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Title: Engels a Marx, Bruselas, 28-30 de septiembre de 1847
Description: Engels cuenta a Marx, de viaje en Holanda, cómo desbarató la intriga de Bornstedt y de los demócratas alemanes de Bruselas contra los comunistas en el banquete cosmopolita del 27 de septiembre y en la Asociación Obrera Alemana, y cómo propuso a Marx para el comité que preparaba una sociedad democrática internacional.
Author: Friedrich Engels
Date: 1847-09-28
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/cartas/1847-09-28%20Engels%20a%20Marx
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*Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que estaba de viaje en Holanda, escrita en Bruselas entre el martes 28 y el jueves 30 de septiembre de 1847. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 20, pp. 72-79) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/cartas/originales/1847-09-28%20Engels%20an%20Marx).*

Martes, 28 de septiembre de 1847.

Querido Marx:

Aquí ha pasado estos días una historia de lo más curiosa. Resulta que todos los elementos descontentos con nosotros y con nuestra actuación entre los alemanes de aquí han formado una coalición para derribarte a ti, a mí y, en general, a los comunistas, y para hacerle la competencia a la Asociación Obrera.[^1] *Bornstedt*[^2] está descontento en grado sumo; la frase que salió de Otterberg, que trajo y reforzó Sandkuhl y que aprovecharon Crüger y Moras, de que nosotros solo lo utilizábamos a él, a Bornstedt, lo ha puesto furioso contra todos nosotros; *Moras* y *Crüger*, que andan lloriqueando que los tratamos desde arriba, lo han azuzado todavía más. *Seiler*[^3] está molesto por el imperdonable olvido que sufrió al fundarse la Asociación Obrera y por la buena marcha de la Asociación, que contradice todas sus profecías. *Heilberg*[^4] busca para las groserías que ha recibido y sigue recibiendo cada día una venganza sonada, aunque sin sangre. Bornstedt echa espuma también porque, con los libros y mapas que regaló, no ha podido comprarse la posición de demócrata influyente, el título de socio de honor y que pongan su busto en la Asociación, sino que, al contrario, su cajista va a someter a votación mañana por la noche su ingreso como si se tratara de cualquier persona corriente.[^5] Le irrita también que él, el aristocrático *homme d'esprit*,[^6] encuentre entre los obreros muchas menos ocasiones de burlarse de lo que se había prometido. Luego, Moras está molesto porque no ganó la *Brüsseler Zeitung*[^7] para Heinzen.[^8] *Enfin*, todos estos elementos heterogéneos se unieron para dar un golpe que había de rebajarnos a todos a un papel secundario frente a Imbert[^9] y los demócratas belgas, y dar vida a una sociedad mucho más grandiosa y universal que nuestra mísera Asociación Obrera. Todos estos señores ardían en deseos de tener también por una vez la iniciativa en algo, y a la cobarde canalla le había parecido que el momento de tu ausencia venía de perlas. Pero se habían equivocado vergonzosamente en sus cálculos.

Decidieron, pues, a la chita callando, organizar una cena cosmopolita-democrática y proponer allí, sin preparación alguna, una sociedad a la manera de los Fraternal Democrats,[^10] con mítines obreros, etc., etc. Formaron una especie de comité, al que pro forma sumaron a Imbert, que para ellos era del todo inofensivo. Después de toda clase de rumores vagos, no supe nada positivo hasta el domingo por la noche, en la Asociación, por boca de Bornstedt, y el lunes ya era la cena. A Bornstedt no hubo manera de sacarle detalles, salvo que irían Jottrand, el general Mellinet, Adolphe Bartels, Kats, etc., etc.,[^11] polacos, italianos, etc. Aunque yo no sospechaba nada de toda la coalición (hasta el lunes por la mañana no supe que Bornstedt estaba algo picado y que Moras y Crüger lloriqueaban e intrigaban; de Seiler y Heilberg no sospechaba nada), la cosa me pareció de todos modos sospechosa. Pero había que ir, por los belgas y para que en el pequeño Bruselas no ocurriera nada democrático en lo que no participáramos nosotros. Ahora bien, había que asegurarse una partida propia. Wallau[^12] y yo presentamos, pues, el asunto, lo apoyamos con fuerza, y enseguida se juntaron unos treinta que querían ir. El lunes por la mañana me dijo Lupus[^13] que, además del *président d'honneur*, el viejo Mellinet, y del presidente efectivo, Jottrand, tenían que tener dos vicepresidentes: uno, Imbert, y el otro, un alemán, a ser posible un obrero. Wallau, por desgracia, era imposible, porque no habla francés. Eso le había dicho Bornstedt. Él, Lupus, había contestado que entonces tenía que serlo yo. Yo le dije entonces a Lupus que lo fuera él, pero de ninguna manera quiso. Yo tampoco quería, porque parezco tan terriblemente joven, pero al final pensé que, para cualquier eventualidad, lo mejor era que aceptara.

