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Title: Engels a Marx, Barmen, 19 de noviembre de 1844
Description: Engels da noticia de las asociaciones para la elevación de los obreros y de su libro sobre los proletarios ingleses, y discute el libro de Stirner El único y su propiedad: qué hay que rechazar en él y qué hay que recoger.
Author: Friedrich Engels
Date: 1844-11-19
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/cartas/1844-11-19%20Engels%20a%20Marx
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*Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en París, escrita en Barmen el 19 de noviembre de 1844. Se conserva completa, salvo unas palabras perdidas por daños del papel. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 2, pp. 4-9) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/cartas/originales/1844-11-19%20Engels%20an%20Marx).*

N.º 2.

Querido M.:

Hace unos quince días recibí unas líneas tuyas y de Bernays,[^1] fechadas el 8 de octubre y con matasellos de Bruselas del 27 de octubre. Más o menos por las mismas fechas en que escribiste la nota te envié una carta, dirigida a tu mujer, y espero que la hayas recibido. Para estar seguros en adelante de que nadie hace trampas con nuestras cartas, vamos a numerarlas; la de ahora es, pues, la n.º 2, y cuando escribas, indícame hasta qué número has recibido y si falta alguno en la serie.

Hace unos días estuve en Colonia y en Bonn. En Colonia todo va bien. Grün[^2] te habrá contado lo activa que es la gente. Hess piensa ir también ahí dentro de dos o tres semanas, si consigue el dinero necesario. A Bürgers[^3] ya lo tenéis ahí, y con eso un concilio como Dios manda. Tanto menos me necesitaréis, y tanto más falta hago yo aquí. Está claro que todavía no puedo ir, porque si no tendría que romper con toda mi familia. Además, tengo una historia de amores que también tengo que arreglar primero. Y uno de nosotros tiene que estar aquí ahora, porque a la gente hay que aguijonearla para que siga activa como es debido y no se pierda en toda clase de bobadas y extravíos. Así, por ejemplo, no hay manera de convencer a Jung[^4] y a otros muchos de que entre nosotros y Ruge[^5] hay una diferencia de principio, y siguen pensando que se trata de un mero escándalo personal. Si se les dice que Ruge no es comunista, no acaban de creérselo y opinan que de todos modos es una lástima haber tirado por la borda tan a la ligera a una «autoridad literaria» como Ruge. ¿Qué se les va a decir? Habrá que esperar a que Ruge vuelva a soltar alguna estupidez colosal para que se les pueda demostrar *ad oculos*.[^6] No sé, con Jung no hay nada que hacer; al tipo le falta decisión.

Ahora hay por todas partes reuniones públicas para fundar asociaciones para la elevación de los obreros;[^7] eso mete un movimiento estupendo entre los germanos y dirige la atención del filisteísmo hacia las cuestiones sociales. Esas reuniones se convocan sin más, sin pedir permiso a la policía. En Colonia hemos ocupado con gente nuestra la mitad del comité encargado de redactar los estatutos; en Elberfeld había por lo menos uno de los nuestros, y con ayuda de los racionalistas les dimos a los piadosos en dos reuniones un revolcón estupendo: por una mayoría enorme se desterró de los estatutos todo lo cristiano. Me divirtió ver lo radicalmente ridículos que se ponían esos racionalistas con su cristianismo teórico y su ateísmo práctico. En principio daban toda la razón a la oposición cristiana, pero en la práctica el cristianismo, que según ellos mismos era la base de la asociación, no debía mencionarse en los estatutos ni con una palabra: ¡los estatutos tenían que contenerlo todo menos el principio vital de la asociación! Pero los tipos se aferraron con tal rigidez a esta posición ridícula que yo no tuve necesidad de decir ni una palabra, y aun así sacamos unos estatutos como solo cabe desear en las circunstancias existentes. El domingo que viene hay otra reunión, pero no podré asistir, porque mañana me voy a Westfalia.

