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Title: Engels a Friedrich Graeber, [Bremen, hacia el 23 de abril]-1 de mayo [de 1839]
Description: Engels confiesa sus dudas sobre la inspiración literal de la Biblia, revela que es el autor de las «Cartas desde el Wuppertal» y copia para su amigo fragmentos de su tragicomedia «Sigfrido el de la piel de cuerno», con sátiras contra los literatos sajones y contra la disputa entre Leo y Michelet.
Author: Friedrich Engels
Date: 1839-04-23
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/cartas/1839-04-23%20Engels%20a%20Friedrich%20Graeber
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*Carta de Friedrich Engels, de dieciocho años, a Friedrich Graeber, que estudiaba entonces teología en Berlín, escrita en Bremen entre el 23 de abril, aproximadamente, y el 1 de mayo de 1839 (el lugar, el año y la fecha de comienzo los conjetura la edición; la fecha final la da la propia carta). Traducida de Marx/Engels,* Gesamtausgabe *(MEGA¹), sección I, tomo 2 (Berlín, 1930), pp. 505-515, por la Escuela de marxismo, 2026. Se conserva completa. Las notas son nuestras. [Texto original](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/cartas/originales/1839-04-23%20Engels%20an%20Friedrich%20Graeber).*

*Fritz Graeber.*[^1] Ahora me ocupo mucho de filosofía y de teología crítica. Cuando uno cumple dieciocho años y conoce a Strauss, a los racionalistas y la *Kirchenzeitung*,[^2] o lo lee todo sin pensar o empieza a dudar de su fe del Wuppertal. No entiendo cómo los predicadores ortodoxos pueden ser tan ortodoxos, cuando en la Biblia hay contradicciones evidentes. ¿Cómo se pueden conciliar las dos genealogías de José, el marido de María, las distintas versiones de la institución de la eucaristía («esta es mi sangre», «este es el nuevo testamento en mi sangre»), de los endemoniados (el primero cuenta que el demonio salió sin más; el segundo, que se metió en los cerdos), la noticia de que la madre de Jesús salió a buscar a su hijo, al que tenía por loco, aunque lo había concebido milagrosamente, etc., con la fidelidad, la fidelidad literal de los evangelistas?[^3] ¿Y qué decir de la discrepancia en el padrenuestro, en el orden de los milagros, de la concepción peculiarmente profunda de Juan, que sin embargo enturbia a todas luces la forma del relato? Las *Christi ipsissima verba*,[^4] en las que tanto insisten los ortodoxos, suenan distintas en cada evangelio. Por no hablar del Antiguo Testamento. Pero en el bendito Barmen eso no se lo dicen a uno; allí le enseñan con principios muy diferentes. ¿Y en qué se funda la vieja ortodoxia? En nada, si no es en… la rutina. ¿Dónde exige la Biblia fe literal en su doctrina, en sus relatos? ¿Dónde dice *un solo* apóstol que todo lo que cuenta es inspiración directa? Eso no es someter la razón a la obediencia de Cristo, como dicen los ortodoxos;[^5] no, eso es matar lo divino en el hombre para sustituirlo por la letra muerta. Por eso sigo siendo tan buen supranaturalista como antes,[^6] pero lo ortodoxo lo he dejado. Así que jamás de los jamases podré creer que un racionalista que procura con todo su corazón hacer el bien todo lo que puede vaya a condenarse eternamente. Eso contradice también a la propia Biblia. Porque está escrito que nadie se condena por el pecado original, sino por su propio pecado; y si uno resiste al pecado original con todas sus fuerzas y hace lo que puede, sus pecados reales no son más que consecuencia necesaria del pecado original, de modo que no pueden condenarlo.

