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Title: El capital. Libro tercero. I. La transformación de la plusvalía en ganancia y de la tasa de plusvalía en tasa de ganancia (1894)
Description: Sección primera del libro tercero de El capital: el precio de coste y la ganancia, la tasa de ganancia y su relación con la tasa de plusvalía, el efecto de la rotación, la economía en el capital constante y los efectos de los cambios de precio de las materias primas.
Author: Karl Marx
Date: 1894-11
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1894%20El%20capital.%20Libro%20tercero.%20I.%20La%20transformaci%C3%B3n%20de%20la%20plusval%C3%ADa%20en%20ganancia%20y%20de%20la%20tasa%20de%20plusval%C3%ADa%20en%20tasa%20de%20ganancia
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*Karl Marx, El capital. Crítica de la economía política. Libro tercero: El proceso global de la producción capitalista. Editado por Friedrich Engels; primera edición: Hamburgo, Otto Meissner, 1894. Se traduce según el texto de la MEW 25 (Berlín, 1964), cotejado con la MEGA II/15 (1894); las citas que Marx daba en inglés, francés u otras lenguas se traducen de su original. Traducción de la Escuela de marxismo, 2026. Las notas que indican de qué manuscrito de Marx procede el texto son de Engels; las firmadas «— F. E.» y los pasajes entre corchetes con esa firma, también. Las llaves {…} reproducen las de la edición (interpolaciones de Marx en las citas o de Engels en el texto). Las notas marcadas «(Nota de la traducción.)» son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1894%20Das%20Kapital.%20Dritter%20Band.%20I.%20Die%20Verwandlung%20von%20Mehrwert%20in%20Profit%20und%20der%20Rate%20des%20Mehrwerts%20in%20Profitrate)*

[Prólogo y suplemento](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1894%20El%20capital.%20Libro%20tercero.%20Pr%C3%B3logo%20y%20suplemento) · I · [II](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1894%20El%20capital.%20Libro%20tercero.%20II.%20La%20transformaci%C3%B3n%20de%20la%20ganancia%20en%20ganancia%20media) · [III](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1894%20El%20capital.%20Libro%20tercero.%20III.%20La%20ley%20de%20la%20ca%C3%ADda%20tendencial%20de%20la%20tasa%20de%20ganancia) · [IV](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1894%20El%20capital.%20Libro%20tercero.%20IV.%20La%20transformaci%C3%B3n%20del%20capital%20mercantil%20y%20del%20capital%20dinerario%20en%20capital%20de%20comercio%20de%20mercanc%C3%ADas%20y%20capital%20de%20comercio%20de%20dinero%20%28capital%20comercial%29) · [V](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1894%20El%20capital.%20Libro%20tercero.%20V.%20La%20escisi%C3%B3n%20de%20la%20ganancia%20en%20inter%C3%A9s%20y%20ganancia%20empresarial.%20El%20capital%20que%20devenga%20inter%C3%A9s) · [VI](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1894%20El%20capital.%20Libro%20tercero.%20VI.%20La%20transformaci%C3%B3n%20de%20la%20plusganancia%20en%20renta%20de%20la%20tierra) · [VII](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1894%20El%20capital.%20Libro%20tercero.%20VII.%20Los%20r%C3%A9ditos%20y%20sus%20fuentes) · [Libro primero](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1867%20El%20capital.%20Libro%20primero.%20Pr%C3%B3logos%20y%20ep%C3%ADlogos) · [Libro segundo](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1885%20El%20capital.%20Libro%20segundo.%20Pr%C3%B3logos)

## Capítulo primero. Precio de coste y ganancia

En el libro primero se investigaron los fenómenos que presenta el *proceso de producción* capitalista, tomado por sí mismo, como proceso de producción inmediato, en el que aún se hacía abstracción de todos los efectos secundarios de circunstancias ajenas a él. Pero este proceso de producción inmediato no agota el curso de la vida del capital. En el mundo real lo completa el *proceso de circulación*, y este constituyó el objeto de las investigaciones del libro segundo. Allí se mostró, sobre todo en la sección tercera, al considerar el proceso de circulación como mediación del proceso social de reproducción, que el proceso capitalista de producción, considerado en su conjunto, es unidad de los procesos de producción y de circulación. De lo que se trata en este libro tercero no puede ser de hacer reflexiones generales sobre esta unidad. Se trata más bien de descubrir y exponer las formas concretas que brotan del *proceso de movimiento del capital*, *considerado como un todo*. En su movimiento real, los capitales se enfrentan en formas concretas tales que, para ellas, la figura del capital en el proceso de producción inmediato, al igual que su figura en el proceso de circulación, solo aparecen como momentos particulares. Las configuraciones del capital, tal como las desarrollamos en este libro, se aproximan, pues, paso a paso, a la forma en que se presentan en la superficie de la sociedad, en la acción de los diversos capitales unos sobre otros, en la competencia, y en la consciencia ordinaria de los propios agentes de la producción.

* * *

El valor de toda mercancía M producida de modo capitalista se representa en la fórmula: M = c + v + p.[^k2-t1] Si de este valor del producto restamos la plusvalía p, queda un mero equivalente o un valor de reposición en mercancía del valor de capital c + v gastado en los elementos de producción.

Si, por ejemplo, la fabricación de cierto artículo ocasiona un gasto de capital de 500 £: 20 £ por desgaste de medios de trabajo, 380 £ por materiales de producción, 100 £ por fuerza de trabajo, y la tasa de plusvalía es del 100 %, el valor del producto será = 400c + 100v + 100p = 600 £.

Tras deducir la plusvalía de 100 £, queda un valor mercantil de 500 £, y este solo repone el capital gastado de 500 £. Esta parte de valor de la mercancía, que repone el precio de los medios de producción consumidos y el precio de la fuerza de trabajo empleada, solo repone lo que la mercancía le cuesta al propio capitalista y constituye, por eso, para él el precio de coste de la mercancía.

Lo que la mercancía le cuesta al capitalista y lo que cuesta la producción misma de la mercancía son, sin duda, dos magnitudes completamente distintas. La parte del valor de la mercancía que consiste en plusvalía no le cuesta nada al capitalista, precisamente porque le cuesta al obrero trabajo no pagado. Pero como, sobre la base de la producción capitalista, el propio obrero, tras su entrada en el proceso de producción, constituye un ingrediente del capital productivo que está en funciones y que pertenece al capitalista, y como el capitalista es, por tanto, el verdadero productor de mercancías, el precio de coste de la mercancía se le aparece necesariamente como el coste real de la mercancía misma. Si llamamos k al precio de coste, la fórmula M = c + v + p se transforma en la fórmula M = k + p, o valor de la mercancía = precio de coste + plusvalía.

La reunión, bajo la categoría del precio de coste, de las distintas partes de valor de la mercancía que solo reponen el valor de capital gastado en su producción expresa, por eso, por un lado, el carácter específico de la producción capitalista. El coste capitalista de la mercancía se mide por el gasto en *capital*; el coste real de la mercancía, por el gasto en *trabajo*. Por eso, el precio de coste capitalista de la mercancía es cuantitativamente distinto de su valor o de su precio de coste real; es menor que el valor de la mercancía, pues, como M = k + p, k = M – p. Por otro lado, el precio de coste de la mercancía no es en modo alguno una rúbrica que solo exista en la contabilidad capitalista. La autonomización de esta parte de valor se hace valer prácticamente y de continuo en la producción real de la mercancía, ya que esta parte tiene que reconvertirse siempre de nuevo, mediante el proceso de circulación, de su forma de mercancía en la forma de capital productivo, de modo que el precio de coste de la mercancía tiene que volver a comprar constantemente los elementos de producción consumidos en su producción.

En cambio, la categoría del precio de coste no tiene nada que ver con la formación del valor de la mercancía ni con el proceso de valorización del capital. Si sé que 5/6 del valor de la mercancía, de 600 £, o sea, 500 £, solo constituyen un equivalente, un valor de reposición del capital gastado de 500 £, y que por eso solo bastan para volver a comprar los elementos materiales de este capital, con ello no sé cómo se han producido ni estos 5/6 del valor de la mercancía que forman su precio de coste ni el último sexto que forma su plusvalía. La investigación mostrará, sin embargo, que en la economía capitalista el precio de coste adquiere la falsa apariencia de una categoría de la producción misma de valor.

Volvamos a nuestro ejemplo. Supongamos que el valor producido por un obrero en una jornada laboral social media se representa en una suma de dinero de 6 chelines = 6 marcos; entonces el capital adelantado de 500 £ = 400c + 100v es el producto de valor de 1.666 2/3 jornadas laborales de diez horas, de las cuales 1.333 1/3 jornadas laborales están cristalizadas en el valor de los medios de producción = 400c, y 333 1/3, en el valor de la fuerza de trabajo = 100v. Con la tasa de plusvalía supuesta del 100 %, la producción misma de la mercancía que se ha de formar de nuevo cuesta, pues, un gasto de fuerza de trabajo = 100v + 100p = 666 2/3 jornadas laborales de diez horas.

Sabemos entonces (véase libro I, cap. VII, p. 201/193) que el valor del producto recién formado, de 600 £, se compone de: 1. el valor, que reaparece, del capital constante de 400 £ gastado en medios de producción, y 2. un valor recién producido de 200 £. El precio de coste de la mercancía = 500 £ abarca las 400c que reaparecen y una mitad del valor recién producido de 200 £ (= 100v), o sea, dos elementos del valor de la mercancía completamente distintos en cuanto a su origen.

Gracias al carácter adecuado a un fin del trabajo gastado durante 666 2/3 días de diez horas, el valor de los medios de producción consumidos, por un importe de 400 £, se transfiere de estos medios de producción al producto. Este valor antiguo reaparece, por tanto, como componente del valor del producto, pero no surge en el proceso de producción de esta mercancía. Solo existe como componente del valor de la mercancía porque antes existía como componente del capital adelantado. El capital constante gastado es repuesto, pues, por la parte del valor de la mercancía que él mismo añade al valor de la mercancía. Este elemento del precio de coste tiene, pues, un doble sentido: por un lado, entra en el precio de coste de la mercancía porque es un componente del valor de la mercancía que repone capital gastado; y, por otro, solo constituye un componente del valor de la mercancía porque es el valor de capital gastado, o porque los medios de producción cuestan tanto o cuanto.

Todo lo contrario ocurre con el otro componente del precio de coste. Los 666 2/3 días de trabajo gastados durante la producción de la mercancía forman un valor nuevo de 200 £. De este valor nuevo, una parte solo repone el capital variable adelantado de 100 £, o sea, el precio de la fuerza de trabajo empleada. Pero este valor de capital adelantado no entra en modo alguno en la formación del valor nuevo. Dentro del adelanto de capital, la fuerza de trabajo cuenta como valor, pero en el proceso de producción funciona como *formadora de valor*. En lugar del valor de la fuerza de trabajo, que figura dentro del adelanto de capital, en el capital productivo que realmente *funciona* aparece la fuerza de trabajo viva misma, formadora de valor.

La diferencia entre estos distintos componentes del valor de la mercancía, que juntos forman el precio de coste, salta a la vista en cuanto se produce un cambio en la magnitud de valor, una vez de la parte constante del capital gastado, otra vez de la parte variable. Supongamos que el precio de los mismos medios de producción, o la parte constante del capital, sube de 400 £ a 600 £ o, a la inversa, baja a 200 £. En el primer caso no solo sube el precio de coste de la mercancía de 500 £ a 600c + 100v = 700 £, sino que el propio valor de la mercancía sube de 600 £ a 600c + 100v + 100p = 800 £. En el segundo caso no solo baja el precio de coste de 500 £ a 200c + 100v = 300 £, sino que el propio valor de la mercancía baja de 600 £ a 200c + 100v + 100p = 400 £. Como el capital constante gastado transfiere su propio valor al producto, el valor del producto crece o disminuye, si las demás circunstancias no varían, con la magnitud absoluta de aquel valor de capital. Supón, a la inversa, que, si las demás circunstancias no varían, el precio de la misma masa de fuerza de trabajo crece de 100 £ a 150 £ o, al contrario, baja a 50 £. En el primer caso, el precio de coste sube, en efecto, de 500 £ a 400c + 150v = 550 £, y en el segundo baja de 500 £ a 400c + 50v = 450 £, pero en ambos casos el valor de la mercancía sigue sin variar = 600 £; una vez = 400c + 150v + 50p, la otra = 400c + 50v + 150p. El capital variable adelantado no añade al producto su propio valor. En lugar de su valor ha aparecido más bien en el producto un valor nuevo creado por el trabajo. Un cambio en la magnitud absoluta de valor del capital variable, en la medida en que solo expresa un cambio en el precio de la fuerza de trabajo, no altera, por tanto, en lo más mínimo la magnitud absoluta del valor de la mercancía, porque no altera en nada la magnitud absoluta del valor nuevo que crea la fuerza de trabajo fluida. Semejante cambio solo afecta, más bien, a la proporción de magnitud entre los dos componentes del valor nuevo, de los cuales uno forma plusvalía y el otro repone el capital variable y entra, por eso, en el precio de coste de la mercancía.

Las dos partes del precio de coste, en nuestro caso 400c + 100v, solo tienen en común esto: que ambas son partes del valor de la mercancía que reponen capital adelantado.

Pero este estado de cosas real aparece necesariamente de modo invertido desde el punto de vista de la producción capitalista.

El modo de producción capitalista se distingue del modo de producción basado en la esclavitud, entre otras cosas, por el hecho de que el valor, o el precio, de la fuerza de trabajo se representa como valor, o precio, del trabajo mismo o como salario. (Libro I, cap. XVII.) Por eso, la parte variable de valor del adelanto de capital aparece como capital gastado en salario, como un valor de capital que paga el valor, o el precio, de todo el trabajo gastado en la producción. Supongamos, por ejemplo, que una jornada laboral social media de 10 horas se materializa en una masa de dinero de 6 chelines; entonces el adelanto de capital variable de 100 £ es la expresión en dinero de un valor producido en 333 1/3 jornadas laborales de diez horas. Pero este valor de la fuerza de trabajo comprada, que figura en el adelanto de capital, no forma parte del capital que realmente funciona. En su lugar aparece, en el propio proceso de producción, la fuerza de trabajo viva. Si, como en nuestro ejemplo, el grado de explotación de esta es del 100 %, se gasta durante 666 2/3 jornadas laborales de diez horas y añade, por tanto, al producto un valor nuevo de 200 £. Pero en el adelanto de capital el capital variable de 100 £ figura como capital desembolsado en salario, o como precio del trabajo que se ejecuta durante 666 2/3 días de diez horas. 100 £ divididas entre 666 2/3 nos dan como precio de la jornada laboral de diez horas 3 chelines, el producto de valor de un trabajo de cinco horas.

Si comparamos ahora el adelanto de capital, por un lado, y el valor de la mercancía, por otro, tenemos:

I. Adelanto de capital de 500 £ = 400 £ de capital gastado en medios de producción (precio de los medios de producción) + 100 £ de capital gastado en trabajo (precio de 666 2/3 jornadas laborales o salario por ellas).

II. Valor de la mercancía de 600 £ = precio de coste de 500 £ (400 £, precio de los medios de producción gastados, + 100 £, precio de las 666 2/3 jornadas laborales gastadas) + 100 £ de plusvalía.

En esta fórmula, la parte del capital desembolsada en trabajo solo se distingue de la desembolsada en medios de producción, por ejemplo, algodón o carbón, en que sirve para pagar un elemento de producción materialmente distinto, pero en modo alguno en que desempeñe un papel funcionalmente distinto en el proceso de formación del valor de la mercancía y, por tanto, también en el proceso de valorización del capital. En el precio de coste de la mercancía reaparece el precio de los medios de producción tal como figuraba ya en el adelanto de capital, y precisamente porque estos medios de producción se han consumido de manera adecuada a su fin. Exactamente del mismo modo reaparece en el precio de coste de la mercancía el precio o salario de las 666 2/3 jornadas laborales consumidas en su producción, tal como figuraba ya en el adelanto de capital, y precisamente también porque esta masa de trabajo se gastó en forma adecuada a su fin. Solo vemos valores acabados, existentes —las partes de valor del capital adelantado que entran en la formación del valor del producto—, pero ningún elemento que cree valor nuevo. La diferencia entre capital constante y capital variable ha desaparecido. Todo el precio de coste de 500 £ adquiere ahora el doble sentido de que, en primer lugar, es el componente del valor de la mercancía de 600 £ que repone el capital de 500 £ gastado en la producción de la mercancía, y de que, en segundo lugar, este componente de valor de la mercancía solo existe porque antes existió como precio de coste de los elementos de producción empleados, de los medios de producción y del trabajo, es decir, como adelanto de capital. El valor de capital reaparece como precio de coste de la mercancía porque, y en la medida en que, se ha gastado como valor de capital.

La circunstancia de que los distintos componentes de valor del capital adelantado se hayan desembolsado en elementos de producción materialmente distintos, en medios de trabajo, materias primas y auxiliares y trabajo, solo implica que el precio de coste de la mercancía tiene que volver a comprar estos elementos de producción materialmente distintos. En cambio, con respecto a la formación misma del precio de coste solo se hace valer una diferencia, la diferencia entre capital fijo y capital circulante. En nuestro ejemplo se habían calculado 20 £ por desgaste de los medios de trabajo (400c = 20 £ por desgaste de los medios de trabajo + 380 £ por materiales de producción). Si el valor de estos medios de trabajo antes de la producción de la mercancía era = 1.200 £, después de su producción existe en dos figuras: 20 £ como parte del valor de la mercancía, y 1.200 – 20, o sea, 1.180 £, como valor restante de los medios de trabajo que siguen en posesión del capitalista, o como elemento de valor, no de su capital mercantil, sino de su capital productivo. A diferencia de los medios de trabajo, los materiales de producción y el salario se gastan por completo en la producción de la mercancía, y por eso también todo su valor entra en el valor de la mercancía producida. Hemos visto cómo estos distintos componentes del capital adelantado adquieren, con respecto a la rotación, las formas de capital fijo y capital circulante.

El adelanto de capital es, pues, = 1.680 £: capital fijo = 1.200 £ más capital circulante = 480 £ (= 380 £ en materiales de producción más 100 £ en salario).

En cambio, el precio de coste de la mercancía solo es = 500 £ (20 £ por desgaste del capital fijo, 480 £ por capital circulante).

Pero esta diferencia entre el precio de coste de la mercancía y el adelanto de capital solo confirma que el precio de coste de la mercancía se forma exclusivamente por el capital realmente gastado en su producción.

En la producción de la mercancía se emplean medios de trabajo por valor de 1.200 £, pero de este valor de capital adelantado solo se pierden en la producción 20 £. El capital fijo empleado solo entra, por tanto, parcialmente en el precio de coste de la mercancía, porque solo se gasta parcialmente en su producción. El capital circulante empleado entra por completo en el precio de coste de la mercancía, porque se gasta por completo en su producción. ¿Y qué prueba esto sino que las partes fijas y circulantes del capital consumidas entran por igual, pro rata de su magnitud de valor, en el precio de coste de su mercancía, y que este componente de valor de la mercancía solo surge, en general, del capital gastado en su producción? Si no fuera así, no se vería por qué el capital fijo adelantado de 1.200 £, en vez de las 20 £ que pierde en el proceso de producción, no añade también al valor del producto las 1.180 £ que no pierde en él.

Esta diferencia entre capital fijo y capital circulante con respecto al cálculo del precio de coste solo confirma, pues, el aparente origen del precio de coste en el valor de capital gastado o en el precio que los elementos de producción gastados, incluido el trabajo, le cuestan al propio capitalista. Por otro lado, la parte variable del capital, desembolsada en fuerza de trabajo, queda aquí identificada expresamente con el capital constante (la parte del capital que consiste en materiales de producción), en lo que respecta a la formación de valor, bajo la rúbrica de capital circulante, y así se consuma la mistificación del proceso de valorización del capital.[^k2-1]

Hasta ahora solo hemos considerado un elemento del valor de la mercancía, el precio de coste. Ahora tenemos que fijarnos también en el otro componente del valor de la mercancía, en el excedente sobre el precio de coste, o sea, la plusvalía. Así pues, la plusvalía es, ante todo, un excedente del valor de la mercancía sobre su precio de coste. Pero como el precio de coste es igual al valor del capital gastado, en cuyos elementos materiales también se reconvierte constantemente, este excedente de valor es un incremento de valor del capital gastado en la producción de la mercancía y que retorna de su circulación.

Ya vimos antes que, aunque p, la plusvalía, solo surge de un cambio de valor de v, el capital variable, y es por eso originariamente un mero incremento del capital variable, después de terminado el proceso de producción constituye igualmente un incremento de valor de c + v, el capital global gastado. La fórmula c + (v + p), que indica que p se produce por la transformación del valor de capital determinado v, adelantado en fuerza de trabajo, en una magnitud fluyente, o sea, de una magnitud constante en una variable, se representa igualmente como (c + v) + p. Antes de la producción teníamos un capital de 500 £. Después de la producción tenemos el capital de 500 £ más un incremento de valor de 100 £.[^k2-2]

Pero la plusvalía constituye un incremento, no solo de la parte del capital adelantado que entra en el proceso de valorización, sino también de la que no entra en él; es decir, un incremento de valor, no solo del capital gastado, que se repone a partir del precio de coste de la mercancía, sino del capital empleado en la producción en general. Antes del proceso de producción teníamos un valor de capital de 1.680 £: 1.200 £ de capital fijo desembolsado en medios de trabajo, de las que solo 20 £ entran por desgaste en el valor de la mercancía, más 480 £ de capital circulante en materiales de producción y salario. Después del proceso de producción tenemos 1.180 £ como componente de valor del capital productivo más un capital mercantil de 600 £. Si sumamos estas dos sumas de valor, el capitalista posee ahora un valor de 1.780 £. Si resta de él el capital global adelantado de 1.680 £, queda un incremento de valor de 100 £. Las 100 £ de plusvalía constituyen, pues, un incremento de valor tanto del capital empleado de 1.680 £ como del fragmento de este, de 500 £, gastado durante la producción.

Al capitalista le resulta ahora claro que este incremento de valor surge de los procesos productivos que se efectúan con el capital, que surge, pues, del capital mismo; porque después del proceso de producción está ahí, y antes del proceso de producción no estaba. Por lo que respecta, en primer lugar, al capital gastado en la producción, la plusvalía parece surgir por igual de sus distintos elementos de valor, consistentes en medios de producción y trabajo. Pues estos elementos entran por igual en la formación del precio de coste. Añaden por igual al valor del producto sus valores, existentes como adelantos de capital, y no se distinguen como magnitudes de valor constantes y variables. Esto se hace palpable si suponemos por un momento que todo el capital gastado consiste o exclusivamente en salario o exclusivamente en el valor de medios de producción. En el primer caso tendríamos, en lugar del valor de la mercancía 400c + 100v + 100p, el valor de la mercancía 500v + 100p. El capital de 500 £ desembolsado en salario es el valor de todo el trabajo empleado en la producción del valor de la mercancía de 600 £, y precisamente por eso forma el precio de coste de todo el producto. Pero la formación de este precio de coste, por la cual el valor del capital gastado reaparece como componente de valor del producto, es el único proceso que conocemos en la formación de este valor de la mercancía. No sabemos cómo surge su componente de plusvalía de 100 £. Exactamente lo mismo ocurre en el segundo caso, en el que el valor de la mercancía sería = 500c + 100p. En ambos casos sabemos que la plusvalía surge de un valor dado porque este valor se adelantó en la forma de capital productivo, da igual si en la forma de trabajo o en la de medios de producción. Pero, por otro lado, el valor de capital adelantado no puede formar la plusvalía por la razón de que se haya gastado y forme, por eso, el precio de coste de la mercancía. Pues precisamente en la medida en que forma el precio de coste de la mercancía no forma plusvalía, sino solo un equivalente, un valor de reposición del capital gastado. Así pues, en la medida en que forma plusvalía, no la forma en su cualidad específica de capital gastado, sino como capital adelantado y, por tanto, empleado en general. Por eso, la plusvalía surge tanto de la parte del capital adelantado que entra en el precio de coste de la mercancía como de la parte de este que no entra en el precio de coste; en una palabra: por igual de los componentes fijos y circulantes del capital empleado. El capital global sirve materialmente como formador del producto, tanto los medios de trabajo como los materiales de producción y el trabajo. El capital global entra materialmente en el proceso real de trabajo, aunque solo una parte de él entre en el proceso de valorización. Tal vez sea precisamente esta la razón de que solo contribuya parcialmente a la formación del precio de coste, pero por completo a la formación de la plusvalía. Sea como fuere, la conclusión sigue siendo que la plusvalía surge simultáneamente de todas las partes del capital empleado. La deducción puede abreviarse aún mucho si, con Malthus, se dice de modo tan tosco como simple:

> «El capitalista *espera* igual ventaja de todas las partes del capital que adelanta».[^k2-3]

Como tal vástago, así representado, del capital global adelantado, la plusvalía adquiere la forma transfigurada de la *ganancia*. Una suma de valor es, por tanto, capital porque se desembolsa para producir una ganancia[^k2-4], o la ganancia resulta porque una suma de valor se emplea como capital. Si llamamos g a la ganancia, la fórmula M = c + v + p = k + p se transforma en la fórmula M = k + g o *valor de la mercancía = precio de coste + ganancia*.

La ganancia, tal como la tenemos aquí ante nosotros en primer lugar, es, pues, lo mismo que la plusvalía, solo que en una forma mistificada, la cual, sin embargo, brota necesariamente del modo de producción capitalista. Como en la formación aparente del precio de coste no se puede reconocer ninguna diferencia entre capital constante y capital variable, el origen del cambio de valor que se produce durante el proceso de producción tiene que desplazarse de la parte variable del capital al capital global. Como en un polo el precio de la fuerza de trabajo aparece en la forma transfigurada de salario, en el polo opuesto la plusvalía aparece en la forma transfigurada de ganancia.

Hemos visto que el precio de coste de la mercancía es menor que su valor. Como M = k + p, k = M – p. La fórmula M = k + p solo se reduce a M = k, valor de la mercancía = precio de coste de la mercancía, cuando p = 0, caso que nunca se da sobre la base de la producción capitalista, aunque en coyunturas particulares del mercado el precio de venta de las mercancías pueda bajar hasta su precio de coste o incluso por debajo de él.

Por eso, si la mercancía se vende a su valor, se realiza una ganancia igual al excedente de su valor sobre su precio de coste, es decir, igual a toda la plusvalía contenida en el valor de la mercancía. Pero el capitalista puede vender la mercancía con ganancia aunque la venda por debajo de su valor. Mientras su precio de venta esté por encima de su precio de coste, aunque esté por debajo de su valor, siempre se realiza una parte de la plusvalía contenida en ella y, por tanto, siempre se obtiene una ganancia. En nuestro ejemplo, el valor de la mercancía es = 600 £; el precio de coste, = 500 £. Si la mercancía se vende a 510, 520, 530, 560, 590 £, se vende respectivamente 90, 80, 70, 40, 10 £ por debajo de su valor, y sin embargo de su venta se saca una ganancia de 10, 20, 30, 60, 90 £, respectivamente. Entre el valor de la mercancía y su precio de coste es posible, evidentemente, una serie indeterminada de precios de venta. Cuanto mayor sea el elemento del valor de la mercancía que consiste en plusvalía, mayor será el margen práctico de estos precios intermedios.

De aquí no solo se explican fenómenos cotidianos de la competencia, como, por ejemplo, ciertos casos de venta por debajo del precio (underselling), una baratura anormal de los precios de las mercancías en determinadas ramas de la industria[^k2-5], etc. La ley fundamental de la competencia capitalista, no comprendida hasta ahora por la economía política, la ley que regula la tasa general de ganancia y los llamados precios de producción determinados por ella, descansa, como se verá más adelante, en esta diferencia entre el valor y el precio de coste de la mercancía y en la posibilidad, que de ella se deriva, de vender la mercancía con ganancia por debajo de su valor.

El límite mínimo del precio de venta de la mercancía está dado por su precio de coste. Si se vende por debajo de su precio de coste, los componentes gastados del capital productivo no pueden reponerse por completo a partir del precio de venta. Si este proceso continúa, el valor de capital adelantado desaparece. Ya desde este punto de vista, el capitalista se inclina a tener el precio de coste por el valor *intrínseco* propiamente dicho de la mercancía, porque es el precio necesario para la mera conservación de su capital. Pero a esto se añade que el precio de coste de la mercancía es el precio de compra que el propio capitalista ha pagado por su producción, o sea, el precio de compra determinado por el propio proceso de producción de ella. Por eso, el excedente de valor o plusvalía realizado en la venta de la mercancía se le aparece al capitalista como excedente de su precio de venta sobre su valor, en lugar de como excedente de su valor sobre su precio de coste, de modo que la plusvalía contenida en la mercancía no se realizaría mediante su venta, sino que surgiría de la venta misma. Ya examinamos más de cerca esta ilusión en el libro I, cap. IV, 2 (Contradicciones de la fórmula general del capital), pero volvemos aquí un momento a la forma en que Torrens, entre otros, la hizo valer de nuevo como un progreso de la economía política más allá de Ricardo.

> «El precio natural, que consiste en el coste de producción o, en otras palabras, en el desembolso de capital en la producción o fabricación de mercancías, no puede incluir de ningún modo la ganancia… Si un arrendatario, en el cultivo de sus campos, desembolsa 100 quarters[^k2-t2] de grano y a cambio recupera 120 quarters, los 20 quarters, como excedente del producto sobre el desembolso, constituyen su ganancia; pero sería absurdo llamar a este excedente o ganancia una parte de su desembolso… El fabricante desembolsa una cierta cantidad de materias primas, herramientas y medios de subsistencia para el trabajo, y recibe a cambio una cantidad de mercancía acabada. Esta mercancía acabada tiene que poseer un valor de cambio más alto que las materias primas, herramientas y medios de subsistencia mediante cuyo adelanto se obtuvo».

Por eso concluye Torrens que el excedente del precio de venta sobre el precio de coste, o la ganancia, surge de que los consumidores

> «mediante un intercambio inmediato o mediato (circuitous) dan una cierta porción mayor de todos los ingredientes del capital que lo que cuesta su producción»[^k2-6].

En efecto, el excedente sobre una magnitud dada no puede formar parte de esa magnitud; por tanto, tampoco la ganancia, el excedente del valor de la mercancía sobre los desembolsos del capitalista, puede formar parte de esos desembolsos. Así pues, si en la formación del valor de la mercancía no entra ningún otro elemento que el adelanto de valor del capitalista, no se ve cómo de la producción ha de salir más valor del que entró en ella, o algo surgiría de la nada. Pero Torrens solo escapa a esta creación de la nada desplazándola de la esfera de la producción de mercancías a la esfera de la circulación de mercancías. La ganancia no puede venir de la producción, dice Torrens, porque, si no, ya estaría contenida en los costes de producción y no sería, por tanto, un excedente sobre esos costes. La ganancia no puede venir del intercambio de mercancías, le responde Ramsay, si no existía ya antes del intercambio de mercancías. La suma de valor de los productos intercambiados no se altera, evidentemente, por el intercambio de los productos cuya suma de valor es. Sigue siendo la misma antes y después del intercambio. Hay que señalar aquí que Malthus invoca expresamente la autoridad de Torrens[^k2-7], aunque él mismo desarrolla de otra manera la venta de las mercancías por encima de su valor, o más bien no la desarrolla, puesto que todos los argumentos de este tipo vienen a parar, en el fondo, infaliblemente en el peso negativo del flogisto, tan celebrado en su tiempo.[^k2-t3]

Dentro de un estado social dominado por la producción capitalista, también el productor no capitalista está dominado por las representaciones capitalistas. En su última novela, *Les Paysans*[^k2-t4], Balzac, que se distingue en general por una profunda comprensión de las relaciones reales, describe certeramente cómo el pequeño campesino, para conservar la benevolencia de su usurero, le presta toda clase de trabajos gratis y cree que con ello no le regala nada, porque su propio trabajo no le cuesta ningún desembolso en efectivo. El usurero, por su parte, mata así dos pájaros de un tiro. Se ahorra el desembolso en efectivo de salarios y enreda cada vez más en la red de la araña usurera al campesino, al que arruina progresivamente la sustracción de trabajo a su propio campo.

La representación irreflexiva de que el precio de coste de la mercancía constituye su valor real, mientras que la plusvalía surge de la venta de la mercancía por encima de su valor, de que las mercancías se venden, pues, a sus valores cuando su precio de venta es igual a su precio de coste, es decir, igual al precio de los medios de producción consumidos en ellas más el salario, ha sido pregonada por Proudhon, con su habitual charlatanería, que se pavonea de científica, como un secreto recién descubierto del socialismo. Esta reducción del valor de las mercancías a su precio de coste constituye, en efecto, la base de su Banco del Pueblo.[^k2-t5] Se expuso antes que los distintos componentes de valor del producto pueden representarse en partes proporcionales del producto mismo. Si, por ejemplo (libro I, cap. VII, 2, p. 211/203), el valor de 20 libras de hilo es de 30 chelines —a saber, 24 chelines de medios de producción, 3 chelines de fuerza de trabajo y 3 chelines de plusvalía—, esta plusvalía puede representarse en 1/10 del producto = 2 libras de hilo. Si las 20 libras de hilo se venden ahora a su precio de coste, a 27 chelines, el comprador recibe 2 libras de hilo gratis, o la mercancía se vende 1/10 por debajo de su valor; pero el obrero ha realizado, como antes, su plustrabajo, solo que para el comprador del hilo en lugar de para el capitalista productor de hilo. Sería completamente falso suponer que, si todas las mercancías se vendieran a sus precios de coste, el resultado sería de hecho el mismo que si todas se vendieran por encima de sus precios de coste, pero a sus valores. Pues, aun cuando el valor de la fuerza de trabajo, la duración de la jornada laboral y el grado de explotación del trabajo se suponen iguales en todas partes, las masas de plusvalía contenidas en los valores de las distintas clases de mercancías son completamente desiguales, según la distinta composición orgánica de los capitales adelantados para su producción.[^k2-8]

## Capítulo segundo. La tasa de ganancia

La fórmula general del capital es D – M – D′; es decir, una suma de valor se lanza a la circulación para sacar de ella una suma de valor mayor. El proceso que engendra esta suma de valor mayor es la producción capitalista; el proceso que la realiza es la circulación del capital. El capitalista no produce la mercancía por ella misma, ni por su valor de uso o para su consumo personal. El producto que realmente le importa al capitalista no es el producto tangible mismo, sino el excedente de valor del producto sobre el valor del capital consumido en él. El capitalista adelanta el capital global sin tener en cuenta el distinto papel que sus componentes desempeñan en la producción de la plusvalía. Adelanta todos estos componentes por igual, no solo para reproducir el capital adelantado, sino para producir un excedente de valor sobre él. Solo puede convertir en un valor mayor el valor del capital variable que adelanta mediante su intercambio por trabajo vivo, mediante la explotación de trabajo vivo. Pero solo puede explotar el trabajo adelantando al mismo tiempo las condiciones para la realización de este trabajo, medios de trabajo y objeto de trabajo, maquinaria y materia prima, es decir, convirtiendo una suma de valor que está en su posesión en la forma de condiciones de producción; del mismo modo que, en general, solo es capitalista, solo puede emprender el proceso de explotación del trabajo, porque se enfrenta al obrero, mero poseedor de la fuerza de trabajo, como propietario de las condiciones de trabajo. Ya se mostró antes, en el libro primero, que es precisamente la posesión de estos medios de producción por los no trabajadores lo que convierte a los trabajadores en obreros asalariados y a los no trabajadores en capitalistas.

