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Title: Marx a Engels, Londres, 26 de octubre de 1854
Description: Marx desmenuza el Congrès de Vérone de Chateaubriand y muestra cómo el vizconde, mintiendo a su propio gobierno y apoyado por el zar, empujó a la intervención francesa en España de 1823.
Author: Karl Marx
Date: 1854-10-26
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/cartas/1854-10-26%20Marx%20a%20Engels
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*Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres el 26 de octubre de 1854. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/2, Berlín, 1930, carta n.º 332, pp. 58-62) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/cartas/originales/1854-10-26%20Marx%20an%20Engels).*

26 de octubre de 1854.
28, Deanstreet, Soho.

Querido Frederic:

Estudiando la porquería española he acabado por descubrir el juego del digno Chateaubriand, ese escritor de bellas frases que une del modo más repugnante el escepticismo distinguido y el volterianismo del siglo XVIII con el sentimentalismo distinguido y el romanticismo del XIX. Esta combinación tenía que hacer época en Francia, naturalmente, en lo *estilístico*, aunque incluso en el estilo lo falso salta a menudo a la vista, a pesar de los artificios artísticos. En cuanto al tipo *político*, él mismo se ha puesto completamente en evidencia en su «*Congrès de Vérone*»,[^1] y la única pregunta es si recibió «dinero contante» de Alejandro Pávlovich[^2] o si lo compraron solo con *flatteries*,[^3] a las que el vanidoso petimetre era más sensible que nadie. La orden de San Andrés la recibió de San Petersburgo *at all instances*.[^4] La *vanitas* del señor «vizconde» (?) le asoma por todos los poros, a pesar de su coqueteo, ora mefistofélico, ora cristiano, con la *vanitatum vanitas*. Ya sabes que, en la época del congreso, Villèle era primer ministro de Luis XVIII y Chateaubriand embajador francés en Verona. En su «*Congrès de Vérone*» —que quizá hayas leído alguna vez— publica los documentos, las negociaciones, etc. Empieza con una breve historia de la revolución española de 1820-1823.[^5] En cuanto a esta «historia», basta con citar que traslada Madrid a orillas del Tajo (solo para traer a cuento el *dictum* español de que ese río «cría oro») y que cuenta que Riego, al frente de 10.000 *hombres* (en realidad eran 5.000), salió al encuentro del general Freyre, que iba al frente de 13.000; que Riego fue derrotado y se retiró luego con 15.000 hombres. En vez de a la sierra de Ronda, lo hace marchar a Sierra Morena, para poder compararlo con el héroe de la Mancha. Lo cito *en passant* para caracterizar la manera. Casi ninguna fecha es correcta.

Pero lo mejor son las hazañas del señor Chateaubriand en el congreso de Verona, tras el cual llega a ministro de Asuntos Exteriores y dirige la guerra de invasión en España. Cuenta *d'abord*:[^6] «No niego ser el principal autor de la guerra de España.» «*El señor de Villèle* no quería las hostilidades.» Al contrario. Villèle le manda a él y a Montmorency,[^7] que al principio, como ministro francés de Asuntos Exteriores, estaba también en Verona, unas instrucciones en las que se dice literalmente: «No nos hemos decidido a declarar la guerra a España… Los plenipotenciarios de Su Majestad deben evitar sobre todo presentarse en el congreso como ponentes de los asuntos de España. Las demás potencias pueden conocerlos tan bien como nosotros… Ese papel podía convenir a Austria en el congreso de Laibach,[^8] porque tenía la voluntad de invadir Nápoles.» Los tipos hacen exactamente lo contrario de lo que dicen las instrucciones. Se «presentan» como los «ponentes de los asuntos de España». Villèle escribe: «Tenderán a hacer considerar la cuestión de España en sus relaciones *generales* con Europa»; ellos la presentan desde el principio como un *casus* *específicamente* francés. Villèle escribe: «La opinión de nuestros plenipotenciarios sobre la cuestión de saber qué conviene hacer al congreso en relación con España será que, siendo Francia la única potencia que deba actuar con sus tropas, ella sola será juez de esta necesidad.» En vez de eso, ellos: «Es sobre la forma de este concurso moral (de las demás potencias) y sobre las medidas propias para asegurarle el *socorro material* que tal vez se reclame más adelante sobre lo que Francia cree, en definitiva, necesario fijar la atención de sus augustos aliados.»