24 de abril. ¡Ja, ja, ja! ¿Sabes quién ha hecho el artículo del *Telegraph*?[^7] El autor es el que esto escribe, pero te aconsejo que no digas nada, me metería en unos apuros de mil demonios. A Kohl, a Ball y a Hermann casi solo los conozco por las reseñas de W. Blank y de Strücker, que he copiado casi al pie de la letra;[^8] pero que Kohl dice disparates, como su nombre indica, y que Hermann es un pietista enclenque lo sé por haberlos oído yo mismo.[^9] El D. es el dependiente *Dürholt*, de la casa Wittenstein de Unterbarmen.[^10] Por lo demás, me precio de no haber dicho en él nada que no pueda probar. Solo una cosa me fastidia: no haber presentado a *Stier* con bastante relieve; como teólogo no es nada despreciable. Pero ¿no admiras mi conocimiento de los caracteres, sobre todo de Krummacher y de Döring (lo que digo de su sermón me lo contó P. Jonghaus), y de la literatura?[^11] Las observaciones sobre Freiligrath deben de estar bien, porque si no Gutzkow las habría tachado.[^12] El estilo, eso sí, es de perros. Por lo visto el artículo ha causado sensación; os comprometo a los cinco, por vuestra palabra de honor, a no decir a nadie que el autor soy yo. ¿Entendido? En cuanto a los insultos, los he cargado casi todos sobre ti y sobre Wilhelm, porque tenía delante precisamente vuestras cartas cuando me entraron ganas de insultar. Sobre todo, F. Plümacher *no* debe enterarse de que el artículo es mío.[^13] ¡Y qué tipo es Ball, por cierto! Le toca predicar el Viernes Santo, no tiene ganas de estudiar y se aprende de memoria un sermón que encuentra en el *Menschenfreund*,[^14] y lo predica. Krummacher está en la iglesia, el sermón le suena, y por fin cae en la cuenta de que fue él mismo quien lo predicó el Viernes Santo de 1832. Otras personas que habían leído el sermón también lo reconocen; a Ball le piden explicaciones y tiene que confesar. *Signum est, Ballum non tantum abhorrere a Kr[ummachero], ut Tu quidem dixisti.*[^15] Te agradezco mucho la reseña detallada del *Fausto*. La adaptación de la obra será la miserable de Raupach;[^16] ese canalla se mete en todo y estropea no solo a Schiller, trillando sus imágenes y sus ideas en sus propias tragedias, sino también a Goethe, maltratándolo. Que mis *poemata* vayan a tener una salida arrolladora es dudoso; que tengan una salida por el retrete es más probable, porque acabarán de papel de envolver y de limpiaculos.[^17] Lo que escribiste en rojo no lo pude leer; así que no mandaré ni los 5 Sgr.[^18] ni los puros. Esta vez recibirás o la *canzone* o un trozo de la comedia, empezada pero sin terminar. Ahora tengo que irme corriendo a la clase de canto, adiós.

27 de abril.