Al capitalista le es indiferente considerar la cosa de modo que adelanta el capital constante para sacar beneficio del variable, o que adelanta el variable para valorizar el constante; que desembolsa dinero en salario para dar más valor a las máquinas y a la materia prima, o que adelanta el dinero en maquinaria y materia prima para poder explotar el trabajo. Aunque solo la parte variable del capital crea plusvalía, la crea a condición de que se adelanten también las otras partes, las condiciones de producción del trabajo. Como el capitalista solo puede explotar el trabajo mediante el adelanto del capital constante, y como solo puede valorizar el capital constante mediante el adelanto del variable, en su representación todos ellos se le confunden por igual, y tanto más cuanto que el grado real de su beneficio no está determinado por la relación con el capital variable, sino con el capital global, no por la tasa de plusvalía, sino por la tasa de ganancia, que, como veremos, puede seguir siendo la misma y expresar, sin embargo, distintas tasas de plusvalía.

A los costes del producto pertenecen todos sus componentes de valor que el capitalista ha pagado o por los que ha lanzado a la producción un equivalente. Estos costes tienen que reponerse para que el capital se conserve simplemente o se reproduzca en su magnitud originaria.

El valor contenido en la mercancía es igual al tiempo de trabajo que cuesta su fabricación, y la suma de este trabajo consiste en trabajo pagado y no pagado. En cambio, los costes de la mercancía para el capitalista solo consisten en la parte del trabajo objetivado en ella que él ha pagado. El plustrabajo contenido en la mercancía no le cuesta nada al capitalista, aunque al obrero le cuesta trabajo igual que el pagado, y aunque, igual que este, crea valor y entra en la mercancía como elemento formador de valor. La ganancia del capitalista proviene, pues, de que tiene algo que vender que no ha pagado. La plusvalía o, en su caso, la ganancia consiste precisamente en el excedente del valor de la mercancía sobre su precio de coste, es decir, en el excedente de la suma total de trabajo contenida en la mercancía sobre la suma de trabajo pagado contenida en ella. La plusvalía, surja de donde surja, es, según esto, un excedente sobre el capital global adelantado. Este excedente guarda, pues, con el capital global una relación que se expresa en la fracción p/C, donde C significa el capital global. Obtenemos así la *tasa de ganancia* p/C = p/(c + v), a diferencia de la tasa de plusvalía p/v.

La tasa de plusvalía medida sobre el capital variable se llama tasa de plusvalía; la tasa de plusvalía medida sobre el capital global se llama tasa de ganancia. Son dos mediciones distintas de la misma magnitud, que, debido a la diversidad de los patrones de medida, expresan al mismo tiempo relaciones o referencias distintas de la misma magnitud.

Es de la transformación de la tasa de plusvalía en tasa de ganancia de donde hay que derivar la transformación de la plusvalía en ganancia, y no a la inversa. Y, en efecto, la tasa de ganancia es aquello de lo que se parte históricamente. La plusvalía y la tasa de plusvalía son, relativamente, lo invisible y lo esencial que hay que investigar, mientras que la tasa de ganancia y, por tanto, la forma de la plusvalía como ganancia se muestran en la superficie de los fenómenos.

Por lo que respecta al capitalista individual, está claro que lo único que le interesa es la relación de la plusvalía, o del excedente de valor con que vende sus mercancías, con el capital global adelantado para la producción de la mercancía; mientras que la relación determinada de este excedente con los componentes particulares del capital, y su conexión interna con ellos, no solo no le interesan, sino que está en su interés echarse humo en los ojos acerca de esta relación determinada y de esta conexión interna.

Aunque el excedente del valor de la mercancía sobre su precio de coste surge en el proceso de producción inmediato, solo se realiza en el proceso de circulación, y adquiere tanto más fácilmente la apariencia de surgir del proceso de circulación cuanto que, en la realidad, dentro de la competencia, en el mercado real, depende de las condiciones del mercado que este excedente se realice o no, y en qué grado. No hace falta explicar aquí que, cuando una mercancía se vende por encima o por debajo de su valor, solo tiene lugar una distribución distinta de la plusvalía, y que esta distribución distinta, la relación alterada en que distintas personas se reparten la plusvalía, no cambia en nada ni la magnitud ni la naturaleza de la plusvalía. En el proceso efectivo de circulación no solo tienen lugar las transformaciones que hemos considerado en el libro II, sino que estas coinciden con la competencia real, con la compra y venta de las mercancías por encima o por debajo de su valor, de modo que, para el capitalista individual, la plusvalía realizada por él mismo depende tanto del engaño recíproco como de la explotación directa del trabajo.

En el proceso de circulación, junto al tiempo de trabajo entra en acción el tiempo de circulación, que limita así la masa de plusvalía realizable en un período determinado. Intervienen además, de modo determinante, en el proceso de producción inmediato otros momentos que surgen de la circulación. Ambos, el proceso de producción inmediato y el proceso de circulación, se entrecruzan constantemente, se compenetran y falsean con ello constantemente sus rasgos distintivos característicos. La producción de la plusvalía, como la del valor en general, adquiere en el proceso de circulación, como se mostró antes, nuevas determinaciones; el capital recorre el círculo de sus transformaciones; finalmente sale, por así decirlo, de su vida orgánica interna para entrar en relaciones vitales externas, en relaciones en las que no se enfrentan capital y trabajo, sino, por un lado, capital y capital y, por otro, los individuos, también de nuevo simplemente como compradores y vendedores; el tiempo de circulación y el tiempo de trabajo se cruzan en su trayectoria y parecen así determinar ambos por igual la plusvalía; la forma originaria en que se enfrentan capital y trabajo asalariado queda disfrazada por la intromisión de relaciones aparentemente independientes de ella; la plusvalía misma no aparece como producto de la apropiación de tiempo de trabajo, sino como excedente del precio de venta de las mercancías sobre su precio de coste, el cual, por eso, se presenta fácilmente como su valor propiamente dicho (valeur intrinsèque), de modo que la ganancia aparece como excedente del precio de venta de las mercancías sobre su valor inmanente.

Ciertamente, durante el proceso de producción inmediato la naturaleza de la plusvalía entra continuamente en la consciencia del capitalista, como ya nos mostró su avidez de tiempo de trabajo ajeno, etc., al considerar la plusvalía. Pero: 1. El proceso de producción inmediato mismo no es más que un momento evanescente que pasa constantemente al proceso de circulación, igual que este pasa a aquel, de modo que el presentimiento, más claro o más oscuro, que alborea en el proceso de producción sobre la fuente de la ganancia obtenida en él, es decir, sobre la naturaleza de la plusvalía, aparece a lo sumo como un momento con igualdad de derechos junto a la representación de que el excedente realizado proviene del movimiento independiente del proceso de producción, que surge de la circulación misma y que pertenece, pues, al capital independientemente de su relación con el trabajo. Hasta economistas modernos como Ramsay, Malthus, Senior, Torrens, etc., aducen, en efecto, directamente estos fenómenos de la circulación como pruebas de que el capital, en su existencia meramente cósica, independientemente de la relación social con el trabajo en la que precisamente es capital, es una fuente autónoma de plusvalía junto al trabajo e independiente del trabajo. — 2. Bajo la rúbrica de los costes, en la que entra el salario igual que el precio de la materia prima, el desgaste de la maquinaria, etc., la extracción de trabajo no pagado solo aparece como ahorro en el pago de uno de los artículos que entran en los costes, solo como pago menor por una cantidad determinada de trabajo; exactamente igual que se ahorra cuando la materia prima se compra más barata o se reduce el desgaste de la maquinaria. Así pierde la extorsión de plustrabajo su carácter específico; su relación específica con la plusvalía se oscurece; y esto se ve muy favorecido y facilitado, como se mostró en el libro I, sección VII, por la representación del valor de la fuerza de trabajo en la forma del salario.

Al aparecer todas las partes del capital por igual como fuente del valor excedente (de la ganancia), la relación de capital se mistifica.

Pero el modo en que, mediante el paso por la tasa de ganancia, la plusvalía se transforma en la forma de la ganancia no es más que el desarrollo ulterior de la inversión de sujeto y objeto que tiene lugar ya durante el proceso de producción. Ya allí veíamos que todas las fuerzas productivas subjetivas del trabajo se presentan como fuerzas productivas del capital. Por un lado, el valor, el trabajo pasado que domina al vivo, se personifica en el capitalista; por otro, a la inversa, el obrero aparece como mera fuerza de trabajo objetiva, como mercancía. De esta relación invertida surge necesariamente, ya en la propia relación de producción simple, la correspondiente representación invertida, una consciencia transpuesta, que se sigue desarrollando por las transformaciones y modificaciones del proceso de circulación propiamente dicho.

Es, como puede estudiarse en la escuela ricardiana, un intento completamente equivocado querer presentar directamente las leyes de la tasa de ganancia como leyes de la tasa de plusvalía, o a la inversa. En la cabeza del capitalista no se distinguen, naturalmente. En la expresión p/C, la plusvalía está medida sobre el valor del capital global, que se adelantó para su producción y que en esta producción se consumió en parte por completo y en parte solo se empleó. De hecho, la relación p/C expresa el grado de valorización de todo el capital adelantado; es decir, entendida conforme a la conexión conceptual interna y a la naturaleza de la plusvalía, indica cómo es la magnitud de la variación del capital variable en relación con la magnitud del capital global adelantado.

En sí y por sí, la magnitud de valor del capital global no guarda ninguna relación interna con la magnitud de la plusvalía, al menos no directamente. Por sus elementos materiales, el capital global menos el capital variable, es decir, el capital constante, consiste en las condiciones materiales para la realización del trabajo, medios de trabajo y material de trabajo. Para que una cantidad determinada de trabajo se realice en mercancías, y forme, por tanto, también valor, se requiere una cantidad determinada de material de trabajo y de medios de trabajo. Según el carácter particular del trabajo añadido, se da una relación técnica determinada entre la masa del trabajo y la masa de los medios de producción a los que ha de añadirse este trabajo vivo. En esa medida se da también, pues, una relación determinada entre la masa de la plusvalía o del plustrabajo y la masa de los medios de producción. Si, por ejemplo, el trabajo necesario para la producción del salario es de 6 horas diarias, el obrero tiene que trabajar 12 horas para hacer 6 horas de plustrabajo, para producir una plusvalía del 100 %. En las 12 horas consume el doble de medios de producción que en las 6. Pero no por eso la plusvalía que añade en 6 horas guarda en absoluto una relación directa con el valor de los medios de producción gastados en las 6 o también en las 12 horas. Este valor es aquí completamente indiferente; solo importa la masa técnicamente necesaria. Que la materia prima o el medio de trabajo sean baratos o caros es completamente indiferente, con tal de que posean el valor de uso requerido y estén disponibles en la proporción técnicamente prescrita respecto al trabajo vivo que han de absorber. Pero si sé que en una hora se hilan x libras de algodón y que cuestan a chelines, sé naturalmente también que en 12 horas se hilan 12x libras de algodón = 12a chelines, y puedo entonces calcular la relación de la plusvalía con el valor de las 12 igual que con el valor de las 6. Pero la relación del trabajo vivo con el *valor* de los medios de producción solo entra aquí en cuanto a chelines sirve como nombre de x libras de algodón; porque una cantidad determinada de algodón tiene un precio determinado y, por eso, a la inversa, un precio determinado puede servir también como índice de una cantidad determinada de algodón, mientras no cambie el precio del algodón. Si sé que, para apropiarme de 6 horas de plustrabajo, tengo que hacer trabajar 12 horas y tener, pues, preparado algodón para 12 horas, y si conozco el precio de esta cantidad de algodón requerida para 12 horas, existe por un rodeo una relación entre el precio del algodón (como índice de la cantidad necesaria) y la plusvalía. Pero, a la inversa, nunca puedo deducir del precio de la materia prima la masa de materia prima que puede hilarse, por ejemplo, en una hora y no en 6. No se da, por tanto, ninguna relación interna, necesaria, entre el valor del capital constante, ni tampoco, por tanto, entre el valor del capital global (= c + v), y la plusvalía.

Si se conoce la tasa de plusvalía y está dada su magnitud, la tasa de ganancia no expresa sino lo que es en realidad, una medición distinta de la plusvalía, su medición sobre el valor del capital global, en lugar de sobre el valor de la parte del capital de la que surge directamente mediante su intercambio por trabajo. Pero en la realidad (es decir, en el mundo de los fenómenos) la cosa se presenta a la inversa. La plusvalía está dada, pero dada como excedente del precio de venta de la mercancía sobre su precio de coste; y sigue siendo un misterio de dónde procede este excedente: de la explotación del trabajo en el proceso de producción, del engaño a los compradores en el proceso de circulación o de ambos. Lo que está dado, además, es la relación de este excedente con el valor del capital global, o sea, la tasa de ganancia. El cálculo de este excedente del precio de venta sobre el precio de coste en relación con el valor del capital global adelantado es muy importante y natural, ya que por él se encuentra de hecho el número proporcional en que se ha valorizado el capital global, o su grado de valorización. Si se parte de esta tasa de ganancia, no cabe, pues, en absoluto deducir ninguna relación específica entre el excedente y la parte del capital desembolsada en salario. En un capítulo posterior se verá qué graciosas cabriolas hace Malthus cuando por este camino intenta penetrar en el secreto de la plusvalía y de su relación específica con la parte variable del capital. Lo que la tasa de ganancia como tal muestra es más bien un comportamiento uniforme del excedente respecto a partes de igual magnitud del capital, que desde este punto de vista no muestra en absoluto diferencias internas, salvo la que hay entre capital fijo y circulante. Y aun esta diferencia solo porque el excedente se calcula dos veces. A saber, en primer lugar, como magnitud simple: excedente sobre el precio de coste. En esta su primera forma, todo el capital circulante entra en el precio de coste, mientras que del capital fijo solo entra en él el desgaste. Además, en segundo lugar: la relación de este excedente de valor con el valor global del capital adelantado. Aquí entra en el cálculo el valor de todo el capital fijo igual que el del circulante. El capital circulante entra, pues, las dos veces de la misma manera, mientras que el capital fijo entra una vez de manera distinta y la otra de la misma manera que el capital circulante. Así, la diferencia entre capital circulante y capital fijo se impone aquí como la única.

El excedente, pues, cuando, hablando en términos hegelianos, se refleja de vuelta en sí mismo desde la tasa de ganancia, o dicho de otro modo, el excedente, caracterizado más de cerca por la tasa de ganancia, aparece como un excedente que el capital engendra por encima de su propio valor anualmente, o en un período de circulación determinado.

Así pues, aunque la tasa de ganancia es numéricamente distinta de la tasa de plusvalía, mientras que la plusvalía y la ganancia son de hecho lo mismo y también numéricamente iguales, la ganancia es, sin embargo, una forma transfigurada de la plusvalía, una forma en la que su origen y el secreto de su existencia quedan velados y borrados. De hecho, la ganancia es la forma de manifestación de la plusvalía, y esta solo puede extraerse de aquella mediante el análisis. En la plusvalía queda al descubierto la relación entre capital y trabajo; en la relación entre capital y ganancia, es decir, entre el capital y la plusvalía tal como aparece, por un lado, como excedente realizado en el proceso de circulación sobre el precio de coste de la mercancía y, por otro, como un excedente determinado más de cerca por su relación con el capital global, el *capital aparece como relación consigo mismo*, una relación en la que se distingue, como suma de valor originaria, de un valor nuevo puesto por él mismo. Que engendra este valor nuevo durante su movimiento a través del proceso de producción y del proceso de circulación, esto está en la consciencia. Pero cómo ocurre esto queda ahora mistificado, y parece provenir de cualidades ocultas que le son propias.

Cuanto más sigamos el proceso de valorización del capital, tanto más se mistificará la relación de capital y tanto menos dejará al descubierto el secreto de su organismo interno.

En esta sección, la tasa de ganancia es numéricamente distinta de la tasa de plusvalía; en cambio, la ganancia y la plusvalía se tratan como la misma magnitud numérica, solo que en forma distinta. En la sección siguiente veremos cómo la exteriorización va más allá y la ganancia se presenta también numéricamente como una magnitud distinta de la plusvalía.

## Capítulo tercero. Relación de la tasa de ganancia con la tasa de plusvalía

Como se subrayó al final del capítulo anterior, suponemos aquí, como en general en toda esta primera sección, que la suma de ganancia que corresponde a un capital dado es igual a la suma total de la plusvalía producida por medio de ese capital en un período de circulación dado. Prescindimos, pues, por ahora de que esta plusvalía, por una parte, se escinde en diversas subformas: interés del capital, renta de la tierra, impuestos, etc., y de que, por otra, en la mayoría de los casos no coincide en modo alguno con la ganancia tal como esta se apropia en virtud de la tasa general de ganancia media, de la que se hablará en la segunda sección.

En la medida en que la ganancia se equipara cuantitativamente a la plusvalía, su magnitud, y la magnitud de la tasa de ganancia, están determinadas por las relaciones entre magnitudes numéricas simples, dadas o determinables en cada caso concreto. La investigación se mueve, pues, por lo pronto en un terreno puramente matemático.

Conservamos las denominaciones empleadas en los libros primero y segundo. El capital global C se divide en el capital constante c y el capital variable v, y produce una plusvalía p. La relación entre esta plusvalía y el capital variable adelantado, es decir, p/v, la llamamos tasa de plusvalía y la designamos con p′. Es, pues, p/v = p′ y, en consecuencia, p = p′v. Si esta plusvalía, en lugar de referirse al capital variable, se refiere al capital global, se llama ganancia (g), y la relación entre la plusvalía p y el capital global C, es decir, p/C, se llama tasa de ganancia g′. Tenemos, por tanto:

g′ = p/C = p/(c + v),

si sustituimos p por su valor hallado más arriba, p′v, tenemos

g′ = p′ v/C = p′ v/(c + v),

ecuación que también puede expresarse en la proporción:

g′ : p′ = v : C;

la tasa de ganancia es a la tasa de plusvalía como el capital variable es al capital global.

De esta proporción se sigue que g′, la tasa de ganancia, es siempre menor que p′, la tasa de plusvalía, porque v, el capital variable, es siempre menor que C, la suma de v + c, del capital variable y el constante; con la única excepción, prácticamente imposible, del caso en que v = C, es decir, en que el capitalista no adelantara en absoluto capital constante, ningún medio de producción, sino únicamente salario.

Sin embargo, en nuestra investigación entran además en consideración una serie de otros factores que influyen de manera determinante en la magnitud de c, v y p y que, por ello, deben mencionarse brevemente.

En primer lugar, el *valor del dinero*. Podemos suponerlo constante en todos los casos.

En segundo lugar, la *rotación*. Por el momento dejamos este factor completamente fuera de consideración, ya que su influencia sobre la tasa de ganancia se tratará especialmente en un capítulo posterior. {Aquí solo anticipamos un punto: que la fórmula g′ = p′ v/C solo es estrictamente correcta para *un* período de rotación del capital variable, pero que la hacemos correcta para la rotación anual poniendo, en lugar de p′, la tasa simple de plusvalía, p′n, la tasa anual de plusvalía; donde n es el número de rotaciones del capital variable en el transcurso de un año (véase el libro II, cap. XVI, I). — F. E.}.

En tercer lugar entra en consideración la *productividad del trabajo*, cuya influencia sobre la tasa de plusvalía se ha examinado detalladamente en el libro I, sección IV. Pero esta puede ejercer también una influencia directa sobre la tasa de ganancia, al menos de un capital individual, cuando, como se ha expuesto en el libro I, cap. X, pp. 323/314,[^k3-t2] este capital individual trabaja con una productividad superior a la productividad media social, representa sus productos en un valor inferior al valor social medio de la misma mercancía y realiza así una ganancia extraordinaria. Pero este caso no lo tomamos todavía en consideración aquí, puesto que también en esta sección seguimos partiendo del supuesto de que las mercancías se producen en condiciones socialmente normales y se venden por sus valores. Partimos, pues, en cada caso concreto del supuesto de que la productividad del trabajo permanece constante. En efecto, la composición de valor del capital invertido en una rama de la industria, es decir, una determinada relación entre el capital variable y el constante, expresa siempre un determinado grado de productividad del trabajo. Por tanto, en cuanto esta relación experimenta una variación por otra causa que no sea el mero cambio de valor de los componentes materiales del capital constante o la variación del salario, también la productividad del trabajo tiene que haber sufrido una variación, y por eso nos encontraremos a menudo con que las variaciones que se producen en los factores c, v y p implican igualmente variaciones en la productividad del trabajo.

Lo mismo vale para los otros tres factores restantes: la *duración de la jornada laboral*, la *intensidad del trabajo* y el *salario*. Su influencia sobre la masa y la tasa de plusvalía se ha expuesto detalladamente en el libro primero. Se comprende, pues, que, aunque para simplificar partamos siempre del supuesto de que estos tres factores permanecen constantes, las variaciones que se producen en v y en p puedan implicar igualmente cambios en la magnitud de estos momentos que las determinan. Y a este respecto basta recordar brevemente que el salario actúa sobre la magnitud de la plusvalía y el nivel de la tasa de plusvalía en sentido inverso a como actúan la duración de la jornada laboral y la intensidad del trabajo; que el aumento del salario reduce la plusvalía, mientras que la prolongación de la jornada laboral y el aumento de la intensidad del trabajo la incrementan.

Supongamos, por ejemplo, que un capital de 100 produce, con 20 obreros, con un trabajo de diez horas y un salario semanal global de 20, una plusvalía de 20; tenemos entonces:

80c + 20v + 20p; p′ = 100 %, g′ = 20 %.

Supongamos que la jornada laboral se prolonga, sin aumento del salario, a 15 horas; el producto de valor global de los 20 obreros aumenta con ello de 40 a 60 (10 : 15 = 40 : 60); como v, el salario pagado, sigue siendo el mismo, la plusvalía sube de 20 a 40, y tenemos:

80c + 20v + 40p; p′ = 200 %, g′ = 40 %.

Si, por otro lado, con un trabajo de diez horas, el salario baja de 20 a 12, tenemos un producto de valor global de 40, como al principio, pero se reparte de otra manera; v baja a 12 y deja, por tanto, un resto de 28 para p. Tenemos así:

80c + 12v + 28p; p′ = 233 1/3 %, g′ = 28/92 = 30 10/23 %.

Vemos, pues, que tanto la prolongación de la jornada laboral (o, igualmente, el aumento de la intensidad del trabajo) como la reducción del salario elevan la masa y, con ella, la tasa de plusvalía; a la inversa, un salario más alto, en igualdad de las demás circunstancias, rebajaría la tasa de plusvalía. Por tanto, si v crece por el aumento del salario, no expresa una cantidad de trabajo mayor, sino solo una cantidad de trabajo pagada más cara; p′ y g′ no suben, sino que bajan.

Aquí se muestra ya que las variaciones de la jornada laboral, de la intensidad del trabajo y del salario no pueden producirse sin una variación simultánea de v y p y de su relación, y por tanto también de g′, la relación entre p y c + v, el capital global; y es igualmente claro que las variaciones de la relación entre p y v implican asimismo cambios en al menos una de las tres condiciones del trabajo mencionadas.

En esto se muestra precisamente la particular relación orgánica del capital variable con el movimiento del capital global y con su valorización, así como su diferencia respecto del capital constante. El capital constante, en lo que respecta a la formación de valor, solo importa por el valor que tiene; y para la formación de valor es del todo indiferente que un capital constante de 1.500 £ represente, pongamos, 1.500 toneladas de hierro a 1 £ o 500 toneladas de hierro a 3 £. La cantidad de materiales reales que representa su valor es completamente indiferente para la formación de valor y para la tasa de ganancia, que varía en sentido inverso a ese valor, cualquiera que sea la relación entre el aumento o la disminución del valor del capital constante y la masa de valores de uso materiales que representa.

Muy distinto es lo que ocurre con el capital variable. Lo que importa ante todo no es el valor que tiene, el trabajo objetivado en él, sino ese valor como mero índice del trabajo global que pone en movimiento y que no está expresado en él; del trabajo global cuya diferencia respecto del trabajo expresado en el propio capital variable, y por tanto pagado, es decir, cuya parte formadora de plusvalía, es tanto mayor cuanto menor es el trabajo contenido en él mismo. Supongamos que una jornada laboral de 10 horas es igual a diez chelines = diez marcos. Si el trabajo necesario, el que repone el salario, es decir, el capital variable, es = 5 horas = 5 chelines, el plustrabajo es = 5 horas y la plusvalía = 5 chelines; si aquel es = 4 horas = 4 chelines, el plustrabajo es = 6 horas y la plusvalía = 6 chelines.

Por tanto, en cuanto la magnitud de valor del capital variable deja de ser índice de la masa de trabajo puesta en movimiento por él, y es más bien la medida de ese mismo índice la que cambia, la tasa de plusvalía varía a su vez en sentido opuesto y en proporción inversa.

Pasamos ahora a aplicar la ecuación anterior de la tasa de ganancia, g′ = p′ v/C, a los distintos casos posibles. Haremos variar sucesivamente el valor de cada uno de los factores de p′ v/C y determinaremos el efecto de estas variaciones sobre la tasa de ganancia. Obtendremos así diversas series de casos, que podemos considerar bien como circunstancias de acción sucesivamente modificadas de un mismo capital, bien como capitales distintos, existentes simultáneamente uno al lado de otro y puestos en comparación, por ejemplo en distintas ramas de la industria o en distintos países. Por tanto, si la interpretación de algunos de nuestros ejemplos como estados de un mismo capital sucesivos en el tiempo parece forzada o prácticamente imposible, esta objeción desaparece en cuanto se los entiende como comparación de capitales independientes.

Descomponemos, pues, el producto p′ v/C en sus dos factores, p′ y v/C; primero tratamos p′ como constante e investigamos el efecto de las posibles variaciones de v/C; después tomamos la fracción v/C como constante y hacemos pasar a p′ por las variaciones posibles; finalmente tomamos todos los factores como variables, y agotamos así todos los casos de los que pueden derivarse leyes sobre la tasa de ganancia.

### I. p′ constante, v/C variable

Para este caso, que comprende varios subcasos, puede establecerse una fórmula general. Si tenemos dos capitales C y C₁, con los respectivos componentes variables v y v₁, con la tasa de plusvalía p′ común a ambos y con las tasas de ganancia g′ y g′₁, entonces:

g′ = p′ v/C; g′₁ = p′ v₁/C₁.

Si ponemos ahora en relación entre sí C y C₁, así como v y v₁, si hacemos, por ejemplo, el valor de la fracción C₁/C = E y el de la fracción v₁/v = e, entonces C₁ = EC y v₁ = ev. Sustituyendo ahora en la ecuación anterior de g′₁ los valores así obtenidos de C₁ y v₁, tenemos:

g′₁ = p′ev/EC.

Pero de las dos ecuaciones anteriores podemos derivar todavía una segunda fórmula, convirtiéndolas en la proporción:

g′ : g′₁ = p′v/C : p′v₁/C₁ = v/C : v₁/C₁.

Como el valor de una fracción sigue siendo el mismo cuando se multiplican o se dividen numerador y denominador por el mismo número, podemos reducir v/C y v₁/C₁ a porcentajes, es decir, hacer C y C₁ ambos = 100. Tenemos entonces v/C = v/100 y v₁/C₁ = v₁/100, y podemos suprimir los denominadores en la proporción anterior, con lo que obtenemos:

g′ : g′₁ = v : v₁; o sea:

En dos capitales cualesquiera que funcionen con la misma tasa de plusvalía, las tasas de ganancia son entre sí como las partes variables del capital, calculadas en porcentaje sobre sus respectivos capitales globales.

Estas dos formas abarcan todos los casos de variación de v/C.

Antes de examinar uno por uno estos casos, una observación más. Como C es la suma de c y v, del capital constante y del variable, y como tanto la tasa de plusvalía como la tasa de ganancia se expresan habitualmente en porcentajes, resulta en general cómodo hacer también la suma c + v igual a cien, es decir, expresar c y v en porcentajes. Para la determinación, no ya de la masa, pero sí de la tasa de ganancia, es indiferente que digamos: un capital de 15.000, del que 12.000 son capital constante y 3.000 capital variable, produce una plusvalía de 3.000; o que reduzcamos este capital a porcentajes:

```
15.000 C = 12.000c + 3000v (+ 3000p)
100 C =    80c +     20v (+   20p)
```

En ambos casos la tasa de plusvalía es p′ = 100 % y la tasa de ganancia = 20 %.

Lo mismo ocurre cuando comparamos dos capitales entre sí, por ejemplo, el anterior con este otro capital:

```
12.000 C = 10.800c + 1200v (+ 1200p)
100 C =    90c +     10v (+   10p)
```

donde en ambos casos p′ = 100 % y g′ = 10 %, y donde la comparación con el capital anterior es mucho más clara en la forma porcentual.

En cambio, cuando se trata de variaciones que se producen en un mismo capital, la forma porcentual solo puede emplearse rara vez, porque casi siempre borra esas variaciones. Si un capital pasa de la forma porcentual:

80c + 20v + 20p

a la forma porcentual:

90c + 10v + 10p,

no puede verse si la composición porcentual modificada, 90c + 10v, ha surgido por una disminución absoluta de v o por un aumento absoluto de c, o por ambas cosas. Para ello necesitamos las magnitudes numéricas absolutas. Pero para la investigación de los distintos casos de variación que siguen, todo depende de cómo se haya producido esta variación: de si los 80c + 20v se han convertido en 90c + 10v porque, pongamos por caso, los 12.000c + 3.000v se han transformado, por aumento del capital constante y permaneciendo igual el variable, en 27.000c + 3.000v (en porcentaje, 90c + 10v); o de si han adoptado esta forma, permaneciendo igual el capital constante, por disminución del variable, es decir, por paso a 12.000c + 1.333 1/3v (en porcentaje, igualmente 90c + 10v); o, finalmente, por variación de ambos sumandos, por ejemplo, 13.500c + 1.500v (en porcentaje, de nuevo 90c + 10v). Pero precisamente tendremos que examinar sucesivamente todos estos casos y, con ello, renunciar a las comodidades de la forma porcentual, o emplearla solo en segundo término.

#### 1. p′ y C constantes, v variable

Cuando v cambia de magnitud, C solo puede permanecer invariable si el otro componente de C, a saber, el capital constante c, cambia su magnitud en la misma suma que v, pero en sentido opuesto. Si C es originariamente = 80c + 20v = 100 y v disminuye luego a 10, C solo puede seguir siendo = 100 si c sube a 90; 90c + 10v = 100. Dicho en general: si v se convierte en v ± d, en v aumentado o disminuido en d, c tiene que convertirse en c ± d, tiene que variar en la misma suma, pero en sentido opuesto, para que se cumplan las condiciones del presente caso.

Asimismo, con una tasa de plusvalía p′ constante pero un capital variable v cambiante, la masa de plusvalía p tiene que variar, ya que p = p′v, y en p′v uno de los factores, v, recibe otro valor.

Los supuestos de nuestro caso dan, junto a la ecuación originaria

g′ = p′v/C

por la variación de v, la segunda:

g′₁ = p′v₁/C

en la que v se ha convertido en v₁ y en la que hay que hallar g′₁, la tasa de ganancia modificada que de ello resulta.

Se la halla mediante la proporción correspondiente:

g′ : g′₁ = p′v/C : p′v₁/C = v : v₁.

O sea: con una tasa de plusvalía constante y un capital global constante, la tasa de ganancia originaria es a la surgida por la variación del capital variable como el capital variable originario es al modificado.

Si el capital era originariamente, como antes:

```
I.  15.000 C = 12.000c + 3.000v (+ 3.000p);
```

y ahora es:

```
II. 15.000 C = 13.000c + 2.000v (+ 2.000p);
```

entonces C = 15.000 y p′ = 100 % en ambos casos, y la tasa de ganancia de I, 20 %, es a la de II, 13 1/3 %, como el capital variable de I, 3.000, es al de II, 2.000; es decir, 20 % : 13 1/3 % = 3.000 : 2.000.

Ahora bien, el capital variable puede subir o bajar. Tomemos primero un ejemplo en el que sube. Supongamos que un capital está constituido originariamente y funciona como sigue:

```
I. 100c + 20v + 10p; C = 120, p′ = 50%, g′ = 8 1/3%.
```

Supongamos que el capital variable sube ahora a 30; entonces, según el supuesto, el capital constante tiene que bajar de 100 a 90 para que el capital global siga siendo invariablemente = 120. La plusvalía producida, con la misma tasa de plusvalía del 50 %, tiene que subir a 15. Tenemos, pues:

```
II. 90c + 30v + 15p; C = 120, p′ = 50%, g′ = 12 1/2%.
```

Partamos primero del supuesto de que el salario no varía. En tal caso, los demás factores de la tasa de plusvalía, la jornada laboral y la intensidad del trabajo, tienen que haber permanecido igualmente invariables. El aumento de v (de 20 a 30) solo puede significar, pues, que se emplea la mitad más de obreros. Entonces también el producto de valor global aumenta en la mitad, de 30 a 45, y se reparte, exactamente como antes, en 2/3 para el salario y 1/3 para la plusvalía. Pero al mismo tiempo, con el mayor número de obreros, el capital constante, el valor de los medios de producción, ha bajado de 100 a 90. Tenemos, pues, ante nosotros un caso de productividad decreciente del trabajo unida a una disminución simultánea del capital constante; ¿es este caso económicamente posible?

En la agricultura y en la industria extractiva, donde es fácil de comprender una disminución de la productividad del trabajo y, por tanto, un aumento del número de obreros empleados, este proceso —dentro de los límites de la producción capitalista y sobre su base— va unido no a una disminución, sino a un aumento del capital constante. Aun cuando la disminución de c antes indicada se debiera a una mera baja de precios, un capital individual solo podría llevar a cabo el paso de I a II en circunstancias completamente excepcionales. Pero en el caso de dos capitales independientes, invertidos en distintos países o en distintas ramas de la agricultura o de la industria extractiva, nada tendría de extraño que en uno de los casos se emplearan más obreros (y, por tanto, un capital variable mayor) y que estos trabajaran con medios de producción de menor valor o más escasos que en el otro.

