de uso reproducidos pueden disminuir a la vez. Todo esto se reduce a que la reproducción tiene lugar en circunstancias más favorables que antes o en circunstancias más difíciles, y estas últimas pueden desembocar en una reproducción imperfecta, deficiente. Todo esto solo puede afectar al aspecto cuantitativo de los diversos elementos de la reproducción, pero no al papel que desempeñan en el proceso global como capital que se reproduce o como rédito reproducido.

### II. Las dos secciones de la producción social[^k13-44]

El producto global de la sociedad, y por tanto también su producción global, se divide en dos grandes secciones:

I. *Medios de producción*, mercancías que poseen una forma en la que tienen que entrar, o al menos pueden entrar, en el consumo productivo.

II. *Medios de consumo*, mercancías que poseen una forma en la que entran en el consumo individual de la clase capitalista y de la clase obrera.

En cada una de estas secciones, todas las diversas ramas de producción que le pertenecen forman una única gran rama de producción: unas, la de los medios de producción; las otras, la de los medios de consumo. El capital global empleado en cada una de las dos ramas de producción forma una gran sección particular del capital social.

En cada sección, el capital se divide en dos componentes:

1. *Capital variable*. Considerado en cuanto a su *valor*, es igual al valor de la fuerza de trabajo social empleada en esta rama de producción, es decir, igual a la suma de los salarios pagados por ella. Considerado en cuanto a su materia, consiste en la propia fuerza de trabajo en acción, es decir, en el trabajo vivo puesto en movimiento por este valor de capital.

2. *Capital constante*, es decir, el valor de todos los medios de producción empleados para la producción en esta rama. Estos se dividen a su vez en capital *fijo* —máquinas, herramientas de trabajo, edificaciones, animales de labor, etc.— y en capital constante *circulante*: materiales de producción, como materias primas y auxiliares, productos semielaborados, etc.

El valor del producto anual global producido en cada una de las dos secciones con ayuda de este capital se divide en una parte de valor que representa el capital constante c consumido en la producción y meramente transferido al producto en cuanto a su valor, y en la parte de valor añadida por el trabajo anual global. Esta última se divide a su vez en la reposición del capital variable adelantado v y en el excedente sobre él, que forma la plusvalía p. Así pues, lo mismo que el valor de cada mercancía singular, también el del producto anual global de cada sección se divide en c + v + p.

La parte de valor c, que representa el capital constante *consumido* en la producción, no coincide con el valor del capital constante *empleado* en la producción. Los materiales de producción se han consumido ciertamente por entero, y su valor se ha transferido, por tanto, por entero al producto. Pero solo una parte del capital *fijo* empleado se ha consumido por entero y su valor ha pasado, por tanto, al producto. Otra parte del capital fijo, máquinas, edificios, etc., sigue existiendo y funcionando como antes, aunque con un valor disminuido por el desgaste anual. Esta parte del capital fijo que sigue funcionando no existe para nosotros cuando consideramos el valor del producto. Forma una parte del valor de capital independiente de este valor en mercancías recién producido, existente junto a él. Esto se mostró ya al considerar el valor del producto de un capital singular (libro I, cap. VI, p. 192[^k13-t3]). Aquí, sin embargo, tenemos que hacer abstracción provisionalmente del modo de consideración allí empleado. Al considerar el valor del producto del capital singular vimos que el valor sustraído al capital fijo por el desgaste se transfiere al producto en mercancías elaborado durante el tiempo de desgaste, tanto si una parte de este capital fijo se repone in natura durante ese tiempo a partir de este valor transferido como si no. En cambio, aquí, al considerar el producto global social y su valor, nos vemos obligados, al menos provisionalmente, a hacer abstracción de la parte de valor transferida al producto anual por el desgaste del capital fijo durante el año, en la medida en que este capital fijo no haya sido también repuesto in natura durante el año. En un apartado posterior de este capítulo examinaremos luego este punto por separado.

* * *

Para nuestra investigación de la reproducción simple vamos a tomar como base el siguiente esquema, en el que c = capital constante, v = capital variable, p = plusvalía, y en el que la relación de valorización p/v se supone del 100 %. Las cifras pueden significar millones de marcos, de francos o de libras esterlinas.

I. Producción de medios de producción:  
Capital 4.000c + 1.000v = 5.000.  
Producto en mercancías 4.000c + 1.000v + 1.000p = 6.000,

existente en medios de producción.

II. Producción de medios de consumo:  
Capital 2.000c + 500v = 2.500.  
Producto en mercancías 2.000c + 500v + 500p = 3.000,

existente en medios de consumo.

Recapitulando, producto global anual en mercancías:

I. 4.000c + 1.000v + 1.000p = 6.000 medios de producción.  
II. 2.000c + 500v + 500p = 3.000 medios de consumo.

Valor global = 9.000, del que, según el supuesto, queda excluido el capital fijo que sigue funcionando en su forma natural.

Si examinamos ahora los intercambios necesarios sobre la base de la reproducción simple, en la que, por tanto, toda la plusvalía se consume improductivamente, y dejamos por de pronto de lado la circulación monetaria que los media, obtenemos de entrada tres grandes puntos de apoyo.

1. Los 500v, salario de los obreros, y los 500p, plusvalía de los capitalistas de la sección II, tienen que gastarse en medios de consumo. Pero su valor existe en los medios de consumo por valor de 1.000 que, en manos de los capitalistas de la sección II, reponen los 500 adelantados y representan los 500p. El salario y la plusvalía de la sección II se intercambian, pues, dentro de la sección II por producto de II. Con ello desaparecen del producto global (500v + 500p) II = 1.000 en medios de consumo.

2. Los 1.000v + 1.000p de la sección I tienen que gastarse igualmente en medios de consumo, es decir, en producto de la sección II. Tienen, pues, que intercambiarse por la parte de capital constante 2.000c que aún queda de este producto y que es igual en cuantía. A cambio, la sección II recibe una cantidad igual de medios de producción, producto de I, en la que está encarnado el valor de los 1.000v + 1.000p de I. Con ello desaparecen de la cuenta 2.000 IIc y (1.000v + 1.000p) I.

3. Quedan todavía 4.000 Ic. Consisten en medios de producción que solo pueden utilizarse en la sección I, sirven para reponer su capital constante consumido y por eso encuentran su liquidación mediante el intercambio recíproco entre los distintos capitalistas de I, del mismo modo que los (500v + 500p) II la encuentran mediante el intercambio entre los obreros y los capitalistas, o bien entre los distintos capitalistas de II.

Esto, por el momento, solo para comprender mejor lo que sigue.

### III. El intercambio entre las dos secciones: I(v + p) por IIc[^k13-45]

Empezamos por el gran intercambio entre ambas clases. (1.000v + 1.000p) I —estos valores, que en manos de sus productores existen en la forma natural de medios de producción— se intercambian por 2.000 IIc, por valores que existen bajo la forma natural de medios de consumo. Con ello, la clase capitalista II ha convertido de nuevo su capital constante = 2.000 de la forma de medios de consumo en la de medios de producción de los medios de consumo, en una forma en la que puede funcionar de nuevo como factor del proceso de trabajo y, para la valorización, como valor de capital constante. Por otro lado, con ello el equivalente de la fuerza de trabajo en I (1.000 Iv) y la plusvalía de los capitalistas I (1.000 Ip) quedan realizados en medios de consumo; ambos han pasado de su forma natural de medios de producción a una forma natural en la que pueden consumirse como rédito.

Pero este intercambio recíproco se lleva a cabo mediante una circulación monetaria que lo media tanto como dificulta su comprensión, pero que tiene una importancia decisiva, porque la parte variable del capital tiene que aparecer siempre de nuevo en forma de dinero, como capital dinerario que se convierte de la forma de dinero en fuerza de trabajo. El capital variable tiene que adelantarse en forma de dinero en todas las ramas de negocio que se explotan simultáneamente, unas junto a otras, en toda la periferia de la sociedad, pertenezcan a la categoría I o a la II. El capitalista compra la fuerza de trabajo antes de que entre en el proceso de producción, pero no la paga hasta los plazos convenidos, cuando ya se ha gastado en la producción de valor de uso. Lo mismo que el resto de la parte de valor del producto, le pertenece también la parte de este que no es más que un equivalente del dinero gastado en el pago de la fuerza de trabajo, la parte de valor del producto que representa el valor del capital variable. En esta misma parte de valor, el obrero ya le ha suministrado el equivalente de su salario. Pero es la reconversión de la mercancía en dinero, su venta, lo que restablece al capitalista su capital variable como capital dinerario que puede adelantar de nuevo en la compra de fuerza de trabajo.

Así pues, en la sección I el capitalista colectivo ha pagado a los obreros 1.000 £ (digo £ solo para indicar que se trata de valor en *forma de dinero*) = 1.000v por la parte de valor del producto I que ya existe como parte v, es decir, de los medios de producción producidos por ellos. Con estas 1.000 £ los obreros compran a los capitalistas II medios de consumo por el mismo valor y convierten así en dinero una mitad del capital constante II; los capitalistas II, por su parte, compran con estas 1.000 £ a los capitalistas I medios de producción por valor de 1.000; con ello, para estos últimos, el valor del capital variable = 1.000v, que existía como parte de su producto en la forma natural de medios de producción, se ha convertido de nuevo en dinero y puede funcionar ahora otra vez, en manos de los capitalistas I, como capital dinerario que se convierte en fuerza de trabajo, es decir, en el elemento más esencial del capital productivo. Por este camino refluye a ellos su capital variable en forma de dinero, a consecuencia de la realización de una parte de su capital mercantil.

Pero en lo que se refiere al dinero necesario para el intercambio de la parte p del capital mercantil I por la segunda mitad de la parte de capital constante II, puede adelantarse de diversas maneras. En la realidad, esta circulación abarca una masa innumerable de compras y ventas singulares de los capitalistas individuales de ambas categorías, pero en la que el dinero tiene que proceder en todo caso de estos capitalistas, puesto que ya hemos dado cuenta de la masa de dinero lanzada a la circulación por los obreros. Tan pronto puede un capitalista de la categoría II comprar medios de producción a capitalistas de la categoría I con el capital dinerario que posee además de su capital productivo, como, a la inversa, un capitalista de la categoría I comprar medios de consumo a capitalistas de la categoría II con un fondo de dinero destinado al gasto personal, no al gasto de capital. Ciertas reservas de dinero —ya sea para adelanto de capital, ya para gasto de rédito— han de suponerse en todo caso existentes en manos del capitalista junto al capital productivo, como ya se mostró más arriba en las secciones primera y segunda. Supongamos —la proporción es aquí completamente indiferente para nuestro propósito— que la mitad del dinero la adelantan los capitalistas II para la reposición de su capital constante en la compra de medios de producción y que la otra mitad la gastan los capitalistas I en consumo; entonces: la sección II adelanta 500 £ y con ellas compra medios de producción a I, con lo que (incluidas las 1.000 £ anteriores procedentes de los obreros I) ha repuesto in natura 3/4 de su capital constante; la sección I compra con las 500 £ así obtenidas medios de consumo a II y con ello ha descrito, para la mitad de la parte de su capital mercantil consistente en p, la circulación m – d – m, ha realizado este producto suyo en fondo de consumo. Mediante este segundo proceso, las 500 £ vuelven a manos de II como capital dinerario que posee además de su capital productivo. Por otro lado, I anticipa, para la mitad de la parte p de su capital mercantil que todavía tiene almacenada como producto —antes de venderla—, un gasto de dinero por importe de 500 £ para la compra de medios de consumo II. Con esas mismas 500 £, II compra medios de producción a I y ha repuesto con ello in natura todo su capital constante (1.000 + 500 + 500 = 2.000), mientras que I ha realizado toda su plusvalía en medios de consumo. En total habría tenido lugar un intercambio de mercancías por importe de 4.000 £ con una circulación monetaria de 2.000 £, una magnitud de esta última que solo resulta porque se presenta todo el producto anual como intercambiado de una vez en unas pocas grandes porciones. Lo importante aquí es solo la circunstancia de que II no solo ha convertido de nuevo en la forma de medios de producción su capital constante reproducido en forma de medios de consumo, sino que además le vuelven las 500 £ que adelantó a la circulación en la compra de medios de producción; y de que igualmente I no solo posee de nuevo en forma de dinero su capital variable, que reproduce en forma de medios de producción, como capital dinerario directamente convertible de nuevo en fuerza de trabajo, sino que además refluyen a él las 500 £ que gastó por anticipado en la compra de medios de consumo antes de vender la parte de plusvalía de su capital. Pero refluyen a él no por el gasto efectuado, sino por la venta subsiguiente de una parte de su producto en mercancías portadora de la mitad de su plusvalía.

En ambos casos no solo se convierte de nuevo el capital constante de II de la forma de producto en la forma natural de medios de producción, la única en que puede funcionar como capital; ni solo se convierte igualmente la parte variable del capital de I en forma de dinero y la parte de plusvalía de los medios de producción I en una forma consumible, susceptible de consumirse como rédito. Sino que, además, refluyen a II las 500 £ de capital dinerario que adelantó en la compra de medios de producción antes de haber vendido la parte de valor correspondiente del capital constante —existente en forma de medios de consumo— que las compensa; y refluyen además a I las 500 £ que gastó anticipando en la compra de medios de consumo. Si a II le refluye el dinero adelantado a cuenta de la parte constante de su producto en mercancías y a I el adelantado a cuenta de una parte de plusvalía de su producto en mercancías, es solo porque una clase de capitalistas, además del capital constante existente en la forma de mercancía II, y la otra, además de la plusvalía existente en la forma de mercancía I, lanzaron a la circulación cada una otras 500 £ en dinero. En definitiva, se han pagado recíprocamente por completo mediante el intercambio de sus respectivos equivalentes en mercancías. El dinero que lanzaron a la circulación por encima del importe del valor de sus mercancías, como medio de este intercambio de mercancías, vuelve de la circulación a cada uno de ellos pro rata de la porción que cada uno de los dos lanzó a la circulación. Con ello no se han hecho ni un ápice más ricos. II poseía un capital constante de 2.000 en forma de medios de consumo + 500 en dinero; ahora posee 2.000 en medios de producción y 500 en dinero, como antes; igualmente, I posee, como antes, una plusvalía de 1.000 (de mercancías, medios de producción, convertida ahora en fondo de consumo) + 500 en dinero, como antes. — Se sigue de manera general: del dinero que los capitalistas industriales lanzan a la circulación para mediar su propia circulación de mercancías, ya sea a cuenta de la parte de valor constante de la mercancía o de la plusvalía existente en las mercancías, en la medida en que se gasta como rédito, vuelve a manos de los respectivos capitalistas tanto como adelantaron para la circulación monetaria.

En lo que se refiere a la reconversión del capital variable de la clase I en forma de dinero, para los capitalistas I, después de haberlo desembolsado en salarios, existe primero en la forma de mercancía en que se lo han suministrado los obreros. Se lo han pagado a estos últimos en forma de dinero como precio de su fuerza de trabajo. En esa medida han pagado el componente de valor de su producto en mercancías que es igual a este capital variable desembolsado en dinero. A cambio son también propietarios de esta parte del producto en mercancías. Pero la parte de la clase obrera empleada por ellos no es compradora de los medios de producción que ella misma ha producido; es compradora de los medios de consumo producidos por II. El capital variable adelantado en dinero al pagar la fuerza de trabajo no vuelve, pues, directamente a los capitalistas I. Mediante las compras de los obreros pasa a manos de los productores capitalistas de las mercancías necesarias para el círculo obrero y en general accesibles a él, es decir, a manos de los capitalistas II, y solo cuando estos emplean el dinero en la compra de medios de producción —solo por este rodeo— vuelve a manos de los capitalistas I.

Resulta que, en la reproducción simple, la suma de valor v + p del capital mercantil I (y por tanto también una parte proporcional correspondiente del producto global en mercancías I) tiene que ser igual al capital constante IIc, separado igualmente como parte proporcional del producto global en mercancías de la clase II; o I(v + p) = IIc.

### IV. El intercambio dentro de la sección II. Medios de subsistencia necesarios y artículos de lujo

Del valor del producto en mercancías de la sección II quedan todavía por examinar los componentes v + p. Su consideración nada tiene que ver con la cuestión más importante que aquí nos ocupa, a saber: en qué medida la descomposición del valor de cada producto en mercancías capitalista individual en c + v + p, aunque mediada por formas de manifestación diferentes, vale también para el valor del producto global anual. Esta cuestión se resuelve, por un lado, mediante el intercambio de I(v + p) por IIc y, por otro, mediante el examen, reservado para más adelante, de la reproducción de Ic en el producto anual en mercancías I. Como II(v + p) existe en la forma natural de artículos de consumo, como el capital variable adelantado a los obreros en pago de la fuerza de trabajo tiene que ser gastado por ellos, en términos generales, en medios de consumo, y como la parte de valor p de las mercancías, en el supuesto de la reproducción simple, se gasta de hecho en medios de consumo como rédito, está claro prima facie que los obreros II, con el salario recibido de los capitalistas II, vuelven a comprar una parte de su propio producto, correspondiente al volumen del valor en dinero recibido como salario. Con ello, la clase capitalista II reconvierte en forma de dinero su capital dinerario adelantado en pago de la fuerza de trabajo; es exactamente lo mismo que si hubieran pagado a los obreros con simples bonos de valor. En cuanto los obreros realizaran estos bonos comprando una parte del producto en mercancías producido por ellos y perteneciente a los capitalistas, estos bonos volverían a manos de los capitalistas, solo que aquí el bono no se limita a representar valor, sino que lo posee en su corporeidad de oro o de plata. Este tipo de reflujo del capital variable adelantado en forma de dinero, mediante el proceso en el que la clase obrera aparece como compradora y la clase capitalista como vendedora, lo examinaremos más de cerca más adelante. Pero aquí se trata de otro punto que hay que discutir a propósito de este reflujo del capital variable a su punto de partida.

La categoría II de la producción anual de mercancías se compone de las más variadas ramas de la industria, que, sin embargo —en lo que se refiere a sus productos—, pueden dividirse en dos grandes subsecciones:

a) Medios de consumo que entran en el consumo de la clase obrera y que, en cuanto son medios de subsistencia necesarios, aunque a menudo distintos por su calidad y su valor de los de los obreros, forman también una parte del consumo de la clase capitalista. Para nuestro propósito podemos agrupar toda esta subsección bajo la rúbrica: medios de consumo *necesarios*, siendo completamente indiferente que un producto como, por ejemplo, el tabaco sea o no un medio de consumo necesario desde el punto de vista fisiológico; basta con que lo sea por la costumbre.

b) Medios de consumo *de lujo*, que solo entran en el consumo de la clase capitalista y que, por tanto, solo pueden intercambiarse por plusvalía gastada, que nunca corresponde al obrero. En la primera rúbrica está claro que el capital variable adelantado en la producción de las clases de mercancías que le pertenecen tiene que refluir directamente en forma de dinero a la parte de la clase capitalista II (es decir, a los capitalistas II a) que produce estos medios de subsistencia necesarios. Los venden a sus propios obreros por el importe del capital variable que les han pagado como salario. Este reflujo es *directo* en relación con toda esta subsección a de la clase capitalista II, por numerosas que sean las transacciones entre los capitalistas de las diversas ramas de la industria participantes mediante las cuales este capital variable que refluye se reparte pro rata. Se trata de procesos de circulación cuyos medios de circulación los suministra directamente el dinero gastado por los obreros. Otra cosa ocurre, en cambio, con la subsección II b. Toda la parte del producto de valor de que aquí nos ocupamos, II b(v + p), existe bajo la forma natural de artículos de lujo, es decir, de artículos que la clase obrera no puede comprar, como tampoco puede comprar el valor en mercancías Iv que existe bajo la forma de medios de producción, aunque estos artículos de lujo, como aquellos medios de producción, sean productos de esos mismos obreros. El reflujo mediante el cual el capital variable adelantado en esta subsección vuelve a los productores capitalistas en su forma de dinero no puede, pues, ser directo, sino que tiene que estar mediado, de manera semejante a lo que ocurre en el caso de Iv.

Supongamos, por ejemplo, como más arriba para toda la clase II: v = 500; p = 500; pero que el capital variable y la plusvalía correspondiente a él estén repartidos del modo siguiente:

Subsección a: medios de subsistencia necesarios: v = 400, p = 400; por tanto, una masa de mercancías en medios de consumo necesarios por valor de 400v + 400p = 800, o II a (400v + 400p).

Subsección b: artículos de lujo por valor de 100v + 100p = 200, o II b (100v + 100p).

Los obreros de II b han recibido en dinero, en pago de su fuerza de trabajo, 100, digamos 100 £; con ellas compran a los capitalistas II a medios de consumo por importe de 100. Esta clase de capitalistas compra con ellas 100 de la mercancía II b, con lo que a los capitalistas II b les refluye su capital variable en forma de dinero.

En II a existen ya de nuevo en forma de dinero 400v en manos de los capitalistas mediante el intercambio con sus propios obreros; de la parte de su producto que representa la plusvalía se ha cedido además la cuarta parte a los obreros II b, y a cambio se ha obtenido II b (100v) en mercancías de lujo.

Si suponemos ahora una división proporcional igual del gasto del rédito en medios de subsistencia necesarios y artículos de lujo en los capitalistas II a y II b —suponemos que ambos gastan 3/5 en medios de subsistencia necesarios y 2/5 en artículos de lujo—, los capitalistas de la subclase II a desembolsarán su rédito de plusvalía de 400p en 3/5 en sus propios productos, medios de subsistencia necesarios, es decir, 240, y en 2/5 = 160 en artículos de lujo. Los capitalistas de la subclase II b repartirán del mismo modo su plusvalía = 100p: 3/5 = 60 en medios necesarios y 2/5 = 40 en artículos de lujo; estos últimos, producidos e intercambiados dentro de su propia subclase.

Los 160 de artículos de lujo que recibe (II a)p afluyen a los capitalistas II a del modo siguiente: de los (II a) 400p, como hemos visto, 100 en forma de medios de subsistencia necesarios se intercambiaron por una cuantía igual de (II b)v, que existen en artículos de lujo, y otros 60 en medios de subsistencia necesarios por (II b) 60p en artículos de lujo. La cuenta global queda entonces así:

II a: 400v + 400p; II b: 100v + 100p.

1. 400v (a) se los comen los obreros II a, de cuyo producto (medios de subsistencia necesarios) forman una parte; los obreros los compran a los productores capitalistas de su propia sección. A estos les vuelven así 400 £ en dinero, el valor de capital variable de 400 pagado como salario a esos mismos obreros, con el que pueden comprar de nuevo fuerza de trabajo.

2. Una parte de los 400p (a), igual a los 100v (b), es decir, 1/4 de la plusvalía (a), se realiza en artículos de lujo del modo siguiente: los obreros (b) recibieron de los capitalistas de su sección (b) 100 £ de salario; con ellas compran 1/4 de p (a), es decir, mercancías que consisten en medios de subsistencia necesarios; los capitalistas de a compran con este dinero, por el mismo importe de valor, artículos de lujo = 100v (b), es decir, una mitad de toda la producción de lujo. Con ello vuelve a los capitalistas b su capital variable en forma de dinero, y pueden comenzar de nuevo su reproducción renovando la compra de fuerza de trabajo, puesto que todo el capital constante de la clase II en su conjunto está ya repuesto mediante el intercambio de I(v + p) por IIc. La fuerza de trabajo de los obreros del lujo solo vuelve, pues, a ser vendible porque la parte de su propio producto creada como equivalente de su salario pasa al fondo de consumo de los capitalistas II a y es despilfarrada por ellos. (Lo mismo vale para la venta de la fuerza de trabajo del punto 1, puesto que el IIc por el que se intercambia I(v + p) consiste tanto en artículos de lujo como en medios de subsistencia necesarios, y lo que se renueva mediante I(v + p) constituye tanto los medios de producción de los artículos de lujo como los de los medios de subsistencia necesarios.)

3. Llegamos al intercambio entre a y b en la medida en que es solo intercambio entre los capitalistas de las dos subsecciones. Con lo anterior queda liquidado el capital variable (400v) y una parte de la plusvalía (100p) en a, y el capital variable (100v) en b. Supusimos además, como proporción media del gasto capitalista del rédito en ambas clases, 2/5 para lujo y 3/5 para necesidades vitales. Además de los 100 ya gastados en lujo, a toda la subclase a le corresponden todavía, pues, 60 para lujo, y en la misma proporción, es decir, 40, a b.

(II a)p se reparte, pues, en 240 para medios de subsistencia y 160 para artículos de lujo = 240 + 160 = 400p (II a).

(II b)p se reparte en 60 para medios de subsistencia y 40 para lujo: 60 + 40 = 100p (II b). Los últimos 40 los consume esta clase de su propio producto (2/5 de su plusvalía); los 60 para medios de subsistencia los obtiene intercambiando 60 de su plusproducto por 60p (a).

Para toda la clase capitalista II tenemos, pues (existiendo v + p, en la subsección a, en medios de subsistencia necesarios y, en la b, en artículos de lujo):

II a (400v + 400p) + II b (100v + 100p) = 1.000; realizado por el movimiento del modo siguiente: 500v (a + b) {realizados en 400v (a) y 100p (a)} + 500p (a + b) {realizados en 300p (a) + 100v (b) + 100p (b)} = 1.000.

Para a y b, considerados cada uno por separado, obtenemos la realización:

|  | v | + | p | = |
|---|---|---|---|---|
| a) | (400v a) | + | 240p (a) + 100v (b) + 60p (b) | 800 |
| b) | 100p (a) | + | 60p (a) + 40p (b) | 200 |
|  |  |  |  | 1.000 |

Si mantenemos, para simplificar, la misma proporción entre capital variable y constante (lo cual, dicho sea de paso, no es en absoluto necesario), a 400v (a) le corresponde un capital constante = 1.600 y a 100v (b) un capital constante = 400, y tenemos para II las dos secciones siguientes, a y b:

II a) 1.600c + 400v + 400p = 2.400  
II b) 400c + 100v + 100p = 600

y en conjunto:

2.000c + 500v + 500p = 3.000

En consecuencia, de los 2.000 IIc en medios de consumo, que se intercambian por 2.000 I(v + p), 1.600 se convierten en medios de producción de medios de subsistencia necesarios y 400 en medios de producción de artículos de lujo.

Los 2.000 I(v + p) se dividirían, pues, a su vez en (800v + 800p) I para a = 1.600 medios de producción de medios de subsistencia necesarios y (200v + 200p) I para b = 400 medios de producción para artículos de lujo.

Una parte importante no solo de los medios de trabajo propiamente dichos, sino también de las materias primas y auxiliares, etc., es de la misma clase para ambas secciones. Pero en lo que se refiere a los intercambios de las distintas partes de valor del producto global I(v + p), esta división sería completamente indiferente. Tanto los 800 Iv como los 200 Iv anteriores se realizan porque el salario se gasta en medios de consumo 1.000 IIc, de modo que el capital dinerario adelantado para él se reparte por igual, a su regreso, entre los productores capitalistas I y les repone pro rata en dinero su capital variable adelantado; por otro lado, en lo que se refiere a la realización de los 1.000 Ip, también aquí los capitalistas sacarán por igual (proporcionalmente a la magnitud de su p) de toda la segunda mitad de IIc = 1.000, 600 II a y 400 II b en medios de consumo; así pues, los que reponen el capital constante de II a:  
480 (3/5) de 600c (II a) y 320 (2/5) de 400c (II b) = 800;

los que reponen el capital constante de II b:  
120 (3/5) de 600c (II a) y 80 (2/5) de 400c (II b) = 200.

Suma = 1.000.

Lo que aquí es arbitrario, tanto para I como para II, es la proporción entre el capital variable y el constante, así como la identidad de esta proporción para I y II y para sus subsecciones. En cuanto a esta identidad, se ha supuesto aquí solo para simplificar, y el supuesto de proporciones diferentes no cambiaría absolutamente nada en las condiciones del problema ni en su solución. Pero lo que se obtiene como resultado necesario, en el supuesto de la reproducción simple, es:

1. Que el nuevo producto de valor del trabajo anual creado bajo la forma natural de medios de producción (divisible en v + p) sea igual al valor de capital constante c del valor del producto elaborado por la otra parte del trabajo anual, reproducido en forma de medios de consumo. Si fuera menor que IIc, II no podría reponer por entero su capital constante; si fuera mayor, quedaría un excedente sin utilizar. En ambos casos se violaría el supuesto: reproducción simple.

2. Que, en el producto anual reproducido en forma de medios de consumo, el capital variable v adelantado en forma de dinero solo es realizable por sus perceptores, en la medida en que son obreros del lujo, en la parte de los medios de subsistencia necesarios que encarna prima facie la plusvalía de sus productores capitalistas; que, por tanto, el v desembolsado en la producción de lujo es igual a una parte de p correspondiente a su volumen de valor, producida bajo la forma de medios de subsistencia necesarios, y que, por tanto, tiene que ser menor que todo este p —es decir, (II a)p—, y que solo mediante la realización de aquel v en esta parte de p vuelve a los productores capitalistas de los artículos de lujo su capital variable adelantado en forma de dinero. Es este un fenómeno enteramente análogo a la realización de I(v + p) en IIc, solo que en el segundo caso (II b)v se realiza en una *parte* de (II a)p igual a él en volumen de valor. Estas proporciones siguen siendo cualitativamente determinantes en toda distribución del producto global anual, en la medida en que este entra realmente en el proceso de la reproducción anual mediada por la circulación. I(v + p) solo puede realizarse en IIc, del mismo modo que IIc, en su función de componente del capital productivo, solo es renovable mediante esta realización; igualmente, (II b)v solo es realizable en una parte de (II a)p, y (II b)v solo así es reconvertible en su forma de capital dinerario. Ni que decir tiene que esto solo vale en la medida en que todo ello sea realmente un resultado del propio proceso de reproducción, es decir, en la medida en que, por ejemplo, los capitalistas II b no tomen por otra vía, mediante el crédito, capital dinerario para v. Cuantitativamente, en cambio, los intercambios de las distintas partes del producto anual solo pueden tener lugar tan proporcionalmente como se ha expuesto más arriba en la medida en que la escala y las proporciones de valor de la producción permanezcan estacionarias y en la medida en que estas proporciones estrictas no se vean alteradas por el comercio exterior.

Si ahora, a la manera de A. Smith, se dijera que I(v + p) se resuelve en IIc y IIc se resuelve en I(v + p), o, como él suele decir más a menudo y de manera aún más absurda, que I(v + p) forma componentes del precio (o bien del valor; él dice value in exchange, valor de cambio) de IIc, y que IIc forma todo el componente del valor I(v + p), entonces se podría y se debería decir igualmente que (II b)v se resuelve en (II a)p, o (II a)p en (II b)v, o que (II b)v forma un componente de la plusvalía II a, y vice versa: la plusvalía se resolvería así en salario, o bien en capital variable, y el capital variable formaría un «componente» de la plusvalía. Este absurdo se encuentra, en efecto, en esa medida en A. Smith, ya que para él el salario está determinado por el valor de los medios de subsistencia necesarios, y estos valores de las mercancías, en cambio, a su vez por el valor del salario (capital variable) y de la plusvalía contenidos en ellos. Está tan absorbido por las fracciones en que es divisible sobre una base capitalista el producto de valor de una jornada laboral —a saber, en v + p— que olvida por completo que en el simple intercambio de mercancías es del todo indiferente que los equivalentes existentes en distinta forma natural consistan en trabajo pagado o no pagado, puesto que en ambos casos cuestan la misma cantidad de trabajo para su producción; y que es igualmente indiferente que la mercancía de A sea un medio de producción y la de B un medio de consumo, que después de la venta una mercancía tenga que funcionar como componente de capital y la otra, en cambio, entre en el fondo de consumo y, secundum Adam, se consuma como rédito. El uso que el comprador individual hace de su mercancía no pertenece al intercambio de mercancías, a la esfera de la circulación, y no afecta al valor de la mercancía. Esto no cambia en modo alguno por el hecho de que, al analizar la circulación del producto global social anual, haya que tomar en consideración el destino de uso determinado, el momento del consumo de los distintos componentes de ese producto.

En el intercambio de (II b)v por una parte de igual valor de (II a)p constatado más arriba, y en los intercambios ulteriores entre (II a)p y (II b)p, no se supone en modo alguno que, ya sean los capitalistas individuales de II a y II b, ya sean sus respectivos conjuntos, repartan su plusvalía en la misma proporción entre objetos de consumo necesarios y artículos de lujo. Uno puede gastar más en este consumo, otro más en aquel. Sobre el terreno de la reproducción simple solo se supone que una suma de valor igual a toda la plusvalía se realiza en fondo de consumo. Los límites están, pues, dados. Dentro de cada sección, uno puede hacer más en a y otro más en b; pero esto puede compensarse recíprocamente, de modo que las clases capitalistas a y b, tomadas en conjunto, participen cada una en la misma proporción en ambos. Las proporciones de valor —la participación proporcional en el valor global del producto II de las dos clases de productores a y b—, y por tanto también una determinada proporción cuantitativa entre las ramas de producción que suministran esos productos, están, sin embargo, necesariamente dadas en cada caso concreto; solo la proporción que figura a título de ejemplo es hipotética; si se supone otra, esto no cambia nada en los momentos cualitativos; solo cambiarían las determinaciones cuantitativas. Pero si, por cualesquiera circunstancias, se produce un cambio real en la magnitud proporcional de a y b, también cambiarían en consecuencia las condiciones de la reproducción simple.

* * *

Del hecho de que (II b)v se realice en una parte equivalente de (II a)p se sigue que, en la proporción en que crece la parte de lujo del producto anual, en que, por tanto, una porción creciente de la fuerza de trabajo es absorbida en la producción de lujo, en esa misma proporción la reconversión del capital variable adelantado en (II b)v en capital dinerario que vuelve a funcionar como forma de dinero del capital variable, y con ello la existencia y la reproducción de la parte de la clase obrera ocupada en II b —su abastecimiento de medios de consumo necesarios—, quedan condicionadas por la dilapidación de la clase capitalista, por la conversión de una parte importante de su plusvalía en artículos de lujo.

Toda crisis disminuye momentáneamente el consumo de lujo; frena, retrasa la reconversión del (II b)v en capital dinerario, solo la permite parcialmente y arroja así a la calle a una parte de los obreros del lujo, mientras que, por otro lado, precisamente por ello paraliza también y reduce la venta de los medios de consumo necesarios. Y eso sin hablar de los obreros improductivos despedidos al mismo tiempo, que reciben por sus servicios una parte del gasto de lujo de los capitalistas (estos obreros mismos son, pro tanto, artículos de lujo) y que participan muy considerablemente, en particular, también en el consumo de medios de subsistencia necesarios, etc. Lo contrario ocurre en el período de prosperidad, y sobre todo durante la época de su florecimiento especulativo, cuando ya por otras razones cae el valor relativo del dinero expresado en mercancías (sin que haya por lo demás ninguna revolución real del valor) y, por tanto, sube el precio de las mercancías independientemente de su propio valor. No solo aumenta el consumo de medios de subsistencia necesarios; la clase obrera (en la que ha entrado ahora activamente todo su ejército de reserva) participa también momentáneamente en el consumo de artículos de lujo que de otro modo le son inaccesibles y, además, en el de la clase de artículos de consumo necesarios que, por lo demás, en su mayor parte solo constituyen medios de consumo «necesarios» para la clase capitalista, lo que provoca a su vez una subida de los precios.

Es una pura tautología decir que las crisis provienen de la falta de consumo solvente o de consumidores solventes. El sistema capitalista no conoce otros tipos de consumo que los que pagan, exceptuado el sub forma pauperis[^k13-t4] o el del «ratero». Que las mercancías sean invendibles no significa otra cosa sino que no se han encontrado para ellas compradores solventes, es decir, consumidores (ya se compren las mercancías, en última instancia, con vistas al consumo productivo o al individual). Pero si se quiere dar a esta tautología una apariencia de fundamentación más profunda diciendo que la clase obrera recibe una parte demasiado pequeña de su propio producto y que, por consiguiente, el mal se remediaría en cuanto recibiera una parte mayor de él, en cuanto, en consecuencia, creciera su salario, solo hay que observar que las crisis vienen preparadas cada vez precisamente por un período en el que el salario sube de manera general y la clase obrera recibe realiter una parte mayor de la porción del producto anual destinada al consumo. Ese período —desde el punto de vista de estos caballeros del sano y «simple» (!) sentido común— debería, al contrario, alejar la crisis. Parece, pues, que la producción capitalista implica condiciones independientes de la buena o mala voluntad, que solo permiten esa prosperidad relativa de la clase obrera de manera momentánea, y siempre únicamente como ave de tormenta que anuncia una crisis.[^k13-46][^k13-t7]

Se ha visto antes cómo la relación proporcional entre la producción de medios de consumo necesarios y la producción de lujo condicionaba la división de II(v + p) entre II a y II b, y por tanto también la de IIc entre (II a)c y (II b)c. Afecta, pues, hasta la raíz al carácter y a las proporciones cuantitativas de la producción y es un momento esencialmente determinante de su configuración global.

La reproducción simple está orientada, por su naturaleza, al consumo como fin, aunque la caza de plusvalía aparezca como motivo impulsor de los capitalistas individuales; pero la plusvalía —cualquiera que sea su magnitud proporcional— solo ha de servir aquí, en definitiva, para el consumo individual del capitalista.

En la medida en que la reproducción simple es parte, y la parte más importante, también de toda reproducción anual en escala ampliada, este motivo persiste acompañando al motivo del enriquecimiento como tal y en oposición a él. En la realidad, la cosa aparece más complicada porque partícipes (partners) en el botín —la plusvalía del capitalista— se presentan como consumidores independientes de él.

### V. La mediación de los intercambios por la circulación monetaria

Según lo desarrollado hasta ahora, la circulación entre las distintas clases de productores transcurría con arreglo al esquema siguiente.

1. Entre la clase I y la clase II:

I. 4.000c + 1.000v + 1.000p  
II. ................... 2.000c ......... + 500v + 500p.

Queda, pues, liquidada la circulación de IIc = 2.000, que se ha intercambiado por I (1.000v + 1.000p).

Queda todavía —puesto que por el momento dejamos de lado los 4.000 Ic— la circulación de v + p dentro de la clase II. Ahora bien, II(v + p) se reparte entre las subclases II a y II b del modo siguiente:

2. II. 500v + 500p = a (400v + 400p) + b (100v + 100p).

Los 400v (a) circulan dentro de su propia subclase; los obreros pagados con ellos compran con ese dinero a quienes los emplean, los capitalistas II a, medios de subsistencia necesarios producidos por ellos mismos.