> Fragmentos de una tragicomedia: *Sigfrido el de la piel de cuerno*.[^19]
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> I. Palacio del rey Sieghard. Consejo.
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> *Sieghard*: Así que de nuevo estáis reunidos, leales, como miembros robustos de Nuestro reino, en torno a Nuestro alto trono real. Todos vosotros… pero falta Nuestro hijo. Ese andará otra vez por el bosque, lejos; nunca sentará la cabeza, y ya tiene edad. En vez de sentarse aquí en Nuestro consejo, donde Nos sudamos de la mañana a la noche; en vez de escuchar aquí la palabra de los ancianos, deja que le instruya el griterío de los pájaros; en vez de ir aquí en pos de la sabiduría, quiere pelearse con los osos; y cuando habla con Nuestra Majestad, no pide más que guerra mañana y tarde. Hace tiempo que habríamos cedido si Dios, en su sabiduría, no Nos hubiera concedido tal entendimiento que Nuestro juicio no se precipita. ¡Cómo se arruinaría el país entero si un mozalbete así se saliera con la suya!
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> *Un consejero*: Vuestra Majestad habla, como siempre, muy sabiamente y da en el clavo. No obstante, con la venia de mi rey, diré lo que creo en mi simpleza. Los caminos del hombre son diversos. El muchacho no tiene más que dieciocho años; tiene la cabeza en la caza y en la pelea; la sabiduría también llega con el tiempo. Pues el ardor juvenil corre libre hacia fuera; la sabiduría se queda quieta en casa; el ardor juvenil acaba por amansarse, y su fuerza orgullosa se vuelve torpe; entonces vuelve a la sabiduría y encuentra en casa, junto a ella, su felicidad. Así que dejad que el joven salga pronto a caballo a pelear con dragones y gigantes; la vejez lo alcanzará bien deprisa, y ella y la vida, las dos, le enseñarán la sabiduría; entonces escuchará de buen grado sus palabras.
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> *Sigfrido* (entra): ¡Oh bosque! ¿Tengo que dejarte, con tus árboles lozanos? En ti se banquetea mejor que a la mesa del rey; ¿dónde vive más a gusto la caza que en el valle del bosque? Al verde techo de hojas le tienen envidia las salas de oro. Ya lo veo, señor padre, queréis reñirme porque he andado tanto tiempo por ahí; ¿siempre lo voy a pagar yo cuando el jabalí me corre demasiado deprisa? Si no he de cazar ni pelear, dadme un caballo y una espada, y podré cabalgar por tierras extrañas, como tantas veces os he pedido.
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> *Sieghard*: ¿Todavía se te va la cabeza a eso? ¿Cuándo vas a ser sensato por fin? Mientras tu arrogancia sea tan arrebatada, nunca te comportarás con juicio. Y como el mejor remedio es darte libre tu voluntad, vete: una buena porra de gigante ya te despertará de tus ensueños. Toma espada y caballo, márchate y vuelve pronto, y más listo, a Nuestra casa.
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> *Sigfrido*: ¿Lo habéis oído? ¡Una espada, un caballo! ¿Qué me importan el yelmo y la cota? ¿Qué me importa el séquito de escuderos? ¡Solo, con mi ánimo audaz! El torrente salvaje de la montaña se precipita bramando, solo, por la garganta del bosque; los abetos caen silbando ante él: así se abre él mismo su camino; y como el torrente quiero ser yo, abriéndome camino completamente solo.
>
> *Consejero*: No se aflija por ello Vuestra Majestad si el joven héroe se marcha; también el torrente baja algún día al valle; entonces ya no se oye el estrépito de los árboles que caen, entonces corre tranquilo por la llanura, fertiliza las tierras de alrededor, la furia de las olas se vuelve juego y acaba perdiéndose en la arena.
>
> *Sigfrido*: ¿Para qué quedarme más tiempo en este viejo castillo? Ahí cuelga una espada del pilar, y fuera relincha un caballo; ¡ven de tu columna, vieja espada reluciente, para que me vaya de aquí! ¡Adiós, mi querido padre! (Sale.)
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> II. Fragua en el bosque. Entra Sigfrido. — — — Entra el Maestro. — — —[^20]
>
> *Maestro*: Estáis en la gran fragua donde se hacen las bonitas novelas cortas que despliegan en los almanaques, junto con más de una canción, su augusto esplendor. Aquí se martillean revistas que unen la crítica y la poesía; de la mañana hasta que oscurece veis brillar el fuego de la forja. Pero id… tomad primero comida y vino… Aprendiz, lleva al señor ahí dentro. (Sigfrido sale con el aprendiz.)
>
> *Maestro*: ¡Adelante, al trabajo, oficiales! Yo estoy siempre a vuestro lado, trabajando. ¡Golpead las novelas en el yunque para que se estiren bien a lo ancho! Poned al rojo las canciones en la forja, que se empapen bien de fuego; luego echadlo todo en una pella: el estómago del público es muy grande. Y si no tenéis hierro bastante, el maestro sabe el remedio: tres héroes de Scott, tres mujeres de Goethe, un caballero de Fouqué, fiero y acerado; de verdad que no hace falta más para las novelas de doce narradores. Para las canciones, las poesías de Uhland son todo un almacén de frases hechas.[^21] Así que blandid el martillo con todas vuestras fuerzas: ¡el mejor es el que más produce!
