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Title: Engels a Marx, Ramsgate, 25 de agosto de 1877
Description: Engels felicita a Marx por la curación de su hígado, da noticias de Ramsgate y analiza la parálisis del ejército turco y el hundimiento de la organización militar rusa.
Author: Friedrich Engels
Date: 1877-08-25
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/cartas/1877-08-25%20Engels%20a%20Marx
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*Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que estaba en Neuenahr, escrita en Ramsgate el 25 de agosto de 1877. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/4, Berlín, 1931, carta n.º 1475, pp. 475-476) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/cartas/originales/1877-08-25%20Engels%20an%20Marx).*

2 Adelaide Gardens, Ramsgate,
25 de agosto de 1877.

Querido Mohr:

Por Schorlemmer habrás tenido ya anteayer, o ayer a más tardar, noticias de los Longuet, de los Lafargue y de nosotros; desde entonces, también directamente de Jenny, a causa de la enfermedad del pequeño, que la ha asustado un poco demasiado; por suerte, según escribe hoy, el niño está fuera de peligro.

Nos vamos de aquí el martes, después de una estancia de siete semanas que a mí me ha sentado muy bien, pero a Lizzie todavía no tanto como quisiéramos. Probablemente tendré que someterla, *weather permitting*,[^1] a un cambio de aires más fuerte.

Te felicito por la curación del hígado. A las alturas de la Selva Negra tienes que ir, desde luego; le he dicho a Schorlemmer que te lleve el mapa de Baden que me sirvió en 1849, ojalá lo haya hecho.[^2] Te podrá ser útil; precisamente la montaña está muy bien dibujada para la escala.

El tiempo ya habrá mejorado por fin por ahí. Aquí hemos tenido una suerte estupenda. Mientras en todas partes llovía, aquí solo estaba nublado. En siete semanas, dos tardes de lluvia y hoy el primer día de lluvia de verdad —aunque también con largos intervalos—; con eso uno puede darse por contento. La lluvia que cayó, cayó casi siempre de noche.

La inmovilidad de los turcos se debe esencialmente a la falta de tren de intendencia. Capacitar a un ejército no solo para batirse, sino también para moverse libremente, parece imposible para todos los bárbaros y semibárbaros: su ejército, organizado a duras penas de manera aproximadamente moderna (para batirse), tiene que moverse con los *appliances*[^3] de un viejo ejército bárbaro. Se introducen armas modernas, pero las municiones correspondientes tienen que arreglárselas solas para seguirlas. Se organizan brigadas, divisiones, cuerpos de ejército y se los concentra según las reglas de la estrategia moderna, pero se olvida que entonces no pueden buscarse ellos mismos el sustento como una nube de jenízaros, de espahíes o de nómadas. Eso se ve ya en los rusos, y más aún en los turcos, y por eso, con ejércitos así, son falsos todos los cálculos que atribuyen a los cuerpos de ejército una movilidad de Europa occidental.

Los disparates que cometen ahora los turcos se deben todos al miedo que la incursión de Gurko ha despertado en Constantinopla. En vez de dejar que Suleimán se uniera directamente —por los pasos que los rusos no ocupan— a Osmán o a Mehmed Alí, se le hace cerrar el paso directamente a los rusos y cubrir *directamente* Constantinopla. De ahí el inútil derroche de sangre en el paso de Shipka, parte de una operación combinada, concertada con los otros dos ejércitos y, como de costumbre, no ejecutada a la vez, y por tanto fracasada.[^4] Con todo, eso no tiene mucha importancia y ya volverá a arreglarse.

El *collapse*[^5] de la organización militar rusa es completo. Reconocen una pérdida de 15 000 hombres en combate (en Europa); sus pérdidas por enfermedad tienen que ser el doble o más. El transporte, completamente *broken down*.[^6] Carreteras, no se han construido en ninguna parte. La policía de los campamentos no existe; la suciedad y la putrefacción de los cadáveres habrían bastado, aun sin el clima, para producir las enfermedades en masa. Seis cuerpos de ejército rusos, ahora ocho, están en Bulgaria, y una sola batalla los ha arrojado a la defensiva más pasiva. De 50 divisiones de infantería rusas, 16 están en el Danubio, 9 en el Cáucaso y Asia, al menos 5 están en camino, 6 cubren la costa del mar Negro y del Báltico, en suma 36; quedan 14, de las cuales 2 son indispensables en las provincias del Báltico, de modo que hay 12 divisiones de infantería = 120 000 hombres a lo sumo, o con caballería y artillería 150 000 combatientes libres para cualquier eventualidad. ¡Y eso contra el «hombre enfermo»![^7] Además, las nuevas formaciones son imposibles o no valen nada, aunque solo sea por falta de oficiales. En resumen, es peor que en la guerra de Crimea. Y la misma estupidez de entonces: por la rabia de la derrota de Plevna, hay que poner en marcha enseguida refuerzos colosales, aunque a lo sumo podrán operar un mes, durante el cual no sirven para nada y tendrán que ver dónde encuentran algo que echarse a la boca.[^8] Y a finales de octubre, a más tardar, se vuelve atrás, «atrás, orgulloso Cid»,[^9] a la Valaquia esquilmada, los puentes desaparecen del Danubio y, si todo va bien, a finales de mayo de 1878 se empieza exactamente donde se había empezado a finales de mayo de 1877.

Muchos saludos a todos vosotros.

Tuyo, F. E.

Por lo demás, los turcos todavía pueden llevarse algunas palizas serias antes del invierno, pero eso no importa nada con tal de que en Constantinopla no se dejen intimidar por ello.

[^1]: «Si el tiempo lo permite».
[^2]: En 1849 Engels combatió en la campaña de Baden y el Palatinato, en el cuerpo de voluntarios de Willich.
[^3]: «Pertrechos».
[^4]: Suleimán Bajá, al frente del ejército turco traído de Montenegro, atacó en vano las posiciones rusas del paso de Shipka del 21 al 26 de agosto de 1877, con grandes pérdidas.
[^5]: «Hundimiento».
[^6]: «Hundido».
[^7]: La fórmula con que el zar Nicolás I designaba al Imperio otomano.
[^8]: Plevna (Pleven), en Bulgaria, fortificada por Osmán Bajá, rechazó los asaltos rusos de julio de 1877; no capituló hasta diciembre de ese año.
[^9]: Eco de los romances del *Cid* en la versión alemana de Herder, que se habían hecho proverbiales.