Pero si abandonamos el supuesto de que el salario permanece igual y explicamos el aumento del capital variable de 20 a 30 por una subida del salario en la mitad, se presenta un caso completamente distinto. El mismo número de obreros —digamos 20 obreros— sigue trabajando con los mismos medios de producción o con medios solo insignificantemente reducidos. Si la jornada laboral permanece invariable —por ejemplo, en 10 horas—, el producto de valor global permanece igualmente invariable; sigue siendo 30. Pero estos 30 se necesitan en su totalidad para reponer el capital variable adelantado de 30; la plusvalía habría desaparecido. Ahora bien, se había supuesto que la tasa de plusvalía permanecía constante, es decir, que seguía, como en I, en el 50 %. Esto solo es posible si la jornada laboral se prolonga en la mitad, si se eleva a 15 horas. Los 20 obreros producirían entonces en 15 horas un valor global de 45, y se cumplirían todas las condiciones:

```
II. 90c + 30v + 15p; C = 120, p′ = 50%, g′ = 12 1/2%.
```

En este caso, los 20 obreros no necesitan más medios de trabajo, herramientas, máquinas, etc., que en el caso I; solo la materia prima o las materias auxiliares tendrían que aumentar en la mitad. Por tanto, si bajara el precio de estas materias, el paso de I a II, en nuestros supuestos, sería ya mucho más admisible económicamente también para un capital individual. Y el capitalista se vería compensado, al menos en cierta medida, por una ganancia mayor de la pérdida que pudiera haber sufrido por la desvalorización de su capital constante.

Supongamos ahora que el capital variable baja en lugar de subir. Entonces basta con invertir nuestro ejemplo anterior, tomar el n.º II como capital originario y pasar de II a I.

II. 90c + 30v + 15p se transforma entonces en

I. 100c + 20v + 10p, y es evidente que con esta inversión no se modifica en lo más mínimo ninguna de las condiciones que regulan las tasas de ganancia de uno y otro y su relación recíproca.

Si v baja de 30 a 20 porque, al crecer el capital constante, se emplea 1/3 menos de obreros, tenemos aquí ante nosotros el caso normal de la industria moderna: productividad creciente del trabajo, manejo de masas mayores de medios de producción por menos obreros. Que este movimiento va necesariamente unido a la caída simultánea de la tasa de ganancia es algo que se pondrá de manifiesto en la sección tercera de este libro.

Pero si v baja de 30 a 20 porque se emplea el mismo número de obreros, aunque con un salario más bajo, entonces, con la jornada laboral invariable, el producto de valor global seguiría siendo, como antes, 30v + 15p = 45; como v ha bajado a 20, la plusvalía subiría a 25, y la tasa de plusvalía del 50 % al 125 %, lo que iría contra el supuesto. Para permanecer dentro de las condiciones de nuestro caso, la plusvalía, a la tasa del 50 %, tiene que bajar más bien a 10, y por tanto el producto de valor global de 45 a 30, y esto solo es posible acortando la jornada laboral en 1/3. Entonces tenemos, como antes:

```
100c + 20v + 10p; p′ = 50%, g′ = 8 1/3%.
```

No hace falta decir que esta reducción del tiempo de trabajo con un salario en descenso no se daría en la práctica. Pero esto es indiferente. La tasa de ganancia es una función de varias variables, y si queremos saber cómo actúan estas variables sobre la tasa de ganancia, tenemos que examinar por orden el efecto aislado de cada una de ellas, sea o no económicamente admisible semejante efecto aislado en un mismo capital.

#### 2. p′ constante, v variable, C modificado por la variación de v

Este caso solo se distingue del anterior en grado. En lugar de que c disminuya o aumente en tanto como v aumenta o disminuye, aquí c permanece constante. Ahora bien, en las condiciones actuales de la gran industria y de la agricultura, el capital variable no es más que una parte relativamente pequeña del capital global y, por eso, la disminución o el crecimiento de este último, en la medida en que están determinados por la variación de aquel, son también relativamente pequeños. Si partimos de nuevo de un capital:

```
I. 100c + 20v + 10p; C = 120, p′ = 50%, g′ = 8 1/3%.
```

este se transformaría, por ejemplo, en:

```
II. 100c + 30v + 15p; C = 130, p′ = 50%, g′ = 11 7/13%.
```

El caso opuesto, el de la disminución del capital variable, quedaría ilustrado de nuevo por el paso inverso de II a I.

Las condiciones económicas serían en lo esencial las mismas que en el caso anterior y no requieren, por tanto, un nuevo examen. El paso de I a II implica una reducción a la mitad de la productividad del trabajo; el manejo de 100c exige en II la mitad más de trabajo que en I. Este caso puede darse en la agricultura.[^k3-9]

Pero mientras que en el caso anterior el capital global permanecía constante porque el capital constante se transformaba en variable o a la inversa, aquí, al aumentar la parte variable, se produce una inmovilización de capital adicional y, al disminuir, una liberación de capital antes empleado.

#### 3. p′ y v constantes, c y con ello también C variables

En este caso la ecuación

g′ = p′v/C se transforma en g′₁ = p′v/C₁,

y, suprimiendo los factores que aparecen en ambos lados, conduce a la proporción:

g′₁ : g′ = C : C₁;

con igual tasa de plusvalía e iguales partes variables del capital, las tasas de ganancia están en razón inversa de los capitales globales.

Si tenemos, por ejemplo, tres capitales o tres estados distintos del mismo capital:

```
I.   80c + 20v + 20p;  C = 100, p′ = 100%, g′ = 20%;
II.  100c + 20v + 20p; C = 120, p′ = 100%, g′ = 16 2/3%;
III. 60c + 20v + 20p;  C = 80,  p′ = 100%, g′ = 25%;
```

se tiene:

20 % : 16 2/3 % = 120 : 100 y 20 % : 25 % = 80 : 100.

La fórmula general dada antes para las variaciones de v/C con p′ constante era:

g′₁ = p′ev/EC; ahora se convierte en: g′₁ = p′v/EC,

ya que v no sufre ninguna variación y, por tanto, el factor e = v₁/v se hace aquí = 1.

Como p′v = p, la masa de plusvalía, y como p′ y v permanecen ambos constantes, tampoco p resulta afectada por la variación de C; la masa de plusvalía sigue siendo, después de la variación, la misma que antes.

Si c descendiera a cero, sería g′ = p′: la tasa de ganancia, igual a la tasa de plusvalía.

La variación de c puede surgir, bien de un mero cambio de valor de los elementos materiales del capital constante, bien de una composición técnica modificada del capital global, es decir, de una variación de la productividad del trabajo en la rama de producción de que se trate. En este último caso, la productividad creciente del trabajo social, que acompaña al desarrollo de la gran industria y de la agricultura, determinaría que el paso se produjera en el orden (en el ejemplo anterior) de III a I y de I a II. Una cantidad de trabajo que se paga con 20 y que produce un valor de 40 manejaría primero una masa de medios de trabajo por valor de 60; con una productividad creciente y un valor constante, los medios de trabajo manejados crecerían primero a 80 y después a 100. El orden inverso implicaría una disminución de la productividad; la misma cantidad de trabajo podría poner en movimiento menos medios de producción, la explotación se reduciría, como puede ocurrir en la agricultura, en las minas, etc.

El ahorro de capital constante eleva, por una parte, la tasa de ganancia y, por otra, libera capital; es, pues, de importancia para el capitalista. Este punto, así como el efecto de los cambios de precio de los elementos del capital constante, en particular de las materias primas, lo examinaremos más adelante con mayor detalle.

También aquí se muestra de nuevo que la variación del capital constante actúa de igual modo sobre la tasa de ganancia, tanto si esta variación se debe al aumento o a la disminución de los componentes materiales de c como si se debe a un mero cambio de su valor.

#### 4. p′ constante, v, c y C todos variables

En este caso sigue siendo determinante la fórmula general dada antes para la tasa de ganancia modificada:

g′₁ = p′ev/EC;

De ello se desprende que, con una tasa de plusvalía constante:

a) la tasa de ganancia baja si E es mayor que e, es decir, si el capital constante aumenta de tal modo que el capital global crece en una proporción mayor que el capital variable. Si un capital pasa de 80c + 20v + 20p a la composición 170c + 30v + 30p, p′ sigue siendo del 100 %, pero v/C baja de 20/100 a 30/200, a pesar de que tanto v como C han aumentado, y la tasa de ganancia baja en consecuencia del 20 % al 15 %.

b) la tasa de ganancia solo permanece invariable si e = E, es decir, si la fracción v/C conserva el mismo valor a pesar de una variación aparente, esto es, si numerador y denominador se multiplican o dividen por el mismo número. 80c + 20v + 20p y 160c + 40v + 40p tienen evidentemente la misma tasa de ganancia del 20 %, porque p′ sigue siendo = 100 % y v/C = 20/100 = 40/200 representa el mismo valor en ambos ejemplos.

c) la tasa de ganancia sube si e es mayor que E, es decir, si el capital variable crece en una proporción mayor que el capital global. Si 80c + 20v + 20p se convierte en 120c + 40v + 40p, la tasa de ganancia sube del 20 % al 25 %, porque, con p′ invariable, v/C = 20/100 ha subido a 40/160, de 1/5 a 1/4.

Cuando v y C cambian en el mismo sentido, podemos concebir esta variación de magnitud de manera que ambos varíen hasta cierto grado en la misma proporción, de modo que hasta ese punto v/C permanezca invariable. Más allá de ese grado solo variaría entonces uno de los dos, y con ello habremos reducido este caso más complicado a uno de los casos anteriores, más simples.

Si, por ejemplo, 80c + 20v + 20p pasa a 100c + 30v + 30p, la relación entre v y c, y por tanto también entre v y C, permanece invariable en esta variación hasta llegar a 100c + 25v + 25p. Hasta ese punto, por tanto, tampoco la tasa de ganancia se ve afectada. Podemos, pues, tomar ahora como punto de partida 100c + 25v + 25p: encontramos que v ha aumentado en 5, hasta 30v, y con ello C de 125 a 130, y tenemos así ante nosotros el segundo caso, el de la simple variación de v y la variación de C causada por ella. La tasa de ganancia, que originariamente era del 20 %, sube, por esta adición de 5v, con igual tasa de plusvalía, al 23 1/13 %.

La misma reducción a un caso más simple puede tener lugar aunque v y C cambien de magnitud en sentidos opuestos. Si partimos de nuevo, por ejemplo, de 80c + 20v + 20p y hacemos que pase a la forma 110c + 10v + 10p, con una variación hasta 40c + 10v + 10p la tasa de ganancia sería la misma que al principio, a saber, el 20 %. Añadiendo 70c a esta forma intermedia, desciende al 8 1/3 %. Hemos reducido así de nuevo el caso a un caso de variación de una sola variable, a saber, de c.

La variación simultánea de v, c y C no ofrece, pues, puntos de vista nuevos y en última instancia remite siempre a un caso en el que solo un factor es variable.

Incluso el único caso que queda está, en realidad, ya agotado: a saber, el caso en que v y C permanecen numéricamente iguales, pero sus elementos materiales sufren un cambio de valor, en el que, por tanto, v indica una cantidad modificada de trabajo puesto en movimiento, y c una cantidad modificada de medios de producción puestos en movimiento.

Supongamos que en 80c + 20v + 20p, 20v representa originariamente el salario de 20 obreros, a 10 horas de trabajo diarias. Supongamos que el salario de cada uno sube de 1 a 1 1/4. Entonces 20v ya no pagan a 20 obreros, sino solo a 16. Pero si los 20 producían en 200 horas de trabajo un valor de 40, los 16, a 10 horas diarias, es decir, en 160 horas de trabajo en total, solo producirán un valor de 32. Deducidos los 20v para el salario, de los 32 solo quedan entonces 12 para la plusvalía; la tasa de plusvalía habría bajado del 100 % al 60 %. Pero como, según el supuesto, la tasa de plusvalía tiene que permanecer constante, la jornada laboral tendría que prolongarse en 1/4, de 10 horas a 12 1/2; si 20 obreros, a 10 horas diarias = 200 horas de trabajo, producen un valor de 80,[^k3-t3] 16 obreros, a 12 1/2 horas diarias = 200 horas, producen el mismo valor, y el capital de 80c + 20v produciría, como antes, una plusvalía de 20.

A la inversa: si el salario baja de tal modo que 20v pagan el salario de 30 obreros, p′ solo puede permanecer constante si la jornada laboral se reduce de 10 a 6 2/3 horas. 20 × 10 = 30 × 6 2/3 = 200 horas de trabajo.

Ya se ha examinado antes, en lo esencial, hasta qué punto, en estos supuestos opuestos, c puede permanecer igual en su expresión de valor en dinero y representar, sin embargo, la cantidad modificada de medios de producción que corresponde a las relaciones modificadas. En su forma pura, este caso solo sería admisible de manera muy excepcional.

En cuanto al cambio de valor de los elementos de c que aumenta o disminuye su masa pero deja invariable la suma de valor c, no afecta ni a la tasa de ganancia ni a la tasa de plusvalía mientras no traiga consigo una variación de la magnitud de v.

Hemos agotado con esto todos los casos posibles de variación de v, c y C en nuestra ecuación. Hemos visto que la tasa de ganancia, con una tasa de plusvalía constante, puede bajar, permanecer igual o subir, ya que la más mínima variación en la relación entre v y c, o entre v y C, basta para modificar también la tasa de ganancia.

Se ha mostrado, además, que en la variación de v se llega siempre a un límite en el que la constancia de p′ se vuelve económicamente imposible. Como toda variación unilateral de c tiene que llegar igualmente a un límite en el que v ya no puede permanecer constante, resulta que todas las variaciones posibles de v/C tienen límites más allá de los cuales p′ tiene que volverse también variable. En las variaciones de p′, a cuyo examen pasamos ahora, esta interacción de las distintas variables de nuestra ecuación se pondrá de manifiesto con más claridad todavía.

### II. p′ variable

Una fórmula general para las tasas de ganancia con distintas tasas de plusvalía, sea que v/C permanezca constante o que varíe también, se obtiene haciendo pasar la ecuación

g′ = p′v/C

a esta otra:

g′₁ = p′₁v₁/C₁,

donde g′₁, p′₁, v₁ y C₁ designan los valores modificados de g′, p′, v y C.

Tenemos entonces:

g′ : g′₁ = p′v/C : p′₁v₁/C₁,

y de ahí:

g′₁ = p′₁/p′ × v₁/v × C/C₁ × g′.

#### 1. p′ variable, v/C constante

En este caso tenemos las ecuaciones:

g′ = p′v/C; g′₁ = p′₁v/C,

en las que v/C tiene el mismo valor. Se tiene, por tanto:

g′ : g′₁ = p′ : p′₁.

Las tasas de ganancia de dos capitales de igual composición son entre sí como sus dos tasas de plusvalía respectivas. Como en la fracción v/C lo que importa no son las magnitudes absolutas de v y C, sino solo la relación entre ambas, esto vale para todos los capitales de igual composición, cualquiera que sea su magnitud absoluta.

```
80c + 20v + 20p;  C = 100, p′ = 100%, g′ = 20%
160c + 40v + 20p; C = 200, p′ = 50%,  g′ = 10%
```

100 % : 50 % = 20 % : 10 %.

Si las magnitudes absolutas de v y C son las mismas en ambos casos, las tasas de ganancia son, además, entre sí como las masas de plusvalía:

g′ : g′₁ = p′v : p′₁v = p : p₁.

Por ejemplo:

```
80c + 20v + 20p; p′ = 100%, g′ = 20%
80c + 20v + 10p; p′ = 50%,  g′ = 10%
```

20 % : 10 % = 100 × 20 : 50 × 20 = 20p : 10p.

Ahora bien, es claro que en capitales de igual composición absoluta o porcentual la tasa de plusvalía solo puede ser distinta si es distinto el salario, o la duración de la jornada laboral, o la intensidad del trabajo. En los tres casos:

```
I.   80c + 20v + 10p; p′ = 50%,  g′ = 10%,
II.  80c + 20v + 20p; p′ = 100%, g′ = 20%,
III. 80c + 20v + 40p; p′ = 200%, g′ = 40%,
```

se genera un producto de valor global de 30 en I (20v + 10p), de 40 en II y de 60 en III. Esto puede ocurrir de tres maneras.

*En primer lugar*, si los salarios son distintos, es decir, si 20v expresa en cada caso un número distinto de obreros. Supongamos que en I se emplean 15 obreros durante 10 horas con un salario de 1 1/3 £ y producen un valor de 30 £, de las que 20 £ reponen el salario y 10 £ quedan como plusvalía. Si el salario baja a 1 £, pueden emplearse 20 obreros durante 10 horas, y producen entonces un valor de 40 £, de las que 20 £ son para el salario y 20 £ plusvalía. Si el salario baja todavía más, a 2/3 de £, se emplean 30 obreros durante 10 horas, que producen un valor de 60 £, de las que, deducidas 20 £ para el salario, quedan todavía 40 £ como plusvalía.

Este caso —composición porcentual constante del capital, jornada laboral constante, intensidad del trabajo constante, cambio de la tasa de plusvalía causado por el cambio del salario— es el único en que se cumple el supuesto de Ricardo:

«Las ganancias serían altas o bajas *exactamente en la proporción* en que los salarios fueran bajos o altos». (*Principles*, cap. I, secc. III, p. 18 de las *Works of D. Ricardo*, ed. MacCulloch, 1852.)

O, *en segundo lugar*, si la intensidad del trabajo es distinta. Entonces, por ejemplo, 20 obreros con los mismos medios de trabajo hacen en 10 horas de trabajo diarias 30 piezas de una determinada mercancía en I, 40 en II y 60 en III, cada una de las cuales representa, además del valor de los medios de producción consumidos en ella, un valor nuevo de 1 £. Como en cada caso 20 piezas = 20 £ reponen el salario, quedan para la plusvalía 10 piezas = 10 £ en I, 20 piezas = 20 £ en II y 40 piezas = 40 £ en III.

O, *en tercer lugar*, la jornada laboral es de distinta duración. Si, con igual intensidad, 20 obreros trabajan nueve horas diarias en I, doce en II y dieciocho en III, su producto global es, 30 : 40 : 60, como 9 : 12 : 18, y como el salario es en cada caso = 20, quedan de nuevo 10, 20 y 40, respectivamente, para la plusvalía.

El aumento o la reducción del salario actúa, pues, en sentido inverso, y el aumento o la reducción de la intensidad del trabajo y la prolongación o el acortamiento de la jornada laboral actúan en el mismo sentido sobre el nivel de la tasa de plusvalía y, con ello, con v/C constante, sobre la tasa de ganancia.

#### 2. p′ y v variables, C constante

En este caso vale la proporción:

g′ : g′₁ = p′v/C : p′₁v₁/C = p′v : p′₁v₁ = p : p₁.

Las tasas de ganancia son entre sí como las respectivas masas de plusvalía.

La variación de la tasa de plusvalía con un capital variable constante significaba una variación en la magnitud y en el reparto del producto de valor. La variación simultánea de v y p′ implica igualmente un reparto distinto, pero no siempre un cambio de magnitud del producto de valor. Son posibles tres casos:

a) La variación de v y p′ se produce en sentido opuesto, pero en la misma magnitud; por ejemplo:

```
80c + 20v + 10p; p′ = 50%,  g′ = 10%
90c + 10v + 20p; p′ = 200%, g′ = 20%.
```

El producto de valor es igual en ambos casos y, por tanto, también la cantidad de trabajo realizada; 20v + 10p = 10v + 20p = 30. La diferencia es solo que en el primer caso se pagan 20 como salario y quedan 10 para la plusvalía, mientras que en el segundo el salario asciende solo a 10 y la plusvalía, por tanto, a 20. Este es el único caso en que, con una variación simultánea de v y p′, el número de obreros, la intensidad del trabajo y la duración de la jornada laboral permanecen intactos.

b) La variación de p′ y v se produce igualmente en sentido opuesto, pero no en la misma magnitud en ambos. Entonces predomina la variación, bien de v, bien de p′.

```
I.   80c + 20v + 20p; p′ = 100%,    g′ = 20%
II.  72c + 28v + 20p; p′ = 71 3/7%, g′ = 20%
III. 84c + 16v + 20p; p′ = 125%,    g′ = 20%.
```

En I se paga con 20v un producto de valor de 40; en II, uno de 48 con 28v; en III, uno de 36 con 16v. Han variado tanto el producto de valor como el salario; pero una variación del producto de valor significa una variación de la cantidad de trabajo realizada, es decir, del número de obreros, de la duración del trabajo o de la intensidad del trabajo, o de varios de estos tres factores.

c) La variación de p′ y v se produce en el mismo sentido; entonces la una refuerza el efecto de la otra.

```
90c + 10v + 10p; p′ = 100%, g′ = 10%
80c + 20v + 30p; p′ = 150%, g′ = 30%
92c + 8v + 6p;   p′ = 75%,  g′ = 6%.
```

También aquí los tres productos de valor son distintos, a saber, 20, 50 y 14; y esta diferencia en la magnitud de la cantidad de trabajo de cada caso se reduce de nuevo a diferencias en el número de obreros, en la duración del trabajo, en la intensidad del trabajo, o en varios o todos estos factores.

#### 3. p′, v y C variables

Este caso no ofrece puntos de vista nuevos y queda resuelto mediante la fórmula general dada en el apartado II, p′ variable.

* * *

El efecto de un cambio de magnitud de la tasa de plusvalía sobre la tasa de ganancia da, pues, los siguientes casos:

1. g′ aumenta o disminuye en la misma proporción que p′ si v/C permanece constante.

```
80c + 20v + 20p; p′ = 100%, g′ = 20%
80c + 20v + 10p; p′ = 50%,  g′ = 10%
```

100 % : 50 % = 20 % : 10 %.

2. g′ sube o baja en una proporción mayor que p′ si v/C se mueve en el mismo sentido que p′, es decir, si aumenta o disminuye cuando p′ aumenta o disminuye.

```
80c + 20v + 10p; p′ = 50%,     g′ = 10%
70c + 30v + 20p; p′ = 66 2/3%, g′ = 20%
```

50 % : 66 2/3 % < 10 % : 20 %.

3. g′ sube o baja en una proporción menor que p′ si v/C cambia en sentido opuesto a p′, pero en una proporción menor.

```
80c + 20v + 10p; p′ = 50%,  g′ = 10%
90c + 10v + 15p; p′ = 150%, g′ = 15%
```

50 % : 150 % > 10 % : 15 %.

4. g′ sube aunque p′ baje, o baja aunque p′ suba, si v/C cambia en sentido opuesto a p′ y en una proporción mayor que esta.

```
80c + 20v + 20p; p′ = 100%, g′ = 20%
90c + 10v + 15p; p′ = 150%, g′ = 15%
```

p′ ha subido del 100 % al 150 %; g′ ha bajado del 20 % al 15 %.

5. Por último: g′ permanece constante aunque p′ suba o baje si v/C cambia de magnitud en sentido opuesto, pero exactamente en la misma proporción que p′.

Solo este último caso requiere todavía alguna explicación. Así como vimos antes, en las variaciones de v/C, que una misma tasa de plusvalía puede expresarse en las más diversas tasas de ganancia, vemos aquí que en la base de una misma tasa de ganancia pueden encontrarse tasas de plusvalía muy distintas. Pero mientras que, con p′ constante, cualquier variación en la relación entre v y C bastaba para provocar una diferencia en la tasa de ganancia, con un cambio de magnitud de p′ tiene que producirse un cambio de magnitud exactamente correspondiente, e inverso, de v/C para que la tasa de ganancia siga siendo la misma. Esto solo es posible de manera muy excepcional en un mismo capital o en dos capitales de un mismo país. Tomemos, por ejemplo, un capital

```
80c + 20v + 20p; C = 100, p′ = 100%, g′ = 20%,
```

y supongamos que el salario baja de tal modo que el mismo número de obreros se pudiera obtener ahora con 16v en lugar de con 20v. Tenemos entonces, en igualdad de las demás condiciones, con una liberación de 4v,

```
80c + 16v + 24p; C = 96, p′ = 150%, g′ = 25%.
```

Para que g′ fuera ahora = 20 %, como antes, el capital global tendría que crecer a 120, y por tanto el constante a 104:

```
104c + 16v + 24p; C = 120, p′ = 150%, g′ = 20%.
```

Esto solo sería posible si, al mismo tiempo que la reducción del salario, se produjera una variación en la productividad del trabajo que exigiera esta composición modificada del capital; o bien si el valor en dinero del capital constante subiera de 80 a 104; en suma, una coincidencia fortuita de condiciones como solo se da en casos excepcionales. En efecto, una variación de p′ que no implique simultáneamente una variación de v, y con ello también de v/C, solo es concebible en circunstancias muy determinadas, a saber, en aquellas ramas de la industria en las que solo se emplean capital fijo y trabajo, y el objeto de trabajo lo suministra la naturaleza.

Pero en la comparación de las tasas de ganancia de dos países las cosas son distintas. La misma tasa de ganancia expresa aquí, en efecto, la mayoría de las veces tasas de plusvalía distintas.

De todos los cinco casos se desprende, pues, que a una tasa de ganancia creciente puede corresponder una tasa de plusvalía decreciente o creciente; a una tasa de ganancia decreciente, una creciente o decreciente; a una tasa de ganancia constante, una tasa de plusvalía creciente o decreciente. Que una tasa de ganancia creciente, decreciente o constante puede corresponder igualmente a una tasa de plusvalía constante, lo hemos visto en el apartado I.

* * *

La tasa de ganancia está determinada, pues, por dos factores principales: la tasa de plusvalía y la composición de valor del capital. Los efectos de estos dos factores pueden resumirse brevemente como sigue, y aquí podemos expresar la composición en porcentajes, ya que es indiferente de cuál de las dos partes del capital parta la variación:

Las tasas de ganancia de dos capitales, o de un mismo capital en dos estados sucesivos distintos, *son iguales*:

1. con igual composición porcentual de los capitales e igual tasa de plusvalía.

2. con desigual composición porcentual y desigual tasa de plusvalía, si los productos de las tasas de plusvalía por las partes variables porcentuales del capital (los p′ y v), es decir, las masas de plusvalía calculadas en porcentaje sobre el capital global (p = p′v), son iguales; en otras palabras, si en ambos casos los factores p′ y v están en razón inversa el uno del otro.

*Son desiguales*:

1. con igual composición porcentual, si las tasas de plusvalía son desiguales, en cuyo caso son entre sí como las tasas de plusvalía.

2. con igual tasa de plusvalía y desigual composición porcentual, en cuyo caso son entre sí como las partes variables del capital.

3. con desigual tasa de plusvalía y desigual composición porcentual, en cuyo caso son entre sí como los productos p′v, es decir, como las masas de plusvalía calculadas en porcentaje sobre el capital global.[^k3-10]

## Capítulo cuarto. Efecto de la rotación sobre la tasa de ganancia

{El efecto de la rotación sobre la producción de plusvalía, y por tanto también de ganancia, se ha examinado en el libro segundo. Puede resumirse brevemente diciendo que, a causa del tiempo que requiere la rotación, no todo el capital puede emplearse simultáneamente en la producción; que, por tanto, una parte del capital está constantemente inactiva, ya sea en forma de capital dinerario, de existencias de materias primas, de capital mercantil terminado pero todavía no vendido, o de créditos todavía no vencidos; que el capital activo en la producción efectiva, es decir, en la creación y apropiación de plusvalía, se ve constantemente mermado en esa parte, y que la plusvalía creada y apropiada se reduce constantemente en la misma proporción. Cuanto más corto es el tiempo de rotación, tanto menor se hace esta parte inactiva del capital comparada con el todo; tanto mayor se hace también, por tanto, en igualdad de las demás circunstancias, la plusvalía apropiada.

Ya se ha expuesto detalladamente en el libro segundo cómo el acortamiento del tiempo de rotación, o de una de sus dos fases, el tiempo de producción y el tiempo de circulación, aumenta la masa de la plusvalía producida. Pero como la tasa de ganancia no expresa más que la relación entre la masa producida de plusvalía y el capital global comprometido en su producción, es evidente que todo acortamiento de este tipo eleva la tasa de ganancia. Lo que antes se expuso en la sección segunda del libro segundo en relación con la plusvalía vale igualmente para la ganancia y la tasa de ganancia, y no necesita repetirse aquí. Solo queremos destacar un par de momentos principales.

El medio principal para acortar el tiempo de producción es el aumento de la productividad del trabajo, lo que se suele llamar progreso de la industria. Si con ello no se produce al mismo tiempo un considerable aumento del desembolso global de capital por la instalación de maquinaria costosa, etc., y, en consecuencia, un descenso de la tasa de ganancia, que ha de calcularse sobre el capital global, esta tasa tiene que subir. Y este es decididamente el caso en muchos de los progresos más recientes de la metalurgia y de la industria química. Los procedimientos de fabricación del hierro y del acero descubiertos recientemente por Bessemer, Siemens, Gilchrist-Thomas y otros reducen a un mínimo, con costes relativamente pequeños, procesos que antes eran sumamente largos. La obtención de la alizarina, o colorante de la rubia, a partir del alquitrán de hulla logra en pocas semanas, y con las instalaciones fabriles que ya se empleaban hasta ahora para los colorantes de alquitrán de hulla, el mismo resultado que antes requería años; la rubia necesitaba un año para crecer, y luego se dejaban madurar las raíces varios años más antes de emplearlas en el teñido.

El medio principal para acortar el tiempo de circulación son las comunicaciones mejoradas. Y en esto los últimos cincuenta años han traído una revolución que solo puede compararse con la revolución industrial de la segunda mitad del siglo pasado. En tierra, la carretera de macadán ha sido relegada a un segundo plano por el ferrocarril, y en el mar el velero, lento e irregular, por la línea de vapores, rápida y regular; y el globo terrestre entero está rodeado por los hilos del telégrafo. El canal de Suez ha sido el que realmente ha abierto el Asia oriental y Australia al tráfico de vapores. El tiempo de circulación de un envío de mercancías al Asia oriental, que en 1847 era todavía de doce meses como mínimo (véase el libro II, p. 235),[^k3-t6] se ha vuelto reducible ahora a aproximadamente otras tantas semanas. Los dos grandes focos de crisis de 1825-1857, América y la India, se han acercado a los países industriales europeos en un 70-90 % gracias a esta revolución de los medios de comunicación, y con ello han perdido gran parte de su capacidad explosiva. El tiempo de rotación de todo el comercio mundial se ha acortado en la misma medida, y la capacidad de acción del capital que interviene en él se ha multiplicado por más de dos o tres. Que esto no ha dejado de tener efecto sobre la tasa de ganancia se entiende por sí mismo.

Para exponer en su pureza el efecto de la rotación del capital global sobre la tasa de ganancia, tenemos que suponer iguales todas las demás circunstancias en los dos capitales que vamos a comparar. Además de la tasa de plusvalía y de la jornada laboral, supongamos, pues, que también es igual, en particular, la composición porcentual. Tomemos ahora un capital A de composición 80c + 20v = 100 C, que, con una tasa de plusvalía del 100 %, rota dos veces al año. El producto anual es entonces:

160c + 40v + 40p. Pero para determinar la tasa de ganancia no calculamos estos 40p sobre el valor de capital rotado, de 200, sino sobre el adelantado, de 100, y obtenemos así g′ = 40 %.

Comparemos con él un capital B = 160c + 40v = 200 C, que rote con la misma tasa de plusvalía del 100 %, pero solo una vez al año. El producto anual es entonces, como antes:

160c + 40v + 40p. Pero esta vez los 40p tienen que calcularse sobre un capital adelantado de 200, lo que da para la tasa de ganancia solo el 20 %, es decir, solo la mitad de la tasa de A.

Resulta, pues, que en capitales de igual composición porcentual, con igual tasa de plusvalía e igual jornada laboral, las tasas de ganancia de dos capitales están en razón inversa de sus tiempos de rotación. Si en los dos casos comparados no son iguales la composición, o la tasa de plusvalía, o la jornada laboral, o el salario, ello genera, desde luego, otras diferencias en la tasa de ganancia; pero estas son independientes de la rotación y, por tanto, no nos interesan aquí; además, ya se han examinado en el cap. III.

El efecto directo del acortamiento del tiempo de rotación sobre la producción de plusvalía, y por tanto también de ganancia, consiste en la mayor eficacia que con ello se da a la parte variable del capital, sobre lo cual véase el libro II, cap. XVI: «La rotación del capital variable». Allí se mostró que un capital variable de 500 que rota diez veces al año se apropia en ese tiempo tanta plusvalía como un capital variable de 5.000 que, con igual tasa de plusvalía e igual salario, rota solo una vez al año.

Tomemos un capital I, compuesto de 10.000 de capital fijo, cuyo desgaste anual ascienda al 10 % = 1.000, 500 de capital circulante constante y 500 de capital variable. Con una tasa de plusvalía del 100 %, supongamos que el capital variable rota diez veces al año. Para simplificar, suponemos en todos los ejemplos siguientes que el capital constante circulante rota en el mismo tiempo que el variable, lo que en la práctica será también, la mayoría de las veces, aproximadamente así. Entonces el producto de uno de estos períodos de rotación será:

100c (desgaste) + 500c + 500v + 500p = 1.600

y el del año entero, de diez de estas rotaciones:

1.000c (desgaste) + 5.000c + 5.000v + 5.000p = 16.000, C = 11.000, p = 5.000, g′ = 5.000/11.000 = 45 5/11 %.

Tomemos ahora un capital II: capital fijo, 9.000; desgaste anual del mismo, 1.000; capital constante circulante, 1.000; capital variable, 1.000; tasa de plusvalía, 100 %; número de rotaciones anuales del capital variable: 5. El producto de cada período de rotación del capital variable será, pues:

200c (desgaste) + 1.000c + 1.000v + 1.000p = 3.200,

y el producto anual global, con cinco rotaciones:

1.000c (desgaste) + 5.000c + 5.000v + 5.000p = 16.000, C = 11.000, p = 5.000, g′ = 5.000/11.000 = 45 5/11 %.

Tomemos además un capital III en el que no haya ningún capital fijo, sino 6.000 de capital circulante constante y 5.000 de capital variable. Con una tasa de plusvalía del 100 %, supongamos que rota una vez al año. El producto global del año es entonces:

6.000c + 5.000v + 5.000p = 16.000, C = 11.000, p = 5.000, g′ = 5.000/11.000 = 45 5/11 %.

Tenemos, pues, en los tres casos la misma masa anual de plusvalía, = 5.000, y como el capital global es también igual en los tres casos, a saber, = 11.000, la misma tasa de ganancia del 45 5/11 %.

En cambio, si en el capital I anterior tenemos, en lugar de 10, solo 5 rotaciones anuales de la parte variable, las cosas cambian. El producto de una rotación es entonces:

200c (desgaste) + 500c + 500v + 500p = 1.700.

O sea, como producto anual:

1.000c (desgaste) + 2.500c + 2.500v + 2.500p = 8.500, C = 11.000, p = 2.500, g′ = 2.500/11.000 = 22 8/11 %.

La tasa de ganancia ha bajado a la mitad porque el tiempo de rotación se ha duplicado.