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> *Sigfrido* (vuelve): Gracias, maestro, por el buen vino; me he echado al cuerpo doce jarras.
>
> *Maestro*: (¡Maldito tipo!) Me alegra mucho que os haya gustado mi vino del Rin; si os place, acercaos, os presentaré a todos los trabajadores. Este de aquí es el mejor de todos, hace relatos licenciosos y honorables, como yo los pido, se deja alabar por el gran Wolfgang… Menzel, el que reside en Stuttgart; su nombre es: el señor von Tromlitz.[^22] El otro de aquí es casi igual de bueno, también es de sangre noble: es la C mayúscula de Wachsmann;[^23] no veo aquí a ninguno mejor; no hay almanaque que pueda existir sin que se le note a él; arroja novelas por docenas a la cara del público, que se queda pasmado; trabaja con el sudor de su frente, y, lo que más quiere decir, por la poesía no ha hecho nada todavía, y por enervar el gusto, muchísimo. Porque el gusto, ese me da mucho miedo: solo él nos lleva a la ruina. Ahí hay un tercero, Robert Heller: su estilo está pulido como un plato de estaño; el público lo toma por plata, y nosotros lo dejamos tan tonto como está. Es verdad que no produce tanto como los otros dos, y que hasta anda a la caza de caracteres, pero ahora le ha dado un buen golpe en la boca a la mística, que no la puede ver. Ya sabéis que los cuatro evangelistas no eran más que unos pietistas tontos; él los ha arreglado un poco, los ha despojado de lo venerable y lo piadoso, los ha preparado para servirlos con el té: leed sus *Hermanas de Lázaro*. También sabe hacer arrumacos con mucha gracia: más encontraréis en sus rosas de chismorreo.[^24] Aquí está la erudición amena: el sutil Friedrich Nork, el poeta más grande que ha vivido desde que el mundo existe. Inventa y miente las cosas más bonitas, os demuestra con las lenguas de Oriente que vos sois un asno y Elías el sol, porque el Oriente es la fuente de todas las lenguas. Pero entendimiento, eso no se lo encontraréis nunca, ni saber sólido ni etimología.[^25] Aquí está el valiente Herlossohn, que bien merecería un trono, novelista y lírico, panegirista del disparate; sobre todo su estrella cometa la leen los tontos con muchísimo gusto.[^26] Ahora vienen, bajo la dirección de Winkler, los señores de la *Abendzeitung*: Thuringus, Faber, von Grosscreutz; ¡qué encanto ya en los nombres![^27] Pero ¿para qué voy a alabarlos a todos? El público, que es algo estrafalario, hace mucho que los ha subido al cielo, los ha elevado hasta las estrellas. Algunos están ausentes en este momento, recogiendo leña seca en el bosque; del enjambre de aprendices no hay nada que decir, todavía golpean el yunque con poca fuerza, pero espero que todos lleguen a buenos, con tal que tengan una gota de sangre de novelista.
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> *Sigfrido*: Pero decidme, maestro, ¿cómo os llamáis?
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> *Maestro*: Siento el espíritu literario sajón encarnado en mi humilde persona. Pero si queréis ver lo que puedo, ved lo nervudo de mis brazos y mi recio martillazo. Creo que vos tampoco martilleáis mal; ¿queréis uniros a mis oficiales?
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> *Sigfrido*: ¡Trato hecho, maestro! Me viene de perlas; os serviré como cualquier otro mozo de fragua.
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> *Maestro*: Os pongo de aprendiz con Theodor Hell. Martillead, como prueba, estas dos novelas.
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> *Sigfrido*: ¡Ja! Si rompía los robles con mis puños, y si el oso sucumbía ante mi atrevido ataque, si podía derribar al toro en celo, ¿cómo no voy a blandir el martillo en el noble arte de la forja? Trabajo de aprendiz no pienso hacer ni un instante; oficial no quiero seguir siendo: ¡aquí está mi obra maestra! Dadme las barras de hierro: un golpe… ¡y están partidas! Todas han saltado hechas polvo: ¡se acabó la forja!
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> *Theodor Hell*: ¡Calma, calma! ¿Qué significa esto? ¡Ahora mismo os golpeo yo a vos como vos al hierro!
>
> *Sigfrido*: ¿Qué tienes que parlotear todavía? ¿Por qué te indignas tanto? Ya estás en el suelo: ¡levántate, si te apetece!
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> *Theodor Hell*: ¡Ay, socorro, socorro!
>
> *Maestro*: Joven oficial, ¿por qué me pegáis a los otros mozos? ¡Andando, largaos de aquí ahora mismo, o os arranco el pellejo por las orejas!
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> *Sigfrido*: ¡Precisamente tú eres el indicado para eso! (Lo derriba.)
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> *Maestro*: ¡Ay de mí, ay de mí!, etc.

