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Title: Crítica del proyecto de programa socialdemócrata de 1891 (1891)
Description: Las observaciones de Engels al proyecto del que saldría el programa de Erfurt: un programa breve y preciso, la inseguridad de la existencia en vez de la miseria creciente, la república democrática como forma específica de la dictadura del proletariado, la república una e indivisible con plena autonomía local y la denuncia del oportunismo que espera transformar pacíficamente en sociedad comunista el Imperio semiabsolutista alemán.
Author: Friedrich Engels
Date: 1891-06
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1891%20Cr%C3%ADtica%20del%20proyecto%20de%20programa%20socialdem%C3%B3crata%20de%201891
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*Escrito por Friedrich Engels entre el 18 y el 29 de junio de 1891 y enviado a la dirección del partido socialdemócrata alemán; publicado por primera vez en* Die Neue Zeit *en 1901-1902. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 22 (Berlín, 1963, pp. 227-240), según el manuscrito, sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1891%20Zur%20Kritik%20des%20sozialdemokratischen%20Programmentwurfs%201891).*

El proyecto actual se distingue muy ventajosamente del programa vigente hasta ahora.[^1] Los fuertes restos de tradición caduca —tanto específicamente lassalleana como del socialismo vulgar— están en lo esencial eliminados; en su aspecto teórico, el proyecto se sitúa en conjunto en el terreno de la ciencia actual y puede discutirse desde ese terreno.

Se divide en tres secciones: I. Considerandos, II. Reivindicaciones políticas, III. Reivindicaciones de protección obrera.

## I. Considerandos en diez párrafos

En general, adolecen del intento de reunir dos cosas incompatibles: ser a la vez programa y *comentario* del programa. Se teme no ser lo bastante claro si se es breve y contundente, y por eso se añaden explicaciones que vuelven la cosa prolija y pesada. A mi juicio, el programa ha de ser lo más breve y preciso posible. Aunque aparezca alguna vez una palabra extranjera o una frase cuyo alcance no se capte por completo a primera vista, no pasa nada. La exposición oral en las asambleas y la explicación escrita en la prensa se encargan de todo lo necesario, y la frase breve y concisa, una vez comprendida, se fija entonces en la memoria y se convierte en consigna, cosa que nunca le ocurre a la exposición más prolija. No se sacrifique demasiado a la popularidad, no se subestimen la capacidad intelectual y el nivel de formación de nuestros obreros. Han comprendido cosas mucho más difíciles que las que puede ofrecerles el programa más breve y escueto; y si la época de la ley antisocialista ha dificultado, y en algunos sitios impedido, la formación completa de las masas que se han incorporado últimamente, eso se recuperará pronto bajo la dirección de los veteranos, ahora que nuestros escritos de propaganda pueden volver a guardarse y leerse sin trabas.

Intentaré redactar todo este pasaje de manera algo más breve y, si lo consigo, lo adjuntaré o lo enviaré después; paso ahora a los distintos párrafos numerados del 1 al 10.

*Párrafo 1. «La separación»*, etc. «Minas, pozos, canteras»:[^2] tres palabras para una sola cosa; dos deberían desaparecer. Yo dejaría *minas*, que entre nosotros se llaman así incluso en la llanura más rasa, y designaría todo con la expresión más corriente. En cambio, añadiría: *«ferrocarriles y demás medios de transporte»*.

*Párrafo 2.* Aquí pondría yo: «En manos *de sus apropiadores* (o *de sus propietarios*), los medios de trabajo *sociales*», y lo mismo después: «dependencia… de los *propietarios* (o apropiadores) de los medios de trabajo», etc.

Que estos señores se han apropiado de esas cosas como «propiedad exclusiva» ya se ha dicho en el 1, y aquí solo puede repetirse si uno se empeña a toda costa en meter la palabra «monopolizadores». Ni una ni otra palabra añaden lo más mínimo al sentido. Y lo que en un programa es superfluo, lo debilita.