Llegamos por la noche. Bornstedt se hizo el muy ignorante, como si aún no estuviera nada arreglado, salvo la mesa (*toujours à l'exception de l'Allemand*)[^14] y unos cuantos oradores inscritos, de los que, aparte de Crüger y Moras, no pude saber ningún nombre; a cada momento se escabullía con el pretexto de arreglar el local, corría a este y a aquel, hacía trampas, intrigaba, adulaba con todas sus fuerzas. Yo, sin embargo, aún no veía ningún síntoma de una intriga especial; eso salió a la luz después. Estábamos en el Estaminet Liégeois, en la Place du Palais de Justice. Cuando se llegó a la elección de la mesa, Bornstedt, contra todo lo acordado, propuso a Wallau. Este hizo que Wolff (Lupus) lo recusara y me propusiera a mí, cosa que salió adelante con brillo. Con esto toda la intriga se había venido abajo y quedaba frustrada. Entonces perdieron más o menos la cabeza y se delataron. Después de Imbert, que brindó por los *martyrs de la liberté*,[^15] yo pronuncié un brindis en francés *au souvenir de la Révolution de 1792* y, con retraso, por el *anniversaire du Ier vendémiaire an I de la République*.[^16] Después de mí, Crüger, un discurso ridículo en el que se atascó y tuvo que sacar su manuscrito. Luego Moras, que leyó una perorata en la que casi solo se trataba de su humilde persona. Los dos en alemán. Sus brindis eran tan confusos que ya no los recuerdo. Luego Pellering,[^17] en flamenco; el abogado Spilthoorn,[^18] de Gante, en francés, *au peuple anglais*;[^19] luego, para mi mayor asombro, la araña jorobada de Heilberg con un largo discurso en francés, de maestro de escuela e insípido, en el que 1) se daba aires de redactor del *Atelier Démocratique*;[^20] 2) declaraba que *él*, Maximus Heilberg, perseguía desde hace varios meses —*mais cela doit se dire en français: L'association des ouvriers belges, voilà le but que Je poursuis depuis quelques mois (c. à d. depuis le moment où J'ai daigné prendre connaissance du dernier chapitre de la Misère de la philosophie)*.[^21] O sea, él, y no Kats y los demás belgas. «*Nous entrerons dans la carrière quand nos aînés n'y seront plus*»,[^22] etc., etc. Él va a llevar a cabo lo que no pudieron Kats y Jottrand; 3) proponía fundar una *fraternal democracy*[^23] y reorganizar los mítines; 4) encargar de la organización de ambas cosas a la mesa elegida. ¡Vaya confusión! Primero, mezclar el asunto cosmopolita con los mítines belgas sobre asuntos belgas, y segundo, ¡encomendar esta propuesta a la mesa existente, en vez de abandonarla del todo, puesto que a ellos se les había estropeado todo! Y si pensaba que yo me marchaba, ¿no tenía que saber que no cabía ni pensar en meter en la mesa a nadie más que a ti? Pero el muy borrego tenía ya su discurso hecho y escrito, y su vanidad no le permitía dejar caer nada con lo que pudiera tomar la iniciativa en algo. El asunto, naturalmente, fue aprobado, y con el entusiasmo, ya muy *factice*[^24] pero ruidoso, no había que pensar en arreglar mejor la confusa propuesta. Luego habló A. Bartels (Jules no estaba),[^25] y luego pidió la palabra Wallau. Pero cuál no sería mi asombro cuando de pronto Bornstedt se adelantó y pidió con gran celo la palabra para Seiler, como orador inscrito de antemano. Seiler la obtuvo y pronunció un discurso (en francés) infinitamente largo, charlatán, necio, ridículamente insípido, verdaderamente bochornoso, en el que dijo disparates espantosos sobre los *pouvoirs législatif, administratif* et *exécutif*,[^26] dio a los demócratas toda clase de sabios consejos (como también Heilberg, que había fabulado las cosas más asombrosas sobre la *instruction et question de l'enseignement*),[^27] en el que además Seiler se dio aires de *grand homme*, habló de sociedades democráticas *auxquelles j'ai participé* et que j'ai peut-être même dirigées *(littéralement)*,[^28] y en el que al final, como era de esperar, metió también su noble agencia con las *dernières nouvelles arrivées de Paris*,[^29] etc. En una palabra, fue espantoso. Después hablaron todavía varios más, un burro suizo, Pellering, Kats (muy bien), etc., etc., y a las diez Jottrand (que se moría de vergüenza por los alemanes) levantó la sesión. De pronto Heilberg pidió silencio y anunció: ¡el discurso de Weerth[^30] en el *free trade congress*[^31] saldría mañana en un suplemento del *Atelier*, *qui se vendra séparément*!!![^32] Además, Zalewski[^33] gimoteó todavía algo *sur l'union de cette malheureuse Pologne et de cette grande, noble et poétique Allemagne*[^34]; *enfin*, todos se fueron a casa muy tranquilos, pero muy descontentos. —