A Sigfrido lo mandan al bosque, mata al dragón y, de vuelta, al maestro, dispersa a los oficiales y se va.

> III. En el bosque.
>
> *Sigfrido*: Otra vez oigo cómo, entre los setos, dos hombres se pegan. Ahí vienen… ¡es para reírse de verdad! ¡Ninguno de los dos hará callar al otro! Creí que venían dos gigantes forzudos, con los abetos más fuertes por astas de lanza, y vienen dos profesores secos que se tiran libros a las orejas. (Llegan Leo y Michelet.)[^28]
>
> *Leo*: ¡Acércate, perro de hegeliano!
>
> *Michelet*: ¡Pietista, eres muy poca cosa para mí!
>
> *Leo*: ¡Toma la Biblia en la cabeza!
>
> *Michelet*: ¡Y tú a Hegel, imbécil enhallerado![^29]
>
> *Leo*: ¡Te devuelvo a Hegel, blasfemo!
>
> *Michelet*: ¡Y yo a ti la Biblia en la nuca!
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> *Leo*: ¿Qué quieres todavía? ¿No estás muerto hace mucho?
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> *Michelet*: ¡Lo estarás tú, fanático estudiantón!
>
> *Sigfrido*: ¿Cuál es el motivo de vuestra pelea?
>
> *Leo*: El hegeliano, esa boca blasfema, quiere traer la Biblia al desprecio; ¡hay que lanzarse contra él!
>
> *Michelet*: ¡Miente, el muy patán grosero! ¡No quiere respetar a Hegel!
>
> *Sigfrido*: Pero ¿no os tirabais uno a otro precisamente los libros por los que os peleáis?
>
> *Leo*: Lo mismo da: no es cristiano.
>
> *Michelet*: Tan bueno como tú, y mejor. Habla de cosas que no entiende.
>
> *Sigfrido*: Pero ¿qué queréis? ¡Seguid vuestro camino! ¿Quién empezó la pelea?
>
> *Leo*: Fui yo, y me precio de ello sin temor. He luchado por Dios y con Dios.
>
> *Sigfrido*: Pues has montado un caballo cojo. Este no matará al cristianismo, ni tú lo sacarás de apuros; déjalo a su manera: ¡eres libre de enseñar otra cosa! ¡Y no le hagas pagar a Nuestro Señor tu furia ciega, tus improperios desatinados! Ahora vete tú por aquí y tú por allá, ¡y quitaos la pelea de la cabeza! (Leo y M[ichelet] salen cada uno por un lado.)
>
> *Sigfrido*: Nunca he visto una furia igual, ¡y son hombres pacíficos y doctos, entendidos en las nobles ciencias, y se lanzan uno contra otro como locos! Pero ahora el hambre me atormenta otra vez; así que bajaré al valle, a ver si encuentro una casa o un castillo donde reponer mis miembros; si no, ya me procurará presa mi arco.

Hasta aquí. Los trozos de la acción los he dejado fuera; solo he copiado la introducción y las partes satíricas. Esto es lo último; ahora habría que tomarla con el rey de Baviera,[^30] pero ahí se atasca. A la cosa le faltan redondez y enredo. Pídele a Wurm que se ocupe de llevar las poesías al *Musenalmanach*;[^31] tengo que terminar, sale el correo.

Tuyo  
Friedr. Engels.  
1 de mayo del 39.

[^1]: Friedrich (Fritz) Graeber, hijo de un pastor de Barmen, compañero de Engels en el instituto de Elberfeld y uno de sus amigos más íntimos; estudió teología en Bonn y en Berlín y fue luego pastor. Su hermano Wilhelm, nombrado más abajo, siguió el mismo camino.

[^2]: David Friedrich Strauss (1808-1874), cuya *Vida de Jesús, examinada críticamente* (1835-1836) trataba los evangelios como mitos y provocó un escándalo enorme. La *Evangelische Kirchenzeitung* de Berlín, dirigida por Ernst Wilhelm Hengstenberg, era el órgano de la ortodoxia protestante.

[^3]: Las dos genealogías de José están en Mateo 1 y Lucas 3; la «nueva alianza» o «nuevo testamento en mi sangre», en Lucas 22, 20, frente a «esta es mi sangre» de Mateo y Marcos; la madre y los hermanos de Jesús que van a buscarlo porque dicen que ha perdido el juicio, en Marcos 3, 21 y 31.

[^4]: En latín: «las palabras mismísimas de Cristo».

[^5]: Alusión a 2 Corintios 10, 5: «reduciendo a cautiverio todo pensamiento a la obediencia de Cristo».

[^6]: El supranaturalismo era la corriente teológica que, frente al racionalismo, defendía la revelación sobrenatural, pero sin el literalismo de la vieja ortodoxia.

[^7]: Las [Cartas desde el Wuppertal](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1839%20Cartas%20desde%20el%20Wuppertal), que Engels publicó sin firma en el *Telegraph für Deutschland* de Hamburgo en marzo y abril de 1839.

[^8]: Albert Kohl (1802-1882), Hermann Ball (muerto en 1860) y Reinhard Hermann (1806-1839), predicadores de la iglesia reformada de Elberfeld. Wilhelm Blank (1821-1892) y Strücker eran amigos de juventud de Engels.

