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Title: Engels a Marx, [Manchester, hacia el 11 de agosto de 1851]
Description: Engels examina el plan de Proudhon de rebajar el interés y de confiscar la propiedad de manera encubierta, y lo juzga impracticable.
Author: Friedrich Engels
Date: 1851-08-11
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/cartas/1851-08-11%20Engels%20a%20Marx
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*Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester hacia el 11 de agosto de 1851 (el lugar y la fecha los establece la edición; la carta continúa la del día anterior). Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 109, pp. 236-239) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/cartas/originales/1851-08-11%20Engels%20an%20Marx).*

Querido Marx:

Interrumpido ayer en mis glosas sobre Proudhon,[^1] continúo hoy. Hago abstracción por ahora de las muchas lagunas de la receta: por ejemplo, que no se ve de qué manera las fábricas han de pasar de manos de los fabricantes a las de las *compagnies ouvrières*,[^2] puesto que se suprimen el interés y la renta del suelo, pero no la ganancia (la competencia sigue existiendo); además, qué ha de ser de las grandes propiedades territoriales que hacen explotar sus tierras por obreros asalariados, y otros defectos por el estilo. Para poder juzgar el conjunto como *ensemble* teórico, habría que tener aquí el libro mismo. Así que solo puedo dar una opinión en la medida en que considero las medidas sueltas en su practicabilidad, *le cas échéant*,[^3] y examino al mismo tiempo hasta qué punto sirven para centralizar el conjunto de las fuerzas productivas. Y también para esto habría que tener, en rigor, el libro mismo, para ver todos los *développements*.[^4]

Que el señor Proudhon haya llegado por fin a comprender la necesidad de la confiscación más o menos encubierta es, como ya he dicho, un progreso. La cuestión es solo si su pretexto para la confiscación es practicable; porque, como en todos estos tipos cerrados de mollera que se mienten a sí mismos diciéndose que semejantes medidas de fuerza no son confiscación, precisamente ese pretexto es el eje del conjunto. «El interés se rebaja al ½ o al ¼ %». De cómo, tus extractos solo dicen que el Estado, o el banco fundido bajo mano y con otro nombre con el Estado, ha de prestar 500 millones de francos al año sobre hipoteca a ese interés. Deduzco además que esa rebaja ha de hacerse gradualmente. Una vez que el interés esté tan bajo, la amortización anual de todas las deudas, etc., a razón de un 5 a un 10 % *per annum* sería, naturalmente, fácil. Pero el camino para llegar ahí no lo indica el señor Proudhon. A propósito de esto me viene a la memoria nuestro reciente debate sobre la rebaja del tipo de interés mediante tu plan de establecer un banco nacional exclusivamente privilegiado, con el monopolio del papel moneda y la exclusión del oro y la plata de la circulación.[^5] Creo que todo intento de hacer bajar el tipo de interés rápida y continuamente tiene que estrellarse contra la necesidad de la usura, que crece en toda revolución y en toda paralización de los negocios: la necesidad de dar crédito a gente momentáneamente apurada, metida en aprietos y, por tanto, momentáneamente insolvente. Aunque la parte del tipo de interés que vale como verdadera remuneración del préstamo pueda rebajarse con masas de capital, queda la parte que representa el seguro de la devolución, que sube enormemente precisamente en la crisis. En la revolución, los comerciantes están agradecidos al gobierno que les presta no al ¼ o al ½ %, sino al 5 %. Compara con 1848, las cajas de préstamos, etc.[^6] Pero el Estado, y todo gran banco estatal centralizado, mientras no haya organizado sus sucursales hasta en los rincones más pequeños y no haya dado a sus empleados una larga práctica comercial, solo puede prestar al gran comercio: si no, prestaría a ciegas. Y el pequeño comercio no puede empeñarle sus mercancías como el grande. *Donc*,[^7] primer resultado de toda rebaja del interés de los anticipos del gobierno = aumento de la ganancia de los grandes *commerçants*[^8] y elevación general de esta clase.

El pequeño comercio seguiría obligado, como antes, a dirigirse a intermediarios a los que el gobierno anticiparía dinero al ½ % para que pudieran volver a prestarlo al 5-10 %. Eso es inevitable: el pequeño comercio no ofrece garantía, no puede dar prenda. Así que también por este lado, elevación de la gran burguesía: creación indirecta de una gran clase de usureros, banqueros de rango inferior.

Toda esa eterna insistencia de los socialistas y de Proudhon en la rebaja del interés es, en mi opinión, un deseo piadoso y transfigurado de burgueses y pequeñoburgueses. Mientras el interés y la ganancia estén en relación inversa, solo puede conducir a aumentar la ganancia. Y mientras haya gente insolvente, sin garantías y precisamente por eso más necesitada de dinero, el préstamo estatal no puede suprimir el préstamo privado ni, por tanto, rebajar el tipo de interés para todas las transacciones. El Estado que presta al ½ % se encontraría frente al usurero al que abastece de dinero exactamente como el gobierno francés de 1795, que cobraba 500 millones de impuestos en asignados y los volvía a gastar por 3 millones y que, solo para mantener su «crédito», que ya se había ido al traste, aceptaba los asignados en el pago de los impuestos por su valor nominal, por 200 veces su valor real; como ese gobierno frente a los especuladores en bienes y los *agioteurs*[^9] de entonces.

