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Title: El congreso obrero internacional (1890)
Description: Borrador de Engels, escrito en francés, sobre la situación creada por los dos congresos rivales de París de 1889: por qué los marxistas deben tomar la iniciativa de un congreso común en 1891 y con qué condiciones, para no dejar a los posibilistas las trade-unions inglesas ni el papel de campeones de la unidad.
Author: Friedrich Engels
Date: 1890-09
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1890%20El%20congreso%20obrero%20internacional
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*Escrito en francés por Friedrich Engels entre el 9 y el 15 de septiembre de 1890; borrador no publicado en vida del autor. El texto francés no está disponible en una edición libre; traducimos de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 22 (Berlín, 1963, pp. 71-75), hecha sobre el borrador manuscrito, sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1890%20Der%20internationale%20Arbeiterkongre%C3%9F).*

En el congreso de las trade-unions inglesas en Liverpool (septiembre de 1890), el Consejo Nacional del Partido Obrero belga invitó a las trade-unions al congreso internacional que debe celebrarse el año que viene en Bélgica.

Los belgas recibieron el encargo de convocar un congreso internacional en Bélgica del congreso posibilista. El congreso marxista (uso esta denominación para abreviar)[^1] les dio, *a ellos y también a los suizos*, el encargo de convocar un congreso solo *conjuntamente*; el lugar del congreso no se ha fijado todavía.

Así pues, salvo que se trate de una ambigüedad deliberada, los belgas han invitado a los ingleses al congreso posibilista, el único congreso que tenían el encargo de convocar ellos solos. Y los ingleses han aceptado con entusiasmo.

Será imposible hacer comprender a las jóvenes trade-unions de los simples peones que se ha abusado de su buena fe; que en 1891 habrá dos congresos, uno bueno y otro malo, y que ellas han prometido asistir precisamente al malo. Esta no es solo mi opinión personal, sino también la de las personas que más se han esforzado por incorporar las trade-unions al movimiento internacional. La campaña que el *Sozialdemokrat* emprendió en 1889 contra los amigos de los posibilistas en Inglaterra no podría repetirse esta vez con el mismo éxito. Si va a haber dos congresos, ¿por qué no nos invitaron también al otro, para que hubiésemos podido elegir? Ahora es demasiado tarde. Así hablará esa gente práctica. Han aceptado la invitación de los belgas e irán al congreso que se celebre en Bélgica. Esto es absolutamente seguro, a menos que los belgas y los posibilistas los rechacen con tonterías increíbles; pero no cometerán esas tonterías.

Esta situación es la consecuencia inevitable de los errores cometidos por el congreso marxista. Se dejó sin resolver la cuestión más importante, la del futuro congreso. Peor aún, se hizo casi imposible toda solución al confiar la convocatoria del congreso a dos comités nacionales, el belga y el suizo, sin cuyo acuerdo previo no podía darse ni el más mínimo paso: el medio más seguro de que no ocurra nada. Además, los belgas, como después de la Conferencia de La Haya,[^2] se han dejado guiar por sus propios intereses en lugar de atenerse a los límites del encargo recibido. Han querido asegurarse un congreso en Bélgica, y lo convocan sin preocuparse de sus comandatarios, los suizos. No quiero en absoluto poner en duda la sinceridad y las buenas intenciones del Consejo Nacional belga; pero en la práctica, con su conducta, favorece a los posibilistas contra nosotros. En lugar de reprochárselo a los demás, deberíamos reconocer que esto no es más que la consecuencia de nuestros propios errores. (No les reprochemos demasiado; el encargo que les dimos los invitaba francamente a no tomarlo al pie de la letra.)

Nos hemos metido, por así decirlo, en un callejón sin salida, en una situación en la que no podemos movernos mientras nuestros rivales actúan. ¿Cómo salir de ella?

Ante todo, está fuera de duda que desde más de un lado habrá nuevos intentos de impedir el «escándalo» de dos congresos obreros rivales. No podemos rechazar esos intentos; al contrario, tenemos el máximo interés en que la responsabilidad del «escándalo», si se repite, recaiga sobre los posibilistas y sus aliados. Cualquiera que tenga un poco de experiencia en el movimiento internacional sabe que, en caso de escisión, quien la ha provocado, o parece haberla provocado, siempre está equivocado a los ojos de los obreros. Así pues, si en 1891 hay dos congresos, tenemos que proceder de manera que no se nos pueda echar a nosotros la culpa.

Si está fuera de duda que habrá esos intentos de unificación, ¿hemos de esperarlos pasivamente? Correríamos entonces el riesgo de que los posibilistas y sus aliados nos presentaran en el último minuto un ultimátum lleno de trampas conocidas (las conocemos), trampas escondidas bajo tal palabrería ensordecedora que el gran público no sospecharía nada malo detrás, mientras que nosotros no podríamos aceptarlo; nos encontraríamos entonces en la agradable situación de aceptar la propuesta y caer en la red con los ojos abiertos, o de rechazarla y cargar ante los obreros con la responsabilidad de haber impedido la unión socialista por una terquedad inexplicable.

En suma, la situación es insostenible para nosotros. Tenemos que salir de ella. Pero ¿cómo? Actuando. Ya no vamos a fiarnos del encargo dado a los belgas y a los suizos; tomemos el asunto en nuestras propias manos.[^3]

¿Tendríamos que lamentar la unión de los dos congresos? Examinemos la cuestión.