Como los capitalistas de ambas subclases gastan su plusvalía en 3/5 en productos de II a (medios de subsistencia necesarios) y en 2/5 en productos de II b (artículos de lujo), 3/5 de la plusvalía a, es decir, 240, se consumen dentro de la propia subclase II a; e igualmente 2/5 de la plusvalía b (que se produce y existe en artículos de lujo), dentro de la subclase II b.

Quedan, pues, por intercambiar todavía entre II a y II b:

del lado de II a: 160p,  
del lado de II b: 100v + 60p. Estas cantidades se compensan. Los obreros II b, con los 100 recibidos como salario en dinero, compran a II a medios de subsistencia necesarios por importe de 100. Los capitalistas II b compran, por importe de 3/5 de su plusvalía = 60, igualmente sus medios de subsistencia necesarios a II a. Los capitalistas II a obtienen así el dinero necesario para invertir los 2/5 de su plusvalía = 160p, supuestos más arriba, en las mercancías de lujo producidas por II b (100v, que se encuentran almacenados en manos de los capitalistas II b como producto que repone el salario pagado, y 60p). El esquema para ello es, pues:

3. II a (400v) + (240p) + 160p  
b .........................100v + 60p + (40p),

donde las partidas entre paréntesis son las que solo circulan y se consumen dentro de su propia subclase.

El reflujo directo del capital dinerario adelantado como capital variable, que solo tiene lugar para la sección capitalista II a, la que produce medios de subsistencia necesarios, no es más que una manifestación, modificada por condiciones especiales, de la ley general antes mencionada según la cual, con un curso normal de la circulación de mercancías, a los productores de mercancías que adelantan dinero a la circulación se les devuelve ese mismo dinero. De ello se sigue, dicho sea de paso, que si detrás del productor de mercancías hay en general un capitalista dinerario que a su vez adelanta capital dinerario (en el sentido más estricto de la palabra, es decir, valor de capital en forma de dinero) al capitalista industrial, el verdadero punto de reflujo de este dinero es el bolsillo de este capitalista dinerario. De este modo, aunque el dinero circule más o menos por todas las manos, la masa del dinero circulante pertenece a la sección del capital dinerario organizada y concentrada en forma de bancos, etc.; la manera en que esta adelanta su capital condiciona el reflujo final y constante hacia ella en forma de dinero, aunque esto vuelve a estar mediado por la reconversión del capital industrial en capital dinerario.

Para la circulación de mercancías se necesitan siempre dos cosas: mercancías que se lanzan a la circulación y dinero que se lanza a la circulación. «El proceso de circulación […] no se extingue, como el intercambio directo de productos, en el cambio de lugar o de manos de los valores de uso. El dinero no desaparece porque finalmente salga de la serie de metamorfosis de una mercancía. Se precipita siempre en un lugar de la circulación desalojado por las mercancías», etc. (libro I, cap. III, p. 92[^k13-t5].)

Por ejemplo, en la circulación entre IIc e I(v + p) supusimos que para esta circulación II adelanta 500 £ en dinero. En el número infinito de procesos de circulación en que se descompone la circulación entre grandes grupos sociales de productores, tan pronto uno de este grupo como uno de aquel aparecerá primero como comprador, es decir, lanzará dinero a la circulación. Esto, aun prescindiendo por completo de las circunstancias individuales, viene ya condicionado por la diversidad de los períodos de producción y, por tanto, de las rotaciones de los distintos capitales mercantiles. Así pues, II compra con 500 £ medios de producción a I por el mismo importe de valor, pero I compra a II medios de consumo por 500 £; el dinero refluye, pues, a II, que no se enriquece en modo alguno con este reflujo. Primero lanzó a la circulación 500 £ en dinero y sacó de ella mercancías por el mismo importe de valor; después vende mercancías por 500 £ y saca de ella dinero por el mismo importe de valor; así refluyen las 500 £. En efecto, II ha lanzado así a la circulación 500 £ en dinero y 500 £ en mercancías = 1.000 £; saca de la circulación 500 £ en mercancías y 500 £ en dinero. La circulación, para el intercambio de 500 £ en mercancías (I) y 500 £ en mercancías (II), solo necesita 500 £ en dinero; quien, pues, adelantó el dinero al comprar mercancía ajena lo recupera al vender la propia. Por eso, si I hubiera comprado primero a II mercancía por 500 £ y después hubiera vendido a II mercancía por 500 £, las 500 £ volverían a I en lugar de a II.

En la clase I, el dinero invertido en salarios, es decir, el capital variable adelantado en forma de dinero, no vuelve en esta forma directamente, sino indirectamente, dando un rodeo. En II, en cambio, las 500 £ de salario vuelven directamente de los obreros a los capitalistas, del mismo modo que este retorno es siempre directo allí donde la compra y la venta entre las mismas personas se repiten de tal manera que se enfrentan constantemente, de manera alternada, como comprador y vendedor de mercancías. El capitalista II paga la fuerza de trabajo en dinero; con ello incorpora la fuerza de trabajo a su capital, y solo mediante este acto de circulación, que para él no es más que la transformación de capital dinerario en capital productivo, se enfrenta como capitalista industrial al obrero como asalariado suyo. Pero después el obrero, que en primera instancia era vendedor, comerciante de su propia fuerza de trabajo, se enfrenta en segunda instancia como comprador, como poseedor de dinero, al capitalista como vendedor de mercancías; con ello refluye a este el dinero desembolsado en salarios. En la medida en que la venta de estas mercancías no implique estafa, etc., sino que se intercambien equivalentes en mercancía y dinero, no es un proceso por el que el capitalista se enriquezca. No paga dos veces al obrero, primero en dinero y luego en mercancía; su dinero vuelve a él en cuanto el obrero se lo canjea a él mismo por mercancía.

Pero el capital dinerario transformado en capital variable —es decir, el dinero adelantado en salarios— desempeña un papel principal en la propia circulación monetaria, porque —como la clase obrera tiene que vivir al día y no puede, por tanto, conceder créditos largos a los capitalistas industriales— en innumerables puntos de la sociedad, localmente distintos, tiene que adelantarse simultáneamente capital variable en dinero en ciertos plazos cortos, como la semana, etc., en períodos de tiempo que se repiten con relativa rapidez (cuanto más cortos son estos períodos, tanto menor puede ser relativamente la suma global de dinero lanzada de una vez a la circulación por este canal), cualesquiera que sean los distintos períodos de rotación de los capitales en las diferentes ramas de la industria. En todo país de producción capitalista, el capital dinerario así adelantado constituye una parte proporcionalmente decisiva de la circulación global, tanto más cuanto que el mismo dinero —antes de su reflujo al punto de partida— anda dando vueltas por los canales más diversos y funciona como medio de circulación para una infinidad de otros negocios.

* * *

Consideremos ahora la circulación entre I(v + p) y IIc desde otro punto de vista.

Los capitalistas I adelantan 1.000 £ en pago de salarios, con las que los obreros compran a los capitalistas II medios de subsistencia por 1.000 £, y estos, a su vez, con el mismo dinero, medios de producción a los capitalistas I. A estos últimos les ha vuelto ahora su capital variable en forma de dinero, mientras que los capitalistas II han reconvertido la mitad de su capital constante de la forma de capital mercantil en capital productivo. Los capitalistas II adelantan otras 500 £ en dinero para retirar medios de producción de I; los capitalistas I gastan el dinero en medios de consumo de II; estas 500 £ refluyen así a los capitalistas II; las adelantan de nuevo para reconvertir el último cuarto de su capital constante transformado en mercancía en su forma natural productiva. Este dinero refluye otra vez a I y retira de nuevo de II medios de consumo por igual importe; con ello las 500 £ refluyen a II; sus capitalistas están ahora, como antes, en posesión de 500 £ en dinero y de 2.000 £ de capital constante, pero que se ha convertido de nuevo de la forma de capital mercantil en capital productivo. Con 1.500 £ en dinero se ha hecho circular una masa de mercancías de 5.000 £, a saber: 1. I paga a los obreros 1.000 £ por fuerza de trabajo por igual importe de valor; 2. los obreros compran con esas mismas 1.000 £ medios de subsistencia a II; 3. II compra con el mismo dinero medios de producción a I, al que con ello se le restablecen 1.000 £ de capital variable en forma de dinero; 4. II compra con 500 £ medios de producción a I; 5. I compra con esas mismas 500 £ medios de consumo a II; 6. II compra con esas mismas 500 £ medios de producción a I; 7. I compra con esas mismas 500 £ medios de subsistencia a II. A II le han refluido 500 £ que lanzó a la circulación además de sus 2.000 £ en mercancías y por las que no sustrajo a la circulación ningún equivalente en mercancías.[^k13-47][^k13-t6]

El intercambio transcurre, pues, del modo siguiente:

1. I paga 1.000 £ en dinero por fuerza de trabajo, es decir, por mercancía = 1.000 £.

2. Los obreros compran con su salario, por el importe en dinero de 1.000 £, medios de consumo a II; es decir, mercancía = 1.000 £.

3. II compra con las 1.000 £ obtenidas de los obreros medios de producción a I por el mismo valor; es decir, mercancía = 1.000 £.

Con ello han refluido a I 1.000 £ en dinero como forma de dinero del capital variable.

4. II compra a I medios de producción por 500 £; es decir, mercancía = 500 £.

5. I compra con esas mismas 500 £ medios de consumo a II; es decir, mercancía = 500 £.

6. II compra con esas mismas 500 £ medios de producción a I; es decir, mercancía = 500 £.

7. I compra con esas mismas 500 £ medios de consumo a II; es decir, mercancía = 500 £.

Suma del valor en mercancías intercambiado = 5.000 £.

Las 500 £ que II adelantó en la compra han vuelto a él.

El resultado es:

1. I posee capital variable en forma de dinero por importe de 1.000 £, que adelantó originariamente a la circulación; además ha gastado en su consumo individual 1.000 £ —en su propio producto en mercancías—; es decir, ha gastado el dinero que ingresó por la venta de medios de producción por importe de valor de 1.000 £.

Por otro lado, la forma natural en que tiene que convertirse el capital variable existente en forma de dinero —es decir, la fuerza de trabajo— se ha conservado mediante el consumo, se ha reproducido y existe de nuevo como el único artículo comercial de sus poseedores que estos tienen que vender si quieren vivir. Se ha reproducido, pues, también la relación entre asalariados y capitalistas.

2. El capital constante de II se ha repuesto in natura, y las 500 £ que ese mismo II adelantó a la circulación han vuelto a él.

Para los obreros I, la circulación es la simple de M – D – M.

1) M (fuerza de trabajo) – 2) D (1.000 £, forma de dinero del capital variable I) – 3) M (medios de subsistencia necesarios por importe de 1.000 £); estas 1.000 £ convierten en dinero, hasta el mismo importe de valor, el capital constante II existente en forma de mercancía, de medios de subsistencia.

Para los capitalistas II, el proceso es: M – D, transformación de una parte de su producto en mercancías en forma de dinero, a partir de la cual se reconvierte en componentes del capital productivo, a saber, en una parte de los medios de producción que necesitan.

En el adelanto de D (500 £) que hacen los capitalistas II para comprar las otras partes de los medios de producción, se anticipa la forma de dinero de la parte de IIc que todavía existe en forma de mercancía (medios de consumo); en el acto D – M, en el que II compra con D y M es vendido por I, el dinero (II) se transforma en una parte del capital productivo, mientras que M (I) recorre el acto M – D, se transforma en dinero, que, sin embargo, no representa para I ningún componente del valor del capital, sino plusvalía convertida en dinero, que solo se gasta en medios de consumo.

En la circulación D – M … P … M' – D', el primer acto D – M de un capitalista es el último, M' – D', de otro (o una parte de él); que esta M, mediante la cual D se convierte en capital productivo, represente para el vendedor de M (que, por tanto, convierte esta M en dinero) componente de capital constante, componente de capital variable o plusvalía, es completamente indiferente para la circulación de mercancías misma.

En lo que se refiere a la clase I, con respecto al componente v + p de su producto en mercancías, saca de la circulación más dinero del que ha lanzado a ella. En primer lugar, le vuelven las 1.000 £ de capital variable; en segundo lugar, vende (véase más arriba, intercambio n.º 4) medios de producción por 500 £: con ello se ha convertido en dinero la mitad de su plusvalía; después (intercambio n.º 6) vende de nuevo medios de producción por 500 £, la segunda mitad de su plusvalía, y con ello se ha sacado de la circulación toda la plusvalía en forma de dinero; así pues, sucesivamente: 1. capital variable reconvertido en dinero = 1.000 £; 2. la mitad de la plusvalía convertida en dinero = 500 £; 3. la otra mitad de la plusvalía = 500 £; por tanto, en suma: 1.000v + 1.000p convertidos en dinero = 2.000 £. Aunque I (prescindiendo de los intercambios, que se examinarán más adelante, que median la reproducción de Ic) solo lanzó a la circulación 1.000 £, ha sacado de ella el doble. Naturalmente, la p convertida en dinero (transformada en D) desaparece de inmediato en otra mano (II) al despilfarrarse este dinero en medios de consumo. Los capitalistas de I solo han sacado en *dinero* tanto como lanzaron en valor en *mercancía*; que este valor sea plusvalía, es decir, que no cueste nada a los capitalistas, no cambia absolutamente nada en el valor de estas mercancías mismas; es, pues, completamente indiferente en lo que se refiere al intercambio de valores en la circulación de mercancías. La conversión de la plusvalía en dinero es, naturalmente, evanescente, como todas las demás formas que recorre el capital adelantado en sus transformaciones. Dura exactamente lo que el intervalo entre la transformación de la mercancía I en dinero y la subsiguiente transformación del dinero I en mercancía II.

Si se hubieran supuesto rotaciones más cortas —o, considerado desde el punto de vista de la circulación simple de mercancías, un número de vueltas más rápido del dinero circulante—, bastaría todavía menos dinero para hacer circular los valores en mercancías intercambiados; la suma está siempre determinada —dado el número de los intercambios sucesivos— por la suma de los precios, o bien la suma de los valores, de las mercancías circulantes. Qué proporción de esta suma de valores consista en plusvalía, por un lado, y en valor de capital, por otro, es aquí completamente indiferente.

Si en nuestro ejemplo el salario se pagara en I cuatro veces al año, tendríamos 4 × 250 = 1.000. Bastarían, pues, 250 £ en dinero para la circulación Iv – 1/2 IIc y para la circulación entre el capital variable Iv y la fuerza de trabajo I. Igualmente, si la circulación entre Ip y IIc se efectuara en cuatro rotaciones, solo se necesitarían para ello 250 £, es decir, en total una suma de dinero, o bien un capital dinerario, de 500 £ para la circulación de mercancías por importe de 5.000 £. La plusvalía se convertiría entonces en dinero, en lugar de dos veces sucesivas por mitades, cuatro veces sucesivas por cuartos.

Si en lugar de II, en el intercambio n.º 4, es I quien aparece como comprador, es decir, gasta 500 £ en dinero en medios de consumo del mismo volumen de valor, entonces II compra en el intercambio n.º 5 medios de producción con esas mismas 500 £; 6. I compra medios de consumo con esas mismas 500 £; 7. II compra con esas mismas 500 £ medios de producción; las 500 £ vuelven, pues, finalmente a I, como antes a II. La plusvalía se convierte aquí en dinero mediante dinero gastado por sus propios productores capitalistas en su consumo privado, dinero que representa rédito anticipado, ingreso anticipado procedente de la plusvalía contenida en la mercancía todavía por vender. La conversión de la plusvalía en dinero no tiene lugar mediante el reflujo de las 500 £; pues, además de las 1.000 £ en mercancía Iv, I ha lanzado a la circulación, al final del intercambio n.º 4, 500 £ en dinero, y este dinero era adicional, no —que sepamos— producto de la venta de mercancía vendida. Si este dinero refluye a I, I solo ha recuperado con ello su dinero adicional, no ha convertido en dinero su plusvalía. La conversión en dinero de la plusvalía de I solo tiene lugar mediante la venta de las mercancías Ip en que está contenida, y dura cada vez solo mientras el dinero cobrado por la venta de la mercancía no se haya gastado de nuevo en medios de consumo.

I compra a II medios de consumo con dinero adicional (500 £); este dinero lo ha gastado I, y tiene a cambio un equivalente en mercancía II; el dinero refluye por primera vez porque II compra a I mercancía por 500 £; refluye, pues, como equivalente de la mercancía vendida por I, pero esta mercancía no le cuesta nada a I, constituye, por tanto, plusvalía para I, y así *el dinero lanzado por él mismo a la circulación convierte en dinero su propia plusvalía*; igualmente, en su segunda compra (n.º 6), I ha recibido su equivalente en mercancía II. Supongamos ahora que II no comprara (n.º 7) medios de producción a I; entonces I habría pagado de hecho 1.000 £ en medios de consumo —habría consumido toda su plusvalía como rédito—, a saber, 500 en sus mercancías I (medios de producción) y 500 en dinero; en cambio, tendría todavía en almacén 500 £ en sus mercancías I (medios de producción), y en cambio se habría desprendido de 500 £ en dinero.

En cambio, II habría reconvertido tres cuartas partes de su capital constante de la forma de capital mercantil en capital productivo; una cuarta parte, en cambio, en la forma de capital dinerario (500 £), de hecho en la de dinero ocioso o de dinero que interrumpe su función y está a la espera. Si esta situación durara más tiempo, II tendría que reducir en una cuarta parte la escala de la reproducción. — Pero los 500 en medios de producción que I tiene encima no son plusvalía existente en forma de mercancía; están ahí en el lugar de las 500 £ en dinero adelantadas que I poseía además de su plusvalía de 1.000 £ en forma de mercancía. Como dinero se encuentran en una forma siempre realizable; como mercancía son momentáneamente invendibles. Lo que está claro es que la reproducción simple —en la que cada elemento del capital productivo tiene que reponerse tanto en II como en I— solo sigue siendo posible aquí si los 500 pájaros de oro vuelven a I, que fue el primero en echarlos a volar.

Si un capitalista (aquí ya solo tenemos ante nosotros a capitalistas industriales, que representan a la vez a todos los demás) gasta dinero en medios de consumo, ese dinero se le ha acabado, ha seguido el camino de toda carne. Si vuelve a él, eso solo puede ocurrir en la medida en que lo pesque de la circulación a cambio de mercancías, es decir, mediante su capital mercantil. Lo mismo que el valor de todo su producto anual en mercancías (que para él = capital mercantil), también el de cada elemento de este, es decir, el valor de cada mercancía singular, es para él divisible en valor de capital constante, valor de capital variable y plusvalía. La conversión en dinero de cada una de las mercancías (que, como elementos, forman el producto en mercancías) es, pues, al mismo tiempo la conversión en dinero de una determinada porción de la plusvalía contenida en todo el producto en mercancías. En el caso dado es, pues, literalmente cierto que el capitalista mismo lanzó a la circulación —y precisamente al gastarlo en medios de consumo— el dinero con el que se convierte en dinero, alias se realiza, su plusvalía. Naturalmente, no se trata aquí de piezas de dinero idénticas, sino de un importe en dinero contante y sonante igual al (o a una parte igual del) que lanzó a la circulación para atender a sus necesidades personales.

En la práctica, esto ocurre de dos maneras: si el negocio solo se ha abierto en el curso del año corriente, pasa un buen rato, en el mejor de los casos algunos meses, antes de que el capitalista pueda gastar en su consumo personal dinero procedente de los propios ingresos del negocio. No por ello suspende ni un momento su consumo. Se adelanta a sí mismo (de su propio bolsillo o, por medio del crédito, del ajeno, circunstancia aquí completamente indiferente) dinero a cuenta de plusvalía que todavía ha de cazar; pero con ello también medio circulante para la realización de plusvalía que ha de realizarse más tarde. Si, en cambio, el negocio lleva ya más tiempo funcionando con regularidad, los pagos y los ingresos se reparten en distintos plazos a lo largo del año. Pero una cosa continúa ininterrumpidamente: el consumo del capitalista, que se anticipa y cuyo volumen se calcula en cierta proporción con los ingresos habituales o estimados. Con cada porción de mercancía vendida se realiza también una parte de la plusvalía que ha de obtenerse en el año. Pero si durante todo el año solo se vendiera de la mercancía producida lo necesario para reponer los valores de capital constante y variable contenidos en ella, o si los precios cayeran de tal modo que, al vender todo el producto anual en mercancías, solo se realizara el valor del capital adelantado contenido en él, se pondría claramente de manifiesto el carácter anticipatorio del dinero gastado a cuenta de la plusvalía futura. Si nuestro capitalista quiebra, sus acreedores y el tribunal examinan si sus gastos privados anticipados guardaban la debida proporción con el volumen de su negocio y con los ingresos de plusvalía que habitual o normalmente le corresponden.

Pero con respecto a toda la clase capitalista, la tesis de que ella misma tiene que lanzar a la circulación el dinero para la realización de su plusvalía (o bien también para la circulación de su capital, constante y variable) no solo no aparece como paradójica, sino como condición necesaria de todo el mecanismo; pues aquí solo hay dos clases: la clase obrera, que solo dispone de su fuerza de trabajo, y la clase capitalista, que está en posesión monopolista de los medios de producción sociales y del dinero. Lo paradójico sería que la clase obrera adelantara en primera instancia, de sus propios medios, el dinero necesario para la realización de la plusvalía contenida en las mercancías. Pero el capitalista individual solo efectúa siempre este adelanto en la forma de actuar como comprador, de *gastar* dinero en la compra de medios de consumo o de *adelantar* dinero en la compra de elementos de su capital productivo, ya sea fuerza de trabajo, ya medios de producción. Nunca entrega el dinero sino a cambio de un equivalente. Solo adelanta dinero a la circulación de la misma manera que le adelanta mercancía. En ambos casos actúa como punto de partida de su circulación.

El curso real de las cosas se ve oscurecido por dos circunstancias.

1. La aparición del *capital comercial* (cuya primera forma es siempre dinero, puesto que el comerciante como tal no elabora ningún «producto» ni «mercancía») y del *capital dinerario*, como objeto de la manipulación de una clase especial de capitalistas, en el proceso de circulación del capital industrial.

2. La escisión de la plusvalía —que en primera mano tiene que encontrarse siempre en manos del capitalista industrial— en diversas categorías, como cuyos portadores aparecen, junto al capitalista industrial, el terrateniente (por la renta del suelo), el usurero (por el interés), etc., e igualmente el gobierno y sus funcionarios, los rentistas, etc. Estos sujetos aparecen como compradores frente al capitalista industrial y, en esa medida, como quienes convierten en dinero sus mercancías; pro parte también ellos lanzan «dinero» a la circulación, y él lo recibe de ellos. Con lo cual se olvida siempre de qué fuente lo recibieron originariamente y de qué fuente lo siguen recibiendo una y otra vez.

### VI. El capital constante de la sección I[^k14-48]

Queda por examinar el capital constante de la sección I = 4.000 Ic. Este valor es igual al valor, que reaparece en el producto-mercancía I, de los medios de producción consumidos en la producción de esta masa de mercancías. Este valor que reaparece, que no se produjo en el proceso de producción I, sino que entró en él el año anterior como valor constante, como valor dado de sus medios de producción, existe ahora en toda la parte de la masa de mercancías I que no ha sido absorbida por la categoría II; y el valor de esta masa de mercancías, que queda así en manos de los capitalistas I, es = 2/3 del valor de todo su producto-mercancía anual. Del capitalista individual que produce un medio de producción particular podíamos decir: vende su producto-mercancía, lo convierte en dinero. Al convertirlo en dinero, ha reconvertido también en dinero la parte constante del valor de su producto. Con esta parte de valor convertida en dinero vuelve a comprar luego sus medios de producción a otros vendedores de mercancías, o convierte la parte constante del valor de su producto en una forma natural en la que puede funcionar de nuevo como capital constante productivo. Ahora, en cambio, este supuesto se vuelve imposible. La clase capitalista I abarca la totalidad de los capitalistas que producen medios de producción. Además, el producto-mercancía de 4.000 que ha quedado en sus manos es una parte del producto social que no puede intercambiarse por ninguna otra, porque ya no existe ninguna otra parte semejante del producto anual. Con excepción de estos 4.000, ya se ha dispuesto de todo el resto; una parte ha sido absorbida por el fondo social de consumo, y otra parte ha de reponer el capital constante de la sección II, que ya ha intercambiado todo aquello de lo que puede disponer en el intercambio con la sección I.

La dificultad se resuelve muy sencillamente si se considera que todo el producto-mercancía I consiste, por su forma natural, en medios de producción, es decir, en los elementos materiales del propio capital constante. Se muestra aquí el mismo fenómeno que antes en II, solo que bajo otro aspecto. En II, todo el producto-mercancía consistía en medios de consumo; por eso una parte de él, medida por el salario más la plusvalía contenidos en ese producto-mercancía, podía ser consumida por sus propios productores. Aquí, en I, todo el producto-mercancía consiste en medios de producción: edificios, maquinaria, recipientes, materias primas y auxiliares, etc. Por eso una parte de ellos, la que repone el capital constante empleado en esta esfera, puede volver a funcionar inmediatamente, en su forma natural, como componente del capital productivo. En la medida en que entra en la circulación, circula dentro de la clase I. En II, una parte del producto-mercancía es consumida in natura individualmente por sus propios productores; en I, en cambio, una parte del producto es consumida in natura productivamente por sus productores capitalistas.

En la parte del producto-mercancía I = 4.000c reaparece el valor del capital constante consumido en esta categoría, y lo hace en una forma natural en la que puede volver a funcionar inmediatamente como capital constante productivo. En II, la parte del producto-mercancía de 3.000 cuyo valor es igual al salario más la plusvalía (= 1.000) entra directamente en el consumo individual de los capitalistas y obreros de II, mientras que, en cambio, el valor del capital constante de este producto-mercancía (= 2.000) no puede volver a entrar en el consumo productivo de los capitalistas II, sino que ha de ser repuesto mediante el intercambio con I.

En I, por el contrario, la parte de su producto-mercancía de 6.000 cuyo valor es igual al salario más la plusvalía (= 2.000) no entra en el consumo individual de sus productores, ni puede hacerlo tampoco por su forma natural. Más bien tiene que intercambiarse primero con II. La parte constante del valor de este producto = 4.000 se encuentra, a la inversa, en una forma natural en la que —considerando la clase capitalista I en su conjunto— puede volver a funcionar directamente como su capital constante. Dicho de otro modo: todo el producto de la sección I consiste en valores de uso que, por su forma natural —con el modo de producción capitalista—, solo pueden servir como elementos del capital constante. De este producto por valor de 6.000, una tercera parte (2.000) repone, pues, el capital constante de la sección II, y los 2/3 restantes el capital constante de la sección I.

El capital constante I consiste en una masa de diversos grupos de capital invertidos en las diversas ramas de producción de medios de producción: una cantidad en las fundiciones de hierro, otra en las minas de carbón, etc. Cada uno de estos grupos de capital, o cada uno de estos capitales sociales de grupo, se compone a su vez de una masa mayor o menor de capitales individuales que funcionan con independencia. En primer lugar, el capital de la sociedad, por ejemplo 7.500 (que pueden significar millones, etc.), se divide en diversos grupos de capital; el capital social de 7.500 está dividido en partes particulares, cada una de las cuales está invertida en una rama de producción particular; la parte del valor del capital social invertida en cada rama de producción particular consiste, por su forma natural, en parte en los medios de producción de cada esfera de producción particular, en parte en la fuerza de trabajo necesaria para su funcionamiento y debidamente cualificada, modificada de diversos modos por la división del trabajo según la clase específica de trabajo que tiene que realizar en cada esfera de producción concreta. La parte del capital social invertida en cada rama de producción particular consiste a su vez en la suma de los capitales individuales invertidos en ella que funcionan con independencia. Esto vale, evidentemente, para ambas secciones, tanto para I como para II.

En cuanto al valor del capital constante que reaparece en I bajo la forma de su producto-mercancía, una parte de él vuelve a entrar como medio de producción en la esfera de producción particular (o incluso en la empresa individual) de la que sale como producto; por ejemplo, el grano en la producción de grano, el carbón en la producción de carbón, el hierro en forma de máquinas en la producción de hierro, etc.

Pero en la medida en que los productos parciales de los que consiste el valor del capital constante de I no vuelven a entrar directamente en su esfera de producción particular o individual, solo cambian de lugar. Entran en su forma natural en otra esfera de producción de la sección I, mientras que el producto de otras esferas de producción de la sección I los repone in natura. Es un mero cambio de sitio de estos productos. Todos vuelven a entrar como factores que reponen capital constante en I, solo que, en vez de en un grupo de I, en otro. En la medida en que aquí tiene lugar un intercambio entre los distintos capitalistas de I, se trata del intercambio de una forma natural de capital constante por otra forma natural de capital constante, de una clase de medios de producción por otras clases de medios de producción. Es el intercambio entre sí de las diversas partes individuales del capital constante de I. Los productos, en la medida en que no sirven directamente como medios de producción en sus propias ramas de producción, son trasladados de su lugar de producción a otro y se reponen así recíprocamente. Dicho de otro modo (de manera parecida a lo que ocurría en II con la plusvalía): cada capitalista de I extrae de esta masa de mercancías los medios de producción correspondientes que necesita, en la proporción en que es copropietario de este capital constante de 4.000. Si la producción fuera social en vez de capitalista, está claro que estos productos de la sección I se volverían a distribuir no menos constantemente, como medios de producción, entre las ramas de producción de esta sección para fines de la reproducción; una parte quedaría directamente en la esfera de producción de la que salió como producto, otra, en cambio, se trasladaría a otros lugares de producción, y tendría lugar así un constante ir y venir entre los diversos lugares de producción de esta sección.

### VII. Capital variable y plusvalía en ambas secciones

El valor global de los medios de consumo producidos anualmente es, pues, igual al valor del capital variable II reproducido durante el año más la plusvalía II producida de nuevo (es decir, igual al valor producido en II durante el año), más el valor del capital variable I reproducido durante el año y la plusvalía I producida de nuevo (es decir, más el valor producido en I durante el año).

Así pues, en el supuesto de la reproducción simple, el valor global de los medios de consumo producidos anualmente es igual al producto de valor anual, es decir, igual a todo el valor producido por el trabajo social durante el año, y tiene que serlo, porque en la reproducción simple todo este valor se consume.

La jornada laboral social total se divide en dos partes: 1) trabajo necesario; crea en el curso del año un valor de 1.500v; 2) plustrabajo; crea un valor adicional o plusvalía de 1.500p. La suma de estos valores, = 3.000, es igual al valor de los medios de consumo producidos anualmente, de 3.000. El valor total de los medios de consumo producidos durante el año es, pues, igual al valor total que produce durante el año la jornada laboral social total, igual al valor del capital variable social más la plusvalía social, igual al nuevo producto anual total.

Pero sabemos que, aunque estas dos magnitudes de valor coincidan, no por ello el valor total de las mercancías II, de los medios de consumo, se ha producido en esta sección de la producción social. Coinciden porque el valor del capital constante que reaparece en II es igual al valor producido de nuevo en I (valor del capital variable más plusvalía); por eso I(v+p) puede comprar la parte del producto de II que representa para sus productores (en la sección II) valor de capital constante. Se ve por tanto por qué, aunque para los capitalistas II el valor de su producto se divide en c + v + p, considerado socialmente el valor de este producto es divisible en v + p. Esto, en efecto, solo ocurre porque IIc es aquí igual a I(v+p) y porque estos dos componentes del producto social intercambian entre sí sus formas naturales mediante su intercambio, de modo que, tras este intercambio, IIc vuelve a existir en medios de producción e I(v+p), en cambio, en medios de consumo.

Y es esta circunstancia la que ha llevado a A. Smith a afirmar que el valor del producto anual se resuelve en v + p. Esto vale 1) solo para la parte del producto anual que consiste en medios de consumo, y 2) no vale en el sentido de que este valor total se produzca en II y de que, por tanto, el valor de su producto sea igual al valor del capital variable adelantado en II más la plusvalía producida en II. Sino solo en el sentido de que II(c+v+p) = II(v+p) + I(v+p), o porque IIc = I(v+p).

Se sigue además:

Aunque la jornada laboral social (es decir, el trabajo gastado durante todo el año por la clase obrera entera), como toda jornada laboral individual, solo se divide en dos partes, a saber, trabajo necesario más plustrabajo; aunque, por tanto, el valor producido por esta jornada laboral también se divide solo en dos partes, a saber, el valor del capital variable, es decir, la parte de valor con la que el obrero compra sus propios medios de reproducción, y la plusvalía, que el capitalista puede gastar en su propio consumo individual, sin embargo, considerada socialmente, una parte de la jornada laboral social se gasta exclusivamente en la *producción de capital constante nuevo*, es decir, de productos destinados exclusivamente a funcionar en el proceso de trabajo como medios de producción y, por tanto, en el proceso de valorización que lo acompaña, como capital constante. Según nuestro supuesto, toda la jornada laboral social se representa en un valor dinerario de 3.000, del que solo 1/3 = 1.000 se produce en la sección II, que produce medios de consumo, es decir, las mercancías en las que se realiza finalmente todo el valor del capital variable y toda la plusvalía de la sociedad. Según este supuesto, pues, 2/3 de la jornada laboral social se emplean en la producción de nuevo capital constante. Aunque desde el punto de vista de los capitalistas y obreros individuales de la sección I estos 2/3 de la jornada laboral social sirven solo para producir valor de capital variable más plusvalía, exactamente igual que el último tercio de la jornada laboral social en la sección II, estos 2/3 de la jornada laboral social, considerados socialmente —y considerados igualmente por el valor de uso del producto—, solo producen reposición de capital constante que está en proceso de consumo productivo o que ha sido consumido. También considerados individualmente, estos 2/3 de la jornada producen, ciertamente, un valor total que solo es igual al valor del capital variable más la plusvalía para sus productores, pero no producen valores de uso de tal clase que en ellos puedan gastarse salario o plusvalía; su producto es un medio de producción.

Ante todo hay que observar que ninguna parte de la jornada laboral social, ya sea en I o en II, sirve para producir el valor del capital constante empleado en estas dos grandes esferas de producción y que funciona en ellas. Producen solo valor adicional, 2.000 I(v+p) + 1.000 II(v+p), añadido al valor del capital constante = 4.000 Ic + 2.000 IIc. El valor nuevo producido en forma de medios de producción no es todavía capital constante. Solo tiene el destino de funcionar en el futuro como tal.

Todo el producto de II —los medios de consumo—, considerado por su valor de uso, en concreto, en su forma natural, es producto del tercio de la jornada laboral social realizado por II; es producto de los trabajos en su forma concreta, como trabajo de tejedor, trabajo de panadero, etc., que se han empleado en esta sección, de este trabajo en cuanto funciona como el elemento subjetivo del proceso de trabajo. En cambio, la parte constante del valor de este producto II solo reaparece en un nuevo valor de uso, en una nueva forma natural, la forma de medios de consumo, mientras que antes existía en la forma de medios de producción. Su valor ha sido transferido por el proceso de trabajo de su antigua forma natural a su nueva forma natural. Pero el *valor* de estos 2/3 del valor del producto = 2.000 no se ha producido en el proceso de valorización de II de este año.

Exactamente igual que, considerado desde el punto de vista del proceso de trabajo, el producto II es el resultado de trabajo vivo que funciona de nuevo y de sus medios de producción dados, presupuestos, en los que se realiza como en sus condiciones objetivas, así, desde el punto de vista del proceso de valorización, el valor del producto II = 3.000 se compone del valor nuevo producido por el 1/3 de la jornada laboral social añadido de nuevo (500v + 500p = 1.000) y de un valor constante en el que están objetivados 2/3 de una jornada laboral social pasada, transcurrida antes del proceso de producción II que aquí consideramos. Esta parte del valor del producto II se representa en una parte del producto mismo. Existe en una cantidad de medios de consumo por valor de 2.000 = 2/3 de una jornada laboral social. Esta es la nueva forma de uso en la que reaparece. El intercambio de una parte de los medios de consumo = 2.000 IIc por medios de producción I = I (1.000v + 1.000p) es, pues, en realidad, intercambio de 2/3 de jornada laboral global que no forman parte del trabajo de este año, sino que transcurrieron antes de este año, por 2/3 de la jornada laboral de este año, añadida de nuevo en este año. 2/3 de la jornada laboral social de este año no podrían emplearse en la producción de capital constante y formar al mismo tiempo valor de capital variable más plusvalía para sus propios productores si no tuvieran que intercambiarse por una parte del valor de los medios de consumo consumidos anualmente en la que estuvieran contenidos 2/3 de una jornada laboral gastada y realizada antes de este año, no dentro de él. Es intercambio de 2/3 de jornada laboral de este año por 2/3 de jornada laboral gastados antes de este año, intercambio entre tiempo de trabajo de este año y del año anterior. Esto nos explica, pues, el enigma de por qué el producto de valor de toda la jornada laboral social puede resolverse en valor de capital variable más plusvalía, aunque 2/3 de esta jornada laboral no se hayan gastado en la producción de objetos en los que puedan realizarse el capital variable o la plusvalía, sino más bien en la producción de medios de producción para reponer el capital consumido durante el año. Se explica sencillamente porque los 2/3 del valor del producto II en los que capitalistas y obreros I realizan el valor del capital variable más la plusvalía producidos por ellos (y que constituyen los 2/3 del valor del producto anual global) son, considerados por su valor, el producto de 2/3 de una jornada laboral social pasada antes de este año.

La suma del producto social I y II, medios de producción y medios de consumo, es ciertamente, considerada por su valor de uso, en concreto, en su forma natural, el producto del trabajo de este año, pero solo en la medida en que este trabajo mismo se considera trabajo útil, concreto, no en la medida en que se considera gasto de fuerza de trabajo, trabajo formador de valor. E incluso lo primero solo en el sentido de que los medios de producción únicamente se han transformado en un producto nuevo, en el producto de este año, gracias al trabajo vivo que se les ha añadido y que los ha manipulado. Pero, a la inversa, tampoco el trabajo de este año habría podido transformarse en producto sin medios de producción independientes de él, sin medios de trabajo y materiales de producción.

### VIII. El capital constante en ambas secciones

En cuanto al valor global del producto de 9.000 y a las categorías en que se divide, su análisis no ofrece mayor dificultad que el del valor del producto de un capital individual; es más, es idéntico a él.

