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Title: Johann Philipp Becker (1886)
Description: Necrológica de Engels para Johann Philipp Becker: del republicano del Palatinado y general revolucionario de 1849, que cubrió la retirada del ejército badense hasta Durlach, al comunista consciente, fundador de la Internacional en la Suiza francesa y adversario de los bakuninistas.
Author: Friedrich Engels
Date: 1886-12-09
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1886%20Johann%20Philipp%20Becker
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*Escrito por Friedrich Engels en Londres el 9 de diciembre de 1886 y publicado en* Der Sozialdemokrat *(Zúrich), n.º 51, 17 de diciembre de 1886. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 21 (Berlín, 1962, pp. 319-324), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1886%20Johann%20Philipp%20Becker).*

Una vez más la muerte ha abierto un hueco en las filas de los combatientes de vanguardia de la revolución proletaria. *Johann Philipp Becker* murió el 7 de diciembre en Ginebra.

Nacido en 1809 en Frankenthal, en el Palatinado bávaro, participó, apenas salido de la niñez, ya en los años veinte en el movimiento político de su tierra. Cuando, tras la revolución de Julio,[^1] a comienzos de los años treinta, este movimiento adquirió un carácter republicano, Becker fue uno de sus participantes más activos y resueltos. Detenido varias veces, llevado ante el jurado y absuelto, tuvo que huir finalmente ante la reacción victoriosa. Se fue a Suiza, se estableció en Biel y adquirió la ciudadanía suiza. Tampoco allí se quedó inactivo; por un lado le ocupaban los asuntos de las asociaciones obreras alemanas y las tentativas revolucionarias de los refugiados alemanes, italianos y, en general, europeos; por el otro, la lucha de la democracia suiza por el poder en los distintos cantones. Sabido es cómo se llevó esta lucha, sobre todo a comienzos de los años cuarenta, mediante una serie de incursiones armadas en los cantones aristocráticos y clericales. Becker estuvo más o menos implicado en la mayoría de estos «golpes» y acabó condenado por ello a diez años de destierro de su cantón, Berna. Estas pequeñas expediciones militares culminaron por fin en 1847 en la guerra del Sonderbund;[^2] Becker, que pertenecía como oficial al ejército suizo, ocupó su puesto y mandó, durante la marcha sobre Lucerna, la vanguardia de la división a la que estaba destinado.

Estalló la revolución de Febrero de 1848; la siguieron los intentos de republicanizar Baden mediante expediciones de voluntarios. Cuando Hecker hizo su expedición,[^3] Becker formó una legión de refugiados, pero no pudo presentarse en la frontera hasta que Hecker ya había sido rechazado. Esta legión, internada después en gran parte en Francia, suministró en 1849 el núcleo de algunas de las mejores unidades del ejército del Palatinado y del de Baden.

Cuando en la primavera de 1849 se proclamó en Roma la república, Becker quiso organizar con esta legión un cuerpo auxiliar para Roma. Fue a Marsella, formó los cuadros y tomó disposiciones para reunir la tropa. Pero, como es sabido, el gobierno francés se disponía a aplastar la república romana y a reponer al papa. Era evidente que impediría el traslado de tropas auxiliares para sus adversarios romanos. A Becker, que ya había fletado un barco, se le hizo saber categóricamente que echarían a pique su barco en cuanto hiciera ademán de salir del puerto.

Entonces estalló la revolución en Alemania.[^4] Becker corrió enseguida a Karlsruhe; la legión lo siguió y combatió más tarde bajo el mando de Böning, mientras que otra parte de la vieja legión de 1848, instruida por Willich en Besanzón, sirvió de núcleo al cuerpo franco de Willich. Becker fue nombrado jefe de toda la milicia popular (*Volkswehr*) badense, es decir, de todas las tropas que no eran de línea, y se puso de inmediato a organizarla. Ahí chocó enseguida con la resistencia del gobierno, dominado por la burguesía reaccionaria, y de su jefe, Brentano.[^5] Sus órdenes eran contrarrestadas, sus peticiones de armas y de equipo, desatendidas o rechazadas sin más. El intento del 6 de junio de intimidar al gobierno con la fuerza armada revolucionaria, intento en el que Becker tuvo una parte muy destacada, terminó sin decisión; pero Becker y sus tropas fueron enviados a toda prisa de Karlsruhe al Neckar, contra el enemigo.