*Jueves*, 30 de septiembre. Desde que escribí lo anterior han ocurrido toda clase de novedades y se han decidido unas cuantas cosas. El martes por la mañana, cuando ya veía clara toda la intriga, me puse a correr de un lado a otro para contrarrestarla; todavía a las dos de la madrugada fui corriendo a ver a Lupus a su oficina: ¿no se podría rechazar a Bornstedt en la votación de la Asociación Obrera? El miércoles, correrías por todas partes, pero todos opinaban que no lo conseguiríamos. El miércoles por la noche fui a la Asociación; Bornstedt ya estaba allí, estaba ambiguo; por fin Thomis trajo el nuevo número del periódico, y mi artículo contra Heinzen,[^35] que el lunes le había llevado a él y, como él no estaba (a las dos de la tarde), a la imprenta, *no venía*. Le pregunté, me dijo que no había habido sitio. Le recordé lo que tú habías acordado con él. Lo negó; esperé a que llegara Wallau, que me dijo que sitio había habido de sobra, pero que el martes Bornstedt *había mandado recoger* el artículo de la imprenta y no lo había vuelto a enviar. Fui adonde estaba Bornstedt y se lo conté sin ningún miramiento. Intentó salir del paso con mentiras. Volví sobre lo acordado, que él, salvo una charla muy general, volvió a negar. Le dije unas cuantas groserías —Crüger, Gigot,[^36] Imbert, etc., etc., estaban sentados al lado— y le pregunté: ¿Va usted a dar el artículo el domingo, *oui ou non*? — Eso tenemos que hablarlo primero. — Yo con usted no hablo de eso para nada. — Y con esto lo dejé plantado. Empezó la sesión. Bornstedt apoyó la cabeza en el codo y me miró con una curiosa seguridad de su victoria. Yo le devolví la mirada y esperé. Salió el señor Thomis, que, como sabes, había pedido la palabra. Sacó del bolsillo un discurso escrito y leyó una serie de los ataques más singulares contra nuestro combate simulado.[^37] Durante un rato la cosa siguió, pero como *cela ne finissait pas*,[^38] se levantó un murmullo general, muchísimos pidieron la palabra y Wallau llamó al orden a Thomis. Este, Thomis, leyó entonces seis palabras disparatadas sobre la cuestión y se retiró. Luego salió Hess y nos defendió bastante bien. Luego Junge. Luego el Wolff de París,[^39] que se atascó tres veces, pero fue muy aplaudido. Luego varios más. Wolff había dejado escapar que nosotros solo habíamos hecho de oposición pro forma. Así que tuve que intervenir. Hablé —*à la grande déconfiture de Bornstedt*,[^40] que había creído que yo estaba demasiado ocupado con la bronca personal—, hablé, pues, sobre el lado revolucionario del sistema proteccionista, sin hacer naturalmente el menor caso del susodicho Thomis, y propuse una cuestión nueva. Aprobada. — Pausa. — Bornstedt, muy impresionado por mi violencia con él, por la completa deserción de Thomis (*il y avait du Bornstedt dans son discours*)[^41] y por la vehemencia con que yo había hablado al final, Bornstedt se me acercó: Pero, querido niño, es usted terriblemente apasionado, etc. En una palabra, yo debía firmar el artículo. — No. — Entonces debíamos al menos ponernos de acuerdo sobre una breve introducción de la redacción. — *Bien, à demain à onze heures au Café Suisse*.