Desde el principio, pues, el señor Chateaubriand actúa *directamente en contra* de las instrucciones que recibe de París. En segundo lugar, trata de *mentir* a Villèle sobre el estado de cosas en Verona. Así, por ejemplo, escribe a Villèle: «El deseo muy pronunciado de las potencias es *favorable* a la guerra de España»; trata también de engañarle sobre las *chances* de la guerra: «Los últimos despachos del señor de Lagarde[^9] prueban cuán fácil sería el éxito.» Por otro lado, el buen hombre nos cuenta:

«No solo el congreso no empujó a Francia a la guerra, sino que Prusia y sobre todo *Austria* (observa: el príncipe de Metternich fingiendo ser ruso mientras detestaba a Rusia) se oponían mucho a ella; *solo Rusia la aprobaba* y prometía su apoyo moral y *su apoyo material*.» «Decimos al presidente del consejo que el deseo muy pronunciado de las potencias es favorable a la guerra; que no se trata de la ocupación de la Península; que no se trata más que de un movimiento rápido; mostramos un éxito fácil: y *sin embargo sabíamos* que el congreso de Verona *no quería* la guerra; *temíamos* que nuestro movimiento se *prolongara* mucho más allá del Ebro; pensábamos que tendríamos que ocupar *largo tiempo* España para hacer un buen trabajo, pero no lo revelábamos todo, *para llegar a nuestro fin*, y nos decíamos en secreto: una vez pasado el Bidasoa, el presidente del consejo, etc., no tendrá más remedio que seguir adelante.»

Así miente a Villèle en nombre del congreso, igual que antes había mentido al congreso en nombre de Villèle. Y, no contento con eso, escribe luego a Canning[^10] mintiendo por los dos y contra los dos.

Como ministro actúa de la misma manera. Alejandro escribe la carta siguiente a Pozzo di Borgo,[^11] embajador en París, para que la presente a Luis XVIII: «El emperador se lisonjea aún de que la moderación prevalezca en los consejos del *gobierno inglés*.» Si no, etc., «consideraría el ataque dirigido contra Francia como un ataque general contra todos los aliados y aceptaría sin vacilar las consecuencias de este principio… *El emperador exhorta al rey* a consumar sus *propias* (!) determinaciones y a marchar con confianza contra los hombres de los disturbios y las desgracias. Actuando en este espíritu, *el emperador recuerda la cuestión debatida en el congreso* relativa *a la reunión de un ejército ruso en las fronteras occidentales* de España como medio de seguridad europea.» (Austria no quiso saber nada de esto en el congreso. Por eso el asunto se dejó allí de lado por el momento.)

Chateaubriand pretende que su objetivo era procurar *gloria* (*gloire*) a la Restauración y preparar así la ruptura de los tratados de Viena. El apoyarse en Rusia habría sido necesario contra Inglaterra. Pero lo poco que 1.º esperaba de la ayuda rusa y lo mucho que 2.º temía de la guerra se desprende de las frases siguientes:

«Suponiendo un revés en España, *teníamos una revolución en Francia, y todos los cosacos de la tierra no nos habrían salvado*.» Escribe en una carta a su embajador en San Petersburgo, *La Ferronnays*:[^12] «*Hemos jugado la monarquía francesa a una carta para hacer la guerra*.» (Esto con fecha del 21 de abril de 1823.) Reconoce además que, si Canning hubiera desembarcado un par de regimientos en Lisboa, se habrían quedado con el culo en el suelo. Para preparar este resultado se había procurado además que, a consecuencia de una riña entre el ministro de la Guerra, el duque de Bellune,[^13] y el general Guilleminot,[^14] el ejército francés se encontrara de pronto, tras entrar en España, *sin víveres y sin medios de transporte*. Luego el bonito camelo de que una victoria de los franceses *en nombre de la Santa Alianza* y con su *apoyo moral* debía contribuir a liberar a Francia de los tratados de Viena. El «vizconde» no es tan *bête*[^15] como aquí se hace. Sabe muy bien de qué se trataba: «Rusia no tiene embajador en Constantinopla». El zar andaba entonces en tratos turbios con los griegos, y una guerra entre Francia e Inglaterra, y más aún que Francia quedara empantanada en España y sufriera allí una derrota, le habría dado a él las manos libres. «Debíamos prever sobre todo que Inglaterra podía intervenir y ponerse frente a nosotros al lado de España.» Escribe a París: «Si es la guerra, es *la guerra con Inglaterra*.» «Guerra que podía volverse *europea* si llegaba a complicarse con una *guerra en Oriente* y con el ataque de los ingleses a las colonias españolas.» Tampoco se engaña en absoluto sobre las intenciones de Alejandro:

«Es cierto que nuestro triunfo **inesperado** (!) le dio algunos celos, pues se había lisonjeado en secreto de que nos veríamos *obligados* a recurrir a él.» El «triunfo» iba, pues, contra lo convenido. Además, Chateaubriand creía, como la mayoría de los franceses, que el ejército francés era muy «poco de fiar» para los Borbones.