> «Los medios de trabajo *necesarios* para la *existencia de la* sociedad»

– son siempre los que existen en cada momento. Antes de la máquina de vapor se las arreglaban sin ella; ahora no podríamos. Como hoy en día todos los medios de trabajo, directa o indirectamente —ya sea por su construcción o por medio de la división social del trabajo—, son *medios de trabajo sociales*, estas dos palabras expresan suficientemente lo que existe en cada momento, de manera correcta y sin sentido accesorio torcido.

Si el final se atiene a los considerandos de los Estatutos de la Internacional,[^3] preferiría que lo hiciera *por completo*: «de la miseria social» (este es el n.º 1), «del embrutecimiento intelectual y de la dependencia política». El embrutecimiento físico está incluido en la miseria social, y la *dependencia* política es un hecho, mientras que la *privación de derechos* políticos es una frase declamatoria de validez solo *relativa*, de esas que no tienen sitio en un programa.

*Párrafo 3.* La primera frase tiene que cambiarse, a mi juicio.

«Bajo la *dominación* de los *propietarios exclusivos*»

Primero, lo que sigue es un hecho económico que hay que explicar económicamente. Pero la expresión «*dominación* de los propietarios exclusivos» introduce la falsa apariencia de que lo ha causado la dominación *política* de esa banda de ladrones. Segundo, a esos propietarios exclusivos no pertenecen solo los «capitalistas y grandes terratenientes» (¿qué pintan detrás los «burgueses»?, ¿son una tercera clase de propietarios exclusivos?, ¿son los grandes terratenientes también «burgueses»?, ¿se van a ignorar, ya que se habla de grandes terratenientes, los colosales restos de feudalismo que dan a toda nuestra porquería política en Alemania su sello específicamente reaccionario?). También los *campesinos* y los *pequeñoburgueses* son «propietarios exclusivos», al menos todavía hoy; pero no figuran en todo el programa, y por eso hay que expresarse de modo que no queden incluidos en absoluto en la clase de propietarios exclusivos de la que se habla.

> «La acumulación de los medios de trabajo **y** de la riqueza producida por los explotados»

La «riqueza» consta de 1) medios de trabajo, 2) medios de vida. Es, pues, agramatical e ilógico hablar primero de una parte de la riqueza y luego no de la otra parte, sino de la riqueza total, y unir las dos con **y**.

> «aumenta… en manos de los *capitalistas* con velocidad creciente»

¿Dónde quedan aquí los «grandes terratenientes» y los «burgueses» de arriba? Si aquí bastan los capitalistas, también deberían haber bastado arriba. Pero si se entra en detalles, no bastan en absoluto.

> «cada vez mayor es el número y la *miseria* de los proletarios»

Dicho de manera tan absoluta, esto no es exacto. La organización de los obreros, su resistencia siempre creciente, opondrá posiblemente cierto dique al *crecimiento de la miseria*. Pero lo que crece con *seguridad* es la *inseguridad de la existencia*. Eso es lo que yo pondría.

*Párrafo 4.*

> «La falta de plan, fundada en la esencia de la producción privada capitalista»

merece una fuerte corrección. Conozco una producción capitalista como forma de sociedad, como fase económica; y una producción *privada* capitalista como *fenómeno* que se presenta de un modo u otro dentro de esa fase. ¿Qué quiere decir producción *privada* capitalista? Producción por el empresario *individual*, y esta se va haciendo cada vez más excepcional. La producción capitalista por *sociedades anónimas* ya no es producción *privada*, sino producción por cuenta asociada de muchos. Y si de las sociedades anónimas pasamos a los trusts, que dominan y monopolizan ramas enteras de la industria, ahí no solo cesa la *producción privada*, sino también la *falta de plan*. Suprímase *«privada»*, y la frase puede pasar en todo caso.

> «La ruina de amplias capas del pueblo»

En lugar de esta frase declamatoria, que parece como si encima nos diera pena esa ruina de burgueses y pequeñoburgueses, yo contaría el simple hecho: «que, con la ruina de las capas medias de la ciudad y del campo, de los pequeñoburgueses y de los pequeños campesinos, ensanchan (o ahondan) el abismo entre poseedores y desposeídos».

