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Title: Discursos en Viena y en Berlín (1893)
Description: Dos discursos de Engels en asambleas socialdemócratas durante su viaje de 1893, según las crónicas de prensa: en Viena, la socialdemocracia como gran potencia temida por todas las demás; en Berlín, la transformación de Alemania en país industrial, que al crear proletarios crea también socialdemócratas.
Author: Friedrich Engels
Date: 1893-09-14
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1893%20Discursos%20en%20Viena%20y%20en%20Berl%C3%ADn
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*Discursos pronunciados por Friedrich Engels en asambleas socialdemócratas de Viena, el 14 de septiembre de 1893, y de Berlín, el 22 de septiembre de 1893, durante el viaje por el continente en el que asistió al congreso de Zúrich; se conocen por las crónicas de la* Arbeiter-Zeitung *(Viena), n.º 38, del 22 de septiembre de 1893, y del* Vorwärts *(Berlín), n.º 226, del 26 de septiembre de 1893. Traducidos de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 22 (Berlín, 1963, pp. 410-413), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1893%20Reden%20in%20Wien%20und%20Berlin).*

## Discurso en Viena, 14 de septiembre de 1893

¡Estimados camaradas!

No puedo dejar esta sala sin expresar mi cordial y sentido agradecimiento por la acogida inmerecida que me ha deparado esta velada. Solo puedo decir que, por desgracia, es mi destino cosechar la gloria de mi difunto amigo. En este sentido recibo sus ovaciones. Si he podido hacer algo por el movimiento en los cincuenta años que llevo en él, no pido recompensa por ello. ¡La mejor recompensa son ustedes! Tenemos a los nuestros en las cárceles de Siberia, los tenemos en las minas de oro de California, en todas partes, hasta en Australia. No hay país, no hay gran Estado en el que la socialdemocracia no sea un poder con el que todos tienen que contar. Todo lo que ocurre en el mundo entero ocurre teniéndonos en cuenta. Somos una gran potencia temible, de la que depende más que de las otras grandes potencias. ¡Ese es mi orgullo! No hemos vivido en vano y podemos mirar atrás a nuestro trabajo con orgullo y satisfacción. En Alemania se ha querido ahogar el movimiento por la fuerza, y cada vez la socialdemocracia ha respondido como la burguesía no esperaba.[^1] Las elecciones repetidas, ese crecimiento seguro e irresistible de los votos socialdemócratas, asustan a la burguesía, asustan a Caprivi,[^2] asustan a todas las potencias. (Aplausos tumultuosos.) El orador que me ha precedido[^3] ha observado que en el extranjero siempre se subestimó el movimiento socialdemócrata. Estimados camaradas, he paseado por las calles de Viena y he contemplado los maravillosos edificios que la burguesía ha tenido la bondad de construir para el proletariado del futuro (hilaridad tumultuosa), y me he hecho mostrar también la espléndida arcada del Ayuntamiento, del que ustedes tomaron posesión tan dignamente. Desde aquella toma de posesión ya nadie los subestima. (Vivos aplausos.) Aquel día hizo época. Yo vi —estaba entonces en Londres— el espanto de los corresponsales de los periódicos ingleses cuando informaban de que el 9 de julio el proletariado había dominado Viena, la había dominado mejor de lo que nunca ha sido dominada.[^4] (Aplausos atronadores y prolongados. Vivas a Engels, que se renuevan sin cesar.)

## Discurso en Berlín, 22 de septiembre de 1893

¡Camaradas de partido!