Estoy enterrado hasta las orejas en periódicos y libros ingleses, con los que voy componiendo mi libro sobre la situación de los proletarios ingleses.[^8] Para mediados o finales de enero pienso haberlo terminado, ya que desde hace una o dos semanas tengo hecho lo más difícil, que es ordenar el material. Les voy a componer a los ingleses un bonito registro de pecados; acuso ante el mundo entero a la burguesía inglesa de asesinato, robo y todos los demás crímenes en masa, y le pongo un prólogo en inglés que haré tirar aparte y enviaré a los jefes de partido, literatos y miembros del Parlamento ingleses.[^9] Esos tipos se van a acordar de mí. Por lo demás, ni que decir tiene que doy al saco pensando en el burro, es decir, en la burguesía alemana, a la que le digo con bastante claridad que es tan mala como la inglesa, solo que no tan valiente, ni tan consecuente, ni tan hábil en el desuello. En cuanto termine, me pongo con la historia del desarrollo social de los ingleses,[^10] que me costará todavía menos trabajo, porque tengo el material listo y ordenado en la cabeza y lo veo todo muy claro. Entretanto escribiré seguramente algunos folletos, sobre todo contra *List*,[^11] en cuanto tenga tiempo.

Habrás oído hablar del libro de Stirner *El único y su propiedad*,[^12] si es que no ha llegado ahí todavía. Wigand[^13] me mandó los pliegos de prueba, que me llevé a Colonia y dejé en casa de Hess. El principio del noble Stirner —ya conoces al Schmidt berlinés que escribió en la colección de Buhl sobre los *Mystères*[^14]— es el egoísmo de Bentham, solo que llevado a cabo de forma más consecuente por un lado y menos consecuente por otro. Más consecuente, porque Stirner, como ateo, pone al individuo incluso por encima de Dios, o más bien lo pone como lo último de todo, mientras que Bentham deja todavía a Dios por encima, en una lejanía brumosa; en resumen, porque Stirner está subido a los hombros del idealismo alemán, es un idealista que se ha trocado en materialismo y empirismo, donde Bentham es un simple empirista. Menos consecuente es Stirner porque quisiera evitar la reconstrucción de la sociedad disuelta en átomos que lleva a cabo Bentham, pero no lo consigue. Este egoísmo no es más que la esencia, elevada a conciencia, de la sociedad actual y del hombre actual, lo último que la sociedad actual puede decir contra nosotros, la cumbre de toda teoría dentro de la estupidez existente. Pero precisamente por eso la cosa es importante, más importante de lo que la considera Hess, por ejemplo. No tenemos que echarla a un lado, sino explotarla justamente como expresión acabada de la locura existente y, *dándole la vuelta*, seguir construyendo sobre ella. Este egoísmo está llevado a tal extremo, es tan loco y a la vez tan consciente de sí mismo, que en su unilateralidad no puede sostenerse ni un instante y tiene que trocarse enseguida en comunismo. En primer lugar, es una minucia demostrarle a Stirner que sus hombres egoístas, por puro egoísmo, tienen que hacerse comunistas por fuerza. Eso hay que contestárselo al tipo. En segundo lugar, hay que decirle que el corazón humano, ya de entrada, inmediatamente, es desinteresado y abnegado en su egoísmo, y que él acaba así por volver a aquello contra lo que combate. Con estas cuatro trivialidades se puede rechazar la *unilateralidad*. Pero lo que hay de verdadero en el principio también tenemos que recogerlo. Y lo verdadero es, desde luego, que antes de poder hacer algo por una causa tenemos que hacer de ella nuestra propia causa, egoísta; que en este sentido, por tanto, y aun prescindiendo de posibles esperanzas materiales, también somos comunistas por egoísmo, por egoísmo queremos ser *hombres* y no meros individuos. O, por decirlo de otro modo: Stirner tiene razón cuando rechaza «el hombre» de Feuerbach, por lo menos el de *La esencia del cristianismo*;[^15] el «hombre» feuerbachiano está derivado de Dios, Feuerbach ha llegado al «hombre» desde Dios, y así «el hombre» sigue coronado, desde luego, por una aureola teológica de abstracción. El verdadero camino para llegar al «hombre» es el inverso. Tenemos que partir del yo, del individuo empírico, de carne y hueso, no para quedarnos atascados en él, como Stirner, sino para elevarnos desde ahí hasta «el hombre». «El hombre» es siempre una figura fantasmal mientras no tenga su base en el hombre empírico. En resumen, tenemos que partir del empirismo y del materialismo si queremos que nuestras ideas, y en particular nuestro «hombre», sean algo verdadero; tenemos que derivar lo general de lo particular, no de sí mismo ni del aire, *à la* Hegel. Todo esto son trivialidades que se entienden por sí solas, que Feuerbach ya ha dicho por separado y que yo no repetiría si Hess no pusiera tan horriblemente por los suelos el empirismo, sobre todo a Feuerbach y ahora a Stirner, por un viejo apego idealista, según me parece. Hess tiene razón en mucho de lo que dice sobre Feuerbach, pero por otra parte parece tener todavía algunas manías idealistas: cuando se pone a hablar de cosas teóricas, avanza siempre en categorías, y por eso tampoco sabe escribir de forma popular, porque es demasiado abstracto. Por eso odia también todo egoísmo, sea el que sea, y predica el amor a los hombres, etc., lo cual vuelve a parar en la abnegación cristiana. Pero si el individuo de carne y hueso es la verdadera base, el verdadero punto de partida de nuestro «hombre», entonces el egoísmo —naturalmente, no el egoísmo del entendimiento de Stirner *solo*, sino también el *egoísmo del corazón*— es, evidentemente, el punto de partida de nuestro amor a los hombres; si no, este queda flotando en el aire. Como Hess irá pronto ahí, podrás hablarlo tú mismo con él. Por lo demás, toda esta charlatanería teórica me aburre cada día más, y cada palabra que hay que gastar todavía sobre «el hombre», cada línea que hay que escribir o leer contra la teología y la abstracción, como contra el materialismo craso, me irrita. Es muy distinto ocuparse, en lugar de todas estas fantasmagorías —porque hasta el hombre aún no realizado sigue siéndolo hasta su realización—, de cosas reales y vivas, de desarrollos históricos y de sus resultados. Eso es al menos lo mejor mientras sigamos reducidos al uso de la pluma y no podamos realizar nuestras ideas directamente con las manos o, si hace falta, con los puños.