La «amistad» entre Alejandro y Luis XVIII era, además, como cuenta el propio Chateaubriand, tanto más estrecha cuanto que «Luis XVIII» había «rechazado, so pretexto de religión y por algún *motivo ofensivo*, el matrimonio del duque de Berry con la hermana de Alejandro», y cuanto que Luis XVIII, por su parte, sabía que (tras el regreso de Bonaparte de Elba) en el congreso de Viena el señor Alejandro «preguntó de repente a los aliados si no sería bueno dar al duque de Orleans como rey a Francia cuando se hubiera vencido por última vez a Napoleón».

El «vizconde», con su «gran visión de poeta», hace las confesiones siguientes:

«Nos atrevemos a decir que Alejandro se convirtió en *nuestro amigo*.»

«Alejandro es el *único* príncipe por el que *jamás* hayamos sentido un *sincero* afecto.»

«Luis XVIII *nos detestaba*.»

Además, es divertidísimo ver cómo este *phraseur*,[^16] que habla del «Dios de San Luis» que ha de conservar el trono español para un «nieto de Enrique IV», escribe muy *cavalièrement*[^17] al general Guilleminot que no tengan «reparo» en el bombardeo de Cádiz por miedo a que una bala pueda alcanzar a Fernando VII, etc.

En todo caso, a este *ami intime*[^18] de los grandes Carrel, Lamennais, Béranger, etc., le queda el honor de haber organizado para diez años —junto con su amigo Alejandro— la mayor porquería que jamás se haya amontonado en España, y a riesgo de hacer saltar por los aires a sus Borbones.

Otro rasgo de este peregrino al Santo Sepulcro:[^19] cuenta él mismo en el «*Congrès de Vérone*» cómo impuso a Luis XVIII y a Villèle a Polignac,[^20] que a los dos les resultaba odioso, como embajador en Londres. Más tarde, bajo Carlos X, siendo él mismo embajador en Roma, presenta de pronto y con gran estrépito su dimisión en cuanto Polignac llega a ministro, porque ahora declara perdida la «libertad».

Si vuelves a leer el libro, tu desprecio por los «*crapauds*»[^21] y sus «*grands hommes*» difícilmente disminuirá.

*Adieu*.

Tu K. M.

[^1]: François-René de Chateaubriand, *Congrès de Vérone. Guerre d'Espagne*, París, 1838. Marx escribe a veces *Congrès de Verona*. Las citas del libro están en francés en el original. El congreso de Verona de la Santa Alianza (1822) acordó la intervención francesa que en 1823 restauró el absolutismo de Fernando VII.
[^2]: El zar Alejandro I.
[^3]: «Halagos».
[^4]: «En todo caso».
[^5]: Las Cortes y el gobierno constitucional del Trienio Liberal, iniciado con el pronunciamiento de Rafael del Riego en 1820 y derribado por la invasión francesa de los «Cien Mil Hijos de San Luis».
[^6]: «De entrada».
[^7]: Mathieu de Montmorency, ministro francés de Asuntos Exteriores hasta diciembre de 1822, al que sucedió Chateaubriand.
[^8]: El congreso de la Santa Alianza de Laibach (Liubliana), de 1821, que autorizó la intervención austriaca contra la revolución de Nápoles.
[^9]: Embajador francés en Madrid.
[^10]: George Canning, ministro británico de Asuntos Exteriores.
[^11]: Carlo Andrea Pozzo di Borgo, diplomático corso al servicio de Rusia.
[^12]: Pierre-Louis-Auguste Ferron, conde de La Ferronnays, embajador francés en San Petersburgo.
[^13]: Claude Victor-Perrin, duque de Bellune, mariscal y ministro de la Guerra.
[^14]: Armand-Charles Guilleminot, jefe de estado mayor del ejército francés en España.
[^15]: «Tonto».
[^16]: «Fraseólogo», charlatán.
[^17]: «Desenvueltamente».
[^18]: «Amigo íntimo». Armand Carrel, periodista republicano; Félicité de Lamennais, escritor católico y luego demócrata; Pierre-Jean de Béranger, poeta popular.
[^19]: Alusión al *Itinéraire de Paris à Jérusalem* (1811) de Chateaubriand.
[^20]: Jules de Polignac, embajador en Londres desde 1823 y presidente del consejo de Carlos X en 1829-1830.
[^21]: «Sapos»: los franceses, en el lenguaje burlón de Marx y Engels.