[^42] — Luego vino la admisión de Bornstedt, Crüger y Wolff. Hess se levantó el primero y dirigió a Bornstedt dos preguntas sobre la reunión del lunes. Bornstedt salió del paso con mentiras, y Hess fue lo bastante débil para declararse *satisfait*. Junge atacó a Bornstedt personalmente, por su comportamiento en la Asociación y porque había introducido a Sandkuhl con un nombre falso. Fischer se pronunció con mucha energía contra Bornstedt, sin ningún acuerdo previo, pero muy bien. Y así varios más. En una palabra, el ebrio de victoria señor von Bornstedt tuvo que pasar formalmente por baquetas entre los obreros. Fue vergonzosamente maltratado y quedó tan fulminado —él, que naturalmente creía haberse comprado del todo con sus regalos de libros— que solo pudo responder con evasivas, débilmente, haciendo concesiones, y eso que Wallau estaba fanáticamente a su favor, presidía de forma miserable y le dejaba interrumpir a los oradores a cada momento. Todo estaba aún en el aire cuando Wallau hizo salir a los propuestos y los sometió a votación. *Crüger*, propuesto por mí como *persona de lo más inocente* que *no puede hacer daño a la Asociación*, y apoyado por Wolff *purement et simplement*,[^43] salió admitido. En el caso de Bornstedt, Wallau intervino a su favor con un discurso largo y vehemente. Entonces intervine yo, expuse toda la intriga, en la medida en que la Asociación estaba implicada, deshice una tras otra las evasivas de Bornstedt y declaré al final: Bornstedt ha intrigado contra nosotros, ha querido hacernos la competencia, pero hemos vencido, y por eso podemos admitirlo ahora en la Asociación. Durante el discurso —fue el mejor que he pronunciado nunca— me interrumpieron muchísimas veces con aplausos; sobre todo cuando dije: estos señores creían haberlo ganado todo porque yo, su vicepresidente, me marcho, pero no pensaron que hay entre nosotros uno a quien corresponde el puesto por derecho, uno que es el único que puede representar aquí en Bruselas a los demócratas alemanes, y ese es Marx; entonces los aplausos fueron tremendos. En fin, después de mí ya no habló nadie, y así no se le hizo a Bornstedt el honor de echarlo a la calle. Estaba detrás de la puerta y lo oyó todo. Yo habría preferido decirlo cuando todavía estaba presente en la sala, *mais il n'y avait pas moyen*,[^44] porque tenía que reservarme para el golpe final y Wallau cortó la discusión. Pero él, igual que Wolff y Crüger, oyó cada palabra. Frente a él, Wolff fue admitido de forma casi brillante. — En fin, en la sesión de ayer, Bornstedt, Crüger, etc., sufrieron tal afrenta que, si tienen honor, no pueden volver por la Asociación y tienen para mucho tiempo. Pero vendrán de todos modos; el desvergonzado Bornstedt, ante nuestra desvergüenza todavía mayor, ante el fracaso completo de todos sus cálculos, ante nuestra pasión, se ha quedado tan hundido que ya no puede más que... ir por Bruselas lamentándose de su vergüenza por todas partes: *le dernier degré de l'abaissement*.[^45] Volvió furioso a la sala, pero impotente, y cuando yo me despedí de la Asociación y fui despedido con todos los honores posibles, se marchó echando espuma. Durante la discusión sobre él estuvo presente Bürgers,[^46] que está aquí desde anteanoche. — Nuestros obreros se han portado *de maravilla* en todo el asunto; los 26 libros y los 27 mapas regalados no se mencionaron con una sola palabra, Bornstedt fue tratado por ellos con la mayor frialdad y sin ningún miramiento, y cuando hablé y llegué a la conclusión, tenía en mi mano hacerlo rechazar por una mayoría enorme. Hasta Wallau lo reconoce. Pero lo hemos tratado peor: lo hemos admitido con vergüenza y deshonra. En la Asociación el asunto ha causado una impresión excelente; por primera vez han desempeñado un papel, han dominado un mitin a pesar de todas las intrigas y han puesto en su sitio a un tipo que quería hacerse una posición frente a ellos. Solo algunos dependientes y gente así están descontentos; la masa está entusiasmada con nosotros. Han sentido lo que son cuando están asociados.