En todo el producto social anual están contenidas aquí tres jornadas laborales sociales de un año. La expresión de valor de cada una de estas jornadas laborales es = 3.000; de ahí que la expresión de valor del producto total sea = 3 × 3.000 = 9.000.

Además, de este tiempo de trabajo ha transcurrido antes del proceso de producción anual cuyo producto analizamos: en la sección I, 4/3 de jornada laboral (producto de valor 4.000) y en la sección II, 2/3 de jornada laboral (producto de valor 2.000). En total, 2 jornadas laborales sociales, cuyo producto de valor es 6.000. Por eso 4.000 Ic + 2.000 IIc = 6.000c figuran como el valor de los medios de producción, o valor del capital constante, que reaparece en todo el valor del producto de la sociedad.

Además, de la jornada laboral social anual añadida de nuevo, en la sección I 1/3 es trabajo necesario, o trabajo que repone el valor del capital variable 1.000 Iv y paga el precio del trabajo empleado en I. Igualmente, en II 1/6 de la jornada laboral social es trabajo necesario, con un importe de valor de 500. Así pues, 1.000 Iv + 500 IIv = 1.500v, la expresión de valor de media jornada laboral social, es la expresión de valor de la primera mitad, consistente en trabajo necesario, de la jornada laboral global añadida en este año.

Por último, en I 1/3 de la jornada laboral global, producto de valor = 1.000, es plustrabajo; en II 1/6 de jornada laboral, producto de valor = 500, es plustrabajo; juntos constituyen la otra mitad de la jornada laboral global añadida. Por eso la plusvalía global producida = 1.000 Ip + 500 IIp = 1.500p.

Así pues:

Parte constante del capital en el valor del producto social (c):

2 jornadas laborales gastadas antes del proceso de producción, expresión de valor = 6.000.

Trabajo necesario gastado durante el año (v):

Media jornada laboral gastada en la producción anual, expresión de valor = 1.500.

Plustrabajo gastado durante el año (p):

Media jornada laboral gastada en la producción anual, expresión de valor 1.500.

Producto de valor del trabajo anual (v + p) = 3.000.

Valor global del producto (c + v + p) = 9.000.

La dificultad no reside, pues, en el análisis del valor del producto social mismo. Surge al comparar los componentes de valor del producto social con sus componentes *materiales*.

La parte de valor constante, que solo reaparece, es igual al valor de la parte de este producto que consiste en *medios de producción*, y está materializada en esa parte.

El nuevo producto de valor del año = v + p es igual al valor de la parte de este producto que consiste en *medios de consumo*, y está materializado en ella.

Pero, salvo excepciones que aquí no importan, los medios de producción y los medios de consumo son clases de mercancías totalmente distintas, productos de forma natural o de uso enteramente distinta y, por tanto, también productos de clases de trabajo concreto totalmente distintas. El trabajo que emplea máquinas para producir medios de subsistencia es enteramente distinto del trabajo que hace máquinas. Toda la jornada laboral global anual, cuya expresión de valor = 3.000, parece gastada en la producción de medios de consumo = 3.000, en los que no reaparece ninguna parte de valor constante, puesto que estos 3.000 = 1.500v + 1.500p se resuelven solo en valor de capital variable + plusvalía. Por otro lado, el valor del capital constante = 6.000 reaparece en una clase de productos enteramente distinta de los medios de consumo, los medios de producción, mientras que, sin embargo, ninguna parte de la jornada laboral social parece haberse gastado en la producción de estos nuevos productos; toda esta jornada laboral parece más bien consistir únicamente en los modos de trabajo que no dan como resultado medios de producción, sino medios de consumo. El secreto ya está resuelto. El producto de valor del trabajo anual es igual al valor del producto de la sección II, al valor total de los medios de consumo producidos de nuevo. Pero este valor del producto es mayor, en 2/3, que la parte del trabajo anual gastada dentro de la producción de medios de consumo (sección II). Solo 1/3 del trabajo anual se ha gastado en su producción. 2/3 de este trabajo anual se han gastado en la producción de medios de producción, es decir, en la sección I. El producto de valor generado durante este tiempo en I, igual al valor del capital variable más la plusvalía producidos en I, es igual al valor del capital constante de II que reaparece en II en medios de consumo. Pueden, por tanto, intercambiarse recíprocamente y reponerse in natura. El valor total de los medios de consumo II es, por tanto, igual a la suma del nuevo producto de valor de I + II, o II(c+v+p) = I(v+p) + II(v+p), es decir, igual a la suma del valor nuevo producido por el trabajo anual en forma de v + p.

Por otro lado, el valor total de los medios de producción (I) es igual a la suma del valor del capital constante que reaparece en forma de medios de producción (I) y del que reaparece en forma de medios de consumo (II), es decir, igual a la suma del valor del capital constante que reaparece en el producto total de la sociedad. Este valor total es igual a la expresión de valor de 4/3 de jornadas laborales transcurridas antes del proceso de producción en I y de 2/3 transcurridos antes del proceso de producción en II, es decir, en total, de dos jornadas laborales globales.

La dificultad, en el producto social anual, procede, pues, de que la parte de valor constante se representa en una clase de productos —medios de producción— enteramente distinta de aquella en que se representa el valor nuevo v + p añadido a esta parte de valor constante, que se representa en medios de consumo. Así, parece como si —considerados por su valor— 2/3 de la masa de productos consumida volvieran a encontrarse en una forma nueva, como producto nuevo, sin que la sociedad hubiera gastado ningún trabajo en su producción. Esto no ocurre con el capital individual. Cada capitalista individual emplea una determinada clase de trabajo concreto que transforma en un producto los medios de producción que le son propios. Supongamos, por ejemplo, que el capitalista sea constructor de máquinas, que el capital constante gastado durante el año = 6.000c, el variable = 1.500v, la plusvalía = 1.500p; el producto = 9.000, digamos un producto de 18 máquinas, cada una de las cuales = 500. Todo el producto existe aquí en la misma forma, la de máquinas. (Si produce varias clases, cada una se calcula por separado.) Todo el producto-mercancía es producto del trabajo gastado durante el año en la construcción de máquinas, combinación de la misma clase de trabajo concreto con los mismos medios de producción. Las diversas partes del valor del producto se representan, por tanto, en la misma forma natural: en 12 máquinas están contenidos 6.000c, en 3 máquinas 1.500v, en 3 máquinas 1.500p. Aquí está claro que el valor de las 12 máquinas = 6.000c, no porque en estas 12 máquinas esté materializado únicamente trabajo transcurrido antes de la construcción de máquinas y no gastado en ella. El valor de los medios de producción para 18 máquinas no se ha transformado por sí solo en 12 máquinas, sino que el valor de estas 12 máquinas (que a su vez consiste en 4.000c + 1.000v + 1.000p) es igual al valor total del capital constante contenido en las 18 máquinas. Por eso el constructor de máquinas tiene que vender 12 de las 18 máquinas para reponer el capital constante gastado, que necesita para la reproducción de 18 máquinas nuevas. En cambio, la cosa sería inexplicable si, aunque el trabajo empleado consista únicamente en la construcción de máquinas, dieran como resultado: por un lado, 6 máquinas = 1.500v + 1.500p, por otro, hierro, cobre, tornillos, correas, etc., por un importe de valor de 6.000c, es decir, los medios de producción de las máquinas en su forma natural, que el capitalista individual que construye máquinas, como es sabido, no produce él mismo, sino que tiene que reponer a través del proceso de circulación. Y, sin embargo, a primera vista parece que la reproducción del producto social anual se realiza de un modo así de absurdo.

El producto del capital individual, es decir, de cada fragmento del capital social que funciona con independencia y que está dotado de vida propia, tiene una forma natural cualquiera. La única condición es que tenga realmente una forma de uso, un valor de uso que lo acredite como miembro del mundo de las mercancías capaz de circular. Es del todo indiferente y accidental que pueda volver a entrar como medio de producción en el mismo proceso de producción del que sale como producto, es decir, que la parte del valor de su producto en la que se representa la parte constante del capital posea una forma natural en la que pueda volver a funcionar efectivamente como capital constante. Si no es así, esta parte del valor del producto se reconvierte, mediante venta y compra, en la forma de sus elementos materiales de producción, y con ello se reproduce el capital constante en su forma natural apta para funcionar.

Otra cosa sucede con el producto del capital social global. Todos los elementos materiales de la reproducción tienen que formar, en su forma natural, partes de este mismo producto. La parte constante del capital consumida solo puede ser repuesta por la producción global en la medida en que toda la parte constante del capital que reaparece en el producto reaparezca en la forma natural de nuevos medios de producción que puedan funcionar realmente como capital constante. Por eso, en el supuesto de la reproducción simple, el valor de la parte del producto que consiste en medios de producción tiene que ser igual a la parte de valor constante del capital social.

Además: considerado individualmente, el capitalista, mediante el trabajo añadido de nuevo, solo produce en el valor de su producto su capital variable más la plusvalía, mientras que la parte de valor constante se transfiere al producto por el carácter concreto del trabajo añadido de nuevo.

Considerada socialmente, la parte de la jornada laboral social que produce medios de producción, y que por tanto les añade valor nuevo a la vez que les transfiere el valor de los medios de producción consumidos en su producción, no produce más que nuevo *capital constante*, destinado a reponer el que se ha consumido en la forma de los antiguos medios de producción, tanto el capital constante consumido en I como el consumido en II. Solo produce productos destinados a caer en el consumo productivo. Todo el valor de este producto es, por tanto, solo valor que puede funcionar de nuevo como capital constante, que solo puede volver a comprar capital constante en su forma natural, y que, por consiguiente, considerado socialmente, no se resuelve ni en capital variable ni en plusvalía. Por otra parte, la parte de la jornada laboral social que produce medios de consumo no produce ninguna parte del capital social de reposición. Solo produce productos destinados por su forma natural a realizar el valor del capital variable y la plusvalía de I y de II.

Cuando se habla del modo de consideración social, es decir, cuando se considera el producto social global, que incluye tanto la reproducción del capital social como el consumo individual, no hay que caer en la manera, copiada por Proudhon de la economía burguesa, de considerar la cosa como si una sociedad de modo de producción capitalista, considerada en bloc, como totalidad, perdiera este su carácter específico, histórico-económico. Al contrario. Se trata entonces del capitalista colectivo. El capital global aparece como el capital por acciones de todos los capitalistas individuales juntos. Esta sociedad anónima tiene en común con muchas otras sociedades anónimas que cada uno sabe lo que mete, pero *no* lo que saca.

### IX. Ojeada retrospectiva a A. Smith, Storch y Ramsay

El valor global del producto social asciende a 9.000 = 6.000c + 1.500v + 1.500p; dicho de otro modo, 6.000 reproducen el valor de los medios de producción y 3.000 el valor de los medios de consumo. El valor del rédito social (v + p) asciende, pues, a solo 1/3 del valor global del producto, y solo por el importe de valor de este tercio puede la totalidad de los consumidores, obreros y capitalistas, sustraer mercancías, productos, al producto social global e incorporarlos a su fondo de consumo. En cambio, 6.000 = 2/3 del valor del producto son valor del capital constante, que tiene que reponerse in natura. Medios de producción por este importe tienen, pues, que volver a incorporarse al fondo de producción. Esto es lo que Storch comprende como necesario, sin poder demostrarlo:

> «Está claro que el valor del producto anual se distribuye en parte en capitales y en parte en beneficios, y que cada una de estas partes del valor del producto anual va a comprar regularmente los productos que la nación necesita, tanto para mantener su capital como para reponer su fondo consumible... los productos que constituyen el *capital* de una nación *no son en absoluto consumibles*.» (Storch, *Considérations sur la nature du revenu national*, París, 1824, págs. 134, 135, 150.)

Pero A. Smith estableció este dogma fabuloso, que todavía hoy se le cree, no solo en la forma ya mencionada, según la cual todo el valor del producto social se resuelve en rédito, en salario más plusvalía o, como él lo expresa, en salario más beneficio (interés) más renta del suelo. Sino también en la forma, aún más popular, de que los *consumidores*, en última instancia (ultimately), tienen que pagar a los productores *todo el valor del producto*. Este es todavía hoy uno de los lugares comunes mejor acreditados o, más bien, de las verdades eternas de la llamada ciencia de la economía política. Se ilustra de la siguiente manera plausible. Tómese un artículo cualquiera, por ejemplo, camisas de lino. Primero, el hilandero de hilo de lino tiene que pagar al cultivador de lino todo el valor del lino, es decir, la semilla de lino, los abonos, el forraje del ganado de labor, etc., junto con la parte de valor que el capital fijo del cultivador de lino, como edificios, aperos de labranza, etc., cede a este producto; el salario pagado en la producción del lino; la plusvalía (beneficio, renta del suelo) contenida en el lino; por último, los gastos de flete del lino desde su lugar de producción hasta la hilandería. Luego el tejedor tiene que reembolsar al hilandero del hilo de lino no solo este precio del lino, sino también la parte de valor de la maquinaria, los edificios, etc., en una palabra, del capital fijo, que se transfiere al lino; además, todas las materias auxiliares consumidas durante el proceso de hilado, el salario de los hilanderos, la plusvalía, etc., y así sucesivamente con el blanqueador, los gastos de transporte del lienzo terminado y, por último, con el fabricante de camisas, que ha pagado todo el precio de todos los productores anteriores, que no le han suministrado más que su materia prima. En sus manos tiene lugar ahora una nueva adición de valor, en parte por el valor del capital constante que se consume en la fabricación de camisas en forma de medios de trabajo, materias auxiliares, etc., en parte por el trabajo gastado en ella, que añade el valor del salario de los camiseros más la plusvalía del fabricante de camisas. Supongamos que todo este producto en camisas cueste finalmente 100 £ y que sea esta la parte de todo el valor del producto anual que la sociedad gasta en camisas. Los consumidores de las camisas pagan las 100 £, es decir, el valor de todos los medios de producción contenidos en las camisas, así como el salario más la plusvalía del cultivador de lino, del hilandero, del tejedor, del blanqueador, del fabricante de camisas y de todos los transportistas. Esto es completamente cierto. Es, en efecto, lo que ve cualquier niño. Pero luego se sigue diciendo: así ocurre con el valor de todas las demás mercancías. Debería decirse: así ocurre con el valor de *todos los medios de consumo*, con el valor de la parte del producto social que entra en el fondo de consumo, es decir, con la parte del valor del producto social que puede gastarse como rédito. La suma de valor de todas estas mercancías es, desde luego, igual al valor de todos los medios de producción consumidos en ellas (partes constantes del capital) más el valor creado por el último trabajo añadido (salario más plusvalía). La totalidad de los consumidores puede, pues, pagar toda esta suma de valor porque, si bien el valor de cada mercancía individual consiste en c + v + p, la suma de valor de todas las mercancías que entran en el fondo de consumo, tomadas en conjunto, solo puede ser igual, como máximo, a la parte del valor del producto social que se resuelve en v + p, es decir, igual al valor que el trabajo gastado durante el año ha añadido a los medios de producción existentes, al valor del capital constante. Pero, en cuanto al valor del capital constante, hemos visto que se repone de una doble manera a partir de la masa social de productos. En primer lugar, mediante el intercambio de los capitalistas II, que producen medios de consumo, con los capitalistas I, que producen los medios de producción para ellos. Y aquí está la fuente de la frase de que lo que para uno es capital es rédito para otro. Pero la cosa no es así. Los 2.000 IIc, que existen en medios de consumo por valor de 2.000, constituyen para la clase capitalista II valor de capital constante. No puede, pues, consumirlo ella misma, aunque el producto, por su forma natural, tenga que ser consumido. Por otra parte, 2.000 I(v+p) son el salario más la plusvalía producidos por la clase capitalista y la clase obrera I. Existen en la forma natural de medios de producción, de cosas en las que no puede consumirse su propio valor. Tenemos aquí, pues, una suma de valor de 4.000, de la cual, antes y después del intercambio, la mitad solo repone capital constante y la otra mitad solo constituye rédito. En segundo lugar, el capital constante de la sección I se repone in natura, en parte mediante el intercambio entre los capitalistas I, en parte mediante la reposición in natura en cada empresa individual.

La frase de que todo el valor del producto anual tiene que ser pagado finalmente por los consumidores solo sería correcta si por consumidores se entendieran dos clases enteramente distintas: consumidores individuales y consumidores productivos. Pero que una parte del producto tenga que consumirse *productivamente* no significa otra cosa sino que tiene que *funcionar como capital* y no puede *consumirse como rédito*.

Si dividimos el valor del producto global = 9.000 en 6.000c + 1.500v + 1.500p y consideramos los 3.000(v+p) solo en su calidad de rédito, entonces, a la inversa, parece que el capital variable desaparece y que el capital, considerado socialmente, consiste solo en capital constante. Pues lo que originalmente aparecía como 1.500v se ha resuelto en una parte del rédito social, en salario, rédito de la clase obrera, y con ello su carácter de capital ha desaparecido. De hecho, esta conclusión la extrae Ramsay. Según él, considerado socialmente, el capital consiste solo en capital fijo; pero por capital fijo entiende el capital constante, la masa de valor que consiste en medios de producción, ya sean estos medios de trabajo o material de trabajo, como materia prima, productos semielaborados, materias auxiliares, etc. Llama circulante al capital variable:

> «El capital circulante consiste solo en los medios de subsistencia y otros artículos de primera necesidad que se adelantan al obrero antes de que esté terminado el producto de su trabajo... Solo el capital fijo, no el circulante, es propiamente hablando una fuente de riqueza nacional... El capital circulante no es un agente inmediato de la producción, ni le es en absoluto esencial, sino meramente una comodidad que se ha hecho necesaria por la deplorable pobreza de la masa del pueblo... Solo el capital fijo constituye un elemento del coste de producción desde el punto de vista nacional.» (Ramsay, l. c., págs. 23-26 passim.)

Ramsay explica con más detalle el capital fijo, por el que entiende el constante, de la siguiente manera:

> «El tiempo durante el cual una porción cualquiera del producto de ese trabajo» (a saber, del trabajo empleado en una mercancía cualquiera) «ha existido como capital fijo, es decir, en una forma en la que, aunque contribuye a producir la mercancía futura, *no mantiene a obreros*.» (pág. 59.)

Aquí se ve de nuevo el desastre causado por A. Smith, al quedar ahogada en él la diferencia entre capital constante y variable en la diferencia entre capital fijo y circulante. El capital constante de Ramsay consiste en medios de trabajo; su capital circulante, en medios de subsistencia; ambos son mercancías de valor dado; ni los unos ni los otros pueden producir plusvalía.

### X. Capital y rédito: capital variable y salario[^k14-49]

Toda la reproducción anual, todo el producto de este año, es producto del trabajo útil de este año. Pero el valor de este producto global es mayor que la parte de su valor en la que se materializa el trabajo anual, en cuanto fuerza de trabajo gastada durante este año. El *producto de valor* de este año, el valor creado de nuevo durante él en forma de mercancías, es menor que el *valor del producto*, el valor global de la masa de mercancías elaborada durante todo el año. La diferencia que obtenemos si restamos del valor global del producto anual el valor que le ha añadido el trabajo anual en curso no es valor realmente reproducido, sino solo valor que reaparece en una nueva forma de existencia; valor transferido al producto anual desde un valor que existía antes que él y que, según la duración de los componentes del capital constante que han intervenido en el proceso social de trabajo de este año, puede ser de fecha más antigua o más reciente, que puede proceder del valor de un medio de producción venido al mundo el año pasado o en una serie de años anteriores. Es, en todo caso, valor transferido desde medios de producción de años anteriores al producto del año en curso.

Si tomamos nuestro esquema, tenemos, tras el intercambio de los elementos considerados hasta ahora entre I y II y dentro de II:

I. 4.000c + 1.000v + 1.000p (estos 2.000 últimos realizados en medios de consumo IIc) = 6.000.

II. 2.000c (reproducidos mediante el intercambio con I(v+p)) + 500v + 500p = 3.000.

Suma de valor = 9.000.

El valor producido de nuevo durante el año está contenido solo en los v y los p. La suma del producto de valor de este año es, pues, igual a la suma de los v + p, = 2.000 I(v+p) + 1.000 II(v+p) = 3.000. Todas las demás partes del valor del producto de este año son solo valor transferido, procedente del valor de medios de producción anteriores, consumidos en la producción anual. Aparte del valor de 3.000, el trabajo anual en curso no ha producido valor alguno; es todo su producto de valor anual.

Ahora bien, como hemos visto, los 2.000 I(v+p) reponen a la clase II sus 2.000 IIc en la forma natural de medios de producción. Dos tercios del trabajo anual, gastados en la categoría I, han producido, pues, de nuevo el capital constante II, tanto todo su valor como su forma natural. Considerados socialmente, dos tercios del trabajo gastado durante el año han creado, por tanto, nuevo valor de capital constante, realizado en la forma natural adecuada a la sección II. La mayor parte del trabajo social anual se ha gastado, pues, en la producción de nuevo capital constante (valor de capital existente en medios de producción) para reponer el valor del capital constante gastado en la producción de medios de consumo. Lo que distingue aquí a la sociedad capitalista del salvaje no es, como opina Senior[^k14-50], que sea privilegio y peculiaridad del salvaje gastar su trabajo durante un cierto tiempo que no le proporciona frutos que puedan resolverse (convertirse) en rédito, es decir, en medios de consumo, sino que la diferencia consiste en esto:

a) La sociedad capitalista emplea más de su trabajo anual disponible en la producción de medios de producción (ergo, de capital constante), que no pueden resolverse en rédito ni bajo la forma de salario ni bajo la de plusvalía, sino que solo pueden funcionar como capital.

b) Cuando el salvaje hace arcos, flechas, martillos de piedra, hachas, cestos, etc., sabe perfectamente que no ha empleado el tiempo así utilizado en la elaboración de medios de consumo, que, por tanto, ha cubierto su necesidad de medios de producción y nada más. Además, el salvaje comete un grave pecado económico por su completa indiferencia ante el gasto de tiempo, y emplea a veces, por ejemplo, como cuenta Tyler[^k14-t3], todo un mes en fabricar una flecha.[^k14-51]

La idea corriente con la que una parte de los economistas políticos trata de quitarse de encima la dificultad teórica, es decir, la comprensión de la conexión real —la idea de que lo que para uno es capital es rédito para otro, y viceversa—, es en parte correcta, y se vuelve completamente falsa (contiene, pues, un completo malentendido de todo el proceso de intercambio que se opera con la reproducción anual y, por tanto, también un malentendido sobre la base efectiva de lo que tiene de parcialmente correcto) en cuanto se formula de modo general.

Reunimos ahora las relaciones efectivas en que se basa la corrección parcial de esta idea, y con ello se mostrará a la vez la concepción falsa de estas relaciones.

1. El capital variable funciona como capital en manos del capitalista y funciona como rédito en manos del obrero asalariado.

El capital variable existe primero en manos del capitalista como *capital dinerario*; funciona como *capital dinerario* al comprar con él fuerza de trabajo. Mientras permanece en sus manos en forma de dinero, no es más que un valor dado existente en forma de dinero, es decir, una magnitud constante y no variable. Es solo capital variable en potencia, precisamente por su capacidad de convertirse en fuerza de trabajo. Solo se convierte en capital variable real tras despojarse de su forma de dinero, después de haberse convertido en fuerza de trabajo y de que esta funcione como componente del capital productivo en el proceso capitalista.

El *dinero* que primero funcionó para el capitalista como forma dineraria del capital variable funciona ahora en manos del obrero como forma dineraria de su salario, que este convierte en medios de subsistencia; es decir, como forma dineraria del *rédito* que obtiene de la venta, repetida una y otra vez, de su fuerza de trabajo.

Aquí tenemos solo el simple hecho de que el *dinero* del comprador, en este caso del capitalista, pasa de sus manos a las del vendedor, en este caso del vendedor de la fuerza de trabajo, del obrero. No es el *capital* variable el que funciona doblemente, como capital para el capitalista y como rédito para el obrero, sino que es el mismo *dinero* el que existe primero en manos del capitalista como forma dineraria de su capital variable, y por tanto como capital variable en potencia, y el que, en cuanto el capitalista lo ha convertido en fuerza de trabajo, sirve en manos del obrero como equivalente de la fuerza de trabajo vendida. Pero que el mismo dinero sirva en manos del vendedor para un uso distinto que en manos del comprador es un fenómeno propio de toda compra y venta de mercancías.

Los economistas apologéticos presentan la cosa de manera falsa, como mejor se ve si atendemos exclusivamente al acto de circulación D – FT (= D – M), conversión de dinero en fuerza de trabajo por parte del comprador capitalista, FT – D (= M – D), conversión de la mercancía fuerza de trabajo en dinero por parte del vendedor, del obrero, sin preocuparnos por ahora de lo que sigue. Dicen: el mismo dinero realiza aquí dos capitales; el comprador —el capitalista— convierte su capital dinerario en fuerza de trabajo viva, que incorpora a su capital productivo; por otra parte, el vendedor —el obrero— convierte su mercancía —la fuerza de trabajo— en dinero, que gasta como rédito, con lo cual precisamente se capacita para volver a vender una y otra vez su fuerza de trabajo y conservarla así; su fuerza de trabajo es, pues, ella misma su capital en forma de mercancía, del que le mana constantemente su rédito. En realidad, la fuerza de trabajo es su patrimonio (que se renueva constantemente, reproductivo), no su capital. Es la única mercancía que puede y tiene que vender constantemente para vivir, y que solo actúa como capital (variable) en manos del comprador, del capitalista. Que un hombre esté constantemente obligado a vender una y otra vez su fuerza de trabajo, es decir, a sí mismo, a una tercera persona, demuestra, según aquellos economistas, que es un capitalista, porque tiene constantemente «mercancía» (a sí mismo) que vender. En este sentido también el esclavo se convierte en capitalista, aunque sea vendido de una vez por todas como mercancía por una tercera persona; pues la naturaleza de esta mercancía —el esclavo de trabajo— trae consigo que su comprador no solo la haga trabajar cada día de nuevo, sino que le dé también los medios de subsistencia gracias a los cuales puede volver a trabajar una y otra vez. (Compárese sobre esto Sismondi y Say en las cartas a Malthus.)

2. En el intercambio de 1.000 Iv + 1.000 Ip por 2.000 IIc, lo que es capital constante para unos (2.000 IIc) se convierte, pues, en capital variable y plusvalía, es decir, en general, en rédito, para los otros; y lo que es capital variable y plusvalía (2.000 I(v+p), es decir, en general, rédito para unos, se convierte en capital constante para los otros.

Consideremos primero el intercambio de Iv por IIc, y en primer lugar desde el punto de vista del obrero.

El obrero colectivo de I ha vendido su fuerza de trabajo al capitalista colectivo de I por 1.000; recibe este valor pagado en dinero en la forma del salario. Con este dinero compra a II medios de consumo por el mismo importe de valor. El capitalista II se le enfrenta solo como vendedor de mercancías y como nada más, aunque el obrero compre a su propio capitalista, como, por ejemplo, más arriba (pág. 380)[^k14-t2] en el intercambio de los 500 IIv. La forma de circulación que recorre su mercancía, la fuerza de trabajo, es la de la circulación simple de mercancías, orientada a la mera satisfacción de necesidades, al consumo: M (fuerza de trabajo) – D – M (medios de consumo, mercancía II). El resultado de este proceso de circulación es que el obrero se ha conservado como fuerza de trabajo para el capitalista I, y para seguir conservándose como tal tiene que repetir una y otra vez el proceso FT(M) – D – M. Su salario se realiza en medios de consumo, se gasta como rédito y, tomada la clase obrera en su conjunto, se vuelve a gastar constantemente como rédito.

Consideremos ahora el mismo intercambio de Iv por IIc desde el punto de vista del capitalista. Todo el producto-mercancía de II consiste en medios de consumo, es decir, en cosas destinadas a entrar en el consumo anual, esto es, a servir para la realización de rédito para alguien, en el caso aquí considerado para el obrero colectivo I. Pero para el capitalista colectivo II una parte de su producto-mercancía, = 2.000, es ahora la forma, convertida en mercancía, del valor del capital constante de su capital productivo, que tiene que reconvertirse de esta forma de mercancía en la forma natural en la que pueda actuar de nuevo como parte constante del capital productivo. Lo que el capitalista II ha conseguido hasta ahora es haber reconvertido en forma de dinero, mediante la venta al obrero I, la mitad (= 1.000) del valor de su capital constante reproducido en forma de mercancía (medios de consumo). Tampoco es, por tanto, el capital variable Iv el que se ha convertido en esta primera mitad del valor del capital constante IIc, sino que el dinero que funcionó para I como capital dinerario en el intercambio por fuerza de trabajo había llegado así a posesión del vendedor de la fuerza de trabajo, para quien no representa capital, sino rédito en forma de dinero, es decir, se gasta como medio de compra de medios de consumo. El dinero = 1.000 que ha afluido a los capitalistas II de los obreros I no puede, por otra parte, funcionar como elemento constante del capital productivo II. No es todavía más que la forma dineraria de su capital mercantil, que aún ha de convertirse en componentes fijos o circulantes de capital constante. II compra, pues, con el dinero obtenido de los obreros I, los compradores de su mercancía, medios de producción a I por 1.000. Con ello el valor del capital constante II queda renovado, en la mitad de su importe total, en la forma natural en la que puede volver a funcionar como elemento del capital productivo II. La forma de circulación ha sido aquí M – D – M: medios de consumo por valor de 1.000 – dinero = 1.000 – medios de producción por valor de 1.000.

Pero M – D – M es aquí movimiento del capital. M, vendida a los obreros, se transforma en D, y este D se convierte en medios de producción; es la reconversión de mercancía en los elementos materiales que la forman. Por otra parte, así como el capitalista II frente a I funciona solo como comprador de mercancías, el capitalista I frente a II funciona aquí solo como vendedor de mercancías. I compró originalmente, con 1.000 en dinero destinados a funcionar como capital variable, fuerza de trabajo por valor de 1.000; ha recibido, pues, un equivalente por los 1.000v que entregó en forma de dinero; el dinero pertenece ahora al obrero, que lo gasta en compras a II; I solo puede recuperar este dinero, que ha ido a parar así a la caja de II, sacándolo de nuevo de ella mediante la venta de mercancías por el mismo importe de valor.

Primero I tenía una determinada suma de dinero, 1.000, destinada a funcionar como parte variable del capital; funciona como tal mediante su conversión en fuerza de trabajo por el mismo importe de valor. Pero el obrero le ha entregado, como resultado del proceso de producción, una masa de mercancías (medios de producción) por valor de 6.000, de la que 1/6, o 1.000, es por su valor un equivalente de la parte variable del capital adelantada en dinero. Igual que antes en su forma de dinero, tampoco ahora en su forma de mercancía funciona el valor del capital variable como capital variable; solo puede hacerlo una vez convertido en fuerza de trabajo viva, y solo mientras esta funcione en el proceso de producción. Como dinero, el valor del capital variable era solo capital variable en potencia. Pero se encontraba en una forma en la que era directamente convertible en fuerza de trabajo. Como mercancía, este mismo valor del capital variable ya solo es valor dinerario en potencia; no se restablece en la forma dineraria originaria sino mediante la venta de la mercancía, en este caso, pues, porque II compra a I mercancía por 1.000. El movimiento de circulación es aquí: 1.000v (dinero) – fuerza de trabajo por valor de 1.000 – 1.000 en mercancía (equivalente del capital variable) – 1.000v (dinero); es decir, D – M … M – D (= D – FT … M – D). El proceso de producción mismo, que cae entre M … M, no pertenece a la esfera de la circulación; no aparece en el intercambio recíproco de los diversos elementos de la reproducción anual, aunque este intercambio incluya la reproducción de todos los elementos del capital productivo, tanto de sus elementos constantes como del elemento variable, la fuerza de trabajo. Todos los agentes de este intercambio aparecen solo como compradores o vendedores, o como ambas cosas; los obreros aparecen en él solo como compradores de mercancías; los capitalistas, alternativamente como compradores y vendedores, y, dentro de ciertos límites, solo unilateralmente como compradores de mercancías o unilateralmente como vendedores de mercancías.

Resultado: I vuelve a poseer la parte variable del valor de su capital en la forma de dinero, la única desde la que es directamente convertible en fuerza de trabajo, es decir, la vuelve a poseer en la única forma en la que puede adelantarse realmente como elemento variable de su capital productivo. Por otra parte, para poder volver a presentarse como comprador de mercancías, el obrero tiene ahora que presentarse antes de nuevo como vendedor de mercancías, como vendedor de su fuerza de trabajo.

En lo que respecta al capital variable de la categoría II (500 IIv), el proceso de circulación entre capitalistas y obreros de la misma clase de producción se presenta en forma no mediada, siempre que lo consideremos como un proceso que tiene lugar entre el capitalista colectivo II y el obrero colectivo II.

El capitalista colectivo II adelanta 500v en la compra de fuerza de trabajo por el mismo importe de valor; el capitalista colectivo es aquí comprador, el obrero colectivo vendedor. Luego el obrero se presenta, con el dinero obtenido por su fuerza de trabajo, como comprador de una parte de las mercancías producidas por él mismo. Aquí, pues, el capitalista es vendedor. El obrero ha repuesto al capitalista el dinero que este le pagó en la compra de su fuerza de trabajo con una parte del capital mercantil II producido, a saber, 500v en mercancía; el capitalista posee ahora en forma de mercancía el mismo v que poseía en forma de dinero antes de convertirlo en fuerza de trabajo; el obrero, por su parte, ha realizado en dinero el valor de su fuerza de trabajo y realiza ahora a su vez este dinero al gastarlo como rédito, para costear su consumo, en la compra de una parte de los medios de consumo producidos por él mismo. Es el intercambio del rédito del obrero en dinero por el componente-mercancía 500v del capitalista, reproducido por el propio obrero en forma de mercancía. Así, este dinero retorna al capitalista II como forma dineraria de su capital variable. Un valor-rédito equivalente en forma de dinero repone aquí valor de capital variable en forma de mercancía.

El capitalista no se enriquece por el hecho de volver a sustraer al obrero el dinero que le paga al comprar la fuerza de trabajo, mediante la venta al obrero de una masa de mercancías equivalente. De hecho, pagaría dos veces al obrero si primero le pagara 500 al comprar su fuerza de trabajo y además le diera gratis la masa de mercancías por valor de 500 que le ha hecho producir. A la inversa, si el obrero no le produjera más que un equivalente en mercancía de 500 por el precio de su fuerza de trabajo de 500, el capitalista estaría, tras la operación, exactamente en el mismo punto que antes de ella. Pero el obrero ha reproducido un producto de 3.000; ha conservado la parte constante del valor del producto, es decir, el valor de los medios de producción consumidos en él = 2.000, mediante su transformación en producto nuevo; además, ha añadido a este valor dado un valor de 1.000(v+p). (La idea de que el capitalista se enriquece en el sentido de que obtendría plusvalía mediante el reflujo de los 500 en dinero la desarrolla Destutt de Tracy; sobre ello, más por extenso, el apartado XIII de este capítulo.)

Mediante la compra de los medios de consumo por valor de 500 por parte del obrero II, el valor de 500 IIv que el capitalista II poseía hace un momento en mercancía le retorna en dinero, en la forma en que lo adelantó originalmente. El resultado inmediato de la transacción, como en cualquier otra venta de mercancías, es la conversión de un valor dado de forma de mercancía en forma de dinero. Tampoco el reflujo del dinero a su punto de partida, mediado por ello, tiene nada de específico. Si el capitalista II hubiera comprado con 500 en dinero mercancía al capitalista I y luego, por su parte, hubiera vendido a I mercancía por el importe de 500, igualmente le habrían refluido 500 en dinero. Los 500 en dinero solo habrían servido para el intercambio de una masa de mercancías de 1.000 y, según la ley general expuesta antes, habrían refluido a quien echó a la circulación el dinero para el intercambio de esa masa de mercancías.

Pero los 500 en dinero que han refluido al capitalista II son al mismo tiempo capital variable en potencia renovado, en forma de dinero. ¿Por qué? El dinero, y por tanto también el capital dinerario, solo es capital variable en potencia porque y en la medida en que es convertible en fuerza de trabajo. El retorno de las 500 £ en dinero al capitalista II va acompañado del retorno de la fuerza de trabajo II al mercado. El retorno de ambos en polos opuestos —y, por tanto, también la reaparición de los 500 en dinero no solo como dinero, sino también como capital variable en forma de dinero— está condicionado por uno y el mismo procedimiento. El dinero = 500 refluye al capitalista II porque este ha vendido al obrero II medios de consumo por el importe de 500, es decir, porque el obrero gasta su salario y con ello se ha conservado a sí mismo y a su familia, y por tanto también su fuerza de trabajo. Para seguir viviendo y poder seguir presentándose como comprador de mercancías, tiene que volver a vender su fuerza de trabajo. El retorno de los 500 en dinero al capitalista II es, pues, al mismo tiempo retorno, o permanencia, de la fuerza de trabajo como mercancía que puede comprarse con los 500 en dinero y, con ello, retorno de los 500 en dinero como capital variable en potencia.

En lo que respecta a la categoría II b, que produce medios de lujo, con su v —(II b)v— ocurre entonces lo mismo que con Iv. El dinero que renueva a los capitalistas II b su capital variable en forma de dinero les afluye dando un rodeo a través de las manos de los capitalistas II a. Pero, aun así, hay una diferencia entre que los obreros compren sus medios de subsistencia directamente a los productores capitalistas a quienes venden su fuerza de trabajo, o que los compren a otra categoría de capitalistas por cuyo intermedio el dinero solo refluye a los primeros dando un rodeo. Como la clase obrera vive al día, compra mientras puede comprar. Otra cosa ocurre con el capitalista, por ejemplo en el intercambio de 1.000 IIc por 1.000 Iv. El capitalista no vive al día. La mayor valorización posible de su capital es su motivo impulsor. Por eso, si se presentan circunstancias de cualquier tipo que le hagan parecer más ventajoso al capitalista II, en lugar de renovar inmediatamente su capital constante, retenerlo, al menos en parte, durante más tiempo en forma de dinero, se retrasa el reflujo de los 1.000 IIc (en dinero) a I; por tanto, también el restablecimiento de los 1.000v en forma de dinero, y el capitalista I solo puede seguir trabajando en la misma escala si dispone de dinero de reserva, del mismo modo que, en general, se necesita capital de reserva en dinero para poder seguir trabajando sin interrupción, sin tener en cuenta el reflujo más rápido o más lento del valor del capital variable en dinero.