Allí la lucha ya había empezado en pequeño, y la decisión se acercaba. Becker ocupó el Odenwald con sus voluntarios y sus milicias. Sin artillería ni caballería, tuvo que dispersar sus escasas tropas para ocupar un territorio extenso y difícil, y no le quedaron a mano suficientes para poder pasar al ataque. A pesar de ello, el 15 de junio, con un brillante combate, liberó a sus gimnastas de Hanau,[^6] cercados en el castillo de Hirschhorn por las tropas del Imperio de Peucker.[^7]

Cuando Mierosławski[^8] tomó el mando supremo del ejército revolucionario, Becker recibió el mando de la 5.ª división —toda ella de milicia y toda de infantería— con el encargo de hacer frente al cuerpo de Peucker, al menos seis veces superior. Pero justo después vinieron el paso del Rin del primer cuerpo prusiano por Germersheim, la marcha de Mierosławski a su encuentro y la derrota de Waghäusel el 21 de junio. Becker tenía ocupada Heidelberg; desde el norte presionaba el segundo cuerpo prusiano, el de Groeben; desde el nordeste, el cuerpo de Peucker, cada uno con más de 20.000 hombres; al suroeste estaban los prusianos de Hirschfeld, también más de 20.000 hombres. Y ahora los fugitivos de Waghäusel, es decir, toda la gran masa del ejército badense, de línea y de milicia, se precipitaban sobre Heidelberg para encontrar a través de la montaña, con un rodeo enorme, el camino de Karlsruhe y Rastatt, que les estaba cortado en la llanura.

Becker tenía que cubrir esta retirada, con sus hombres recién reclutados y sin instrucción y, como siempre, sin caballería ni artillería. Después de dar a los fugitivos ventaja suficiente, salió el 22 a las ocho de la tarde de Heidelberg hacia Neckargemünd, donde descansó un par de horas; llegó el 23 a Sinsheim, donde, frente al enemigo y en orden de batalla, volvió a dejar descansar unas horas a su gente, y esa misma noche a Eppingen, y el 24, por Bretten,[^9] a Durlach, adonde llegó a las ocho de la tarde, para verse envuelto de nuevo en la retirada desordenada del ejército del Palatinado y de Baden, ahora unido. Aquí Becker recibió además el mando de los restos de las tropas del Palatinado y debía no solo cubrir la retirada de Mierosławski, sino también mantener Durlach hasta que se evacuara Karlsruhe. Como siempre, también ahora se le dejó sin artillería, pues la que se le había asignado ya se había marchado.

Becker atrincheró Durlach como pudo con las prisas y a la mañana siguiente (25 de junio) fue atacado por tres lados por dos divisiones prusianas y por las tropas del Imperio de Peucker. No solo rechazó todos los ataques, sino que pasó repetidamente él mismo al ataque, aunque solo podía responder al fuego de artillería del enemigo con fuego de fusilería, y tras cuatro horas de combate, sin que lo molestaran las columnas enviadas para envolverlo, no se retiró, en perfecto orden, hasta que recibió la noticia de que Karlsruhe había sido evacuada y su misión estaba cumplida.

Este es seguramente el episodio más brillante de toda la campaña de Baden y el Palatinado. Con hombres que en su mayoría llevaban apenas de quince días a tres semanas en filas, que, reclutas del todo bisoños, apenas habían sido instruidos a duras penas por oficiales y suboficiales improvisados y que no tenían ni rastro de disciplina, Becker, como retaguardia de unos ejércitos derrotados y medio disueltos, hizo en cuarenta y ocho horas una marcha de más de 80 kilómetros, u 11 millas alemanas, que empezó además con una marcha nocturna, y los llevó a través del enemigo hasta Durlach en tal estado que a la mañana siguiente pudieron dar a los prusianos uno de los pocos combates de la campaña en que el ejército revolucionario alcanzó por completo el objetivo del combate. Es una hazaña que honraría a tropas veteranas y que, con soldados tan jóvenes, es rara y honrosa en grado sumo.

