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Title: Un caso recién descubierto de matrimonio por grupos (1892)
Description: Frente a los etnógrafos que negaban el matrimonio por grupos, Engels traduce y comenta un informe ruso sobre los guiliakos de Sajalín, entre los que ese matrimonio, en una forma cercana a la familia punalúa, y la gens con su solidaridad y su igualdad seguían vivos.
Author: Friedrich Engels
Date: 1892-12
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1892%20Un%20caso%20reci%C3%A9n%20descubierto%20de%20matrimonio%20por%20grupos
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*Escrito por Friedrich Engels a finales de 1892 y publicado en* Die Neue Zeit *(Stuttgart), año XI, tomo I, n.º 12, 1892-1893, pp. 373-375. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 22 (Berlín, 1963, pp. 351-354), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1892%20Ein%20neuentdeckter%20Fall%20von%20Gruppenehe).*

Frente a la negación del matrimonio por grupos que se ha puesto de moda últimamente entre ciertos *etnógrafos* racionalistas,[^1] tiene interés el informe que sigue, que traduzco de las *Rússkiye Védomosti* (Noticias Rusas) de Moscú del 14 de octubre de 1892, según el viejo calendario. No solo se constata aquí expresamente que el matrimonio por grupos, es decir, el derecho de relación sexual recíproca entre una serie de hombres y una serie de mujeres, está en pleno vigor, sino que se constata además una forma de él que se acerca mucho al matrimonio punalúa de los hawaianos, es decir, a la fase más desarrollada y clásica del matrimonio por grupos. Mientras el tipo de la familia punalúa consiste en una serie de hermanos (carnales y más lejanos) casados con una serie de hermanas carnales y más lejanas, aquí, en la isla de Sajalín, encontramos que un hombre está casado con todas las mujeres de sus hermanos y con todas las hermanas de su mujer, lo que, visto desde el lado femenino, significa que su mujer tiene derecho a tener libremente relaciones sexuales con los hermanos de su marido y con los maridos de sus hermanas. La diferencia con la forma típica del matrimonio punalúa es, pues, solo que los hermanos del marido y los maridos de las hermanas no son necesariamente las mismas personas.

Hay que observar además que también aquí se confirma lo que dije en *El origen de la familia*, 4.ª ed., pp. 28-29:[^2] que el matrimonio por grupos no se parece en absoluto a lo que se imagina la fantasía de burdel de nuestro filisteo; que los que viven en matrimonio por grupos no llevan abiertamente la misma vida lasciva que él practica a escondidas, sino que esta forma de matrimonio, al menos en los ejemplos que aún hoy encontramos, solo se distingue en la práctica de un matrimonio sindiásmico laxo, o también de la poligamia, en que la costumbre permite una serie de casos de relación sexual que de otro modo estarían sujetos a duras penas. Que el ejercicio práctico de esos derechos se vaya extinguiendo poco a poco solo prueba que esta misma forma de matrimonio está condenada a extinguirse, lo que confirma también lo raro de su aparición.

Por lo demás, toda la descripción es interesante porque prueba una vez más cuán parecidas, e incluso idénticas en sus rasgos fundamentales, son las instituciones sociales de esos pueblos primitivos que se encuentran en un grado de desarrollo bastante parecido. La mayor parte de lo que se dice de estos mongoloides de Sajalín vale para tribus drávidas de la India, para los isleños de los mares del Sur en la época de su descubrimiento y para los pieles rojas de América. El informe dice así:

«En la sesión del 10 de octubre» (del viejo calendario; 22 de octubre del nuevo) «de la sección de antropología de la Sociedad de Amigos de las Ciencias Naturales de Moscú, N. A. Yanchuk leyó una interesante comunicación del señor Sternberg[^3] sobre los guiliakos, una tribu poco estudiada de la isla de Sajalín que se encuentra en el estadio cultural del salvajismo. Los guiliakos no conocen ni la agricultura ni la alfarería; se alimentan principalmente de la caza y la pesca, calientan el agua en artesas de madera echando en ellas piedras incandescentes, etc. Son especialmente interesantes sus instituciones relativas a la familia y la gens. El guiliako no llama padre solo a su padre carnal, sino también a todos los hermanos de su padre; a las mujeres de esos hermanos, así como a las hermanas de su madre, las llama a todas sus madres; a los hijos de todos esos “padres” y “madres” los llama sus hermanos y hermanas. Este modo de denominación existe, como es sabido, también entre los iroqueses y otras tribus indias de Norteamérica, así como entre algunas tribus de la India. Pero mientras entre estos hace ya mucho tiempo que no corresponde a las relaciones reales, entre los guiliakos sirve para designar *un estado de cosas todavía vigente hoy.* Todavía hoy *todo guiliako tiene derecho conyugal sobre las mujeres de sus hermanos y sobre las hermanas de su mujer*; al menos el ejercicio de tales derechos no se considera algo ilícito. Estos restos del matrimonio por grupos basado en la gens recuerdan el conocido matrimonio punalúa, que existía aún en las islas Sandwich en la primera mitad de nuestro siglo. Esta forma de las relaciones familiares y gentilicias constituye la base de todo el orden gentilicio y de toda la constitución social de los guiliakos.