Las dos frases finales dicen dos veces lo mismo. En el anexo I doy una propuesta de modificación.

*Párrafo 5.* «De las causas» debe decir «de *sus* causas», lo que probablemente no es más que un error de pluma.

*Párrafo 6.* «Minas, canteras, pozos», como arriba en el 1. «Producción *privada*», como arriba. Yo diría: «Transformación de la actual producción capitalista por cuenta de individuos o de sociedades anónimas en producción socialista por cuenta de la sociedad entera y según un plan determinado de antemano, transformación, etc. … crea, y por la cual únicamente se realiza la emancipación de la clase obrera y con ella la emancipación de todos los miembros de la sociedad sin excepción».

*Párrafo 7.* Yo diría lo que en el anexo I.

*Párrafo 8.* En lugar de «con consciencia de clase»,[^4] que entre nosotros es una abreviatura fácilmente comprensible, diría, en interés de la comprensión general y de la traducción a lenguas extranjeras: «con los obreros que han llegado a la consciencia de su situación de clase», o algo parecido.

*Párrafo 9.* Frase final: «… pone, y con ello reúne en una sola mano el poder de la explotación económica y de la opresión política».

*Párrafo 10.* Detrás de «dominación de clase» falta: «y de las clases mismas». La abolición de las clases es nuestra reivindicación fundamental; sin ella, la abolición de la dominación de clase es, económicamente, un despropósito. En lugar de «por el igual derecho de todos» propongo: «por iguales derechos *e iguales deberes* de todos», etc. Los *deberes iguales* son para nosotros un complemento particularmente esencial de los *derechos iguales* democrático-burgueses y les quitan su sentido específicamente burgués.

La frase final, «En su lucha… adecuadas», preferiría suprimirla. En su vaguedad —«que sean adecuadas para mejorar la situación del *pueblo* en general» (¿quién es ese?)—, puede abarcarlo todo: aranceles protectores y librecambio, gremios y libertad de industria, crédito territorial, bancos de cambio, vacunación obligatoria y prohibición de la vacuna, alcoholismo y antialcoholismo, etc., etc. Lo que quiere decir ya está dicho en la frase anterior, y que, si se quiere el todo, se toma también cada una de sus partes, no hace falta decirlo expresamente; a mi parecer, debilita la impresión. Pero si se quiere la frase como transición a las reivindicaciones particulares, entonces se podría decir, por ejemplo: «la socialdemocracia defiende todas las reivindicaciones *que la acerquen a ese objetivo*» (supresión de «medidas e instituciones» por ser repetición). O, mejor aún, se dice abiertamente de qué se trata: que hay que hacer el trabajo que la burguesía ha dejado sin hacer; en ese sentido he puesto una frase final en el anexo I. La considero importante por mis observaciones del apartado siguiente y para fundamentar las propuestas que hago en él.

## II. Reivindicaciones políticas

Las reivindicaciones políticas del proyecto tienen un gran defecto. Lo que en realidad debería decirse *no está*. Si se concedieran todas estas diez reivindicaciones, tendríamos, sí, diversos medios más para imponer lo principal en política, pero en modo alguno lo principal mismo. La Constitución del Imperio es, en la medida de los derechos atribuidos al pueblo y a su representación, una pura copia de la Constitución prusiana de 1850, una Constitución en la que la reacción más extrema está puesta en artículos, en la que el gobierno posee todo el poder real y las Cámaras no tienen siquiera el derecho de negar los impuestos; una Constitución que demostró en el periodo del conflicto[^5] que el gobierno podía hacer con ella lo que quisiera. Los derechos del Reichstag son exactamente los mismos que los de la *Cámara* prusiana, y por eso Liebknecht llamó a este Reichstag la hoja de parra del absolutismo. Pretender llevar a cabo «la transformación de todos los medios de trabajo en propiedad colectiva» sobre la base de esta Constitución y del fraccionamiento en pequeños Estados que ella sanciona, de una «Confederación» entre Prusia y Reuss-Greiz-Schleiz-Lobenstein, de los cuales uno tiene tantas millas cuadradas como pulgadas cuadradas el otro, sobre semejante base, es a todas luces un sinsentido.

