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Title: Engels a Marx, Manchester, 6 de junio de [1853]
Description: Engels juzga las respuestas de Weydemeyer y Cluß a Willich, explica la ausencia de propiedad de la tierra en Oriente por el clima y la necesidad del riego artificial, esboza los antecedentes del islam y cuenta, con humor, que está aprendiendo persa.
Author: Friedrich Engels
Date: 1853-06-06
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/cartas/1853-06-06%20Engels%20a%20Marx
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*Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 6 de junio de 1853 (el año lo establece la edición). Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 259, pp. 478-482) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/cartas/originales/1853-06-06%20Engels%20an%20Marx).*

Manchester, 6 de junio, por la noche.

Querido Marx:

Quería escribirte hoy por el primer correo, pero el trabajo del despacho me ha retenido hasta las ocho. Las dos declaraciones de Weydemeyer y de Cluß contra Willich en la *Kriminal-Zeitung*[^1] ya las habrás recibido, es decir, directamente de América; si no, escríbeme enseguida. Papá Weydemeyer,[^2] como de costumbre, es demasiado prolijo, solo a ratos sabe encontrar la gracia, e incluso entonces la embota con su estilo, y despliega su conocida falta de *verve* con una calma poco común. Aun así, el hombre ha hecho lo que ha podido, ha presentado como es debido la historia del «compañero de armas» Hentze[^3] y la manera de escribir de Hirsch, inspirada por otros;[^4] su estilo zafio y su calma, que allí pasa por impasibilidad, gustarán al público filisteo, y en conjunto se puede estar contento con lo que ha hecho. La declaración de Cluß,[^5] en cambio, me gusta muchísimo. El *homme supérieur*,[^6] que, por así decirlo, ha tomado conciencia física de su superioridad gracias al «contacto personal» con Willich, se ríe en cada línea. En ligereza de estilo, es lo mejor que Cluß ha escrito nunca: ni un solo giro torpe, ni rastro de *gêne*[^7] o de apuro. ¡Qué bien le sienta hacerse el hombre de bien con aire de *bonhomme*,[^8] dejando ver por todas partes al diablo que lleva en el cogote! ¡Qué estupendo el giro del «tinglado, como lo son las agencias revolucionarias», de las que él viviría, según parece que afirma Willich! El Caballeroso se habrá sorprendido de encontrar entre los toscos «agentes» a un tipo que se presenta con tanto desparpajo, con tanta habilidad, tan ofensivo por naturaleza y al mismo tiempo con una nobleza tan poco pretenciosa, y que le devuelve sus propias fintas *a tempo* con tanta finura, con mucha más finura y destreza que él mismo. Ojalá Willich tenga gusto suficiente para notarlo; pero espero que la rabia y las cavilaciones a las que se verá obligado le abran ya cierto entendimiento.

Que esta mierda hay que apurarla hasta el fondo está claro. Cuanto más resueltamente se le entre, mejor. Por lo demás, ya verás como no es para tanto. El Caballeroso ha prometido x veces más de lo que puede cumplir. Oiremos hablar de intentos de asesinato, etc., la historia de Schramm[^9] se adornará como un cuento de hadas, aparecerán fantasías[^10] ante las que nos miraremos asombrados, porque no podremos explicarnos en absoluto de qué habla el hombre, y en el peor de los casos contará la historia de cómo Marx y Engels llegaron una noche borrachos a Great Windmill Street[^11] (*vide* Kinkel en Cincinnati, *coram Huzelio*).[^12] Si se llega a eso, contaré al público americano, tan amigo del escándalo, de qué solía hablar la compañía de Besanzón[^13] cuando Willich y *formosus pastor Corydon* Rau[^14] no estaban. *Au bout du compte*,[^15] ¿qué puede contar de nosotros semejante bestia? Ya verás, será igual de *pauvre*[^16] que el mamarracho de Tellering.[^17]

A Borchardt[^18] lo volveré a ver un día de estos. Si se pueden conseguir recomendaciones, se las arrancaré. Pero no creo que Steinthal y compañía tengan relaciones de ese tipo en Londres. Eso queda casi del todo fuera de su ramo. Además, el tipo procurará alargar el asunto de aquí, aunque solo sea para quedar menos en ridículo. Si no fuera por Lupus,[^19] el tipo ya sabe dónde podría besarme, etc. Me resulta insoportable esa cara de charlatán, untuosa, presuntuosa, fanfarrona y mentirosa.