La gens de un guiliako se compone de todos los hermanos —más próximos y más lejanos, reales y nominales— de su padre, de los padres y madres de estos (?), de los hijos de sus hermanos y de sus propios hijos. Se comprende que una gens así constituida pueda abarcar una cantidad enorme de personas. La vida en la gens transcurre según los principios siguientes. El matrimonio dentro de la gens está terminantemente prohibido. La mujer de un guiliako fallecido pasa, por decisión de la gens, a uno de sus hermanos carnales o nominales. La gens se ocupa del sustento de todos sus miembros incapaces de trabajar. “Entre nosotros no hay pobres —le dijo al ponente un guiliako—; al que está necesitado lo alimenta el *jal* (la gens).” Los miembros de la gens están unidos además por ceremonias de sacrificio y fiestas comunes, un lugar de enterramiento común, etc.

La gens garantiza a cada uno de sus miembros la vida y la seguridad frente a los ataques de quienes no pertenecen a ella; como medio de represalia rige la venganza de sangre, cuyo ejercicio, sin embargo, ha disminuido mucho bajo el dominio ruso. Las mujeres están completamente exceptuadas de la venganza de sangre gentilicia. En casos aislados, por lo demás muy raros, la gens adopta también a miembros de otras gentes. Rige como regla general que los bienes de un difunto no pueden salir de la gens; en este aspecto impera entre los guiliakos al pie de la letra la conocida prescripción de las Doce Tablas: *Si suos heredes non habet, gentiles familiam habento*, si no tiene herederos propios, que hereden los miembros de la gens. Ningún acontecimiento importante de la vida del guiliako tiene lugar sin la participación de la gens. No hace mucho, hace una o dos generaciones, el miembro más viejo de la gens era el jefe de la comunidad, el *stárosta* de la gens; hoy en día el papel del anciano de la gens se limita casi solo a dirigir las ceremonias religiosas. Las gentes están a menudo dispersas en lugares muy alejados unos de otros, pero aun separados los miembros siguen acordándose unos de otros, visitándose, prestándose ayuda y protección mutuas, etc. Si no es en caso de extrema necesidad, el guiliako nunca abandona a los miembros de su gens ni las tumbas de su gens. El régimen gentilicio ha dejado una impronta muy marcada en toda la vida espiritual, en el carácter, en las costumbres y en las instituciones de los guiliakos. La costumbre de discutirlo todo en común, la necesidad de intervenir continuamente en los intereses de los miembros de la gens, la solidaridad en la venganza de sangre, la obligación y la costumbre de convivir con diez o más de sus semejantes en grandes tiendas, en suma, el estar en cierto modo siempre entre la gente, todo ello ha dado al guiliako un carácter sociable y locuaz. El guiliako es extraordinariamente hospitalario; le gusta agasajar a sus huéspedes y ser a su vez huésped de otros. La hermosa costumbre de la hospitalidad se manifiesta de modo especialmente notable en los malos tiempos. En los años de desgracia, cuando el guiliako no tiene nada que llevarse a la boca, ni él ni sus perros, no tiende la mano pidiendo limosna, sino que se va sin reparo de visita y allí lo alimentan, a menudo durante bastante tiempo.

Entre los guiliakos de Sajalín los delitos por interés casi no se dan. El guiliako guarda sus objetos de valor en un almacén que nunca se cierra con llave. El guiliako es tan sensible a la vergüenza que, en cuanto se le prueba una acción deshonrosa, se va al bosque y se ahorca. El homicidio es muy raro y se da casi solo en un arrebato de ira; en ningún caso, sin embargo, con ánimo de lucro. En el trato con los demás el guiliako muestra rectitud, formalidad y escrúpulo.

Pese a su largo sometimiento a los manchúes, que se han hecho chinos, pese a la influencia perniciosa de la colonización de la región del Amur, los guiliakos han conservado en el aspecto moral muchas virtudes de una tribu primitiva. Pero el destino de su orden social es inevitable. Una o dos generaciones más, y los guiliakos del continente se habrán convertido por completo en rusos y, con los beneficios de la cultura, adoptarán también sus vicios. Los guiliakos de Sajalín, más o menos alejados de los centros de colonización rusa, tienen la perspectiva de conservarse algo más de tiempo sin alterar. Pero también entre ellos empieza a hacerse sentir la influencia de la vecindad rusa. Van a los pueblos a comerciar, van a trabajar a Nikoláyevsk,[^4] y cada guiliako que vuelve de ese trabajo a su lugar natal trae consigo la misma atmósfera que el obrero de la ciudad se lleva de vuelta a su aldea rusa. Y además el trabajo en la ciudad, con sus golpes de fortuna cambiantes, destruye cada vez más aquella igualdad originaria que constituye un rasgo predominante de la vida económica, sencilla y sin artificio, de estos pueblos.

El artículo del señor Sternberg, que contiene también noticias sobre las ideas y costumbres religiosas y sobre sus instituciones jurídicas, aparecerá completo en la *Revista Etnográfica* (*Etnografícheskoye obozréniye*).»

[^1]: Entre ellos, Edward Westermarck (1862-1939), cuya *History of Human Marriage* (1891) negaba el matrimonio por grupos y a quien Engels discute en el prólogo a la cuarta edición de *El origen de la familia* (1891).

[^2]: Véase el capítulo II, «La familia», de [El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1884%20El%20origen%20de%20la%20familia%2C%20la%20propiedad%20privada%20y%20el%20Estado).

[^3]: Lev Yákovlevich Shternberg (1861-1927), etnógrafo ruso, desterrado como revolucionario (Naródnaya Volia) a Sajalín, donde estudió a los guiliakos (nivjis).

[^4]: Nikoláyevsk del Amur, puerto ruso en la desembocadura del Amur.