Les agradezco de todo corazón la acogida brillante e inmerecida que me han dispensado. Solo puedo repetir aquí lo que ya dije en Zúrich y en Viena: esta acogida no la considero dedicada a mí personalmente, sino a mí como colaborador y compañero de armas de alguien más grande, como compañero de lucha de Karl Marx, y en este sentido la acepto agradecido. Ya saben que no soy orador popular ni parlamentario; mi trabajo está en otro campo, trabajo sobre todo en el despacho y con la pluma. Con todo, quisiera decirles todavía unas palabras. Hace, casi día por día, 51 años que vi Berlín por última vez.[^5] Desde entonces Berlín se ha transformado por completo. Entonces era una pequeña «residencia», como se decía, de apenas 350.000 habitantes, y vivía de la corte, de la nobleza, de la guarnición y del mundo de los funcionarios. Hoy es una gran capital de casi dos millones de habitantes que vive de la industria; hoy la corte, la nobleza, la guarnición y los funcionarios podrían buscarse otro lugar de residencia, y Berlín seguiría siendo Berlín. Y el desarrollo industrial de Berlín ha producido otra revolución más. Entonces no había todavía en Berlín un solo socialdemócrata; ni siquiera se sabía lo que era la socialdemocracia; hoy, hace pocos meses, se ha pasado revista a la socialdemocracia berlinesa, y ha desfilado con casi 160.000 votos, y Berlín tiene cinco diputados socialdemócratas de seis representantes en total. En este aspecto, Berlín está a la cabeza de todas las grandes ciudades europeas y ha superado con mucho incluso a París.

Pero no solo Berlín, sino también todo el resto de Alemania ha pasado por esta revolución industrial. Llevaba dieciséis años sin estar en Alemania. Como saben —lo han sentido ustedes en carne propia—, aquí ha reinado desde 1878 la ley contra los socialistas, de la que por fin se han librado felizmente. Mientras esta ley estuvo en vigor, evité venir a Alemania; quería ahorrar a las autoridades el disgusto de expulsarme, cosa que sin duda habría ocurrido. (Risas; gritos: «¡Sin duda habría ocurrido!») Y en mi viaje actual he podido convencerme de lo grandioso que es el cambio que se ha producido en las condiciones económicas de Alemania. Hace una generación, Alemania era un país agrícola con una población rural en sus dos terceras partes; hoy es un país industrial de primer orden, y a lo largo de todo el Rin, desde la frontera holandesa hasta la suiza, no he encontrado un solo rincón donde se pueda mirar alrededor sin ver chimeneas de fábricas. Esto, desde luego, a primera vista parece interesar solo a los capitalistas. Pero los capitalistas, al aumentar la industria, no solo crean plusvalía, crean también proletarios, destruyen las capas medias de pequeños burgueses y pequeños campesinos, llevan al extremo el antagonismo de clase entre burguesía y proletariado, y quien crea proletarios crea también socialdemócratas. La burguesía se queda consternada en cada nueva elección al Reichstag ante el crecimiento incontenible de los votos socialdemócratas, y pregunta: ¿de dónde viene esto? ¡Si tuviera algo de entendimiento, vería que es obra suya! Así ha ocurrido que la socialdemocracia alemana es la más unida, la más compacta, la más fuerte del mundo entero y avanza de victoria en victoria gracias a la calma, la disciplina y el buen humor con que libra sus luchas. Camaradas de partido, estoy convencido de que también en adelante cumplirán ustedes con su deber, y así termino con el grito: *¡Viva la socialdemocracia internacional!*

[^1]: En la crónica de la *Neue Freie Presse* se lee, en lugar de esta frase: «Ustedes luchan ahora por el sufragio universal; es una de las armas más poderosas en manos del proletariado. El sufragio universal es el único medio de contar el poder, la fuerza del partido. Nos lo enseña la historia de Alemania en los últimos veinte años».
[^2]: Leo von Caprivi (1831-1899), canciller del Imperio alemán de 1890 a 1894.
[^3]: Karl Leuthner (1869-1944), periodista socialdemócrata austriaco.
[^4]: El 9 de julio de 1893, una gran manifestación obrera por el sufragio universal ocupó la plaza y la arcada del Ayuntamiento de Viena.
[^5]: Engels había hecho su servicio militar en Berlín de octubre de 1841 a octubre de 1842.