Si Lassalle te ha dado una dirección en Düsseldorf buena y que no llame la atención, puedes mandarme 100 ejemplares. Haremos que casas de aquí los embalen en balas de hilo torcido; pero no pueden ir dirigidos al propio Lassalle,[^20] porque los paquetes van a Gladbach, Elberfeld o por ahí, y desde allí, como *sujetos al correo*, tienen que ir *por correo* a Düsseldorf. Un paquete para Lassalle o para la Hatzfeldt[^21] no podemos dárselo a ninguna casa de aquí, porque, 1.º, en cada una de estas casas hay aquí por lo menos *un* renano que conoce el chismorreo, o, 2.º, si eso sale bien, los destinatarios de la bala se enteran allí, o, 3.º, en el mejor de los casos, el correo examina las cosas antes de entregarlas. En Colonia tenemos una buena dirección, pero por desgracia no conocemos mucho a la gente que *aquí* hace de comprador principal para la casa de Colonia, y por eso no podemos pedirles que hagan contrabando. Porque aquí le decimos a la gente que los paquetes contienen regalos para señoras.

Por esto verás que he vuelto a estar en términos llevaderos con Charles.[^22] En cuanto se presentó una ocasión adecuada, la cosa se arregló muy deprisa. Aun así, comprenderás que el bobo todavía disfruta un poco de haber sido ascendido por delante de mí, al menos en un aspecto piojoso, gracias a la envidia del señor Gottfried Ermen[^23] hacia mi viejo. *Habeat sibi*.[^24] En todo caso, se ha dado cuenta de que, si me lo propusiera, en 48 horas podría volver a ser en cualquier momento *maître de la situation*,[^25] y con eso basta.

La ausencia de propiedad de la tierra es, en efecto, la clave de todo Oriente.[^26] En ella está su historia política y religiosa. Pero ¿cómo es que los orientales no llegan a la propiedad de la tierra, ni siquiera a la feudal? Creo que se debe principalmente al clima, unido a las condiciones del suelo, en especial a las grandes franjas desérticas que se extienden desde el Sáhara, a través de Arabia, Persia, la India y Tartaria, hasta la meseta más alta de Asia. El riego artificial es aquí la primera condición de la agricultura, y es asunto o de los municipios, o de las provincias, o del gobierno central. El gobierno en Oriente no ha tenido nunca más que tres departamentos: Hacienda (saqueo del interior), Guerra (saqueo del interior y del extranjero) y *travaux publics*,[^27] el cuidado de la reproducción. El gobierno británico en la India ha regulado los números 1 y 2 de un modo algo más filisteo y ha arrinconado por completo el número 3, y la agricultura india se va a pique. La libre competencia hace allí un ridículo completo. Esta fertilización artificial del suelo, que cesaba en cuanto se arruinaban las conducciones de agua, explica el hecho, por lo demás curioso, de que hoy estén yermas y desiertas comarcas enteras que antes estaban espléndidamente cultivadas (Palmira, Petra, las ruinas del Yemen, x localidades de Egipto, Persia y el Indostán); explica que una sola guerra de devastación pudiera despoblar un país durante siglos y despojarlo de toda su civilización. Aquí entra también, creo yo, la destrucción del comercio del sur de Arabia antes de Mahoma, que tú consideras con mucha razón uno de los momentos principales de la revolución mahometana. No conozco lo bastante la historia del comercio de los seis primeros siglos de la era cristiana para poder juzgar hasta qué punto las condiciones materiales generales del mundo hicieron preferir la ruta comercial a través de Persia hacia el mar Negro y por el golfo Pérsico hacia Siria y Asia Menor a la del mar Rojo. Pero en todo caso tuvo un efecto nada desdeñable la relativa seguridad de las caravanas en el imperio persa, bien ordenado, de los sasánidas,[^28] mientras que el Yemen fue sojuzgado, invadido y saqueado casi sin interrupción por los abisinios desde el año 200 hasta el 600. Las ciudades del sur de Arabia, todavía florecientes en tiempos de los romanos, eran en el siglo VII verdaderos desiertos de ruinas; los beduinos vecinos habían adoptado en 500 años tradiciones puramente míticas y fabulosas sobre su origen (véanse el Corán y el historiador árabe Nuwayri),[^29] y el alfabeto en que estaban escritas las inscripciones de allí era casi del todo desconocido, aunque *no había otro*, de modo que de hecho hasta la *escritura* había caído en el olvido. Cosas así suponen, además de un desplazamiento (*superseding*) causado por eventuales condiciones comerciales generales, una destrucción violenta del todo directa, como solo puede explicarla la invasión etíope. La expulsión de los abisinios tuvo lugar unos 40 años antes de Mahoma y fue evidentemente el primer acto del despertar del sentimiento nacional árabe, aguijoneado además por invasiones persas desde el norte, que llegaron casi hasta La Meca. La historia del propio Mahoma no la abordaré hasta dentro de unos días; pero hasta ahora me parece que tiene el carácter de una reacción beduina contra los *fellahs*[^30] de las ciudades, sedentarios pero en decadencia, que entonces estaban también muy descompuestos en lo religioso y mezclaban un culto degenerado de la naturaleza con un judaísmo y un cristianismo degenerados.