Pero tocar eso es peligroso. Y sin embargo hay que atacar la cuestión de un modo u otro. Lo necesario que es lo prueba precisamente ahora el oportunismo que cunde en buena parte de la prensa socialdemócrata. Por miedo a que se renueve la ley antisocialista, por el recuerdo de toda clase de declaraciones precipitadas que se hicieron bajo el imperio de esa ley, resulta que ahora la situación legal actual de Alemania ha de bastarle de pronto al partido para realizar todas sus reivindicaciones por la vía pacífica. Uno se convence a sí mismo y convence al partido de que «la sociedad actual se va transformando en el socialismo», sin preguntarse si esa sociedad, al hacerlo, no va saliendo también, con la misma necesidad, de su vieja constitución social, y si no tendrá que romper ese viejo caparazón con la misma violencia con que el cangrejo rompe el suyo; como si en Alemania, además, no tuviera que romper las cadenas del orden político todavía semiabsolutista y, encima, indescriptiblemente embrollado. Puede imaginarse que la vieja sociedad podría transformarse pacíficamente en la nueva en países donde la representación popular concentra en sí todo el poder, donde se puede hacer constitucionalmente lo que se quiera en cuanto se tiene detrás a la mayoría del pueblo: en repúblicas democráticas como Francia y América, en monarquías como Inglaterra, donde la inminente compra de la dinastía[^6] se discute a diario en la prensa y donde esa dinastía es impotente contra la voluntad del pueblo. Pero en Alemania, donde el gobierno es casi omnipotente y el Reichstag y todos los demás cuerpos representativos carecen de poder real, proclamar algo así en Alemania, y además sin necesidad, es quitarle la hoja de parra al absolutismo y ponérsela uno mismo para tapar sus vergüenzas.

Semejante política solo puede extraviar a la larga al propio partido. Se ponen en primer plano cuestiones políticas generales, abstractas, y se encubren con ello las cuestiones concretas más próximas, las cuestiones que en los primeros grandes acontecimientos, en la primera crisis política, se pondrán por sí solas en el orden del día. ¿Qué puede salir de ahí, sino que el partido se encuentre de pronto, en el momento decisivo, sin saber qué hacer, que sobre los puntos más decisivos reinen la confusión y la desunión, porque esos puntos no se han discutido nunca? ¿Ha de volver a pasar lo que en su día con los aranceles protectores, que entonces se declararon una cuestión que solo concernía a la burguesía y que no afectaba en lo más mínimo a los obreros, en la que por tanto cada cual podía votar como quisiera, mientras que ahora más de uno cae en el extremo opuesto y, por oposición a los burgueses vueltos proteccionistas, reedita las tergiversaciones económicas de Cobden y Bright y las predica como el socialismo más puro, cuando es el más puro manchesterismo? Este olvido de los grandes puntos de vista principales ante los intereses momentáneos del día, esta lucha y esta carrera tras el éxito del momento sin tener en cuenta las consecuencias posteriores, este sacrificio del futuro del movimiento al presente del movimiento podrá hacerse con «honradez», pero es y sigue siendo oportunismo, y el oportunismo «honrado» es quizá el más peligroso de todos.

¿Cuáles son, pues, esos puntos espinosos, pero muy esenciales?

*Primero.* Si algo está claro es que nuestro partido y la clase obrera solo pueden llegar a la dominación bajo la forma de la república democrática. Esta es incluso la forma específica de la dictadura del proletariado, como ya mostró la gran Revolución francesa. Es impensable que nuestros mejores hombres llegaran a ser ministros bajo un emperador, como Miquel.[^7] Ahora bien, legalmente no parece posible poner directamente en el programa la reivindicación de la república, aunque eso era admisible en Francia incluso bajo Luis Felipe, igual que ahora en Italia. Pero el hecho de que en Alemania no se pueda presentar siquiera un programa de partido abiertamente republicano prueba lo colosal que es la ilusión de que allí se podría instaurar por la vía cómoda y pacífica la república, y no solo la república, sino la sociedad comunista.