Si hay que examinar el intercambio de los diversos elementos de la reproducción anual en curso, hay que examinar también el resultado del trabajo anual pasado, del trabajo del año ya concluido. El proceso de producción que dio como resultado este producto anual ha quedado atrás, ha pasado, se ha disuelto en su producto, y con mayor razón el proceso de circulación que precede al proceso de producción o corre paralelo a él, la conversión de capital variable en potencia en capital variable real, es decir, la compra y venta de fuerza de trabajo. El mercado de trabajo ya no forma parte del mercado de mercancías que aquí tenemos delante. Aquí el obrero no solo ha vendido ya su fuerza de trabajo, sino que, además de la plusvalía, ha entregado en mercancía un equivalente del precio de su fuerza de trabajo; por otra parte, tiene su salario en el bolsillo y durante el intercambio figura solo como comprador de mercancía (medios de consumo). Pero, por otra parte, el producto anual tiene que contener todos los elementos de la reproducción, restablecer todos los elementos del capital productivo y, ante todo, por tanto, su elemento más importante, el capital variable. Y, en efecto, hemos visto que, en lo que respecta al capital variable, se presenta como resultado del intercambio lo siguiente: como comprador de mercancías, mediante el gasto de su salario y el consumo de la mercancía comprada, el obrero conserva y reproduce su fuerza de trabajo como la única mercancía que tiene para vender; así como el dinero adelantado por el capitalista en la compra de esta fuerza de trabajo retorna a él, también la fuerza de trabajo retorna al mercado de trabajo como mercancía intercambiable por ese dinero; como resultado, aquí concretamente en el caso de 1.000 Iv, obtenemos: 1.000v en dinero del lado de los capitalistas I y, frente a ello, fuerza de trabajo por valor de 1.000 del lado de los obreros I, de modo que todo el proceso de reproducción I puede comenzar de nuevo. Este es uno de los resultados del proceso de intercambio.

Por otra parte, el gasto del salario de los obreros I ha retirado de II medios de consumo por el importe de 1.000c, transformándolos así de forma de mercancía en forma de dinero; desde esta forma de dinero, II los ha reconvertido en la forma natural de su capital constante mediante la compra de mercancías = 1.000v a I, a quien con ello refluye de nuevo en forma de dinero el valor de su capital variable.

El capital variable I pasa por tres transformaciones que en el intercambio del producto anual no aparecen en absoluto, o solo de forma indicativa.

1. La primera forma, 1.000 Iv en dinero, que se convierte en fuerza de trabajo por el mismo importe de valor. Esta conversión no aparece ella misma en el intercambio de mercancías entre I y II, pero su resultado aparece en él en el hecho de que la clase obrera I se enfrenta con 1.000 en dinero al vendedor de mercancías II, exactamente igual que la clase obrera II, con 500 en dinero, al vendedor de mercancías de 500 IIv en forma de mercancía.

2. La segunda forma, la única en la que el capital variable varía realmente, funciona como variable, en la que la fuerza creadora de valor aparece en lugar del valor dado intercambiado por ella, pertenece exclusivamente al proceso de producción, que ha quedado atrás.

3. La tercera forma, en la que el capital variable ha dado prueba de serlo en el resultado del proceso de producción, es el producto de valor anual, es decir, en I = 1.000v + 1.000p = 2.000 I(v+p). En lugar de su valor originario = 1.000 en dinero, ha aparecido un valor dos veces mayor = 2.000 en mercancía. El valor del capital variable 1.000 en mercancía no constituye, por tanto, más que la mitad del producto de valor creado por el capital variable como elemento del capital productivo. Los 1.000 Iv en mercancía son el equivalente exacto de la parte del capital global, variable por su destino, adelantada originalmente por I en 1.000v en dinero; pero en forma de mercancía solo son dinero en potencia (solo se convierten realmente en él mediante su venta) y, por tanto, todavía menos capital dinerario variable de modo directo. Finalmente se convierten en tal mediante la venta de la mercancía 1.000 Iv a IIc y mediante la pronta reaparición de la fuerza de trabajo como mercancía comprable, como material en el que pueden convertirse los 1.000v en dinero.

Durante todas estas transformaciones, el capitalista I mantiene constantemente en sus manos el capital variable: 1) al principio, como capital dinerario; 2) después, como elemento de su capital productivo; 3) más tarde aún, como parte de valor de su capital mercantil, es decir, en valor-mercancía; 4) finalmente, de nuevo en dinero, al que vuelve a enfrentarse la fuerza de trabajo en la que es convertible. Durante el proceso de trabajo, el capitalista tiene en sus manos el capital variable como fuerza de trabajo que actúa y crea valor, pero no como valor de magnitud dada; pero como siempre paga al obrero solo después de que su fuerza haya actuado durante cierto tiempo más corto o más largo, tiene también en sus manos, antes de pagar, el valor de reposición creado por ella para sí misma más la plusvalía.

Como el capital variable permanece siempre, en una u otra forma, en manos del capitalista, no puede decirse en modo alguno que se convierta en rédito para nadie. Los 1.000 Iv en mercancía se convierten más bien en dinero mediante su venta a II, a quien reponen in natura la mitad de su capital constante.

Lo que se resuelve en rédito no es el capital variable I, 1.000v en dinero; este dinero ha dejado de funcionar como forma dineraria del capital variable I en cuanto se ha convertido en fuerza de trabajo, del mismo modo que el dinero de cualquier otro vendedor de mercancías ha dejado de representar nada que le pertenezca en cuanto lo ha convertido en la mercancía de un vendedor. Las conversiones que experimenta en manos de la clase obrera el dinero percibido como salario no son conversiones del capital variable, sino del valor de su fuerza de trabajo transformado en dinero; exactamente igual que el intercambio del producto de valor creado por el obrero (2.000 I(v+p)) no es más que el intercambio de una mercancía perteneciente a los capitalistas, que no incumbe al obrero. Pero al capitalista —y aún más a su intérprete teórico, el economista político— le cuesta mucho librarse de la ilusión de que el dinero pagado al obrero sigue siendo su dinero, el dinero del capitalista. Si el capitalista es productor de oro, la parte variable del valor —es decir, el equivalente en mercancía que le repone el precio de compra del trabajo— aparece directamente ella misma en forma de dinero y puede, por tanto, volver a funcionar como capital dinerario variable aun sin el rodeo de un reflujo. Pero en lo que respecta al obrero de II —en la medida en que hacemos abstracción del obrero de los artículos de lujo—, los 500v existen ellos mismos en mercancías destinadas al consumo del obrero, que este, considerado como obrero colectivo, vuelve a comprar directamente al mismo capitalista colectivo al que ha vendido su fuerza de trabajo. La parte variable del valor del capital II consiste, por su forma natural, en medios de consumo destinados en su mayor parte al consumo de la clase obrera. Pero no es el capital variable lo que el obrero gasta en esta forma; es el salario, el dinero del obrero, el que, precisamente al realizarse en estos medios de consumo, restablece para el capitalista, en su forma de dinero, el capital variable 500 IIv. El capital variable IIv está reproducido en medios de consumo, como el capital constante 2.000 IIc; ni el uno ni el otro se resuelven en rédito. Lo que se resuelve en rédito es, en ambos casos, el salario.

Pero que mediante el gasto del salario como rédito se restablezcan de nuevo como capital dinerario, en un caso, 1.000 IIc, igualmente, por este rodeo, 1.000 Iv, e ídem 500 IIv, es decir, capital constante y capital variable (este último en parte por reflujo directo y en parte por reflujo indirecto), es un hecho importante en el intercambio del producto anual.

### XI. Reposición del capital fijo

Una gran dificultad al exponer los intercambios de la reproducción anual es la siguiente. Si tomamos la forma más sencilla en que se presenta la cuestión, tenemos:

(I.) 4.000c + 1.000v + 1.000p +  
(II.) 2.000c + 500v + 500p = 9.000,

lo cual se resuelve finalmente en:

4.000 Ic + 2.000 IIc + 1.000 Iv + 500 IIv + 1.000 Ip + 500 IIp = 6.000c + 1.500v + 1.500p = 9.000. Una parte del valor del capital constante, a saber, en la medida en que este consiste en medios de trabajo propiamente dichos (como sección distinta de los medios de producción), se ha transferido de los medios de trabajo al producto del trabajo (la mercancía); estos medios de trabajo siguen funcionando como elementos del capital productivo, y lo hacen en su antigua forma natural; es su desgaste, la pérdida de valor que sufren poco a poco durante su función, que se prolonga a lo largo de un período determinado, lo que reaparece como elemento de valor de las mercancías producidas por medio de ellos, lo que se transfiere del instrumento de trabajo al producto del trabajo. Con respecto a la reproducción anual, solo entran aquí en consideración, pues, de antemano, aquellos componentes del capital fijo cuya vida dura más de un año. Si mueren por completo en el curso del año, también han de reponerse y renovarse por completo mediante la reproducción anual, y el punto en cuestión no les afecta, por tanto, de antemano. En las máquinas y otras formas más duraderas del capital fijo puede ocurrir —y ocurre con bastante frecuencia— que determinados órganos parciales de ellas tengan que reponerse de cabo a rabo en el curso del año, aunque el cuerpo entero del edificio o de la máquina sea longevo. Estos órganos parciales entran en la misma categoría que los elementos del capital fijo que han de reponerse en el curso del año.

Este elemento de valor de las mercancías no debe confundirse en modo alguno con los costes de reparación. Cuando la mercancía se vende, este elemento de valor se convierte en dinero[^k15-t2], se transforma en dinero como los demás; pero una vez transformado en dinero, aparece su diferencia con los demás elementos de valor. Las materias primas y materias auxiliares consumidas en la producción de las mercancías tienen que reponerse in natura para que comience la reproducción de las mercancías (para que el proceso de producción de las mercancías sea, en general, continuo); la fuerza de trabajo gastada en ellas tiene que reponerse igualmente con fuerza de trabajo fresca. El dinero obtenido de la mercancía tiene, pues, que convertirse constantemente de nuevo en estos elementos del capital productivo, de la forma de dinero a la forma de mercancía. No cambia nada el hecho de que, por ejemplo, las materias primas y materias auxiliares se compren en determinados plazos en masa mayor —de modo que formen reservas de producción—, de que, por tanto, durante cierto tiempo no haga falta comprar de nuevo estos medios de producción, de que, por tanto, también —mientras duren— el dinero que entra por la venta de las mercancías —en la medida en que sirve para este fin— pueda acumularse, y de que, por tanto, esta parte del capital constante aparezca temporalmente como capital dinerario suspendido en su función activa. No es capital-rédito; es capital productivo suspendido en forma de dinero. La renovación de los medios de producción tiene que realizarse constantemente, aunque la forma de esta renovación —con respecto a la circulación— puede ser diferente. La nueva compra, la operación de circulación por la cual se renuevan, se reponen, puede efectuarse a plazos más largos: entonces, gran inversión de dinero de una vez, compensada por la correspondiente reserva de producción; o a plazos que se suceden rápidamente: entonces, dosis más pequeñas de gasto de dinero que se suceden con rapidez, pequeñas reservas de producción. Esto no cambia nada la cosa misma. Lo mismo ocurre con la fuerza de trabajo. Donde la producción se lleva a cabo de forma continua y en la misma escala a lo largo del año: reposición constante de la fuerza de trabajo consumida por otra nueva; donde el trabajo es estacional o se emplean distintas porciones de trabajo en distintos períodos, como en la agricultura: compra correspondiente de una masa de fuerza de trabajo unas veces menor, otras mayor. En cambio, el dinero obtenido de la venta de las mercancías, en la medida en que convierte en oro la parte del valor de la mercancía que es igual al desgaste del capital fijo, no se reconvierte en el componente del capital productivo cuya pérdida de valor repone. Se deposita junto al capital productivo y permanece en su forma de dinero. Este depósito de dinero se repite hasta que ha transcurrido la época de reproducción, compuesta por un número mayor o menor de años, durante la cual el elemento fijo del capital constante sigue funcionando en el proceso de producción bajo su antigua forma natural. En cuanto el elemento *fijo*, edificios, maquinaria, etc., ha agotado su vida y ya no puede funcionar en el proceso de producción, su valor existe junto a él, íntegramente repuesto en dinero: la suma de los depósitos de dinero, de los valores que el capital fijo ha ido transfiriendo poco a poco a las mercancías en cuya producción ha colaborado, y que han pasado a la forma de dinero mediante la venta de las mercancías. Este dinero sirve entonces para reponer in natura el capital fijo (o elementos de él, puesto que sus distintos elementos tienen distinta duración) y renovar así realmente este componente del capital productivo. Este dinero es, pues, la forma de dinero de una parte del valor del capital constante, de su parte fija. Este atesoramiento es, pues, él mismo un elemento del proceso capitalista de reproducción: reproducción y almacenamiento —en forma de dinero— del valor del capital fijo o de sus distintos elementos, hasta el momento en que el capital fijo ha agotado su vida y, por consiguiente, ha cedido todo su valor a las mercancías producidas y tiene ahora que reponerse in natura. Pero este dinero solo pierde su forma de tesoro, y por tanto solo vuelve a entrar activamente en el proceso de reproducción del capital mediado por la circulación, en cuanto se reconvierte en nuevos elementos del capital fijo para reponer los que han muerto.

Así como la simple circulación de mercancías no es idéntica al mero intercambio de productos, tampoco puede el intercambio del producto mercantil anual resolverse en un mero intercambio recíproco, no mediado, de sus distintos componentes. El dinero desempeña en él un papel específico, que se expresa también, en particular, en el modo de reproducción del valor del capital fijo. (Más adelante habrá que investigar cómo se presentaría esto de otro modo suponiendo que la producción fuera colectiva y no poseyera la forma de la producción de mercancías.)

Si volvemos ahora al esquema fundamental, teníamos para la clase II: 2.000c + 500v + 500p. Todos los medios de consumo producidos en el curso del año equivalen aquí a un valor de 3.000; y cada uno de los distintos elementos mercantiles de que consta la suma de mercancías se descompone, según su valor, en 2/3c + 1/6v + 1/6p, o, en porcentaje, en 66 2/3c + 16 2/3v + 16 2/3p. Las distintas tipos de mercancías de la clase II pueden contener capital constante en distinta proporción; asimismo puede ser diferente en ellas la parte fija del capital constante; asimismo la duración de las partes fijas del capital y, por tanto, también el desgaste anual o la parte de valor que transfieren pro rata a las mercancías en cuya producción participan. Esto es aquí indiferente. Con respecto al proceso social de reproducción, solo se trata del intercambio entre las clases II y I. II y I se enfrentan aquí solo en sus proporciones sociales de masa; la magnitud proporcional de la parte de valor c del producto mercantil II (la única determinante en la cuestión que ahora tratamos) es, por tanto, la proporción media cuando se reúnen todas las ramas de producción subsumidas en II.

Cada una de las tipos de mercancías (y son en gran parte las mismas tipos de mercancías) cuyo valor total figura bajo la rúbrica 2.000c + 500v + 500p es así, por su valor, uniformemente = 66 2/3 % c + 16 2/3 % v + 16 2/3 % p. Esto vale tanto para cada 100 de las mercancías que figuran bajo c como para las que figuran bajo v y bajo p.

Las mercancías en que están encarnados los 2.000c pueden descomponerse a su vez, por su valor, en:

1. 1.333 1/3c + 333 1/3v + 333 1/3p = 2.000c,  
asimismo los 500v en:

2. 333 1/3c + 83 1/3v + 83 1/3p = 500v,  
y finalmente los 500p en:

3. 333 1/3c + 83 1/3v + 83 1/3p = 500p.

Si sumamos ahora las c de 1, 2 y 3, tenemos 1.333 1/3c + 333 1/3c + 333 1/3c = 2.000. Igualmente, 333 1/3v + 83 1/3v + 83 1/3v = 500, y lo mismo bajo p; la suma total da el valor total de 3.000, como antes.

Todo el valor de capital constante contenido en la masa de mercancías II, de un valor de 3.000, está contenido, pues, en los 2.000c, y ni los 500v ni los 500p contienen un átomo de él. Lo mismo vale, por su parte, para v y p.

Dicho de otro modo: toda la cuota de la masa de mercancías II que representa valor de capital constante y que, por tanto, ha de convertirse de nuevo, ya sea en su forma natural, ya sea en su forma de dinero, existe en los 2.000c. Todo lo referente al intercambio del valor constante de las mercancías II se limita, pues, al movimiento de 2.000 IIc; y este intercambio solo puede efectuarse con I (1.000v + 1.000p).

Del mismo modo, para la clase I, todo lo referente al intercambio del valor de capital constante que le pertenece ha de limitarse a la consideración de 4.000 Ic.

#### 1. Reposición de la parte de valor correspondiente al desgaste, en forma de dinero

Tomemos ahora, en primer lugar:

I. 4.000c + 1.000v + 1.000p  
II. 2.000c + 500v + 500p,

el intercambio de las mercancías 2.000 IIc por mercancías del mismo valor I (1.000v + 1.000p) supondría que los 2.000 IIc se reconvierten íntegramente in natura en los componentes naturales del capital constante II producidos por I; pero el valor mercantil de 2.000 en que existe este último contiene un elemento correspondiente a la pérdida de valor del capital fijo, que no ha de reponerse inmediatamente in natura, sino que ha de convertirse en dinero, el cual se va acumulando poco a poco como suma total hasta que vence el plazo de la renovación del capital fijo en su forma natural. Cada año es el año de la muerte para capital fijo que ha de reponerse en tal o cual negocio particular, o también en tal o cual rama industrial; en el mismo capital individual ha de reponerse tal o cual parte del capital fijo (puesto que sus partes tienen distinta duración). Si consideramos la reproducción anual —aunque sea en escala simple, es decir, haciendo abstracción de toda acumulación—, no empezamos ab ovo; es un año en el curso de muchos, no es el primer año de nacimiento de la producción capitalista. Los distintos capitales invertidos en las múltiples ramas de producción de la clase II tienen, pues, distinta edad, y así como cada año mueren personas que funcionan en estas ramas de producción, así cada año llegan masas de capitales fijos al fin de su vida en ese año y tienen que renovarse in natura con cargo al fondo de dinero acumulado. En esa medida, en el intercambio de 2.000 IIc por 2.000 I(v+p) está incluida la conversión de 2.000 IIc de su forma de mercancía (como medios de consumo) en elementos naturales que no solo consisten en materias primas y auxiliares, sino también en elementos naturales del capital fijo, máquinas, herramientas, edificios, etc. El desgaste que ha de reponerse en *dinero* en el valor de 2.000 IIc no corresponde, por tanto, en absoluto al volumen del capital fijo en funcionamiento, ya que cada año una parte de este tiene que reponerse *in natura*; lo cual, sin embargo, presupone que en años anteriores se haya acumulado en manos de capitalistas de la clase II el dinero necesario para este intercambio. Pero este mismo supuesto vale para el año en curso exactamente igual que se admite para los anteriores.

En el intercambio entre I (1.000v + 1.000p) y 2.000 IIc hay que observar, en primer lugar, que la suma de valor I(v+p) no contiene ningún elemento de valor constante, y por tanto tampoco ningún elemento de valor correspondiente al desgaste que ha de reponerse, es decir, al valor transferido por el componente fijo del capital constante a las mercancías en cuya forma natural existen v + p. Este elemento existe, en cambio, en IIc, y es precisamente una parte de este elemento de valor debido al capital fijo la que no ha de transformarse inmediatamente de forma de dinero en forma natural, sino que ha de permanecer primero en forma de dinero. Por eso, en el intercambio de I (1.000v + 1.000p) por 2.000 IIc surge enseguida la dificultad de que los medios de producción I, en cuya forma natural existen los 2.000 (v+p), han de intercambiarse por todo su importe de valor de 2.000 por un equivalente en medios de consumo II, mientras que, por otro lado, los medios de consumo 2.000 IIc no pueden convertirse por todo su importe de valor en los medios de producción I (1.000v + 1.000p), porque una parte alícuota de su valor —igual al desgaste o pérdida de valor del capital fijo que ha de reponerse— tiene que depositarse primero en dinero, el cual, dentro del período anual de reproducción en curso, que es el único que se considera, no vuelve a funcionar como medio de circulación. Pero el dinero mediante el cual se convierte en dinero el elemento de desgaste contenido en el valor mercantil 2.000 IIc, ese dinero solo puede venir de I, puesto que II no tiene que pagarse a sí mismo, sino que se paga precisamente mediante la venta de su mercancía, y puesto que, según el supuesto, I(v+p) compra toda la suma de mercancías 2.000 IIc; la clase I tiene, pues, que convertir en dinero, mediante esta compra, aquel desgaste para II. Pero según la ley desarrollada antes, el dinero adelantado a la circulación retorna al productor capitalista que más tarde lanza a la circulación una cantidad igual en mercancía. Es evidente que I, al comprar IIc, no puede dar a II mercancías por 2.000 y, además, una suma de dinero excedente de una vez para siempre (sin que esta vuelva a él mediante la operación del intercambio). De lo contrario, compraría la masa de mercancías IIc por encima de su valor. Si II recibe efectivamente a cambio de sus 2.000c, en el intercambio, I (1.000v + 1.000p), no tiene nada más que exigir de I, y el dinero que circula durante este intercambio retorna a I o a II, según cuál de los dos lo haya lanzado a la circulación, es decir, cuál de los dos haya aparecido primero como comprador. Al mismo tiempo, en este caso, II habría reconvertido su capital mercantil, en todo su volumen de valor, en la forma natural de medios de producción, mientras que el supuesto es que, tras su venta, no reconvierte una parte alícuota de él, durante el período anual de reproducción en curso, de dinero en la forma natural de los componentes fijos de su capital constante. Solo podría, pues, afluir a II un saldo en dinero si II vendiera a I por 2.000 pero le comprara por menos de 2.000, por ejemplo, solo por 1.800; entonces I tendría que cubrir el saldo con 200 en dinero, que no refluiría a él, porque no habría vuelto a retirar de la circulación este dinero adelantado a ella mediante el lanzamiento a la circulación de mercancías = 200. En este caso tendríamos para II un fondo de dinero a cuenta de su desgaste de capital fijo; pero tendríamos, del otro lado, en I, una sobreproducción de medios de producción por importe de 200, y con ello se habría venido abajo toda la base del esquema, a saber, la reproducción en escala constante, en la que se supone, por tanto, una completa proporcionalidad entre los distintos sistemas de producción. Una dificultad solo se habría eliminado mediante otra mucho más desagradable.

Como este problema ofrece dificultades propias y hasta ahora no ha sido tratado en absoluto por los economistas políticos, vamos a considerar sucesivamente todas las soluciones posibles (o al menos aparentemente posibles) o, mejor dicho, todos los planteamientos del problema mismo.

En primer lugar, acabamos de suponer que II vende a I por 2.000, pero solo le compra mercancías por 1.800. En el valor mercantil 2.000 IIc había 200 para reposición del desgaste, que había que atesorar en dinero; así, el valor 2.000 IIc se descompondría en 1.800, que han de intercambiarse por medios de producción I, y en 200 de reposición del desgaste, que han de retenerse en dinero (tras la venta de los 2.000c a I). O, con respecto a su valor, 2.000 IIc sería = 1.800c + 200c (d), donde d = déchet [desgaste].[^k15-t3]

Tendríamos entonces que considerar

el intercambio I. 1.000v + 1.000p  
II. 1.800c + 200c (d).

I compra con las 1.000 £ que han afluido a los obreros como salario en pago de su fuerza de trabajo medios de consumo por 1.000 IIc; II compra con esas mismas 1.000 £ medios de producción por 1.000 Iv. A los capitalistas I les refluye así su capital variable en forma de dinero, y con él pueden comprar al año siguiente fuerza de trabajo por el mismo importe de valor, es decir, reponer in natura la parte variable de su capital productivo. — II compra además, con 400 £ adelantadas, medios de producción Ip, e Ip compra con esas mismas 400 £ medios de consumo IIc. Las 400 £ adelantadas por II a la circulación han vuelto así a los capitalistas II, pero solo como equivalente de mercancía vendida. I compra medios de consumo con 400 £ adelantadas; II compra a I medios de producción por 400 £, con lo que estas 400 £ refluyen a I. La cuenta hasta aquí es la siguiente:

I lanza a la circulación 1.000v + 800p en mercancía; lanza además a la circulación en dinero: 1.000 £ en salario y 400 £ para el intercambio con II. Concluido el intercambio, I tiene: 1.000v en dinero, 800p convertidos en 800 IIc (medios de consumo) y 400 £ en dinero.

II lanza a la circulación 1.800c en mercancía (medios de consumo) y 400 £ en dinero; concluido el intercambio, tiene: 1.800 en mercancía I (medios de producción) y 400 £ en dinero.

Ahora tenemos todavía, del lado de I, 200p (en medios de producción), y del lado de II, 200c (d) (en medios de consumo).

Según el supuesto, I compra con 200 £ los medios de consumo c (d) por un importe de valor de 200; pero II retiene estas 200 £, puesto que 200c (d) representa desgaste y no ha de convertirse, por tanto, directamente de nuevo en medios de producción. Así pues, 200 Ip no pueden venderse; 1/5 de la plusvalía que ha de reponerse no puede realizarse, no puede convertirse de su forma natural de medios de producción en la de medios de consumo.

Esto no solo contradice el supuesto de la reproducción en escala simple; no es en sí misma una hipótesis que explique la conversión en dinero de 200c (d); significa más bien que esta no puede explicarse. Como no puede demostrarse cómo han de convertirse en dinero los 200c (d), se supone que I tiene la amabilidad de convertirlos en dinero, precisamente porque I no está en condiciones de convertir en dinero su propio resto de 200p. Concebir esto como una operación normal del mecanismo del intercambio es exactamente lo mismo que suponer que cada año llueven del cielo 200 £ para convertir regularmente en dinero los 200c (d).

Sin embargo, lo absurdo de semejante hipótesis no salta inmediatamente a la vista cuando Ip, en lugar de aparecer como aquí en su modo de existencia primitivo —a saber, como componente del valor de medios de producción, es decir, como componente del valor de mercancías que sus productores capitalistas tienen que realizar en dinero mediante la venta—, aparece en manos de los copartícipes de los capitalistas, por ejemplo, como renta del suelo en manos de terratenientes o como interés en manos de prestamistas de dinero. Pero si la parte de la plusvalía de las mercancías que el capitalista industrial tiene que ceder como renta del suelo o interés a otros copropietarios de la plusvalía no es realizable a la larga mediante la venta de las mercancías mismas, se acaba también el pago de la renta o del interés, y los terratenientes o los perceptores de intereses no pueden servir, por tanto, mediante su gasto, como dei ex machina para convertir a voluntad en dinero determinadas partes de la reproducción anual. Lo mismo ocurre con los gastos de todos los llamados trabajadores improductivos, funcionarios del Estado, médicos, abogados, etc., y cuanto, en la forma del «gran público», presta «servicios» a los economistas políticos para explicar lo que ellos no han explicado.

Tampoco se arregla nada si, en lugar del intercambio directo entre I y II —entre las dos grandes secciones de los propios productores capitalistas—, se recurre al comerciante como intermediario y este, con su «dinero», ayuda a salvar todas las dificultades. En el caso dado, por ejemplo, 200 Ip tienen que colocarse en definitiva y de modo terminante entre los capitalistas industriales de II. Pueden pasar por las manos de una serie de comerciantes; el último se encuentra —según la hipótesis— en el mismo caso frente a II en que se encontraban al principio los productores capitalistas de I, es decir, no pueden vender a II los 200 Ip; y la suma de compra atascada no puede renovar el mismo proceso con I.

Se ve aquí cómo, prescindiendo de nuestro propósito propiamente dicho, la consideración del proceso de reproducción en su forma fundamental —en la que se han eliminado todos los elementos interpuestos que la oscurecen— es absolutamente necesaria para deshacerse de los falsos subterfugios que proporcionan la apariencia de una explicación «científica» cuando el proceso social de reproducción se convierte de entrada, en su complicada forma concreta, en objeto del análisis.

La ley según la cual, en el curso normal de la reproducción (ya sea en escala simple, ya en escala ampliada), el dinero adelantado a la circulación por el productor capitalista tiene que volver a su punto de partida (siendo indiferente que el dinero les pertenezca o lo hayan tomado prestado), excluye, pues, de una vez para siempre la hipótesis de que 200 IIc (d) se conviertan en dinero mediante dinero adelantado por I.

#### 2. Reposición del capital fijo in natura

Descartada la hipótesis que acabamos de considerar, solo quedan aquellas posibilidades que, además de la reposición en dinero de la parte correspondiente al desgaste, incluyen también la ejecución de la reposición in natura del capital fijo completamente muerto.

Antes habíamos supuesto:

a) que las 1.000 £ pagadas en salario por I son gastadas por los obreros en IIc por el mismo importe de valor, es decir, que con ellas compran medios de consumo.

Que aquí las 1.000 £ sean adelantadas en dinero por I es mera constatación de un hecho. El salario tiene que pagarse en dinero por los respectivos productores capitalistas; este dinero lo gastan luego los obreros en medios de subsistencia y sirve a su vez a los vendedores de los medios de subsistencia como medio de circulación en la conversión de su capital constante de capital mercantil en capital productivo. Es cierto que corre a través de muchos canales (tenderos, caseros, recaudadores de impuestos, trabajadores improductivos como médicos, etc., que el propio obrero necesita) y que, por tanto, solo en parte fluye directamente de las manos de los obreros I a las de la clase capitalista II. El flujo puede estancarse más o menos, y por eso puede hacer falta una nueva reserva de dinero por parte de los capitalistas. Todo esto no entra en consideración en esta forma fundamental.

b) Se había supuesto que unas veces I adelanta otras 400 £ en dinero para comprar a II, y que estas le refluyen, del mismo modo que otras veces II adelanta 400 £ para comprar a I, que le refluyen. Este supuesto tiene que hacerse, puesto que lo arbitrario sería, a la inversa, admitir que unilateralmente la clase capitalista I o bien la clase capitalista II adelanta a la circulación el dinero necesario para el intercambio de mercancías. Ahora bien, como en el subapartado anterior, el 1, se ha mostrado que ha de rechazarse por absurda la hipótesis según la cual I lanzaría dinero adicional a la circulación para convertir en dinero los 200 IIc (d), solo quedaría evidentemente la hipótesis, en apariencia todavía más absurda, de que II mismo lanza a la circulación el dinero con el cual se convierte en dinero el componente de valor de la mercancía que ha de reponer el desgaste del capital fijo. Por ejemplo, la parte de valor que la máquina de hilar del señor X pierde en la producción reaparece como parte de valor del hilo de coser; lo que su máquina de hilar pierde por un lado en valor o desgaste ha de acumularse por el otro lado en su poder como dinero. Supongamos ahora que X compra a Y, por ejemplo, algodón por 200 £, adelantando así a la circulación 200 £ en dinero; Y le compra hilo con esas mismas 200 £, y estas 200 £ le sirven ahora a X de fondo para reponer el desgaste de la máquina de hilar. Esto equivaldría simplemente a que X, prescindiendo de su producción, de su producto y de la venta de este, tiene 200 £ in petto para pagarse a sí mismo la pérdida de valor de la máquina de hilar, es decir, a que, además de la pérdida de valor de su máquina de hilar, de 200 £, tiene que poner de su bolsillo cada año otras 200 £ en dinero para estar finalmente en condiciones de comprar una nueva máquina de hilar.

Pero lo absurdo es solo aparente. La clase II consta de capitalistas cuyo capital fijo se encuentra en plazos muy distintos de su reproducción. Para unos ha llegado al plazo en que tiene que reponerse por completo in natura. Para los otros se encuentra más o menos alejado de esta fase; todos los miembros de esta última sección tienen en común que su capital fijo no se reproduce realmente, es decir, no se renueva in natura ni se repone con un nuevo ejemplar de la misma especie, sino que su valor se va acumulando sucesivamente en dinero. La primera parte se encuentra completamente (o parcialmente, lo cual aquí es indiferente) en la misma situación que al establecer su negocio, cuando apareció en el mercado con un capital dinerario para convertirlo, por un lado, en capital constante (fijo y circulante) y, por otro, en fuerza de trabajo, en capital variable. Como entonces, ahora tiene que adelantar de nuevo a la circulación este capital dinerario, es decir, tanto el valor del capital constante fijo como el del capital circulante y el del variable.

Así pues, si se supone que de las 400 £ que la clase capitalista II lanza a la circulación para el intercambio con I, la mitad procede de aquellos capitalistas de II que no solo tienen que renovar in natura, por medio de sus mercancías, sus medios de producción pertenecientes al capital circulante, sino también, por medio de su dinero, su capital fijo, mientras que la otra mitad de los capitalistas II, con su dinero, solo repone in natura la parte circulante de su capital constante, pero no renueva in natura su capital fijo, no hay absolutamente nada contradictorio en que las 400 £ que refluyen (que refluyen en cuanto I compra con ellas medios de consumo) se repartan ahora de manera diferente entre estas dos secciones de II. Refluyen a la clase II, pero no refluyen a las mismas manos, sino que se reparten de manera diferente dentro de esta clase, pasan de una parte de ella a la otra.

Una parte de II, además de la parte de los medios de producción cubierta finalmente por sus mercancías, ha convertido 200 £ de dinero en nuevos elementos del capital fijo in natura. Su dinero gastado de este modo —como al comienzo del negocio— solo le refluye de la circulación sucesivamente, a lo largo de series de años, como componente de valor correspondiente al desgaste de las mercancías que se han de producir con este capital fijo.

La otra parte de II, en cambio, no ha obtenido de I mercancías por 200 £, sino que I le paga con el dinero con que la primera parte de II ha comprado elementos del capital fijo. Una parte de II posee de nuevo su valor de capital fijo en forma natural renovada; la otra está todavía ocupada en acumularlo en forma de dinero para la ulterior reposición de su capital fijo in natura.

La situación de la que hemos de partir, después de los intercambios anteriores, es el resto de las mercancías que han de intercambiarse por ambas partes: en I, 400p; en II, 400c.[^k15-52] Suponemos que II adelanta 400 en dinero para el intercambio de estas mercancías, por un importe de 800. Una mitad de los 400 (= 200) tiene que ser desembolsada en cualquier caso por la parte de IIc que ha acumulado 200 en dinero como valor de desgaste y que ahora tiene que reconvertirlo en la forma natural de su capital fijo.

Así como el valor de capital constante, el valor de capital variable y la plusvalía —en que es descomponible el valor del capital mercantil tanto de II como de I— pueden representarse en cuotas proporcionales particulares de las propias mercancías II o, respectivamente, I, así también lo es, a su vez, dentro del propio valor del capital constante, la parte de valor que todavía no ha de convertirse en la forma natural del capital fijo, sino que por ahora ha de atesorarse poco a poco en forma de dinero. Una determinada cantidad de mercancías II (en nuestro caso, pues, la mitad del resto = 200) es aquí ya solo portadora de este valor de desgaste, que ha de depositarse en dinero mediante el intercambio. (La primera parte de los capitalistas II, la que renueva in natura el capital fijo, puede haber realizado ya de este modo una parte de su valor de desgaste con la parte de desgaste de la masa de mercancías de la que aquí solo figura el resto; pero le quedan todavía por realizar de este modo 200 en dinero.)

En cuanto a la segunda mitad (= 200) de las 400 £ lanzadas a la circulación por II en esta operación final, compra a I componentes circulantes del capital constante. Una parte de estas 200 £ puede ser lanzada a la circulación por ambas partes de II o solo por la que no renueva in natura el componente fijo de valor.

Con las 400 £ se retiran, pues, de I: 1. mercancías por importe de 200 £ que consisten únicamente en elementos del capital fijo; 2. mercancías por importe de 200 £ que solo reponen elementos naturales de la parte circulante del capital constante de II. I ha vendido ahora todo su producto mercantil anual, en la medida en que ha de venderse a II; pero el valor de una quinta parte de él, 400 £, existe ahora en sus manos bajo forma de dinero. Este dinero es, sin embargo, plusvalía convertida en dinero, que ha de gastarse como rédito en medios de consumo. I compra, pues, con los 400 todo el valor mercantil de II = 400. El dinero refluye, pues, a II al retirar su mercancía.

Supongamos ahora tres casos; para ello llamamos «parte 1» a la parte de los capitalistas II que repone in natura capital fijo, y «parte 2» a la que almacena en forma de dinero el valor de desgaste del capital fijo. Los tres casos son los siguientes: a) que de los 400 que todavía existen como resto en mercancías bajo II, una cuota correspondiente a la parte 1 y a la parte 2 (digamos 1/2 cada una) tenga que reponer determinadas cuotas de partes circulantes del capital constante; b) que la parte 1 haya vendido ya toda su mercancía y que, por tanto, a la parte 2 le queden todavía 400 por vender; c) que la parte 2 lo haya vendido todo excepto los 200 portadores de valor de desgaste.

Obtenemos entonces los siguientes repartos:

a) Del valor mercantil = 400c que II tiene todavía en sus manos, la parte 1 posee 100 y la parte 2, 300; de estos 300, 200 representan el desgaste. En este caso, de las 400 £ en dinero que I devuelve ahora para retirar las mercancías II, la parte 1 había desembolsado originariamente 300, a saber, 200 en dinero, por los que ha sacado de I elementos del capital fijo in natura, y 100 en dinero para mediar su intercambio de mercancías con I; en cambio, la parte 2 solo ha adelantado 1/4 de los 400, es decir, 100, también para mediar su intercambio de mercancías con I.

De los 400 en dinero, la parte 1 ha adelantado, pues, 300, y la parte 2, 100.

Pero de estos 400 refluyen:

A la parte 1: 100, es decir, solo 1/3 del dinero adelantado por ella. Pero en lugar de los otros 2/3 posee capital fijo renovado por valor de 200. Por este elemento del capital fijo, con un valor de 200, ha dado dinero a I, pero no mercancía después. Con respecto a dichos elementos, aparece frente a I solo como compradora, no después de nuevo como vendedora. Este dinero no puede, por tanto, refluir a la parte 1; de lo contrario, habría recibido de regalo de I los elementos del capital fijo. — Con respecto al último tercio del dinero que había adelantado, la parte 1 apareció primero como compradora de componentes circulantes de su capital constante. Con ese mismo dinero, I le compra el resto de su mercancía por valor de 100. El dinero refluye, pues, a ella (la parte 1 de II), porque aparece como vendedora de mercancías inmediatamente después de haber aparecido antes como compradora. Si no refluyera, II (parte 1) habría dado a I, por mercancías por importe de 100, primero 100 en dinero y además, encima, 100 en mercancía, es decir, le habría regalado su mercancía.