Las cosas del viejo Bernier[^31] son realmente muy bonitas. Da gusto volver a leer algo de un viejo francés sobrio y claro, que da siempre en el clavo *sans avoir l’air de s’en apercevoir*.[^32]

Ya que de todos modos estoy atascado unas semanas en este embrollo oriental, he aprovechado la ocasión para aprender persa. Del árabe me disuaden, por una parte, mi odio innato a las lenguas semíticas y, por otra, la imposibilidad de llegar a algo sin perder mucho tiempo en una lengua tan vasta, que tiene 4000 raíces y abarca de 2000 a 3000 años. El persa, en cambio, es un verdadero juego de niños de lengua. Si no fuera por el maldito alfabeto árabe, en el que siempre hay seis letras que se parecen entre sí y no se escriben las vocales, me comprometería a aprenderme toda la gramática en 48 horas. Lo digo para consuelo de Pieper,[^33] por si le diera por imitarme este mal chiste. Yo me he fijado tres semanas como máximo para el persa; así que, si él arriesga dos meses, me gana de todos modos. Para Weitling[^34] es una pena no saber persa: tendría su *langue universelle toute trouvée*,[^35] porque, que yo sepa, es la única lengua en la que no hay pelea entre el *mir* y el *mich*, ya que el dativo y el acusativo son siempre iguales.[^36]

Por lo demás, es muy agradable leer en la lengua original al viejo libertino de Hafiz,[^37] que suena bastante bien, y el viejo sir William Jones[^38] usa con preferencia obscenidades persas como ejemplos en su gramática, que luego, en sus *Commentarii poeseos asiaticae*, traduce en versos griegos, porque hasta en latín le parecen demasiado indecentes. Estos comentarios —*Jones’ Works*, tomo II, *De poesi erotica*— te divertirán. En cambio, la prosa persa es para pegarse un tiro. Por ejemplo, el *Ranzât-us-safâ* del noble Mirkhond,[^39] que cuenta la leyenda heroica persa en un lenguaje muy rico en imágenes, pero vacío de contenido. Ahí se dice de Alejandro Magno: el nombre de Iskander significa en la lengua jonia Akschid Rûs (deformado, como Iskander, de Alexandros), lo que viene a querer decir Filusûf, que procede de *fila*, amor, y *sufa*, sabiduría, de modo que Iskander es lo mismo que amigo de la sabiduría. —De un rey *retired*[^40] se dice: tocó el tambor de la abdicación con la «baqueta del retiro», como lo hará *père* Willich cuando se lance un poco más a la lucha literaria. Al mismo Willich le pasará también lo que al rey Afrasiat de Turán[^41] cuando sus tropas huyeron, del que dice Mirkhond: «Se mordió las uñas del espanto con los dientes de la desesperación, hasta que la sangre de la conciencia derrotada le brotó de las yemas de los dedos de la vergüenza». —Mañana más.