De todos modos, la república puede, en último caso, esquivarse. Pero lo que a mi juicio debería ir en el programa, y puede ir, es la reivindicación de *la concentración de todo el poder político en manos de la representación popular*. Y con eso bastaría por ahora, si no se puede ir más lejos.

*Segundo.* La reconstitución de Alemania. Por una parte, hay que acabar con el fraccionamiento en pequeños Estados: ¡que se revolucione la sociedad mientras existan los derechos reservados de Baviera y Wurtemberg[^8] y el mapa de Turingia, por ejemplo, ofrezca su lamentable aspecto actual! Por otra parte, Prusia tiene que dejar de existir, tiene que disolverse en provincias autónomas, para que el prusianismo específico deje de pesar sobre Alemania. Fraccionamiento en pequeños Estados y prusianismo específico son los dos lados de la contradicción en la que Alemania está ahora atrapada y en la que un lado tiene que servir siempre al otro de excusa y de razón de existir.

¿Qué debe ocupar su lugar? A mi juicio, el proletariado solo puede emplear la forma de la república una e indivisible. La república federal sigue siendo todavía, en conjunto, una necesidad en el territorio gigantesco de los Estados Unidos, aunque en el Este empieza ya a ser un obstáculo. Sería un progreso en Inglaterra, donde en las dos islas viven cuatro naciones y, pese a un único Parlamento, coexisten ya tres sistemas legislativos. En la pequeña Suiza hace tiempo que se ha convertido en un obstáculo, soportable solo porque Suiza se contenta con ser un miembro puramente pasivo del sistema de Estados europeo. Para Alemania, la suizificación federalista sería un enorme retroceso. Dos puntos distinguen el Estado federal del Estado unitario: que cada Estado confederado, cada cantón, tiene su propia legislación civil y penal y su propia organización judicial, y además que junto a la cámara del pueblo existe una cámara de los Estados en la que cada cantón, grande o pequeño, vota como tal. Lo primero lo hemos superado felizmente y no seremos tan pueriles como para volver a introducirlo; y lo segundo lo tenemos en el Consejo Federal[^9] y podemos prescindir de él muy bien, del mismo modo que nuestro «Estado federal» constituye ya en general la transición al Estado unitario. Y no tenemos que deshacer la revolución desde arriba hecha en 1866 y 1870, sino darle el complemento y la mejora necesarios mediante un movimiento desde abajo.

Así pues, república unitaria. Pero no en el sentido de la francesa actual, que no es más que el Imperio fundado en 1798 sin el emperador. De 1792 a 1798 cada departamento francés, cada municipio, gozaba de plena autonomía administrativa según el modelo americano, y eso tenemos que tenerlo también nosotros. Cómo hay que organizar la autonomía administrativa y cómo se puede prescindir de la burocracia nos lo han mostrado América y la primera República francesa, y todavía hoy Australia, Canadá y las demás colonias inglesas. Y una autonomía provincial y municipal así es mucho más libre que, por ejemplo, el federalismo suizo, en el que el cantón es muy independiente respecto a la Confederación, pero también respecto al distrito y al municipio. Los gobiernos cantonales nombran gobernadores de distrito y prefectos, cosa que se desconoce en los países de lengua inglesa y de la que en el futuro queremos que se nos dispense con toda cortesía, igual que de los *Landräte* y los *Regierungsräte* prusianos.[^10]

De todas estas cosas no podrá entrar mucho en el programa. Las menciono sobre todo para caracterizar la situación de Alemania, donde no está permitido decir algo así, y con ello, al mismo tiempo, el autoengaño que pretende llevar semejante situación por la vía legal a la sociedad comunista. Y además, para recordar a la dirección del partido que hay otras cuestiones políticas importantes aparte de la legislación directa por el pueblo y la justicia gratuita, sin las cuales, al fin y al cabo, también avanzamos. Con la inseguridad general, esas cuestiones pueden volverse candentes de hoy para mañana, ¿y qué ocurrirá entonces si no las hemos discutido ni nos hemos puesto de acuerdo sobre ellas?