Esta mañana fui al Café Suisse, y quien no vino fue Bornstedt. — Pero me encontré con Weerth y Seiler, que acababan de hablar con Bornstedt, y Seiler era la sumisión y la insinuación en persona. Naturalmente, no le hice ningún caso. La sesión de ayer, por cierto, fue tan dramática, se armó y fue subiendo de tono de un modo tan magnífico, que el Wolff de París, por puro sentimiento estético, se ha convertido de momento en hombre de partido. Hoy he estado también con A. Bartels y le he explicado que la asociación alemana no es responsable de nada de lo que pasó el lunes, que Crüger, Bornstedt, Moras, Seiler, Heilberg, etc., ni siquiera eran socios y que todo el asunto, montado *à l'insu*[^47] de la asociación alemana, buscaba más bien crearle una competencia. Mañana sale también para Jottrand una carta del mismo contenido, firmada por todos los miembros del comité. A ver a Imbert voy mañana con Lupus. Además, a propósito del puesto que queda vacante por mi partida en el comité de organización de los Fraternal Democrats de Bruselas, he escrito a Jottrand lo siguiente:

«*Monsieur! Obligé de quitter Bruxelles pour quelques mois, je me trouve dans l'impossibilité de remplir les fonctions dont la réunion du 27 de ce mois a bien voulu m'investir. — Je vous prie donc d'appeler un démocrate allemand résidant à Bruxelles à assister aux travaux de la commission chargée d'organiser une société démocratique universelle. — Je me permettrai de vous proposer celui parmi les démocrates allemands de Bruxelles, qui la réunion, s'il avait pu y assister, aurait nommé à la charge qu'en son absence on m'a fait l'honneur de me conférer. Je parle de Mr. Marx qui dans mon intime conviction a le droit le plus fondé de représenter à la commission la démocratie allemande. Ce ne serait donc pas Mr. Marx qui m'y remplacerait, c'était plutôt moi qui à la réunion ai remplacé Mr. Marx. Agréez etc.*»[^48]

Yo ya había acordado antes con Jottrand que le comunicaría mi partida por escrito y te propondría a ti para la comisión. Jottrand también está de viaje y vuelve dentro de quince días. Si no sale nada de todo esto, cosa que creo, lo que fracasa es la propuesta de Heilberg; si sale algo, somos nosotros los que lo hemos sacado adelante. En todo caso, hemos ganado que tú, y después de ti yo, seamos reconocidos como representantes de los demócratas alemanes en Bruselas y que, por lo demás, toda la intriga haya caído en el barro de mala manera.

Esta noche ha habido sesión de la comuna.[^49] Presidí yo. Con excepción de Wallau, que por lo demás se dejó convertir y cuya actuación de ayer tiene ciertamente diversas excusas, que yo también le reconocí; con esta excepción, pues, el entusiasmo por la historia con Bornstedt fue unánime. Los tipos empiezan a sentirse a sí mismos. Por fin se han presentado una vez como asociación, como poder frente a otra gente, y que todo saliera tan estupendamente, que hayan vencido tan por completo, los pone enormemente orgullosos. Junge está en el séptimo cielo, Riedel no cabe en sí de alegría, hasta el pequeño Ohnemans triunfa como un *fighting cock*.[^50] Por lo demás, repito que este asunto ha dado a la Asociación un impulso magnífico hacia dentro y hacia fuera, y se lo seguirá dando. Tipos que de ordinario no abren la boca han atacado a Bornstedt. Y hasta la intriga nos ha ayudado: primero, Bornstedt ha ido diciendo por todas partes que el mitin lo había organizado la sociedad obrera democrática alemana, y segundo, nosotros lo hemos desautorizado todo, y con ambas cosas la Asociación ha dado que hablar en todas partes entre los demócratas belgas y pasa por ser un poder importantísimo, *plus ou moins*[^51] misterioso. *La democratie allemande devient très forte à Bruxelles*,[^52] dijo Bartels esta mañana.