Pero el libro de Stirner vuelve a mostrar lo hondo que está metida la abstracción en el modo de ser berlinés. Stirner es claramente, de los Libres,[^16] el que más talento, independencia y aplicación tiene, pero con todo eso se cae de la abstracción idealista a la materialista y no llega a nada. De los progresos del socialismo oímos hablar en todas las regiones de Alemania, pero de Berlín, ni rastro. Esos berlineses superlistos aún acabarán por montarse una *Démocratie pacifique*[^17] en la Hasenheide[^18] cuando toda Alemania esté aboliendo la propiedad; más allá no llegarán, seguro. Ya verás: un día de estos se levanta en la Uckermark[^19] un nuevo mesías que remienda a Fourier según Hegel, construye el falansterio a partir de las categorías eternas y presenta como ley eterna de la idea que llega a sí misma que el capital, el talento y el trabajo participen en determinadas proporciones del producto.[^20] Eso será el Nuevo Testamento de la hegelería, el viejo Hegel será el Antiguo Testamento, el «Estado», la ley, se convertirá en «ayo que nos lleva a Cristo», y el falansterio, en el que los retretes estarán colocados según la necesidad lógica, será el «cielo nuevo» y la «tierra nueva», la nueva Jerusalén que desciende del cielo ataviada como una novia,[^21] como todo eso se podrá leer por extenso en el nuevo Apocalipsis. Y cuando todo eso esté consumado, entonces vendrá la *Crítica crítica*, declarará que ella lo es todo en todo, que reúne en su cabeza el capital, el talento y el trabajo, que todo lo producido lo ha sido por *ella* y no por la masa impotente, y se lo apropiará todo. Ese será el final de la democracia [pací]fica hegeliana de Berlín.[^22]

Cuando la *Crítica crítica* esté terminada, mándame un par de ejemplares en sobre cerrado y lacrado por la vía de las librerías; si no, pued[…] confiscarlos. Por si no hubieras recibido mi última carta, vuelvo a poner aquí que puedes escribirme o bien […] para E. *junior*, *Barmen*, o bien en sobre cerrado a F. W. Strücker und Co., Elberfeld. Esta carta te llega por un camino indirecto.