La masa de plusvalía apropiada en el transcurso del año es, pues, igual a la masa de la plusvalía apropiada en un período de rotación del capital *variable*, multiplicada por el número de esas rotaciones en el año. Si llamamos P a la plusvalía o ganancia apropiada anualmente, p a la plusvalía apropiada en un período de rotación, y n al número de rotaciones anuales del capital variable, entonces P = pn, y la tasa anual de plusvalía P′ = p′n, como ya se expuso en el libro II, cap. XVI, 1. La fórmula de la tasa de ganancia g′ = p′v/C = p′v/(c + v) solo es correcta, evidentemente, si la v del numerador es la misma que la del denominador. En el denominador, v es la parte total del capital global empleada por término medio como capital variable, en salarios. La v del numerador está determinada, en primer lugar, solo por haber producido y apropiado una cierta cantidad de plusvalía = p, cuya relación con ella, p/v, es la tasa de plusvalía p′. Solo por este camino la ecuación g′ = p/(c + v) se ha transformado en esta otra: g′ = p′v/(c + v). Ahora bien, la v del numerador se determina con más precisión en el sentido de que tiene que ser igual a la v del denominador, es decir, a toda la parte variable del capital C. En otras palabras, la ecuación g′ = p/C solo puede transformarse sin error en esta otra, g′ = p′v/(c + v), si p significa la plusvalía producida en *un* período de rotación del capital variable. Si p abarca solo una parte de esta plusvalía, p = p′v es ciertamente correcto, pero esta v es aquí menor que la v de C = c + v, porque se ha desembolsado en salarios menos que todo el capital variable. Pero si p abarca más que la plusvalía de una rotación de v, una parte de esta v, o también la totalidad, funciona dos veces, primero en la primera rotación y luego en la segunda, o en la segunda y las siguientes; la v que produce la plusvalía y que es la suma de todos los salarios pagados es, pues, mayor que la v de c + v, y el cálculo resulta incorrecto.

Para que la fórmula de la tasa anual de ganancia sea exactamente correcta, tenemos que poner, en lugar de la tasa simple de plusvalía, la tasa anual de plusvalía, es decir, poner P′ o p′n en lugar de p′. En otras palabras, tenemos que multiplicar p′, la tasa de plusvalía —o, lo que viene a ser lo mismo, la parte variable del capital v contenida en C—, por n, el número de rotaciones de este capital variable en el año, y obtenemos así: g′ = p′nv/C, que es la fórmula para calcular la tasa anual de ganancia.

Ahora bien, cuál es la magnitud del capital variable en un negocio es algo que en la inmensa mayoría de los casos ni siquiera sabe el propio capitalista. Hemos visto en el capítulo octavo del libro segundo, y lo veremos todavía más adelante, que la única diferencia dentro de su capital que se le impone al capitalista como esencial es la diferencia entre capital fijo y capital circulante. De la caja que contiene la parte del capital circulante que se encuentra en sus manos en forma de dinero, en la medida en que esta no está depositada en el banco, saca el dinero para los salarios, de la misma caja el dinero para las materias primas y auxiliares, y anota ambas cosas en una y la misma cuenta de caja. Y aunque llevara una cuenta especial de los salarios pagados, esta mostraría al cierre del año la suma pagada por ese concepto, es decir, vn, pero no el propio capital variable v. Para averiguarlo tendría que hacer un cálculo propio, del que vamos a dar aquí un ejemplo.

Tomamos para ello la hilatura de algodón de 10.000 husos de mule descrita en el libro I, pp. 209/201,[^k3-t8] y suponemos que los datos dados para una semana de abril de 1871 siguieron siendo válidos para todo el año. El capital fijo invertido en la maquinaria era de 10.000 £. El capital circulante no se indicaba; suponemos que era de 2.500 £, una estimación bastante alta, pero que está justificada por el supuesto, que aquí tenemos que hacer siempre, de que no tienen lugar operaciones de crédito, es decir, de que no hay utilización ni duradera ni temporal de capital ajeno. El producto semanal se componía, por su valor, de 20 £ por el desgaste de la maquinaria, 358 £ de adelanto de capital constante circulante (alquiler, 6 £; algodón, 342 £; carbón, gas, aceite, 10 £), 52 £ de capital variable desembolsado en salarios y 80 £ de plusvalía; es decir:

20c (desgaste) + 358c + 52v + 80p = 510.

El adelanto semanal de capital circulante era, pues, 358c + 52v = 410, y su composición porcentual = 87,3c + 12,7v. Calculado esto sobre todo el capital circulante de 2.500 £, da 2.182 £ de capital constante y 318 £ de capital variable. Como el desembolso total en salarios era en el año de 52 veces 52 £, es decir, de 2.704 £, resulta que el capital variable de 318 £ rotó en el año casi exactamente 8 1/2 veces. La tasa de plusvalía era 80/52 = 153 11/13 %. Con estos elementos calculamos la tasa de ganancia, sustituyendo en la fórmula g′ = p′nv/C los valores p′ = 153 11/13, n = 8 1/2, v = 318, C = 12.500; es decir:

g′ = 153 11/13 × 8 1/2 × 318/12.500 = 33,27 %.

Comprobamos esto empleando la fórmula simple g′ = p/C. La plusvalía global o ganancia del año asciende a 80 £ × 52 = 4.160 £, y esto, dividido por el capital global de 12.500 £, da, casi como antes, el 33,28 %, una tasa de ganancia anormalmente alta, que solo se explica por las circunstancias momentáneamente favorabilísimas (precios del algodón muy baratos junto a precios del hilo muy altos) y que en realidad seguramente no rigió durante todo el año.

En la fórmula g′ = p′nv/C, p′n es, como se ha dicho, lo que en el libro segundo se designó como la tasa anual de plusvalía. En el caso anterior asciende a 153 11/13 % × 8 1/2 o, calculado exactamente, a 1.307 9/13 %. Por tanto, si cierto hombre de bien se ha llevado las manos a la cabeza ante la monstruosidad de una tasa anual de plusvalía del 1.000 % planteada en un ejemplo en el libro segundo, quizá se tranquilice ante el hecho, que aquí se le presenta tomado de la práctica viva de Manchester, de una tasa anual de plusvalía de más del 1.300 %. En épocas de máxima prosperidad, como ciertamente no hemos vuelto a atravesar desde hace mucho tiempo, semejante tasa no es en modo alguno una rareza.

Tenemos aquí, de paso, un ejemplo de la composición efectiva del capital en la gran industria moderna. El capital global se divide en 12.182 £ de capital constante y 318 £ de capital variable, en total 12.500 £. O, en porcentajes: 97 1/2c + 2 1/2v = 100 C. Solo la cuadragésima parte del todo sirve, aunque retornando más de ocho veces al año, para pagar salarios.

Como sin duda a pocos capitalistas se les ocurre hacer semejantes cálculos sobre su propio negocio, la estadística guarda un silencio casi absoluto sobre la relación entre la parte constante del capital social global y la parte variable. Solo el censo norteamericano da lo que es posible en las condiciones actuales: la suma de los salarios pagados en cada rama de negocios y la de las ganancias obtenidas. Por sospechosos que sean estos datos, al basarse únicamente en declaraciones no controladas de los propios industriales, son sin embargo sumamente valiosos y lo único que tenemos sobre la materia. En Europa somos demasiado delicados para exigir a nuestros grandes industriales semejantes revelaciones. — F. E.}

## Capítulo quinto. La economía en el empleo del capital constante

### I. En general

El aumento de la plusvalía absoluta o la prolongación del plustrabajo y, por tanto, de la jornada laboral, con un capital variable que no cambia, es decir, empleando el mismo número de obreros por el mismo salario nominal —siendo indiferente que el tiempo extra se pague o no—, reduce relativamente el valor del capital constante frente al capital global y al capital variable, y eleva con ello la tasa de ganancia, aun prescindiendo del crecimiento y de la masa de la plusvalía y de la tasa de plusvalía, que posiblemente aumente. El volumen de la parte fija del capital constante, edificios fabriles, maquinaria, etc., sigue siendo el mismo tanto si se trabaja con él 16 horas como 12. La prolongación de la jornada laboral no exige ningún desembolso nuevo en esta parte del capital constante, que es la más costosa. A ello se añade que el valor del capital fijo se reproduce así en una serie más corta de períodos de rotación, es decir, que se acorta el tiempo por el que hay que adelantarlo para obtener una ganancia determinada. La prolongación de la jornada laboral aumenta, pues, la ganancia aun cuando el tiempo extra se pague, y, hasta cierto límite, aun cuando se pague más caro que las horas de trabajo normales. La necesidad siempre creciente de aumentar el capital fijo en el moderno sistema industrial fue, por tanto, para los capitalistas ávidos de ganancia, uno de los principales acicates para prolongar la jornada laboral.[^k4-11]

No se da la misma relación cuando la jornada laboral es constante. Aquí, o bien es necesario aumentar el número de obreros, y con ellos también, en cierta proporción, la masa del capital fijo, de los edificios, la maquinaria, etc., para explotar una masa mayor de trabajo (pues aquí se prescinde de descuentos sobre el salario o de que el salario se haga bajar por debajo de su nivel normal). O bien, cuando se trata de aumentar la intensidad del trabajo o, en su caso, de elevar la fuerza productiva del trabajo, de producir en general más plusvalía relativa, en las ramas industriales que emplean materia prima crece la masa de la parte circulante del capital constante, al elaborarse más materia prima, etc., en el lapso de tiempo dado; y, en segundo lugar, crece la maquinaria que pone en movimiento el mismo número de obreros, es decir, también esta parte del capital constante. El crecimiento de la plusvalía va acompañado, pues, de un crecimiento del capital constante; la creciente explotación del trabajo, de un encarecimiento de las condiciones de producción por medio de las cuales se explota el trabajo, esto es, de un mayor desembolso de capital. Con ello la tasa de ganancia disminuye por un lado, aunque por el otro aumente.

Toda una serie de gastos accesorios corrientes se mantiene casi o del todo igual con una jornada laboral más larga que con una más corta. Los gastos de vigilancia son menores para 500 obreros con 18 horas de trabajo que para 750 con 12 horas.

> «Los gastos de explotación de una fábrica con diez horas de trabajo son casi tan altos como con doce.» (*Rep. Fact., Oct. 1848*, p. 37.)[^k4-t24]

Los impuestos del Estado y del municipio, el seguro de incendios, el salario de diversos empleados permanentes, la depreciación de la maquinaria y otros diversos gastos accesorios de una fábrica siguen corriendo sin variación con un tiempo de trabajo largo o corto; en la medida en que la producción disminuye, aumentan en relación con la ganancia. (*Rep. Fact., Oct. 1862*, p. 19.)

El lapso de tiempo en que se reproduce el valor de la maquinaria y de otros componentes del capital fijo no está determinado en la práctica por el tiempo de su mera duración, sino por la duración global del proceso de trabajo durante el cual actúa y se desgasta. Si los obreros tienen que bregar 18 horas en lugar de 12, esto da tres días más por semana, una semana se convierte en semana y media, dos años en tres. Si el tiempo extra no se paga, los obreros dan, pues, gratis, además del tiempo normal de plustrabajo, la tercera semana por cada dos, el tercer año por cada dos. Y así la reproducción del valor de la maquinaria se incrementa en un 50 % y se consigue en 2/3 del tiempo que de otro modo sería necesario.

En esta investigación, como en la que trata de las oscilaciones de precio de la materia prima (en el cap. VI), partimos del supuesto de que la masa y la tasa de la plusvalía están dadas, para evitar complicaciones inútiles.

Como ya se subrayó al exponer la cooperación, la división del trabajo y la maquinaria[^k4-t1], la economía en las condiciones de producción que caracteriza la producción en gran escala nace esencialmente de que estas condiciones funcionan como condiciones de un trabajo social, socialmente combinado, es decir, como condiciones sociales del trabajo. Se consumen en común en el proceso de producción, por el obrero colectivo, en lugar de consumirse de forma dispersa por una masa de obreros inconexos o que, a lo sumo, cooperan directamente en pequeña escala. En una gran fábrica con uno o dos motores centrales, el coste de estos motores no crece en la misma proporción que su fuerza en caballos y, por tanto, que su posible esfera de acción; el coste de la maquinaria de transmisión no crece en la misma proporción que la masa de las máquinas de trabajo a las que comunica el movimiento; el cuerpo de la propia máquina de trabajo no se encarece en proporción al número creciente de herramientas con las que funciona como con sus órganos, etc. La concentración de los medios de producción ahorra además edificios de toda clase, no solo para los talleres propiamente dichos, sino también para los almacenes, etc. Lo mismo ocurre con los gastos de combustible, alumbrado, etc. Otras condiciones de producción siguen siendo las mismas, las utilicen pocos o muchos.

Pero toda esta economía, que nace de la concentración de los medios de producción y de su empleo masivo, presupone como condición esencial la aglomeración y la acción conjunta de los obreros, es decir, la combinación social del trabajo. Nace, por tanto, del carácter social del trabajo, igual que la plusvalía nace del plustrabajo de cada obrero individual considerado aisladamente. Incluso las mejoras constantes que aquí son posibles y necesarias nacen única y exclusivamente de las experiencias y observaciones sociales que procura y permite la producción del obrero colectivo combinado en gran escala.

Lo mismo vale para la segunda gran rama de la economía en las condiciones de producción. Nos referimos a la reconversión de los excrementos de la producción[^k4-t2], de sus llamados desperdicios, en nuevos elementos de producción, ya sea de la misma rama industrial o de otra; a los procesos por los que estos llamados excrementos son devueltos al ciclo de la producción y, por tanto, del consumo, productivo o individual. También esta rama de los ahorros, en la que entraremos con algo más de detalle más adelante, es el resultado del trabajo social en gran escala. Es el carácter masivo de estos desperdicios que corresponde a ese trabajo el que los convierte a su vez en objetos de comercio y, con ello, en nuevos elementos de la producción. Solo como desperdicios de una producción común y, por tanto, de la producción en gran escala, adquieren esta importancia para el proceso de producción y siguen siendo portadores de valor de cambio. Estos desperdicios —prescindiendo del servicio que prestan como nuevos elementos de producción— abaratan, en la medida en que vuelven a ser vendibles, el coste de la materia prima, en el que siempre va incluido su desperdicio normal, es decir, la cantidad que por término medio ha de perderse al elaborarla. La disminución del coste de esta parte del capital constante eleva pro tanto la tasa de ganancia, dados la magnitud del capital variable y la tasa de plusvalía.

Si la plusvalía está dada, la tasa de ganancia solo puede aumentar por disminución del valor del capital constante requerido para la producción de mercancías. En la medida en que el capital constante entra en la producción de las mercancías, no es su valor de cambio, sino su valor de uso, lo único que cuenta. Cuánto trabajo puede absorber el lino en una hilandería no depende de su valor, sino de su cantidad, si está dado el grado de productividad del trabajo, es decir, el nivel del desarrollo técnico. De igual modo, la ayuda que una máquina presta, por ejemplo, a tres obreros no depende de su valor, sino de su valor de uso como máquina. En un nivel del desarrollo técnico una máquina mala puede ser costosa; en otro, una máquina buena puede ser barata.

La ganancia acrecentada que obtiene un capitalista porque, por ejemplo, el algodón y la maquinaria de hilar se han abaratado es el resultado de la productividad acrecentada del trabajo, no ciertamente en la hilandería, pero sí en la construcción de máquinas y en el cultivo del algodón. Para objetivar una cantidad dada de trabajo, es decir, para apropiarse una cantidad dada de plustrabajo, se requiere un desembolso menor en las condiciones del trabajo. Bajan los costes que hacen falta para apropiarse esta cantidad determinada de plustrabajo.

Ya se ha hablado del ahorro que resulta del empleo en común de los medios de producción por el obrero colectivo —el obrero socialmente combinado— en el proceso de producción. Otro ahorro en el desembolso de capital constante, que nace del acortamiento del tiempo de circulación (en el que el desarrollo de los medios de comunicación es un factor material esencial), se examinará más adelante. Pero aquí hay que mencionar ya la economía que se deriva de la mejora continua de la maquinaria, a saber: 1. de su material, por ejemplo, hierro en lugar de madera; 2. del abaratamiento de la maquinaria por la mejora de la fabricación de máquinas en general, de modo que, aunque el valor de la parte fija del capital constante crece constantemente con el desarrollo del trabajo en gran escala, no crece ni de lejos en el mismo grado[^k4-12]; 3. de las mejoras especiales que permiten a la maquinaria ya existente trabajar más barato y con mayor eficacia, por ejemplo, la mejora de las calderas de vapor, etc., de lo que se tratará luego algo más en detalle; 4. de la disminución de los desperdicios gracias a una maquinaria mejor.

Todo lo que reduce el desgaste de la maquinaria y, en general, del capital fijo durante un período de producción dado no solo abarata la mercancía individual, puesto que cada mercancía individual reproduce en su precio la parte alícuota del desgaste que le corresponde, sino que reduce el desembolso alícuoto de capital para este período. Los trabajos de reparación y cosas semejantes, en la medida en que se hacen necesarios, se cuentan en el cálculo entre los costes originales de la maquinaria. Su disminución, a consecuencia de la mayor durabilidad de la maquinaria, reduce pro tanto el precio de esta.

De toda economía de este tipo vale a su vez, en gran parte, que solo es posible para el obrero combinado y que a menudo solo puede realizarse en trabajos de escala aún mayor, es decir, que exige una combinación aún mayor de obreros directamente en el proceso de producción.

Pero, por otro lado, el desarrollo de la fuerza productiva del trabajo en *una* rama de la producción, por ejemplo, en la producción de hierro, carbón, máquinas, en la construcción, etc., que en parte puede estar relacionado a su vez con progresos en el campo de la producción intelectual, especialmente de las ciencias naturales y su aplicación, aparece aquí como la condición de la disminución del valor y, con ello, del coste de los medios de producción en *otras* ramas industriales, por ejemplo, en la industria textil o en la agricultura. Esto se entiende por sí mismo, ya que la mercancía que sale como producto de una rama industrial vuelve a entrar como medio de producción en la otra. Su mayor o menor baratura depende de la productividad del trabajo en la rama de producción de la que sale como producto, y es a la vez condición no solo del abaratamiento de las mercancías en cuya producción entra como medio de producción, sino también de la disminución de valor del capital constante del que pasa a ser aquí elemento y, por tanto, de la elevación de la tasa de ganancia.

Lo característico de este tipo de economía del capital constante, que se deriva del desarrollo progresivo de la industria, es que aquí el aumento de la tasa de ganancia en *una* rama industrial se debe al desarrollo de la fuerza productiva del trabajo en *otra*. Lo que aquí redunda en beneficio del capitalista es, una vez más, una ganancia que es el producto del trabajo social, aunque no el producto de los obreros explotados directamente por él mismo. Aquel desarrollo de la fuerza productiva se reduce siempre, en última instancia, al carácter social del trabajo puesto en actividad; a la división del trabajo dentro de la sociedad; al desarrollo del trabajo intelectual, en especial de las ciencias naturales. Lo que el capitalista aprovecha aquí son las ventajas de todo el sistema de la división social del trabajo. Es el desarrollo de la fuerza productiva del trabajo en su departamento exterior, en el departamento que le suministra los medios de producción, lo que hace que aquí se reduzca relativamente el valor del capital constante empleado por el capitalista y que, por tanto, se eleve la tasa de ganancia.

Otro aumento de la tasa de ganancia no nace de la economía del trabajo con que se produce el capital constante, sino de la economía en el empleo del propio capital constante. Por la concentración de los obreros y su cooperación en gran escala se ahorra, por una parte, capital constante. Los mismos edificios, instalaciones de calefacción y alumbrado, etc., cuestan proporcionalmente menos para escalas de producción grandes que para pequeñas. Lo mismo vale para la maquinaria motriz y la de trabajo. Aunque su valor aumenta en términos absolutos, disminuye relativamente, en proporción a la creciente extensión de la producción y a la magnitud del capital variable o de la masa de fuerza de trabajo que se pone en movimiento. La economía que un capital aplica en su propia rama de producción consiste ante todo y directamente en economía de trabajo, es decir, en la reducción del trabajo pagado de sus propios obreros; la economía antes mencionada, en cambio, consiste en llevar a cabo esta máxima apropiación posible de trabajo ajeno no pagado de la manera más económica posible, es decir, con los menores costes posibles en la escala de producción dada. En la medida en que esta economía no descansa en la ya mencionada explotación de la productividad del trabajo social empleado en la producción del capital constante, sino en la economía en el empleo del propio capital constante, nace o bien directamente de la cooperación y de la forma social del trabajo dentro de la propia rama de producción determinada, o bien de la producción de la maquinaria, etc., en una escala en la que su valor no crece en el mismo grado que su valor de uso.

Hay que tener aquí presentes dos puntos. Si el valor de c fuera = 0, sería g′ = p′, y la tasa de ganancia estaría en su máximo. Pero, en segundo lugar, lo que importa para la explotación directa del trabajo mismo no es en modo alguno el valor de los medios de explotación empleados, ya sea del capital fijo, ya de las materias primas y auxiliares. En la medida en que sirven como absorbentes de trabajo, como medios en los que o por los que se objetiva el trabajo y, por tanto, también el plustrabajo, el valor de cambio de la maquinaria, de los edificios, de las materias primas, etc., es completamente indiferente. Lo único que importa es, por un lado, su masa, tal como se requiere técnicamente para combinarse con una cantidad determinada de trabajo vivo, y, por otro, su adecuación al fin, es decir, no solo una buena maquinaria, sino también buenas materias primas y auxiliares. De la calidad de la materia prima depende en parte la tasa de ganancia. Un buen material da menos desperdicio; se requiere, pues, una masa menor de materia prima para absorber la misma cantidad de trabajo. Además, es menor la resistencia que encuentra la máquina de trabajo. En parte, esto influye incluso en la plusvalía y en la tasa de plusvalía. Con una materia prima mala, el obrero necesita más tiempo para elaborar la misma cantidad; si el salario pagado no varía, esto da por resultado una merma del plustrabajo. Además, esto influye muy considerablemente en la reproducción y la acumulación del capital, que, como se expuso en el libro I, pp. 627/619 y siguientes[^k4-t4], depende aún más de la productividad que de la masa del trabajo empleado.

Se comprende, por tanto, el fanatismo del capitalista por economizar los medios de producción. Que nada se pierda ni se despilfarre, que los medios de producción solo se consuman de la manera que exige la propia producción, depende en parte del adiestramiento y la formación de los obreros, en parte de la disciplina que el capitalista ejerce sobre los obreros combinados y que se vuelve superflua en un estado de la sociedad en que los obreros trabajen por su propia cuenta, como ya ahora se vuelve casi del todo superflua con el salario a destajo. Este fanatismo se manifiesta también, a la inversa, en la falsificación de los elementos de producción, que es uno de los medios principales para reducir el valor del capital constante en relación con el variable y elevar así la tasa de ganancia; a lo que se añade todavía, como elemento importante de la estafa, la venta de estos elementos de producción por encima de su valor, en la medida en que este valor reaparece en el producto. Este factor desempeña un papel decisivo sobre todo en la industria alemana, cuyo principio es: a la gente no puede sino agradarle que primero le enviemos buenas muestras y después mala mercancía. Pero estos fenómenos, que pertenecen a la competencia, no nos interesan aquí.

Hay que advertir que este aumento de la tasa de ganancia producido por la disminución del valor, es decir, de lo costoso del capital constante, es totalmente independiente de que la rama industrial en que tiene lugar produzca artículos de lujo, o medios de subsistencia que entran en el consumo de los obreros, o medios de producción en general. Esta última circunstancia solo sería importante en la medida en que se tratara de la tasa de plusvalía, que depende esencialmente del valor de la fuerza de trabajo, es decir, del valor de los medios de subsistencia habituales del obrero. Aquí, en cambio, se suponen dadas la plusvalía y la tasa de plusvalía. La relación de la plusvalía con el capital global —y esto es lo que determina la tasa de ganancia— depende en estas circunstancias exclusivamente del valor del capital constante, y en modo alguno del valor de uso de los elementos de que se compone.

El abaratamiento relativo de los medios de producción no excluye, naturalmente, que su suma absoluta de valor crezca, pues el volumen absoluto en que se emplean aumenta extraordinariamente con el desarrollo de la fuerza productiva del trabajo y con la escala creciente de la producción que lo acompaña. La economía en el empleo del capital constante, se la considere por el lado que se quiera, es el resultado, en parte, exclusivamente de que los medios de producción funcionan y se consumen como medios de producción comunes del obrero combinado, de modo que esta economía misma aparece como un producto del carácter social del trabajo directamente productivo; pero, en parte, es el resultado del desarrollo de la productividad del trabajo en las esferas que suministran al capital sus medios de producción, de modo que, si se considera el trabajo global frente al capital global, y no meramente los obreros empleados por el capitalista X frente a este capitalista X, esta economía vuelve a presentarse como producto del desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo social, y la diferencia es solo que el capitalista X saca ventaja no solo de la productividad del trabajo de su propio taller, sino también de la de talleres ajenos. Y, sin embargo, la economía del capital constante se le aparece al capitalista como una condición totalmente ajena al obrero y que no le concierne en absoluto, con la que el obrero no tiene nada que ver; mientras que al capitalista le resulta siempre muy claro que el obrero sí tiene algo que ver con que el capitalista compre mucho o poco trabajo por el mismo dinero (pues así aparece en su consciencia la transacción entre capitalista y obrero). En un grado mucho mayor aún que en el caso de las demás fuerzas inherentes al trabajo, esta economía en el empleo de los medios de producción, este método de alcanzar un resultado determinado con los menores gastos, aparece como una fuerza inherente al capital y como un método peculiar del modo de producción capitalista y que lo caracteriza.

Este modo de representarse las cosas resulta tanto menos extraño cuanto que le corresponde la apariencia de los hechos y que la relación de capital oculta de hecho la conexión interna en la completa indiferencia, exterioridad y enajenación en que coloca al obrero frente a las condiciones de realización de su propio trabajo.

*Primero:* los medios de producción de que se compone el capital constante solo representan el dinero del capitalista (como el cuerpo del deudor romano representaba el dinero de su acreedor, según Linguet[^k4-t5]) y solo están en relación con él, mientras que el obrero, en la medida en que entra en contacto con ellos en el proceso de producción real, solo se ocupa de ellos como valores de uso de la producción, medios de trabajo y material de trabajo. La disminución o el aumento de este valor es, pues, una cosa que afecta a su relación con el capitalista tan poco como la circunstancia de que trabaje en cobre o en hierro. Ciertamente, al capitalista, como indicaremos más adelante, le gusta ver la cosa de otro modo en cuanto se produce un aumento del valor de los medios de producción y, con ello, una disminución de la tasa de ganancia.

*Segundo:* en la medida en que estos medios de producción son a la vez, en el proceso capitalista de producción, medios de explotación del trabajo, la relativa baratura o carestía de estos medios de explotación importa al obrero tan poco como a un caballo le importa que lo gobiernen con un bocado y unas riendas caros o baratos.

*Por último*, como hemos visto antes, el obrero se comporta de hecho frente al carácter social de su trabajo, frente a su combinación con el trabajo de otros para un fin común, como frente a un poder ajeno a él; las condiciones de realización de esta combinación son para él propiedad ajena, cuyo despilfarro le sería totalmente indiferente si no se le obligara a economizarla. Muy distinto es esto en las fábricas que pertenecen a los propios obreros, por ejemplo, en Rochdale[^k4-t6].

Apenas hace falta mencionar, por tanto, que, en la medida en que la productividad del trabajo en una rama de la producción aparece como abaratamiento y mejora de los medios de producción en la otra y sirve así para elevar la tasa de ganancia, esta conexión general del trabajo social se presenta como algo completamente ajeno a los obreros, que de hecho solo concierne al capitalista, en cuanto es él solo quien compra y se apropia estos medios de producción. Que compre el producto de los obreros de una rama de producción ajena con el producto de los obreros de su propia rama de producción y que, por tanto, solo disponga del producto de obreros ajenos en la medida en que se ha apropiado gratuitamente el de los suyos propios, es una conexión que el proceso de circulación, etc., encubre felizmente.

A ello se añade que, así como la producción en grande se desarrolla primero en la forma capitalista, el afán de ganancia, por un lado, y la competencia, por otro, que obliga a producir las mercancías lo más baratas posible, hacen que esta economía en el empleo del capital constante aparezca como algo peculiar del modo de producción capitalista y, por tanto, como función del capitalista.

Así como el modo de producción capitalista impulsa, por un lado, al desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo social, impulsa, por otro, a la economía en el empleo del capital constante.

Pero la cosa no se queda en la enajenación y la indiferencia entre el obrero, portador del trabajo vivo, de un lado, y el empleo económico, es decir, racional y ahorrativo, de sus condiciones de trabajo, del otro. Por su naturaleza contradictoria, antagónica, el modo de producción capitalista llega a contar el derroche de la vida y la salud del obrero, la degradación de sus propias condiciones de existencia, entre la economía en el empleo del capital constante y, con ello, entre los medios para elevar la tasa de ganancia.

Como el obrero pasa la mayor parte de su vida en el proceso de producción, las condiciones del proceso de producción son en gran parte condiciones de su proceso vital activo, sus condiciones de vida, y la economía en estas condiciones de vida es un método para elevar la tasa de ganancia; exactamente igual que ya vimos antes que el exceso de trabajo, la transformación del obrero en una bestia de labor, es un método para acelerar la autovalorización del capital, la producción de plusvalía. Esta economía se extiende al hacinamiento de obreros en locales estrechos e insalubres, lo que en lenguaje capitalista se llama ahorro en edificios; a la aglomeración de maquinaria peligrosa en los mismos locales y a la omisión de medios de protección contra el peligro; a la omisión de medidas de precaución en procesos de producción que por su naturaleza son insalubres o, como en las minas, están ligados a peligros, etc. Por no hablar de la ausencia de toda instalación destinada a humanizar el proceso de producción para el obrero, a hacérselo agradable o simplemente soportable. Desde el punto de vista capitalista, esto sería un derroche completamente carente de finalidad y de sentido. La producción capitalista es, en general, pese a toda su mezquindad, sumamente pródiga con el material humano, igual que, por otro lado, gracias a su método de distribuir sus productos mediante el comercio y a su modo de competencia, procede de manera muy derrochadora con los medios materiales, y pierde para la sociedad por un lado lo que gana por el otro para el capitalista individual.

Así como el capital tiene la tendencia a reducir el trabajo vivo, en su empleo directo, a trabajo necesario y a acortar constantemente el trabajo necesario para fabricar un producto mediante la explotación de las fuerzas productivas sociales del trabajo, es decir, a economizar en lo posible el trabajo vivo empleado directamente, tiene también la tendencia a emplear este trabajo, reducido a su medida necesaria, en las condiciones más económicas, es decir, a reducir el valor del capital constante empleado a su mínimo posible. Si el valor de las mercancías está determinado por el tiempo de trabajo necesario contenido en ellas, y no por el tiempo de trabajo contenido en ellas en general, es el capital el que realiza por primera vez esta determinación y a la vez acorta continuamente el tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción de una mercancía. El precio de la mercancía se reduce así a su mínimo, al reducirse a su mínimo cada parte del trabajo requerido para producirla.

En la economía en el empleo del capital constante hay que distinguir. Si crece la masa y, con ella, la suma de valor del capital empleado, esto es, en primer término, solo concentración de más capital en una sola mano. Pero es precisamente esta masa mayor empleada por una sola mano —a la que por lo general corresponde también una cantidad de trabajo empleado absolutamente mayor, pero relativamente más pequeña— la que permite la economía del capital constante. Considerando al capitalista individual, crece el volumen del desembolso de capital necesario, sobre todo en el capital fijo; pero en relación con la masa del material elaborado y del trabajo explotado, su valor disminuye relativamente.

Esto hay que desarrollarlo ahora brevemente con algunas ilustraciones. Empezamos por el final, por la economía en las condiciones de producción en la medida en que estas se presentan a la vez como condiciones de existencia y de vida del obrero.

### II. Ahorro en las condiciones de trabajo a costa de los obreros

#### Minas de carbón. Descuido de los desembolsos más necesarios.

> «Con la competencia que reina entre los propietarios de minas de carbón… no se hacen más desembolsos que los necesarios para vencer las dificultades físicas más palpables; y con la competencia entre los mineros, que por lo general abundan en exceso, estos se exponen gustosos a peligros considerables y a las influencias más nocivas por un salario que solo es un poco más alto que el de los jornaleros agrícolas de los alrededores, ya que el trabajo en las minas permite además emplear con provecho a sus hijos. Esta doble competencia basta por completo… para hacer que una gran parte de las minas se explote con el desagüe y la ventilación más imperfectos; a menudo con pozos mal construidos, malos varillajes, maquinistas incompetentes, con galerías y vías de acarreo mal trazadas y mal entibadas; y esto causa una destrucción de vidas, miembros y salud cuya estadística ofrecería un cuadro espantoso.» (*First Report on Children's Employment in Mines and Collieries etc., 21. April 1829*, p. 102.)

En las minas de carbón inglesas morían hacia 1860 por término medio 15 hombres a la semana. Según el informe sobre *Coal Mines Accidents* (6 de febrero de 1862), en los 10 años de 1852 a 1861 murieron en total 8466. Pero esta cifra, como dice el propio informe, es demasiado baja, ya que en los primeros años, cuando los inspectores acababan de ser nombrados y sus distritos eran demasiado grandes, una gran masa de accidentes y muertes ni siquiera se declaró. Precisamente el hecho de que, pese a la carnicería, todavía muy grande, y al número insuficiente y escaso poder de los inspectores, el número de accidentes haya disminuido mucho desde que se estableció la inspección, muestra la tendencia natural de la explotación capitalista. Estos sacrificios humanos se deben en su mayor parte a la sórdida avaricia de los propietarios de las minas, que, por ejemplo, a menudo solo hacían excavar un pozo, de modo que no solo no era posible una ventilación eficaz, sino tampoco una salida en cuanto ese único pozo quedaba obstruido.

La producción capitalista, si la consideramos en detalle y prescindimos del proceso de circulación y de las excrecencias de la competencia, procede de forma extremadamente ahorrativa con el trabajo realizado, objetivado en mercancías. En cambio, es, mucho más que cualquier otro modo de producción, una dilapidadora de hombres, de trabajo vivo, una dilapidadora no solo de carne y sangre, sino también de nervios y cerebro. De hecho, solo mediante el más monstruoso derroche de desarrollo individual se asegura y se lleva a cabo el desarrollo de la humanidad en general en la época histórica que precede inmediatamente a la reconstitución consciente de la sociedad humana. Como toda la economización de que aquí se trata nace del carácter social del trabajo, es de hecho precisamente este carácter inmediatamente social del trabajo el que engendra este derroche de la vida y la salud de los obreros. Característica a este respecto es ya la pregunta que plantea el inspector fabril R. Baker:

> «Toda la cuestión merece seria consideración: ¿de qué modo puede evitarse mejor este *sacrificio de vidas infantiles ocasionado por el trabajo en aglomeración*?» (*Rep. Fact., Oct. 1863*, p. 157.)

*Fábricas.* Corresponde aquí la supresión de todas las medidas de precaución para la seguridad, la comodidad y la salud de los obreros también en las fábricas propiamente dichas. Una gran parte de los partes de batalla que enumeran los heridos y los muertos del ejército industrial (véanse los informes fabriles anuales) procede de aquí. Lo mismo la falta de espacio, de ventilación, etc.