Por cierto, también sales tú en la carta del comité a Jottrand. Gigot firmará: secretario durante la ausencia de Marx.

Ahora arregla tus asuntos de dinero lo más deprisa posible y vuelve aquí.[^53] Me quema el suelo bajo los pies, quisiera irme y tengo que esperar primero a ver en qué paran estas intrigas. Ahora no puedo irme de ninguna manera. Así que cuanto antes vengas, mejor. Pero arregla primero tus asuntos de dinero. Yo sigo en todo caso en mi puesto todo el tiempo que pueda; *si c'est possible*,[^54] hasta que vengas. Pero precisamente por eso conviene que vengas pronto.

Tuyo, Engels.

[^1]: La Asociación Obrera Alemana de Bruselas (Deutscher Arbeiterverein), fundada a finales de agosto de 1847 por Marx, Engels y sus compañeros de la Liga de los Comunistas para la formación política de los obreros alemanes emigrados.

[^2]: Adalbert von Bornstedt (1808-1851), director de la *Deutsche-Brüsseler-Zeitung*, en la que Marx y Engels colaboraban desde 1847; luego se supo que había sido confidente de la policía.

[^3]: Sebastian Seiler, periodista alemán, que había pertenecido al Comité de Correspondencia Comunista de Bruselas y llevaba allí una agencia de correspondencias para la prensa.

[^4]: Louis Heilberg, periodista alemán emigrado en Bruselas, redactor del *Atelier démocratique*.

[^5]: El cajista es probablemente Karl Wallau, presidente de la Asociación Obrera, que trabajaba como cajista en la imprenta de la *Deutsche-Brüsseler-Zeitung*. La admisión de Bornstedt como socio se votó el miércoles 29.

[^6]: «Hombre de ingenio».

[^7]: La *Deutsche-Brüsseler-Zeitung*, periódico de los emigrados alemanes en Bruselas (1847-1848).

[^8]: Karl Heinzen (1809-1880), publicista republicano radical, que acababa de atacar a los comunistas: véase [*Los comunistas y Karl Heinzen*](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1847%20Los%20comunistas%20y%20Karl%20Heinzen).

[^9]: Jacques Imbert, socialista francés refugiado en Bélgica.

[^10]: Los Demócratas Fraternales, sociedad internacional fundada en Londres en 1845 por cartistas y emigrados revolucionarios.

[^11]: Lucien Jottrand (1804-1877), abogado y publicista, jefe de los demócratas belgas; el general François Mellinet (1768-1852), veterano de la revolución belga de 1830; Adolphe Bartels (1802-1862), periodista demócrata belga; Jacob Kats (1804-1886), dirigente obrero y escritor flamenco.

[^12]: Karl Wallau, cajista, presidente de la Asociación Obrera Alemana de Bruselas y miembro de la Liga de los Comunistas.

[^13]: Apodo de Wilhelm Wolff (1809-1864), el amigo de Marx y Engels, miembro de la Liga de los Comunistas, al que Marx dedicó el primer tomo de *El capital*.

[^14]: «Siempre con excepción del alemán».

[^15]: «Mártires de la libertad».

[^16]: «En recuerdo de la Revolución de 1792» y «por el aniversario del 1 de vendimiario del año I de la República», es decir, del 22 de septiembre de 1792, día en que se proclamó la República francesa.

[^17]: Jacques Pellering, dirigente obrero belga. Según los editores de la MEGA, Engels escribe «Pellerin».

[^18]: Charles-Louis Spilthoorn, abogado demócrata de Gante.

[^19]: «Por el pueblo inglés».

[^20]: *L'Atelier démocratique*, periódico obrero que se publicaba en Bruselas.

[^21]: «Pero esto hay que decirlo en francés: La asociación de los obreros belgas, he aquí el fin que Yo persigo desde hace algunos meses (es decir, desde el momento en que Me he dignado tomar conocimiento del último capítulo de la *Miseria de la filosofía*)». El último capítulo de la [*Miseria de la filosofía*](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1847%20Miseria%20de%20la%20filosof%C3%ADa) trata de las huelgas y las coaliciones obreras.