Proudhon es demasiado ingenuo. *Le crédit personnel trouve* o *doit trouver son exercise dans les compagnies ouvrières*.[^10] Es decir: el dilema entre la dirección y, en último término, la administración y reglamentación de esas compañías por el Estado, cosa que Proudhon no quiere, o la organización de la más famosa estafa de asociaciones, la estafa de 1825 y de 1845,[^11] reproducida al nivel del proletariado, el lumpenproletariado y la pequeña burguesía.

Querer hacer de la rebaja gradual del tipo de interés mediante medidas comerciales y coactivas la cosa principal, hasta el punto de que, convirtiendo el pago de intereses en devolución, se liquiden todas las deudas, etc., y toda la riqueza real quede centralizada en manos del Estado o de los municipios, me parece completamente impracticable: 1.º por las razones dichas; 2.º porque dura demasiado; 3.º porque el único resultado, si se mantiene el crédito del papel del Estado, tendría que ser el endeudamiento del país con el extranjero, ya que todo el dinero devuelto se iría fuera; 4.º porque, aun admitiendo en principio la posibilidad de la cosa, sería un disparate creer que *Francia*, *la République*, podría llevarlo a cabo contra Inglaterra y América; 5.º porque la guerra exterior y la *pressure of the moment*[^12] en general vuelven puramente absurdas semejantes medidas sistemáticas y lentas, repartidas en veinte o treinta años, y no digamos los pagos en dinero.

En la práctica, me parece que la historia solo tiene este sentido: en cierto momento del desarrollo revolucionario se puede llegar, ciertamente, con ayuda de un banco del Estado con monopolio, a decretar: artículo 1.º, el interés queda abolido o limitado al ¼ %; artículo 2.º, los plazos de intereses se siguen pagando como hasta ahora y valen como devolución; artículo 3.º, el Estado tiene derecho a comprar todos los inmuebles, etc., a su valor de tasación corriente y a pagarlos al 5 % en veinte años. Algo así *puede* llegar a servir alguna vez como precursor último y directo de la confiscación sin disimulos; pero cavilar sobre cuándo, cómo y dónde es pura especulación.

En todo caso, este libro de Proudhon es, por lo que parece, mucho más terrenal que los anteriores: también la *constitution de la valeur* toma una forma más carnal, la del *juste prix des boutiquiers*.[^13] *Quatre francs, Monsieur, c’est le plus juste prix!*[^14] Qué tienen que ver entre sí la supresión de las aduanas y la del interés, no está claro. Que Proudhon haya hecho desde 1847 el paso de Hegel a Stirner[^15] tan por completo es también un progreso. ¡Y luego dirán que no entiende la filosofía alemana, cuando la recorre en su cadáver hasta la última fase de la putrefacción!

Escribe pronto y dime qué te parece lo que antecede.

Tu F. E.

[^1]: Proudhon, *Idée générale de la révolution au XIXe siècle* (París, 1851), que Marx había resumido en su carta del [8 de agosto](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/cartas/1851-08-08%20Marx%20a%20Engels). Engels había empezado a comentarlo en su [carta del día anterior](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/cartas/1851-08-10%20Engels%20a%20Marx).
[^2]: «Compañías obreras», las asociaciones de trabajadores de Proudhon.
[^3]: «Llegado el caso».
[^4]: «Desarrollos».
[^5]: Compárese la quinta de las medidas del [*Manifiesto del Partido Comunista*](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1848%20Manifiesto%20del%20Partido%20Comunista): centralización del crédito en manos del Estado mediante un banco nacional con capital del Estado y monopolio exclusivo.
[^6]: En la crisis de 1848 el gobierno prusiano creó cajas públicas de préstamo (*Darlehnskassen*) para sostener el crédito del comercio.
[^7]: «Así pues».
[^8]: «Comerciantes».
[^9]: «Agiotistas».
[^10]: «El crédito personal encuentra o debe encontrar su ejercicio en las compañías obreras».
[^11]: Las fiebres especulativas de las sociedades por acciones en Inglaterra en 1825 y de los ferrocarriles en 1845, que acabaron ambas en crisis.
[^12]: «La presión del momento».
[^13]: «Constitución del valor»: la teoría del «valor constituido» del *Sistema de las contradicciones económicas* (1846) de Proudhon, criticada por Marx en [*Miseria de la filosofía*](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1847%20Miseria%20de%20la%20filosof%C3%ADa); ahora se presenta como el «justo precio de los tenderos».
[^14]: «¡Cuatro francos, caballero, es el precio más justo!».
[^15]: Max Stirner, autor de *El único y su propiedad* (1844), cumbre del individualismo de los jóvenes hegelianos.