Lo que sí puede ir en el programa, y puede servir al menos indirectamente como insinuación de lo que no puede decirse, es la reivindicación:

«Plena autonomía administrativa en la provincia, el distrito y el municipio mediante funcionarios elegidos por sufragio universal. Supresión de todas las autoridades locales y provinciales nombradas por el Estado».

Si además es posible formular reivindicaciones programáticas sobre los puntos que acabamos de discutir, no puedo juzgarlo desde aquí tan bien como vosotros ahí. Pero sería deseable que estas cuestiones se debatieran dentro del partido antes de que sea demasiado tarde.

1\. La diferencia entre «derecho de elección y derecho de voto», o entre «elecciones y votaciones», no la veo. Si se quiere hacer alguna, habría que expresarla en todo caso con más claridad o explicarla en un comentario que acompañe al proyecto.

2\. «Derecho de propuesta y de rechazo del pueblo», *¿para qué?* Habría que añadir: para todas las leyes o acuerdos de la representación popular.

5\. Separación completa de la Iglesia y el Estado. Todas las comunidades religiosas sin excepción serán tratadas por el Estado como asociaciones privadas. Pierden toda ayuda con fondos públicos y toda influencia sobre las escuelas públicas. (No se les puede prohibir, desde luego, que funden escuelas *propias* con fondos *propios* y enseñen allí sus disparates.)

6\. «Laicidad de la escuela» desaparece entonces; pertenece al párrafo anterior.

8\. y 9. Aquí quisiera hacer reflexionar sobre lo siguiente: estos puntos reivindican la estatización 1) de la *abogacía*, 2) de los *médicos*, 3) *de los farmacéuticos, dentistas, comadronas, enfermeros*, etc., etc., y además más adelante se reivindica la estatización total del seguro obrero. ¿Se puede confiar todo eso al señor von Caprivi? ¿Y está eso en consonancia con el rechazo de todo socialismo de Estado hecho anteriormente?

10\. Aquí diría yo: «Impuesto progresivo… para cubrir todos los gastos en el Estado, el distrito y el municipio, en la medida en que para ello sean necesarios impuestos. Supresión de todos los impuestos indirectos del Estado y locales, aranceles, etc.». El resto es superfluo y comentario o justificación que debilita.

## III. Reivindicaciones económicas

Al 2. En ninguna parte como en Alemania necesita el derecho de coalición una garantía también frente al *Estado*.

La frase final: «para la regulación», etc., debería añadirse como *artículo 4* y darle la forma adecuada. Sobre él habría que observar que con cámaras de trabajo compuestas por 1/2 de obreros y 1/2 de empresarios quedaríamos burlados. Durante años las mayorías estarían siempre del lado de los empresarios, para lo cual basta una oveja negra entre los obreros. Si no se acuerda que en los casos de conflicto cada una de las dos *mitades* dé su opinión por separado, sería mucho mejor tener una cámara de empresarios y, *junto a ella, una cámara obrera independiente*.

Rogaría que antes del cierre se volviera a comparar el programa francés,[^11] en el que precisamente para el n.º III muchas cosas parecen mejores. El español no puedo buscarlo, por desgracia, por la falta de tiempo; también es muy bueno en muchos aspectos.

## [Anexo a la sección I]

1\. Fuera «pozos, canteras». «Ferrocarriles y demás medios de transporte».

2\. … en manos de sus apropiadores (o propietarios), los medios de trabajo sociales se han convertido en medios de explotación. La sujeción económica del obrero a los apropiadores de los medios de trabajo, es decir, de las fuentes de la vida, condicionada por ello, es la base de la servidumbre en todas sus formas: de la miseria social, del embrutecimiento intelectual, de la dependencia política.

3\. Bajo el dominio de esta explotación, la acumulación de la riqueza producida por los explotados aumenta con velocidad creciente en manos de los explotadores —los capitalistas y los grandes terratenientes—; cada vez más desigual se hace el reparto del producto del trabajo entre explotadores y explotados, cada vez mayores el número y la inseguridad de las condiciones de vida del proletariado, etc.

