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Title: Marx a Engels, Karlsbad, 19 de agosto de 1876
Description: Marx cuenta el accidentado viaje a Karlsbad a través de un Núremberg invadido por los visitantes del festival de Wagner en Bayreuth, la ruina bursátil de un conocido y las «Experiencias de un alma de hombre» de Lasker.
Author: Karl Marx
Date: 1876-08-19
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/cartas/1876-08-19%20Marx%20a%20Engels
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*Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que estaba en Ramsgate, escrita en Karlsbad el 19 de agosto de 1876. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/4, Berlín, 1931, carta n.º 1453, pp. 441-443) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/cartas/originales/1876-08-19%20Marx%20an%20Engels).*

Germania, Karlsbad, 19 de agosto de 1876.

Querido Fred:

Te escribo a la dirección de Londres, porque no sé si sigues viviendo junto al mar.

Primero, nuestra aventura de viaje. Según mi plan, pasamos la noche en Colonia y salimos de allí a las seis de la mañana con Núremberg como siguiente etapa. Hacia las cinco de la tarde llegamos a Núremberg, desde donde no pensábamos ponernos en camino hacia Karlsbad hasta la tarde siguiente (era el 14, y le habíamos dado a la patrona de Karlsbad el 15 como día de nuestra llegada). Descargaron los baúles y se los entregaron a un hombre con una carretilla que debía acompañarnos a la fonda más cercana, junto a la estación, a las afueras de la ciudad. Pero en esa fonda solo quedaba una habitación libre y, al mismo tiempo, el posadero nos anunció la espeluznante noticia de que difícilmente encontraríamos alojamiento en otro sitio, porque la ciudad estaba inundada de gente, en parte por un congreso de molineros y panaderos, en parte por gente de todas las partes del mundo que quería ir desde allí a la fiesta de locos del músico de Estado Wagner en Bayreuth.[^1] Y así era. Anduvimos mucho tiempo errando por la ciudad junto a la carretilla; ni la taberna más pequeña ni el hotel más grande nos daban asilo; lo único que sacamos fue un conocimiento superficial de la sede originaria (interesantísima) del *Knotentum* alemán.[^2] Así que de vuelta a la estación; allí nos dijeron que la ciudad más próxima a Karlsbad a la que todavía podían llevarnos era Weiden; sacamos *tickets* para Weiden. Pero el señor revisor llevaba ya una gota (o más) de más en la cabeza; en vez de hacernos bajar en Neunkirchen, de donde sale un ramal recién construido a Weiden, nos llevó hasta Irreloh[^3] (así se llama más o menos el poblacho), desde donde tuvimos que volver otras dos horas enteras (por el lado opuesto al de la ida) para llegar por fin a Weiden a medianoche. Aquí la única fonda que hay estaba también llena, de modo que tuvimos que aguantar hasta las cuatro de la mañana en las sillas duras de la estación. ¡En total estuvimos 28 horas de viaje de Colonia a Karlsbad! ¡Y con un calor desvergonzado!

Lo que al día siguiente oímos por todas partes en Karlsbad (donde no ha llovido desde hace seis semanas), y experimentamos en carne propia, fue ¡un exceso de calor! Y al lado, falta de agua; el Tepl[^4] parece completamente chupado. La tala de los bosques lo ha dejado en el bonito estado de inundarlo todo en las épocas lluviosas (como en 1872) y de secarse por completo en los años calurosos.

Por lo demás, el calor excesivo ha cedido desde hace tres días, y aun en los días de más calor encontramos barrancos del bosque, viejos conocidos míos, donde se estaba soportablemente.

Tussychen, que estuvo bastante mal durante el viaje, se recupera aquí a ojos vista, y en mí Karlsbad obra maravillas, como siempre. En los últimos meses me había vuelto la repugnante presión en la cabeza, que ya ha desaparecido otra vez del todo.