Y ahora escribe pronto —hace más de dos meses que no sé nada de ti—. ¿Qué tal va el *Vorwärts!*? Saluda a todos.

Tuyo, F. E.

Barmen, 19 de noviembre de 1844.

[^1]: Karl Ludwig Bernays (1815-1879), redactor del *Vorwärts!*, el periódico alemán de París en el que escribía Marx.

[^2]: Karl Grün (1817-1887), publicista, después uno de los principales representantes del «verdadero socialismo».

[^3]: Heinrich Bürgers (1820-1878), publicista radical de Colonia, que había ido a París a finales de 1844.

[^4]: Georg Jung (1814-1886), abogado de Colonia, uno de los gerentes de la *Rheinische Zeitung* que dirigió Marx en 1842-1843.

[^5]: Arnold Ruge (1802-1880), que había editado con Marx los *Anales franco-alemanes*; en 1844 rompieron, y en agosto de ese año Marx lo atacó en el *Vorwärts!* con las [«Glosas críticas al artículo “El rey de Prusia y la reforma social”»](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1844%20Glosas%20cr%C3%ADticas%20al%20art%C3%ADculo%20El%20rey%20de%20Prusia%20y%20la%20reforma%20social).

[^6]: Latín: «ante los ojos», a la vista.

[^7]: Tras el levantamiento de los tejedores de Silesia (junio de 1844), la burguesía liberal promovió en muchas ciudades asociaciones «para la elevación de las clases trabajadoras», con las que pretendía atenuar el antagonismo de clases. Los comunistas renanos intervinieron en sus reuniones para hacer propaganda.

[^8]: [*La situación de la clase obrera en Inglaterra*](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1845%20La%20situaci%C3%B3n%20de%20la%20clase%20obrera%20en%20Inglaterra), que se publicó en Leipzig en 1845.

[^9]: Probablemente la dedicatoria en inglés con la que salió el libro, «A las clases trabajadoras de Gran Bretaña».

[^10]: Engels no llegó a escribir esta obra.

[^11]: Friedrich List (1789-1846), economista, defensor de los aranceles protectores en *Das nationale System der politischen Ökonomie* (1841). Engels no llegó a escribir el folleto.

[^12]: *Der Einzige und sein Eigentum*, de Max Stirner (seudónimo de Johann Caspar Schmidt, 1806-1856), publicado en Leipzig a finales de 1844 con fecha de 1845. Marx y Engels lo criticaron por extenso en [*La ideología alemana. III. San Max*](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1846%20La%20ideolog%C3%ADa%20alemana.%20III.%20San%20Max).

[^13]: Otto Wigand, editor de Leipzig, que publicó el libro de Stirner y, en 1845, *La situación de la clase obrera en Inglaterra*.

[^14]: Stirner había publicado en la *Berliner Monatsschrift* de Ludwig Buhl (1844) una reseña de *Les Mystères de Paris*, la novela de Eugène Sue.

[^15]: *Das Wesen des Christentums*, de Ludwig Feuerbach (Leipzig, 1841).

[^16]: «Los Libres» (*Die Freien*), el círculo de jóvenes hegelianos de Berlín reunido en torno a los hermanos Bauer.

[^17]: «Democracia pacífica»: *La Démocratie pacifique*, diario de los fourieristas, dirigido en París por Victor Considerant desde 1843.

[^18]: Parque de las afueras de Berlín, lugar de paseo y de diversión.

[^19]: Comarca rural del norte de Brandeburgo.

[^20]: En el falansterio de Fourier, el producto se repartía entre el capital, el trabajo y el talento según proporciones fijas.

[^21]: Engels parodia la Biblia: «la ley ha sido nuestro ayo para llevarnos a Cristo» (Gálatas 3, 24), y «vi un cielo nuevo y una tierra nueva […] la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, ataviada como una esposa» (Apocalipsis 21, 1-2).

[^22]: Aquí y en el párrafo siguiente el papel del manuscrito está dañado. Los editores de la MEGA¹ completan «[fried]lichen» («[pací]fica»); en los otros dos pasajes faltan palabras que no se pueden reconstruir con seguridad: la primera frase dice, más o menos, «si no, podrían ser confiscados», y en la segunda falta el comienzo de la dirección.
