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Title: Marx a Nikolái Danielsón, Londres, 19 de febrero de 1881
Description: Marx comenta a Danielsón su artículo sobre la economía rural rusa posterior a la reforma de 1861: el suelo agotado, la sucesión de buenas cosechas y años de hambre y el endeudamiento de los terratenientes. Añade la crisis inglesa, los reyes del ferrocarril en Inglaterra y los Estados Unidos y la sangría de la India.
Author: Karl Marx
Date: 1881-02-19
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/cartas/1881-02-19%20Marx%20a%20Nikol%C3%A1i%20Daniels%C3%B3n
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*Carta de Karl Marx a Nikolái Frántsevich Danielsón, en San Petersburgo, escrita en Londres el 19 de febrero de 1881. Escrita en inglés. Traducida del texto inglés de* Marx and Engels Correspondence*, ed. y trad. de Dona Torr (Londres, 1934), que tomó las cartas a Danielsón de fotocopias de los originales, según la transcripción del Marxists Internet Archive, por la Escuela de marxismo, 2026. Torr solo da un extracto. Faltan el comienzo de la carta (la salud de Marx y de su mujer, la marcha de su hija Jenny Longuet a París, un manuscrito de Lafargue) y el final (sobre Lankester, unos visitantes rusos, la estadística de Janson, la firma y una posdata), que no están en ninguna edición libre. Las notas son nuestras. [Texto original en inglés](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/cartas/originales/1881-02-19%20Marx%20to%20Nikolai%20Danielson)*

Londres, 19 de febrero de 1881

[…]

He leído con el mayor interés su artículo,[^1] que es «original» en el mejor sentido de la palabra. De ahí el boicot. Si uno rompe las telarañas del pensamiento rutinario, puede estar siempre seguro de que al principio lo «boicotearán»: es la única arma de defensa que saben esgrimir los rutinarios en su primer desconcierto.[^2] A mí me han «boicoteado» en Alemania durante muchísimos años, y en Inglaterra todavía me boicotean, con la pequeña variante de que de vez en cuando lanzan contra mí algo tan absurdo y tan asnal que me sonrojaría darme por enterado en público. ¡Pero insista! Lo siguiente que habría que hacer, en mi opinión, es tomar el *endeudamiento* asombrosamente creciente *de los terratenientes*, los representantes de la clase alta en la agricultura, y mostrar cómo se «cristalizan» en la retorta bajo el control de los «nuevos pilares de la sociedad».

Espero con mucho interés su polémica con el *Slovo*.[^3] En cuanto navegue por aguas más tranquilas entraré más a fondo en su *Esbozo*.[^4] Por ahora no puedo omitir una observación. Como el suelo está agotado y no recibe los elementos que necesita (con abonos artificiales, vegetales y animales, etc.), seguirá dando cosechas de cuantía muy distinta según el favor cambiante de las estaciones, de circunstancias independientes de la influencia humana; aunque, si se suma un periodo de años, por ejemplo de 1870 a 1880, el carácter estancado de la producción aparece del modo más llamativo. En tales circunstancias, las condiciones climáticas favorables preparan un *año de hambre*, porque consumen y liberan rápidamente los fertilizantes minerales todavía activos en el suelo; mientras que, vice versa, un *año de hambre*, y más aún una serie de años malos que lo sigan, dejan que los minerales propios del suelo se acumulen de nuevo y actúen con eficacia cuando vuelven las condiciones climáticas favorables. Este proceso se da, naturalmente, en todas partes, pero *en otros lugares* lo frena la intervención moderadora del propio agricultor. Se convierte en el único *factor regulador* allí donde el hombre ha dejado de ser una «potencia», por falta de medios.

Así, en su país tenemos 1870 como cosecha excelente, pero ese año es un *año culminante* y, como tal, le sigue inmediatamente uno muy malo. El año 1871, el de la muy mala cosecha, hay que considerarlo el punto de partida de un nuevo pequeño ciclo, hasta llegar al nuevo año culminante de 1874, al que sigue inmediatamente el año de hambre de 1875. Luego vuelve a empezar el movimiento ascendente, que termina en el año de hambre todavía peor de 1880. La suma de los años de todo el periodo prueba que la producción media anual siguió siendo la misma y que, si se comparan los años sueltos y los ciclos de años más pequeños, solo los factores naturales han producido los cambios.

