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Title: Engels a Nikolái Danielsón, Londres, 29-31 de octubre de 1891
Description: Engels comenta las ganancias enormes de la joven burguesía rusa y la ruina de la industria doméstica campesina, que le recuerda la creación del mercado interior en El capital. En Rusia el capitalismo tiene que vencer antes la resistencia de la comuna, y el campesino ruso tardará en morir. La industria nacida del arancel depende de la cosecha.
Author: Friedrich Engels
Date: 1891-10-29
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/cartas/1891-10-29%20Engels%20a%20Nikol%C3%A1i%20Daniels%C3%B3n
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*Carta de Friedrich Engels a Nikolái Frántsevich Danielsón, en San Petersburgo, escrita en Londres entre el 29 y el 31 de octubre de 1891. Escrita en inglés y firmada con el seudónimo P. W. Rosher. Traducida del texto inglés de* Marx and Engels on Literature and Art *(Moscú, Progress, 1976) y* Selected Correspondence *(Moscú, Progress, 1975), según la transcripción del Marxists Internet Archive, completada con esta última (pp. 411-414) en los versos de Pushkin, que Engels cita en ruso, la firma y la posdata, por la Escuela de marxismo, 2026. La carta está completa. Las notas son nuestras. [Texto original en inglés](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/cartas/originales/1891-10-29%20Engels%20to%20Nikolai%20Danielson)*

[Londres,] 29-31 de octubre de 1891

Muy señor mío:

Cuando llegó su carta del 21 de septiembre, yo estaba de viaje por Escocia e Irlanda; hasta hoy no he encontrado tiempo y sosiego para contestarla.

Su carta del 20 de enero se perdió, en efecto, cosa que lamento doblemente: primero, porque me privó durante tanto tiempo de la interesante información que contenía, y segundo, porque le obligó a usted a tomarse el trabajo de rehacerla para mí. ¡Muchas gracias!

La «cría de millonarios»,[^1] como dice Bismarck, parece avanzar en su país a pasos de gigante. Ganancias como las que muestran sus estadísticas oficiales son hoy desconocidas en las fábricas textiles inglesas, francesas o alemanas. Un 10, un 15, como mucho un 20 por ciento de ganancia media, y un 25 o un 30 por ciento en años de prosperidad muy, muy excepcionales, se consideran *buenas* ganancias. Solo en la infancia de la industria moderna podían asegurarse tales tasas de ganancia los establecimientos con la maquinaria más nueva y mejor, que producían sus mercancías con bastante menos trabajo del que era entonces socialmente necesario. Hoy esas ganancias solo se obtienen en empresas especulativas afortunadas con nuevos inventos, es decir, en una empresa de cada cien; las demás son casi siempre un fracaso completo.

El único país donde hoy son posibles ganancias parecidas, o aproximadamente parecidas, en las industrias básicas son los Estados Unidos de América. Allí el arancel proteccionista posterior a la guerra civil, y ahora el arancel McKinley,[^2] han tenido resultados parecidos, y las ganancias tienen que ser enormes, y lo son. El hecho de que esta situación dependa por completo de la legislación arancelaria, que puede cambiarse de un día para otro, basta para impedir toda inversión grande de capital *extranjero* (grande en proporción a la cantidad de capital nacional invertido) en esas industrias, y para cerrar así el paso a la fuente principal de la competencia y de la baja de las ganancias.

Su descripción de los cambios que esta extensión de la industria moderna ha producido en la vida de la masa del pueblo, de la ruina de su industria doméstica para el *consumo directo de los productores*, y poco a poco también de la industria doméstica que trabaja para el comprador capitalista, me recuerda vivamente el capítulo de nuestro autor[^3] sobre la «creación del mercado interior»[^4] y lo que ocurrió en la mayor parte de Europa central y occidental de 1820 a 1840. Este cambio, por supuesto, tiene entre ustedes efectos en cierta medida distintos. El campesino propietario francés y alemán tarda en morir: pasa dos o tres generaciones en manos del usurero antes de estar del todo maduro para que le vendan la tierra y la casa, al menos en los distritos donde no ha penetrado la industria moderna. En Alemania los campesinos se mantienen a flote con toda clase de industrias domésticas (pipas, juguetes, cestos, etc.) que trabajan por cuenta de capitalistas. Como su tiempo libre, una vez labrados sus pequeños campos, no tiene para ellos ningún valor, cada kopek que reciben por un trabajo extra lo consideran pura ganancia: de ahí los salarios ruinosamente bajos y la increíble baratura de esos productos industriales en Alemania.

