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Title: Engels a Marx, Mornington Street [Manchester], 25 de mayo de 1866
Description: Engels analiza el pánico financiero y las pérdidas en el algodón, el ánimo rebelde del ejército prusiano movilizado y su derrota probable frente a Benedek, y se queja del trato que reciben sus artículos sobre Polonia en el *Commonwealth*.
Author: Friedrich Engels
Date: 1866-05-25
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/cartas/1866-05-25%20Engels%20a%20Marx
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*Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester (Mornington Street) el 25 de mayo de 1866. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/3, Berlín, 1930, carta n.º 981, pp. 335-336) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/cartas/originales/1866-05-25%20Engels%20an%20Marx).*

Mornington Street,[^1] 25 de mayo de 1866.

Querido Mohr:

El *panic*[^2] ha llegado en cualquier caso demasiado pronto y puede que nos estropee una buena crisis sólida, que si no habría llegado en 1867 o 1868. Si por casualidad no hubiera coincidido la fuerte caída del algodón, aquí apenas nos habría tocado. Este hundimiento de los chanchullos de la *limited liability* y del *financing*[^3] estaba previsto desde hacía mucho y casi no afectaba a nuestro *trade*.[^4] Pero las pérdidas colosales en el algodón, que se produjeron al mismo tiempo, amenazan con poner las cosas serias aquí: hay tantas casas de aquí y de Liverpool metidas en ello a través de sus sucursales de Bombay, etc., y como esto coincide con el *money panic*[^5] y el descuento al 10 %, puede ser muy serio para los que tienen mucho algodón. Aquí, en todo caso, el lío está lejos de haber terminado.

Si los austriacos son lo bastante listos para no atacar, el baile empezará seguro en el ejército prusiano. Nunca han estado los tipos tan rebeldes como en esta movilización. Por desgracia, uno se entera solo de una mínima parte de lo que pasa, pero eso ya basta para demostrar que con este ejército una guerra de ataque es imposible. Cuando estos mozos estén concentrados en masa, empiecen a contarse y descubran que tres cuartas partes del ejército piensan lo mismo, y cuando luego, durante el congreso,[^6] tengan que pasarse tres o cuatro semanas sobre las armas sin hacer nada, la cosa no puede acabar sino en una crisis, y una buena mañana se negarán a obedecer. Ocasión no faltará; y en un ejército así, cuando *un* batallón empieza, aquello corre como la pólvora. Pero aunque se evitara un estallido abierto, es seguro que *este* ejército, con esta *moral* y al mando del viejo Guillermo, con Federico Carlos y el príncipe heredero de comandantes de ala a sus órdenes,[^7] sería derrotado sin remedio en el acto por los furiosos austriacos de Benedek,[^8] que ha rechazado a todos los archiduques y toda injerencia en el nombramiento de su estado mayor y tiene a sus órdenes de 300 000 a 360 000 hombres. Eso lo sabe también el viejo burro y estoy convencido de que se echará atrás si puede, precisamente por este estado de ánimo del ejército. Lo que dije en mi folleto del año pasado sobre el carácter del ejército prusiano *movilizado*[^9] se ha confirmado por completo.

Es impagable el apuro de los de la Asociación Nacional[^10] desde que Bismarck les ha plagiado el programa; los tipos tienen que salir ahora contra sus propias frases granprusianas, igual que la *Kreuzzeitung* contra sus propias frases feudales.

El corresponsal en Londres del *Manchester Guardian* cuenta que Luis Bonaparte, en esta gran comedia de Estado,[^11] se ha reservado como precio de su consentimiento: de Italia, Cerdeña; de Prusia, Luxemburgo, Saarlouis y Saarbrücken (solo se le olvida Landau),[^12] y esto como mínimo.

Veré si mañana consigo terminar mis artículos sobre Polonia. Para serte sincero, me cuesta escribir detrás de la raya del burro de Miall[^13] y ver a cada paso advertido expresamente que la redacción no se hace responsable de la correspondencia de detrás de la raya, pero sí de las burradas de delante. Si hubiera sabido desde el principio cómo se tratan nuestras cosas en un periódico que debería ser el nuestro, por lo menos el del partido obrero, y que allí apenas se nos tolera y encima tenemos que estar agradecidos, no habría escrito ni una línea. Pero tú estabas enfermo entonces y yo no quería hacer nada que pudiera estorbarte la cura. Aun así, me ha fastidiado. En fin, quien dice A tiene que decir también B.

Muchos saludos.

Tuyo, F. E.

[^1]: Engels vivía con Lizzie Burns en Mornington Street, en Manchester.
[^2]: «Pánico».
[^3]: Las sociedades de responsabilidad limitada y las compañías de financiación, cuya multiplicación especulativa acabó en el pánico financiero de mayo de 1866.
[^4]: «Ramo», «negocio».
[^5]: «Pánico monetario».
[^6]: El congreso de las potencias que Francia, Inglaterra y Rusia proponían reunir para evitar la guerra entre Prusia y Austria; no llegó a celebrarse.
[^7]: El príncipe Federico Carlos de Prusia (1828-1885), sobrino del rey, y el príncipe heredero Federico Guillermo (1831-1888), el futuro emperador Federico III, que en la guerra mandaron dos de los ejércitos prusianos.
[^8]: Ludwig von Benedek (1804-1881), general austriaco, jefe del ejército del Norte en la guerra de 1866.
[^9]: *Die preußische Militärfrage und die deutsche Arbeiterpartei* («La cuestión militar prusiana y el partido obrero alemán»), Hamburgo, Otto Meissner, 1865.
[^10]: La Asociación Nacional Alemana (Deutscher Nationalverein), fundada en 1859 por liberales partidarios de unificar Alemania bajo la dirección de Prusia y sin Austria.
[^11]: Engels escribe *Haupt- und Staatsaktion*, nombre que se daba a las piezas de aparato de los cómicos ambulantes alemanes del siglo XVII y que se usa en sentido irónico para un gran aparato político.
[^12]: Saarlouis y Landau fueron fortalezas francesas hasta 1815; Landau pertenecía en 1866 al Palatinado bávaro.
[^13]: Edward Miall (1809-1881), periodista y diputado liberal inglés, defensor de la separación de la Iglesia y el Estado, que tenía entonces mucho peso en el *Commonwealth*. Los artículos de Engels salían detrás de una raya que separaba los editoriales de la sección de correspondencia, de la que la redacción no se hacía responsable.