En cambio, a la parte 2, que ha desembolsado 100 en dinero, le refluyen 300 en dinero: 100, porque primero lanzó como compradora 100 en dinero a la circulación y los recupera como vendedora; 200, porque funciona solo como vendedora de mercancías por un importe de valor de 200, pero no como compradora. El dinero no puede, pues, refluir a I. El desgaste del capital fijo queda, pues, saldado mediante el dinero lanzado a la circulación por II (parte 1) en la compra de elementos del capital fijo; pero llega a manos de la parte 2 no como el dinero de la parte 1, sino como dinero perteneciente a la clase I.

b) Bajo este supuesto, el resto de IIc se reparte de tal modo que la parte 1 posee 200 en dinero y la parte 2, 400 en mercancías.

La parte 1 ha vendido toda su mercancía, pero 200 en dinero son la forma transformada del componente fijo de su capital constante, que ha de renovar in natura. Así pues, aparece aquí solo como compradora y recibe, en lugar de su dinero, mercancía I en elementos naturales del capital fijo por el mismo importe de valor. La parte 2 solo tiene que lanzar a la circulación, como máximo (si para el intercambio de mercancías entre I y II no se adelanta dinero alguno por parte de I), 200 £, puesto que por la mitad del valor de su mercancía es solo vendedora a I, no compradora a I.

Le retornan de la circulación 400 £: 200, porque las adelantó como compradora y las recupera como vendedora de 200 en mercancía; 200, porque vende a I mercancía por valor de 200 sin sacar a cambio de I un equivalente en mercancía. —

c) La parte 1 posee 200 en dinero y 200c en mercancía; la parte 2, 200c (d) en mercancías.

Bajo este supuesto, la parte 2 no tiene que adelantar nada en dinero, porque frente a I ya no funciona en absoluto como compradora, sino solo como vendedora, y tiene, por tanto, que esperar a que se le compre.

La parte 1 adelanta 400 £ en dinero: 200 para el intercambio recíproco de mercancías con I, 200 como mera compradora a I. Con estas últimas 200 £ en dinero compra los elementos del capital fijo.

I compra con 200 £ en dinero mercancía por 200 a la parte 1, a la que refluyen así las 200 £ en dinero que había adelantado para este intercambio de mercancías; y con las otras 200 £ —que también ha recibido de la parte 1— I compra mercancías por 200 a la parte 2, para la cual se deposita así en dinero su desgaste del capital fijo.

La cosa no cambiaría en modo alguno bajo el supuesto de que, en el caso c), en lugar de II (parte 1), fuera la clase I la que adelantara los 200 en dinero para el intercambio de las mercancías existentes. Si I compra entonces primero mercancía por 200 a II, parte 2 —se supone que a esta solo le queda por vender este resto de mercancías—, las 200 £ no vuelven a I, puesto que II, parte 2, no vuelve a aparecer como compradora; pero II, parte 1, tiene entonces 200 £ en dinero para comprar y, además, 200 en mercancías que intercambiar; en total, pues, 400 que intercambiar con I. Las 200 £ en dinero vuelven entonces a I desde II, parte 1. Si I las desembolsa de nuevo para comprar las 200 en mercancía de II, parte 1, le vuelven en cuanto II, parte 1, retira de I la segunda mitad de las 400 en mercancía. La parte 1 (de II) ha desembolsado 200 £ en dinero como mera compradora de elementos del capital fijo; no le vuelven, por tanto, sino que sirven para convertir en dinero las 200c de mercancías restantes de II, parte 2, mientras que a I le ha refluido el dinero desembolsado para el intercambio de mercancías, 200 £, no a través de II, parte 2, sino a través de II, parte 1. Por su mercancía de 400 le ha vuelto un equivalente en mercancía por importe de 400; las 200 £ en dinero que adelantó para el intercambio de las 800 en mercancía le han vuelto asimismo, y así todo está en orden.

* * *

La dificultad que surgía en el intercambio:

I. 1.000v + 1.000p  
II. 2.000c, quedó reducida a la dificultad en el

intercambio de los restos:

I. ..... 400p  
II. (1) 200 dinero + 200c mercancía + (2) 200c mercancía, o, para dejar la cosa todavía más clara:

I. 200p + 200p.  
II. (1) 200 dinero + 200c mercancía + (2) 200c mercancía.

Como en II, parte 1, 200c en mercancía se han intercambiado por 200 Ip (mercancía), y como todo el dinero que circula en este intercambio de 400 en mercancías entre I y II refluye a quien lo adelantó, I o II, este dinero, como elemento del intercambio entre I y II, no es de hecho ningún elemento del problema que aquí nos ocupa. O, expresado de otro modo: si suponemos que en el intercambio entre 200 Ip (mercancía) y 200 IIc (mercancía de II, parte 1) el dinero funciona como medio de pago, no como medio de compra y, por tanto, tampoco como «medio de circulación» en el sentido más estricto, está claro que, como las mercancías 200 Ip y 200 IIc (parte 1) tienen el mismo importe de valor, medios de producción por valor de 200 se intercambian por medios de consumo por valor de 200, que el dinero solo funciona aquí idealmente y que no hay que lanzar realmente a la circulación dinero alguno para pagar un saldo por uno u otro lado. El problema solo aparece, pues, en estado puro cuando tachamos a ambos lados, I y II, la mercancía 200 Ip y su equivalente, la mercancía 200 IIc (parte 1).

Eliminados estos dos importes de mercancías de igual valor (I y II), que se saldan recíprocamente, queda, pues, el resto del intercambio en que el problema aparece en estado puro, a saber:

I. 200p mercancía.  
II. (1) 200c dinero + (2) 200c mercancía.

Aquí está claro: II, parte 1, compra con 200 en dinero los componentes de su capital fijo 200 Ip; con ello el capital fijo de II, parte 1, queda renovado in natura, y la plusvalía de I, por valor de 200, se ha transformado de forma de mercancía (medios de producción, y precisamente elementos del capital fijo) en forma de dinero. Con este dinero compra I medios de consumo a II, parte 2, y el resultado para II es que, para la parte 1, un componente fijo de su capital constante queda renovado in natura, y que, para la parte 2, otro componente (que repone desgaste del capital fijo) queda depositado en dinero; y esto continúa cada año hasta que también este componente tenga que renovarse in natura.

La condición previa es aquí, evidentemente, que este componente fijo del capital constante II que se ha reconvertido en dinero por todo su valor y que, por tanto, ha de renovarse cada año in natura (parte 1) sea igual al desgaste anual del otro componente fijo del capital constante II, que sigue funcionando todavía en su antigua forma natural y cuyo desgaste, la pérdida de valor que transfiere a las mercancías en cuya producción actúa, ha de reponerse primero en dinero. Semejante equilibrio aparecería, según esto, como ley de la reproducción en escala constante; lo cual significa, dicho de otro modo, que en la clase I, la que produce los medios de producción, la división proporcional del trabajo tiene que permanecer invariable en la medida en que suministra, por un lado, componentes circulantes y, por otro, componentes fijos del capital constante de la sección II.

Antes de examinar esto más de cerca, hay que ver primero cómo se presenta la cuestión cuando el importe restante de IIc (1) no es igual al resto de IIc (2); puede ser mayor o menor. Supongamos sucesivamente ambos casos.

*Primer caso:*

I. 200p.  
II. (1) 220c (en dinero) + (2) 200c (en mercancía).

Aquí IIc (1) compra con 200 £ en dinero las mercancías 200 Ip, e I compra con ese mismo dinero las mercancías 200 IIc (2), es decir, el componente del capital fijo que ha de depositarse en dinero; este queda así convertido en dinero. Pero 20 IIc (1) en dinero no son reconvertibles en capital fijo in natura.

Parece que este inconveniente puede remediarse fijando el resto de Ip en 220 en lugar de 200, de modo que de los 2.000 I solo queden despachados por el intercambio anterior 1.780 en lugar de 1.800. En este caso, pues:

I. 220p.  
II. (1) 220c (en dinero) + (2) 200c (en mercancía).

IIc, parte 1, compra con 220 £ en dinero los 220 Ip, e I compra a continuación con 200 £ los 200 IIc (2) en mercancía. Pero entonces quedan 20 £ en dinero del lado de I, un trozo de plusvalía que solo puede retener en dinero, no gastar en medios de consumo. La dificultad solo se ha desplazado así de IIc (parte 1) a Ip.

Supongamos ahora, por el contrario, que IIc, parte 1, es menor que IIc (parte 2), es decir:

*Segundo caso:*

I. 200p (en mercancía).  
II. (1) 180c (en dinero) + (2) 200c (en mercancía).

II (parte 1) compra con 180 £ en dinero mercancías 180 Ip; I compra con este dinero mercancías del mismo valor a II (parte 2), es decir, 180 IIc (2); quedan 20 Ip invendibles por un lado e igualmente 20 IIc (2) por el otro: mercancías por valor de 40 que no pueden transformarse en dinero.

De nada nos serviría fijar el resto I = 180; es cierto que entonces no quedaría excedente alguno en I, pero seguiría quedando, como antes, un excedente de 20 en IIc (parte 2) invendible, no transformable en dinero.

En el primer caso, en que II (1) es mayor que II (2), queda del lado de IIc (1) un excedente en dinero no reconvertible en capital fijo o, si se fija el resto Ip = IIc (1), el mismo excedente en dinero del lado de Ip, no transformable en medios de consumo.

En el segundo caso, en que IIc (1) es menor que IIc (2), queda un déficit en dinero del lado de 200 Ip y de IIc (2), y un excedente igual de mercancía en ambos lados o, si se fija el resto Ip = IIc (1), un déficit en dinero y un excedente en mercancía del lado de IIc (2).

Si fijamos los restos Ip siempre iguales a IIc (1) —puesto que los encargos determinan la producción, y a la reproducción no le cambia nada que este año I produzca más componentes fijos del capital constante II y el siguiente más componentes circulantes—, en el primer caso Ip solo sería reconvertible en medios de consumo si I comprara con ello una parte de la plusvalía de II, la cual, en lugar de consumirse, sería entonces acumulada por II como dinero; en el segundo caso solo habría remedio si I mismo gastara el dinero, es decir, la hipótesis que hemos rechazado.

Si IIc (1) es mayor que IIc (2), hace falta importar mercancía extranjera para realizar el excedente de dinero en Ip. Si IIc (1) es menor que IIc (2), hace falta, a la inversa, exportar mercancía II (medios de consumo) para realizar en medios de producción la parte de desgaste IIc. En ambos casos hace falta, pues, el comercio exterior.

Aun suponiendo que, para considerar la reproducción en escala constante, haya que admitir que la productividad de todas las ramas industriales y, por tanto, también las relaciones proporcionales de valor de sus productos mercantiles permanecen constantes, los dos casos mencionados en último lugar, en que IIc (1) es mayor o menor que IIc (2), ofrecerían siempre interés para la producción en escala ampliada, en la que pueden presentarse sin falta.

#### 3. Resultados

Con respecto a la reposición del capital fijo, hay que observar en general lo siguiente: si —suponiendo constantes todas las demás circunstancias, es decir, no solo la escala de la producción, sino también, en particular, la productividad del trabajo— muere una parte mayor del elemento fijo de IIc que el año anterior y, por tanto, también ha de renovarse in natura una parte mayor, la parte del capital fijo que solo está en vías de morir y que, hasta la fecha de su muerte, ha de reponerse provisionalmente en dinero tiene que disminuir en la misma proporción, puesto que, según el supuesto, la suma (también la suma de valor) de la parte fija del capital que funciona en II sigue siendo la misma. Pero esto trae consigo las siguientes circunstancias. *Primero*: si una parte mayor del capital mercantil I consiste en elementos del capital fijo de IIc, una parte tanto menor consiste en componentes circulantes de IIc, puesto que la producción total de I para IIc permanece invariable. Si crece una parte de ella, disminuye la otra, y a la inversa. Por otro lado, sin embargo, también la producción total de la clase II conserva la misma magnitud. Pero ¿cómo es esto posible si disminuyen sus materias primas, productos semielaborados y materias auxiliares (es decir, los elementos circulantes del capital constante II)? *Segundo*: una parte mayor del capital fijo IIc restablecido bajo la forma de dinero afluye a I para reconvertirse de forma de dinero en forma natural. Afluye, pues, a I más dinero, aparte del dinero que circula entre I y II para el mero intercambio de mercancías; más dinero, que no media un intercambio recíproco de mercancías, sino que solo aparece unilateralmente en función de medio de compra. Pero al mismo tiempo habría disminuido proporcionalmente la masa de mercancías de IIc portadora de la reposición del valor del desgaste, es decir, la masa de mercancías II que no tiene que intercambiarse por mercancía de I, sino solo por dinero de I. Habría afluido de II a I más dinero como mero medio de compra, y habría menos mercancía de II frente a la cual I tuviera que funcionar como mero comprador. Una parte mayor de Ip —pues Iv ya está intercambiado por mercancía II— no sería, por tanto, intercambiable por mercancía II, sino que quedaría fijada en forma de dinero.

El caso inverso, en que en un año la reproducción de las defunciones del capital fijo II es menor y, en cambio, la parte de desgaste es mayor, no necesita, después de esto, examinarse más.

Y así habría crisis —crisis de producción— a pesar de la reproducción en escala constante.

En una palabra: si, en la reproducción simple y con circunstancias constantes —es decir, en particular, con fuerza productiva, magnitud total e intensidad del trabajo constantes—, no se supone una proporción constante entre el capital fijo que muere (que ha de renovarse) y el que sigue actuando en su antigua forma natural (y que solo añade valor a los productos para reponer su desgaste), en un caso la masa de componentes circulantes que han de reproducirse seguiría siendo la misma, pero la masa de componentes fijos que han de reproducirse habría crecido; tendría, pues, que crecer la producción total I o, de lo contrario, aun prescindiendo de las relaciones monetarias, habría un déficit de la reproducción.

En el otro caso: si disminuyera la magnitud proporcional del capital fijo II que ha de reproducirse in natura y aumentara, por tanto, en la misma proporción el componente del capital fijo II que solo ha de reponerse todavía en dinero, la masa de los componentes circulantes del capital constante II reproducidos por I seguiría siendo la misma, mientras que la de los componentes fijos que han de reproducirse habría disminuido. Por tanto, o bien disminución de la producción total I, o bien excedente (como antes déficit), y excedente que no puede convertirse en dinero.

Es cierto que, en el primer caso, el mismo trabajo, con productividad, extensión o intensidad crecientes, puede suministrar un producto mayor, y así podría cubrirse el déficit en el primer caso; pero semejante cambio no tendría lugar sin desplazamiento de trabajo y capital de una rama de producción de I a otra, y todo desplazamiento de este tipo provocaría perturbaciones momentáneas. En segundo lugar, además (en la medida en que aumentaran la extensión y la intensificación del trabajo), I tendría que intercambiar más valor por menos valor de II, es decir, se produciría una depreciación del producto de I.

A la inversa en el segundo caso, en que I tiene que contraer su producción, lo que significa crisis para los obreros y capitalistas ocupados en ella, o suministra un excedente, lo que de nuevo es crisis. En sí y por sí, tales excedentes no son un mal, sino una ventaja; pero son un mal en la producción capitalista.

El comercio exterior podría ayudar en ambos casos: en el primero, para convertir en medios de consumo la mercancía I retenida en forma de dinero; en el segundo, para colocar el excedente de mercancía. Pero el comercio exterior, en la medida en que no se limita a reponer elementos (también por su valor), solo desplaza las contradicciones a una esfera más amplia, les abre un campo de juego mayor.

Una vez abolida la forma capitalista de la reproducción, la cuestión se reduce a que la magnitud de la parte del capital fijo que muere y que, por tanto, ha de reponerse in natura (aquí, la que funciona en la elaboración de los medios de consumo) varía en distintos años sucesivos. Si en un año es muy grande (por encima de la mortalidad media, como ocurre con los hombres), en el siguiente será seguramente tanto menor. La masa de materias primas, productos semielaborados y materias auxiliares necesaria para la producción anual de los medios de consumo —suponiendo constantes las demás circunstancias— no disminuye por ello; la producción total de los medios de producción tendría, pues, que aumentar en un caso y disminuir en el otro. Esto solo puede remediarse mediante una sobreproducción relativa continua: por un lado, cierta cantidad de capital fijo que se produce en mayor cantidad de la directamente necesaria; por otro, y sobre todo, una reserva de materias primas, etc., que exceda las necesidades anuales inmediatas (esto vale muy especialmente para los medios de subsistencia). Este tipo de sobreproducción equivale al control de la sociedad sobre los medios objetivos de su propia reproducción. Pero dentro de la sociedad capitalista es un elemento anárquico.

Este ejemplo del capital fijo —con una escala constante de la reproducción— es contundente. La desproporción en la producción de capital fijo y circulante es una de las razones favoritas de los economistas para explicar las crisis. Que semejante desproporción pueda y deba surgir con la mera *conservación* del capital fijo es para ellos algo nuevo; que pueda y deba surgir presuponiendo una producción normal ideal, con reproducción simple del capital social que ya está en funcionamiento.

* * *

### XII. La reproducción del material dinerario

Hasta ahora se ha dejado completamente de lado un factor, a saber, la reproducción anual del oro y la plata. Como mero material para artículos de lujo, dorados, etc., no habría que mencionarlos aquí de manera especial, como tampoco cualesquiera otros productos. En cambio, desempeñan un papel importante como material dinerario y, por tanto, como dinero potentialiter. Como material dinerario tomamos aquí, para simplificar, solo el oro.

La producción anual total de oro ascendía, según datos más antiguos, a 800.000-900.000 libras = en números redondos 1.100 o 1.250 millones de marcos. Según Soetbeer[^k16-53], en cambio, solo a 170.675 kilogramos, por un valor de unos 476 millones de marcos, como promedio de los años 1871-1875. De ellos suministraron: Australia unos 167, Estados Unidos 166 y Rusia 93 millones de marcos. El resto se reparte entre diversos países en cantidades inferiores a 10 millones de marcos cada uno. La producción anual de plata, durante el mismo período, ascendió a algo menos de 2 millones de kilogramos, por un valor de 354½ millones de marcos; de ellos suministraron, en números redondos, México 108, Estados Unidos 102, Sudamérica 67, Alemania 26 millones, etc.

De los países de producción capitalista predominante, solo Estados Unidos produce oro y plata; los países capitalistas europeos reciben casi todo su oro y, con mucho, la mayor parte de su plata de Australia, Estados Unidos, México, Sudamérica y Rusia.

Pero nosotros situamos las minas de oro en el país de producción capitalista cuya reproducción anual estamos analizando aquí, y ello por la razón siguiente:

La producción capitalista no existe en absoluto sin comercio exterior. Pero si se supone una reproducción anual normal en una escala dada, se supone también con ello que el comercio exterior no hace más que reemplazar artículos nacionales por artículos de otra forma de uso o forma natural, sin afectar a las relaciones de valor; ni, por tanto, a las relaciones de valor en las que se intercambian entre sí las dos categorías, medios de producción y medios de consumo, ni tampoco a las relaciones de capital constante, capital variable y plusvalía en que puede descomponerse el valor del producto de cada una de estas categorías. Introducir el comercio exterior en el análisis del valor del producto reproducido anualmente solo puede, pues, embrollar las cosas, sin aportar ningún factor nuevo, ni del problema ni de su solución. Hay que hacer, pues, completa abstracción de él; y, por consiguiente, también hay que tratar aquí el oro como elemento directo de la reproducción anual, y no como un elemento mercantil introducido desde fuera mediante el intercambio.

La producción de oro pertenece, como la producción de metales en general, a la clase I, la categoría que comprende la producción de medios de producción. Supongamos que el producto anual de oro es = 30 (por comodidad; en realidad es una cifra demasiado alta en comparación con las de nuestro esquema); que este valor se descompone en 20c + 5v + 5p; 20c ha de intercambiarse por otros elementos de Ic, y esto se considerará más adelante; pero las 5v + 5p (1) han de intercambiarse por elementos de IIc, es decir, por medios de consumo.

Por lo que respecta a las 5v, toda empresa productora de oro comienza por comprar la fuerza de trabajo; no con oro producido por ella misma, sino con una porción del dinero existente en el país. Los obreros obtienen con estas 5v medios de consumo de II, y II compra con este dinero medios de producción a I. Pongamos que II compra a I oro por valor de 2 como material para mercancías, etc. (componente de su capital constante); entonces 2v refluyen a los productores de oro I en dinero que ya pertenecía antes a la circulación. Si II no compra más material a I, entonces I compra a II arrojando su oro a la circulación como dinero, ya que el oro puede comprar cualquier mercancía. La diferencia es solo que I no aparece aquí como vendedor, sino únicamente como comprador. Los buscadores de oro de I pueden colocar siempre su mercancía; esta se encuentra siempre en forma directamente intercambiable.

Supongamos que un hilandero ha pagado 5v a sus obreros y que estos le entregan a cambio —prescindiendo de la plusvalía— un hilado en producto = 5; los obreros compran por 5 a II, II compra con 5 en dinero hilo a I, y así 5v refluyen en dinero al hilandero. En el caso supuesto, en cambio, I o (como vamos a designar a los productores de oro)[^k16-t1] adelanta a sus obreros 5v en dinero que ya pertenecía antes a la circulación; estos gastan el dinero en medios de subsistencia; pero de las 5 solo vuelven 2 de II a I o. Sin embargo, I o puede comenzar de nuevo el proceso de reproducción exactamente igual que el hilandero, pues sus obreros le han entregado 5 en oro, de las cuales ha vendido 2 y posee 3 en oro, que, por tanto, solo tiene que acuñar[^k16-54] o convertir en billetes de banco para tener de nuevo en sus manos todo su capital variable en forma dineraria, directamente, sin más mediación de II.

Pero ya en este primer proceso de la reproducción anual se ha producido un cambio en la masa del dinero que pertenece real o virtualmente a la circulación. Hemos supuesto que IIc ha comprado 2v (I o) como material y que I o ha vuelto a gastar 3 dentro de II como forma dineraria del capital variable. De la masa de dinero suministrada por la nueva producción de oro, pues, 3 se han quedado dentro de II y no han refluido a I. Según el supuesto, II ha satisfecho su necesidad de material de oro. Las 3 quedan en sus manos como tesoro de oro. Puesto que no pueden constituir elementos de su capital constante y puesto que, además, II ya tenía antes suficiente capital dinerario para comprar la fuerza de trabajo; puesto que, además, con excepción del elemento de desgaste, estas 3 o adicionales no tienen ninguna función que desempeñar dentro de IIc, contra una parte del cual se han intercambiado (solo podrían servir para cubrir pro tanto el elemento de desgaste, si IIc (1) fuera menor que IIc (2), lo cual es fortuito); y puesto que, por otro lado, justamente con excepción del elemento de desgaste, todo el producto mercantil IIc ha de intercambiarse por medios de producción I(v+p), este dinero tiene que transferirse por completo de IIc a IIp, ya exista IIp en medios de subsistencia necesarios o en medios de lujo, y, a cambio, debe transferirse el valor mercantil correspondiente de IIp a IIc. Resultado: una parte de la plusvalía se acumula como tesoro dinerario.

En el segundo año de reproducción, si la misma proporción del oro producido anualmente sigue consumiéndose como material, refluirán de nuevo 2 a I o y 3 se repondrán in natura, es decir, quedarán liberadas de nuevo en II como tesoro, etc.

Con respecto al capital variable en general: el capitalista I o, como cualquier otro, tiene que adelantar constantemente este capital en dinero para comprar el trabajo. Con respecto a este v, no es él, sino sus obreros, quienes tienen que comprar a II; por tanto, nunca puede darse el caso de que él aparezca como comprador y arroje así oro en II sin la iniciativa de II. Pero en la medida en que II le compra material, en que tiene que convertir su capital constante IIc en material de oro, una parte de (I o)v le refluye de II del mismo modo que a los demás capitalistas de I; y, en la medida en que no es así, repone su v en oro directamente a partir de su producto. Pero en la proporción en que el v adelantado como dinero no le refluye de II, una parte de la circulación ya existente (dinero que ha afluido de I a II y no se ha devuelto a I) se convierte en II en tesoro y, a cambio, una parte de la plusvalía de II no se gasta en medios de consumo. Como constantemente se emprenden nuevas minas de oro o se reabren las antiguas, una determinada proporción del dinero que I o ha de desembolsar en v forma siempre parte de la masa de dinero existente antes de la nueva producción de oro, que I o, por medio de sus obreros, arroja en II, y, en la medida en que no ha vuelto de II a I o, forma allí un elemento del atesoramiento.

Pero en lo que respecta a (I o)p, I o puede aparecer aquí siempre como comprador; arroja su p como oro a la circulación y saca a cambio medios de consumo IIc; aquí el oro se consume en parte como material y funciona, por tanto, como elemento real del componente constante c del capital productivo II; y, en la medida en que no es así, se convierte de nuevo en elemento del atesoramiento, como parte de IIc que permanece en dinero. Se ve —aun prescindiendo de Ic, que se considerará más adelante[^k16-55]— cómo incluso en la reproducción simple, aunque quede excluida aquí la acumulación en el sentido propio de la palabra, es decir, la reproducción en escala ampliada, queda en cambio necesariamente incluido el almacenamiento de dinero o atesoramiento. Y como esto se repite de nuevo todos los años, se explica así el supuesto del que se parte al considerar la producción capitalista: que al comienzo de la reproducción se encuentra en manos de las clases capitalistas I y II una masa de medios dinerarios correspondiente al intercambio de mercancías. Tal almacenamiento tiene lugar incluso después de deducir el oro que se pierde por el desgaste del dinero circulante.

Se comprende de suyo que, cuanto más avanzada es la edad de la producción capitalista, tanto mayor es la masa de dinero acumulada por todas partes y, por tanto, tanto menor la proporción que la nueva producción anual de oro añade a esta masa, aunque este suplemento pueda ser considerable en cuanto a su cantidad absoluta. Con carácter general, solo queremos volver una vez más sobre la objeción hecha a Tooke: ¿cómo es posible que cada capitalista saque en dinero una plusvalía del producto anual, es decir, saque de la circulación más dinero del que arroja en ella, si en última instancia hay que considerar a la propia clase capitalista como la fuente que arroja el dinero a la circulación en general?

A esto observamos, resumiendo lo ya desarrollado anteriormente (cap. XVII):

1. El único supuesto aquí necesario —que haya en general dinero suficiente para intercambiar los distintos elementos de la masa anual de reproducción— no se ve afectado en modo alguno por el hecho de que una parte del valor de las mercancías consista en plusvalía. Supongamos que toda la producción perteneciera a los propios obreros y que, por tanto, su plustrabajo fuera solo plustrabajo para ellos mismos, no para los capitalistas: la masa del valor mercantil circulante sería la misma y, en circunstancias por lo demás iguales, requeriría para su circulación la misma masa de dinero. En ambos casos, pues, la pregunta es solo: ¿de dónde sale el dinero para intercambiar este valor mercantil global? Y en modo alguno: ¿de dónde sale el dinero para convertir en dinero la plusvalía?

Ciertamente, para volver una vez más sobre ello, cada mercancía singular se compone de c + v + p, y, por tanto, para la circulación de la masa total de mercancías se necesita, por un lado, una determinada suma de dinero para la circulación del capital c + v y, por otro, otra suma de dinero para la circulación del rédito de los capitalistas, de la plusvalía p. Lo mismo para los capitalistas individuales que para la clase entera, el dinero en que esta adelanta capital es distinto del dinero en que gasta rédito. ¿De dónde viene este último dinero? Sencillamente, de que, de la masa de dinero que se encuentra en manos de la clase capitalista —y, por tanto, en líneas generales, de la masa total de dinero que se encuentra dentro de la sociedad—, una parte hace circular el rédito de los capitalistas. Ya se vio más arriba cómo todo capitalista que monta un negocio nuevo vuelve a pescar el dinero que gasta en medios de consumo para su sustento, como dinero que sirve para convertir en dinero su plusvalía, en cuanto el negocio está en marcha. Pero, hablando en general, toda la dificultad procede de dos fuentes:

Primera: si consideramos meramente la circulación y la rotación del capital, y por tanto también al capitalista solo como personificación del capital —no como consumidor capitalista y vividor—, lo vemos, es cierto, arrojar constantemente plusvalía a la circulación como componente de su capital mercantil, pero nunca vemos en su mano el dinero como forma del rédito; nunca le vemos arrojar dinero a la circulación para el consumo de la plusvalía.

Segunda: si la clase capitalista arroja a la circulación una determinada suma de dinero en forma de rédito, parece como si pagara un equivalente por esta parte del producto global anual, y esta dejara así de representar plusvalía. Pero el plusproducto en que se representa la plusvalía no le cuesta nada a la clase capitalista. Como clase, lo posee y lo disfruta gratis, y la circulación del dinero no puede cambiar nada en esto. El cambio que esta media consiste sencillamente en que cada capitalista, en lugar de consumir su plusproducto in natura, lo que en la mayoría de los casos es del todo imposible, saca del stock global del plusproducto social anual mercancías de todo tipo hasta el importe de la plusvalía que se ha apropiado, y se las apropia. Pero el mecanismo de la circulación ha mostrado que, cuando la clase capitalista arroja dinero a la circulación para gastar rédito, retira también ese mismo dinero de la circulación y puede, por tanto, comenzar siempre de nuevo el mismo proceso; que, por consiguiente, considerada como clase capitalista, sigue estando como antes en posesión de esta suma de dinero necesaria para convertir en dinero la plusvalía. Así pues, si el capitalista no solo retira del mercado de mercancías, para su fondo de consumo, la plusvalía en forma de mercancías, sino que al mismo tiempo le refluye el dinero con el que compra estas mercancías, es evidente que ha retirado las mercancías de la circulación sin equivalente. No le cuestan nada, aunque las pague con dinero. Si compro mercancías con una libra esterlina y el vendedor de la mercancía me devuelve la libra a cambio de plusproducto que no me ha costado nada, es evidente que he recibido las mercancías gratis. La repetición constante de esta operación no cambia nada en el hecho de que retiro constantemente mercancías y sigo constantemente en posesión de la libra, aunque me desprenda de ella temporalmente para obtener las mercancías. El capitalista recibe constantemente de vuelta este dinero como conversión en dinero de una plusvalía que no le ha costado nada.

Vimos que en A. Smith el valor del producto social global se resuelve en rédito, en v + p, y que, por tanto, el valor del capital constante se iguala a cero. De ello se sigue necesariamente que el dinero requerido para la circulación del rédito anual basta también para la circulación de todo el producto anual; que, por tanto, en nuestro caso, el dinero necesario para la circulación de los medios de consumo por valor de 3.000 basta para la circulación de todo el producto anual por valor de 9.000. Esta es, en efecto, la opinión de A. Smith, y Th. Tooke la repite. Esta falsa idea sobre la relación entre la masa de dinero requerida para convertir en dinero el rédito y la masa de dinero que hace circular todo el producto social es un resultado necesario del modo, no comprendido y representado sin reflexión, en que se reproducen y se reponen anualmente los distintos elementos materiales y de valor del producto global anual. Por eso ya está refutada.

Oigamos a Smith y a Tooke mismos.

Smith dice, libro II, cap. 2:

> «La circulación de todo país puede dividirse en dos partes: la circulación de los comerciantes entre sí y la circulación entre los comerciantes y los consumidores. Aunque las mismas piezas de dinero, de papel o de metal, puedan emplearse unas veces en una circulación y otras en la otra, ambas transcurren continuamente al mismo tiempo, una al lado de la otra, y cada una de ellas necesita por eso una determinada masa de dinero de una u otra clase para mantenerse en marcha. El valor de las mercancías que circulan entre los distintos comerciantes nunca puede superar el valor de las mercancías que circulan entre los comerciantes y los consumidores; porque todo lo que los comerciantes compran ha de venderse, a fin de cuentas, a los consumidores. Como la circulación entre los comerciantes se hace al por mayor, requiere en general una suma bastante grande para cada transacción. La circulación entre comerciantes y consumidores, en cambio, se hace casi siempre al por menor y requiere a menudo solo cantidades de dinero muy pequeñas; un chelín, o incluso medio penique, basta a veces. Pero las sumas pequeñas circulan mucho más deprisa que las grandes... Por eso, aunque las compras anuales de todos los consumidores sean de un valor por lo menos» {¡este «por lo menos» es bueno!} «igual a las de todos los comerciantes, en general pueden despacharse con una masa de dinero mucho menor», etc.

A este pasaje de Adam observa Th. Tooke (*An Inquiry into the Currency Principle*, Londres, 1844, pp. 34-36 passim):

> «No puede haber duda de que la distinción aquí establecida es correcta en lo sustancial... El intercambio entre comerciantes y consumidores incluye también el pago del salario, que constituye el principal ingreso (the principal means) de los consumidores... Todas las transacciones de comerciante a comerciante, es decir, todas las ventas desde el productor o el importador, a través de todas las gradaciones de procesos intermedios de la manufactura, etc., hasta el comerciante al por menor o el comerciante exportador, pueden resolverse en movimientos de transferencia de capital. Pero las transferencias de capital no presuponen necesariamente, ni traen tampoco consigo de hecho, en la gran masa de las transacciones, una cesión real de billetes de banco o de monedas —quiero decir una cesión material, no ficticia— en el momento de la transferencia... El importe total de las transacciones entre comerciantes y comerciantes tiene que estar determinado y limitado, en última instancia, por el importe de las transacciones entre comerciantes y consumidores».

Si la última frase estuviera aislada, podría creerse que Tooke se limita a constatar que existe una relación entre las transacciones de comerciante a comerciante y las de comerciante a consumidor; en otras palabras, entre el valor del rédito global anual y el valor del capital con el que se produce. Pero no es así. Se adhiere expresamente a la concepción de A. Smith. Una crítica especial de su teoría de la circulación es, por tanto, superflua.

2. Todo capital industrial, al comenzar, arroja de una vez a la circulación dinero por todo su componente fijo, que solo vuelve a sacar poco a poco, en una serie de años, mediante la venta de su producto anual. Arroja, pues, al principio más dinero a la circulación del que retira de ella. Esto se repite cada vez que se renueva in natura el capital global; se repite cada año para un determinado número de negocios cuyo capital fijo ha de renovarse in natura; se repite fragmentariamente con cada reparación, con cada renovación solo parcial del capital fijo. Así pues, si por un lado se retira de la circulación más dinero del que se arroja en ella, por el otro ocurre lo contrario.

En todos los ramos industriales cuyo período de producción (a diferencia del período de trabajo) abarca un tiempo bastante largo, los productores capitalistas arrojan constantemente dinero a la circulación durante ese período, en parte en pago de la fuerza de trabajo empleada, en parte en la compra de los medios de producción que han de consumirse; de este modo se retiran del mercado de mercancías medios de producción directamente, y medios de consumo, en parte indirectamente, a través de los obreros que gastan su salario, en parte directamente, a través de los propios capitalistas, que no suspenden en absoluto su consumo, sin que estos capitalistas arrojen al mismo tiempo, de momento, un equivalente en mercancías al mercado. Durante este período, el dinero que arrojan a la circulación sirve para convertir en dinero valor mercantil, incluida la plusvalía contenida en él. Este factor llega a ser muy importante, en la producción capitalista desarrollada, en las empresas de largo aliento, llevadas a cabo por sociedades anónimas, etc., como la construcción de ferrocarriles, canales, muelles, grandes edificios urbanos, la construcción de barcos de hierro, el drenaje de tierras en gran escala, etc.

3. Mientras que los demás capitalistas, prescindiendo del desembolso en capital fijo, sacan de la circulación más dinero del que arrojaron en ella al comprar la fuerza de trabajo y los elementos circulantes, los capitalistas productores de oro y plata, prescindiendo del metal precioso que sirve de materia prima, solo arrojan dinero a la circulación, mientras que de ella solo retiran mercancías. El capital constante, con excepción de la parte de desgaste, la mayor parte del variable y toda la plusvalía, con excepción del tesoro que eventualmente se acumule en sus propias manos, se arrojan a la circulación como dinero.

4. Por un lado, es cierto que circulan como mercancías toda clase de cosas que no han sido producidas dentro del año: terrenos, casas, etc.; además, productos cuyo período de producción se extiende a más de un año: ganado, madera, vino, etc. Para estos y otros fenómenos es importante retener que, además de la suma de dinero requerida para la circulación inmediata, se encuentra siempre una cierta cantidad en estado latente, no funcionante, que puede entrar en funciones al darse un impulso. También el valor de tales productos circula a menudo fragmentaria y paulatinamente, como el valor de las casas en el alquiler de una serie de años.

Por otro lado, no todos los movimientos del proceso de reproducción están mediados por la circulación del dinero. Todo el proceso de producción, una vez adquiridos sus elementos, queda excluido de ella. Además, todo el producto que el productor vuelve a consumir directamente él mismo, sea individual o productivamente, a lo cual pertenece también la manutención en especie de los obreros rurales.

Así pues, la masa de dinero que hace circular el producto anual existe en la sociedad, se ha ido acumulando poco a poco. No pertenece al producto de valor de este año, con excepción, si acaso, del oro de reposición de las monedas desgastadas.

En esta exposición se presupone la circulación exclusiva de dinero de metal precioso y, dentro de ella, a su vez, la forma más simple de las compras y ventas al contado; aunque sobre la base de la mera circulación metálica el dinero puede funcionar también como medio de pago, e históricamente ha funcionado así de hecho, y sobre esta base se han desarrollado un sistema crediticio y determinados aspectos de su mecanismo.

Este supuesto no se hace solo por consideraciones de método, cuyo peso se muestra ya en que tanto Tooke y su escuela como sus adversarios se vieron constantemente obligados, en sus controversias, a recurrir de nuevo, al discutir la circulación de billetes de banco, a la hipótesis de una circulación puramente metálica. Se vieron obligados a hacerlo post festum, pero entonces lo hicieron muy superficialmente, y necesariamente, porque de este modo el punto de partida solo desempeña en el análisis el papel de un punto incidental.

Pero la consideración más sencilla de la circulación del dinero expuesta en su forma *espontánea* —y esta es aquí un factor inmanente del proceso anual de reproducción— muestra:

a) Supuesta una producción capitalista desarrollada, y por tanto el dominio del sistema del trabajo asalariado, el capital dinerario desempeña evidentemente un papel principal en la medida en que es la forma en que se adelanta el capital variable. A medida que se desarrolla el sistema del trabajo asalariado, todo producto se convierte en mercancía y tiene, por tanto, que recorrer también —con algunas excepciones importantes— en su totalidad la conversión en dinero como una fase de su movimiento. La masa del dinero circulante tiene que bastar para esta conversión de las mercancías en dinero, y la mayor parte de esta masa se suministra en forma de salario, del dinero que, adelantado por los capitalistas industriales como forma dineraria del capital variable en pago de la fuerza de trabajo, en manos de los obreros solo funciona —en su gran masa— como medio de circulación (medio de compra). Esto es completamente opuesto a la economía natural, tal como predomina sobre la base de todo sistema de servidumbre (incluida la servidumbre de la gleba) y más aún sobre la de comunidades más o menos primitivas, estén estas mezcladas o no con relaciones de servidumbre o de esclavitud.