Todavía en octubre de 1855 se queja Leonard Horner[^k4-t8] de la resistencia de numerosísimos fabricantes a las disposiciones legales sobre los dispositivos de protección en los ejes horizontales, pese a que el peligro se demuestra continuamente por accidentes, a menudo mortales, y a que el dispositivo de protección no es costoso ni perturba en nada la explotación. (*Rep. Fact., Oct. 1855*, p. 6.) En esta resistencia contra estas y otras disposiciones legales, los fabricantes fueron lealmente apoyados por los jueces de paz no retribuidos, que, siendo la mayoría de ellos fabricantes o amigos de fabricantes, tenían que decidir sobre tales casos. De qué clase eran las sentencias de estos señores lo dijo el presidente del tribunal, Campbell, a propósito de una de ellas, contra la que se había apelado ante él: «Esto no es una interpretación de la ley del Parlamento, es sencillamente su abolición» (l. c., p. 11). En el mismo informe cuenta Horner que en muchas fábricas se pone en movimiento la maquinaria sin avisar antes a los obreros. Como también en la maquinaria parada hay siempre algo que hacer, siempre hay entonces manos y dedos ocupados en ella, y de esta simple omisión de una señal nacen continuos accidentes (l. c., p. 44). Los fabricantes habían formado por entonces una trades-union para resistir a la legislación fabril, la llamada «National Association for the Amendment of the Factory Laws»[^k4-t9], en Manchester, que en marzo de 1855, mediante cuotas de 2 chelines por caballo de fuerza, reunió una suma de más de 50.000 £ para sufragar con ella las costas de los procesos de sus miembros frente a las demandas judiciales de los inspectores fabriles y llevar los procesos en nombre de la asociación. Se trataba de demostrar que killing no murder[^k4-t10] cuando se hace por la ganancia. El inspector fabril de Escocia, sir John Kincaid, cuenta de una firma de Glasgow que, con el hierro viejo de su fábrica, dotó de dispositivos de protección a toda su maquinaria, lo que le costó 9 £ 1 chelín. Si se hubiera adherido a aquella asociación, habría tenido que pagar por sus 110 caballos de fuerza una cuota de 11 £, es decir, más de lo que le costó todo el dispositivo de protección. Pero la National Association se había fundado en 1854 expresamente para desafiar la ley que prescribía tales dispositivos de protección. Durante todo el tiempo de 1844 a 1854, los fabricantes no le habían prestado la menor atención. Por indicación de Palmerston, los inspectores fabriles anunciaron entonces a los fabricantes que ahora se iba a aplicar la ley en serio. Al punto fundaron los fabricantes su asociación, entre cuyos miembros más destacados muchos eran a su vez jueces de paz y, en esta calidad, tenían que aplicar ellos mismos la ley. Cuando, en abril de 1855, el nuevo ministro del Interior, sir George Grey, hizo una propuesta de compromiso según la cual el gobierno se contentaría con dispositivos de protección casi solo nominales, la asociación rechazó con indignación también esta. En diversos procesos, el famoso ingeniero William Fairbairn[^k4-t11] se prestó a jugarse su reputación como perito en favor de la economía y de la libertad ultrajada del capital. El jefe de la inspección fabril, Leonard Horner, fue perseguido y calumniado de todas las maneras por los fabricantes.

Los fabricantes, sin embargo, no descansaron hasta obtener una sentencia del Court of Queen's Bench[^k4-t12] según cuya interpretación la ley de 1844 no prescribía dispositivos de protección para los ejes horizontales colocados a más de 7 pies sobre el suelo; y, finalmente, en 1856, lograron, por medio del santurrón Wilson-Patten —uno de esos hombres piadosos cuya religión, exhibida para la galería, está siempre dispuesta a hacer trabajos sucios para complacer a los caballeros de la bolsa—, hacer aprobar una ley del Parlamento con la que, dadas las circunstancias, podían darse por satisfechos. La ley privó de hecho a los obreros de toda protección especial y los remitió, para la indemnización por accidentes causados por la maquinaria, a los tribunales ordinarios (pura burla, con las costas judiciales inglesas), mientras que, por otro lado, mediante una disposición muy sutilmente urdida sobre el peritaje que había que observar, hacía casi imposible a los fabricantes perder el proceso. La consecuencia fue un rápido aumento de los accidentes. En el semestre de mayo a octubre de 1858, el inspector Baker registró un aumento de los accidentes del 21 % solo respecto del semestre anterior. El 36,7 % de todos los accidentes, en su opinión, podía haberse evitado. Es cierto que en 1858 y 1859 el número de accidentes había disminuido considerablemente con respecto a 1845 y 1846, a saber, un 29 %, con un aumento del 20 % del número de obreros en las ramas industriales sometidas a la inspección. Pero ¿de dónde venía esto? En la medida en que la cuestión litigiosa ha quedado resuelta hasta ahora (1865), lo ha sido principalmente por la introducción de nueva maquinaria, en la que los dispositivos de protección vienen ya instalados de antemano y en la que el fabricante los tolera porque no le ocasionan costes extra. Además, algunos obreros habían logrado obtener fuertes indemnizaciones judiciales por los brazos perdidos y que estas sentencias se confirmaran hasta la última instancia. (*Rep. Fact., 30. April 1861*, p. 31; ídem, abril de 1862, p. 17.)

Hasta aquí lo referente a la economía en los medios para proteger la vida y los miembros de los obreros (entre ellos muchos niños) frente a los peligros que nacen directamente de su empleo junto a la maquinaria.

*Trabajo en locales cerrados en general.* Es sabido hasta qué punto la economía de espacio, y por tanto de edificios, hacina a los obreros en locales estrechos. A ello se añade además la economía en los medios de ventilación. Junto con un tiempo de trabajo más largo, ambas cosas producen un gran aumento de las enfermedades de los órganos respiratorios y, en consecuencia, una mayor mortalidad. Las ilustraciones siguientes están tomadas de los informes sobre *Public Health, 6th Rep. 1863*; el informe lo compiló el doctor John Simon[^k4-t13], bien conocido por nuestro libro I.

Así como es la combinación de los obreros y su cooperación lo que permite el empleo de la maquinaria en gran escala, la concentración de los medios de producción y la economía en su empleo, es este trabajo conjunto masivo en locales cerrados y en circunstancias en las que lo decisivo no es la salud de los obreros, sino la mayor facilidad para fabricar el producto —es esta concentración masiva en el mismo taller— la que, por un lado, es fuente de ganancia creciente para el capitalista y, por otro, si no se compensa a la vez con la brevedad del tiempo de trabajo y con medidas de precaución especiales, es al mismo tiempo causa del derroche de la vida y la salud de los obreros.

El doctor Simon establece como regla, que demuestra con una estadística masiva:

> «En la proporción en que la población de una comarca se ve obligada a trabajar en común en locales cerrados, en esa misma proporción aumenta, en igualdad de las demás circunstancias, la tasa de mortalidad de ese distrito a consecuencia de enfermedades pulmonares» (p. 23). La causa es la mala ventilación. «Y probablemente no hay en toda Inglaterra una sola excepción a la regla de que, en todo distrito que posee una industria importante practicada en locales cerrados, el aumento de la mortalidad de estos obreros basta para teñir la estadística de mortalidad de todo el distrito con un decidido exceso de enfermedades pulmonares» (p. 23).

De la estadística de mortalidad referente a industrias practicadas en locales cerrados, investigadas en 1860 y 1861 por la oficina de sanidad, resulta lo siguiente: para el mismo número de hombres de 15 a 55 años para el que en los distritos agrícolas ingleses se dan 100 muertes por tisis y otras enfermedades pulmonares, la cifra para una misma población masculina es: en Coventry, 163 muertes por tisis; en Blackburn y Skipton, 167; en Congleton y Bradford, 168; en Leicester, 171; en Leek, 182; en Macclesfield, 184; en Bolton, 190; en Nottingham, 192; en Rochdale, 193; en Derby, 198; en Salford y Ashton-under-Lyne, 203; en Leeds, 218; en Preston, 220, y en Manchester, 263 (p. 24). La tabla siguiente ofrece un ejemplo aún más contundente. Da las muertes por enfermedades pulmonares por separado para ambos sexos, para la edad de 15 a 25 años y calculadas por cada 100.000. Los distritos elegidos son aquellos en que solo las mujeres trabajan en la industria practicada en locales cerrados, mientras que los hombres están ocupados en todas las ramas de trabajo posibles.

En los distritos de la industria de la seda, donde la participación de los hombres en el trabajo fabril es mayor, también su mortalidad es considerable. La tasa de mortalidad por tisis, etc., en ambos sexos revela aquí, como dice el informe,

> «las indignantes (atrocious) condiciones sanitarias en que se practica una gran parte de nuestra industria de la seda».

Y esta es la misma industria de la seda en la que los fabricantes, invocando las condiciones sanitarias excepcionalmente favorables de su explotación, exigieron un tiempo de trabajo excepcionalmente largo para los niños menores de 13 años, y en parte lo obtuvieron (libro I, cap. VIII, 6, pp. 296/286).

| Distrito | Industria principal | Muertes por enfermedades pulmonares entre los 15 y los 25 años, calculadas por cada 100.000: hombres | mujeres |
|---|---|---:|---:|
| Berkhamstead | Trenzado de paja, practicado por mujeres | 219 | 578 |
| Leighton Buzzard | Trenzado de paja, practicado por mujeres | 309 | 554 |
| Newport Pagnell | Fabricación de encajes por mujeres | 301 | 617 |
| Towcester | Fabricación de encajes por mujeres | 239 | 577 |
| Yeovil | Fabricación de guantes, sobre todo por mujeres | 280 | 409 |
| Leek | Industria de la seda, predominan las mujeres | 437 | 856 |
| Congleton | Industria de la seda, predominan las mujeres | 566 | 790 |
| Macclesfield | Industria de la seda, predominan las mujeres | 593 | 890 |
| Comarca rural sana | Agricultura | 331 | 333 |

> «Probablemente ninguna de las industrias examinadas hasta ahora ha ofrecido un cuadro peor que el que da el doctor Smith de la sastrería… Los talleres, dice, son muy distintos en el aspecto sanitario; pero casi todos están abarrotados, mal ventilados y son en alto grado perjudiciales para la salud… Tales habitaciones son ya de por sí necesariamente calurosas; pero cuando se enciende el gas, como durante el día en tiempo de niebla y por la tarde en invierno, el calor sube a 80 y hasta 90 grados» (Fahrenheit, 27-33 °C) «y provoca un sudor que chorrea y la condensación del vaho en los cristales, de modo que el agua escurre continuamente o gotea desde la claraboya, y los obreros se ven obligados a mantener abiertas algunas ventanas, aunque al hacerlo se resfrían inevitablemente. Del estado de 16 de los talleres más importantes del West End de Londres da la siguiente descripción: el mayor espacio cúbico que corresponde a un obrero en estas habitaciones mal ventiladas es de 270 pies cúbicos; el menor, de 105 pies; por término medio, en todas ellas, solo 156 pies por hombre. En un taller rodeado por una galería y que solo tiene luz cenital trabajan de 92 a más de 100 personas y se quema una gran cantidad de mecheros de gas; los retretes están justo al lado, y el espacio no pasa de 150 pies cúbicos por hombre. En otro taller, que solo puede calificarse de perrera en un patio iluminado desde arriba y que solo puede ventilarse por un pequeño tragaluz, trabajan 5 o 6 personas en un espacio de 112 pies cúbicos por hombre.» Y «en estos infames (atrocious) talleres que describe el doctor Smith, los sastres trabajan habitualmente 12-13 horas al día, y en ciertas épocas el trabajo se prolonga durante 15-16 horas» (pp. 25, 26, 28).

| Número de personas ocupadas | Industria y localidad | Tasa de mortalidad por cada 100.000, en la edad de 25-35 años | 35-45 | 45-55 |
|---:|---|---:|---:|---:|
| 958.265 | Agricultura, Inglaterra y Gales | 743 | 805 | 1.145 |
| 22.301 hombres y 12.377 mujeres | Sastres, Londres | 958 | 1.262 | 2.093 |
| 13.803 | Cajistas e impresores, Londres | 894 | 1.747 | 2.367 |

(P. 30.) Hay que observar, y de hecho lo ha observado John Simon, el jefe del departamento médico del que procede el informe, que para la edad de 25-35 años la mortalidad de los sastres, cajistas e impresores de Londres figura demasiado baja, porque en ambas ramas de actividad los maestros londinenses reciben del campo un gran número de jóvenes (probablemente de hasta 30 años) como aprendices e «improvers», es decir, para perfeccionar su formación. Estos aumentan el número de ocupados sobre el que hay que calcular las tasas de mortalidad industrial de Londres; pero no contribuyen en la misma proporción al número de defunciones de Londres, porque su estancia allí es solo temporal; si enferman durante ese tiempo, vuelven a casa, al campo, y allí, si mueren, se registra la defunción. Esta circunstancia afecta aún más a las edades más tempranas y hace que las tasas de mortalidad de Londres para esas edades carezcan por completo de valor como medida de la insalubridad industrial (p. 30).

Algo semejante a lo de los sastres ocurre con los cajistas, en cuyo caso a la falta de ventilación, al aire pestilente, etc., se añade además el trabajo nocturno. Su tiempo de trabajo habitual dura de 12 a 13 horas, a veces de 15 a 16.

> «Gran calor y aire sofocante en cuanto se enciende el gas… No es raro que vapores de una fundición o malos olores de la maquinaria o de los pozos negros suban del piso de abajo y agraven los males de la habitación de arriba. El aire caldeado de los locales inferiores calienta los superiores ya solo por calentar el suelo, y cuando los locales son bajos y se consume mucho gas, esto es un gran mal. Peor aún es donde las calderas de vapor están en el local de abajo y llenan toda la casa de un calor indeseado… En general puede decirse que la ventilación es en todas partes deficiente y del todo insuficiente para eliminar el calor y los productos de la combustión del gas después de la puesta del sol, y que en muchos talleres, sobre todo donde antes eran viviendas, el estado de cosas es sumamente deplorable.» «En algunos talleres, sobre todo de semanarios, donde también se emplean muchachos de 12 a 16 años, se trabaja casi sin interrupción durante dos días y una noche; mientras que en otras imprentas que se dedican a despachar trabajo “urgente”, tampoco el domingo da descanso al obrero, y sus días de trabajo son 7 en lugar de 6 por semana.» (Pp. 26, 28.)

Las modistas (milliners and dressmakers) ya nos ocuparon en el libro I, cap. VIII, 3, pp. 249/241, a propósito del exceso de trabajo. Sus locales de trabajo los describe en nuestro informe el doctor Ord. Aunque sean mejores durante el día, durante las horas en que se quema gas están recalentados, viciados (foul) e insalubres. En 34 talleres de la mejor clase, el doctor Ord encontró que el número medio de pies cúbicos de espacio por cada obrera era:

> «En 4 casos, más de 500; en otros 4, 400-500; en otros 5, 300-400; en otros 5, 250-300; en otros 7, 200-250; en 4, 150-200; y, por último, en 9, solo 100-150[^k4-t14]. Incluso el más favorable de estos casos basta apenas para un trabajo continuado si el local no está perfectamente ventilado… Aun con buena ventilación, los talleres se vuelven muy calurosos y sofocantes al anochecer a causa de los numerosos mecheros de gas necesarios.»

Y he aquí la observación del doctor Ord sobre un taller que visitó, de la clase inferior, explotado por cuenta de un intermediario (middleman):

> «Una habitación de 1.280 pies cúbicos; personas presentes, 14; espacio para cada una, 91,5 pies cúbicos. Las obreras parecían aquí agotadas y consumidas. Se dijo que ganaban de 7 a 15 chelines por semana, además del té… Horas de trabajo, de 8 a 8. La pequeña habitación en que estaban hacinadas estas 14 personas estaba mal ventilada. Había dos ventanas móviles y una chimenea, que sin embargo estaba atascada; no había dispositivos especiales de ventilación de ninguna clase» (p. 27).

El mismo informe observa a propósito del exceso de trabajo de las modistas:

> «El exceso de trabajo de las jóvenes en las tiendas de modas elegantes solo reina durante unos 4 meses al año en el grado monstruoso que en muchas ocasiones ha provocado por un momento la sorpresa y la indignación del público; pero durante esos meses se trabaja en el taller, por regla general, 14 horas completas al día, y cuando se acumulan los encargos urgentes, durante días enteros 17-18 horas. En otras épocas del año se trabaja en el taller probablemente 10-14 horas; las que trabajan en casa están regularmente 12 o 13 horas en la tarea. En la confección de abrigos de señora, cuellos, camisas, etc., incluido el trabajo con la máquina de coser, las horas pasadas en el taller común son menos, por lo general no más de 10-12; pero, dice el doctor Ord, las horas de trabajo regulares están sujetas en ciertas casas, en ciertas épocas, a una prolongación considerable mediante horas extraordinarias pagadas aparte, y en otras casas el trabajo se lleva a casa para terminarlo después del horario regular: una y otra clase de exceso de trabajo, podemos añadir, son a menudo forzosas» (p. 28).

John Simon observa en una nota a esta página:

> «El señor Radcliffe, secretario de la Epidemiological Society, que tuvo especialmente muchas ocasiones de examinar la salud de modistas de las primeras casas comerciales, encontró que de cada 20 muchachas que decían de sí mismas que estaban “perfectamente bien”, solo una estaba sana; las demás mostraban diversos grados de agotamiento físico, de extenuación nerviosa y de numerosos trastornos funcionales derivados de ello. Como causas indica: en primer lugar, la longitud de las horas de trabajo, que calcula como mínimo en 12 diarias incluso en la temporada baja; y, en segundo lugar, el hacinamiento y la mala ventilación de los talleres, el aire viciado por los mecheros de gas, la alimentación insuficiente o mala y la falta de cuidado del bienestar doméstico.»

La conclusión a la que llega el jefe de la oficina de sanidad inglesa es que

> «a los obreros les es prácticamente imposible insistir en lo que teóricamente es su primer derecho sanitario: el derecho a que, sea cual sea el trabajo para cuya realización los reúna su patrono, este trabajo en común quede libre, en lo que de él dependa y a su costa, de todas las circunstancias innecesariamente nocivas para la salud; y a que, mientras los obreros mismos no están de hecho en condiciones de imponer por sí mismos esta justicia sanitaria, tampoco puedan esperar, pese a la presunta intención del legislador, ninguna ayuda eficaz de los funcionarios que han de aplicar la Nuisances Removal Act[^k4-t15]» (p. 29). «Sin duda, determinar el límite exacto a partir del cual los patronos deben quedar sometidos a la regulación presentará algunas pequeñas dificultades técnicas. Pero… en principio, el derecho a la protección de la salud es universal. Y en interés de miríadas de obreros y obreras cuya vida se ve ahora sin necesidad atrofiada y acortada por los infinitos sufrimientos físicos que engendra su mera ocupación, me atrevo a expresar la esperanza de que las condiciones sanitarias del trabajo se pongan de igual modo universalmente bajo una protección legal adecuada; al menos en la medida en que se garantice la ventilación eficaz de todos los locales de trabajo cerrados y en que, en toda rama de trabajo insalubre por naturaleza, se limite en lo posible la influencia particular que pone en peligro la salud.» (P. 31.)

### III. Economía en la generación de fuerza motriz, la transmisión de fuerza y los edificios

En su informe de octubre de 1852, L. Horner cita una carta del célebre ingeniero James Nasmyth, de Patricroft, inventor del martillo pilón de vapor, en la que, entre otras cosas, se dice:

> «El público conoce muy poco el enorme aumento de fuerza motriz que se ha obtenido mediante cambios de sistema y mejoras» (en las máquinas de vapor) «como aquellos de los que hablo. La fuerza mecánica de nuestro distrito» (Lancashire) «estuvo durante casi 40 años bajo la pesadilla de una tradición temerosa y llena de prejuicios, pero ahora, por fortuna, nos hemos emancipado. Durante los últimos 15 años, pero sobre todo en el curso de los últimos 4» (es decir, desde 1848), «se han producido algunos cambios muy importantes en el modo de funcionamiento de las máquinas de vapor de condensación… El resultado fue que las mismas máquinas realizaban una cantidad de trabajo mucho mayor, y ello, además, con una disminución muy considerable del consumo de carbón… Durante muchísimos años desde la introducción de la fuerza del vapor en las fábricas de estos distritos, la velocidad a la que se creía permitido hacer trabajar las máquinas de vapor de condensación era de unos 220 pies de carrera del pistón por minuto; es decir, una máquina con una carrera del émbolo de 5 pies estaba ya limitada reglamentariamente a 22 vueltas del cigüeñal. No se consideraba conveniente hacer marchar la máquina más deprisa; y como todo el mecanismo de transmisión estaba ajustado a esta velocidad de 220 pies de movimiento del émbolo por minuto, esta velocidad lenta y absurdamente limitada dominó todo el funcionamiento durante muchos años. Pero, por fin, ya fuera por un feliz desconocimiento de la norma, ya por mejores razones de algún audaz innovador, se probó una velocidad mayor y, como el resultado fue sumamente favorable, otros siguieron el ejemplo; se soltaron, como se decía, las riendas a la máquina y se modificaron las ruedas principales del mecanismo de transmisión de tal modo que la máquina de vapor pudiera hacer 300 pies y más por minuto, mientras la maquinaria se mantenía a su velocidad anterior… Esta aceleración de la máquina de vapor es hoy casi general, porque se ha visto que no solo se obtenía más fuerza aprovechable de la misma máquina, sino que además el movimiento, gracias al mayor momento del volante, era mucho más regular. Con la misma presión del vapor y el mismo vacío en el condensador, se obtenía más fuerza por la simple aceleración de la carrera del émbolo. Si, por ejemplo, mediante una modificación adecuada logramos que una máquina de vapor que a 200 pies por minuto da 40 caballos de fuerza haga, con la misma presión de vapor y el mismo vacío, 400 pies por minuto, tendremos exactamente el doble de fuerza; y como la presión del vapor y el vacío son los mismos en ambos casos, el esfuerzo de cada una de las piezas de la máquina y, con ello, el peligro de “accidentes” no aumentan sustancialmente con la mayor velocidad. Toda la diferencia es que consumimos más vapor en proporción al movimiento acelerado del émbolo, o aproximadamente; y además se produce un desgaste algo más rápido de los cojinetes o piezas de fricción, pero apenas digno de mención… Pero para obtener de la misma máquina más fuerza mediante un movimiento acelerado del émbolo, hay que quemar más carbón bajo la misma caldera o emplear una caldera de mayor capacidad de evaporación; en una palabra, hay que generar más vapor. Así se hizo, y se instalaron en las viejas máquinas “aceleradas” calderas con mayor capacidad de generación de vapor; de este modo, estas máquinas rindieron en muchos casos un 100 % más de trabajo. Hacia 1842, la generación extraordinariamente barata de fuerza de las máquinas de vapor en las minas de Cornualles empezó a atraer la atención; la competencia en la hilatura de algodón obligó a los fabricantes a buscar la principal fuente de su ganancia en los “ahorros”; la notable diferencia en el consumo de carbón por hora y caballo de fuerza que mostraban las máquinas de Cornualles, y asimismo los rendimientos extraordinariamente económicos de las máquinas de doble cilindro de Woolf, pusieron también en nuestra región en primer plano el ahorro de combustible. Las máquinas de Cornualles y las de doble cilindro daban un caballo de fuerza por hora por cada 3 1/2 a 4 libras de carbón, mientras que las máquinas de los distritos algodoneros consumían por lo general 8 o 12 libras por caballo y hora. Una diferencia tan considerable movió a los fabricantes y constructores de máquinas de nuestro distrito a conseguir, por medios semejantes, resultados tan extraordinariamente económicos como los que eran ya habituales en Cornualles y en Francia, donde el alto precio del carbón había obligado a los fabricantes a restringir en lo posible esta costosa rama de su negocio. Esto condujo a resultados muy importantes. Primero: muchas calderas cuya mitad de superficie, en los buenos viejos tiempos de las altas ganancias, quedaba expuesta al aire frío exterior fueron cubiertas ahora con gruesas capas de fieltro o con ladrillos y mortero y otros medios, con lo que se impedía la irradiación del calor generado con tanto coste. Los tubos de vapor se protegieron del mismo modo, y el cilindro se recubrió asimismo de fieltro y madera. En segundo lugar vino el empleo de la alta presión. Hasta entonces, la válvula de seguridad solo se había cargado hasta el punto de que se abría ya con 4, 6 u 8 libras de presión de vapor por pulgada cuadrada; ahora se vio que, elevando la presión a 14 o 20 libras…, se lograba un ahorro de carbón muy considerable; en otras palabras, el trabajo de la fábrica se realizaba con un consumo de carbón considerablemente menor… Quienes tenían los medios y la audacia para ello aplicaron el sistema de la presión aumentada y de la expansión en toda su amplitud y emplearon calderas de vapor construidas adecuadamente que suministraban vapor a una presión de 30, 40, 60 y 70 libras por pulgada cuadrada; una presión ante la que un ingeniero de la vieja escuela se habría desplomado de espanto. Pero como el resultado económico de esta mayor presión de vapor… se manifestó muy pronto en la forma inequívoca de libras, chelines y peniques, las calderas de alta presión se generalizaron casi por completo en las máquinas de condensación. Quienes llevaron a cabo la reforma de manera radical emplearon las máquinas de Woolf, y así se hizo en la mayoría de las máquinas construidas recientemente; a saber, las máquinas de Woolf con 2 cilindros, en uno de los cuales el vapor procedente de la caldera ejerce fuerza en virtud del exceso de su presión sobre la de la atmósfera, tras lo cual, en lugar de escapar como antes al aire libre después de cada carrera del émbolo, pasa a un cilindro de baja presión de una capacidad unas cuatro veces mayor y, después de efectuar allí una nueva expansión, se conduce al condensador. El resultado económico que se obtiene con tales máquinas es el rendimiento de un caballo de fuerza durante una hora por cada 3 1/2 a 4 libras de carbón; mientras que con las máquinas del sistema antiguo se necesitaban para ello de 12 a 14 libras. Un hábil dispositivo ha permitido aplicar el sistema de Woolf del doble cilindro, o de la máquina combinada de alta y baja presión, a máquinas más antiguas ya existentes, y aumentar así su rendimiento con un consumo de carbón a la vez menor. El mismo resultado se ha conseguido durante los últimos 8-10 años mediante la combinación de una máquina de alta presión con una máquina de condensación, de modo que el vapor utilizado por la primera pasaba a la segunda y la impulsaba. Este sistema es útil en muchos casos.»

> «No sería fácil obtener un estado exacto del aumento del rendimiento de trabajo de las mismas máquinas de vapor idénticas en las que se han introducido algunas de estas mejoras recientes o todas ellas. Pero estoy seguro de que, por el mismo peso de maquinaria de vapor, obtenemos ahora por término medio al menos un 50 % más de servicio o de trabajo, y de que en muchos casos la misma máquina de vapor que, en la época de la velocidad limitada a 220 pies por minuto, daba 50 caballos de fuerza, rinde ahora más de 100. Los resultados sumamente económicos del empleo del vapor de alta presión en las máquinas de condensación, así como las exigencias mucho mayores que se plantean a las viejas máquinas de vapor con vistas a ampliar los negocios, han llevado en los últimos tres años a la introducción de calderas tubulares, y con ello han vuelto a reducir considerablemente el coste de la generación de vapor.» (*Rep. Fact., Oct. 1852*, pp. 23-27.)

Lo que vale para la maquinaria que genera la fuerza vale también para la que la transmite y para la maquinaria de trabajo.

> «Los rápidos pasos con que se han desarrollado las mejoras de la maquinaria en los últimos años han permitido a los fabricantes ampliar la producción sin fuerza motriz adicional. El empleo más ahorrativo del trabajo se ha hecho necesario por el acortamiento de la jornada laboral, y en la mayoría de las fábricas bien dirigidas se sopesa siempre por qué camino puede aumentarse la producción con un desembolso menor. Tengo ante mí un estado, que debo a la amabilidad de un caballero muy inteligente de mi distrito, sobre el número y la edad de los obreros ocupados en su fábrica, las máquinas empleadas y el salario pagado durante el período de 1840 hasta hoy. En octubre de 1840, su firma ocupaba a 600 obreros, de ellos 200 menores de 13 años; en octubre de 1852, solo a 350 obreros, de ellos solo 60 menores de 13 años. Estaba en funcionamiento el mismo número de máquinas, salvo muy pocas, y en ambos años se pagó la misma suma en salarios.» (Informe de Redgrave[^k4-t18], en *Rep. Fact., Oct. 1852*, pp. 58, 59.)

Estas mejoras de la maquinaria solo muestran su pleno efecto cuando se instalan en edificios fabriles nuevos, dispuestos de manera adecuada.

> «A propósito de las mejoras de la maquinaria, tengo que señalar que se ha hecho sobre todo un gran progreso en la construcción de fábricas apropiadas para instalar esta nueva maquinaria… En la planta baja retuerzo todo mi hilo, y solo aquí instalo 29.000 husos de doblar. Solo en esta sala y en el cobertizo consigo un ahorro de trabajo de al menos un 10 %; no tanto a consecuencia de mejoras en el propio sistema de doblado como de la concentración de las máquinas bajo una dirección única; y puedo mover el mismo número de husos con un único eje motor, con lo que, en comparación con otras firmas, ahorro del 60 al 80 % en árboles de transmisión. Esto da además un gran ahorro de aceite, grasa, etc.… En suma, con la instalación perfeccionada de la fábrica y una maquinaria mejorada he ahorrado, calculando por lo bajo, un 10 % de trabajo y, además, mucho en fuerza, carbón, aceite, sebo, ejes motores y correas, etc.» (Declaración de un hilandero de algodón, *Rep. Fact., Oct. 1863*, pp. 109, 110.)

### IV. Aprovechamiento de los excrementos de la producción

Con el modo de producción capitalista se amplía la utilización de los excrementos de la producción y del consumo. Por los primeros entendemos los desperdicios de la industria y de la agricultura; por los segundos, en parte los excrementos que proceden del metabolismo natural del hombre, en parte la forma en que quedan los objetos de uso después de su uso. Excrementos de la producción son, pues, en la industria química, los subproductos que se pierden cuando la escala de producción es pequeña; las limaduras de hierro que caen en la fabricación de máquinas y vuelven a entrar como materia prima en la producción de hierro, etc. Excrementos del consumo son las materias naturales de excreción de los hombres, los restos de ropa en forma de trapos, etc. Los excrementos del consumo son los más importantes para la agricultura. En lo que respecta a su empleo, en la economía capitalista tiene lugar un despilfarro colosal; en Londres, por ejemplo, no sabe hacer nada mejor con el abono de 4 1/2 millones de personas que emplearlo, con costes enormes, para apestar el Támesis.

El encarecimiento de las materias primas es, naturalmente, el acicate para el aprovechamiento de los desperdicios.

En conjunto, las condiciones de esta reutilización son: el carácter masivo de tales excrementos, que solo se da con el trabajo en gran escala; la mejora de la maquinaria, con la que materiales que antes, en su forma dada, eran inutilizables pasan a adoptar una forma que sirve para la nueva producción; el progreso de la ciencia, especialmente de la química, que descubre las propiedades aprovechables de tales desperdicios. Es cierto que también en la agricultura pequeña, practicada a la manera de la horticultura, como por ejemplo en Lombardía, en el sur de China y en el Japón, tiene lugar una gran economía de este tipo. Pero, en conjunto, en este sistema la productividad de la agricultura se compra con un gran derroche de fuerza de trabajo humana, que se sustrae a otras esferas de la producción.

Los llamados desperdicios desempeñan un papel importante en casi todas las industrias. Así, en el informe fabril de octubre de 1863 se da como una de las razones principales por las que, tanto en Inglaterra como en muchas partes de Irlanda, los arrendatarios solo cultivan lino a disgusto y raras veces:

> «El gran desperdicio… que se produce al preparar el lino en los pequeños molinos de espadar movidos por fuerza hidráulica (scutch mills)… El desperdicio en el algodón es relativamente pequeño, pero en el lino es muy grande. Un buen tratamiento en el enriado en agua y en el espadado mecánico puede reducir considerablemente este inconveniente… En Irlanda, el lino se espada a menudo de la manera más vergonzosa, de modo que se pierde un 28-30 %»,

todo lo cual podría evitarse empleando una maquinaria mejor. La estopa caía en cantidades tan masivas que el inspector fabril dice:

> «Se me ha comunicado que en algunos de los molinos de espadar de Irlanda los espadadores han empleado a menudo en sus casas, como combustible en sus hogares, el desperdicio que allí se produce, y sin embargo es muy valioso.» (L. c., p. 140.)

Del desperdicio de algodón se hablará más adelante, cuando tratemos de las oscilaciones de precio de la materia prima.

La industria lanera fue más lista que la preparación del lino.

> «Antes era habitual desacreditar la preparación de desperdicios de lana y de trapos de lana para volver a trabajarlos, pero el prejuicio ha desaparecido por completo en lo que respecta al shoddy trade (industria de la lana artificial)[^k4-t19], que se ha convertido en una rama importante del distrito lanero de Yorkshire, y sin duda también el negocio de los desperdicios de algodón ocupará pronto el mismo lugar como rama de negocio que satisface una necesidad reconocida. Hace 30 años, los trapos de lana, es decir, los retazos de paño de pura lana, etc., valían por término medio unas 4 £ 4 chelines la tonelada; en los últimos años han llegado a valer 44 £ la tonelada. Y la demanda ha aumentado tanto que también se aprovechan tejidos mixtos de lana y algodón, pues se han encontrado medios para destruir el algodón sin dañar la lana; y ahora hay miles de obreros ocupados en la fabricación de shoddy, y el consumidor sale muy beneficiado, ya que ahora puede comprar paño de buena calidad media a un precio muy moderado.» (*Rep. Fact., Oct. 1863*, p. 107.)

La lana artificial así rejuvenecida constituía ya a finales de 1862 un tercio de todo el consumo de lana de la industria inglesa. (*Rep. Fact., Oct. 1862*, p. 81.) El «gran beneficio» para el «consumidor» consiste en que sus prendas de lana solo necesitan un tercio del tiempo de antes para gastarse y un sexto para quedar raídas.

La industria inglesa de la seda se movía por la misma pendiente. De 1839 a 1862, el consumo de seda cruda auténtica había disminuido algo, mientras que el de desperdicios de seda se había duplicado. Con una maquinaria mejorada se estaba en condiciones de fabricar con este material, bastante desprovisto de valor en otras partes, una seda utilizable para muchos fines.

El ejemplo más contundente de empleo de desperdicios lo proporciona la industria química. No solo consume sus propios desperdicios, al encontrarles nuevo empleo, sino también los de las más diversas industrias, y transforma, por ejemplo, el alquitrán de hulla, antes casi inútil, en colorantes de anilina, en colorante de rubia (alizarina) y, últimamente, también en medicamentos.