Llegado al Murg, Becker quedó con su división al este de Rastatt y tomó parte honrosa en los combates del 29 y el 30 de junio. El resultado es conocido; el enemigo, seis veces más numeroso, rodeó la posición por territorio de Wurtemberg y luego la desbarató empezando por el ala derecha. La campaña quedaba ya decidida también formalmente y terminó, como no podía ser de otro modo, con el paso del ejército revolucionario a territorio suizo.

Hasta entonces Becker se había presentado sobre todo como simple republicano demócrata; pero a partir de ahora da un paso importante más allá. El conocimiento más de cerca de los «republicanos puros» alemanes, sobre todo de los del sur de Alemania, y sus experiencias en la revolución de 1849 le demostraron que en el futuro había que abordar las cosas de otra manera. Las fuertes simpatías por el proletariado que Becker había alimentado desde su juventud tomaron ahora una forma más firme; vio claro que, si la burguesía formaba en todas partes el núcleo de los partidos reaccionarios, solo el proletariado podía formar el núcleo de un poder verdaderamente revolucionario. El comunista de sentimiento se convirtió en comunista consciente.

Una vez más intentó formar un cuerpo de voluntarios; fue en 1860, tras la victoriosa expedición de Garibaldi a Sicilia. Fue de Ginebra a Génova para hacer los preparativos de acuerdo con Garibaldi. Pero los rápidos progresos de Garibaldi y la intervención del ejército italiano, que había de recoger los frutos de la victoria para la monarquía, pusieron fin a la campaña. Sin embargo, todo el mundo esperaba para el año siguiente una nueva guerra con Austria. Es sabido cómo Rusia quería servirse de Luis Napoleón y de Italia para completar la venganza rusa contra Austria, que en 1859 había quedado a medias. El gobierno italiano envió a Becker, a Génova, a un alto oficial de Estado Mayor que le ofreció el grado de coronel en el ejército italiano, un sueldo espléndido y dietas, y el mando de una legión que él mismo formaría en la guerra esperada, si quería hacer propaganda en Alemania a favor de Italia y contra Austria. Pero el proletario Becker se negó en redondo; no quería tener nada que ver con el servicio a los príncipes.

Fue su último intento como guerrillero voluntario. Poco después se fundó la Asociación Internacional de los Trabajadores, y uno de sus fundadores fue Becker; estuvo presente en el famoso mitin de St. Martin's Hall del que data la Internacional.[^10] Organizó a los obreros alemanes y nativos de la Suiza francesa, fundó como órgano de este grupo *Der Vorbote*,[^11] estuvo presente en todos los congresos de la Internacional y se mantuvo en primera línea de la lucha contra los anarquistas bakuninistas de la Alianza de la Democracia Socialista y del Jura suizo.

Tras la disolución de la Internacional, Becker tuvo menos ocasión de aparecer en público. Pero siguió estando siempre en medio del movimiento obrero e influyó constantemente en su marcha mediante su amplia correspondencia y las frecuentes visitas que recibía en Ginebra. En 1882 tuvo a Marx en su casa un día, y todavía en septiembre de este año el anciano de setenta y siete años emprendió un viaje por el Palatinado y Bélgica hasta Londres y París, durante el cual tuve la alegría de tenerlo quince días en mi casa y de hablar con él de los tiempos viejos y de los nuevos. ¡Y apenas dos meses después el telégrafo anuncia su muerte!

Becker era un hombre poco común. Una sola palabra lo define por entero: *sano hasta la médula*; de cuerpo y de espíritu estuvo sano hasta la médula hasta el final. De estatura de gigante, de una fuerza física enorme, y además un hombre apuesto, había desarrollado su espíritu, sin estudios pero en modo alguno inculto, gracias a unas dotes felices y a una actividad sana, de manera tan armoniosa como su cuerpo. Era uno de esos pocos hombres que no necesitan más que seguir su propia naturaleza instintiva para ir por buen camino. Por eso le resultó tan fácil ir al paso de cada nuevo desarrollo del movimiento revolucionario y estar a los setenta y ocho años tan fresco en primera fila como a los dieciocho. El muchacho que ya en 1814 había jugado con los cosacos que pasaban por su tierra y que en 1820 había visto ajusticiar a Sand, el que mató a puñaladas a Kotzebue,[^12] fue evolucionando sin cesar desde el opositor indefinido de los años veinte y en 1886 todavía estaba del todo a la altura del movimiento. Y no era por eso un sombrío fanático de sus convicciones, como la mayoría de los republicanos «serios» de 1848,[^13] sino un verdadero hijo del alegre Palatinado, amante de la vida, aficionado al vino, a las mujeres y al canto como el que más. Criado en la tierra del *Cantar de los Nibelungos*, en torno a Worms, todavía en su vejez parecía una de las figuras de nuestro viejo poema heroico: alegre y burlón, desafiando al enemigo entre mandoble y mandoble, componiendo canciones populares cuando no había nada que golpear; así, y no de otro modo, debió de ser Volker el violinista.[^14]