[^1]: El *Belletristisches Journal und New-Yorker Criminal-Zeitung*, semanario alemán de Nueva York, en el que Willich había publicado sus ataques contra Marx.
[^2]: Joseph Weydemeyer, antiguo miembro de la Liga de los Comunistas, emigrado en Nueva York.
[^3]: Adolph Hentze, antiguo oficial y miembro de la Liga de los Comunistas próximo a Willich; declaró como testigo en el proceso de los comunistas de Colonia.
[^4]: Wilhelm Hirsch, espía de la policía prusiana que fabricó el falso «libro de actas» presentado en el proceso de los comunistas de Colonia (1852); en 1853 publicó en Nueva York una confesión de sus manejos.
[^5]: Adolf Cluß, miembro de la Liga de los Comunistas emigrado a Estados Unidos, empleado en Washington y corresponsal de Marx.
[^6]: «Hombre superior».
[^7]: «Embarazo», «incomodidad».
[^8]: «Buenazo».
[^9]: Konrad Schramm, miembro de la Liga de los Comunistas, desafió a duelo a Willich en septiembre de 1850, tras la escisión de la Liga, por haber insultado este a Marx; el duelo se celebró en Amberes y Schramm resultó herido.
[^10]: En el original, «Phantaste[reien]»: el papel de la carta está dañado y el final de la palabra lo completan los editores de la MEGA.
[^11]: Calle de Londres donde tenía su local la Asociación Cultural de los Obreros Alemanes, en la que se reunía la emigración comunista alemana.
[^12]: «Véase»; «en presencia de Huzel». Kinkel había recorrido Estados Unidos en 1851-1852 para recaudar fondos para un «empréstito nacional alemán» revolucionario.
[^13]: La compañía de obreros alemanes formada en Besanzón que se unió en 1849 al cuerpo franco de Willich en la campaña de Baden y el Palatinado, en el que Engels sirvió como ayudante de campo.
[^14]: «El hermoso pastor Coridón»: alusión a la égloga II de Virgilio, en la que el pastor Coridón arde de amor por el joven Alexis.
[^15]: «A fin de cuentas».
[^16]: «Pobre».
[^17]: Eduard von Müller-Tellering, que había publicado en 1850 un libelo contra Marx y Engels, *Vorgeschmack in die künftige deutsche Diktatur von Marx und Engels* («Anticipo de la futura dictadura alemana de Marx y Engels»).
[^18]: Louis Borchardt, médico alemán establecido en Manchester. Marx le pedía a Engels que consiguiera de él, por medio de Steinthal y otros comerciantes, recomendaciones para Wilhelm Wolff ([Marx a Engels, 2 de junio de 1853](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/cartas/1853-06-02%20Marx%20a%20Engels)).
[^19]: Wilhelm Wolff, «Lupus», antiguo redactor de la *Neue Rheinische Zeitung* y amigo íntimo de Marx y Engels, emigrado en Londres.
[^20]: Ferdinand Lassalle, que vivía entonces en Düsseldorf. Los ejemplares eran de las *Revelaciones sobre el proceso de los comunistas de Colonia* de Marx, en la edición de Boston, que había que introducir en Alemania de contrabando.
[^21]: La condesa Sophie von Hatzfeldt, amiga de Lassalle, que había llevado durante años su pleito de divorcio.
[^22]: Charles Roesgen, empleado de Ermen & Engels en Manchester.
[^23]: Gottfried Ermen, socio de la firma Ermen & Engels, en la que el padre de Engels era también socio.
[^24]: «Que le aproveche» (latín).
[^25]: «Dueño de la situación».
[^26]: Engels responde a la carta de Marx del 2 de junio, que concluía, a partir de Bernier, que la falta de propiedad privada de la tierra era «la verdadera llave incluso del cielo oriental».
[^27]: «Obras públicas».
[^28]: La dinastía que gobernó Persia desde el siglo III hasta la conquista árabe, a mediados del siglo VII.
[^29]: Al-Nuwayri (1279-1333), erudito egipcio, autor de una gran enciclopedia histórica.
[^30]: Campesinos (en árabe).
[^31]: François Bernier (1620-1688), médico y viajero francés que vivió unos doce años en la India del Gran Mogol; Marx le había copiado largos pasajes en su carta del 2 de junio.
[^32]: «Sin que parezca darse cuenta».
[^33]: Wilhelm Pieper, emigrado alemán en Londres, amigo de Marx y a ratos su secretario.
[^34]: Wilhelm Weitling, sastre y teórico del comunismo obrero, emigrado en Nueva York; trabajaba desde hacía años en el proyecto de una lengua universal.
[^35]: «Su lengua universal ya encontrada».
[^36]: *Mir* y *mich*, dativo y acusativo del pronombre alemán de primera persona, que el habla popular de Berlín y de otras regiones confunde.
[^37]: Hafiz (siglo XIV), el gran poeta lírico persa de Shiraz.
[^38]: Sir William Jones (1746-1794), orientalista inglés, juez en Calcuta; autor de *A Grammar of the Persian Language* (1771) y de *Poeseos asiaticae commentariorum libri sex* (1774), recogidos en sus *Works* (1799).
[^39]: Mirkhond (1433-1498), historiador persa, autor de la *Rawzat al-safa* («Jardín de la pureza»), una historia universal.
[^40]: «Retirado».
[^41]: Afrasiab, rey legendario de Turán, enemigo de Irán en la epopeya persa.