Entre ustedes hay que vencer la resistencia de la comuna [*óbschina*][^5] (aunque yo diría que tiene que estar cediendo bastante en la lucha constante con el capitalismo moderno). Está además el recurso, que usted describe en su carta del 1 de mayo, de arrendar tierra a los grandes propietarios, medio para asegurar plusvalía al propietario, pero también para prolongar una existencia lánguida al campesino *como campesino*. Y también los kulaks, por lo que veo, prefieren en general tener al campesino en sus garras como *objeto de explotación*[^6] antes que arruinarlo de una vez por todas y quedarse con su tierra. De modo que me parece que el campesino ruso, allí donde no lo necesiten como obrero para la fábrica o la ciudad, también tardará en morir, y hará falta mucho para acabar con él.

Las enormes ganancias que se asegura la joven burguesía de Rusia, y la dependencia de esas ganancias de una buena cosecha, que usted expone tan bien, explican muchas cosas que de otro modo serían oscuras. Así, ¿qué pensar de lo que dice esta mañana la correspondencia de Odesa de un periódico londinense: que las clases comerciales rusas parecen poseídas por la idea fija de que la guerra es la única panacea verdadera para la depresión y la desconfianza cada vez mayores que sufren ahora todas las industrias rusas? ¿Qué pensar de ello, y cómo explicarlo, si no es por esta dependencia completa de una industria creada por el arancel respecto del mercado interior y de la cosecha de los distritos agrícolas, de la que depende el poder de compra de sus únicos clientes? Y si ese mercado falla, ¿qué puede parecerle más natural a la gente ingenua que ampliarlo con una guerra victoriosa?

Muy interesantes son sus observaciones sobre la contradicción aparente de que entre ustedes una buena cosecha no signifique necesariamente una baja del precio del trigo. Cuando estudiamos las relaciones económicas reales en distintos países y en distintas fases de la civilización, ¡qué singularmente erróneas e insuficientes parecen las generalizaciones racionalistas del siglo XVIII, con el bueno de Adam Smith, que tomaba las condiciones de Edimburgo y de los Lothians por las normales del universo! Pues bien, ya lo sabía Pushkin:

> … y por qué  
> no le hace falta el oro  
> cuando tiene el producto simple.  
> Su padre no lo podía entender  
> y daba sus tierras en prenda.[^7]

Muy sinceramente suyo,

*P. W. Rosher*

El lunes próximo vuelvo a empezar con el libro III[^8] y espero no interrumpirlo hasta terminarlo.

Esta carta se ha retrasado hasta hoy, 31 de octubre, por interrupciones.

[^1]: En alemán en el original: «*Züchtung von Millionären*».
[^2]: El arancel proteccionista que impulsó William McKinley, en vigor en los Estados Unidos desde octubre de 1890.
[^3]: Marx. En las cartas a Danielsón, que podía leer la policía rusa, Engels nunca lo nombra: lo llama «nuestro autor» o «el autor».
[^4]: En alemán en el original: «*Herstellung des innern Markts*». Es el título del apartado 5 del capítulo 24 de *El capital*, libro I, en las ediciones alemanas («Repercusión de la revolución agrícola sobre la industria. Creación del mercado interior para el capital industrial»).
[^5]: Engels escribe en ruso *община*, la comuna rural rusa, con la propiedad común de la tierra y su reparto periódico entre las familias. Los kulaks (*kulakí*), los campesinos ricos y usureros de aldea, aparecen en el original en ruso transcrito.
[^6]: En francés en el original: «*sujet à exploitation*».
[^7]: Pushkin, *Eugenio Oneguin*, canto I. Engels cita los versos en ruso, y los traducimos de su texto. Los versos hablan de las ideas económicas del joven Oneguin, que su padre no entendía. Por «producto simple» (*prostói prodúkt*) la edición de Progress entiende el producto de la naturaleza.
[^8]: De *El capital*.