Pero su aptitud más importante era sin duda la militar. En Baden hizo decididamente más que ningún otro. Mientras que los demás oficiales, formados en la escuela de los ejércitos permanentes, encontraban aquí un material humano para ellos del todo extraño y casi ingobernable, Becker había aprendido todo su arte de organización, su táctica y su estrategia en la escuela rústica de la milicia suiza. Un ejército popular no le era nada extraño, ni sus defectos inevitables nada desacostumbrado. Donde los demás se desanimaban o se enfurecían, Becker seguía tranquilo y encontraba una salida tras otra, sabía tratar a su gente como era debido, la reanimaba con una ocurrencia y al final la mantenía en la mano. Por la marcha de Heidelberg a Durlach con una división compuesta casi solo de reclutas sin instrucción, que, sin embargo, seguían siendo capaces de entablar enseguida un combate bien sostenido, podría envidiarlo más de un general prusiano de 1870. Y en ese mismo combate llevó al fuego, e incluso al ataque en campo abierto, a los palatinos que se le habían asignado y con los que nadie había podido hacer nada. Con Becker hemos perdido al único general revolucionario alemán que teníamos.

Ese fue el hombre que tomó parte con honor en las luchas por la libertad de tres generaciones.

¡Pero los obreros guardarán fielmente su memoria como la de uno de sus mejores!

Londres, 9 de diciembre de 1886

*Friedrich Engels*

[^1]: La revolución de julio de 1830 en Francia, que derribó a Carlos X.

[^2]: Breve guerra civil de noviembre de 1847 en la que la Confederación derrotó a la liga separada (*Sonderbund*) de los siete cantones católicos conservadores.

[^3]: Friedrich Hecker (1811-1881), abogado demócrata de Baden, encabezó en abril de 1848 una sublevación republicana derrotada en Kandern el 20 de abril.

[^4]: La campaña por la Constitución del Imperio de mayo-julio de 1849 en Baden y el Palatinado. Engels, que participó en ella como ayudante de Willich, la contó en [La campaña alemana por la Constitución del Imperio](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1850%20La%20campa%C3%B1a%20alemana%20por%20la%20Constituci%C3%B3n%20del%20Imperio) (1850).

[^5]: Lorenz Brentano (1813-1891), abogado de Mannheim, jefe del gobierno provisional de Baden en 1849.

[^6]: La compañía de miembros de la asociación gimnástica (*Turnverein*) de Hanau, combatientes demócratas.

[^7]: Eduard von Peucker (1791-1876), general prusiano, ministro de la Guerra del Imperio en 1848-1849, al mando en 1849 de las tropas federales («del Imperio») enviadas contra la sublevación de Baden.

[^8]: Ludwik Mierosławski (1814-1878), revolucionario polaco, jefe del ejército revolucionario de Baden en junio de 1849.

[^9]: La copia de la MEW de la que partimos dice «Breiten»; se trata de Bretten, entre Eppingen y Durlach.

[^10]: El mitin del 28 de septiembre de 1864 en St. Martin's Hall de Londres, en el que se fundó la Asociación Internacional de los Trabajadores.

[^11]: *Der Vorbote*, órgano mensual de la sección alemana de la Internacional en Suiza, publicado por Becker en Ginebra de 1866 a 1871.

[^12]: El estudiante Karl Ludwig Sand mató al escritor August von Kotzebue, al que se tenía por agente del zar, en Mannheim en 1819; fue ejecutado en mayo de 1820.

[^13]: En el original, *ernschten*, imitación burlona de la pronunciación dialectal del sur de Alemania de *ernsten*, ‘serios’.

[^14]: Volker von Alzey, el violinista guerrero del *Cantar de los Nibelungos*.