Hace algún tiempo le escribí[^5] que, si la gran crisis industrial y comercial que ha atravesado Inglaterra pasó sin el crac financiero en Londres que suele coronarlas, este fenómeno *excepcional* se debía únicamente al dinero francés. Ahora lo ven y lo reconocen hasta los *rutinarios* ingleses. Así, el *Statist* (29 de enero de 1881) dice: «El mercado monetario ha estado tan desahogado como lo ha estado durante los años pasados *solo por un accidente*. El *Banco de Francia*, a comienzos del otoño, dejó caer su existencia de oro en barras de 30 a 22 millones de libras… *El otoño pasado, sin duda, nos escapamos por muy poco*». (!)

El *sistema ferroviario inglés* rueda por el mismo plano inclinado que el sistema europeo de la deuda pública. Los magnates que mandan entre los directores de las distintas redes ferroviarias no solo contraen, progresivamente, nuevos empréstitos *para ampliar su red*, es decir, el «territorio» donde reinan como monarcas absolutos, sino que amplían sus respectivas redes *para tener* nuevos pretextos *con los que contraer nuevos empréstitos*, que les permiten pagar los intereses debidos a los tenedores de obligaciones, acciones preferentes, etc., y también echar de vez en cuando un hueso, en forma de dividendos algo mayores, a los tan maltratados accionistas ordinarios. Este agradable método tendrá que terminar un día u otro en una fea catástrofe.

En los Estados Unidos, los reyes del ferrocarril se han convertido en el blanco de los ataques, no solo, como antes, de los granjeros y otros «*empresarios*» industriales del *Oeste*, sino también del gran representante del comercio, la *Cámara de Comercio de Nueva York*. El pulpo rey del ferrocarril y estafador financiero *Gould*,[^6] por su parte, ha dicho a los magnates del comercio de Nueva York: ahora atacáis a los ferrocarriles porque los creéis más vulnerables, dada su impopularidad de ahora; pero tened cuidado: después de los ferrocarriles le tocará el turno a *toda clase de corporación* (que en el dialecto yanqui quiere decir sociedad por acciones); luego, más tarde, a todas las formas de capital asociado; por último, a *todas las formas de capital*; estáis allanando así el camino… al *comunismo*, cuyas tendencias se extienden ya cada vez más entre el pueblo. El señor Gould «*tiene buen olfato*».[^7]

En la *India* le esperan al gobierno británico serias complicaciones, si no un levantamiento general. Lo que los ingleses les sacan cada año en forma de renta, de dividendos de ferrocarriles inútiles para los hindúes, de pensiones para los militares y funcionarios civiles, para la guerra de Afganistán y otras, etc., etc.; lo que les sacan *sin ningún equivalente* y con total independencia de lo que se apropian cada año *dentro* de la India; hablando solo del *valor de las mercancías* que los indios tienen que *enviar* gratis cada año a Inglaterra: todo ello suma *más que el ingreso total de los sesenta millones de trabajadores agrícolas e industriales de la India*. ¡Es un proceso de sangría, y de qué manera! ¡Los años de hambre se atropellan unos a otros, y en dimensiones que en Europa todavía no se sospechan! Hay una verdadera conspiración en marcha, en la que cooperan hindúes y musulmanes. El gobierno británico sabe que algo se está «cociendo», pero esa gente superficial (me refiero a los hombres del gobierno), embrutecida por sus propias maneras parlamentarias de hablar y de pensar, ni siquiera quiere ver claro ni darse cuenta de todo el alcance del peligro inminente. Engañar a los demás y, engañándolos, engañarse a sí mismo: esta es, en pocas palabras, la *sabiduría parlamentaria*. *¡Tanto mejor!*

[…]

[^1]: El artículo de Danielsón (que firmaba Nikolái —on) sobre la economía rusa posterior a la reforma campesina de 1861. Lo amplió después en el libro *Ensayos sobre nuestra economía social posterior a la reforma* (San Petersburgo, 1893), del que trata la carta de Engels del 17 de octubre de 1893.
[^2]: *Routiniers* en el original.
[^3]: *Slovo* («La Palabra»), revista de San Petersburgo.
[^4]: *Esquisse* en el original: el artículo de Danielsón.
[^5]: En la carta del 12 de septiembre de 1880.
[^6]: Jay Gould (1836-1892), especulador y magnate ferroviario norteamericano.
[^7]: En francés en el original: «*a le flair bon*».
