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Title: Engels a Marx, Waterloo, 21 de agosto de 1857
Description: Engels rebate punto por punto las «tesis» médicas de Marx sobre el hierro y el aceite de hígado de bacalao, cuenta su primer baño de mar y anuncia que trabaja en el artículo «Army».
Author: Friedrich Engels
Date: 1857-08-21
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/cartas/1857-08-21%20Engels%20a%20Marx
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*Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Waterloo, cerca de Liverpool, donde Engels pasaba una temporada de reposo junto al mar, el 21 de agosto de 1857. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/2, Berlín, 1930, carta n.º 447, pp. 208-210) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/cartas/originales/1857-08-21%20Engels%20an%20Marx).*

Waterloo, 21 de agosto de 1857.

Querido Mohr:[^1]

Los artículos los habrás recibido esta mañana.

Tus tesis, sin embargo, me parecen *open to some observations*.[^2] Que el hierro haga efecto en tres semanas donde el aceite de hígado de bacalao lo hace en tres meses no hay que tomarlo, supongo, al pie de la letra. De una cura en tres semanas no se puede ni hablar en una enfermedad así, y yo diría más bien que, con hierro o sin él, son más los casos en que la cura ha durado tres años que solo tres semanas.

Que la falta de hierro en la sangre sea el *carácter fundamental* de la escrófula es, desde luego, nuevo para mí. Pero, a pesar de toda la literatura, lo seguro es que desde hace algún tiempo hace estragos la moda de reducir todas las enfermedades a la falta de hierro en la sangre, una moda que ya empieza a provocar una reacción; de la enfermedad de la que *más* consta que ese es su carácter fundamental, la clorosis, afirman últimamente algunos franceses que el hierro no tiene nada que ver con ella. Cuál es el *carácter fundamental* de la escrófula me parece que está todavía muy poco claro.

Que en el aceite de hígado de bacalao, *entre otras cosas*, también el yodo es un elemento principal de su efecto, es seguro. Pero ni mucho menos el único. Con el yodo en otras formas no se llega tan lejos. Además contiene cloro y bromo, que actúan ambos directa o indirectamente sobre el mal, y no se ha establecido aún en qué medida contribuyen los componentes biliares y los ácidos grasos líquidos. Solo sé que el aceite noruego, que sabe amargo a bilis, me ha sentado mejor que el de Terranova o el inglés, que no sabe así.

*Yoduro de hierro* lo he tomado todo el tiempo que estuve en Manchester (entre Londres y Waterloo),[^3] a la vez que el aceite de hígado de bacalao, y la inflamación no hizo más que aumentar y acabó por hacerse crónica. Desde que estoy aquí *no* he vuelto a tomar yoduro de hierro, pero hace tiempo que quedé con Heckscher[^4] en que, como *cura posterior*, se tomaría o yoduro de hierro o hierro de Guerenne[^5] con aceite de hígado de bacalao.

La grasa del aceite no es para mí, *pour le moment*,[^6] ningún lastre inútil, ni mucho menos. Desde que he recobrado fuerzas, vuelvo también a acumular grasa. La grasa animal ya hecha solo la admite mi dieta en muy pequeña medida; la consecuencia es que tengo que comer más fécula, y de hecho a ratos tengo una verdadera hambre canina de pan; como el doble de carne, pero cuatro veces más pan que de costumbre. La grasa del aceite de hígado de bacalao me ayuda de maravilla en este engorde, porque se toma en una forma de lo más inocente y no irrita tanto como la grasa de la carne o los guisos grasientos.

Ya ves que nunca perdimos el hierro de vista, y que, incluso después de haberlo empleado sin éxito durante más de tres semanas —y quizá de haber empeorado la cosa, dadas las circunstancias—, lo teníamos ya reservado para la cura posterior. Heckscher, con quien hablé del hierro el domingo pasado, se opuso rotundamente a volver ya a emplearlo después de la experiencia hecha, y tengo que darle la razón. Más adelante, por supuesto. Por lo demás, repito que, pese a la unanimidad de la literatura, desconfío mucho de reducir todas las enfermedades a la falta de hierro mientras no sepamos del estado, e incluso de la cantidad normal, de hierro en la sangre algo más de lo que sabemos hasta ahora. En todo caso, *yo* tenía hierro suficiente en la sangre cuando estalló la enfermedad; eso tiene que atestiguarlo cualquier médico que me viera entonces. Que en personas de complexión claramente escrofulosa, color pálido, piel transparente, etc., pueda haber falta de hierro, lo creo de buena gana.

Pero, *admis*[^7] que ese sea el carácter fundamental, de ahí no se sigue ni mucho menos el uso *indiscriminate*[^8] e inmediato del hierro. Es muy difícil hacer llegar el hierro a la sangre en cantidades distintas de las pequeñas en que se encuentra en los alimentos corrientes. Suponiendo, pues, que el carácter de mi enfermedad fuera que la sangre ya no es capaz de asimilar el hierro de los alimentos, aún menos asimilará el de la medicina. El aire del mar y los baños de mar fortalecen el organismo hasta el punto de que la sangre recobra esa capacidad. Asimila, pues, de nuevo el hierro de la carne y del pan, y como como mucho más que de costumbre, también tanto más hierro. Ahí sí, una vez restablecida esa capacidad, puede ser útil el hierro administrado como medicina, aunque creo que nueve décimas partes pasan por el cuerpo sin provecho; y ni siquiera según la teoría del hierro está demostrado que sea acertado emplearlo en *cualquier* fase de la enfermedad. Pero a esto se añade la variedad de los casos y las constituciones. Yo, por ejemplo, parezco especialmente sensible a todos los metales; también las aplicaciones externas de mercurio para impedir que la inflamación se extendiera localmente me hicieron efecto muy deprisa, y es muy posible que el yoduro de hierro, tomado en un momento en que mi sangre estaba demasiado desorganizada para asimilarlo, haya favorecido el aumento de la inflamación.

En todo caso, no veo en qué medida tus tesis, aun concediendo la teoría del hierro, echan abajo nada esencial de lo que afirmaba en mi carta anterior, en la que, por lo demás, solo se trataba del empleo inmediato del hierro, en ninguna forma determinada, excluyendo el aceite de hígado de bacalao.

Hoy he tomado mi primer baño de mar; me ha sentado de maravilla y me ha dado un apetito de mil demonios. De momento solo debo bañarme un día sí y otro no.

Pero ahora, la hora del correo. «Army»[^9] en marcha.

Muchos saludos a tu mujer y a los niños.

Tu F. E.

[^1]: «Mohr» («el Moro»), apodo de Marx entre sus amigos y en su familia, por su pelo y su tez morenos.
[^2]: «Discutibles», literalmente «expuestas a algunas objeciones».
[^3]: Es decir, después de su estancia en Londres y antes de instalarse en Waterloo.
[^4]: Martin Heckscher, médico alemán de Manchester que trataba a Engels.
[^5]: Así en la MEGA¹ («Guerennesches Eisen»); probablemente el hierro reducido de Quevenne, preparado farmacéutico muy usado entonces.
[^6]: «De momento».
[^7]: «Admitido».
[^8]: «Indiscriminado».
[^9]: El artículo «Army» (Ejército) que Engels escribía para la *New American Cyclopaedia* de Charles A. Dana y George Ripley.