En el sistema esclavista, el capital dinerario desembolsado en la compra de la fuerza de trabajo desempeña el papel de forma dineraria del capital fijo, que solo se repone poco a poco, una vez transcurrido el período de vida activa del esclavo. Por eso, entre los atenienses, la ganancia que un propietario de esclavos obtiene directamente mediante el empleo industrial de su esclavo, o indirectamente alquilándolo a otros empleadores industriales (por ejemplo, para el trabajo en las minas), se considera también solo como interés (más amortización) del capital dinerario adelantado, exactamente igual que en la producción capitalista el capitalista industrial pone en cuenta una parte de la plusvalía más el desgaste del capital fijo como interés y reposición de su capital fijo; como es también regla entre los capitalistas que alquilan capital fijo (casas, máquinas, etc.). Los meros esclavos domésticos, ya sirvan para prestar servicios necesarios o solo para la ostentación de lujo, no entran aquí en consideración; corresponden a nuestra clase de los sirvientes. Pero también el sistema esclavista —en la medida en que es la forma dominante del trabajo productivo en la agricultura, la manufactura, la navegación, etc., como en los Estados desarrollados de Grecia y en Roma— conserva un elemento de economía natural. El propio mercado de esclavos recibe constantemente el aprovisionamiento de su mercancía fuerza de trabajo mediante la guerra, la piratería, etc., y este robo, a su vez, no está mediado por un proceso de circulación, sino que es apropiación en especie de fuerza de trabajo ajena mediante coerción física directa. Incluso en Estados Unidos, después de que la zona intermedia entre los Estados de trabajo asalariado del Norte y los Estados esclavistas del Sur se hubiera convertido en una zona de cría de esclavos para el Sur, en la que, por tanto, el propio esclavo arrojado al mercado de esclavos se había convertido en un elemento de la reproducción anual, esto no bastó durante largo tiempo, sino que se siguió practicando todo el tiempo posible la trata de esclavos africanos para llenar el mercado.

b) Los flujos y reflujos del dinero que se producen espontáneamente sobre la base de la producción capitalista en el intercambio del producto anual; los adelantos de una sola vez de los capitales fijos, por todo el monto de su valor, y la extracción sucesiva de su valor de la circulación, repartida a lo largo de períodos de años, y por tanto su reconstitución paulatina en forma dineraria mediante un atesoramiento anual, un atesoramiento totalmente distinto, por su esencia, del atesoramiento que corre paralelo a él y que se basa en la nueva producción anual de oro; la distinta duración del tiempo durante el cual, según la duración de los períodos de producción de las mercancías, hay que adelantar dinero, y por tanto también atesorarlo siempre de nuevo previamente, antes de que pueda retirarse de la circulación mediante la venta de la mercancía; la distinta duración del tiempo de adelanto, que surge ya solo de la distinta distancia entre el lugar de producción y el mercado de venta; asimismo, la diversidad en la magnitud y el período del reflujo según el estado, o la magnitud relativa, de las existencias productivas en los distintos negocios y en los distintos capitalistas individuales de un mismo ramo de negocios, y por tanto los plazos de las compras de elementos del capital constante —todo ello durante el año de reproducción—: todos estos distintos factores del movimiento espontáneo no necesitan más que haberse hecho notar y llamado la atención por la experiencia para dar pie de manera planificada tanto a los recursos mecánicos auxiliares del sistema crediticio como a la efectiva captación de los capitales prestables existentes.

A esto se añade todavía la diferencia entre los negocios cuya producción, en condiciones por lo demás normales, se desarrolla continuamente en la misma escala y aquellos que en distintos períodos del año emplean fuerza de trabajo en distinta medida, como la agricultura.

### XIII. La teoría de la reproducción de Destutt de Tracy[^k16-56]

Como ejemplo de la irreflexión confusa y a la vez fanfarrona de los economistas políticos al considerar la reproducción social, sirva el gran lógico Destutt de Tracy (véase libro I, p. 146, nota 30[^k16-t2]), al que incluso Ricardo tomaba en serio y llama a very distinguished writer[^k16-t3] (*Principles*, p. 333).

Este distinguido escritor da las siguientes explicaciones sobre el proceso global de reproducción y circulación social:

> «Se me preguntará cómo hacen estos empresarios industriales tan grandes ganancias y de quién pueden sacarlas. Respondo que lo hacen vendiendo todo lo que producen más caro de lo que les ha costado producirlo; y que lo venden

> 1. unos a otros, por toda la parte de su consumo destinada a la satisfacción de sus necesidades, que pagan con una parte de sus ganancias;

> 2. a los asalariados, tanto a los que ellos pagan como a los que pagan los capitalistas ociosos; asalariados de los que por esta vía recuperan todo su salario, excepto, si acaso, sus pequeños ahorros;

> 3. a los capitalistas ociosos, que les pagan con la parte de su rédito que no han entregado ya a los asalariados empleados directamente por ellos; de modo que toda la renta que les pagan anualmente les refluye por uno u otro de estos caminos» (Destutt de Tracy, *Traité de la volonté et de ses effets*, París, 1826, p. 239).

Es decir, los capitalistas se enriquecen, en primer lugar, engañándose todos mutuamente en el intercambio de la parte de la plusvalía que dedican a su consumo privado o consumen como rédito. Así, si esta parte de su plusvalía, o de sus ganancias, es = 400 £, de estas 400 £ salen, por ejemplo, 500 £ porque cada uno de los partícipes de las 400 £ vende al otro su parte un 25 % demasiado cara. Como todos hacen lo mismo, el resultado es el mismo que si se hubieran vendido mutuamente a su valor exacto. Solo que para la circulación de un valor mercantil de 400 £ necesitan una masa de dinero de 500 £, y esto parece más bien un método de empobrecerse que de enriquecerse, puesto que tienen que guardar improductivamente una gran parte de su patrimonio global en la forma inútil de medios de circulación. Todo se reduce a que la clase capitalista, pese a la subida nominal general de los precios de sus mercancías, solo tiene que repartirse para su consumo privado un stock de mercancías por valor de 400 £, pero se da el gusto recíproco de hacer circular 400 £ de valor mercantil con una masa de dinero que se requiere para 500 £ de valor mercantil.

Y eso por no hablar de que aquí se supone «una parte de sus ganancias» y, por tanto, en general, una existencia de mercancías en la que se representa la ganancia. Pero Destutt quiere explicarnos precisamente de dónde procede esta ganancia. La masa de dinero necesaria para hacerla circular es una cuestión completamente secundaria. La masa de mercancías en que se representa la ganancia parece proceder de que los capitalistas no solo se venden unos a otros esta masa de mercancías, lo cual ya es muy bonito y profundo, sino de que se la venden todos unos a otros demasiado cara. Ya conocemos, pues, una fuente del enriquecimiento de los capitalistas. Se reduce al secreto del «Entspektor Bräsig»: que la gran pobreza viene de la gran pauvreté[^k16-t4].

2. Los mismos capitalistas venden, además,

> «a los asalariados, tanto a los que ellos mismos pagan como a los que pagan los capitalistas ociosos; asalariados de los que de este modo recuperan todo su salario, excepto sus pequeños ahorros».

El reflujo hacia los capitalistas del capital dinerario en cuya forma han adelantado el salario al obrero constituye, según el señor Destutt, la segunda fuente de enriquecimiento de dichos capitalistas.

Así pues, si la clase capitalista ha pagado, por ejemplo, 100 £ de salario a los obreros y luego esos mismos obreros compran a esa misma clase capitalista mercancía por el mismo valor de 100 £, y por tanto la suma de 100 £ que los capitalistas han adelantado como compradores de fuerza de trabajo les refluye al vender a los obreros mercancías por 100 £, entonces los capitalistas se *enriquecen* con ello. Desde el punto de vista del sentido común corriente, parece que mediante este procedimiento los capitalistas vuelven a estar en posesión de las 100 £ que poseían antes del procedimiento. Al comienzo del procedimiento poseen 100 £ en dinero y compran con estas 100 £ fuerza de trabajo. Por estas 100 £ en dinero, el trabajo comprado produce mercancías de un valor, por lo que sabemos hasta ahora, de 100 £. Vendiendo a los obreros las mercancías de 100 £, los capitalistas recuperan 100 £ en dinero. Los capitalistas poseen, pues, de nuevo 100 £ en dinero, y los obreros, en cambio, mercancía por 100 £ que ellos mismos han producido. No se ve cómo van a enriquecerse con ello los capitalistas. Si las 100 £ en dinero no les refluyeran, habrían tenido que pagar a los obreros, en primer lugar, 100 £ en dinero por su trabajo y, en segundo lugar, darles gratis el producto de este trabajo, medios de consumo por 100 £. El reflujo podría explicar, pues, a lo sumo por qué los capitalistas no se han empobrecido con la operación, pero de ningún modo por qué se han enriquecido con ella.

Otra cuestión es, desde luego, cómo es que los capitalistas poseen las 100 £ en dinero, y por qué los obreros, en lugar de producir mercancías por cuenta propia, se ven obligados a cambiar su fuerza de trabajo por estas 100 £. Pero esto es algo que, para un pensador del calibre de Destutt, se entiende por sí mismo.

El propio Destutt no está del todo satisfecho con esta solución. No nos había dicho, en efecto, que uno se enriquece gastando una suma de dinero de 100 £ y volviendo luego a ingresar una suma de dinero de 100 £; es decir, no por el reflujo de 100 £ en dinero, que solo muestra por qué no se pierden las 100 £ en dinero. Nos había dicho que los capitalistas se enriquecen

> «vendiendo todo lo que producen más caro de lo que les ha costado comprarlo».

Por tanto, también en su transacción con los obreros los capitalistas tienen que enriquecerse vendiéndoles demasiado caro. ¡Magnífico!

> «Pagan salarios... y todo eso les refluye por los gastos de toda esta gente, que les» {los productos} «paga más caro de lo que a ellos» {a los capitalistas} «les han costado por medio de este salario» (p. 240).

Es decir, ¿los capitalistas pagan 100 £ de salario a los obreros y luego venden a los obreros su propio producto por 120 £, de modo que no solo les refluyen las 100 £, sino que además ganan 20 £? Esto es imposible. Los obreros solo pueden pagar con el dinero que han recibido en forma de salario. Si reciben de los capitalistas 100 £ de salario, solo pueden comprar por 100 £ y no por 120 £. Así, pues, la cosa no funcionaría. Pero hay todavía otro camino. Los obreros compran a los capitalistas mercancía por 100 £, pero en realidad solo reciben mercancía por valor de 80 £. Han sido, por tanto, estafados sin la menor duda en 20 £. Y el capitalista se ha enriquecido sin la menor duda en 20 £, porque de hecho ha pagado la fuerza de trabajo un 20 % por debajo de su valor o ha hecho, por un rodeo, un descuento del 20 % sobre el salario nominal.

La clase capitalista alcanzaría el mismo objetivo si desde el principio pagara a los obreros solo 80 £ de salario y luego les entregara por estas 80 £ en dinero, efectivamente, 80 £ de valor mercantil. Este parece —considerando la clase entera— el camino normal, ya que, según el propio señor Destutt, la clase obrera tiene que recibir un «salario suficiente» (p. 219), ya que este salario tiene que bastar por lo menos para mantener su existencia y su actividad laboral, para «procurarse la subsistencia más estricta» (p. 180). Si los obreros no reciben estos salarios suficientes, ello es, según el mismo Destutt, «la muerte de la industria» (p. 208), y por tanto, según parece, no un medio de enriquecimiento para los capitalistas. Pero, sea cual sea la cuantía de los salarios que la clase capitalista paga a la clase obrera, tienen un valor determinado, por ejemplo, de 80 £. Si la clase capitalista paga, pues, 80 £ a los obreros, tiene que entregarles 80 £ de valor mercantil por estas 80 £, y el reflujo de las 80 £ no la enriquece. Si les paga en dinero 100 £ y les vende por 100 £ un valor mercantil de 80 £, les paga en dinero un 25 % más que su salario normal y les entrega a cambio en mercancías un 25 % menos.

En otras palabras: el fondo del que la clase capitalista saca en general su ganancia se formaría mediante un descuento sobre el salario normal, mediante el pago de la fuerza de trabajo por debajo de su valor, es decir, por debajo del valor de los medios de subsistencia necesarios para su reproducción normal como asalariados. Por tanto, si se pagara el salario normal, como según Destutt debe ocurrir, no existiría ningún fondo de ganancia, ni para los industriales ni para los capitalistas ociosos.

El señor Destutt habría tenido, pues, que reducir todo el secreto de cómo se enriquece la clase capitalista a esto: mediante el descuento sobre el salario. Los demás fondos de la plusvalía, de los que habla en el punto 1 y en el punto 3, no existirían entonces.

Así pues, en todos los países en que el salario en dinero de los obreros está reducido al valor de los medios de consumo necesarios para su subsistencia como clase, no existiría ningún fondo de consumo ni ningún fondo de acumulación para los capitalistas, y por tanto tampoco ningún fondo de existencia de la clase capitalista, y por tanto tampoco ninguna clase capitalista. Y, según Destutt, este sería el caso en todos los países ricos y desarrollados de vieja civilización, porque aquí,

> «en nuestras sociedades de raíces antiguas, el fondo del que se sufraga el salario... es una magnitud casi constante» (p. 202).

Tampoco en el caso de la merma del salario procede el enriquecimiento de los capitalistas de que primero pagan al obrero 100 £ en dinero y luego le entregan 80 £ en mercancías por estas 100 £ en dinero —haciendo circular así, de hecho, 80 £ de mercancía mediante una suma de dinero de 100 £, un 25 % demasiado grande—, sino de que el capitalista, del producto del obrero, además de la plusvalía —la parte del producto en que se representa la plusvalía—, se apropia también un 25 % de la parte del producto que debería corresponder al obrero en forma de salario. En el modo necio en que Destutt concibe la cosa, la clase capitalista no ganaría absolutamente nada. Paga 100 £ de salario y devuelve al obrero, por estas 100 £, 80 £ de valor mercantil de su propio producto. Pero en la operación siguiente tiene que volver a adelantar 100 £ para el mismo procedimiento. Se da, pues, solo el inútil gusto de adelantar 100 £ en dinero y entregar a cambio 80 £ en mercancía, en lugar de adelantar 80 £ en dinero y entregar a cambio 80 £ en mercancía. Es decir, adelanta constante e inútilmente, para la circulación de su capital variable, un capital dinerario un 25 % demasiado grande, lo cual es un método de enriquecimiento muy peculiar.

3. La clase capitalista vende, por último,

> «a los capitalistas ociosos, que le pagan con la parte de su rédito que no han entregado ya a los asalariados empleados directamente por ellos; de modo que toda la renta que les» (a los ociosos) «paga anualmente le refluye por uno u otro de estos caminos».

Hemos visto antes que los capitalistas industriales

> «con una parte de sus ganancias pagan toda la parte de su consumo destinada a la satisfacción de sus necesidades».

Supongamos, pues, que sus ganancias son = 200 £. Consumen, por ejemplo, 100 £ en su consumo individual. Pero la otra mitad = 100 £ no les pertenece a ellos, sino a los capitalistas ociosos, es decir, a los perceptores de la renta del suelo y a los capitalistas que prestan a interés. Tienen, pues, que pagar 100 £ en dinero a esta sociedad. Digamos ahora que, de este dinero, estos últimos necesitan 80 £ para su propio consumo y 20 £ para comprar sirvientes, etc. Compran, pues, con las 80 £ medios de consumo a los capitalistas industriales. Con ello refluyen a estos, mientras se alejan de ellos 80 £ de producto, 80 £ en dinero, o sea 4/5 de las 100 £ que han pagado a los capitalistas ociosos con el nombre de renta, interés, etc. Además, la clase de los sirvientes, los asalariados directos de los capitalistas ociosos, han recibido de sus señores 20 £. Con ellas compran igualmente a los capitalistas industriales medios de consumo por 20 £. Con ello refluyen a estos, mientras se alejan de ellos 20 £ de producto, 20 £ en dinero, o sea el último quinto de las 100 £ en dinero que han pagado a los capitalistas ociosos como renta, interés, etc.

Al final de la transacción, a los capitalistas industriales les han refluido las 100 £ en dinero que cedieron para pagar renta, interés, etc., a los capitalistas ociosos, mientras que la mitad de su plusproducto = 100 £ ha pasado de sus manos al fondo de consumo de los capitalistas ociosos.

Para la cuestión de que aquí se trata es, pues, evidentemente del todo superfluo poner en juego de alguna manera la división de las 100 £ entre los capitalistas ociosos y sus asalariados directos. La cosa es sencilla: sus rentas, intereses, en una palabra, la participación que les corresponde de la plusvalía = 200 £, se la pagan en dinero los capitalistas industriales, en 100 £. Con estas 100 £ compran, directa o indirectamente, medios de consumo a los capitalistas industriales. Les devuelven, pues, 100 £ en dinero y les retiran medios de consumo por 100 £.

Con ello se ha producido el reflujo de las 100 £ en dinero pagadas por los capitalistas industriales a los capitalistas ociosos. ¿Es este reflujo de dinero, como fantasea Destutt, un medio de enriquecimiento para los capitalistas industriales? Antes de la transacción tenían una suma de valor de 200 £: 100 £ en dinero y 100 £ en medios de consumo. Después de la transacción solo poseen la mitad de la suma de valor originaria. Tienen de nuevo las 100 £ en dinero, pero han perdido las 100 £ en medios de consumo, que han pasado a manos de los capitalistas ociosos. Son, pues, 100 £ más pobres, en lugar de 100 £ más ricos. Si, en lugar del rodeo de pagar primero 100 £ en dinero y recuperar luego estas 100 £ en dinero en pago de 100 £ de medios de consumo, hubieran pagado directamente la renta, el interés, etc., en la forma natural de su producto, no les refluirían de la circulación 100 £ en dinero, porque no habrían arrojado en ella 100 £ en dinero. Por la vía del pago en especie, la cosa se habría presentado sencillamente así: del plusproducto por valor de 200 £ se habrían quedado con la mitad para sí y habrían entregado la otra mitad sin equivalente a los capitalistas ociosos. Ni siquiera Destutt habría podido sentirse tentado a declarar esto un medio de enriquecimiento.

La tierra y el capital que los capitalistas industriales han tomado prestados de los capitalistas ociosos, y por los que tienen que pagarles una parte de la plusvalía en forma de renta del suelo, interés, etc., les resultaban naturalmente lucrativos, porque eran una de las condiciones de la producción tanto del producto en general como de la parte del producto que constituye plusproducto o en la que se representa la plusvalía. Esta ganancia brota del uso de la tierra y del capital prestados, pero no del precio que se paga por ellos. Este precio constituye más bien una deducción de ella. O habría que afirmar que los capitalistas industriales no se harían más ricos, sino más pobres, si pudieran quedarse para sí mismos con la otra mitad de la plusvalía en lugar de entregarla. Pero a semejante confusión se llega cuando se mezclan fenómenos de la circulación, como el reflujo del dinero, con la distribución del producto, que esos fenómenos de la circulación no hacen más que mediar.

Y sin embargo, el mismo Destutt es lo bastante listo como para observar:

> «¿De dónde vienen los réditos de estas gentes ociosas? ¿No vienen de la renta que les pagan de su ganancia aquellos que hacen trabajar los capitales de los primeros, es decir, aquellos que con los fondos de los primeros pagan un trabajo que produce más de lo que cuesta; en una palabra, los industriales? A estos hay que remontarse, pues, siempre para encontrar la fuente de toda riqueza. Son ellos los que en realidad alimentan a los asalariados empleados por los primeros» (p. 246).

Así que ahora el pago de esta renta, etc., es una merma de la ganancia de los industriales. Antes era para ellos un medio de enriquecerse.

Pero a nuestro Destutt le ha quedado, con todo, un consuelo. Estos buenos industriales hacen con los industriales ociosos lo mismo que han hecho entre sí y con los obreros. Les venden todas las mercancías demasiado caras, por ejemplo, un 20 %. Ahora bien, caben dos posibilidades. O los ociosos tienen, además de las 100 £ que reciben anualmente de los industriales, otros recursos monetarios, o no los tienen. En el primer caso, los industriales les venden mercancía y valores de 100 £ al precio, pongamos, de 120 £. Al vender sus mercancías no solo les refluyen, pues, las 100 £ que pagaron a los ociosos, sino además otras 20 £, que constituyen realmente valor nuevo para ellos. ¿Cómo queda ahora la cuenta? Han entregado gratis mercancía por 100 £, porque las 100 £ en dinero con que se les ha pagado en parte eran su propio dinero. Su propia mercancía se les ha pagado, pues, con su propio dinero. Por tanto, 100 £ de pérdida. Pero además han recibido 20 £ por el exceso del precio sobre el valor. Por tanto, 20 £ de ganancia; sumadas a las 100 £ de pérdida, dan 80 £ de pérdida; nunca se convierte en un más, sigue siendo siempre un menos. La estafa cometida contra los ociosos ha reducido la pérdida de los industriales, pero no por ello ha convertido una pérdida de riqueza en un medio de enriquecimiento para ellos. Pero este método no puede durar a la larga, porque los ociosos no pueden pagar anualmente 120 £ en dinero si anualmente solo ingresan 100 £ en dinero.

Queda, pues, el otro método: los industriales venden mercancías por valor de 80 £ por las 100 £ en dinero que han pagado a los ociosos. En este caso, siguen entregando gratis, como antes, 80 £ en forma de renta, interés, etc. Mediante esta estafa han reducido el tributo a los ociosos, pero este sigue existiendo como antes, y los ociosos, según la misma teoría por la que los precios dependen de la buena voluntad de los vendedores, están en condiciones de exigir en el futuro 120 £ de renta, interés, etc., por su tierra y su capital, en lugar de 100 £ como hasta ahora.

Este brillante desarrollo es digno por completo del profundo pensador que, por un lado, copia a A. Smith que

> «el trabajo es la fuente de toda riqueza» (p. 242),

que los capitalistas industriales

> «emplean su capital en pagar trabajo que lo reproduce con ganancia» (p. 246),

y, por otro, concluye que estos capitalistas industriales

> «alimentan a todos los demás hombres, son los únicos que aumentan la fortuna pública y crean todos nuestros medios de disfrute» (p. 242);

que no son los capitalistas los que son alimentados por los obreros, sino los obreros por los capitalistas, y ello por la brillante razón de que el dinero con que se paga a los obreros no se queda en sus manos, sino que vuelve constantemente a los capitalistas en pago de las mercancías producidas por los obreros.

> «No hacen más que recibir con una mano y devolver con la otra. Su consumo debe considerarse, pues, como producido por quienes les pagan» (p. 235).

Tras esta exposición exhaustiva de la reproducción y el consumo sociales, tal como están mediados por la circulación del dinero, Destutt prosigue:

> «Esto es lo que completa este perpetuum mobile de la riqueza, un movimiento que, aunque mal comprendido» {mal connu[^k16-t5] —¡seguro!}, «ha sido llamado con razón circulación; porque es, en efecto, un ciclo y vuelve siempre a su punto de partida. Este punto es aquel en que se lleva a cabo la producción» (pp. 239, 240).

Destutt, that very distinguished writer, membre de l'Institut de France et de la Société Philosophique de Philadelphie[^k16-t6], y de hecho, en cierto modo, una lumbrera entre los economistas vulgares, ruega por último al lector que admire la maravillosa claridad con que ha expuesto el curso del proceso social, el torrente de luz que ha derramado sobre el asunto, y es incluso lo bastante condescendiente como para comunicar al lector de dónde viene toda esta luz. Esto hay que darlo en el original:

> «On remarquera, j'espère, combien cette manière de considérer la consommation de nos richesses est concordante avec tout ce que nous avons dit à propos de leur production et de leur distribution, et en même temps *quelle clarté elle répand sur toute la marche de la société*. *D'où* viennent cet accord et cette *lucidité*? De ce que nous avons rencontré la vérité. Cela rappelle l'effet de ces miroirs où les objets se peignent nettement et dans leurs justes proportions, quand on est placé dans leur vrai point-de-vue, et où tout paraît confus et désuni, quand on en est trop près ou trop loin»[^k16-t7] (pp. 242, 243).

Voilà le crétinisme bourgeois dans toute sa béatitude![^k16-t8]

## Capítulo vigesimoprimero. Acumulación y reproducción ampliada[^k17-57]

En el libro primero se ha mostrado cómo transcurre la acumulación para el capitalista individual. Mediante la conversión en dinero del capital mercantil se convierte también en dinero el plusproducto en el que se representa la plusvalía. El capitalista reconvierte esta plusvalía así transformada en dinero en elementos naturales adicionales de su capital productivo. En el siguiente ciclo de la producción, el capital aumentado entrega un producto aumentado. Pero lo que ocurre con el capital individual tiene que aparecer también en la reproducción global anual, exactamente igual que, al examinar la reproducción simple, vimos que el sucesivo depósito en dinero —en el caso del capital individual— de sus componentes fijos consumidos, dinero que se atesora, se expresa también en la reproducción social anual.

Si un capital individual = 400c + 100v, y la plusvalía anual = 100, el producto mercantil es = 400c + 100v + 100p. Estos 600 se convierten en dinero. De este dinero, 400c se convierten de nuevo en la forma natural de capital constante, 100v en fuerza de trabajo, y —en caso de que se acumule toda la plusvalía— además 100p se transforman en capital constante adicional, mediante su conversión en elementos naturales del capital productivo. Se supone con ello: 1. que esta suma basta, en las condiciones técnicas dadas, ya sea para la ampliación del capital constante en funciones, ya para el establecimiento de un nuevo negocio industrial. Pero puede ocurrir también que la transformación de plusvalía en dinero y el atesoramiento de este dinero sean necesarios durante un tiempo mucho más largo antes de que este proceso pueda tener lugar, es decir, antes de que pueda producirse una acumulación real, una ampliación de la producción. 2. Se presupone que de hecho ya antes se ha producido una producción en escala ampliada; pues para poder transformar el dinero (la plusvalía atesorada en dinero) en elementos del capital productivo, estos elementos tienen que poder comprarse en el mercado como mercancías; y no hay ninguna diferencia si no se compran como mercancías acabadas, sino que se fabrican por encargo. No se pagan hasta que están ahí, y en todo caso después de que, con respecto a ellos, haya tenido lugar ya una reproducción real en escala ampliada, una ampliación de la producción normal hasta entonces. Tenían que estar ahí potencialmente, es decir, en sus elementos, puesto que solo hace falta el impulso del encargo, es decir, de una compra de la mercancía que precede a su existencia y de su venta anticipada, para que su producción tenga lugar realmente. El dinero de un lado da entonces vida a la reproducción ampliada del otro, porque la posibilidad de esta existe *sin* el dinero; pues el dinero en sí mismo no es un elemento de la reproducción real.

Si el capitalista A, por ejemplo, vende durante un año o durante un número mayor de años las cantidades de producto mercantil producidas sucesivamente por él, con ello transforma también sucesivamente en dinero la parte del producto mercantil que es portadora de la plusvalía —el plusproducto—, es decir, la plusvalía misma producida por él en forma de mercancía; va acumulando poco a poco ese dinero y se forma así un nuevo capital dinerario potencial; potencial por su capacidad y su destino de convertirse en elementos de capital productivo. Pero de hecho no lleva a cabo más que un simple atesoramiento, que no es un elemento de la reproducción real. Su actividad consiste aquí, por lo pronto, solo en ir sustrayendo sucesivamente de la circulación dinero circulante, sin que naturalmente quede excluido que el dinero circulante que así guarda bajo siete llaves fuera a su vez —antes de entrar en la circulación— parte de otro tesoro. Este tesoro de A, que es potencialmente nuevo capital dinerario, no es una riqueza social adicional, como tampoco lo sería si se gastara en medios de consumo. Pero el dinero que se sustrae de la circulación, es decir, que antes se encontraba en ella, puede haber estado ya almacenado antes como componente de un tesoro, o haber sido forma dineraria de un salario, haber convertido en dinero medios de producción u otra mercancía, o haber hecho circular partes constantes del capital o el rédito de un capitalista. Es tan poco una riqueza nueva como lo es el dinero, considerado desde el punto de vista de la simple circulación de mercancías, portador no solo de su valor existente, sino del décuplo de este, porque ha rotado diez veces en el día y ha realizado diez valores de mercancías distintos. Las mercancías existen sin él, y él mismo sigue siendo lo que es (o se vuelve todavía menor por el desgaste), en una rotación o en diez. Solo en la producción de oro —en la medida en que el producto de oro contiene plusproducto, portador de plusvalía— se crea riqueza nueva (dinero potencial), y solo en la medida en que todo el nuevo producto de oro entra en la circulación aumenta el material dinerario de nuevos capitales dinerarios potenciales.

Aunque no sea una riqueza social nueva adicional, esta plusvalía atesorada en forma de dinero representa un nuevo capital dinerario potencial, por la función para la que se almacena. (Veremos más adelante que el nuevo capital dinerario puede surgir también por otro camino que por la gradual conversión en oro de la plusvalía.)

El dinero se sustrae de la circulación y se almacena como tesoro mediante la venta de la mercancía sin compra subsiguiente. Si esta operación se concibe, pues, como algo que se da de manera general, no parece verse de dónde van a salir los compradores, ya que en este proceso —y hay que concebirlo de manera general, puesto que todo capital individual puede encontrarse en proceso de acumulación— todos quieren vender para atesorar, y nadie comprar.

Si nos representáramos el proceso de circulación entre las distintas partes de la reproducción anual como si discurriera en línea recta —lo cual es falso, pues, con pocas excepciones, consiste en su totalidad en movimientos que refluyen unos frente a otros—, habría que empezar por el productor de oro (o de plata), que compra sin vender, y suponer que todos los demás le venden a él. Entonces todo el plusproducto social anual (el portador de toda la plusvalía) pasaría a él, y todos los demás capitalistas se repartirían pro rata su plusproducto, que por naturaleza existe en dinero, la conversión natural en oro de su plusvalía; pues la parte del producto del productor de oro que tiene que reponer su capital en funciones ya está comprometida y se ha dispuesto de ella. La plusvalía del productor de oro, producida en oro, sería entonces el único fondo del que todos los demás capitalistas extraerían la materia para convertir en oro su plusproducto anual. Por su magnitud de valor, tendría que ser, pues, igual a toda la plusvalía social anual, que primero tiene que crisalidarse en la forma de tesoro. Por absurdos que sean estos supuestos, no servirían más que para explicar la posibilidad de un atesoramiento general y simultáneo, con lo cual la reproducción misma, salvo del lado de los productores de oro, no habría avanzado un solo paso.

Antes de resolver esta dificultad aparente, hay que distinguir: acumulación en la sección I (producción de medios de producción) y en la sección II (producción de medios de consumo). Empezamos por I.

### I. Acumulación en la sección I

#### 1. Atesoramiento

Está claro que tanto las inversiones de capital en las numerosas ramas industriales de que se compone la clase I como las distintas inversiones individuales de capital dentro de cada una de estas ramas industriales se encuentran, según su edad, es decir, según el tiempo que llevan ya funcionando, y prescindiendo por completo de su volumen, sus condiciones técnicas, las condiciones del mercado, etc., en distintas fases del proceso de la transformación sucesiva de plusvalía en capital dinerario potencial, ya deba servir este capital dinerario para la ampliación de su capital en funciones o para el establecimiento de nuevos negocios industriales, las dos formas de la ampliación de la producción. Por eso, una parte de los capitalistas transforma constantemente su capital dinerario potencial, que ha crecido hasta la magnitud correspondiente, en capital productivo, es decir, compra con el dinero atesorado mediante la conversión en oro de la plusvalía medios de producción, elementos adicionales de capital constante; mientras que otra parte está todavía ocupada en atesorar su capital dinerario potencial. Los capitalistas que pertenecen a estas dos categorías se enfrentan, pues, unos como compradores y otros como vendedores, y cada uno de ellos en este papel exclusivo.

Supongamos que A vende, por ejemplo, 600 (= 400c + 100v + 100p) a B (que puede representar a más de un comprador). Ha vendido mercancías por 600, a cambio de 600 en dinero, de los cuales 100 representan plusvalía, que sustrae de la circulación y atesora como dinero; pero estos 100 en dinero son solo la forma dineraria del plusproducto que era el portador de un valor de 100. El atesoramiento no es en absoluto producción y, por tanto, tampoco es de entrada un incremento de la producción. La acción del capitalista consiste aquí únicamente en sustraer de la circulación, retener y embargar el dinero que ha arrebatado mediante la venta del plusproducto de 100. Esta operación no tiene lugar solo por parte de A, sino en numerosos puntos de la periferia de la circulación, por parte de otros A', A'', A''', capitalistas que trabajan todos con el mismo afán en esta clase de atesoramiento. Estos numerosos puntos donde se sustrae dinero de la circulación y se acumula en numerosos tesoros individuales, o capitales dinerarios potenciales, parecen otros tantos obstáculos para la circulación, porque inmovilizan el dinero y lo privan de su capacidad de circular durante un tiempo más o menos largo. Pero hay que tener en cuenta que en la simple circulación de mercancías, mucho antes de que esta se funde en la producción capitalista de mercancías, tiene lugar el atesoramiento; la cantidad de dinero existente en la sociedad es siempre mayor que la parte de ella que se halla en circulación activa, aunque esta crezca o disminuya según las circunstancias. Aquí volvemos a encontrar estos mismos tesoros y este mismo atesoramiento, pero ahora como un momento inmanente al proceso capitalista de producción.

Se comprende la satisfacción cuando, dentro del sistema de crédito, todos estos capitales potenciales, mediante su concentración en manos de bancos, etc., se convierten en capital disponible, loanable capital («capital prestable»), capital dinerario, y ya no en capital pasivo y en música del futuro, sino en capital activo, que crece usurariamente (wuchern, aquí en el sentido de crecer).[^k17-t2]

Pero A solo lleva a cabo este atesoramiento en la medida en que —con respecto a su plusproducto— aparece solo como vendedor, y no después como comprador. Su sucesiva producción de plusproducto —del portador de su plusvalía que ha de convertirse en oro— es, pues, el presupuesto de su atesoramiento. En el caso dado, en el que solo se considera la circulación dentro de la categoría I, la forma natural del plusproducto, como la del producto global del que forma parte, es la forma natural de un elemento del capital constante I, es decir, pertenece a la categoría de los medios de producción de medios de producción. Lo que sea de él, es decir, a qué función sirva, en manos de los compradores B, B', B'', etc., lo veremos enseguida.

Pero lo que aquí hay que retener ante todo es esto: aunque A sustrae de la circulación dinero por su plusvalía y lo atesora, por otro lado arroja a ella mercancía sin sustraerle a cambio otra mercancía, con lo que B, B', B'', etc., quedan capacitados a su vez para arrojar en ella dinero y sustraerle a cambio solo mercancía. En el caso dado, esta mercancía entra, por su forma natural y por su destino, como elemento fijo o fluido en el capital constante de B, B', etc. Sobre esto último, más cuando tengamos que vérnoslas con el comprador del plusproducto, con B, B', etc.

* * *

Observemos aquí de paso: como antes, al examinar la reproducción simple, volvemos a encontrar aquí que el intercambio de los distintos componentes del producto anual, es decir, su circulación (que tiene que abarcar al mismo tiempo la reproducción del capital, y precisamente su restablecimiento en sus distintas determinaciones: capital constante, variable, fijo, circulante, dinerario, mercantil), no presupone en modo alguno una mera compra de mercancía que se complete con una venta subsiguiente, o una venta que se complete con una compra subsiguiente, de modo que de hecho solo tuviera lugar un intercambio de mercancía por mercancía, como supone la economía política, especialmente la escuela librecambista desde los fisiócratas y Adam Smith. Sabemos que el capital fijo, una vez hecho el desembolso para él, no se renueva durante todo su tiempo de funcionamiento, sino que sigue actuando en su vieja forma, mientras su valor se va depositando gradualmente en dinero. Ahora bien, vimos que la renovación periódica del capital fijo IIc (cuyo valor de capital total IIc se intercambia por elementos por valor de I(v + p)) presupone, por un lado, la *mera compra* de la parte fija de IIc, que se reconvierte de forma dineraria en forma natural, y a la que corresponde la mera venta de Ip; y, por otro lado, presupone la *mera venta* por parte de IIc, la venta de la parte fija (de desgaste) de su valor, que se deposita en dinero, y a la que corresponde la mera compra de Ip. Para que el intercambio se lleve a cabo aquí normalmente, hay que suponer que la mera compra por parte de IIc sea, en cuanto a su volumen de valor, igual a la mera venta por parte de IIc, e igualmente que la mera venta de Ip a IIc, parte 1, sea igual a su mera compra de IIc, parte 2 (pág. 440).[^k17-t3] De lo contrario, se perturba la reproducción simple; la mera compra aquí tiene que quedar cubierta por la mera venta allí. Igualmente hay que suponer aquí que la mera venta de la parte atesoradora A, A', A'' de Ip esté en equilibrio con la mera compra de la parte B, B', B'' en Ip, que transforma su tesoro en elementos de capital productivo adicional.

En la medida en que el equilibrio se establece porque el comprador aparece después, y por el mismo importe de valor, como vendedor, y a la inversa, tiene lugar un reflujo del dinero hacia el lado que lo adelantó en la compra, que vendió primero antes de volver a comprar. Pero el equilibrio real, con respecto al intercambio mismo de mercancías, al intercambio de las distintas partes del producto anual, está condicionado por el mismo importe de valor de las mercancías que se intercambian unas por otras.

Pero en la medida en que solo tienen lugar intercambios unilaterales, una masa de meras compras por un lado y una masa de meras ventas por el otro —y hemos visto que el intercambio normal del producto anual sobre base capitalista condiciona estas metamorfosis unilaterales—, el equilibrio solo existe en el supuesto de que el importe de valor de las compras unilaterales y el importe de valor de las ventas unilaterales coincidan. El hecho de que la producción de mercancías sea la forma general de la producción capitalista implica ya el papel que desempeña en ella el dinero, no solo como medio de circulación, sino como capital dinerario, y engendra ciertas condiciones del intercambio normal, propias de este modo de producción, y por tanto del curso normal de la reproducción, sea en escala simple, sea en escala ampliada, que se truecan en otras tantas condiciones del curso anormal, en posibilidades de crisis, puesto que el equilibrio mismo —dada la configuración espontánea de esta producción— es una casualidad.