De esta economía de los excrementos de la producción mediante su reutilización hay que distinguir la economía en la producción de desperdicios, es decir, la reducción de los excrementos de la producción a su mínimo y el aprovechamiento directo, hasta el máximo, de todas las materias primas y auxiliares que entran en la producción.

El ahorro de desperdicios está condicionado en parte por la calidad de la maquinaria empleada. El aceite, el jabón, etc., se ahorran en la medida en que las piezas de las máquinas están trabajadas con más precisión y mejor pulidas. Esto se refiere a las materias auxiliares. Pero en parte, y esto es lo más importante, de la calidad de las máquinas y herramientas empleadas depende que una parte mayor o menor de la materia prima se convierta en desperdicio en el proceso de producción. Por último, esto depende de la calidad de la propia materia prima. Esta, a su vez, está condicionada en parte por el desarrollo de la industria extractiva y de la agricultura que la producen (por el progreso del cultivo en sentido propio), en parte por el perfeccionamiento de los procesos que la materia prima atraviesa antes de entrar en la manufactura.

> «Parmentier ha demostrado que, desde una época no muy lejana, por ejemplo, la de Luis XIV, el arte de moler el trigo se ha perfeccionado muy considerablemente en Francia, de modo que los nuevos molinos, comparados con los viejos, pueden dar hasta la mitad más de pan con la misma cantidad de trigo. En efecto, para el consumo anual de un habitante de París se contaron al principio 4 setiers de trigo, luego 3 y por último 2, mientras que hoy día es solo de 1 1/3 setier, o unas 342 libras por cabeza… En el Perche, donde viví mucho tiempo, molinos de construcción tosca, que tenían muelas de granito y de trapp, se han reconstruido según las reglas de la mecánica, que tanto ha progresado desde hace 30 años. Se les han puesto buenas muelas de La Ferté, se ha molido el trigo dos veces, se ha dado al cedazo un movimiento circular, y el producto en harina ha aumentado en 1/6 para la misma cantidad de trigo. Me explico, pues, fácilmente la enorme desproporción entre el consumo diario de trigo de los romanos y el nuestro; toda la razón reside sencillamente en la deficiencia de los procedimientos de molienda y de panificación. Así es como debo explicar también un hecho notable que menciona Plinio, XVIII, c. 20, 2… En Roma la harina se vendía, según su calidad, a 40, 48 o 96 ases el modio. Estos precios, tan altos en relación con los precios del trigo de la misma época, se explican por los molinos imperfectos, todavía entonces en su infancia, y los considerables costes de molienda que de ello se seguían.» (Dureau de la Malle, *Écon. Pol. des Romains*, París, 1840, I, pp. 280, 281.)[^k4-t21]

### V. Economía mediante inventos

Estos ahorros en el empleo del capital fijo son, como se ha dicho, el resultado de que las condiciones de trabajo se emplean en gran escala; en una palabra, de que sirven como condiciones de un trabajo directamente social, socializado, o de la cooperación directa dentro del proceso de producción. Por una parte, esta es la única condición bajo la cual pueden emplearse los inventos mecánicos y químicos sin encarecer el precio de la mercancía, y esta es siempre la conditio sine qua non. Por otra parte, solo con una gran escala de la producción se hacen posibles las economías que se derivan del consumo productivo en común. Pero, por último, solo la experiencia del obrero combinado descubre y muestra dónde y cómo economizar, cómo llevar a la práctica de la manera más sencilla los descubrimientos ya hechos, qué fricciones prácticas hay que vencer al llevar a cabo la teoría —al aplicarla al proceso de producción—, etc.

Dicho sea de paso, hay que distinguir entre trabajo general y trabajo en común. Ambos desempeñan su papel en el proceso de producción, ambos se convierten el uno en el otro, pero ambos se distinguen también.

Trabajo general es todo trabajo científico, todo descubrimiento, todo invento. Está condicionado en parte por la cooperación con los vivos, en parte por la utilización de los trabajos de los predecesores. El trabajo en común presupone la cooperación directa de los individuos.

Lo dicho más arriba recibe nueva confirmación en lo que se ha observado a menudo:

1. La gran diferencia de coste entre la primera construcción de una máquina nueva y su reproducción, sobre lo cual pueden consultarse Ure y Babbage[^k4-t22].

2. Los costes mucho mayores con que se explota en general un establecimiento basado en inventos nuevos, en comparación con los establecimientos posteriores que se levantan sobre sus ruinas, ex suis ossibus[^k4-t23]. Esto llega a tal punto que los primeros empresarios suelen ir a la quiebra y solo prosperan los posteriores, a cuyas manos llegan más baratos los edificios, la maquinaria, etc. Por eso es por lo general la clase más despreciable y miserable de capitalistas dinerarios la que saca la mayor ganancia de todos los nuevos desarrollos del trabajo general del espíritu humano y de su aplicación social mediante el trabajo combinado.

## Capítulo sexto. Efecto de los cambios de precio

### I. Fluctuaciones de precio de la materia prima; sus efectos directos sobre la tasa de ganancia

Aquí, como hasta ahora, se supone que no se produce ningún cambio en la tasa de plusvalía. Este supuesto es necesario para estudiar el caso en su pureza. Sería posible, no obstante, que, permaneciendo igual la tasa de plusvalía, un capital ocupara un número creciente o decreciente de obreros a consecuencia de la contracción o expansión que le causaran las fluctuaciones de precio de la materia prima que aquí vamos a considerar. En este caso, la masa de plusvalía podría variar con una tasa de plusvalía constante. Pero también esto ha de descartarse aquí como incidente. Si la mejora de la maquinaria y el cambio de precio de la materia prima actúan simultáneamente, ya sea sobre la masa de obreros ocupados por un capital dado, ya sobre el nivel del salario, basta con poner juntos 1. el efecto que la variación del capital constante produce sobre la tasa de ganancia, 2. el efecto que la variación del salario produce sobre la tasa de ganancia; el resultado se obtiene entonces por sí solo.

Pero en general hay que observar aquí, como en el caso anterior, lo siguiente: si se producen variaciones, sea a consecuencia de la economía del capital constante, sea a consecuencia de fluctuaciones de precio de la materia prima, afectan siempre a la tasa de ganancia, aunque dejen completamente intactos el salario y, por tanto, la tasa y la masa de la plusvalía. Alteran en p′ v/C la magnitud de C y, con ello, el valor de toda la fracción. También aquí es, pues, por completo indiferente —a diferencia de lo que se vio al considerar la plusvalía— en qué esferas de la producción ocurran estas variaciones; si los ramos de la industria afectados por ellas producen o no medios de subsistencia para los obreros o, respectivamente, capital constante para la producción de tales medios de subsistencia. Lo aquí desarrollado vale igualmente cuando las variaciones tienen lugar en producciones de lujo, y por producto de lujo ha de entenderse aquí toda producción que no se requiera para la reproducción de la fuerza de trabajo.

Bajo el nombre de materia prima se incluyen aquí también las materias auxiliares, como el índigo, el carbón, el gas, etc. Además, en la medida en que la maquinaria entra en consideración en este apartado, su propia materia prima consiste en hierro, madera, cuero, etc. Su propio precio está afectado, por tanto, por las fluctuaciones de precio de la materia prima que entra en su construcción. En la medida en que su precio se eleva por fluctuaciones de precio, sea de la materia prima de que está hecha, sea de la materia auxiliar que consume su funcionamiento, la tasa de ganancia cae pro tanto. Y a la inversa, a la inversa.

En las investigaciones que siguen nos limitaremos a las fluctuaciones de precio de la materia prima, no en cuanto entra como materia prima de la maquinaria que funciona como medio de trabajo o como materia auxiliar en su empleo, sino en cuanto entra como materia prima en el proceso de producción de la mercancía. Solo hay que señalar aquí esto: la riqueza natural en hierro, carbón, madera, etc., los elementos principales de la construcción y del empleo de la maquinaria, aparece aquí como fecundidad natural del capital y es un elemento en la determinación de la tasa de ganancia, independientemente de que el salario sea alto o bajo.

Como la tasa de ganancia es p/C, o = p/(c+v), está claro que todo lo que provoca un cambio en la magnitud de c, y por ello de C, produce igualmente un cambio en la tasa de ganancia, aun cuando p y v y su relación recíproca permanezcan inalterados. Ahora bien, la materia prima constituye una parte principal del capital constante. Incluso en los ramos de la industria en que no entra materia prima propiamente dicha, entra como materia auxiliar o como componente de la máquina, etc., y por eso sus fluctuaciones de precio influyen pro tanto en la tasa de ganancia. Si el precio de la materia prima cae en una suma = d, p/C, o p/(c+v), pasa a ser p/(C-d), o p/((c-d)+v). Sube, por tanto, la tasa de ganancia. A la inversa: si sube el precio de la materia prima, p/C, o p/(c+v), se convierte ahora en p/(C+d), o p/((c+d)+v); cae, por tanto, la tasa de ganancia. En igualdad de circunstancias, la tasa de ganancia cae y sube, pues, en sentido inverso al precio de la materia prima. De aquí se desprende, entre otras cosas, cuán importante es para los países industriales el bajo precio de la materia prima, aun cuando las fluctuaciones del precio de la materia prima no fueran acompañadas en absoluto de cambios en la esfera de venta del producto, es decir, aun prescindiendo por completo de la relación entre la demanda y la oferta. Se desprende además que el comercio exterior influye en la tasa de ganancia, aun prescindiendo de todo efecto que tenga sobre el salario mediante el abaratamiento de los medios de subsistencia necesarios. Afecta, en efecto, a los precios de las materias primas o auxiliares que entran en la industria o en la agricultura. A la comprensión, hasta ahora muy deficiente todavía, de la naturaleza de la tasa de ganancia y de su diferencia específica respecto de la tasa de plusvalía se debe que, por un lado, economistas que destacan la considerable influencia, comprobada por la experiencia práctica, de los precios de la materia prima sobre la tasa de ganancia la expliquen teóricamente de forma del todo errónea (Torrens), mientras que, por otro lado, economistas aferrados a los principios generales, como Ricardo, desconocen la influencia, por ejemplo, del comercio mundial sobre la tasa de ganancia.

Se comprende, por tanto, la gran importancia que tiene para la industria la supresión o rebaja de los aranceles sobre las materias primas; dejarlas entrar lo más libremente posible fue ya, por eso, doctrina principal del sistema proteccionista más racionalmente desarrollado. Este fue, junto a la abolición de los aranceles cerealistas, el objetivo principal de los free traders ingleses, que procuraron sobre todo que se suprimiera también el arancel sobre el algodón.

Como ejemplo de la importancia del abaratamiento, no de una materia prima propiamente dicha, sino de una materia auxiliar que, por cierto, es a la vez elemento principal de la alimentación, puede servir el uso de la harina en la industria algodonera. Ya en 1837 calculaba R. H. Greg[^k5-13] que los 100.000 telares mecánicos y 250.000 telares manuales de la tejeduría de algodón que funcionaban entonces en Gran Bretaña consumían anualmente 41 millones de libras de harina para encolar la urdimbre. A ello se añadía un tercio más de esa cantidad en el blanqueo y otros procesos. El valor total de la harina así consumida lo calcula en 342.000 £ anuales para los últimos diez años. La comparación con los precios de la harina en el continente mostraba que el recargo de precio impuesto a los fabricantes por los aranceles cerealistas había ascendido, solo para la harina, a 170.000 £ anuales. Para 1837 Greg lo estima en 200.000 £ como mínimo, y habla de una firma para la cual el recargo de precio de la harina ascendía a 1.000 £ anuales. A consecuencia de ello,

> «grandes fabricantes, hombres de negocios cuidadosos y calculadores, han dicho que diez horas de trabajo diario serían del todo suficientes si se abolieran los aranceles cerealistas». («Rep. Fact., Oct. 1848», p. 98.)

Los aranceles cerealistas se abolieron; además, el arancel sobre el algodón y otras materias primas; pero apenas se hubo logrado esto, la oposición de los fabricantes al proyecto de ley de las diez horas se hizo más violenta que nunca. Y cuando, pese a todo, la jornada fabril de diez horas se convirtió poco después en ley, la primera consecuencia fue un intento de rebaja general de los salarios.

El valor de las materias primas y auxiliares entra entero y de una sola vez en el valor del producto para el que se consumen, mientras que el valor de los elementos del capital fijo solo entra en el producto en la medida de su desgaste, es decir, solo poco a poco. De ahí se sigue que el precio del producto resulta afectado en un grado mucho mayor por el precio de la materia prima que por el del capital fijo, aunque la tasa de ganancia se determina por la suma de valor total del capital empleado, sea cual sea la parte de él que se haya consumido. Pero está claro —aunque esto solo se menciona de pasada, ya que aquí seguimos suponiendo que las mercancías se venden a su valor y, por tanto, las fluctuaciones de precio provocadas por la competencia no nos conciernen todavía— que la expansión o la contracción del mercado depende del precio de la mercancía individual y está en razón inversa del alza o de la baja de ese precio. Por eso, en la realidad se encuentra también que, al subir el precio de la materia prima, el precio del artículo fabricado no sube en la misma proporción que aquel, y que, al caer el precio de la materia prima, no baja en la misma proporción. De ahí que en el primer caso la tasa de ganancia caiga más, y en el otro suba más, de lo que ocurriría si las mercancías se vendieran a su valor.

Además: la masa y el valor de la maquinaria empleada crecen con el desarrollo de la fuerza productiva del trabajo, pero no en la misma proporción en que crece esa fuerza productiva, es decir, en que esa maquinaria suministra un producto mayor. En los ramos de la industria en que entra materia prima en general, es decir, donde el objeto de trabajo mismo es ya producto de un trabajo anterior, la creciente fuerza productiva del trabajo se expresa precisamente en la proporción en que una cantidad mayor de materia prima absorbe una cantidad determinada de trabajo, o sea, en la creciente masa de materia prima que, por ejemplo, en una hora de trabajo se transforma en producto, se elabora como mercancía. A medida, pues, que se desarrolla la fuerza productiva del trabajo, el valor de la materia prima constituye un componente siempre creciente del valor del producto-mercancía, no solo porque entra entero en él, sino porque en cada parte alícuota del producto global la parte que forma el desgaste de la maquinaria y la parte que forma el trabajo nuevamente añadido disminuyen ambas constantemente. A consecuencia de este movimiento descendente crece relativamente la otra parte de valor, la que forma la materia prima, si ese crecimiento no queda anulado por una disminución correspondiente del valor de la materia prima, derivada de la creciente productividad del trabajo empleado en su propia producción.

Además: como las materias primas y auxiliares, igual que el salario, constituyen componentes del capital circulante y, por tanto, tienen que reponerse constantemente enteras con lo obtenido en cada venta del producto, mientras que de la maquinaria solo hay que reponer el desgaste, y ello primero en forma de un fondo de reserva —en lo cual no es en verdad tan esencial que cada venta singular aporte su parte a ese fondo de reserva, con tal de que la venta anual entera suministre su cuota anual—, aquí se muestra de nuevo cómo un alza del precio de la materia prima puede recortar o frenar todo el proceso de reproducción, porque el precio obtenido de la venta de la mercancía no alcanza para reponer todos los elementos de la mercancía; o porque hace imposible continuar el proceso en un nivel adecuado a su base técnica, de modo que o solo puede ocuparse una parte de la maquinaria o la maquinaria entera no puede trabajar todo el tiempo habitual.

Por último, los costes ocasionados por los desperdicios varían en razón directa de las fluctuaciones de precio de la materia prima: suben cuando ella sube y caen cuando cae. Pero también aquí hay un límite. En 1850 se decía todavía:

> «Una fuente de pérdidas considerables derivada del alza de precio de la materia prima difícilmente llamaría la atención de nadie que no sea hilandero práctico, a saber, la pérdida por desperdicio. Se me informa de que, cuando sube el algodón, el coste para el hilandero, especialmente en las calidades inferiores, crece en mayor proporción que la indicada por el recargo de precio pagado. El desperdicio al hilar hilos gruesos asciende a algo más del 15 %; por tanto, si esta proporción ocasiona una pérdida de ½ penique por libra con un precio del algodón de 3½ peniques, eleva la pérdida por libra a 1 penique en cuanto el algodón sube a 7 peniques por libra.» («Rep. Fact., April 1850», p. 17.)

Pero cuando, a consecuencia de la guerra civil norteamericana, el algodón subió a precios inauditos desde hacía casi cien años, el informe decía algo muy distinto:

> «El precio que se da ahora por el desperdicio de algodón y la reintroducción del desperdicio en la fábrica como materia prima ofrecen alguna compensación por la diferencia, en la pérdida por desperdicio, entre el algodón indio y el norteamericano. Esta diferencia asciende aproximadamente al 12½ %. La pérdida al elaborar algodón indio es del 25 %, de modo que en realidad el algodón le cuesta al hilandero ¼ más de lo que paga por él. La pérdida por desperdicio no era tan importante cuando el algodón norteamericano estaba a 5 o 6 peniques la libra, pues no pasaba de ¾ de penique por libra; pero ahora es muy importante, cuando la libra de algodón cuesta 2 chelines y la pérdida por desperdicio asciende, por tanto, a 6 peniques.»[^k5-14] («Rep. Fact., Oct. 1863», p. 106.)

### II. Aumento de valor y desvalorización, liberación e inmovilización de capital

Los fenómenos que estudiamos en este capítulo presuponen, para su pleno desarrollo, el sistema de crédito y la competencia en el mercado mundial, el cual constituye en general la base y la atmósfera vital del modo de producción capitalista. Pero estas formas más concretas de la producción capitalista solo pueden exponerse de manera exhaustiva después de haber comprendido la naturaleza general del capital; además, su exposición queda fuera del plan de nuestra obra y pertenece a su eventual continuación. No obstante, los fenómenos indicados en el título pueden tratarse aquí en términos generales. Están relacionados, en primer lugar, entre sí y, en segundo lugar, tanto con la tasa como con la masa de la ganancia. Hay que exponerlos brevemente, ya solo porque producen la apariencia de que no solo la tasa, sino también la masa de la ganancia —que en realidad es idéntica a la masa de la plusvalía— puede disminuir y aumentar independientemente de los movimientos de la plusvalía, ya sea de su masa o de su tasa.

¿Han de considerarse la liberación y la inmovilización de capital, por un lado, y el aumento de valor y la desvalorización, por otro, como fenómenos distintos?

La primera pregunta es esta: ¿qué entendemos por liberación e inmovilización de capital? El aumento de valor y la desvalorización se entienden por sí mismos. No significan sino que un capital existente, a consecuencia de cualesquiera circunstancias económicas generales —pues no se trata de los destinos particulares de un capital privado cualquiera—, aumenta o disminuye de valor; es decir, que el valor del capital adelantado a la producción sube o baja, haciendo abstracción de su valorización por el plustrabajo que emplea.

Por inmovilización de capital entendemos que, del valor total del producto, determinadas proporciones dadas tienen que volver a transformarse en los elementos del capital constante o variable si la producción ha de proseguir en su antigua escala. Por liberación de capital entendemos que una parte del valor total del producto, que hasta entonces tenía que volver a transformarse en capital constante o en capital variable, queda disponible y sobrante si la producción ha de continuar dentro de los límites de la antigua escala. Esta liberación o inmovilización de capital es distinta de la liberación o inmovilización de rédito.[^k5-t12] Si la plusvalía anual de un capital C es, por ejemplo, = x, puede ocurrir que, a consecuencia del abaratamiento de las mercancías que entran en el consumo de los capitalistas, x - a baste para procurar la misma masa de disfrutes, etc., que antes. Se libera, pues, una parte del rédito = a, que ahora puede servir para ampliar el consumo o para volver a transformarse en capital (para la acumulación). A la inversa: si se requiere x + a para mantener el mismo tenor de vida, o bien hay que restringirlo, o bien una parte del ingreso = a, que antes se acumulaba, tiene que gastarse ahora como rédito.

El aumento de valor y la desvalorización pueden afectar al capital constante o al variable, o a ambos, y en el capital constante pueden referirse a su vez a la parte fija o a la circulante, o a ambas.

En el capital constante hay que considerar: las materias primas y auxiliares, entre las que se cuentan también los productos semielaborados, que aquí reunimos bajo el nombre de materias primas, y la maquinaria y demás capital fijo.

Más arriba hemos considerado en especial la variación del precio, o respectivamente del valor, de la materia prima en relación con su influencia sobre la tasa de ganancia, y hemos establecido la ley general de que, en igualdad de circunstancias, la tasa de ganancia está en razón inversa de la cuantía del valor de la materia prima. Y esto es absolutamente cierto para el capital que se invierte por primera vez en un negocio, es decir, donde la inversión de capital, la transformación de dinero en capital productivo, tiene lugar por primera vez.

Pero, aparte de este capital que se está invirtiendo por primera vez, una gran parte del capital que ya está en funciones se encuentra en la esfera de la circulación, mientras otra parte se encuentra en la esfera de la producción. Una parte se halla en el mercado como mercancía y ha de transformarse en dinero; otra se halla como dinero, en cualquier forma, y ha de volver a transformarse en condiciones de producción; una tercera parte, por último, se encuentra dentro de la esfera de la producción, en parte en la forma originaria de los medios de producción —materia prima, materia auxiliar, producto semielaborado comprado en el mercado, maquinaria y demás capital fijo—, en parte como producto todavía en fabricación. Cómo actúen aquí el aumento de valor o la desvalorización depende mucho de la proporción en que estén entre sí estos componentes. Para simplificar la cuestión, dejemos por ahora completamente fuera de juego todo el capital fijo y consideremos solo la parte del capital constante que consiste en materias primas, materias auxiliares, productos semielaborados y mercancías en fabricación y acabadas que se encuentran en el mercado.

Si sube el precio de la materia prima, por ejemplo del algodón, sube también el precio de las mercancías de algodón —de los productos semielaborados, como el hilo, y de las mercancías acabadas, como los tejidos, etc.— que se fabricaron con algodón más barato; sube igualmente el valor del algodón todavía no elaborado que hay en almacén, así como del que está en proceso de elaboración. Este último, como por efecto retroactivo pasa a ser expresión de más tiempo de trabajo, añade al producto en el que entra como componente un valor mayor que el que poseía originariamente y que el que el capitalista pagó por él.

Por tanto, si un alza del precio de la materia prima va acompañada de una masa considerable de mercancía acabada existente en el mercado, en cualquier grado de acabado, sube el valor de esa mercancía y con ello se produce un aumento del valor del capital existente. Lo mismo vale para las existencias de materia prima, etc., que se hallan en manos de los productores. Este aumento de valor puede compensar, o compensar con creces, al capitalista individual, o también a toda una esfera particular de producción del capital, de la caída de la tasa de ganancia que se sigue del alza de precio de la materia prima. Sin entrar aquí en los detalles de los efectos de la competencia, puede observarse, sin embargo, para que la exposición sea completa, que: 1. si las existencias de materia prima en almacén son considerables, contrarrestan el alza de precio surgida en el lugar de producción de la materia prima; 2. si los productos semielaborados o las mercancías acabadas que se encuentran en el mercado pesan muy fuertemente sobre el mercado, impiden que el precio de las mercancías acabadas y del producto semielaborado crezca en proporción al precio de su materia prima.

Lo inverso ocurre cuando cae el precio de la materia prima, lo cual, en igualdad de circunstancias, eleva la tasa de ganancia. Las mercancías que se encuentran en el mercado, los artículos que todavía están en fabricación y las existencias de materia prima se desvalorizan, y con ello se contrarresta el simultáneo aumento de la tasa de ganancia.

Cuanto menores son, por ejemplo al final del ejercicio comercial, en la época en que se entrega masivamente nueva materia prima —en los productos agrícolas, después de la cosecha—, las existencias que se encuentran en la esfera de la producción y en el mercado, tanto más puro se manifiesta el efecto de un cambio de precio de la materia prima.

En toda nuestra investigación se parte del supuesto de que la subida o la bajada de los precios son expresiones de fluctuaciones reales del valor. Pero como aquí se trata del efecto que estas fluctuaciones de precio producen sobre la tasa de ganancia, en realidad es indiferente cuál sea su fundamento; lo aquí desarrollado vale, pues, igualmente cuando los precios suben y bajan a consecuencia, no de fluctuaciones del valor, sino de influencias del sistema de crédito, de la competencia, etc.

Como la tasa de ganancia es igual a la relación entre el excedente del valor del producto y el valor del capital global adelantado, un aumento de la tasa de ganancia que procediera de una desvalorización del capital adelantado iría unido a una pérdida de valor de capital, y del mismo modo una disminución de la tasa de ganancia que procediera de un aumento de valor del capital adelantado iría unida, posiblemente, a una ganancia.

En cuanto a la otra parte del capital constante, la maquinaria y el capital fijo en general, los aumentos de valor que aquí tienen lugar y que se refieren sobre todo a edificios, a la tierra, etc., no pueden exponerse sin la teoría de la renta de la tierra, y por eso no corresponden a este lugar. Para la desvalorización, en cambio, tienen importancia general:

1. Las mejoras constantes, que privan relativamente de su valor de uso, y con ello también de su valor, a la maquinaria, las instalaciones fabriles, etc., existentes. Este proceso actúa con violencia sobre todo en la primera época de una maquinaria recién introducida, antes de que esta haya alcanzado un determinado grado de madurez, y en la que, por tanto, está constantemente anticuada antes de haber tenido tiempo de reproducir su valor. Es esta una de las razones de la desmesurada prolongación del tiempo de trabajo, habitual en tales épocas, y del trabajo por turnos alternos de día y de noche, para que el valor de la maquinaria se reproduzca en un lapso más breve sin calcular demasiado alto su desgaste. Si, por el contrario, el breve tiempo de acción de la maquinaria (su corta vida frente a las mejoras previsibles) no se compensa de este modo, cede al producto una parte de valor demasiado grande por desgaste moral, de modo que no puede competir ni siquiera con el trabajo manual.[^k5-15]

Cuando la maquinaria, la instalación de los edificios, en general el capital fijo, ha alcanzado cierta madurez, de modo que permanece inalterado por largo tiempo al menos en su construcción fundamental, sobreviene una desvalorización semejante a consecuencia de mejoras en los métodos de reproducción de ese capital fijo. El valor de la maquinaria, etc., baja ahora, no porque una maquinaria nueva y más productiva, etc., la desplace rápidamente o la desvalorice en cierto grado, sino porque ahora puede reproducirse más barata. Es esta una de las razones por las que las grandes instalaciones industriales a menudo solo prosperan en segunda mano, después de que el primer propietario ha quebrado y el segundo, que las ha comprado baratas, empieza por eso desde el principio su producción con un desembolso de capital menor.

En la agricultura, en especial, salta a la vista que las mismas causas que elevan o bajan el precio del producto elevan o bajan también el valor del capital, porque este consiste en gran parte en ese mismo producto: grano, ganado, etc. (Ricardo.)

* * *

Quedaría aún por mencionar el capital variable.

En la medida en que el valor de la fuerza de trabajo sube porque sube el valor de los medios de subsistencia requeridos para su reproducción, o, a la inversa, baja porque baja el valor de esos medios de subsistencia —y el aumento de valor y la desvalorización del capital variable no expresan otra cosa que estos dos casos—, a este aumento de valor le corresponde, si la longitud de la jornada laboral permanece igual, una caída de la plusvalía, y a esta desvalorización, un crecimiento de la plusvalía. Pero con ello pueden ir unidas a la vez otras circunstancias —liberación e inmovilización de capital— que no se han estudiado antes y que ahora hay que indicar brevemente.

Si el salario baja a consecuencia de una caída del valor de la fuerza de trabajo (con lo cual puede ir unida incluso una subida del precio real del trabajo), se libera una parte del capital que hasta entonces se desembolsaba en salario. Tiene lugar una liberación de capital variable. Para un capital que se invierte por primera vez, esto tiene simplemente el efecto de que trabaja con una tasa de plusvalía más elevada. Con menos dinero que antes se pone en movimiento la misma cantidad de trabajo, y así la parte no pagada del trabajo aumenta a costa de la pagada. Pero para el capital ya ocupado hasta entonces no solo aumenta la tasa de plusvalía, sino que además queda libre una parte del capital desembolsado hasta entonces en salario. Esta parte estaba hasta entonces inmovilizada y constituía una parte fija que se deducía del producto de la venta y tenía que desembolsarse en salario, funcionar como capital variable, si el negocio había de proseguir en la antigua escala. Ahora esta parte queda disponible y puede utilizarse, por tanto, como nueva inversión de capital, sea para ampliar el mismo negocio, sea para funcionar en otra esfera de la producción.

Supongamos, por ejemplo, que al principio se requerían 500 £ para poner en movimiento semanalmente a 500 obreros, y que ahora solo se requieren para ello 400 £. Entonces, si la masa del valor producido es en ambos casos = 1.000 £, la masa de la plusvalía semanal era la primera vez = 500 £ y la tasa de plusvalía 500/500 = 100 %; pero, tras la rebaja salarial, la masa de la plusvalía pasa a ser 1.000 £ - 400 £ = 600 £, y su tasa, 600/400 = 150 %. Y este aumento de la tasa de plusvalía es el único efecto para quien, con un capital variable de 400 £ y el capital constante correspondiente, monta un nuevo negocio en la misma esfera de la producción. Pero en un negocio ya en funciones, en este caso no solo han subido, a consecuencia de la desvalorización del capital variable, la masa de plusvalía de 500 a 600 £ y la tasa de plusvalía del 100 al 150 %; además, han quedado liberadas del capital variable 100 £ con las que puede volver a explotarse trabajo. La misma cantidad de trabajo, pues, no solo se explota con más provecho, sino que, gracias a la liberación de las 100 £, con el mismo capital variable de 500 £ pueden explotarse a la tasa elevada más obreros que antes.

Ahora a la inversa. Supongamos que la proporción originaria en que se reparte el producto, con 500 obreros ocupados, es = 400v + 600p = 1.000, y por tanto la tasa de plusvalía = 150 %. El obrero recibe, pues, aquí semanalmente ⅘ de £ = 16 chelines. Si, a consecuencia del aumento de valor del capital variable, 500 obreros cuestan ahora 500 £ semanales, el salario semanal de cada uno pasa a ser = 1 £, y 400 £ solo pueden poner en movimiento a 400 obreros. Por tanto, si se pone en movimiento el mismo número de obreros que hasta ahora, tenemos 500v + 500p = 1.000; la tasa de plusvalía habría bajado del 150 al 100 %, es decir, en ⅓. Para un capital que se invierte por primera vez, el único efecto sería que la tasa de plusvalía sería menor. En igualdad de circunstancias, la tasa de ganancia habría bajado en correspondencia, aunque no en la misma proporción. Si, por ejemplo, c = 2.000, tenemos en un caso 2.000c + 400v + 600p = 3.000; p′ = 150 %, g′ = 600/2.400 = 25 %. En el segundo caso, 2.000c + 500v + 500p = 3.000; p′ = 100 %; g′ = 500/2.500 = 20 %. En cambio, para el capital ya invertido el efecto sería doble. Con 400 £ de capital variable solo pueden ocuparse ahora 400 obreros, y además a una tasa de plusvalía del 100 %. Solo dan, pues, una plusvalía global de 400 £. Como, además, un capital constante de un valor de 2.000 £ requiere 500 obreros para ponerlo en movimiento, 400 obreros solo ponen en movimiento un capital constante por valor de 1.600 £. Por tanto, si la producción ha de proseguir en el nivel anterior y no ha de pararse ⅕ de la maquinaria, el capital variable tiene que aumentarse en 100 £ para seguir ocupando, como antes, a 500 obreros; y esto solo es posible inmovilizando capital hasta entonces disponible, de modo que una parte de la acumulación, que debía servir para la expansión, sirve ahora meramente para cubrir el hueco, o bien una parte destinada a gastarse como rédito se agrega al antiguo capital. Con un desembolso de capital variable aumentado en 100 £ se producen entonces 100 £ menos de plusvalía. Para poner en movimiento el mismo número de obreros hace falta más capital, y a la vez ha disminuido la plusvalía que suministra cada obrero individual.

Las ventajas que se derivan de la liberación, y los inconvenientes que se derivan de la inmovilización de capital variable, existen ambos solo para el capital ya invertido y que, por tanto, se reproduce en condiciones dadas. Para el capital que se invierte por primera vez, la ventaja, por un lado, y el inconveniente, por otro, se limitan a la subida o, respectivamente, la bajada de la tasa de plusvalía y al correspondiente cambio, aunque en modo alguno proporcional, de la tasa de ganancia.

* * *

La liberación e inmovilización de capital variable que acabamos de estudiar es consecuencia de la desvalorización y del aumento de valor de los elementos del capital variable, es decir, de los costes de reproducción de la fuerza de trabajo. Pero también podría liberarse capital variable si, a consecuencia del desarrollo de la fuerza productiva, con una tasa de salario invariable, se requirieran menos obreros para poner en movimiento la misma masa de capital constante. Del mismo modo, a la inversa, puede tener lugar una inmovilización de capital variable adicional si, a consecuencia de una disminución de la fuerza productiva del trabajo, se requieren más obreros para la misma masa de capital constante. Si, por el contrario, una parte del capital empleado antes como variable se emplea en forma de capital constante, es decir, si solo tiene lugar una distribución diferente entre los componentes del mismo capital, ello influye ciertamente en la tasa de plusvalía y en la de ganancia, pero no pertenece al apartado, aquí considerado, de la inmovilización y liberación de capital.

El capital constante, como ya vimos, puede asimismo quedar inmovilizado o liberado a consecuencia del aumento de valor o de la desvalorización de los elementos de que consta. Aparte de esto, solo es posible su inmovilización (sin que, por ejemplo, una parte del variable se transforme en constante) cuando aumenta la fuerza productiva del trabajo, es decir, cuando la misma masa de trabajo genera un producto mayor y pone, por tanto, en movimiento más capital constante. Lo mismo puede ocurrir en ciertas circunstancias cuando la fuerza productiva disminuye, como por ejemplo en la agricultura, de modo que la misma cantidad de trabajo necesita, para generar el mismo producto, más medios de producción, por ejemplo más simiente o abono, drenaje, etc. Sin desvalorización puede liberarse capital constante cuando, gracias a mejoras, al empleo de fuerzas naturales, etc., un capital constante de menor valor queda en condiciones de prestar técnicamente el mismo servicio que antes uno de valor superior.