[^22]: «Entraremos en la carrera cuando nuestros mayores ya no estén en ella»: verso de *La Marsellesa*.

[^23]: En inglés en el original: «democracia fraternal».

[^24]: «Ficticio».

[^25]: Jules Bartels, demócrata belga.

[^26]: «Poderes legislativo, administrativo *y* ejecutivo».

[^27]: «La instrucción y la cuestión de la enseñanza». Según los editores de la MEGA, Engels había escrito primero *éducation*.

[^28]: «En las que he participado *y que quizá incluso he dirigido* (literalmente)».

[^29]: «Las últimas noticias llegadas de París».

[^30]: Georg Weerth (1822-1856), poeta y comerciante, amigo de Marx y Engels, que había hablado en el congreso en nombre de los obreros ingleses: véase [*El congreso librecambista de Bruselas*](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1847%20El%20congreso%20librecambista%20de%20Bruselas).

[^31]: En inglés en el original: el congreso librecambista celebrado en Bruselas del 16 al 18 de septiembre de 1847.

[^32]: «Que se venderá por separado».

[^33]: Probablemente un emigrado polaco en Bruselas.

[^34]: «Sobre la unión de esta desdichada Polonia y de esta grande, noble y poética Alemania».

[^35]: El primero de los artículos de [*Los comunistas y Karl Heinzen*](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1847%20Los%20comunistas%20y%20Karl%20Heinzen), que salió finalmente en la *Deutsche-Brüsseler-Zeitung* del 3 de octubre de 1847.

[^36]: Philippe Gigot (1819-1860), archivero belga, miembro del Comité de Correspondencia Comunista de Bruselas y de la Liga de los Comunistas.

[^37]: Alude al debate sobre aranceles protectores y librecambio que se celebraba en la Asociación Obrera, en el que algunos sostenían una de las posturas solo pro forma, como dice Engels más abajo.

[^38]: «Aquello no se acababa».

[^39]: Ferdinand Wolff (1812-1895), periodista, miembro de la Liga de los Comunistas, llamado «el Wolff de París» o «el Wolff rojo» para distinguirlo de Wilhelm Wolff (Lupus).

[^40]: «Para gran desconcierto de Bornstedt».

[^41]: «Había algo de Bornstedt en su discurso».

[^42]: «Bien, mañana a las once en el Café Suisse».

[^43]: «Pura y simplemente».

[^44]: «Pero no había manera».

[^45]: «El último grado del envilecimiento».

[^46]: Heinrich Bürgers (1820-1878), publicista de Colonia, amigo de Marx.

[^47]: «A espaldas».

[^48]: «¡Señor! Obligado a dejar Bruselas durante algunos meses, me encuentro en la imposibilidad de desempeñar las funciones que la reunión del 27 de este mes ha tenido a bien confiarme. — Le ruego, pues, que llame a un demócrata alemán residente en Bruselas a participar en los trabajos de la comisión encargada de organizar una sociedad democrática universal. — Me permitiré proponerle a aquel de los demócratas alemanes de Bruselas a quien la reunión, si hubiera podido asistir, habría nombrado para el cargo que en su ausencia se me hizo el honor de conferirme. Me refiero al señor Marx, que, según mi íntima convicción, tiene el derecho más fundado a representar en la comisión a la democracia alemana. No sería, pues, el señor Marx quien me reemplazaría en ella; más bien fui yo quien en la reunión reemplazó al señor Marx. Reciba, etc.». De estas gestiones salió la Asociación Democrática de Bruselas, fundada el 7 de noviembre de 1847, de la que Marx fue vicepresidente.

[^49]: La comuna (*Gemeinde*) era la organización de base de la Liga de los Comunistas.

[^50]: En inglés en el original: «gallo de pelea». Según los editores de la MEGA, Engels escribe «Ohnemus».

[^51]: «Más o menos».

[^52]: «La democracia alemana se hace muy fuerte en Bruselas».

[^53]: Marx había ido a Holanda a arreglar asuntos de dinero con su familia materna.

[^54]: «Si es posible».