Hemos visto igualmente que, en el intercambio de Iv por el importe de valor correspondiente de IIc, tiene lugar sin duda para IIc, en definitiva, la reposición de mercancía II por el mismo importe de valor de mercancía I, es decir, que por parte del capitalista colectivo II la venta de su propia mercancía se completa aquí posteriormente con la compra de mercancía I por el mismo importe de valor. Esta reposición tiene lugar; pero no tiene lugar un cambio entre los capitalistas I y II en este intercambio de sus mercancías recíprocas. IIc vende su mercancía a la clase obrera de I; esta se le enfrenta unilateralmente como compradora de mercancías, y él a ella unilateralmente como vendedor de mercancías; con el dinero así obtenido se enfrenta él, a su vez unilateralmente, como comprador de mercancías al capitalista colectivo I, y este a él, hasta el importe de Iv, unilateralmente como vendedor de mercancías. Solo mediante esta venta de mercancías reproduce I en definitiva su capital variable en forma de capital dinerario. Si el capital de I se enfrenta al de II unilateralmente como vendedor de mercancías hasta el importe de Iv, frente a su clase obrera se presenta como comprador de mercancías en la compra de su fuerza de trabajo; y si la clase obrera I se enfrenta al capitalista II unilateralmente como compradora de mercancías (a saber, como compradora de medios de subsistencia), frente al capitalista I se presenta unilateralmente como vendedora de mercancías, a saber, como vendedora de su fuerza de trabajo.

La oferta continua de fuerza de trabajo por parte de la clase obrera en I, la reconversión de una parte del capital mercantil I en forma dineraria del capital variable, la reposición de una parte del capital mercantil II por elementos naturales del capital constante IIc: todos estos presupuestos necesarios se condicionan recíprocamente, pero están mediados por un proceso muy complicado, que encierra tres procesos de circulación que transcurren independientemente unos de otros, pero que se entrelazan entre sí. La complejidad misma del proceso ofrece otras tantas ocasiones para un curso anormal.

#### 2. El capital constante adicional

El plusproducto, el portador de la plusvalía, no les cuesta nada a quienes se lo apropian, a los capitalistas I. No tienen que adelantar de ningún modo dinero ni mercancías para obtenerlo. El adelanto (avance) es ya en los fisiócratas la forma general del valor realizado en elementos de capital productivo. Lo que adelantan, pues, no es más que su capital constante y su capital variable. El obrero no solo les conserva con su trabajo su capital constante; no solo les repone el valor del capital variable mediante una parte de valor nuevamente creada correspondiente, en forma de mercancía; con su plustrabajo les entrega además una plusvalía que existe en forma de plusproducto. Mediante la venta sucesiva de este plusproducto forman el tesoro, capital dinerario potencial adicional. En el caso aquí considerado, este plusproducto se compone de entrada de medios de producción de medios de producción. Solo en manos de B, B', B'', etc. (I) funciona este plusproducto como capital constante adicional; pero lo es ya virtualiter,[^k17-t4] antes de venderse, ya en manos de los atesoradores A, A', A'' (I). Si consideramos solo el volumen de valor de la reproducción por parte de I, nos encontramos todavía dentro de los límites de la reproducción simple, pues no se ha puesto en movimiento ningún capital adicional para crear este capital constante virtualmente adicional (el plusproducto), ni tampoco un plustrabajo mayor que el gastado sobre la base de la reproducción simple. La diferencia reside aquí solo en la forma del plustrabajo empleado, en la naturaleza concreta de su particular modo útil. Se ha gastado en medios de producción para Ic en lugar de para IIc, en medios de producción para medios de producción en lugar de en medios de producción para medios de consumo. En la reproducción simple se supuso que toda la plusvalía I se gastaba como rédito, es decir, en mercancías II; por tanto, solo consistía en aquellos medios de producción que han de reponer en su forma natural el capital constante IIc. Así pues, para que tenga lugar el paso de la reproducción simple a la ampliada, la producción de la sección I tiene que estar en condiciones de fabricar menos elementos del capital constante para II, pero otros tantos más para I. Este paso, que no siempre se efectuará sin dificultades, se ve facilitado por el hecho de que cierto número de productos de I pueden servir como medios de producción en ambas secciones.

Se sigue, pues, que —considerado solo en cuanto al volumen de valor— dentro de la reproducción simple se produce el sustrato material de la reproducción ampliada. Es sencillamente plustrabajo de la clase obrera I gastado directamente en la producción de medios de producción, en la creación de capital adicional virtual I. La formación de capital dinerario adicional virtual por parte de A, A', A'' (I) —mediante la venta sucesiva de su plusproducto, formado sin ningún gasto capitalista de dinero— es, pues, aquí la mera forma dineraria de medios de producción I producidos adicionalmente.

La producción de capital adicional virtual no expresa, pues, en nuestro caso (pues, como veremos, también puede formarse de manera muy distinta), otra cosa que un fenómeno del proceso de producción mismo, la producción, en una forma determinada, de elementos del capital productivo.

La producción en gran escala de capital dinerario adicional virtual —en numerosos puntos de la periferia de la circulación— no es, pues, otra cosa que el resultado y la expresión de una producción múltiple de capital productivo virtualmente adicional, cuyo surgimiento no presupone por sí mismo gastos de dinero adicionales por parte de los capitalistas industriales.

La transformación sucesiva de este capital productivo virtualmente adicional en capital dinerario virtual (tesoro) por parte de A, A', A'', etc. (I), condicionada por la venta sucesiva de su plusproducto —es decir, por una venta unilateral repetida de mercancías sin compra complementaria—, se lleva a cabo mediante una sustracción repetida de dinero de la circulación y el atesoramiento correspondiente. Este atesoramiento —excepto en el caso en que el comprador sea el productor de oro— no supone en modo alguno una riqueza adicional en metales preciosos, sino solo una función modificada del dinero que circulaba hasta entonces. Hace un momento funcionaba como medio de circulación; ahora funciona como tesoro, como capital dinerario virtualmente nuevo en formación. La formación de capital dinerario adicional y la masa de metal precioso que se encuentra en un país no guardan, pues, ninguna relación causal entre sí.

De ahí se sigue además: cuanto mayor sea el capital productivo que ya funciona en un país (incluida la fuerza de trabajo incorporada a él, la creadora del plusproducto), cuanto más desarrollada esté la fuerza productiva del trabajo y, con ella, también los medios técnicos para una rápida expansión de la producción de medios de producción —y, por tanto, cuanto mayor sea también la masa del plusproducto, tanto por su valor como por la masa de los valores de uso en que se representa—, tanto mayor será

1. el capital productivo virtualmente adicional en forma de plusproducto en manos de A, A', A'', etc., y

2. la masa de este plusproducto transformado en dinero, es decir, del capital dinerario virtualmente adicional en manos de A, A', A''. Así pues, cuando Fullarton,[^k17-t5] por ejemplo, no quiere saber nada de la sobreproducción en el sentido habitual, pero sí de la sobreproducción de capital, a saber, de capital dinerario, esto demuestra una vez más cuán absolutamente poco entienden del mecanismo de su sistema incluso los mejores economistas burgueses.

Si el plusproducto, producido directamente y apropiado por los capitalistas A, A', A'' (I), es la base real de la acumulación de capital, es decir, de la reproducción ampliada, aunque solo funcione en acto en esta calidad en manos de B, B', B'', etc. (I), en cambio, en su crisálida dineraria —como tesoro y como capital dinerario virtual que solo se va formando poco a poco—, es absolutamente improductivo, corre paralelo al proceso de producción en esta forma, pero queda fuera de él. Es un peso muerto (dead weight) de la producción capitalista. El afán de hacer utilizable esta plusvalía que se atesora como capital dinerario virtual, tanto para la ganancia como para el rédito, encuentra la meta de sus aspiraciones en el sistema de crédito y en los «papelitos». El capital dinerario adquiere así, en otra forma, la más enorme influencia sobre el curso y el poderoso desarrollo del sistema capitalista de producción.

El plusproducto convertido en capital dinerario virtual será tanto mayor en su masa cuanto mayor haya sido la suma total del capital ya en funciones de cuya función ha salido. Pero con el aumento absoluto del volumen del capital dinerario virtual reproducido anualmente resulta también más fácil su segmentación, de modo que se invierte más rápidamente en un negocio particular, ya sea en manos del mismo capitalista, ya en otras manos (por ejemplo, de miembros de la familia, en los repartos de herencias, etc.). Segmentación del capital dinerario significa aquí que se separa por completo del capital matriz para invertirse como nuevo capital dinerario en un nuevo negocio independiente.

Si los vendedores del plusproducto A, A', A'', etc. (I) lo han obtenido como resultado directo del proceso de producción, que, aparte del adelanto en capital constante y variable exigido también en la reproducción simple, no presupone ningún otro acto de circulación; si, además, con ello suministran la base real de la reproducción en escala ampliada, fabrican de hecho capital virtualmente adicional, en cambio los B, B', B'', etc. (I) se comportan de otro modo. 1. Solo en sus manos funcionará en acto el plusproducto de A, A', A'', etc., como capital constante adicional (el otro elemento del capital productivo, la fuerza de trabajo adicional, es decir, el capital variable adicional, lo dejamos por el momento de lado); 2. para que llegue a sus manos se requiere un acto de circulación: tienen que comprar el plusproducto.

Con respecto al punto 1, hay que observar aquí que una gran parte del plusproducto (capital constante virtualmente adicional) producido por A, A', A'' (I) se produce sin duda en este año, pero solo en el año siguiente o aún más tarde puede funcionar en acto como capital industrial en manos de B, B', B'' (I); con respecto al punto 2, cabe preguntarse: ¿de dónde sale el dinero necesario para el proceso de circulación?

En la medida en que los productos que producen B, B', B'', etc. (I) vuelven a entrar in natura en su propio proceso, se comprende por sí mismo que pro tanto[^k17-t6] una parte de su propio plusproducto se transfiere directamente (sin mediación de la circulación) a su capital productivo y entra en él como elemento adicional del capital constante. Pero pro tanto tampoco convierten en oro el plusproducto de A, A', etc. (I). Prescindiendo de esto, ¿de dónde sale el dinero? Sabemos que han formado su tesoro como A, A', etc., mediante la venta de sus respectivos plusproductos, y que ahora han llegado a la meta en la que su capital dinerario, acumulado como tesoro y solo virtual, ha de funcionar efectivamente como capital dinerario adicional. Pero con esto no hacemos más que girar en círculo. La pregunta sigue siendo: ¿de dónde sale el dinero que los B (I) sustrajeron antes de la circulación y acumularon?

Pero sabemos ya, por el examen de la reproducción simple, que en manos de los capitalistas I y II tiene que encontrarse cierta masa de dinero para intercambiar su plusproducto. Allí, el dinero que solo servía para gastarse como rédito en medios de consumo volvía a los capitalistas en la medida en que lo habían adelantado para el intercambio de sus respectivas mercancías; aquí reaparece el mismo dinero, pero con una función modificada. Los A y los B (I) se suministran alternativamente el dinero para la transformación de plusproducto en capital dinerario virtual adicional y arrojan alternativamente de nuevo a la circulación, como medio de compra, el capital dinerario recién formado.

Lo único que se presupone en esto es que la masa de dinero existente en el país (suponiendo iguales la velocidad de circulación, etc.) baste tanto para la circulación activa como para el tesoro de reserva; es decir, el mismo presupuesto que, como vimos, tiene que cumplirse también en la simple circulación de mercancías. Solo la función de los tesoros es aquí distinta. Además, la masa de dinero existente tiene que ser mayor: 1. porque en la producción capitalista todo producto (con excepción del metal precioso recién producido y de los pocos productos consumidos por el propio productor) se produce como mercancía y, por tanto, tiene que pasar por la crisálida dineraria; 2. porque sobre base capitalista la masa del capital mercantil y su volumen de valor no solo son absolutamente mayores, sino que crecen con una velocidad incomparablemente mayor; 3. porque un capital variable cada vez más extenso tiene que convertirse siempre en capital dinerario; 4. porque la formación de nuevos capitales dinerarios marcha al paso de la ampliación de la producción, de modo que tiene que existir también el material de su forma de tesoro. Si esto vale sin más para la primera fase de la producción capitalista, en la que también el sistema de crédito va acompañado de una circulación preferentemente metálica, vale incluso para la fase más desarrollada del sistema de crédito en la medida en que su base sigue siendo la circulación metálica. Por un lado, la producción adicional de metales preciosos, según sea alternativamente abundante o escasa, puede ejercer aquí influencias perturbadoras sobre los precios de las mercancías, no solo en períodos largos, sino dentro de períodos muy cortos; por otro lado, todo el mecanismo del crédito está constantemente ocupado en limitar la circulación metálica real, mediante toda clase de operaciones, métodos y dispositivos técnicos, a un mínimo relativamente cada vez menor, con lo cual aumentan en la misma proporción lo artificioso de toda la maquinaria y las probabilidades de perturbaciones de su marcha normal.

Los distintos B, B', B'', etc. (I), cuyo capital dinerario nuevo virtual entra en operación como capital activo, pueden tener que comprarse y venderse recíprocamente sus productos (partes de su plusproducto). Pro tanto, el dinero adelantado para la circulación del plusproducto refluye —en un curso normal— a los distintos B, en la misma proporción en que lo han adelantado para la circulación de sus respectivas mercancías. Si el dinero circula como medio de pago, aquí solo hay que pagar saldos, en la medida en que las compras y ventas recíprocas no coinciden. Pero es importante suponer en todas partes, como se hace aquí, ante todo la circulación metálica en su forma más simple y originaria, porque así el flujo y el reflujo, la compensación de saldos, en suma, todos los momentos que en el sistema de crédito aparecen como procesos regulados conscientemente, se presentan como existentes independientemente del sistema de crédito, y la cosa aparece en forma espontánea, en lugar de en la forma refleja posterior.

#### 3. El capital variable adicional

Puesto que hasta ahora solo se ha tratado de capital constante adicional, tenemos que pasar ahora al examen del capital variable adicional.

En el libro primero se ha expuesto extensamente cómo, sobre la base de la producción capitalista, siempre hay fuerza de trabajo disponible y cómo, en caso necesario, puede movilizarse más trabajo sin aumentar el número de obreros ocupados ni la masa de fuerza de trabajo. Por eso no es necesario por ahora entrar más en esto, sino suponer más bien que la parte del capital dinerario recién formado transformable en capital variable encuentra siempre la fuerza de trabajo en que ha de transformarse. También se ha expuesto en el libro primero cómo un capital dado, sin acumulación, puede ampliar dentro de ciertos límites el volumen de su producción. Pero aquí se trata de la acumulación de capital en sentido específico, de modo que la ampliación de la producción está condicionada por la transformación de plusvalía en capital adicional y, por tanto, también por una base de capital ampliada de la producción.

El productor de oro puede acumular una parte de su plusvalía áurea como capital dinerario virtual; en cuanto alcanza el volumen necesario, puede convertirla directamente en nuevo capital variable, sin tener que vender antes para ello su plusproducto; igualmente puede convertirla en elementos del capital constante. Pero en este último caso tiene que encontrar disponibles estos elementos materiales de su capital constante; ya sea, como se ha supuesto en la exposición anterior, que cada productor trabaje para el almacén y lleve luego al mercado su mercancía acabada, ya sea que trabaje por encargo. La ampliación real de la producción, es decir, el plusproducto, se presupone en ambos casos: una vez como realmente existente, la otra como virtualmente existente, susceptible de entregarse.

### II. Acumulación en la sección II

Hasta ahora hemos supuesto que A, A', A'' (I) venden su plusproducto a B, B', B'', etc., que pertenecen a la misma sección I. Pero supongamos que A (I) convierte en oro su plusproducto vendiéndolo a un B de la sección II. Esto solo puede ocurrir si A (I), después de haber vendido medios de producción a B (II), no compra después medios de consumo; es decir, solo mediante una venta unilateral por su parte. Ahora bien, puesto que IIc solo puede convertirse de la forma de capital mercantil en la forma natural de capital constante productivo si no solo Iv, sino también al menos una parte de Ip, se intercambia por una parte de IIc, IIc que existe en forma de medios de consumo; y puesto que A convierte en oro su Ip precisamente porque no se lleva a cabo este intercambio, y nuestro A, más bien, sustrae de la circulación el dinero obtenido de II en la venta de su Ip, en lugar de convertirlo en la compra de medios de consumo IIc, resulta que, del lado de A (I), tiene lugar sin duda la formación de capital dinerario virtual adicional; pero, del otro lado, una parte igual en volumen de valor del capital constante de B (II) queda inmovilizada en la forma de capital mercantil, sin poder convertirse en la forma natural de capital constante productivo. En otras palabras: una parte de las mercancías de B (II), y precisamente, prima facie, una parte sin cuya venta no puede reconvertir íntegramente su capital constante en forma productiva, se ha vuelto invendible; con respecto a ella tiene lugar, por tanto, una sobreproducción, que, igualmente con respecto a ella, frena la reproducción, incluso en escala constante.

En este caso, pues, el capital dinerario virtual adicional del lado de A (I) es sin duda forma convertida en oro del plusproducto (plusvalía); pero el plusproducto (plusvalía), considerado como tal, es aquí un fenómeno de la reproducción simple, todavía no de la reproducción en escala ampliada. I(v + p), donde esto vale en todo caso para una parte de p, tiene que intercambiarse finalmente por IIc para que la reproducción de IIc tenga lugar en escala constante. A (I), mediante la venta de su plusproducto a B (II), le ha suministrado a este una parte de valor correspondiente de capital constante en forma natural, pero al mismo tiempo, al sustraer el dinero de la circulación —al omitir completar su venta mediante una compra subsiguiente—, ha vuelto invendible una parte de las mercancías de B (II) de igual valor. Si consideramos, pues, el conjunto de la reproducción social —que abarca por igual a los capitalistas I y II—, la transformación del plusproducto de A (I) en capital dinerario virtual expresa la imposibilidad de reconvertir en capital productivo (constante) un capital mercantil de B (II) de igual volumen de valor; es decir, no una producción virtual en escala ampliada, sino un freno de la reproducción simple, es decir, un déficit en la reproducción simple. Puesto que la formación y la venta del plusproducto de A (I) son en sí mismas fenómenos normales de la reproducción simple, tenemos aquí, ya sobre la base de la reproducción simple, los siguientes fenómenos que se condicionan mutuamente: formación de capital dinerario virtualmente adicional en la clase I (y, por tanto, subconsumo desde el punto de vista de II); inmovilización de existencias de mercancías en la clase II que no pueden reconvertirse en capital productivo (es decir, sobreproducción relativa en II); capital dinerario excedente en I y déficit en la reproducción en II.

Sin detenernos más en este punto, observamos solo lo siguiente: en la exposición de la reproducción simple se supuso que toda la plusvalía I y II se gastaba como rédito. Pero de hecho una parte de la plusvalía se gasta como rédito y otra parte se transforma en capital. Solo con este supuesto tiene lugar una acumulación real. Que la acumulación se lleve a cabo a costa del consumo es, concebido de modo tan general, una ilusión que a su vez contradice la esencia de la producción capitalista, pues supone que su fin y su motivo impulsor es el consumo, y no la captura de plusvalía y su capitalización, es decir, la acumulación.

* * *

Consideremos ahora con algo más de detalle la acumulación en la sección II.

La primera dificultad con respecto a IIc, es decir, a su reconversión de componente del capital mercantil II en la forma natural de capital constante II, concierne a la reproducción simple. Tomemos el esquema anterior:

(1.000v + 1.000p) I se intercambian por 2.000 IIc.

Si ahora, por ejemplo, la mitad del plusproducto I, es decir, 1.000/2 p o 500 Ip, se incorpora a su vez como capital constante de la sección I, esta parte del plusproducto retenida en I no puede reponer ninguna parte de IIc. En lugar de convertirse en medios de consumo (y aquí, en esta sección de la circulación entre I y II, tiene lugar —a diferencia de la reposición de 1.000 IIc por 1.000 Iv, mediada por los obreros I— un cambio recíproco real, es decir, un cambio de lugar bilateral de las mercancías), ha de servir como medio de producción adicional en la propia I. No puede desempeñar esta función a la vez en I y en II. El capitalista no puede gastar el valor de su plusproducto en medios de consumo y a la vez consumir productivamente el plusproducto mismo, es decir, incorporarlo a su capital productivo. Así pues, en lugar de 2.000 I(v + p), solo 1.500, a saber, (1.000v + 500p) I, pueden intercambiarse por 2.000 IIc; por tanto, 500 II no pueden reconvertirse de su forma mercantil en capital productivo (constante) II. Tendría lugar, pues, en II una sobreproducción que correspondería exactamente por su volumen al volumen de la ampliación de la producción efectuada en I. La sobreproducción de II repercutiría quizá sobre I hasta tal punto que incluso el reflujo de los 1.000 gastados por los obreros I en medios de consumo II solo tendría lugar en parte, es decir, que estos 1.000 no volverían en forma de capital dinerario variable a manos de los capitalistas I. Estos últimos se verían así frenados incluso en la reproducción en escala constante, y precisamente por el mero intento de ampliarla. Y hay que tener en cuenta además que en I solo ha tenido lugar de hecho una reproducción simple y que solo los elementos, tal como se encuentran en el esquema, están agrupados de otro modo con vistas a una ampliación en el futuro, digamos en el año siguiente.

Podría intentarse eludir esta dificultad del siguiente modo: los 500 IIc que están en el almacén de los capitalistas y que no pueden convertirse inmediatamente en capital productivo están tan lejos de ser sobreproducción que, por el contrario, representan un elemento necesario de la reproducción que hasta ahora hemos descuidado. Se ha visto que en muchos puntos tienen que acumularse reservas de dinero, es decir, que tiene que sustraerse dinero de la circulación, en parte para hacer posible la formación de nuevo capital dinerario dentro de la propia I, en parte para retener transitoriamente en forma dineraria el valor del capital fijo que se va consumiendo poco a poco. Pero como, en la exposición del esquema, todo el dinero y todas las mercancías se encuentran de antemano exclusivamente en manos de los capitalistas I y II, y aquí no existen ni comerciantes, ni traficantes de dinero, ni banqueros, ni clases que solo consuman y no participen directamente en la producción de mercancías, es igualmente indispensable la formación constante de existencias de mercancías, aquí en manos de sus respectivos productores mismos, para mantener en marcha la maquinaria de la reproducción. Los 500 IIc que están en el almacén de los capitalistas II representan, pues, la reserva de mercancías en medios de consumo que media la continuidad del proceso de consumo incluido en la reproducción, es decir, aquí el paso de un año al otro. El fondo de consumo, que aquí se encuentra todavía en manos de sus vendedores, que son a la vez sus productores, no puede descender este año a cero para empezar el año próximo con cero, como tampoco puede ocurrir esto en el paso del día de hoy al siguiente. Puesto que tiene que darse una constante formación de nuevas existencias de mercancías de este tipo, aunque sea en volumen variable, nuestros productores capitalistas II tienen que tener un capital de reserva en dinero que les permita continuar su proceso de producción aunque una parte de su capital productivo esté inmovilizada temporalmente en forma de mercancía. Según el supuesto, en efecto, unen todo el negocio comercial al negocio de producción; por tanto, tienen que disponer también del capital dinerario adicional que, cuando las distintas funciones del proceso de reproducción se independizan repartiéndose entre distintas clases de capitalistas, se encuentra en manos de los comerciantes.

A esto hay que responder: 1. tal formación de reservas y su necesidad valen para todos los capitalistas, tanto I como II. Considerados como meros vendedores de mercancías, solo se distinguen por vender mercancías de distinto tipo. La reserva en mercancías II supone una reserva anterior en mercancías I. Si descuidamos esta reserva por un lado, tenemos que hacerlo también por el otro. Pero si la tomamos en consideración por ambos lados, no cambia nada en el problema. 2. Así como este año se cierra por el lado II con una reserva de mercancías para el año próximo, así ha comenzado con una reserva de mercancías del mismo lado, transmitida por el año anterior. En el análisis de la reproducción anual —reducida a su expresión más abstracta— tenemos que suprimirla, pues, en ambas ocasiones. Al dejarle a este año toda su producción, incluido lo que entrega al año próximo como reserva de mercancías, le quitamos también, por otro lado, la reserva de mercancías que ha recibido del año anterior, y tenemos así de hecho ante nosotros, como objeto del análisis, el producto global de un año medio. 3. La simple circunstancia de que la dificultad que se pretende eludir no se nos presentara al examinar la reproducción simple demuestra que se trata de un fenómeno específico, debido únicamente a la distinta agrupación (con respecto a la reproducción) de los elementos I, a una agrupación modificada sin la cual no podría tener lugar en absoluto una reproducción en escala ampliada.

### III. Exposición esquemática de la acumulación

Consideremos ahora la reproducción según el siguiente esquema:

Esquema a) I. 4.000c + 1.000v + 1.000p = 6.000  
II. 1.500c + 376v + 376p = 2.252  
Suma = 8.252

Se observa en primer lugar que la suma total del producto social anual = 8.252 es menor que en el primer esquema, en el que era = 9.000. Igual podríamos tomar una suma mucho mayor, decuplicarla si se quiere. Se ha elegido una suma menor que en el esquema I precisamente para hacer evidente que la reproducción en escala ampliada (que aquí solo se concibe como producción realizada con una mayor inversión de capital) no tiene nada que ver con la magnitud absoluta del producto; que, para una masa de mercancías dada, solo presupone una distinta disposición o una distinta determinación funcional de los diversos elementos del producto dado y que, por tanto, en cuanto al volumen de valor, no es por lo pronto más que reproducción simple. No cambia la cantidad, sino la determinación cualitativa de los elementos dados de la reproducción simple, y este cambio es el presupuesto material de la reproducción en escala ampliada que sigue después.[^k17-58]

Podríamos presentar el esquema de otra manera, con distintas proporciones entre capital variable y constante; por ejemplo, así:

Esquema b) I. 4.000c + 875v + 875p = 5.750  
II. 1.750c + 376v + 376p = 2.502  
Suma = 8.252

Así aparecería dispuesto para la reproducción en escala simple, de modo que la plusvalía se gastaría íntegramente como rédito y no se acumularía. En ambos casos, tanto en a) como en b), tenemos un producto anual del mismo volumen de valor, solo que una vez, en b), con una agrupación funcional de sus elementos tal que la reproducción vuelve a empezar en la misma escala, mientras que en a) forma la base material de la reproducción en escala ampliada. En b), en efecto, (875v + 875p) I = 1.750 I(v + p) se intercambian sin excedente por 1.750 IIc, mientras que en a) (1.000v + 1.000p) I = 2.000 I(v + p), en el intercambio con 1.500 IIc, dejan un excedente de 500 Ip para la acumulación en la clase I.

Pasemos ahora al análisis más detallado del esquema a). Supongamos que tanto en I como en II la mitad de la plusvalía, en lugar de gastarse como rédito, se acumula, es decir, se transforma en elemento de capital adicional. Puesto que la mitad de 1.000 Ip = 500 ha de acumularse de una forma u otra, invertirse como capital dinerario adicional, es decir, transformarse en capital productivo adicional, solo se gastan como rédito (1.000v + 500p) I. Por eso aquí figura también como magnitud normal de IIc solo 1.500. No hay que seguir investigando el intercambio entre 1.500 I(v + p) y 1.500 IIc, puesto que ya se ha expuesto como proceso de la reproducción simple; tampoco entran en consideración los 4.000 Ic, puesto que su nueva disposición para la reproducción que empieza de nuevo (que esta vez tiene lugar en escala ampliada) se ha examinado igualmente como proceso de la reproducción simple.

Lo único que queda aquí por investigar es, pues: 500 Ip y (376v + 376p) II, en la medida en que, por un lado, entran en consideración las relaciones internas tanto de I como de II y, por otro, el movimiento entre ambas. Puesto que se supone que en II también ha de acumularse la mitad de la plusvalía, hay que transformar aquí en capital 188, de ellos 1/4 en variable = 47, digamos 48 para redondear; quedan 140 para transformar en constante.

Tropezamos aquí con un nuevo problema, cuya mera existencia tiene que parecerle extraña a la idea corriente de que las mercancías de un tipo suelen cambiarse por mercancías de otro tipo, ídem las mercancías por dinero, y ese mismo dinero de nuevo por mercancía de otro tipo. Los 140 IIp solo pueden transformarse en capital productivo si son repuestos por una parte de las mercancías Ip por el mismo importe de valor. Se comprende por sí mismo que la parte de Ip que ha de intercambiarse por IIp tiene que consistir en medios de producción que puedan entrar o bien tanto en la producción de I como en la de II, o bien exclusivamente en la de II. Esta reposición solo puede tener lugar mediante una compra unilateral por parte de II, puesto que todo el plusproducto de 500 Ip que aún hemos de considerar ha de servir para la acumulación dentro de I y, por tanto, no puede cambiarse por mercancías II; en otras palabras, I no puede a la vez acumularlo y comérselo. II tiene que comprar, pues, 140 Ip con dinero contante, sin que este dinero refluya a él mediante una venta subsiguiente de su mercancía a I. Y se trata, por cierto, de un proceso que se repite constantemente en cada nueva producción anual, en la medida en que esta es reproducción en escala ampliada. ¿Dónde brota para esto la fuente de dinero en II?

Por el contrario, II parece un campo absolutamente estéril para la formación de nuevo capital dinerario, que acompaña a la acumulación real y, en la producción capitalista, la condiciona, y que de hecho se presenta en un principio como simple atesoramiento.

Tenemos en primer lugar 376 IIv; el capital dinerario de 376, adelantado en fuerza de trabajo, vuelve constantemente, mediante la compra de mercancías II, como capital variable en forma dineraria al capitalista II. Este alejamiento del punto de partida —el bolsillo del capitalista— y este retorno a él, que se repiten constantemente, no aumentan en modo alguno el dinero que da vueltas en este ciclo. Esto no es, pues, una fuente de acumulación de dinero; este dinero tampoco puede sustraerse de esta circulación para formar capital dinerario atesorado, virtualmente nuevo.

Pero ¡alto! ¿No hay aquí una gananciita que hacer?

No debemos olvidar que la clase II posee frente a la clase I la ventaja de que los obreros que emplea tienen que volver a comprarle las mercancías producidas por ellos mismos. La clase II es compradora de la fuerza de trabajo y a la vez vendedora de mercancías a los poseedores de la fuerza de trabajo empleada por ella. La clase II puede, pues:

1. y esto lo tiene en común con los capitalistas de la clase I, rebajar sencillamente el salario por debajo de su nivel medio normal. Con ello queda liberada una parte del dinero que funciona como forma dineraria del capital variable, y esto, con la repetición constante del mismo proceso, podría convertirse en una fuente normal de atesoramiento y, por tanto, también de formación de capital dinerario virtualmente adicional en la clase II. Con ganancias fraudulentas fortuitas no tenemos nada que ver, naturalmente, aquí, donde se trata de la formación normal de capital. Pero no hay que olvidar que el salario normal realmente pagado (que ceteris paribus[^k17-t7] determina la magnitud del capital variable) no se paga en modo alguno por bondad de los capitalistas, sino que, en condiciones dadas, tiene que pagarse. Con esto queda descartado este modo de explicación. Si suponemos 376v como el capital variable que ha de gastar la clase II, no podemos, para explicar un problema que surge de nuevo, introducir de repente la hipótesis de que adelante, por ejemplo, solo 350v y no 376v.

2. Pero, por otro lado, la clase II, considerada como conjunto, tiene, como se ha dicho, la ventaja frente a la clase I de ser a la vez compradora de la fuerza de trabajo y revendedora de su mercancía a sus propios obreros. Y de cómo puede explotarse esto —de cómo puede pagarse nominalmente el salario normal, pero de hecho volver a arrebatarse, alias volver a robarse, una parte de él sin el correspondiente equivalente en mercancías; de cómo puede lograrse esto en parte por medio del truck system,[^k17-t8] en parte por medio de la falsificación (aunque quizá legalmente no perseguible) del medio circulante— hay en todo país industrial los datos más palpables. Por ejemplo, en Inglaterra y en los Estados Unidos. (Desarrollar esto un poco en esta ocasión con algunos ejemplos bonitos.) Es la misma operación que en el punto 1, solo que disfrazada y ejecutada por un rodeo. Por tanto, aquí hay que rechazarla tanto como aquella. Se trata aquí del salario realmente pagado, no del nominalmente pagado.

Como se ve, en el análisis objetivo del mecanismo capitalista no pueden aprovecharse ciertas lacras que todavía se le adhieren de modo extraordinario como subterfugios para eliminar dificultades teóricas. Pero, curiosamente, la gran mayoría de mis críticos burgueses clama como si yo, por ejemplo en el libro primero de *El capital*, al suponer que el capitalista paga el valor real de la fuerza de trabajo, cosa que en gran parte no hace, ¡hubiera cometido una injusticia con ese mismo capitalista! (Aquí puede citarse a Schäffle[^k17-t9] con la magnanimidad que me atribuye.)

Con los 376 IIv no hay, pues, nada que hacer para el fin mencionado.

Pero la cosa parece aún más delicada con los 376 IIp. Aquí solo se enfrentan capitalistas de la misma clase, que se venden y se compran recíprocamente los medios de consumo producidos por ellos. El dinero necesario para este intercambio solo funciona como medio de circulación y, en un curso normal, tiene que refluir a los participantes en la medida en que lo han adelantado a la circulación, para recorrer siempre de nuevo el mismo camino.

La sustracción de este dinero de la circulación para formar capital dinerario virtualmente adicional solo parece posible de dos maneras. O bien una parte de los capitalistas II estafa a la otra y lleva a cabo así un robo de dinero. Para la formación de nuevo capital dinerario no hace falta, como sabemos, ninguna ampliación previa del medio circulante; no hace falta nada más que el dinero se sustraiga de la circulación desde ciertos lados y se almacene como tesoro. Que el dinero pueda ser robado y que, por tanto, la formación de capital dinerario adicional en una parte de los capitalistas II pueda ir unida a una pérdida positiva de dinero de otra parte no cambiaría nada en el asunto. La parte estafada de los capitalistas II tendría que vivir con algo menos de holgura, pero eso sería todo.

O bien una parte de IIp que se representa en medios de subsistencia necesarios se transforma directamente en nuevo capital variable dentro de la sección II. Cómo ocurre esto se investigará al final de este capítulo (bajo el n.º IV).

#### 1. Primer ejemplo

*A) Esquema de la reproducción simple*

I. 4.000c + 1.000v + 1.000p = 6.000  
II. 2.000c + 500v + 500p = 3.000  
Suma = 9.000

*B) Esquema inicial para la reproducción en escala ampliada*

I. 4.000c + 1.000v + 1.000p = 6.000  
II. 1.500c + 750v + 750p = 3.000  
Suma = 9.000

Suponiendo que en el esquema B se acumule la mitad de la plusvalía de I, es decir, 500, obtenemos en primer lugar (1.000v + 500p) I, o 1.500 I(v + p), que han de reponerse por 1.500 IIc; queda entonces en I: 4.000c + 500p, estos últimos para acumular. La reposición de (1.000v + 500p) I por 1.500 IIc es un proceso de la reproducción simple y ya se ha explicado al tratar de esta.

Supongamos que de los 500 Ip, 400 han de transformarse en capital constante y 100 en variable. El intercambio dentro de I de los 400p que han de capitalizarse así ya se ha examinado; pueden, pues, anexionarse sin más a Ic, y obtenemos entonces para I:

4.400c + 1.000v + 100p (que han de convertirse en 100v).

Por su parte, II compra a I, con fines de acumulación, los 100 Ip (que existen en medios de producción), que forman ahora capital constante adicional de II, mientras que los 100 en dinero que paga por ellos se transforman en forma dineraria del capital variable adicional de I. Tenemos entonces para I un capital de 4.400c + 1.100v (estos últimos en dinero) = 5.500.

II tiene ahora como capital constante 1.600c; para elaborarlos tiene que aportar otros 50v en dinero para la compra de nueva fuerza de trabajo, de modo que su capital variable crece de 750 a 800. Esta ampliación del capital constante y del variable de II, en total en 150, se costea con su plusvalía; de los 750 IIp quedan, pues, solo 600p como fondo de consumo de los capitalistas II, cuyo producto anual se distribuye ahora como sigue:

II. 1.600c + 800v + 600p (fondo de consumo) = 3.000.

Los 150p producidos en medios de consumo, que aquí se han convertido en (100c + 50v) II, entran íntegramente en su forma natural en el consumo de los obreros: 100 los consumen los obreros I (100 Iv) y 50 los obreros II (50 IIv), como se ha expuesto más arriba. De hecho, en II, donde su producto global se prepara en una forma necesaria para la acumulación, tiene que reproducirse una parte de la plusvalía mayor en 100 en forma de medios de consumo *necesarios*. Si empieza realmente la reproducción en escala ampliada, los 100 de capital dinerario variable de I refluyen a través de las manos de su clase obrera a II, que, en cambio, transfiere 100p en existencias de mercancías a I y, al mismo tiempo, 50 en existencias de mercancías a su propia clase obrera.

La disposición modificada con fines de acumulación queda ahora como sigue:

I. 4.400c + 1.100v + 500 fondo de consumo = 6.000  
II. 1.600c + 800v + 600 fondo de consumo = 3.000  
Suma 9.000, como arriba.

De ello es capital:

I. 4.400c + 1.100v (dinero) = 5.500  
II. 1.600c + 800v (dinero) = 2.400  
= 7.900

mientras que la producción empezó con:

I. 4.000c + 1.000v = 5.000  
II. 1.500c + 750v = 2.250  
= 7.250

Si ahora la acumulación real se lleva a cabo sobre esta base, es decir, si con este capital aumentado se produce realmente, obtenemos al final del año siguiente:

I. 4.400c + 1.100v + 1.100p = 6.600  
II. 1.600c + 800v + 800p = 3.200  
= 9.800

Supongamos ahora que en I se sigue acumulando en la misma proporción; es decir, que se gastan 550p como rédito y se acumulan 550p. Entonces, en primer lugar, 1.100 Iv se reponen por 1.100 IIc; además, hay que realizar todavía 550 Ip en un importe igual de mercancías II; en total, pues, 1.650 I(v + p). Pero el capital constante de II que ha de reponerse es solo = 1.600; los 50 restantes tienen que completarse, pues, a partir de 800 IIp. Si prescindimos aquí por el momento del dinero, tenemos como resultado de esta transacción:

I. 4.400c + 550p (que han de capitalizarse); además, en el fondo de consumo de los capitalistas y de los obreros, 1.650(v + p), realizados en mercancías IIc.