En el libro II se ha visto que, después de que las mercancías se han transformado en dinero, se han vendido, una parte determinada de ese dinero tiene que volver a transformarse en los elementos materiales del capital constante, y ello en las proporciones que requiere el carácter técnico determinado de cada esfera de producción dada. Aquí, en todos los ramos —prescindiendo del salario, es decir, del capital variable—, el elemento más importante es la materia prima, incluidas las materias auxiliares, que son especialmente importantes en los ramos de producción en que no entra materia prima propiamente dicha, como en las minas y en la industria extractiva en general. La parte del precio que tiene que reponer el desgaste de la maquinaria entra en la cuenta de un modo más bien ideal mientras la maquinaria sigue en condiciones de trabajar; no importa mucho si se paga y se repone en dinero hoy o mañana, o en qué tramo del tiempo de rotación del capital. Otra cosa ocurre con la materia prima. Si sube el precio de la materia prima, puede ser imposible reponerla por completo con el valor de la mercancía después de deducir el salario. Las fluctuaciones violentas de los precios provocan, por eso, interrupciones, grandes colisiones e incluso catástrofes en el proceso de reproducción. Son sobre todo los productos agrícolas propiamente dichos, las materias primas que proceden de la naturaleza orgánica, los que están sometidos a tales fluctuaciones de valor a consecuencia de las variaciones en el rendimiento de las cosechas, etc. —prescindiendo todavía aquí por completo del sistema de crédito—. La misma cantidad de trabajo puede representarse aquí, a consecuencia de condiciones naturales incontrolables, de lo favorable o desfavorable de las estaciones, etc., en cantidades muy diferentes de valores de uso, y una medida determinada de esos valores de uso tendrá en consecuencia un precio muy diferente. Si el valor x se representa en 100 libras de la mercancía a, el precio de una libra de a = x/100; si se representa en 1.000 libras de a, el precio de una libra de a = x/1.000, etc. Este es, pues, uno de los elementos de estas fluctuaciones de precio de la materia prima. Un segundo elemento, que aquí solo se menciona para que la exposición sea completa —ya que tanto la competencia como el sistema de crédito quedan todavía fuera del círculo de nuestra consideración—, es este. Está en la naturaleza de las cosas que las materias vegetales y animales, cuyo crecimiento y producción están sometidos a determinadas leyes orgánicas, ligadas a ciertos períodos naturales, no puedan aumentarse de golpe en la misma medida que, por ejemplo, las máquinas y demás capital fijo, el carbón, los minerales, etc., cuyo aumento, supuestas las demás condiciones naturales, puede realizarse en un país industrialmente desarrollado en el plazo más breve. Es, por tanto, posible, y con una producción capitalista desarrollada incluso inevitable, que la producción y el aumento de la parte del capital constante que consiste en capital fijo, maquinaria, etc., tomen una considerable delantera sobre la parte del mismo que consiste en materias primas orgánicas, de modo que la demanda de estas materias primas crezca más deprisa que su oferta y, por tanto, suba su precio. Esta subida del precio trae consigo, en efecto, 1. que estas materias primas se traigan de mayor distancia, porque el precio en alza cubre unos gastos de transporte mayores; 2. que se aumente su producción, circunstancia que, por la naturaleza de las cosas, quizá solo al cabo de un año pueda aumentar realmente la masa de productos; y 3. que se consuman toda clase de sucedáneos antes no utilizados y se traten con más economía los desperdicios. Cuando la subida de los precios empieza a actuar de forma muy perceptible sobre la expansión de la producción y sobre la oferta, por lo general ya ha llegado el punto de inflexión en que, a consecuencia de la subida prolongada de la materia prima y de todas las mercancías en las que entra como elemento, la demanda cae y, por tanto, se produce también una reacción en el precio de la materia prima. Aparte de las convulsiones que esto provoca por la desvalorización del capital en diversas formas, se presentan además otras circunstancias que mencionaremos enseguida.

Pero, ante todo, ya está claro por lo dicho hasta aquí que, cuanto más desarrollada está la producción capitalista y, por tanto, cuanto mayores son los medios de aumentar de golpe y de forma sostenida la parte del capital constante que consiste en maquinaria, etc., y cuanto más rápida es la acumulación (como ocurre sobre todo en tiempos de prosperidad), tanto mayor es la sobreproducción relativa de maquinaria y demás capital fijo y tanto más frecuente la subproducción relativa de las materias primas vegetales y animales, tanto más marcada la subida de su precio descrita más arriba y el contragolpe que le corresponde. Tanto más frecuentes son, por tanto, las revulsiones que tienen su fundamento en esta violenta fluctuación de precio de uno de los elementos principales del proceso de reproducción.

Pero si se produce el hundimiento de esos precios elevados porque su subida ha provocado, en parte, una disminución de la demanda y, en parte, aquí una ampliación de la producción y allá una oferta procedente de regiones productoras más lejanas y hasta entonces poco o nada utilizadas, y con ambas cosas una oferta de las materias primas que sobrepasa la demanda —y la sobrepasa sobre todo a los antiguos precios elevados—, el resultado ha de considerarse desde distintos puntos de vista. El repentino hundimiento del precio de los productos brutos pone un freno a su reproducción, y así se restablece el monopolio de los países de origen que producen en las condiciones más favorables; quizá se restablezca con ciertas restricciones, pero se restablece. La reproducción de las materias primas prosigue, ciertamente, a consecuencia del impulso dado, en escala ampliada, sobre todo en los países que poseen en mayor o menor grado el monopolio de esa producción. Pero la base sobre la que se desarrolla la producción como consecuencia de la ampliación de la maquinaria, etc., y que, tras algunas oscilaciones, ha de valer ahora como nueva base normal, como nuevo punto de partida, se ha ampliado mucho por lo ocurrido durante el último ciclo de rotación. Pero en una parte de las fuentes de abastecimiento secundarias la reproducción, recién aumentada, ha sufrido de nuevo un freno considerable. Así, por ejemplo, en las tablas de exportación puede señalarse con el dedo cómo durante los últimos 30 años (hasta 1865) la producción algodonera india crece cuando se produce un déficit en la norteamericana, y luego vuelve a retroceder de repente de forma más o menos duradera. Durante el período de encarecimiento de la materia prima, los capitalistas industriales se unen, forman asociaciones para regular la producción. Así ocurrió, por ejemplo, tras la subida de los precios del algodón en 1848 en Manchester, y de modo parecido con la producción de lino en Irlanda. Pero en cuanto ha pasado el impulso inmediato y el principio general de la competencia, el de «comprar en el mercado más barato» (en lugar de favorecer, como se proponen aquellas asociaciones, la capacidad de producción en países de origen adecuados, con independencia del precio inmediato, momentáneo, al que estos puedan suministrar por ahora el producto); en cuanto, pues, el principio de la competencia vuelve a reinar soberano, se deja de nuevo al «precio» el cuidado de regular la oferta. Toda idea de un control común, abarcador y previsor de la producción de las materias primas —un control que, en términos generales, es también del todo incompatible con las leyes de la producción capitalista y, por eso, se queda siempre en piadoso deseo o se limita a pasos comunes excepcionales en momentos de gran peligro inmediato y de desconcierto— deja paso a la creencia de que la demanda y la oferta se regularán mutuamente.[^k5-16] La superstición de los capitalistas es aquí tan burda que incluso los inspectores fabriles, una y otra vez, se llevan las manos a la cabeza en sus informes. La alternancia de años buenos y malos vuelve a producir también, naturalmente, materias primas más baratas. Aparte del efecto inmediato que esto tiene sobre la expansión de la demanda, se añade el efecto, mencionado antes, sobre la tasa de ganancia, como estímulo. Y el proceso descrito, en el que la producción de las materias primas es poco a poco sobrepasada por la producción de maquinaria, etc., se repite entonces en escala mayor. El mejoramiento real de la materia prima, de modo que no solo se suministrara en la cantidad, sino también en la calidad requerida —por ejemplo, algodón de calidad norteamericana desde la India—, requeriría una demanda europea prolongada, en crecimiento regular y constante (prescindiendo por completo de las condiciones económicas en que se halla situado el productor indio en su país). Así, en cambio, la esfera de producción de las materias primas solo se amplía a sacudidas, unas veces de repente, para contraerse luego de nuevo violentamente. Todo esto, así como el espíritu de la producción capitalista en general, puede estudiarse muy bien en la penuria algodonera de 1861-1865, en la que se añadió además que faltó temporalmente por completo una materia prima que es uno de los elementos más esenciales de la reproducción. Puede ocurrir, en efecto, que el precio suba aunque la oferta sea plena, pero plena en condiciones más difíciles. O puede haber una escasez real de materia prima. En la crisis del algodón se dio originariamente esto último.

Cuanto más nos acercamos, pues, en la historia de la producción, al presente más inmediato, con tanta mayor regularidad encontramos, sobre todo en los ramos decisivos de la industria, la alternancia siempre repetida entre el encarecimiento relativo y la desvalorización ulterior que de él se deriva de las materias primas tomadas de la naturaleza orgánica. Lo desarrollado hasta aquí se encontrará ilustrado en los ejemplos que siguen, tomados de los informes de los inspectores fabriles.

La moraleja de la historia, que también puede obtenerse de otras consideraciones sobre la agricultura, es que el sistema capitalista se opone a una agricultura racional, o que la agricultura racional es incompatible con el sistema capitalista (aunque este favorezca su desarrollo técnico), y necesita o bien la mano del pequeño campesino que trabaja él mismo, o bien el control de los productores asociados.

* * *

Damos ahora las ilustraciones de los informes fabriles ingleses que acabamos de mencionar.

> «La situación de los negocios es mejor; pero el ciclo de los tiempos buenos y malos se acorta con el aumento de la maquinaria, y como con ello aumenta la demanda de materia prima, también las fluctuaciones de la situación de los negocios se repiten con más frecuencia... En este momento no solo se ha restablecido la confianza tras el pánico de 1857, sino que el pánico mismo parece casi completamente olvidado. Que esta mejora dure o no depende en grandísima medida del precio de las materias primas. Ya veo indicios de que en algunos casos se ha alcanzado el máximo más allá del cual la fabricación resulta cada vez menos rentable, hasta que finalmente deja por completo de dar ganancia. Si tomamos, por ejemplo, los años lucrativos del negocio del estambre (worsted), 1849 y 1850, vemos que el precio de la lana inglesa para peinar estaba a 13 peniques, y el de la australiana entre 14 y 17 peniques por libra, y que en el promedio de los diez años 1841-1850 el precio medio de la lana inglesa nunca subió de 14 peniques, ni el de la australiana de 17 peniques por libra. Pero a comienzos del desastroso año 1857 la lana australiana estaba a 23 peniques; en diciembre, en el peor momento del pánico, bajó a 18 peniques, pero en el curso de 1858 ha vuelto a subir al precio actual de 21 peniques. La lana inglesa empezó también 1857 a 20 peniques, subió en abril y septiembre a 21 peniques, bajó en enero de 1858 a 14 peniques y desde entonces ha subido a 17 peniques, de modo que está 3 peniques por libra por encima del promedio de los diez años citados... Esto muestra, en mi opinión, o que se han olvidado las quiebras de 1857, debidas a precios semejantes, o que se produce justo la lana que pueden hilar los husos existentes, o bien que los precios de los tejidos van a experimentar una subida duradera... Pero en mi experiencia he visto cómo, en un tiempo increíblemente corto, los husos y los telares no solo han multiplicado su número, sino también su velocidad de funcionamiento; y, además, que nuestra exportación de lana a Francia ha aumentado casi en la misma proporción, mientras que, tanto en el país como en el extranjero, la edad media de las ovejas que se crían es cada vez más baja, porque la población aumenta rápidamente y los criadores quieren convertir en dinero su ganado lo más deprisa posible. Por eso me he sentido a menudo inquieto al ver a gente que, sin este conocimiento, ha invertido su habilidad y su capital en empresas cuyo éxito depende de la oferta de un producto que solo puede aumentar según ciertas leyes orgánicas... La situación de la demanda y la oferta de todas las materias primas... parece explicar muchas fluctuaciones en el negocio del algodón, y también la situación del mercado inglés de la lana en el otoño de 1857 y la crisis comercial que se siguió de ella.»[^k5-17] (R. Baker en «Rep. Fact., Oct. 1858», p. 56-61.)

El período de florecimiento de la industria del estambre en el West Riding de Yorkshire fue 1849/50. Las personas ocupadas allí en ella eran 29.246 en 1838, 37.060 en 1843, 48.097 en 1845 y 74.891 en 1850. En el mismo distrito había 2.768 telares mecánicos en 1838, 11.458 en 1841, 16.870 en 1843, 19.121 en 1845 y 29.539 en 1850. («Rep. Fact., Oct. 1850», p. 60.) Este florecimiento de la industria de la lana peinada empezó a resultar sospechoso ya en octubre de 1850. En el informe de abril de 1851, el subinspector Baker dice sobre Leeds y Bradford:

> «La situación de los negocios es desde hace algún tiempo muy poco satisfactoria. Los hilanderos de estambre pierden rápidamente las ganancias de 1850, y a la mayoría de los tejedores tampoco les va especialmente bien. Creo que en este momento está parada más maquinaria lanera que nunca, y también los hilanderos de lino despiden obreros y paran máquinas. Los ciclos de la industria textil son ahora, en efecto, sumamente inciertos, y pronto, creo, llegaremos a comprender... que no se guarda ninguna proporción entre la capacidad de producción de los husos, la cantidad de materia prima y el aumento de la población.» (p. 52.)

Lo mismo vale para la industria algodonera. En el informe de octubre de 1858 que acabamos de citar se dice:

> «Desde que se fijaron las horas de trabajo en las fábricas, las cifras del consumo de materia prima, de la producción y de los salarios en todas las industrias textiles han quedado reducidas a una simple regla de tres... Cito de una conferencia reciente... del señor Baynes, actual alcalde de Blackburn, sobre la industria algodonera, en la que ha compilado con la mayor exactitud posible la estadística industrial de su propia región:

> »“Cada caballo de fuerza real mueve 450 husos de selfactina con su maquinaria de preparación, o 200 husos de throstle, o 15 telares para tela de 40 pulgadas de ancho, con su maquinaria de devanar, urdir y encolar. Cada caballo de fuerza ocupa en la hilatura 2½ obreros, pero en el tejido 10; su salario medio es de algo más de 10½ chelines por cabeza y semana... Los números medios elaborados son los n.º 30-32 para la urdimbre y los n.º 34-36 para la trama; si suponemos el hilado producido semanalmente en 13 onzas por huso, esto da 824.700 libras de hilo por semana, para las que se consumen 970.000 libras, o 2.300 balas, de algodón, al precio de 28.300 £... En nuestro distrito (en un perímetro alrededor de Blackburn de 5 millas inglesas de radio), el consumo semanal de algodón es de 1.530.000 libras, o 3.650 balas, al precio de coste de 44.625 £. Esto es 1/18 de toda la hilatura de algodón del Reino Unido y 1/6 de todo el tejido mecánico.”

> »Según los cálculos del señor Baynes, el número total de husos algodoneros del Reino sería, pues, de 28.800.000, y para mantenerlos plenamente ocupados se requerirían anualmente 1.432.080.000 libras de algodón. Pero la importación de algodón, deducida la exportación, fue en 1856 y 1857 de solo 1.022.576.832 libras; tiene que haberse producido, pues, necesariamente un déficit de 409.503.168 libras. El señor Baynes, que tuvo la amabilidad de discutir conmigo este punto, cree que un cálculo del consumo anual de algodón basado en el consumo del distrito de Blackburn resultaría demasiado alto a causa de la diferencia, no solo de los números hilados, sino también de la excelencia de la maquinaria. Estima el consumo anual total de algodón del Reino Unido en 1.000 millones de libras. Pero si tiene razón y hay realmente un excedente de la oferta de 22½ millones, la demanda y la oferta parecen estar ya casi en equilibrio, aun sin tomar en consideración los husos y telares adicionales que, según el señor Baynes, se están instalando en su propio distrito y, a juzgar por ello, probablemente también en otros distritos.» (p. 59, 60, 61.)

### III. Ilustración general: la crisis del algodón de 1861-1865

#### Antecedentes, 1845-1860

1845. Período de florecimiento de la industria algodonera. Precio del algodón muy bajo. L. Horner dice sobre ello:

> «Durante los últimos ocho años no he visto un período de negocios tan animado como el que ha reinado el verano y el otoño pasados. Especialmente en la hilatura de algodón. Durante todo el semestre he recibido cada semana avisos de nuevas inversiones de capital en fábricas; unas veces eran fábricas nuevas que se construían, otras las pocas que estaban vacías habían encontrado nuevos inquilinos, otras se ampliaban fábricas en funcionamiento, se instalaban máquinas de vapor nuevas y más potentes y más maquinaria de trabajo.» («Rep. Fact., Oct. 1845», p. 13.)

1846. Empiezan las quejas.

> «Desde hace ya bastante tiempo oigo a los fabricantes de algodón quejas muy extendidas sobre la situación deprimida de su negocio... durante las últimas seis semanas varias fábricas han empezado a trabajar jornada reducida, por lo general ocho horas diarias en lugar de doce; esto parece extenderse... ha habido un gran recargo en el precio del algodón y... no solo no ha habido aumento de precio del artículo fabricado, sino que... sus precios son más bajos que antes del recargo del algodón. El gran aumento del número de fábricas de algodón durante los últimos cuatro años tiene que haber tenido como consecuencia, por un lado, una demanda fuertemente aumentada de la materia prima y, por otro, una oferta fuertemente aumentada de artículos fabricados en el mercado; ambas causas tienen que haber actuado juntas para deprimir la ganancia mientras la oferta de la materia prima y la demanda del artículo fabricado permanecieran inalteradas; pero han actuado todavía con mucha más fuerza porque, por un lado, la oferta de algodón ha sido últimamente insuficiente y, por otro, la demanda de los artículos fabricados ha disminuido en diversos mercados del país y del extranjero.» («Rep. Fact., Oct. 1846», p. 10.)

La creciente demanda de materia prima y la saturación del mercado con artículos fabricados van, naturalmente, de la mano. Dicho sea de paso, la expansión de la industria de entonces y el estancamiento que siguió no se limitaron a los distritos algodoneros. En el distrito de la lana peinada de Bradford había en 1836 solo 318 fábricas, y en cambio en 1846, 490. Estas cifras están lejos de expresar el aumento real de la producción, pues las fábricas existentes se ampliaron al mismo tiempo considerablemente. Esto vale en especial también para las hilaturas de lino.

> «Todas ellas han contribuido en mayor o menor medida durante los últimos diez años a la saturación del mercado, a la que hay que atribuir en gran parte el actual estancamiento de los negocios... La situación deprimida de los negocios se sigue con toda naturalidad de una ampliación tan rápida de las fábricas y de la maquinaria.» («Rep. Fact., Oct. 1846», p. 30.)

1847. En octubre, crisis monetaria. Descuento al 8 %. Ya antes, hundimiento de la especulación ferroviaria y del giro de letras de complacencia con las Indias Orientales. Pero:

> «El señor Baker da detalles muy interesantes sobre el aumento de la demanda de algodón, lana y lino en los últimos años a consecuencia de la expansión de estas industrias. Considera que el aumento de la demanda de estas materias primas, sobre todo porque se produjo en un momento en que su oferta había caído muy por debajo de la media, casi basta para explicar la actual situación deprimida de estos ramos de negocio, aun sin recurrir a la perturbación del mercado de dinero. Esta opinión queda plenamente confirmada por mis propias observaciones y por lo que he sabido de personas entendidas en los negocios. Estos diversos ramos estaban ya todos muy deprimidos cuando los descuentos podían obtenerse todavía fácilmente al 5 % y menos. En cambio, la oferta de seda cruda era abundante, los precios moderados y el negocio, en consecuencia, animado, hasta... las dos o tres últimas semanas, en que sin duda la crisis monetaria ha afectado no solo a los propios torcedores de seda, sino todavía más a sus principales clientes, los fabricantes de artículos de moda. Una ojeada a los informes oficiales publicados muestra que la industria algodonera ha aumentado en los últimos tres años casi un 27 %. A consecuencia de ello, el algodón, en números redondos, ha subido de 4 a 6 peniques la libra, mientras que el hilo, gracias al aumento de la oferta, solo está una nimiedad por encima de su precio anterior. La industria lanera empezó a expandirse en 1836; desde entonces ha crecido en Yorkshire un 40 %, y en Escocia todavía más. Aún mayor es el incremento en la industria del estambre.[^k5-18] Los cálculos dan aquí para el mismo período una expansión de más del 74 %. El consumo de lana en bruto ha sido, por eso, enorme. La industria del lino muestra desde 1839 un incremento de aproximadamente un 25 % en Inglaterra, un 22 % en Escocia y casi un 90 % en Irlanda;[^k5-19] la consecuencia de ello, coincidiendo con malas cosechas de lino, ha sido que la materia prima ha subido 10 £ por tonelada, mientras que el precio del hilo ha bajado 6 peniques el haz.» («Rep. Fact., Oct. 1847», p. 30, 31.)

1849. Desde los últimos meses de 1848 se reanimaron los negocios.

> «El precio del lino, que era tan bajo que en casi todas las circunstancias futuras posibles aseguraba una ganancia aceptable, ha movido a los fabricantes a proseguir constantemente su negocio. Los fabricantes de lana estuvieron muy ocupados durante algún tiempo a comienzos del año... pero me temo que las consignaciones de artículos de lana ocupan a menudo el lugar de una demanda real y que los períodos de prosperidad aparente, es decir, de plena ocupación, no siempre coinciden con los períodos de demanda legítima. Durante algunos meses el negocio del estambre ha ido especialmente bien... Al comienzo del período mencionado, la lana estaba especialmente baja; los hilanderos se habían abastecido a precios ventajosos y, sin duda, también en cantidades considerables. Cuando el precio de la lana subió con las subastas de primavera, los hilanderos sacaron provecho de ello, y lo conservaron, porque la demanda de artículos fabricados se hizo considerable e ineludible.» («Rep. Fact., April 1849», p. 42.)

> «Si consideramos las variaciones de la situación de los negocios que se han producido en los distritos fabriles desde hace ya tres o cuatro años, tenemos que admitir, creo, que en alguna parte existe una gran causa de perturbación... ¿No puede haber aportado un elemento nuevo la enorme fuerza productiva de la maquinaria aumentada?» («Rep. Fact., April 1849», p. 42, 43.)

En noviembre de 1848, y en mayo y el verano hasta octubre de 1849, los negocios se hicieron cada vez más animados.

> «Esto vale sobre todo para la fabricación de tejidos de estambre, que se agrupa en torno a Bradford y Halifax; este negocio no había alcanzado en ninguna época anterior ni de lejos su extensión actual... La especulación con la materia prima y la incertidumbre sobre su oferta probable han provocado siempre mayor agitación y más frecuentes fluctuaciones en la industria algodonera que en ningún otro ramo de negocio. Se produce aquí en este momento una acumulación de existencias de artículos de algodón más bastos que inquieta a los hilanderos más pequeños y ya los perjudica, de modo que varios de ellos trabajan jornada reducida.» («Rep. Fact., Oct. 1849», p. 64, 65.)

1850. Abril. Negocios que siguen siendo boyantes. Excepción:

> «Gran depresión en una parte de la industria algodonera a consecuencia de la oferta insuficiente de la materia prima, precisamente para los números gruesos de hilo y los tejidos pesados... Se teme que el aumento de maquinaria instalada últimamente para el negocio del estambre provoque una reacción semejante. El señor Baker calcula que, solo en el año 1849, en este ramo el producto de los telares aumentó un 40 % y el de los husos un 25-30 %, y la expansión sigue avanzando en la misma proporción.» («Rep. Fact., April 1850», p. 54.)

1850. Octubre.

> «El precio del algodón sigue... causando una considerable depresión en este ramo de la industria, especialmente para aquellos artículos en los que la materia prima constituye una parte considerable de los costes de producción. La gran subida de precio de la seda cruda ha provocado también en este ramo una presión en muchos casos.» («Rep. Fact., Oct. 1850», p. 14.)

Según el informe, citado aquí, del comité de la Real Sociedad para el Cultivo del Lino en Irlanda, el alto precio del lino, con un bajo nivel de precios de otros productos agrícolas, había asegurado allí un aumento considerable de la producción de lino para el año siguiente. (p. 33.)

1853. Abril. Gran prosperidad.

> «En ningún momento durante los 17 años en que he tomado conocimiento oficial de la situación del distrito fabril de Lancashire he visto una prosperidad general semejante; la actividad es extraordinaria en todos los ramos», dice L. Horner. («Rep. Fact., April 1853», p. 19.)

1853. Octubre. Depresión de la industria algodonera. «Sobreproducción.» («Rep. Fact., October 1853», p. 15.)

1854. Abril.

> «El negocio de la lana, aunque no boyante, ha dado plena ocupación a todas las fábricas; lo mismo la industria algodonera. El negocio del estambre ha sido irregular en todo momento durante todo el semestre pasado... En la industria del lino se produjo una perturbación a consecuencia de la disminución de los suministros de lino y cáñamo de Rusia debida a la guerra de Crimea.» («Rep. Fact., April 1854», p. 37.)

1859.

> «El negocio en la industria escocesa del lino sigue deprimido... porque la materia prima es escasa y cara; la mala calidad de la cosecha pasada en los países del Báltico, de donde obteníamos nuestro principal suministro, ejercerá un efecto perjudicial sobre el negocio de este distrito; en cambio, el yute, que en muchos artículos bastos va desplazando poco a poco al lino, no es ni excepcionalmente caro ni escaso... aproximadamente la mitad de la maquinaria de Dundee hila ahora yute.» («Rep. Fact., April 1859», p. 19.) — «A consecuencia del alto precio de la materia prima, la hilatura de lino sigue sin ser en absoluto rentable, y mientras todas las demás fábricas trabajan la jornada completa, tenemos varios ejemplos de paralización de maquinaria de lino... La hilatura de yute... se encuentra en una situación más satisfactoria, porque últimamente esta materia ha bajado a un precio más moderado.» («Rep. Fact., October 1859», p. 20.)

#### 1861-1864. Guerra civil norteamericana. Cotton famine.[^k5-t3] El mayor ejemplo de interrupción del proceso de producción por escasez y carestía de la materia prima

1860. Abril.

> «En cuanto a la situación de los negocios, me complace comunicarle que, pese al alto precio de las materias primas, todas las industrias textiles, con excepción de la seda, han estado bastante bien ocupadas durante el último semestre... En algunos de los distritos algodoneros se han buscado obreros por medio de anuncios, y han emigrado allí desde Norfolk y otros condados rurales... Parece reinar en todos los ramos de la industria una gran escasez de materia prima. Es... solo esta escasez la que nos pone límites. En el negocio del algodón, el número de fábricas de nueva construcción, la ampliación de las ya existentes y la demanda de obreros nunca han sido seguramente tan grandes como ahora. En todas direcciones se anda en busca de materia prima.» («Rep. Fact., April 1860», p. 57.)

1860. Octubre.

> «La situación de los negocios en los distritos del algodón, la lana y el lino ha sido buena; en Irlanda se dice incluso que ha sido muy buena desde hace más de un año, y habría sido aún mejor sin el alto precio de la materia prima. Los hilanderos de lino parecen esperar con más impaciencia que nunca la apertura de los recursos de la India gracias a los ferrocarriles y el desarrollo correspondiente de su agricultura, para obtener por fin un suministro de lino... acorde con sus necesidades.» («Rep. Fact., October 1860», p. 37.)

1861. Abril.

> «La situación de los negocios está en este momento deprimida... algunas pocas fábricas de algodón trabajan jornada reducida, y muchas fábricas de seda solo están ocupadas en parte. La materia prima es cara. En casi todos los ramos textiles está por encima del precio al que puede elaborarse para la masa de los consumidores.» («Rep. Fact., April 1861», p. 33.)

Se vio entonces que en 1860 se había sobreproducido en la industria algodonera; su efecto se hizo sentir todavía durante los años siguientes.

> «Hicieron falta entre dos y tres años para que la sobreproducción de 1860 quedara absorbida en el mercado mundial.» («Rep. Fact., October 1863», p. 127.) «La situación deprimida de los mercados de artículos de algodón en Asia oriental, a comienzos de 1860, tuvo la repercusión correspondiente sobre el negocio en Blackburn, donde por término medio 30.000 telares mecánicos están ocupados casi exclusivamente en la producción de tejidos para ese mercado. La demanda de trabajo estaba, en consecuencia, ya limitada aquí muchos meses antes de que se hicieran sentir los efectos del bloqueo del algodón... Por fortuna, esto salvó de la ruina a muchos fabricantes. Las existencias subieron de valor mientras se las mantuvo en almacén, y así se evitó la espantosa desvalorización que de otro modo habría sido inevitable en una crisis semejante.» («Rep. Fact., October 1862», p. 28, 29, 30.)

1861. Octubre.

> «Los negocios han estado muy deprimidos desde hace algún tiempo... No es nada improbable que durante los meses de invierno muchas fábricas acorten mucho el tiempo de trabajo. Esto, sin embargo, era previsible... aun prescindiendo por completo de las causas que han interrumpido nuestro suministro habitual de algodón de América y nuestra exportación, se habría hecho necesario acortar el tiempo de trabajo durante el próximo invierno a consecuencia del fuerte aumento de la producción en los últimos tres años y de las perturbaciones en el mercado indio y chino.» («Rep. Fact., October 1861», p. 19.)

Desperdicio de algodón. Algodón de las Indias Orientales (Surat). Influencia sobre el salario de los obreros. Mejora de la maquinaria. Sustitución del algodón por fécula y minerales. Efecto de este apresto de fécula sobre los obreros. Hilanderos de números de hilo más finos. Fraude de los fabricantes

> «Un fabricante me escribe lo siguiente: “En cuanto a la estimación del consumo de algodón por huso, creo que usted no tiene suficientemente en cuenta el hecho de que, cuando el algodón está caro, todo hilandero de hilos corrientes (digamos hasta el n.º 40, principalmente los n.º 12-32) hila números tan finos como puede, es decir, hilará el n.º 16 en lugar del n.º 12 de antes, o el n.º 22 en lugar del n.º 16, etc.; y el tejedor que teje estos hilos finos llevará su calicó al peso habitual añadiéndole tanto más apresto. Este recurso se emplea ahora en un grado verdaderamente vergonzoso. He sabido de buena fuente que hay shirtings ordinarios para la exportación cuya pieza pesa 8 libras, de las cuales 2¾ libras eran apresto. En tejidos de otras clases se mete a menudo hasta un 50 % de apresto, de modo que no miente en absoluto el fabricante que se jacta de hacerse rico vendiendo su tejido por menos dinero la libra de lo que ha pagado por el hilo con que está hecho.”» («Rep. Fact., April 1864», p. 27.)

> «También se me ha declarado que los tejedores atribuyen el aumento de sus enfermedades al apresto que se emplea para las urdimbres hiladas con algodón de las Indias Orientales y que ya no consiste, como antes, solo en harina. Este sucedáneo de la harina ofrece, sin embargo, según se dice, la gran ventaja de aumentar considerablemente el peso del tejido, de modo que 15 libras de hilo, una vez tejidas, se convierten en 20 libras.» («Rep. Fact., Oct. 1863», p. 63. Este sucedáneo era talco molido, llamado china clay, o yeso, llamado french chalk.) — «Las ganancias de los tejedores» (aquí esto significa los obreros) «han disminuido mucho por el empleo de sucedáneos de la harina como apresto de la urdimbre. Este apresto hace el hilo más pesado, pero también duro y quebradizo. Cada hilo de la urdimbre pasa en el telar por el llamado lizo, cuyos fuertes hilos mantienen la urdimbre en la posición correcta; las urdimbres de apresto duro provocan continuas roturas de hilos en el lizo; cada rotura le cuesta al tejedor cinco minutos de pérdida de tiempo para repararla; el tejedor tiene que reparar ahora estos daños por lo menos diez veces más a menudo que antes, y el telar rinde naturalmente tanto menos durante las horas de trabajo.» (l. c., p. 42, 43.)

> «En Ashton, Stalybridge, Mossley, Oldham, etc., se ha implantado la reducción del tiempo de trabajo en un tercio completo, y las horas de trabajo se siguen acortando todavía cada semana... Al mismo tiempo que esta reducción del tiempo de trabajo, en muchos ramos se produce también una rebaja del salario.» (p. 13.)

A comienzos de 1861 hubo una huelga de los tejedores mecánicos en algunas partes de Lancashire. Varios fabricantes habían anunciado una rebaja salarial del 5-7½ %; los obreros insistieron en que se mantuvieran las tarifas salariales, pero se acortaran las horas de trabajo. Esto no se concedió, y estalló la huelga. Al cabo de un mes, los obreros tuvieron que ceder. Pero entonces recibieron las dos cosas:

> «Además de la rebaja salarial, a la que los obreros acabaron consintiendo, muchas fábricas trabajan ahora también jornada reducida.» («Rep. Fact., April 1861», p. 23.)

1862. Abril.

> «Los sufrimientos de los obreros han aumentado considerablemente desde la fecha de mi último informe; pero en ningún momento de la historia de la industria se han soportado sufrimientos tan repentinos y tan graves con tanta resignación silenciosa y con tan paciente dignidad.» («Rep. Fact., April 1862», p. 10.) — «La proporción de obreros totalmente sin ocupación en este momento no parece ser mucho mayor que en 1848, cuando reinaba un pánico corriente, pero lo bastante importante como para mover a los fabricantes, inquietos, a compilar una estadística de la industria algodonera semejante a la que ahora se publica semanalmente... En mayo de 1848, del total de los obreros del algodón de Manchester estaban sin ocupación el 15 %, el 12 % trabajaba jornada reducida, mientras que más del 70 % estaba ocupado a jornada completa. El 28 de mayo de 1862 estaban sin ocupación el 15 %, el 35 % trabajaba jornada reducida y el 49 % jornada completa... En las localidades vecinas, por ejemplo Stockport, el porcentaje de los ocupados no plenamente y de los no ocupados en absoluto es más alto, y el de los ocupados plenamente, menor», porque aquí se hilan números más gruesos que en Manchester. (p. 16.)

1862. Octubre.

> «Según la última estadística oficial, había en el Reino Unido 2.887 fábricas de algodón, de ellas 2.109 en mi distrito (Lancashire y Cheshire). Bien sabía yo que una parte muy grande de las 2.109 fábricas de mi distrito eran establecimientos pequeños que ocupan a poca gente. Pero me ha sorprendido descubrir lo grande que es ese número. En 392, o el 19 %, la fuerza motriz, de vapor o hidráulica, es inferior a 10 caballos de fuerza; en 345, o el 16 %, está entre 10 y 20 caballos; en 1.372 es de 20 caballos o más... Una parte muy grande de estos pequeños fabricantes —más de un tercio del número total— eran ellos mismos obreros no hace mucho tiempo; son gente sin mando sobre capital... El peso principal recaería, pues, sobre los 2/3 restantes.» («Rep. Fact., October 1862», p. 18, 19.)

Según el mismo informe, de los obreros del algodón de Lancashire y Cheshire estaban entonces plenamente ocupados 40.146, o el 11,3 %; ocupados con tiempo de trabajo reducido, 134.767, o el 38 %; sin ocupación, 179.721, o el 50,7 %. Si se descuentan de aquí los datos de Manchester y Bolton, donde se hilan principalmente números finos, un ramo relativamente poco afectado por la penuria algodonera, la cosa resulta aún más desfavorable, a saber: plenamente ocupados, 8,5 %; ocupados parcialmente, 38 %; sin ocupación, 53,5 %. (p. 19, 20.)