Podemos contar con seguridad: 1) con los colectivistas y los blanquistas franceses (aunque el número de estos últimos haya disminuido por la masa que se ha pasado al campo de los boulangistas),[^4] 2) con los alemanes, 3) con los austriacos, 4) con los socialistas españoles, 5) con los «revolucionarios» daneses, 1/5 de los socialistas daneses, 6) con los suecos y quizá con algunos noruegos, 7) con los suizos, 8) con los emigrados rusos y polacos.

El congreso rival del nuestro se compondría: 1) de los posibilistas franceses, 2) de las trade-unions inglesas, que estarían representadas en masa, y de la Social Democratic Federation inglesa, que se ha beneficiado del auge general del movimiento en Inglaterra, 3) de los belgas, 4) de los holandeses, 5) de los sindicatos españoles de Barcelona, etc., 6) probablemente de los sindicatos portugueses, 7) de los italianos, 8) de los «reformistas» daneses, 4/5 de todos los socialistas de Dinamarca, que quizá atraerían todavía a algunos noruegos.

Según las circunstancias, los belgas y los holandeses podrían enviarnos también a nosotros sus delegados; de los suizos, en cambio, cabría esperar igualmente que enviaran algunos delegados al congreso posibilista.

De ello se sigue que esta vez los posibilistas tendrían un ejército mucho más considerable que en 1889. Si nosotros tenemos a los alemanes, los posibilistas lo compensarán con los ingleses, a los que hemos perdido por nuestra inactividad y nuestra torpeza; en todo lo demás tendrán tantas nacionalidades como nosotros, si no más. Y con su habilidad para fabricar mandatos ficticios y representantes ficticios nos dejarán muy atrás. Añadamos que, si siguiéramos con este sistema de inactividad que hemos practicado hasta ahora, la culpa de la escisión recaería sin duda sobre nosotros, lo que traería consigo una nueva disminución del número de participantes en nuestro congreso.

Supongamos ahora que la unión se ha realizado. Entonces nuestras fuerzas se verían reforzadas por todos aquellos a quienes el «escándalo» de la escisión ha llevado hasta ahora a mantenerse neutrales: los belgas, los holandeses, los italianos; estos atraerán inevitablemente hacia nosotros a las nuevas trade-unions inglesas, con sus excelentes efectivos, que todavía no tienen toda su capacidad de resistencia, pero son honrados e inteligentes. Ya hemos echado raíces allí; el contacto con los colectivistas franceses y con los alemanes bastaría para que se acercaran aún más a nosotros, tanto más cuanto que la S[ocial] D[emocratic] Federation, cuyos aires dictatoriales los repelen, es la aliada fanática de los posibilistas. Los belgas solo quieren congresos en los que puedan desempeñar un papel dirigente, papel que también les han procurado los posibilistas, y ante todo quieren un gran congreso en Bruselas. Si ayudamos a que la unión se haga *en su casa*, los flamencos, el mejor elemento de sus filas, estarán de nuestro lado y compensarán las tendencias posibilistas de los de Bruselas. Los holandeses son partidarios fanáticos de la unión, pero están muy lejos de ser posibilistas.

¿Cuáles son las condiciones indispensables para nosotros?

1. Que el congreso común sea convocado por los mandatarios de los dos congresos de 1889. Los belgas lo convocarán en virtud del encargo posibilista, y los belgas y los suizos lo convocarán conjuntamente en virtud de nuestro encargo; la forma ha de fijarse.

2. Que el congreso sea dueño de sí mismo. Los reglamentos, los órdenes del día y las resoluciones de los congresos anteriores no existen para él. Él mismo fija su reglamento, el modo de verificar los mandatos y su orden del día, sin dejarse atar por precedentes de ninguna clase. Ningún comité, ya haya sido nombrado por uno de los congresos anteriores o formado durante las negociaciones de unificación, tiene derecho a atar al congreso a nada.

3. Las condiciones de la representación de las diversas sociedades obreras y las proporciones en que estarán representadas se fijan de antemano (serían de desear propuestas concretas, pero no me corresponde a mí hacerlas).

4. Un comité, cuya composición está por determinar, se encargará de preparar un proyecto de reglamento, del procedimiento de verificación de los mandatos y un proyecto de orden del día, y de someterlos a la aprobación del congreso.

[^1]: En julio de 1889 se reunieron en París dos congresos obreros internacionales rivales: el convocado por los socialistas franceses de orientación marxista (guesdistas) y el de los posibilistas (los reformistas de Paul Brousse), al que acudieron las trade-unions inglesas y la Social Democratic Federation de Hyndman. El primero es el congreso fundacional de la Segunda Internacional. En 1891 se celebró en Bruselas un congreso común (véase *Sobre el congreso de Bruselas y la situación en Europa*).

[^2]: La conferencia de representantes de varios partidos socialistas celebrada en La Haya el 28 de febrero de 1889 para preparar el congreso internacional de París.

[^3]: Según la MEW, los seis párrafos siguientes, hasta «… están muy lejos de ser posibilistas», están tachados con un trazo vertical en el manuscrito.

[^4]: Partidarios del general Georges Boulanger, que en 1886-1889 encabezó en Francia un movimiento nacionalista y cesarista; una parte de los blanquistas se unió a él.