4\. Fuera *«privada»* (producción)… agravar, ensanchar (o ahondar), con la ruina de las capas medias de la ciudad y del campo, de los pequeñoburgueses y de los pequeños campesinos, el abismo entre poseedores y desposeídos, elevar la inseguridad general a estado normal de la sociedad y aportar la prueba de que la clase de los apropiadores de los medios de trabajo sociales ha perdido la vocación y la capacidad para la dirección económica y política.

5\. «sus» causas.

6\. … y la transformación de la producción capitalista por cuenta de individuos o de sociedades anónimas en producción socialista por cuenta de la sociedad entera y según un plan determinado de antemano, transformación para la cual la propia sociedad capitalista crea las condiciones materiales e intelectuales y por la cual únicamente se realiza la emancipación de la clase obrera y con ella la emancipación de todos los miembros de la sociedad sin excepción.

7\. La emancipación de la clase obrera solo puede ser obra de la clase obrera misma. Es evidente que no puede dejarse emancipar ni por los capitalistas y grandes terratenientes, sus adversarios y explotadores, ni por los pequeñoburgueses y pequeños campesinos, que, aplastados por la competencia de los grandes explotadores, no tienen otra opción que seguir como mesnada o a estos o a los obreros.

8\. … con los obreros que han llegado a la consciencia de su situación de clase, etc.

9\. … pone, y con ello reúne en una sola mano el poder de la explotación económica y de la opresión política del obrero.

10\. … dominación de clase y de las clases mismas, y por iguales derechos e iguales deberes de todos, sin, etc. … ascendencia (el final, suprimido). Pero en su lucha por la… humanidad se ve frenada por la situación política atrasada de Alemania. Tiene que conquistar primero un espacio de movimiento libre, eliminar restos masivos del feudalismo y del absolutismo; en suma, hacer el trabajo que los partidos burgueses alemanes han sido y siguen siendo demasiado cobardes para hacer. Por eso tiene que recoger también en su programa, al menos hoy, reivindicaciones que en otros países civilizados la burguesía misma ha resuelto ya.

[^1]: El programa de Gotha de 1875, criticado por Marx en sus *Glosas marginales* (*Crítica del programa de Gotha*), que Engels acababa de publicar en *Die Neue Zeit* en enero de 1891. El proyecto, redactado por la dirección del partido, se publicó a comienzos de julio de 1891; el programa definitivo se aprobó en el congreso de Erfurt en octubre de 1891.

[^2]: En alemán, *Bergwerke, Gruben, Minen*, tres palabras casi sinónimas.

[^3]: Los Estatutos generales de la Asociación Internacional de los Trabajadores, redactados por Marx en 1864, cuyo considerando dice que la sujeción económica del trabajador a quien monopoliza los medios de trabajo, es decir, las fuentes de la vida, es la base de la servidumbre en todas sus formas: de la miseria social, del embrutecimiento intelectual y de la dependencia política.

[^4]: En alemán, *klassenbewußt*.

[^5]: El conflicto constitucional prusiano de 1862-1866, en el que Bismarck gobernó y aumentó el ejército sin presupuesto aprobado por la Cámara.

[^6]: Es decir, la abolición de la monarquía mediante una indemnización a la casa real.

[^7]: Johannes Miquel (1828-1901), miembro de la Liga de los Comunistas en su juventud, luego dirigente nacional-liberal; desde 1890, ministro de Hacienda de Prusia.

[^8]: Los derechos particulares (correos, ferrocarriles, ejército en tiempo de paz, etc.) que se reservaron Baviera y Wurtemberg al entrar en el Imperio en 1870-1871.

[^9]: El *Bundesrat*, la cámara de los gobiernos de los Estados del Imperio.

[^10]: Los *Landräte*, jefes de los distritos rurales nombrados por el gobierno, y los *Regierungsräte*, funcionarios de las administraciones regionales (*Regierungen*) de Prusia.

[^11]: El programa del Partido Obrero francés de 1880, cuyos considerandos redactó Marx.