> «Para los obreros supone una diferencia esencial que se elabore algodón bueno o malo. En los primeros meses del año, cuando los fabricantes intentaban mantener en marcha sus fábricas consumiendo todo el algodón que podía comprarse a precios moderados, entró mucho algodón malo en fábricas donde antes se empleaba habitualmente algodón bueno; la diferencia en el salario de los obreros fue tan grande que hubo muchas huelgas, porque con el antiguo salario a destajo ya no podían sacar un jornal soportable... En algunos casos, la diferencia por el empleo de algodón malo ascendió, aun con jornada completa, a la mitad del salario total.» (p. 27.)

1863. Abril.

> «En el curso de este año no podrá ocuparse plenamente mucho más de la mitad de los obreros del algodón.» («Rep. Fact., April 1863», p. 14.)

> «Un inconveniente muy serio del empleo del algodón de las Indias Orientales, tal como las fábricas tienen que usarlo ahora, es que la velocidad de la maquinaria tiene que reducirse mucho. Durante los últimos años se hizo todo lo posible por acelerar esa velocidad, de modo que la misma maquinaria hiciera más trabajo. Pero la velocidad reducida afecta al obrero tanto como al fabricante; pues la mayoría de los obreros cobra a destajo: los hilanderos, tanto por libra de hilo hilado; los tejedores, tanto por pieza tejida; e incluso en el caso de los demás obreros, pagados por semana, se produciría una disminución del salario a consecuencia de la disminución de la producción. Según mis indagaciones... y los estados de las ganancias de los obreros del algodón en el curso de este año que se me han entregado... resulta una disminución de un 20 % por término medio, en algunos casos del 50 %, calculada según los niveles salariales que regían en 1861.» (p. 13.) — «La suma ganada depende... de qué material se elabore... La situación de los obreros, en lo que respecta al importe del salario ganado, es ahora» (octubre de 1863) «mucho mejor que el año pasado por estas fechas. La maquinaria se ha mejorado, se conoce mejor la materia prima, y los obreros se las arreglan más fácilmente con las dificultades con que al principio tenían que luchar. La primavera pasada estuve en Preston en una escuela de costura» (institución benéfica para desocupados); «dos muchachas que el día antes habían sido enviadas a una tejeduría, por indicación del fabricante de que podrían ganar 4 chelines a la semana, pidieron que se las readmitiera en la escuela y se quejaron de que no habían podido ganar ni 1 chelín por semana. He tenido datos sobre self-acting minders... hombres que gobiernan un par de selfactinas, que tras catorce días de jornada completa habían ganado 8 chelines y 11 peniques, y de esta suma se les descontaba el alquiler de la vivienda, si bien el fabricante» (¡generosísimo!) «les devolvía la mitad del alquiler como regalo. Los minders se llevaron a casa la suma de 6 chelines y 11 peniques. En algunos lugares los self-acting minders ganaban 5-9 chelines por semana, y los tejedores de 2 a 6 chelines por semana, durante los últimos meses de 1862... Actualmente existe un estado de cosas mucho más sano, aunque en la mayoría de los distritos las ganancias siguen habiendo disminuido mucho... Varias otras causas han contribuido a la disminución de las ganancias, además de la fibra más corta del algodón indio y de sus impurezas. Así, por ejemplo, ahora se acostumbra mezclar abundante desperdicio de algodón con el algodón indio, y esto aumenta naturalmente todavía más la dificultad para el hilandero. Por la cortedad de la fibra, los hilos se rompen más fácilmente al sacar el carro de la mule y al torcer el hilo, y la mule no puede mantenerse en marcha con tanta regularidad... Asimismo, por la gran atención que hay que prestar a los hilos, una tejedora a menudo solo puede vigilar un telar, y muy pocas más de dos... En muchos casos el salario de los obreros se ha rebajado directamente en un 5, un 7½ y un 10 %... en la mayoría de los casos el obrero tiene que ver cómo se las arregla con su materia prima y cómo saca de ella, con la tarifa salarial habitual, lo que pueda... Otra dificultad con que a veces tienen que luchar los tejedores es que se les exige hacer un buen tejido con un material malo y se les castiga con descuentos en el salario si el trabajo no sale como se desea.» («Rep. Fact., October 1863», p. 41-43.)

Los salarios eran miserables, aun donde se trabajaba la jornada completa. Los obreros del algodón se prestaban de buen grado a todas las obras públicas —drenajes, construcción de caminos, picado de piedra, empedrado de calles— en que se los consumía, para recibir su socorro de las autoridades locales (socorro que en realidad era un socorro a los fabricantes; véase libro I, p. 598/589).[^k5-t5] Toda la burguesía montaba guardia sobre los obreros. Si se ofrecía el más miserable salario de perro y el obrero no quería aceptarlo, el comité de socorro lo borraba de la lista de socorridos. Fue en este sentido una edad de oro para los señores fabricantes, pues los obreros tenían que morirse de hambre o trabajar al precio más provechoso para el burgués, y los comités de socorro hacían de perros guardianes. Al mismo tiempo, los fabricantes, en connivencia secreta con el Gobierno, impedían la emigración en la medida de lo posible, en parte para tener siempre a disposición su capital existente en la carne y la sangre de los obreros, en parte para asegurarse el alquiler de las viviendas que extorsionaban a los obreros.

> «Los comités de socorro actuaron en este punto con gran rigor. Si se ofrecía trabajo, los obreros a los que se había ofrecido eran borrados de la lista y obligados así a aceptarlo. Cuando se negaban a ponerse a trabajar... la causa era que sus ganancias iban a ser meramente nominales y el trabajo, en cambio, extraordinariamente duro.» (l. c., p. 97.)

Los obreros estaban dispuestos a cualquier clase de trabajo en que se los empleara en virtud de la Public Works Act.[^k5-t6]

> «Los principios con arreglo a los cuales se organizaron las ocupaciones industriales variaron mucho de una ciudad a otra. Pero incluso en los lugares en que el trabajo al aire libre no servía absolutamente como prueba de trabajo (labour test), ese trabajo se pagaba solo con la mera suma regular del socorro o tan poco por encima de ella que de hecho se convertía en una prueba de trabajo.» (p. 69.) «La Public Works Act de 1863 debía remediar este mal y capacitar al obrero para ganar su jornal como jornalero independiente. El objeto de esta ley era triple: 1. capacitar a las autoridades locales para tomar dinero prestado (con el consentimiento del presidente de la autoridad central estatal de la beneficencia) de los comisarios de préstamos del Tesoro; 2. facilitar mejoras en las ciudades de los distritos algodoneros; 3. procurar a los obreros desocupados trabajo y ganancias remuneradoras (remunerative wages).»

Hasta finales de octubre de 1863 se habían concedido en virtud de esta ley préstamos por un importe de 883.700 £. (p. 70.) Las obras emprendidas fueron principalmente alcantarillado, construcción de caminos, empedrado de calles, depósitos para las conducciones de agua, etc.

El señor Henderson, presidente del comité de Blackburn, escribe en relación con esto al inspector fabril Redgrave:

> «En toda mi experiencia en el curso del actual período de sufrimiento y de miseria, nada me ha impresionado más ni me ha dado más alegría que la alegre disposición con que los obreros desocupados de este distrito han aceptado el trabajo que les ha ofrecido el ayuntamiento de Blackburn con arreglo a la Public Works Act. Difícilmente puede pensarse un contraste mayor que el que hay entre el hilandero de algodón que antes trabajaba como obrero cualificado en la fábrica y que ahora trabaja como jornalero en una alcantarilla a 14 o 18 pies de profundidad.»

(Ganaban con ello, según el tamaño de la familia, 4-12 chelines semanales; esta última y gigantesca suma tenía que bastar a menudo para una familia de ocho personas. Los señores filisteos obtenían con ello una doble ganancia: primero, recibían el dinero para mejorar sus ciudades humeantes y descuidadas a un interés excepcionalmente bajo; segundo, pagaban a los obreros muy por debajo de las tarifas salariales regulares.)

> «Acostumbrado como estaba a una temperatura casi tropical, a un trabajo en el que la destreza y la precisión de la manipulación le servían infinitamente más que la fuerza muscular, acostumbrado al doble, a veces al triple, de la remuneración que ahora puede recibir, su dispuesta aceptación de la ocupación ofrecida encierra una suma de abnegación y de consideración que le honra sobremanera. En Blackburn se ha puesto a prueba a esta gente en casi todas las clases posibles de trabajo al aire libre: en la excavación de un suelo arcilloso compacto y pesado hasta una profundidad considerable, en el drenaje, el picado de piedra, la construcción de caminos, en excavaciones para alcantarillas a profundidades de 14, 16 y a veces 20 pies. A menudo están metidos en barro y agua de 10-12 pulgadas de hondo, y siempre están expuestos a un clima cuyo frío húmedo no es superado, si es que llega a ser igualado, en ningún distrito de Inglaterra.» (p. 91, 92.) — «La actitud de los obreros ha sido casi intachable... su disposición a aceptar el trabajo al aire libre y a salir adelante con él.» (p. 69.)

1864. Abril.

> «De vez en cuando se oyen en distintos distritos quejas por la escasez de obreros, principalmente en ciertos ramos, por ejemplo en el tejido... pero estas quejas tienen su origen tanto en el bajo salario que pueden ganar los obreros a consecuencia de las malas clases de hilo empleadas como en cualquier escasez real de obreros, incluso en este ramo particular. El mes pasado hubo numerosas disputas por el salario entre ciertos fabricantes y sus obreros. Lamento que las huelgas se hayan producido con demasiada frecuencia... Los fabricantes sienten el efecto de la Public Works Act como una competencia, y por eso el comité local de Bacup ha suspendido su actividad, pues, aunque todavía no funcionan todas las fábricas, se ha manifestado ya una escasez de obreros.» («Rep. Fact., April 1864», p. 9.)

Ya era, desde luego, hora para los señores fabricantes. A consecuencia de la Public Works Act, la demanda creció tanto que en las canteras cercanas a Bacup algunos obreros fabriles ganaban ahora 4-5 chelines diarios. Y así se fueron suspendiendo poco a poco las obras públicas, esta nueva edición de los ateliers nationaux de 1848,[^k5-t7] pero esta vez establecida en provecho de la burguesía.

#### Experimentos in corpore vili[^k5-t8]

> «Aunque he dado el salario muy reducido» (de los plenamente ocupados) «, las ganancias reales de los obreros en distintas fábricas, de ello no se sigue en absoluto que ganen semana tras semana la misma suma. Los obreros están aquí expuestos a grandes fluctuaciones a consecuencia de la constante experimentación de los fabricantes con distintas clases y proporciones de algodón y de desperdicio en la misma fábrica; las “mezclas”, como se las llama, se cambian a menudo, y las ganancias de los obreros suben y bajan con la calidad de la mezcla de algodón. A veces se quedaban solo en el 15 % de las ganancias anteriores, y en una o un par de semanas bajaban al 50 o el 60 %.»

El inspector Redgrave, que es quien habla aquí, da a continuación estados de salarios tomados de la práctica, de los que bastan aquí los siguientes ejemplos:

A, tejedor, familia de 6 personas, ocupado 4 días a la semana, 6 chelines y 8½ peniques; B, torcedor (twister), 4½ días por semana, 6 chelines; C, tejedor, familia de 4, 5 días por semana, 5 chelines y 1 penique; D, mechero (slubber), familia de 6, 4 días por semana, 7 chelines y 10 peniques; E, tejedor, familia de 7, 3 días, 5 chelines, etc. Redgrave prosigue:

> «Los estados anteriores merecen atención, porque demuestran que el trabajo se convertiría en una desgracia para más de una familia, ya que no solo reduce el ingreso, sino que lo rebaja tanto que resulta del todo insuficiente para satisfacer más que una parte muy pequeña de sus necesidades absolutas, si no se diera un socorro adicional en los casos en que las ganancias de la familia no alcanzan la suma que recibiría como socorro si todos estuvieran desocupados.» («Rep. Fact., October 1863», p. 50-53.)

> «En ninguna semana desde el 5 de junio de 1863 ha sido la ocupación global media de todos los obreros de más de dos días, 7 horas y algunos minutos.» (l. c., p. 121.)

Desde el comienzo de la crisis hasta el 25 de marzo de 1863, las administraciones de pobres, el comité central de socorro y el comité de Mansion House de Londres gastaron casi tres millones de £. (p. 13.)

> «En un distrito en el que se hila quizá el hilo más fino... los hilanderos sufren una rebaja salarial indirecta del 15 % a consecuencia del paso del algodón Sea Island al egipcio... En un distrito extenso, en el que se emplea desperdicio de algodón en grandes cantidades para mezclarlo con algodón indio, los hilanderos han tenido una rebaja salarial del 5 % y han perdido además un 20-30 % a consecuencia de la elaboración de Surat y desperdicio. Los tejedores han bajado de cuatro telares a 2. En 1860 sacaban por cada telar 5 chelines y 7 peniques; en 1863, solo 3 chelines y 4 peniques... Las multas, que con el algodón norteamericano variaban antes de 3 a 6 peniques» (para el hilandero), «ascienden ahora a 1 chelín y hasta 3 chelines y 6 peniques.»

En un distrito en el que se empleaba algodón egipcio mezclado con el de las Indias Orientales:

> «El salario medio de los hilanderos de mule era en 1860 de 18-25 chelines y ahora es de 10-18 chelines. Esto no lo causa exclusivamente el empeoramiento del algodón, sino también la reducción de la velocidad de la mule para dar al hilo una torsión más fuerte, por la que en tiempos normales se habría hecho un pago extra según la tarifa salarial.» (p. 43, 44, 45-50.) «Aunque el algodón de las Indias Orientales quizá se haya elaborado aquí y allá con ganancia para el fabricante, vemos (véase la tarifa salarial, p. 53) que los obreros sufren con él, en comparación con 1861. Si se consolida el uso del Surat, los obreros exigirán las mismas ganancias que en 1861; pero esto afectaría seriamente a la ganancia del fabricante, si no se compensa con el precio, sea del algodón, sea de los artículos fabricados.» (p. 105.)

*Alquiler de la vivienda.*

> «El alquiler de la vivienda de los obreros, cuando los cottages en que viven pertenecen al fabricante, este lo descuenta a menudo del salario, aun cuando se trabaje jornada reducida. Pese a ello, el valor de estos edificios ha bajado, y las casitas se pueden tener ahora un 25-50 % más baratas que antes; un cottage que antes costaba 3 chelines y 6 peniques por semana puede tenerse ahora por 2 chelines y 4 peniques, y a veces por menos todavía.» (p. 57.)

*Emigración.* Los fabricantes eran, naturalmente, contrarios a la emigración de los obreros, en parte porque

> «en espera de tiempos mejores para la industria algodonera, querían conservar a mano los medios para explotar su fábrica de la manera más ventajosa». Pero también porque «muchos fabricantes son propietarios de las casas en que viven los obreros que ocupan, y por lo menos algunos de ellos cuentan sin falta con que más adelante se les pague una parte de los alquileres atrasados que se les deben». (p. 96.)

El señor Bernal Osborne dice, en un discurso a sus electores parlamentarios del 22 de octubre de 1864, que los obreros de Lancashire se han comportado como los filósofos antiguos (estoicos). ¿No como ovejas?

## Capítulo séptimo. Complementos

Supongamos, como se ha dado por supuesto en esta sección, que la masa de ganancia apropiada en cada esfera particular de la producción sea igual a la suma de la plusvalía que genera el capital global invertido en esa esfera. Aun así, el burgués no concebirá la ganancia como idéntica a la plusvalía, es decir, al plustrabajo no pagado, y ello por las siguientes razones:

1. En el proceso de la circulación olvida el proceso de producción. La realización del valor de las mercancías —en la que está incluida la realización de su plusvalía— vale para él como hacer esa plusvalía. {Un hueco dejado en blanco en el manuscrito indica que Marx tenía la intención de desarrollar más este punto. — F. E.}

2. Supuesto el mismo grado de explotación del trabajo, se ha mostrado que, prescindiendo de todas las modificaciones introducidas por el sistema de crédito, de todos los engaños y estafas recíprocos de los capitalistas entre sí y, además, de toda elección favorable del mercado, la tasa de ganancia puede ser muy diferente según que la materia prima se compre más o menos barata, con más o menos conocimiento de causa; según que la maquinaria empleada sea productiva, adecuada y barata; según que la organización global de las distintas fases del proceso de producción sea más o menos perfecta, se elimine el despilfarro de material y la dirección y la vigilancia sean sencillas y eficaces, etc. En resumen, dada la plusvalía para un capital variable determinado, depende todavía mucho de la habilidad individual para los negocios, sea del capitalista mismo, sea de sus subcapataces y dependientes, que esta misma plusvalía se exprese en una tasa de ganancia mayor o menor y, por tanto, que suministre una masa de ganancia mayor o menor. Supongamos que la misma plusvalía de 1.000 £, producto de 1.000 £ de salario, se refiere en el negocio A a 9.000 £ y en el otro negocio, B, a 11.000 £ de capital constante. En el caso A tenemos g′ = 1.000/10.000 = 10 %. En el caso B tenemos g′ = 1.000/12.000 = 8⅓ %.[^k5-t10] El capital global produce en A relativamente más ganancia que en B, porque allí la tasa de ganancia es más alta que aquí, aunque en ambos casos el capital variable adelantado = 1.000 y la plusvalía extraída de él es asimismo = 1.000, es decir, aunque en ambos casos tiene lugar una explotación igual de grande de igual número de obreros. Esta diferencia en la representación de la misma masa de plusvalía, o la diferencia de las tasas de ganancia y, por tanto, de las ganancias mismas, con igual explotación del trabajo, puede proceder también de otras fuentes; pero puede surgir también única y exclusivamente de la diferencia en la habilidad comercial con que se llevan ambos negocios. Y esta circunstancia induce al capitalista —lo convence— a creer que su ganancia no se debe a la explotación del trabajo, sino, al menos en parte, también a otras circunstancias independientes de ella, y sobre todo a su acción individual.

* * *

De lo desarrollado en esta primera sección se sigue la falsedad de la opinión (Rodbertus) según la cual (a diferencia de la renta de la tierra, donde, por ejemplo, la superficie del suelo seguiría siendo la misma mientras la renta crece) un cambio de magnitud del capital no tendría influencia sobre la relación entre ganancia y capital y, por tanto, sobre la tasa de ganancia, porque, si la masa de la ganancia crece, crece también la masa del capital sobre la que se calcula, y a la inversa.

Esto solo es cierto en dos casos. Primero, cuando, supuestas invariables todas las demás circunstancias, y en especial la tasa de plusvalía, se produce un cambio de valor de la mercancía que es la mercancía dineraria. (Lo mismo ocurre con el cambio de valor meramente nominal, la subida o bajada de los signos de valor, en igualdad de circunstancias.) Sea el capital global = 100 £ y la ganancia = 20 £, y por tanto la tasa de ganancia = 20 %. Si el oro baja o sube ahora un 100 %, en el primer caso el mismo capital que antes valía 100 £ valdrá 200 £, y la ganancia tendrá un valor de 40 £, es decir, se representará en esta expresión dineraria en lugar de en las 20 £ de antes. En el segundo caso, el capital baja a un valor de 50 £, y la ganancia se representa en un producto por valor de 10 £. Pero en ambos casos 200 : 40 = 50 : 10 = 100 : 20 = 20 %. En todos estos casos, sin embargo, no se habría producido en realidad ningún cambio de magnitud en el valor del capital, sino solo en la expresión dineraria del mismo valor y de la misma plusvalía. Tampoco podría verse afectada, por tanto, p/C, o la tasa de ganancia.

El otro caso es aquel en que se produce un cambio real de magnitud del valor, pero este cambio de magnitud no va acompañado de un cambio en la relación v : c, es decir, cuando, con una tasa de plusvalía constante, la relación entre el capital desembolsado en fuerza de trabajo (considerando el capital variable como índice de la fuerza de trabajo puesta en movimiento) y el capital desembolsado en medios de producción sigue siendo la misma. En estas circunstancias, tengamos C o nC o C/n, por ejemplo 1.000 o 2.000 o 500, la ganancia, con una tasa de ganancia del 20 %, será en el primer caso 200, en el segundo = 400 y en el tercero = 100; pero 200/1.000 = 400/2.000 = 100/500 = 20 %.[^k5-t11] Es decir, la tasa de ganancia permanece aquí inalterada porque la composición del capital sigue siendo la misma y no resulta afectada por su cambio de magnitud. El aumento o la disminución de la masa de ganancia solo indica aquí, por tanto, un aumento o una disminución de la magnitud del capital empleado.

En el primer caso, pues, solo tiene lugar un cambio de magnitud aparente del capital empleado; en el segundo caso tiene lugar un cambio de magnitud real, pero ningún cambio en la composición orgánica del capital, en la relación de su parte variable con su parte constante. Pero, exceptuados estos dos casos, el cambio de magnitud del capital empleado es, o bien *consecuencia* de un cambio de valor previo en uno de sus componentes y, por tanto (en la medida en que la plusvalía misma no cambie con el capital variable), de un cambio en la magnitud relativa de sus componentes; o bien este cambio de magnitud (como en los trabajos en gran escala, la introducción de maquinaria nueva, etc.) es la *causa* de un cambio en la magnitud relativa de sus dos componentes orgánicos. En todos estos casos, por tanto, en igualdad de circunstancias, el cambio de magnitud del capital empleado tiene que ir acompañado de un cambio simultáneo de la tasa de ganancia.

* * *

El aumento de la tasa de ganancia procede siempre de que la plusvalía aumenta, relativa o absolutamente, en proporción a sus costes de producción, es decir, al capital global adelantado, o de que disminuye la diferencia entre la tasa de ganancia y la tasa de plusvalía.

Las fluctuaciones de la tasa de ganancia, independientes del cambio de los componentes orgánicos del capital o de la magnitud absoluta del capital, son posibles porque el valor del capital adelantado, en cualquier forma en que exista, fija o circulante, sube o baja a consecuencia de un aumento o una disminución, independiente del capital ya existente, del tiempo de trabajo necesario para su reproducción. El valor de toda mercancía —y, por tanto, también de las mercancías de que consta el capital— está condicionado, no por el tiempo de trabajo necesario contenido en ella misma, sino por el tiempo de trabajo *socialmente* necesario que se requiere para su reproducción. Esta reproducción puede efectuarse en circunstancias que la dificulten o la faciliten, distintas de las condiciones de la producción originaria. Si en las circunstancias modificadas se necesita en general el doble de tiempo, o, a la inversa, la mitad, para reproducir el mismo capital material, este, con un valor del dinero invariable, si antes valía 100 £, valdría ahora 200 £, o bien 50 £. Si este aumento de valor o esta desvalorización afectaran por igual a todas las partes del capital, también la ganancia se expresaría en correspondencia en una suma de dinero doble o solo en la mitad. Pero si implica un cambio en la composición orgánica del capital, si eleva o rebaja la relación entre la parte variable y la parte constante del capital, la tasa de ganancia, en igualdad de circunstancias, crecerá cuando el capital variable crezca relativamente y caerá cuando disminuya relativamente. Si solo sube o baja el valor en dinero (a consecuencia de un cambio de valor del dinero) del capital adelantado, sube o baja en la misma proporción la expresión dineraria de la plusvalía. La tasa de ganancia permanece inalterada.

[^k2-t1]: (Nota de la traducción.) En las fórmulas usamos letras españolas: M = mercancía o valor de la mercancía (en el original, W, *Ware*), p = plusvalía (m, *Mehrwert*) y p′ = tasa de plusvalía (m′), D = dinero (G, *Geld*). Donde Marx designa la ganancia (*Profit*) con p, escribimos g, y g′ para la tasa de ganancia (p′ en el original). En el capítulo cuarto, P y P′ son la masa anual y la tasa anual de plusvalía (M y M′ en el original), como en el libro segundo. Se conservan c = capital constante, v = capital variable, C = capital global y k = precio de coste (*Kostpreis*).

[^k2-1]: La confusión que de aquí puede surgir en la cabeza del economista se mostró en el libro I, cap. VII, 3, p. 216/206 y ss., con el ejemplo de N. W. Senior.

[^k2-2]: «En realidad ya sabemos que la plusvalía es mera consecuencia del cambio de valor que se opera en v, la parte del capital convertida en fuerza de trabajo, y que, por consiguiente, v + p = v + Δv (v más un incremento de v). Pero el cambio de valor real y la proporción en que el valor cambia quedan oscurecidos por el hecho de que, a consecuencia del crecimiento de su componente variable, crece también el capital total adelantado. Era 500 y se convierte en 590» (libro I, cap. VII, 1, p. 203/195).

[^k2-3]: Malthus, *Principles of Pol. Econ.*, 2.ª ed., Londres 1836, p. 268.

[^k2-4]: «Capital: lo que se gasta con vistas a una ganancia». Malthus, *Definitions in Pol. Econ.*, Londres 1827, p. 86.

[^k2-5]: Cf. libro I, cap. XVIII, p. 571/561 y ss.

[^k2-t2]: (Nota de la traducción.) Quarter: medida inglesa de capacidad para áridos, de unos 291 litros.

[^k2-6]: R. Torrens, *An Essay on the Production of Wealth*, Londres 1821, pp. 51-53, 349.

[^k2-7]: Malthus, *Definitions in Pol. Econ.*, Londres 1853, pp. 70, 71.

[^k2-t3]: (Nota de la traducción.) Según la teoría del flogisto, los cuerpos combustibles contenían un principio, el flogisto, que se desprendía al arder; Lavoisier la echó por tierra (véase el prólogo de Engels al libro segundo).

[^k2-t4]: (Nota de la traducción.) *Los campesinos*.

[^k2-t5]: (Nota de la traducción.) La Banque du peuple, que Proudhon fundó en París a comienzos de 1849 para conceder crédito gratuito mediante bonos de cambio; fracasó a los pocos meses.

[^k2-8]: «Las masas de valor y de plusvalía producidas por distintos capitales están, dados el valor y un grado de explotación igual de la fuerza de trabajo, en razón directa de las magnitudes de las partes componentes variables de esos capitales, es decir, de sus partes componentes convertidas en fuerza de trabajo viva» (libro I, cap. IX, p. 312/303).

[^k3-t2]: (Nota de la traducción.) Las páginas remiten a dos ediciones alemanas del libro primero; el pasaje está en el capítulo 10, «Concepto de la plusvalía relativa».

[^k3-9]: Aquí dice en el manuscrito: «Habrá que investigar más adelante cómo se relaciona este caso con la renta de la tierra».

[^k3-t3]: (Nota de la traducción.) Así en la 1.ª edición (1894) y en la MEW; por lo dicho al principio de este mismo párrafo (20 obreros producen en 200 horas de trabajo un valor de 40), debería decir 40.

[^k3-10]: En el manuscrito se encuentran además cálculos muy detallados sobre la diferencia entre la tasa de plusvalía y la tasa de ganancia (p′ – g′), que presenta toda clase de particularidades interesantes y cuyo movimiento indica los casos en que las dos tasas se alejan una de otra o se aproximan entre sí. Estos movimientos pueden representarse también en curvas. Renuncio a reproducir este material, porque es menos importante para los fines inmediatos de este libro, y aquí basta con llamar sencillamente la atención sobre este punto a los lectores que quieran seguir estudiándolo. — F. E.

[^k3-t6]: (Nota de la traducción.) Página de la edición alemana del libro segundo; el pasaje está en el capítulo 14, «El tiempo de circulación».

[^k3-t8]: (Nota de la traducción.) Páginas de dos ediciones alemanas del libro primero; el ejemplo está en el capítulo 7, apartado 1.

[^k4-11]: «Como en todas las fábricas hay invertida una suma muy elevada de capital fijo en edificios y máquinas, la ganancia será tanto mayor cuanto mayor sea el número de horas durante las cuales pueda mantenerse en funcionamiento esta maquinaria.» (*Rep. of Insp. of Fact., October 31, 1858*, p. 8.)

[^k4-t24]: (Nota de la traducción.) «Rep. Fact.»: Reports of the Inspectors of Factories, los informes de los inspectores fabriles británicos, que se publicaban semestralmente y se citan por el mes (abril u octubre) y el año.

[^k4-t1]: (Nota de la traducción.) Libro I, capítulos XI (cooperación), XII (división del trabajo y manufactura) y XIII (maquinaria y gran industria).

[^k4-t2]: (Nota de la traducción.) Marx llama «excrementos» (Exkremente) de la producción y del consumo a sus residuos y desperdicios; precisa el término al comienzo del apartado IV de este capítulo.

[^k4-12]: Véase Ure sobre el progreso en la construcción de las fábricas.

[^k4-t4]: (Nota de la traducción.) Las páginas del libro I que se citan en este capítulo remiten a ediciones alemanas de la época; este pasaje corresponde al capítulo XXII, apartado 4.

[^k4-t5]: (Nota de la traducción.) Simon-Nicolas-Henri Linguet (1736-1794), abogado y publicista francés.

[^k4-t6]: (Nota de la traducción.) Alusión a las cooperativas de Rochdale, los «experimentos cooperativos de Rochdale» de que se habla en el libro primero.

[^k4-t8]: (Nota de la traducción.) Inspector fabril, a quien Marx cita a menudo en el libro primero.

[^k4-t9]: (Nota de la traducción.) «Asociación Nacional para la Reforma de las Leyes Fabriles».

[^k4-t10]: (Nota de la traducción.) «Matar no es asesinar».

[^k4-t11]: (Nota de la traducción.) La 1.ª edición (1894) dice «Thomas Fairbairn»; seguimos la MEW.

[^k4-t12]: (Nota de la traducción.) Tribunal del Banco de la Reina.

[^k4-t13]: (Nota de la traducción.) Dirigía el departamento médico del Consejo Privado (Privy Council), que publicaba los informes anuales sobre *Public Health*.

[^k4-t14]: (Nota de la traducción.) La 1.ª edición (1894) dice: «en otros 4, 4-500; en 5, de 200-250; en 4, de 150-200…»; las cifras intermedias («en otros 5, 300-400; en otros 5, 250-300; en otros 7») las añade la MEW entre corchetes. Seguimos la MEW.

[^k4-t15]: (Nota de la traducción.) Ley sobre la eliminación de los focos de insalubridad («nuisances»).

[^k4-t18]: (Nota de la traducción.) A. Redgrave, inspector fabril.

[^k4-t19]: (Nota de la traducción.) Shoddy: lana regenerada a partir de trapos.

[^k4-t21]: (Nota de la traducción.) El setier es una antigua medida francesa de áridos; el modio, una medida romana de áridos; el as, una moneda romana.

[^k4-t22]: (Nota de la traducción.) Ure, *The Philosophy of Manufactures*, y Babbage, *On the Economy of Machinery*, obras citadas en el libro primero.

[^k4-t23]: (Nota de la traducción.) «De sus huesos» (latín).

[^k5-13]: «The Factory Question and the Ten Hours Bill», by R. H. Greg, Londres, 1837, p. 115.

[^k5-14]: El informe comete un error en la frase final. En lugar de 6 peniques de pérdida por desperdicio debe decir 3 peniques. Esta pérdida es, ciertamente, del 25 % con el algodón indio, pero solo del 12½ al 15 % con el norteamericano, y de este se trata aquí, del mismo modo que antes se ha calculado correctamente la misma proporción con el precio de 5 a 6 peniques. Es cierto que también con el algodón norteamericano que llegó a Europa durante los últimos años de la guerra civil la proporción de desperdicio subió a menudo considerablemente respecto de antes. — F. E.

[^k5-t12]: (Nota de la traducción.) «Rédito» traduce *Revenue*: el ingreso periódico del capitalista (o de otras clases) destinado al consumo, por oposición al capital. En nuestra traducción del libro primero se tradujo «renta»; en los libros segundo y tercero usamos siempre «rédito».

[^k5-15]: Ejemplos, entre otros, en Babbage. El recurso habitual —la rebaja del salario— se aplica también aquí, y así esta constante desvalorización actúa de un modo muy distinto de lo que sueña el señor Carey en su cerebro armónico.

[^k5-16]: Desde que se escribió lo anterior (1865), la competencia en el mercado mundial ha aumentado considerablemente gracias al rápido desarrollo de la industria en todos los países civilizados, en especial en América y en Alemania. El hecho de que las fuerzas productivas modernas, que crecen rápida y gigantescamente, desbordan cada día más las leyes del intercambio capitalista de mercancías dentro de las cuales deben moverse, este hecho se impone hoy cada vez más también a la consciencia de los propios capitalistas. Esto se muestra sobre todo en dos síntomas. Primero, en la nueva manía proteccionista general, que se distingue del viejo proteccionismo sobre todo en que protege más precisamente los artículos exportables. Segundo, en los cárteles (trusts) de los fabricantes de grandes esferas enteras de la producción para regular la producción y, con ella, los precios y las ganancias. Ni que decir tiene que estos experimentos solo son practicables con un tiempo económico relativamente favorable. La primera tormenta tiene que echarlos por tierra y demostrar que, aunque la producción necesite una regulación, no es sin duda la clase capitalista la llamada a ello. Entretanto, estos cárteles no tienen más objeto que procurar que los pequeños sean devorados por los grandes todavía más deprisa que hasta ahora. — F. E.

[^k5-17]: Se entiende que nosotros no *explicamos*, como el señor Baker, la crisis lanera de 1857 por la desproporción de los precios entre la materia prima y el artículo fabricado. Esta desproporción no era sino un síntoma, y la crisis fue una crisis general. — F. E.

[^k5-18]: En Inglaterra se distingue rigurosamente entre la Woollen Manufacture, que hila y teje lana cardada a partir de lana corta (centro principal, Leeds), y la Worsted Manufacture, que hila y teje estambre a partir de lana larga (sede principal, Bradford, en Yorkshire). — F. E.

[^k5-19]: Esta rápida expansión de la hilatura mecánica de hilo de lino en Irlanda dio entonces el golpe de gracia a la exportación del lienzo alemán (silesio, lusaciano, westfaliano) tejido con hilo hilado a mano. — F. E.

[^k5-t3]: (Nota de la traducción.) «Penuria algodonera»: así se llamó en Inglaterra la escasez de algodón provocada por la guerra civil norteamericana (1861-1865).

[^k5-t5]: (Nota de la traducción.) Remite al capítulo 21 del libro primero, «La reproducción simple», donde Marx trata de la oposición de los fabricantes a la emigración de los obreros del algodón durante la crisis de 1863.

[^k5-t6]: (Nota de la traducción.) Ley de obras públicas, en virtud de la cual las autoridades locales daban ocupación en obras públicas a los obreros parados de los distritos algodoneros.

[^k5-t7]: (Nota de la traducción.) Talleres nacionales: los creados en París tras la revolución de febrero de 1848 para dar trabajo a los parados; su cierre en junio provocó la insurrección obrera de junio de 1848.

[^k5-t8]: (Nota de la traducción.) In corpore vili: «en un cuerpo sin valor» (latín); se decía de los experimentos que se hacían en animales o en cuerpos considerados despreciables.

[^k5-t10]: (Nota de la traducción.) La copia de la MEW da aquí «= 10 %», errata evidente; se corrige según la primera edición (1894) y el cálculo: 1.000/12.000 = 8⅓ %.

[^k5-t11]: (Nota de la traducción.) La copia de la MEW da «200/500»; se corrige según la primera edición (1894) y el cálculo: la ganancia del tercer caso es 100.