[^9]: En el original, *daß Kohl aber kohlt*: *Kohl* es «col», y *kohlen*, «decir sandeces». El mismo chiste está en las *Cartas desde el Wuppertal*.

[^10]: En las *Cartas desde el Wuppertal* Engels se burla de un joven dependiente que escribe novelas y al que solo nombra como «el gran D.».

[^11]: Rudolf Stier (1800-1862), pastor en Wichlinghausen; Friedrich Wilhelm Krummacher (1796-1868), predicador reformado de Elberfeld y cabeza del pietismo del Wuppertal; Karl August Döring (1783-1844), pastor luterano en Elberfeld. Peter Jonghaus, de Barmen, compañero de Engels, estudiaba teología en Berlín.

[^12]: Ferdinand Freiligrath (1810-1876), el poeta, trabajaba entonces de empleado de comercio en Barmen. Karl Gutzkow (1811-1878), escritor de la Joven Alemania, dirigía el *Telegraph für Deutschland*.

[^13]: Friedrich Plümacher, de Elberfeld, compañero de Engels; estudió luego teología en Berlín.

[^14]: *Der Menschenfreund*, revista religiosa que se publicaba en Berlín.

[^15]: En latín: «Es señal de que Ball no aborrece tanto a Kr[ummacher] como tú decías».

[^16]: Ernst Raupach (1784-1852), autor prolífico de dramas que dominaba entonces los escenarios de Berlín.

[^17]: Juego de palabras: *einen reißenden Abgang haben*, «venderse como rosquillas» (literalmente, tener una salida arrolladora), y *einen scheißenden Abgang*, una salida «cagando».

[^18]: Silbergroschen, moneda prusiana de plata, la trigésima parte de un tálero.

[^19]: *Der gehörnte Siegfried*: Sigfrido, que se bañó en la sangre del dragón y se le volvió la piel dura como el cuerno, salvo en un punto de la espalda; es el título del libro popular alemán sobre el héroe, del que Engels habla en su artículo «Los libros populares alemanes», de este mismo año. Engels copia aquí solo fragmentos sueltos de su pieza.

[^20]: Así en la edición: dos líneas de guiones.

[^21]: Walter Scott (1771-1832), Friedrich de la Motte Fouqué (1777-1843), autor de novelas de caballerías románticas, y el poeta Ludwig Uhland (1787-1862).

[^22]: A. von Tromlitz, seudónimo de Karl August von Witzleben (1773-1839), autor de novelas históricas. Wolfgang Menzel (1798-1873), crítico literario y director del *Literaturblatt* del *Morgenblatt* de Stuttgart, enemigo declarado de la Joven Alemania; el encabalgamiento juega con el nombre de Wolfgang Goethe.

[^23]: Karl von Wachsmann (1787-1862), novelista.

[^24]: Robert Heller (1814-1871), escritor y periodista, autor de *Die Schwestern des Lazarus* («Las hermanas de Lázaro») y director en Leipzig de la revista *Rosen* («Rosas»).

[^25]: Friedrich Nork (1803-1850), escritor de especulaciones mitológicas y etimológicas. «Elías el sol»: juego con el parecido entre *Elias* y *Helios*, el sol en griego.

[^26]: Karl Herlossohn (1804-1849), publicista liberal y novelista, editor de la revista *Der Komet* («El cometa»).

[^27]: La *Abendzeitung* de Dresde la dirigía Theodor Hell, seudónimo de Karl Gottlieb Theodor Winkler (1775-1856); Thuringus, Faber y von Grosscreutz son seudónimos de colaboradores suyos. De ahí el «espíritu literario sajón» del maestro de la fragua.

[^28]: Heinrich Leo (1799-1878), historiador, profesor en Halle y pietista, atacó a los jóvenes hegelianos en su folleto *Die Hegelingen* («Los hegelianillos», 1838); Karl Ludwig Michelet (1801-1893), hegeliano y profesor en Berlín, fue uno de los que le replicaron.

[^29]: En el original, *verhallerter*: impregnado de las ideas de Karl Ludwig von Haller (1768-1854), teórico de la Restauración y del Estado patrimonial.

[^30]: Luis I (1786-1868), rey de Baviera desde 1825, que publicaba poesías.

[^31]: Gustav Wurm (1819-1888), compañero de Engels en el instituto de Elberfeld, que estudiaba entonces filología en Berlín. Un *Musenalmanach* («almanaque de las musas») era una antología poética anual; la carta no dice cuál.