El doctor Fleckles me contó una novedad que me dejó de piedra. Le pregunté si estaba aquí su prima, madame Wollmann, de París, a la que conocí el año pasado y que es una señora muy interesante. Me respondió que su marido había perdido toda su fortuna, y además la de su mujer, especulando en la Bolsa de París, de modo que la familia, en una situación desesperada, había tenido que retirarse a un rincón de Alemania. Lo curioso del *affaire* es esto: el señor Wollmann había hecho en París una gran fortuna como fabricante de colorantes; nunca había jugado a la Bolsa, sino que el dinero que no necesitaba en el negocio (lo mismo que el de su mujer) lo tenía tranquilamente colocado en títulos del Estado austriaco. De repente empezó a desvariar; considera inseguro el Estado austriaco, vende todos sus títulos y, *en el más absoluto secreto*, sin que lo supieran su mujer ni sus amigos Heine y Rothschild, se pone a especular al alza en la Bolsa con... ¡títulos turcos y peruanos!, hasta que se va al diablo el último céntimo. La pobre mujer estaba precisamente ocupada en amueblar su recién alquilado palacete de París cuando una buena mañana, sin preparación alguna, se entera de que es una mendiga.

El profesor Friedberg (de la Universidad de Breslau, médico) me cuenta hoy que el gran Lasker[^5] ha publicado una media novela anónima titulada *Experiencias de un alma de hombre*. Estas experiencias engreídas llevan un prólogo o introducción adulador del señor Berthold Auerbach.[^6] Lo que Lasker experimentó fue, en efecto, que todas las mujeres (incluida una hija de Kinkel)[^7] se enamoraban de él, y ahora expone por qué no solo no se casó con todas a la vez, sino por qué ni siquiera llegó a nada con ninguna. Debe de ser una verdadera odisea de un alma de pelele. Muy pronto apareció una parodia (anónima también), tan *horrible* que el hermano mayor de Otto, con dolorosa pérdida de dinero, compró todos los ejemplares de sus «Experiencias» que aún pudo pillar. El «deber» me reclama lejos del escritorio. Así que hasta la próxima, en la medida en que el efecto mágicamente atontador del brebaje caliente y alcalino me permita todavía garabatear unas líneas.

Mis mejores saludos a madame Lizzy.

Tuyo, Mohr.

Aquí no hay ningún Kovalevski.[^8] En cambio, Lavrov me ha mandado un grueso volumen sobre las funciones del «Estado» en el futuro.[^9] En cualquier caso, también aplazo su lectura para el futuro. Aquí ahora todo es futuro desde el tamborileo de la música del futuro en Bayreuth.

Esto está lleno de rusos.

Mi mujer me escribe ahora mismo que sigues en Ramsgate. Así que te mando la carta directamente allí.

[^1]: El primer festival de Bayreuth, inaugurado en agosto de 1876 con el estreno completo de *El anillo del nibelungo*. Wagner había obtenido el apoyo de Luis II de Baviera, de ahí lo de «músico de Estado».
[^2]: En el original, «Knotentum», de «Knoten», el término despectivo con que Marx y Engels designaban a los oficiales artesanos de cultura estrecha.
[^3]: En realidad, Irrenlohe, como precisan los editores de la MEGA¹.
[^4]: El río que atraviesa Karlsbad.
[^5]: Eduard Lasker, uno de los jefes del Partido Nacional Liberal en el Reichstag. El libro, *Erfahrungen einer Mannesseele*, había salido sin nombre de autor en 1873.
[^6]: Berthold Auerbach, novelista de éxito, autor de historias aldeanas de la Selva Negra.
[^7]: Gottfried Kinkel, poeta y demócrata de 1848, emigrado en Londres en los años cincuenta y blanco frecuente de las burlas de Marx y Engels.
[^8]: Maksim Kovalevski, historiador y sociólogo ruso, a quien Marx había conocido en Karlsbad en 1875.
[^9]: Piotr Lavrov, *Gosudárstvenny element v búdushchem óbshchestve* («El elemento estatal en la sociedad futura»), Londres, 1876.