II. 1.650c (a saber, 50 añadidos de IIp, según lo anterior) + 800v + 750p (fondo de consumo de los capitalistas).

Pero si en II se mantiene la antigua proporción de v a c, para 50c hay que desembolsar otros 25v; estos han de tomarse de los 750p; obtenemos, pues:

II. 1.650c + 825v + 725p.

En I hay que capitalizar 550p; si se mantiene la proporción anterior, 440 de ellos forman capital constante y 110 capital variable. Estos 110 han de sacarse eventualmente de 725 IIp, es decir, medios de consumo por valor de 110 los consumen los obreros I en lugar de los capitalistas II, y estos últimos se ven, pues, obligados a capitalizar estos 110p que no pueden consumir. Esto deja de los 725 IIp, 615 IIp. Pero si II transforma así estos 110 en capital constante adicional, necesita otro capital variable adicional de 55; este tiene que salir a su vez de su plusvalía; restado de 615 IIp, deja 560 para el consumo de los capitalistas II, y obtenemos ahora, una vez efectuadas todas las transferencias actuales y potenciales, en valor de capital:

I. (4.400c + 440c) + (1.100v + 110v) = 4.840c + 1.210v = 6.050  
II. (1.600c + 50c + 110c) + (800v + 25v + 55v)  
= 1.760c + 880v = 2.640  
8.690.

Para que la cosa marche normalmente, la acumulación en II tiene que efectuarse más rápidamente que en I, porque, de lo contrario, la parte de I(v + p) que ha de convertirse en mercancías IIc crece más rápidamente que IIc, que es lo único por lo que puede intercambiarse.

Si la reproducción continúa sobre esta base y permaneciendo iguales las demás circunstancias, obtenemos al final del año siguiente:

I. 4.840c + 1.210v + 1.210p = 7.260  
II. 1.760c + 880v + 880p = 3.520  
= 10.780.

Manteniéndose igual la tasa de división de la plusvalía, de I hay que gastar en primer lugar como rédito: 1.210v y la mitad de p = 605, en total = 1.815. Este fondo de consumo es de nuevo mayor que IIc en 55. Los 55 han de restarse de 880p; quedan 825. 55 IIp transformados en IIc suponen una nueva deducción de IIp para el capital variable correspondiente = 27½; quedan para consumir 797½ IIp.

Ahora hay que capitalizar en I: 605p; de ellos, 484 constantes y 121 variables; estos últimos han de restarse de IIp, que es ahora todavía = 797½, lo que deja 676½ IIp. II transforma, pues, otros 121 en capital constante y necesita para ello más capital variable: 60½; esto sale igualmente de 676½; quedan 616 para consumir.

Tenemos entonces en capital:

I. Constante 4.840 + 484 = 5.324. Variable 1.210 + 121 = 1.331.

II. Constante 1.760 + 55 + 121 = 1.936. Variable 880 + 27½ + 60½ = 968.

Juntos: I. 5.324c + 1.331v = 6.655  
II. 1.936c + 968v = 2.904  
= 9.559.

y al final del año, en producto:

I. 5.324c + 1.331v + 1.331p = 7.986  
II. 1.936c + 968v + 968p = 3.872  
= 11.858.

Repitiendo el mismo cálculo y redondeando las fracciones, obtenemos al final del año siguiente un producto de:

I. 5.856c + 1.464v + 1.464p = 8.784  
II. 2.129c + 1.065v + 1.065p = 4.259  
= 13.043.

Y al final del año subsiguiente:

I. 6.442c + 1.610v + 1.610p = 9.662  
II. 2.342c + 1.172v + 1.172p = 4.686  
= 14.348.

En el curso de cinco años de reproducción en escala ampliada, el capital global de I y II ha aumentado de 5.500c + 1.750v = 7.250 a 8.784c + 2.782v = 11.566, es decir, en la proporción de 100 : 160. La plusvalía global era originariamente 1.750; ahora es 2.782. La plusvalía consumida era al principio 500 para I y 600 para II, en total = 1.100; en el último año fue 732 para I y 745 para II, en total = 1.477. Ha crecido, pues, en la proporción de 100 : 134.

#### 2. Segundo ejemplo

Tomemos ahora el producto anual de 9.000, que se encuentra en su totalidad como capital mercantil en manos de la clase capitalista industrial, en una forma en la que la proporción media general entre capital variable y constante es la de 1 : 5. Esto presupone: un desarrollo ya considerable de la producción capitalista y, en consecuencia, de la fuerza productiva del trabajo social; una ampliación considerable, ya producida anteriormente, de la escala de producción; por último, el desarrollo de todas aquellas circunstancias que producen una superpoblación relativa en la clase obrera. El producto anual se distribuirá entonces, redondeando las fracciones, como sigue:

I. 5.000c + 1.000v + 1.000p = 7.000  
II. 1.430c + 285v + 285p = 2.000  
= 9.000.

Supongamos ahora que la clase capitalista I consume la mitad de la plusvalía = 500 y acumula la otra mitad. Entonces habría que intercambiar (1.000v + 500p) I = 1.500 por 1.500 IIc. Como aquí IIc es solo = 1.430, hay que añadir 70 de la plusvalía; restados de 285 IIp, dejan 215 IIp. Obtenemos, pues:

I. 5.000c + 500p (que han de capitalizarse) + 1.500(v + p) en el fondo de consumo de los capitalistas y de los obreros.

II. 1.430c + 70p (que han de capitalizarse) + 285v + 215p.

Como aquí 70 IIp se anexionan directamente a IIc, para poner en movimiento este capital constante adicional se requiere un capital variable de 70/5 = 14; estos 14 se restan, pues, también de 215 IIp; quedan 201 IIp, y tenemos:

II. (1.430c + 70c) + (285v + 14v) + 201p.

El intercambio de 1.500 I(v + ½p) por 1.500 IIc es un proceso de la reproducción simple y, en esa medida, asunto despachado. Sin embargo, hay que observar aquí todavía algunas peculiaridades que surgen del hecho de que, en la reproducción con acumulación, I(v + ½p) no se repone solo por IIc, sino por IIc más una parte de IIp.

Que, presupuesta la acumulación, I(v + p) es mayor que IIc, y no igual a IIc como en la reproducción simple, se comprende por sí mismo; pues 1. I incorpora una parte de su plusproducto a su propio capital productivo y transforma 5/6 de ella en capital constante, de modo que no puede reponer al mismo tiempo estos 5/6 por medios de consumo II; 2. I tiene que suministrar con su plusproducto el material para el capital constante necesario para la acumulación dentro de II, exactamente igual que II tiene que suministrar a I el material para el capital variable que ha de poner en movimiento la parte de su plusproducto empleada por la propia I como pluscapital constante. Sabemos que el capital variable real consiste en fuerza de trabajo, y por tanto también el adicional. No es el capitalista I quien compra a II medios de subsistencia necesarios para tenerlos en reserva o los acumula para la fuerza de trabajo adicional que ha de emplear, como tenía que hacer el esclavista. Son los obreros mismos quienes comercian con II. Pero esto no impide que, desde el punto de vista del capitalista, los medios de consumo de la fuerza de trabajo adicional no sean más que medios de producción y de conservación de su fuerza de trabajo eventualmente adicional, es decir, la forma natural de su capital variable. Su propia operación inmediata, aquí la de I, consiste solo en almacenar el nuevo capital dinerario necesario que se requiere para la compra de fuerza de trabajo adicional. En cuanto la incorpora, el dinero se convierte en medio de compra de las mercancías II para esta fuerza de trabajo, que tiene, pues, que encontrar disponibles sus medios de consumo.

Entre paréntesis. El señor capitalista, como su prensa, está a menudo descontento con la manera en que la fuerza de trabajo gasta su dinero y con las mercancías II en que lo realiza. En esta ocasión filosofa, charlatanea sobre la cultura y filantropiza, como, por ejemplo, el señor Drummond,[^k17-t10] secretario de la legación inglesa en Washington: *The Nation* {un periódico} había publicado el pasado octubre de 1879 un artículo interesante en el que, entre otras cosas, se decía:

«Los obreros no han marchado al paso del progreso de los inventos en cuanto a cultura; se han puesto a su alcance masas de objetos que no saben usar y para los que, por tanto, no crean ningún mercado.» {Todo capitalista desea, naturalmente, que el obrero compre su mercancía.} «No hay ninguna razón por la que el obrero no haya de desear tantas comodidades como el clérigo, el abogado y el médico que gana el mismo importe que él.» {¡Esta clase de abogados, clérigos y médicos tienen, en efecto, que conformarse con el deseo de muchas comodidades!} «Pero no lo hace. La cuestión sigue siendo cómo elevarlo como consumidor mediante un procedimiento racional y sano; una cuestión nada fácil, puesto que toda su ambición no va más allá de una reducción de sus horas de trabajo, y el demagogo lo incita a ello mucho más que a mejorar su situación perfeccionando sus facultades intelectuales y morales.» (*Reports of H. M.'s Secretaries of Embassy and Legation on the Manufactures, Commerce etc. of the Countries in which they reside*, Londres, 1879, pág. 404.)

Las largas horas de trabajo parecen ser el secreto del procedimiento racional y sano que ha de elevar la situación del obrero mediante el perfeccionamiento de su facultad intelectual y moral y convertirlo en un consumidor racional. Para llegar a ser un consumidor racional de la mercancía de los capitalistas, tiene que empezar ante todo —¡pero el demagogo se lo impide!— por dejar que su propio capitalista consuma su propia fuerza de trabajo de manera irracional y contraria a la salud. Lo que el capitalista entiende por consumo racional se muestra allí donde es tan condescendiente que se mete directamente en el comercio de consumo de sus obreros: en el truck system, del que también el suministro de vivienda a los obreros, de modo que su capitalista es a la vez su casero, es una rama entre muchas.

El mismo Drummond, cuya alma bella se entusiasma con los intentos capitalistas de elevar a la clase obrera, cuenta en el mismo informe, entre otras cosas, sobre las fábricas de estampados de algodón de las Lowell y Lawrence Mills. Las casas de pensión y alojamiento para las muchachas de la fábrica pertenecen a la sociedad anónima propietaria de la fábrica; las encargadas de estas casas están al servicio de esa misma sociedad, que les prescribe normas de conducta; ninguna muchacha puede volver a casa después de las 10 de la noche. Pero ahora viene la perla: una policía especial de la sociedad patrulla la zona para impedir las infracciones de este reglamento doméstico. Después de las 10 de la noche no se deja salir ni entrar a ninguna muchacha. Ninguna muchacha puede alojarse en otro lugar que en el terreno perteneciente a la sociedad, en el que cada casa le reporta unos 10 dólares de alquiler semanal; y ahora vemos en toda su gloria al consumidor racional:

«Como, sin embargo, el omnipresente piano se encuentra en muchas de las mejores casas de huéspedes para obreras, la música, el canto y el baile desempeñan un papel importante, al menos para aquellas que, tras diez horas de trabajo continuo en el telar, necesitan más distracción de la monotonía que verdadero descanso.» (Pág. 412.)

Pero el secreto principal de cómo hacer del obrero un consumidor racional está aún por llegar. El señor Drummond visita la fábrica de cuchillería de Turner's Falls (Connecticut River), y el señor Oakman, tesorero de la sociedad anónima, después de contarle que especialmente la cuchillería de mesa norteamericana supera a la inglesa en calidad, prosigue:

«También en los precios venceremos a Inglaterra; ya ahora le llevamos ventaja en la calidad, eso está reconocido; pero tenemos que tener precios más bajos, y los conseguiremos en cuanto obtengamos nuestro acero más barato y hayamos rebajado nuestro trabajo.» (Pág. 427.)

La reducción del salario y las largas horas de trabajo: tal es el núcleo del procedimiento racional y sano que ha de elevar al obrero a la dignidad de un consumidor racional, para que cree un mercado para la masa de objetos que la cultura y el progreso de los inventos han puesto a su alcance.

* * *

Así pues, igual que I tiene que suministrar con su plusproducto el capital constante adicional de II, II suministra en este sentido el capital variable adicional para I. II acumula para I y para sí misma, en lo que se refiere al capital variable, al reproducir una parte mayor de su producción global, y por tanto también, especialmente, de su plusproducto, en forma de medios de consumo necesarios.

En la producción sobre una base de capital creciente, I(v + p) tiene que ser = IIc más la parte del plusproducto que se incorpora de nuevo como capital, más la parte adicional de capital constante necesaria para la ampliación de la producción en II; y el mínimo de esta ampliación es aquel sin el cual no puede llevarse a cabo la acumulación real, es decir, la expansión real de la producción en la propia I.

Si volvemos ahora al caso considerado en último lugar más arriba, este tiene la peculiaridad de que IIc es menor que I(v + ½p), es decir, que la parte del producto de I gastada como rédito en medios de consumo, de modo que, para intercambiar los 1.500 I(v + p), se realiza inmediatamente con ello una parte del plusproducto II = 70. En cuanto a IIc = 1.430, tiene que reponerse, permaneciendo iguales las demás circunstancias, a partir de I(v + p) por el mismo importe de valor, para que pueda tener lugar la reproducción simple en II, y en esa medida no hay que seguir considerándolo aquí. Otra cosa ocurre con los 70 IIp complementarios. Lo que para I es mera reposición de rédito por medios de consumo, mero cambio de mercancías orientado únicamente al consumo, no es aquí para II —como dentro de la reproducción simple— mera reconversión de su capital constante de la forma de capital mercantil en su forma natural, sino un proceso directo de acumulación, la transformación de una parte de su plusproducto de la forma de medios de consumo en la de capital constante. Si I compra con 70 £ en dinero (reserva de dinero para el intercambio de plusvalía) los 70 IIp, y II no compra con ellas 70 Ip, sino que acumula las 70 £ como capital dinerario, este es sin duda siempre expresión de un producto adicional (precisamente del plusproducto de II, del que es una parte alícuota), aunque no de un producto que vuelva a entrar en la producción; pero entonces esta acumulación de dinero del lado de II sería al mismo tiempo expresión de 70 Ip invendibles en medios de producción. Tendría lugar, pues, una sobreproducción relativa en I, correspondiente a esta simultánea no ampliación de la reproducción del lado de II.

Pero, prescindiendo de esto: durante el tiempo en que los 70 en dinero que vinieron de I todavía no han vuelto a I, o solo han vuelto en parte, mediante la compra de 70 Ip por parte de II, los 70 en dinero figuran total o parcialmente como capital dinerario virtual adicional en manos de II. Esto vale para todo intercambio entre I y II antes de que la reposición recíproca de las mercancías de ambos lados haya provocado el reflujo del dinero a su punto de partida. Pero el dinero, en el curso normal de las cosas, solo figura aquí transitoriamente en este papel. Ahora bien, en el sistema de crédito, donde todo dinero liberado momentáneamente de manera adicional ha de funcionar enseguida activamente como capital dinerario adicional, ese capital dinerario libre solo transitoriamente puede quedar inmovilizado, servir por ejemplo para nuevas empresas en I, cuando todavía tendría que hacer fluido allí el producto adicional inmovilizado en otras empresas. Hay que observar además que la anexión de 70 Ip al capital constante II exige al mismo tiempo la ampliación del capital variable II por un importe de 14. Esto supone —de modo análogo a lo que ocurre en I con la incorporación directa del plusproducto Ip al capital Ic— que la reproducción en II se desarrolla ya con la tendencia a una ulterior capitalización; que, por tanto, incluye la ampliación de la parte del plusproducto que consiste en medios de subsistencia necesarios.

* * *

El producto de 9.000 del segundo ejemplo tiene que adoptar, como hemos visto, con fines de reproducción, la siguiente distribución si han de capitalizarse 500 Ip. Consideramos en esto solo las mercancías y descuidamos la circulación del dinero.

I. 5.000c + 500p (que han de capitalizarse) + 1.500(v + p) fondo de consumo = 7.000 en mercancías.

II. 1.500c + 299v + 201p = 2.000 en mercancías. Suma total: 9.000 en producto mercantil.

La capitalización se desarrolla ahora como sigue:

En I, los 500p que se capitalizan se dividen en 5/6 = 417c + 1/6 = 83v. Los 83v sustraen un importe igual de IIp, que compra elementos del capital constante y se añade, pues, a IIc. Un aumento de IIc en 83 condiciona un aumento de IIv en 1/5 de 83 = 17. Tenemos, pues, después del intercambio:

I. (5.000c + 417p)c + (1.000v + 83p)v = 5.417c + 1.083v = 6.500  
II. (1.500c + 83p)c + (299v + 17p)v = 1.583c + 316v = 1.899  
8.399

El capital de I ha crecido de 6.000 a 6.500, es decir, en 1/12. El de II, de 1.715 a 1.899, es decir, en algo menos de 1/9.

La reproducción sobre esta base en el segundo año da al final del año, en capital:

I. (5.417c + 452p)c + (1.083v + 90p)v = 5.869c + 1.173v = 7.042. II. (1.583c + 42p + 90p)c + (316v + 8p + 18p)v = 1.715c + 342v = 2.057

y al final del tercer año, en producto:

I. 5.869c + 1.173v + 1.173p.  
II. 1.715c + 342v + 342p.

Si I acumula aquí, como hasta ahora, la mitad de la plusvalía, I(v + ½p) da 1.173v + 587(½p) = 1.760, y es, pues, mayor que el total de 1.715 IIc, y precisamente en 45. Estos tienen, pues, que compensarse de nuevo mediante la transferencia de un importe igual de medios de producción a IIc. IIc crece, pues, en 45, lo cual condiciona un aumento de 1/5 = 9 en IIv. Además, los 587 Ip capitalizados se dividen en 5/6 y 1/6, en 489c y 98v; estos 98 condicionan en II un nuevo añadido de 98 al capital constante, y este a su vez un aumento del capital variable de II en 1/5 = 20. Tenemos entonces:

I. (5.869c + 489p)c + (1.173v + 98p)v = 6.358c + 1.271v = 7.629  
II. (1.715c + 45p + 98p)c + (342v + 9p + 20p)v = 1.858c + 371v = 2.229  
Capital total = 9.858.

En tres años de reproducción creciente, pues, el capital global de I ha crecido de 6.000 a 7.629, el de II de 1.715 a 2.229, y el capital global social de 7.715 a 9.858.

#### 3. Intercambio de IIc en la acumulación

En el cambio de I(v + p) por IIc se dan, pues, distintos casos.

En la reproducción simple, ambos tienen que ser iguales y reponerse mutuamente, ya que, de lo contrario, como se ha visto antes, la reproducción simple no puede desarrollarse sin perturbaciones.

En la acumulación entra en consideración, ante todo, la tasa de acumulación. En los casos considerados hasta ahora supusimos que la tasa de acumulación en I era = ½ pI, e igualmente que se mantenía constante en los distintos años. Solo hicimos variar la proporción en que este capital acumulado se divide en variable y constante. Resultaron así tres casos:

1. I(v + ½p) = IIc, que es, pues, menor que I(v + p). Siempre tiene que serlo; de lo contrario, I no acumularía.

2. I(v + ½p) es mayor que IIc. En este caso, la reposición se efectúa añadiendo a IIc una parte correspondiente de IIp, de modo que esta suma = I(v + ½p). Aquí el intercambio no es para II una reproducción simple de su capital constante, sino ya acumulación, aumento de este en la parte de su plusproducto que cambia por medios de producción I; este aumento implica a la vez que II, además, aumente correspondientemente su capital variable a partir de su propio plusproducto.

3. I(v + ½p) es menor que IIc. En este caso, II no ha reproducido completamente su capital constante mediante el intercambio, y tiene, pues, que reponer el déficit mediante compra a I. Pero esto no exige ninguna acumulación ulterior de capital variable II, puesto que su capital constante, en cuanto a su magnitud, solo queda reproducido completamente mediante esta operación. Por otro lado, mediante este intercambio, la parte de los capitalistas de I que solo acumula capital dinerario adicional ha llevado ya a cabo una parte de esta clase de acumulación.

El supuesto de la reproducción simple, que I(v + p) sea = IIc, no solo es incompatible con la producción capitalista, lo que, por lo demás, no excluye que en el ciclo industrial de 10-11 años un año tenga a menudo una producción global menor que el anterior, es decir, que no tenga lugar siquiera una reproducción simple en relación con el año anterior. Sino que, además, dado el crecimiento natural anual de la población, la reproducción simple solo podría tener lugar en la medida en que de los 1.500 que representan la plusvalía global comiera también un número correspondientemente mayor de servidores improductivos. La acumulación de capital, es decir, la producción capitalista real, sería en cambio imposible en este caso. El hecho de la acumulación capitalista excluye, por consiguiente, que IIc = I(v + p). Sin embargo, incluso con acumulación capitalista podría darse el caso de que, como consecuencia del curso de los procesos de acumulación efectuados en la serie anterior de períodos de producción, IIc llegara a ser no solo igual, sino incluso mayor que I(v + p). Esto sería una sobreproducción en II y solo podría compensarse mediante un gran crac, a consecuencia del cual se transferiría capital de II a I. Tampoco cambia nada en la relación de I(v + p) con IIc el que una parte del capital constante de II se reproduzca a sí misma, como, por ejemplo, en la agricultura el empleo de la semilla producida por uno mismo. Esta parte de IIc entra tan poco en consideración con respecto al intercambio entre I y II como Ic. Tampoco cambia nada en la cosa el que una parte de los productos de II sea capaz a su vez de entrar como medio de producción en I. Quedan cubiertos por una parte de los medios de producción suministrados por I, y esta parte ha de deducirse de antemano por ambos lados si queremos investigar de manera pura y sin enturbiar el cambio entre las dos grandes clases de la producción social, los productores de medios de producción y los productores de medios de consumo.

Así pues, en la producción capitalista, I(v + p) no puede ser igual a IIc, o ambos no pueden cubrirse mutuamente en el intercambio. En cambio, si Ip/x es la parte de Ip que los capitalistas I gastan como rédito, I(v + p/x) puede ser igual, mayor o menor que IIc; pero I(v + p/x) tiene que ser siempre menor que II(c + p), y precisamente tanto menor como la parte de IIp que la clase capitalista II tiene que consumir ella misma en todas las circunstancias.

Hay que observar que en esta exposición de la acumulación no se representa exactamente el valor del capital constante, en la medida en que es parte de valor del capital mercantil en cuya producción coopera. La parte fija del capital constante recién acumulado solo entra en el capital mercantil gradual y periódicamente, de modo distinto según la naturaleza de estos elementos fijos; por eso, allí donde la materia prima y el producto semielaborado, etc., entran masivamente en la producción de mercancías, este se compone en su mayor parte de la reposición de los componentes constantes circulantes y del capital variable. (A causa de la rotación de los componentes circulantes puede procederse, sin embargo, de este modo; con ello se supone que, dentro del año, la parte circulante, junto con la parte de valor del capital fijo cedida a ella, rota tantas veces que la suma total de las mercancías suministradas es igual al valor de todo el capital que entra en la producción anual.) Pero allí donde en la explotación mecánica solo entran materias auxiliares, y no materia prima, el elemento trabajo = v tiene que reaparecer en el capital mercantil como componente mayor. Mientras que en la tasa de ganancia la plusvalía se calcula sobre el capital global, independientemente de que los componentes fijos cedan periódicamente al producto mucho o poco valor, para el valor de todo capital mercantil producido periódicamente la parte fija del capital constante solo ha de contarse en la medida en que, por su consumo, cede por término medio valor al producto mismo.

* * *

### IV. Complementos

La fuente originaria de dinero para II es v + p de la producción de oro I, cambiado por una parte de IIc; solo en la medida en que el productor de oro acumula plusvalía o la transforma en medios de producción I, es decir, amplía su producción, su v + p no entra en II; por otro lado, en la medida en que la acumulación de dinero por parte del propio productor de oro conduce finalmente a la reproducción ampliada, una parte de la plusvalía de la producción de oro no gastada como rédito entra en II como capital variable adicional del productor de oro, fomenta allí un nuevo atesoramiento o proporciona nuevos medios para comprar a I sin volver a venderle directamente. Del dinero procedente de este I(v + p) de la producción de oro hay que deducir la parte del oro que ciertas ramas de producción de II necesitan como materia prima, etc., en suma, como elemento de reposición de su capital constante. Elemento del atesoramiento provisional —que tiene lugar con vistas a una futura reproducción ampliada— en el intercambio entre I y II lo hay: para I, solo cuando una parte de Ip se vende a II unilateralmente, sin compra recíproca, y sirve allí como capital constante adicional II; para II, cuando ocurre lo mismo por parte de I para capital variable adicional; además, cuando una parte de la plusvalía gastada por I como rédito no queda cubierta por IIc y, por tanto, se compra con ella una parte de IIp, que se transforma así en dinero. Si I(v + p/x) es mayor que IIc, IIc no necesita reponer, para su reproducción simple, con mercancía de I lo que I ha consumido de IIp. Cabe preguntarse hasta qué punto puede tener lugar un atesoramiento dentro del cambio de los capitalistas II entre sí, un cambio que solo puede consistir en el cambio recíproco de IIp. Sabemos que dentro de II tiene lugar una acumulación directa porque una parte de IIp se transforma directamente en capital variable (exactamente igual que en I una parte de Ip se transforma directamente en capital constante). Dadas las distintas edades de la acumulación dentro de las distintas ramas de negocio de II, y dentro de cada rama de negocio para los distintos capitalistas, la cosa se explica, mutatis mutandis,[^k17-t12] exactamente igual que en I. Unos se encuentran todavía en la fase del atesoramiento, venden sin comprar; los otros, en el punto de la ampliación real de la reproducción, compran sin vender. El capital dinerario variable adicional se desembolsa sin duda en primer lugar en fuerza de trabajo adicional; pero esta compra medios de subsistencia a los poseedores atesoradores de los medios de consumo adicionales que entran en el consumo obrero. De estos no vuelve el dinero a su punto de partida, pro rata de su atesoramiento: lo acumulan.

[^k12-34]: Del manuscrito II.

[^k12-t1]: (Nota de la traducción.) Fórmulas con letras españolas: D = dinero (Geld, G en el original), M = mercancía (Ware, W), P = proceso de producción, FT = fuerza de trabajo (Arbeitskraft, A); las minúsculas d y m designan el dinero y las mercancías en que se gasta la plusvalía (en el original, g y w). D ... D' es el ciclo del capital dinerario y P ... P el del capital productivo.

[^k12-t2]: (Nota de la traducción.) «Primer motor».

[^k12-t3]: (Nota de la traducción.) Henry Charles Carey (1793-1879), economista estadounidense, defensor del proteccionismo y de la armonía de los intereses de clase.

[^k12-35]: Aquí comienza el manuscrito VIII.

[^k12-t4]: (Nota de la traducción.) François Quesnay (1694-1774), médico y economista francés, fundador de la escuela fisiocrática; su *Tableau économique* («Cuadro económico») es de 1758.

[^k12-t5]: (Nota de la traducción.) Simon-Nicolas-Henri Linguet (1736-1794), abogado y publicista francés, adversario de los fisiócratas; Gabriel Bonnot de Mably (1709-1785), filósofo e historiador francés de ideas igualitarias.

[^k12-36]: *El capital*, tomo I, 2.ª ed., p. 612, nota 32.

[^k12-t6]: (Nota de la traducción.) «Adelantos primitivos» y «adelantos anuales»: en Quesnay, el capital invertido en el establecimiento de la explotación agrícola y el que se gasta cada año en el cultivo.

[^k12-37]: También en esto le habían preparado el camino algunos fisiócratas, sobre todo Turgot. Este emplea ya con más frecuencia que Quesnay y los demás fisiócratas la palabra *capital* en lugar de *avances*, e identifica aún más los *avances* o *capitaux* de los manufactureros con los de los arrendatarios. Por ejemplo: «Como ellos» (los empresarios manufactureros), «ellos» (los arrendatarios, es decir, los arrendatarios capitalistas) «deben recoger, además del reflujo de los capitales, etc.». (Turgot, *Œuvres*, ed. Daire, París, 1844, tomo I, p. 40.)

[^k12-38]: Para que el lector no se engañe sobre la frase «el precio de la inmensa mayoría de las mercancías», lo que sigue muestra cómo explica el propio A. Smith esta denominación: por ejemplo, en el precio del pescado de mar no entra ninguna renta, sino solo salario y ganancia; en el precio de los Scotch pebbles solo entra salario, a saber: «En algunas partes de Escocia, la gente pobre hace su oficio de recoger en la orilla del mar las piedrecitas de colores conocidas con el nombre de guijarros escoceses. El precio que les pagan por ellas los lapidarios consiste solo en su salario, ya que ni la renta del suelo ni la ganancia constituyen parte alguna de él».

[^k12-t7]: (Nota de la traducción.) *Revenue* (del francés *revenu*): el ingreso periódico de una clase, que puede consumirse. En este libro lo traducimos por «rédito», para distinguirlo de *Einkommen* («ingreso») y de *Rente* («renta»); en nuestra traducción del libro primero se tradujo «renta».

[^k12-t8]: (Nota de la traducción.) c = capital constante, v = capital variable, p = plusvalía (Mehrwert, m en el original), en todos los esquemas y fórmulas (c + v + p, p/v, I(v + p)…). Ic, Iv, Ip, IIc, IIv, IIp designan las partes de valor correspondientes del producto de la sección I (medios de producción) y de la sección II (medios de consumo). £ traduce Pfd.St. (libras esterlinas).

[^k12-t9]: (Nota de la traducción.) «Materialmente».

[^k12-39]: Doy esta frase literalmente, tal como figura en el manuscrito, aunque en su contexto actual parece contradecir tanto lo que precede como lo que sigue inmediatamente. Esta contradicción aparente se resuelve más abajo, en el n.º 4: Capital y rédito en A. Smith. — F. E.

[^k12-t10]: (Nota de la traducción.) Wilhelm Roscher (1817-1894), economista alemán, fundador de la escuela histórica, al que Marx trata con ironía en el libro primero como representante de la economía vulgar.

[^k12-40]: Prescindimos aquí por completo de que Adam fue especialmente desafortunado en su ejemplo. El valor del trigo solo se resuelve en salario, ganancia y renta porque los alimentos consumidos por el ganado de labor se presentan como salario del ganado de labor, y el ganado de labor como obrero asalariado, y por tanto, a su vez, el obrero asalariado también como ganado de labor. (Añadido del manuscrito II.)

[^k12-t11]: (Nota de la traducción.) «A posteriori», una vez sucedido el hecho.

[^k12-41]: Desde aquí hasta el final del capítulo, añadido del manuscrito II.

[^k12-t12]: (Nota de la traducción.) «Diferencia específica».

[^k13-42]: Del manuscrito II.

[^k13-43]: Del manuscrito VIII.

[^k13-44]: En lo esencial, del manuscrito II. El esquema, del manuscrito VIII.

[^k13-t3]: (Nota de la traducción.) Página de la edición alemana del libro primero que usaba Engels; se refiere al capítulo VI, «Capital constante y capital variable».

[^k13-45]: A partir de aquí, de nuevo el manuscrito VIII.

[^k13-t4]: (Nota de la traducción.) En latín, «en forma de pobre»: el consumo de los indigentes, que viven de la asistencia o de la limosna.

[^k13-46]: Para que tomen nota los eventuales partidarios de la teoría de las crisis de Rodbertus. — F. E.

[^k13-t7]: (Nota de la traducción.) Johann Karl Rodbertus (1805-1875), economista prusiano, citado en la nota anterior, explicaba las crisis por la parte decreciente del producto nacional que recibe la clase obrera.

[^k13-t5]: (Nota de la traducción.) Página de la edición alemana del libro primero; el pasaje está en el capítulo III, apartado 2, «Medio de circulación». Se cita según nuestra traducción del libro primero.

[^k13-47]: La exposición se aparta aquí algo de la dada más arriba (p. 374). Allí también I lanzaba a la circulación una suma independiente de 500. Aquí es II el único que suministra el material dinerario adicional para la circulación. Pero esto no cambia nada en el resultado final. — F. E.

[^k13-t6]: (Nota de la traducción.) En la nota anterior, «p. 374» es página de la 2.ª edición alemana del libro segundo; remite al apartado III de este capítulo.

[^k14-48]: Desde aquí, del manuscrito II.

[^k14-49]: Desde aquí, manuscrito VIII.

[^k14-50]: «Cuando el salvaje fabrica arcos, ejerce una industria, pero no practica la abstinencia.» (Senior, *Principes fondamentaux de l'Écon. Pol.*, trad. Arrivabene, París, 1836, págs. 342, 343.) — «Cuanto más avanza la sociedad, más abstinencia exige.» (Ibid., pág. 342.) — Compárese *El capital*, libro I, cap. XXII, 3, pág. 619.

[^k14-t3]: (Nota de la traducción.) Edward Burnett Tylor (1832-1917), antropólogo británico; la obra citada en la nota siguiente es la traducción alemana de sus *Researches into the Early History of Mankind* (1865).

[^k14-51]: E. B. Tyler, *Forschungen über die Urgeschichte der Menschheit*, traducido por H. Müller, Leipzig, sin fecha, pág. 240.

[^k14-t2]: (Nota de la traducción.) Página de la edición alemana de 1893 (en la de 1885, pág. 400); el pasaje está en el apartado IV de este capítulo.

[^k15-t2]: (Nota de la traducción.) «Convertir en dinero» traduce *versilbern* (literalmente, «platear», hacer plata), verbo que Marx emplea constantemente en este apartado junto a *in Geld verwandeln*, «transformar en dinero»; más adelante, en el mismo sentido, *vergolden*, «convertir en oro».

[^k15-t3]: (Nota de la traducción.) *Déchet*: en francés en el original, «merma», «desgaste»; de ahí la letra d.

[^k15-52]: Las cifras vuelven a no coincidir con el supuesto anterior. Pero esto es indiferente, puesto que solo importan las proporciones. — F. E.

[^k16-53]: Ad. Soetbeer, *Edelmetall-Produktion*, Gotha, 1879.

[^k16-t1]: (Nota de la traducción.) I o designa a los productores de oro dentro de la sección I (en el original, I g, de Gold); «3 o» son, del mismo modo, 3 en oro.

[^k16-54]: «Una cantidad considerable de oro en bruto (gold bullion)... la llevan los buscadores de oro directamente a la Casa de la Moneda de San Francisco». *Reports of H. M. Secretaries of Embassy and Legation*, 1879, parte III, p. 337.

[^k16-55]: La investigación sobre el intercambio de oro recién producido dentro del capital constante de la sección I no se encuentra en el manuscrito. — F. E.

[^k16-56]: Del manuscrito II.

[^k16-t2]: (Nota de la traducción.) Es la nota 30 del capítulo 4 del libro primero, que cita el mismo pasaje de Destutt de Tracy. La 2.ª edición, según la MEW, dice «p. 47, Note 301», errata evidente; damos la lectura de la 1.ª edición (1885, MEGA II/13: «p. 146, Note 30»).

[^k16-t3]: (Nota de la traducción.) En inglés en el original: «un escritor muy distinguido».

[^k16-t4]: (Nota de la traducción.) Zacharias Bräsig, inspector de fincas jubilado («Entspektor», en su habla) de la novela en bajo alemán de Fritz Reuter *Ut mine Stromtid* (1862-1864), célebre por sus disparates; *pauvreté* es la palabra francesa para «pobreza».

[^k16-t5]: (Nota de la traducción.) En francés en el original: «mal conocida».

[^k16-t6]: (Nota de la traducción.) En inglés y francés en el original: «ese escritor muy distinguido, miembro del Instituto de Francia y de la Sociedad Filosófica de Filadelfia».

[^k16-t7]: (Nota de la traducción.) «Se observará, espero, cuán concordante es esta manera de considerar el consumo de nuestras riquezas con todo lo que hemos dicho a propósito de su producción y de su distribución, y al mismo tiempo *qué claridad arroja sobre toda la marcha de la sociedad*. ¿*De dónde* vienen esta concordancia y esta *lucidez*? De que hemos dado con la verdad. Esto recuerda el efecto de esos espejos en los que los objetos se dibujan nítidamente y en sus justas proporciones cuando uno se sitúa en su verdadero punto de vista, y en los que todo parece confuso y desunido cuando se está demasiado cerca o demasiado lejos».

[^k16-t8]: (Nota de la traducción.) En francés en el original: «¡He aquí el cretinismo burgués en toda su beatitud!».

[^k17-57]: Desde aquí hasta el final, manuscrito VIII.

[^k17-t2]: (Nota de la traducción.) Juego de palabras: *wuchern* significa a la vez «practicar la usura» y «proliferar, crecer».

[^k17-t3]: (Nota de la traducción.) Página de la segunda edición alemana (en la primera, pág. 463); corresponde al apartado XI del capítulo XX, sobre la reposición del capital fijo.

[^k17-t4]: (Nota de la traducción.) En latín en el original: «virtualmente».

[^k17-t5]: (Nota de la traducción.) John Fullarton (1780-1849), economista británico, autor de *On the Regulation of Currencies* (1844).

[^k17-t6]: (Nota de la traducción.) En latín en el original: «en esa misma medida».

[^k17-58]: Esto pone fin de una vez por todas a la disputa sobre la acumulación del capital entre James Mill y S. Bailey, que se examinó en el libro I (capítulo XXII, 5, pág. 634, nota 65) desde otro punto de vista, a saber, la disputa sobre la extensibilidad de la acción del capital industrial con una magnitud constante de este. Volver sobre esto más adelante.

[^k17-t7]: (Nota de la traducción.) En latín en el original: «en igualdad de las demás circunstancias».

[^k17-t8]: (Nota de la traducción.) *Trucksystem* en el original: pago del salario en mercancías o en vales canjeables en las tiendas del patrono.

[^k17-t9]: (Nota de la traducción.) Albert Schäffle (1831-1903), economista y sociólogo alemán, autor de *Die Quintessenz des Sozialismus* (1874).

[^k17-t10]: (Nota de la traducción.) Marx cita en alemán, en su propia versión, este informe diplomático inglés y el artículo de *The Nation* (semanario de Nueva York); se traduce de su versión.

[^k17-t12]: (Nota de la traducción.) En latín en el original: «cambiando lo que haya que cambiar».
